Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

sábado, 10 de febrero de 2018

PABLO IGLESIAS: EL HOMBRE QUE PUDO REINAR




Al igual que en la novela de Rudyard Kipling y la película de John Huston “El hombre que pudo reinar” Pablo Iglesias ha seguido la estela de Dravot y Carnehan, los dos exsoldados británicos que recalan en Kafiristan, encontrándose  entre las montañas un reino sin rey que estimula sus delirios de grandeza, lo que les lleva a pensar que pueden ser investidos debido al vacío de poder. La fascinación inicial de sus esperanzados súbditos, el pueblo kafarie,  que le otorga el carisma divino a Dravot, fundándose en el hecho de que no sangra tras recibir un flechazo en un combate, concluye cuando termina sangrando como consecuencia de un mordisco de su propia pareja. Esta incidencia desencadena su caída, que cierra un tiempo breve e intenso.

La llegada de Pablo a los oráculos televisivos en el momento álgido de lo que se denomina crisis, determina la adhesión de las temerosas masas de televidentes al nuevo libertador. Pero su llegada a las instituciones políticas ha despojado a las recién advenidas divinidades mediáticas de los dones mágicos percibidos inicialmente.  El pueblo audiovisual se dispersa inevitablemente, tal y como sucedió con las tribus kafir, otorgando su confianza a otros héroes de las audiencias en el incesante ascenso y descenso de efervescencias incubadas en las nuevas factorías de lo histórico: los medios audiovisuales.

La emergencia de Podemos se corresponde con los tiempos propios de la sociedad mediática en trance de transformación en la nueva sociedad postmediática. Un acontecimiento audiovisual de esta naturaleza desencadena una oleada de adhesiones y la conformación de un clima emocional explosivo. Las elecciones europeas de junio de 2014 evidencian la emergencia de Podemos. El 31 de enero de 2015 se alcanza el cénit, con la marcha por el cambio en Madrid y su prodigiosa posición en las encuestas. Durante este año excepcional el nuevo partido vive su éxito mediante su homologación con los dioses audiovisuales, que tienen el don de la ubicuidad. La explosión de las expectativas derivada del reinado en las audiencias tiene como consecuencia un aluvión de ingresos en la nueva organización, que sigue la esperanzadora estela de Syriza en Grecia, y parece anunciar una mutación en la hermética Europa, mediante la resurrección de un sur crítico. Gentes de todas las generaciones y procedencias se inscriben en una nube de círculos estimulados por la percepción del inminente acceso a las responsabilidades del gobierno.

Mientras tanto, la proliferación de las intervenciones de los nuevos iconos del cambio en las teles se contrapesa con los interrogatorios que tienen que sufrir acerca de su programa y las actuaciones anteriores de algunos de sus fundadores. Así se instaura una campaña de guerra sucia de comunicación, explotando desmesuradamente detalles de sus pasados, que son investigados microscópicamente. En una contienda mediática de esta naturaleza se producen víctimas. La cacería de Monedero es el precio del ascenso. Este no es solo uno más de los dirigentes emergentes, sino que desempeña un papel fundamental. En este post lo entiendo como un equivalente de Carneham en la novela de Kipling. Su caída mediática, tras ser colocado en posición de defensa de sí mismo, abre una grieta en la popularidad del partido.

Tras el portentoso año de 2014, el éxito mediático es erosionado por la contra audiovisual, compuesta no solo por los enemigos abiertos representantes de los intereses fuertes, sino también por aquellos que los tratan de reducir amablemente  mediante su desarme programático gradual, partido a partido, tal y como se dice ahora tomando una frase de un héroe futbolístico. Los nuevos líderes deben lidiar con la intervención de los nuevos expertos en gobernabilidad que inundan los espacios televisivos. El resultado es una revisión programática, que conlleva algunas renuncias significativas, que constituyen una versión de Podemos despojada de su inicial radicalidad. El premio por esta transformación es su salto a las programaciones centrales, en las que los dirigentes son presentados de modo adecuado a estos formatos mediáticos. La revisión a la baja de los contenidos se acompaña de una personalización de estos, que terminan por cantar, bailar, flirtear y mostrar  los escenarios de su cotidianeidad.

Pero el envés de su ascenso a los cielos televisivo se contrapone con la incapacidad de acoger a los recién llegados en una organización apta para albergar a distintas generaciones y contingentes procedentes de distintos orígenes que desembarcan en el nuevo partido. La incompetencia de los círculos y la dificultad de funcionamiento de las estructuras partidarias se hace patente. Sin una organización sólida, las huestes del cambio albergadas en las redes virtuales, transitan respondiendo a los impulsos de la actualidad,   generando una confusión creciente. La quimera de la organización virtualizada se expresa en los sucesivos porcentajes decrecientes de participación en las votaciones. Así se configura “la base” de la organización como los votantes en las decisiones sometidas a su escrutinio, formuladas como preguntas cerradas.

Pero el aspecto más negativo estriba en la incapacidad de responder a la pluralidad de sus afiliados, simpatizantes y votantes. De este modo, comienza un proceso de consecuencias fatales. De un lado, las estructuras directivas se cierran sobre sí mismas cancelando el camino a las nuevas incorporaciones. De otro lado, el puzzle militante se obstruye en una situación de desorganización  que favorece el protagonismo interno de aquellos sectores experimentados en militancias, bien en partidos de izquierda, bien en movimientos sociales defensivos.  Así, el pasado se asienta en Podemos mediante la preponderancia interna de los sectores avezados en las luchas internas propias de la izquierda sustentada en el modelo de la tercera internacional. La heterogeneidad consustancial a Podemos se contrapone con una creciente homogeneidad, asociada al predominio de los sectores con militancias previas fundadas en modelos defensivos definidos por el monolitismo.

Los círculos devienen en células. El impacto interno de este proceso genera un estado de anomia y desorganización creciente, que confiere un nuevo aparato un poder desmesurado. La multiplicación de microconflictos locales y regionales y la rotación rápida de las direcciones  anuncia una brecha de gran envergadura en el interior del partido. De estos procesos resulta una organización débil, que representa a un conglomerado de grupos y clanes. La prioridad electoral determina que en territorios fundamentales correspondientes con nacionalidades históricas se priorice la convergencia con otros partidos. De ahí resulta una debilidad fundamental del conjunto.

En este contexto de un tiempo político acelerado marcado por el desafío permanente de las elecciones sucesivas; la crisis política general derivada de la congelación del cambio político; el acoso mediático; las rebajas programáticas que anuncian la insoportable levedad del proyecto;  el caos organizativo territorial, del que resulta la preeminencia del aparato, y la aparición de las primeras señales del declive, se produce un cierre brusco al exterior, que se refuerza con un cisma en el interior del grupo de dirigentes. La lucha entre los pablistas y los errejonistas puede ser comprendida en estas coordenadas. Un tiempo político de estancamiento, sitúa a nuestros Dravot y Carnehan en una encrucijada en la que recuperan las referencias propias de su origen. Las revoluciones inspiradas en la tercera internacional siempre devoran a sus propios hijos. En este caso, muchos dirigentes son devorados antes de consumar ningún cambio fundamental. La memoria es activada movilizando un imaginario de defensa del exterior correspondiente a las organizaciones comunistas en todos los tiempos posteriores a los años setenta.

El cónclave de VistaAlegre II sanciona la victoria interna de los pablistas, que, al estilo de los viejos partidos comunistas, expulsan a sus rivales internos de la dirección, estableciendo una homogeneidad rotunda. El partido se defiende de sus enemigos exteriores, que son imaginados como intrusos en su interior. Así, la depuración de los errejonistas es integral. Estos no solo son desplazados de la dirección, sino de las portavocías de las instituciones y de los medios de comunicación audiovisual. Así se completa un verdadero silenciamiento. Algunos dirigentes “perdedores” en la contienda interna son silenciados integralmente. El caso de Tania Sánchez es paradigmático. Esta es convertida en un símbolo del castigo asociado a la ideología mayoritaria imperante. El que pierde tiene que aprender el arte de callar. En este caso, la columna que la invisibiliza en el congreso de los diputados representa la apoteosis del monolitismo. Del mismo modo, otros dirigentes de los primeros tiempos son ejecutados simbólicamente. Alegre, Bescansa, Pascual y otros, adquieren la condición de congelados políticos sometidos al silencio.

Este proceso de homogeneización resulta fatal en las actuales condiciones históricas. La base social de Podemos no resulta de un inexistente proletariado industrial homogéneo, ya fenecido, sino de un conglomerado de distintas categorías sociales penalizadas por el nuevo capitalismo global, en la que coexisten distintas generaciones y condiciones. La heterogeneidad cultural es una de sus propiedades. El 15 M puso de manifiesto la magnitud de la mutación antropológica operada en las últimas décadas. En las nuevas condiciones, la pluralidad y la diversidad  son un requisito incuestionable. Quién nos iba a decir que tras las movilizaciones radicalmente horizontales que albergaban múltiples iniciativas y voces, iban a alumbrar a un caudillo mediático que iba a reemplazarlos. La deriva de Podemos, representa un brusco corte con el 15 M y el revival de la tercera internacional, esta vez en diferido.

Tras su institucionalización y asentamiento en las instituciones políticas, Pablo-Dravot y sus acompañantes han elaborado un relato fundado en que es posible la liberación del nuevo capitalismo global mediante la adhesión a un libertador acompañado por poco más de doce apóstoles activos. Los demás solo deben aplaudir, votar y llevar sus cuerpos allí donde se nos solicite para hacer masa. Las bases son interpeladas como espectadores de esta nueva serie en la que se ha convertido la historia del cambio político, en la que un héroe providencial se bate con los malos para redimir a todos. Los formatos de la sociedad mediática y de la la anciana democracia representativa contribuyen a su consolidación.

Los primeros resultados de este proceso ratifican el declive de este proyecto crecientemente monolítico y vanguardista. Los resultados electorales menguantes son un indicador palmario. Parece obvio que la cuestión fundamental radica en ampliar los apoyos al proyecto. En su ausencia, el proceso deviene en un revival de la historia de Izquierda Unida, un proyecto radicalmente fracasado en términos políticos y electorales. Así, Pablo-Dravot se afianza como un heredero de Julio Anguita, pero en un escenario mucho más favorable que el de este. Los discursos proféticos, las puestas en escena solemnes, las apelaciones a la incondicionalidad a los seguidores… Pero estas son acompañadas con la ferocidad con los enemigos internos, siempre representantes del enemigo de clase, a los que se señala la salida. En contraposición, las relaciones con los gobiernos sucesivos se constituyen mediante un modelo en el que la oposición consiste en una escenificación sin consecuencias. Así se consuma un modo de reinar mediante la fantasía.

La veloz e intensa institucionalización de Podemos tiene como consecuencia el distanciamiento con respecto a muchos de los que participaron en el 15 M, con la convicción de que, en el escenario histórico vigente, la explosión de la democratización es una condición ineludible para contrapesar los efectos de un sistema institucional perverso que nos convierte en espectadores. Democratización significa la multiplicación de ámbitos, de esferas, de formas y de experiencias sustentadas en la intervención de múltiples actores políticos en todos los niveles. Pablo-Dravot ya es uno de los papeles del guiñol que se ofrece en el relato que nos convierte en espectadores-votantes, cerrando el camino a las formas incipientes de democracia directa.

Pero lo peor de esta situación radica en que en la distancia creciente derivada de la relación actor-espectador, Pablo nos trata como si fuéramos tontos, o “todistas”, que es la última versión denigrante inventada por la publicidad. No, algunos de nosotros nos hacemos preguntas que desbordan la retórica dirigida a todistas políticos capturados por un proyecto de domesticación. No podemos ser interpelados por un discurso que apela a nuestra fe en el cambio. Por el contrario somos ateos mediáticos y aspiramos a intervenir activamente en un proyecto múltiple y heterogéneo, del que el 15 M fue una señal premonitoria. Nos preguntamos por el estancamiento del proyecto, por la factibilidad de las alternativas, por la relación entre lo micro y lo macropolítico, por…

Aunque seamos invisibles desde los platós y desde el hermético Congreso de los Diputados, existimos y estamos presentes en distintos mundos sociales. No somos solo masa movilizable para un cambio. Si fuera así, ese cambio sería solo de élites. Un cambio profundo solo es posible con nuestra intervención. Somos algo más que ese público-masa movilizado para representar a la totalidad en los platós en el diálogo-ficción con las divinidades mediáticas, en el que solo se pueden formular preguntas dirigidas. 







2 comentarios:

Domingo Sanz dijo...

Hola Juan, muy interesantes las reflexiones. Voy a imprimirlo para leerlo con detalle y comentar con criterio. Como sabes, estoy intentando que Podemos lidere la convocatoria de una gran movilización demoscópica. Estoy convencido que no se atreverán, y más por motivos subjetivos que objetivos, pues intuyo que Podemos necesita como el comer una gran movilización que ponga en tensión a toda la organización y sume a cantidad de organizaciones y personas que están a favor de manifestar su opinión sobre la forma de Estado en este país. Creo que es el momento político.

Juan Irigoyen dijo...

Gracias Domingo
No veo nada claro que este sea un momento político favorable. La crisis del partido popular se acompaña de un crecimiento ficticio de ciudadanos y la descomposición del pesoe y de podemos. Pero lo peor es que los movimientos sociales se encuentran en su momento más bajo, así como lo que se entiende como sociedad civil. El pasado sábado acudí a la manifestación de la precariedad de Madrid. Había muy poca gente, pero lo peor es que, como en tiempos malos, había muchas siglas. Este es un mal indicador. Ni siquiera quiero decirte que no habría ni un centenar de jóvenes. Éramos todos de varios ciclos políticos anteriores.
Un abrazo