Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

domingo, 8 de diciembre de 2019

PABLO IGLESIAS Y LA FÁBULA DE ESOPO




Vadeaba un perro un río llevando en su hocico un pedazo de carne. Vio su propio reflejo en el agua del río y creyó que aquel reflejo era en realidad otro perro que llevaba un trozo de carne mayor que el suyo. Y deseando adueñarse del pedazo ajeno, soltó el suyo para arrebatar el trozo a su compadre. Pero el resultado fue que se quedó sin el propio y sin el ajeno: éste porque no existía, solo era un reflejo, y el otro, el verdadero, porque se lo llevó la corriente.

Esopo. Fábula del perro y el reflejo del río.

La trayectoria política de Pablo Iglesias denota un viaje paradójico por el tiempo transcurrido desde su emergencia en la resaca del 15M y la situación actual, que puede ser calificada como un tiempo de expectativas fantasiosas, manufacturadas mediáticamente, en un gobierno ineludiblemente débil. La paradoja que lo sustenta se puede enunciar así: En tanto que desde las elecciones generales de 2015, Podemos manifiesta un declive incuestionable, la coyuntura política de extrema fragmentación le sitúa en el umbral de socio preferente del gobierno.

El declive partidario de Podemos se expresa en la declinación de su base electoral, en el decrecimiento de su organización, que se manifiesta en un saldo favorable a las salidas, así como su debilidad patente en una buena parte de las autonomías, y la endeblez de sus vínculos con los movimientos sociales menguantes. También en el estancamiento y fracaso manifiesto de las experiencias municipales sobre las que pretendía constituir su suelo. Además, el hábitat político en el que se desenvuelve el partido, experimenta un proceso de desertificación política, que contrasta con la situación de los primeros tiempos, en los que comparecieron un conjunto de iniciativas vivas protagonizadas por gentes que tenían la pretensión de ser actores políticos.

Esta mutación experimentada desde 2014 hasta el día de hoy, conforma una paradoja. La debilitación del tejido partidario y de su entorno político-social tiene como contrapartida su asentamiento en el mundo de la infoesfera política. La mediatización del acontecer político implica la construcción de un próspero mercado audiovisual, que concita a un segmento de la audiencia total. En este mundo virtual se ha afincado Podemos, conquistando una cuota de protagonismo en el relato del devenir de la política, entendida como un juego incierto entre los distintos actores que lo protagonizan. En este mundo artificial, tanto el partido como Pablo Iglesias, acompañado de su inseparable Irene Montero, ha conquistado un papel de actor principal. Sus vicisitudes son tratadas profusamente, haciendo énfasis en las pasiones de distinto signo que exhiben sus amigos y enemigos.

Esta transformación experimentada por Podemos tiene unas consecuencias sustanciales. La fuerza partidaria que parecía sustentarse en la potencialidad exhibida por distintos colectivos, grupos y personas, que manifestaban su voluntad de ser actores políticos, ha sido diluida, para ser transformada en un conjunto de espectadores, que viven las efervescencias inducidas por el devenir de los acontecimientos televisados. A día de hoy el partido que reivindicaba la nueva política se sustenta en la adhesión de una masa de espectadores/votantes/moléculas de red social/aspirantes a ser unidades muestrales en los sondeos, así como otras formas características de la videopolítica imperante.

Desde esta perspectiva se puede comprender que la apuesta de Iglesias se polarice en la presencia en el gobierno, en la certeza de que esta multiplicará su presencia mediática. Se supone que este salto en el mundo de las cámaras y las imágenes, reportará réditos electorales. Pero este mundo virtual se funda en una lógica diferente. En tanto que Pablo  se presenta como “ganador” en los denominados debates electorales, el retroceso de sus votantes es manifiesto. Su proyecto se funda sobre un catálogo de imágenes, retóricas y gestos espectaculares, programados para su impacto en los cautivados públicos audiovisuales de consumo del género político. Si se consuma esta opción, veremos los primeros bebés en la mesa del consejo de ministros y otras imágenes fantásticas derivadas del talento de los expertos más relevantes de la era de la videopolítica, como son los asesores de imagen.

Por esta razón, me parece pertinente interpretar esta situación como la penúltima versión de la célebre fábula de Esopo, la del perro y el reflejo del río. El bueno de Pablo suelta su exiguo hueso de los apoyos reales de los actores de la sociedad, para apostar por el seductor hueso de su hiperpresencia televisiva, en la que se prodigará en dar buenas noticias para reforzar el encantamiento de los electores. Los antecedentes de la reedición de esta fábula se encuentran en su afición a fotografiarse con los participantes de distintas movilizaciones. Así, estos adquieren un estatuto de visibilidad mediática, con independencia de los resultados del conflicto. Los casos de Coca-Cola o Amazon son elocuentes. En la videopolítica lo que importa es lo que se ve, que se sobrepone a lo que verdaderamente ocurre en sobre el suelo social.

El problema de esta metamorfosis partidaria es que se pretende realizar cambios que afectan a los intereses de los poderosos. El desierto político-social, conformado por la extrema debilidad de los partidos, los movimientos sociales, organizaciones sindicales y de la sociedad, no parece el hábitat adecuado para modificar el equilibrio entre los intereses existente. Sustentados en una masa dispersa y heterogénea, sometida a las intensidades emocionales políticas, inducidas por las televisiones, las posibilidades de modificar las condiciones existenciales de los perjudicados por el proyecto neoliberal vigente, son, cuanto menos exiguas.

Cualquier medida que perjudique los intereses dominantes, tendrá como respuesta una escalada efectiva de grandes dimensiones, desde la que no se puede responder desde el mundo evanescente de la infoesfera política. La masa mediática congregada por esta no tiene la condición de ser sostenible en el tiempo, ni acumulable. Así, no puede constituir un sujeto político estable. No, hoy no es posible la repetición del relato del Zorro-libertador. En estas condiciones, cualquier proyecto de cambio se encuentra en una situación en la que es inevitablemente bloqueado por las fuerzas de la resistencia al cambio. Solo una red de sujetos políticos constituidos en la interacción cara a cara y cuerpo a cuerpo, pude responder.

En esta situación es inevitable recordar las palabras de Baudrillard, escritas en los años setenta,  que definen rigurosamente a la masa mediática resultante  de las distintas transformaciones operadas hasta el presente “Todo el montón confuso de lo social gira en torno a ese referente esponjoso, a esa realidad opaca y translúcida a la vez, a esa nada: las masas. Esta bola de cristal de las estadísticas está atravesada por corrientes y flujos, a imagen de la materia y de los elementos naturales…Aunque puedan estar magnetizadas, y lo social pueda envolverlas como una electricidad estática, la mayor parte de las veces hacen tierra o masa precisamente, o sea que absorben toda la electricidad de lo social y lo político y la neutralizan sin retorno…Todo las atraviesa, todo las imanta, pero todo se difunde en ellas sin dejar rastro…Son la inercia, el poder de la inercia, el poder de lo neutro”.

La evolución de Podemos, ratifica su renuncia de facto a la constitución de un sujeto político, para desplazarse al papel de gestor de una masa mediática de apoyo. Esta es equivalente al reflejo en el agua de la fábula de Esopo. No es otra cosa que una quimera. Pero esta línea, conduce a fabricar un catálogo de retóricas visuales de impacto, que sustituyan al déficit de los apoyos sustentados en el suelo social. En un gobierno con un respaldo electoral bajo mínimos, induce a una inevitable rivalidad semiológica con Pedro Sánchez, que también basa su acción en un conjunto de actos cuyo sentido es su impacto mediático. Mi pronóstico es que el conflicto, antes o después, es irremediable.

Lo positivo es que van a alimentar narrativas propias de reality show del auténtico, así como la consolidación de nuevas categorías de expertos psi. El probable conflicto mediatizado relanza una disciplina subordinada hasta hoy: la psicología política. Así las tertulias pueden reforzar sus contenidos, con la aportación de los expertos psi. No excluyo incluso, ver a algún psicoanalista de ocasión haciendo interpretaciones de la rivalidad entre Pedro, Pablo y sus discípulos más cercanos. El abrazo partido ha sido el primer episodio de esta serie.




sábado, 30 de noviembre de 2019

LOS ERE: LOS PATRONES TEMPLADOS Y LA CORRUPCIÓN REDISTRIBUTIVA



La sentencia del escándalo de los ERE en Andalucía ha sido interpretada en el contexto de la azarosa formación de un nuevo gobierno. La factibilidad de un acuerdo entre el pesoe y podemos, ha neutralizado efectivamente cualquier crítica desde la izquierda. La casi totalidad de los portavoces mediáticos de esta, han guardado un silencio estruendoso, entendiendo que cualquier censura puede obstaculizar el acuerdo. Desde la derecha, tampoco las reprobaciones han sido excesivas, en tanto que la corrupción acumulada por la misma ostenta récords difíciles de batir, además de encontrarse en una situación de inestabilidad por la mudanza de sus formas políticas. Sus voces suenan a cliché audiovisual de ocasión, redundante y desgastado.

La convergencia de estas valoraciones benevolentes, contrasta con la naturaleza  de este escándalo de dimensiones macroscópicas, que ha sido minimizado ante la opinión pública, conformada por las audiencias de las radios y televisiones, los ilustrados lectores de los columnistas digitales y los fervorosos activistas en las redes sociales, que esculpen a sus públicos en la redundancia sin fisuras. Pero, lo cierto es que cualquier acontecimiento inscrito en las coordenadas de este sistema político-comunicativo, es desactivado mediante su reducción a un episodio en la puja eterna por la redistribución del poder político. Su valor es determinado como una mercancía audiovisual  utilizada por los contendientes de la disputa mediatizada que agota su horizonte en el inmediato mañana.

Así, las televisiones han sido generosas con los condenados, facilitando el acceso a distintas voces de notables que desempeñan el papel de abogados defensores, desgranando los argumentos que constituyen una apoteosis artística del eclecticismo. La cuestión fundamental estriba en la relativización del delito, junto a la ratificación de una visión esencialista de los penados. Estos son presentados como buenas personas que se han encontrado en una situación que les ha desbordado. Esta metodología es la que predomina en el tratamiento mediático de los delitos de los poderosos, que son redimidos ante la opinión pública mediante la minimización del desmán, que es desplazado por la presentación de sus personas en la versión entrañable de sus familiares, amigos, colegas y beneficiarios.

El principal argumento esgrimido por los múltiples y eficientes abogados defensores mediáticos, es el de que no se han apropiado el dinero para su disfrute personal. De este modo, el contraste con los escándalos incesantes protagonizados por el pepé, es manifiesto. En esta forma de corrupción, grupos ubicados en posiciones de poder se asignan a sí mismos altos porcentajes del dinero desviado de sus fines asignados. En este sentido, actúan como ejecutores de verdaderos “golpes”, tras los que se redistribuyen beneficios entre los actores y patrocinadores. El episodio de los ERE es más bien una corrupción social, en el que los actores, situados en la cúpula del gobierno, reasignan destinatarios a partidas presupuestarias establecidas para otros fines, con la intención de fortalecer y mantener su red de vínculos con distintas personas y grupos, que son transformadas en clientes por dicho intercambio.

De este modo se consolida una forma de gobierno radicalmente perversa, en tanto que se instituye un comportamiento fundado en la ocultación y la mentira, en tanto que las inversiones y las decisiones presupuestarias se destinan a satisfacer los intereses de clientes privilegiados, en espera del pago recíproco de estos. Esta forma degradada de gobierno no es patrimonio del pesoe, sino también de la derecha y de todas las instituciones del régimen del 78. El caso de las municipales es pavoroso. La diferencia real entre ambos partidos-patrón, radica en la distinta naturaleza de los beneficiarios de su red clientelar, que determina su modelo operativo.

Este infame intercambio sobre el que se constituye la forma de gobierno, supone, tanto una desviación permanente de fines, como una magnificación de la simulación, que sustituye a la verdadera realidad, que permanece sumergida en la sombra. El daño causado por esta falsificación a las instituciones representativas, alcanza niveles cósmicos. Su permanencia acentúa un proceso acumulativo de vaciamiento ético, que induce a una condena a la inteligencia, que es asfixiada en un medio tóxico de esta naturaleza. Precisamente ayer he leído el texto del médico salubrista Javier Segura acerca del “Gran Sapo”. Esta es una metáfora adecuada. Los directivos, los técnicos, los profesionales y los empleados, son estrangulados mediante la administración de distintos sapos que tienen que deglutir.

De ahí el título de este texto: Los patrones templados y mesurados que se sobreponen a las reglas para repartir beneficios entre una variada red clientelar, como método de su propia perpetuación en el poder. En las palabras de una de las herederas castizas  de este sistema, Susana Díaz “En los actos públicos la gente me da cariño y yo les correspondo con cariño”. Ciertamente, el espectáculo de los mítines en los que las efusiones colectivas alcanzan casi el éxtasis, son elocuentes. Estos son la expresión de la naturaleza de la corrupción redistributiva en Andalucía. Como he vivido allí muchos años, podría asignar un lugar de honor a Gaspar Zarrías. En sus años de oro ejercía como el patrón absoluto de la provincia de Jaén.

Las corrupciones políticas tienen como consecuencia el establecimiento de una ecología organizativa en las instituciones públicas. Proliferan y medran las especies en consanguinidad  con el poder; se expanden las especies dotadas de capacidades digestivas fantásticas, que les permiten digerir grandes sapos, y dominan aquellos capaces de adaptarse a lo que sea menester. Por el contrario, las especies más profesionalizadas, son desplazadas y obligadas a resolver el dilema de la adaptación o la migración. Desde cualquier organización de enseñanza, salud, servicios sociales u otras, esta tragedia se puede contemplar nítidamente. Aquellos que tratan de mantener sus sentidos profesionales son cercados por las especies adaptativas que terminan por imponer su lógica.

No, la corrupción, en cualquiera de sus formas, no es un accidente externo, sino que, por el contrario, infecta todo el tejido de las organizaciones públicas. Cuando se instala y se prolonga en el tiempo, su efecto es la desertificación de la inteligencia, que cede su paso al ritualismo en el desempeño profesional. Así se constituye la fatalidad histórica del postfranquismo, que implica un declive manifiesto de las organizaciones profesionales, inducido por esta forma de gobierno clientelar que perturba severamente el sistema en todos sus niveles.

Así pues, el episodio de los ERE es una de las manifestaciones de esta forma de gobierno, más allá de su libreto judicial. El intenso deterioro que ha producido en la Administración, el sector Público y la sociedad, es manifiesto. En esta situación, la pregunta pertinente estriba en pronosticar si esta situación es reversible, y, en el supuesto de que se considere así, cuál es la estrategia de recuperación. Me interrogo acerca de si es posible recuperar las reservas de inteligencia y ética desplazadas, migradas y desperdigadas en los largos años en los que ha imperado esta nefasta forma de gobierno.

En este sentido, una regeneración solo es posible tras una autocrítica radical. A día de hoy, no aparecen signos que nos permitan pensar en esta dirección. Por el contrario, las sinergias entre el bloqueo de la inteligencia y de la ética, se agudizan inquietantemente. La benevolencia y la superficialidad de las valoraciones, así lo atestiguan. Los analistas escamotean la cuestión esencial, que radica en la elaboración de un proyecto. La corrupción se impone contundentemente en un medio caracterizado por un proyecto débil. No es una cuestión de pedir perdón, sino acreditar la voluntad y capacidad de gestar un nuevo proyecto.

Esta forma de corrupción redistributiva es inseparable de la ruina del proyecto político de la izquierda, que ha quedado reducido a conseguir y conservar el gobierno. Una vez establecido en estos términos, se impone la lógica de los medios necesarios para tal fin. Este proceso instituye un modelo de relaciones que degrada a los partidos, las organizaciones del sector público, las organizaciones de la sociedad civil, e incluso, a no pocos movimientos sociales. Este sistema tóxico se retroalimenta a sí mismo y termina por reconvertir, incluso, a las fuerzas nuevas que tengan voluntad de modificarlo.

Pero, el efecto de los ERE está siendo justamente el contrario. Se activan las defensas culturales, se multiplica la nefasta lógica del bloque “progresista”, que ahora se justifica por la formación del nuevo gobierno. Esta se sobrepone a todo y vacía cualquier proyecto de cambio. Se entiende el progresismo como un bloque pétreo, sin fisuras, que habla solo por una voz monolítica, en tanto que es preciso sobreponerse al bloque conservador. En una situación así, la posibilidad de inventar interactivamente un nuevo proyecto que vaya más allá de los gobiernos de la videopolítica, es cero. Cualquier proyecto tiene que afrontar la reparación de la devastación producida por el modelo de gobierno clientelar en las organizaciones, ejercida durante tantos años.

Los efectos recombinados de la reestructuración postfordista con la mediatización total han transformado radicalmente las bases sociales de la izquierda. La nueva clase trabajadora es una masa fragmentada, heterogénea y deslocalizada. El suelo sobre el que asienta esta es blando y viscoso. En estas condiciones, la izquierda política se sustenta en las lealtades de varios cientos de miles de profesionales y empleados de organizaciones públicas. En el interior de este conglomerado vive una nueva versión de lo que Bourdieu denominó como nobleza de estado. El resultado de la combinación de ambos factores es la configuración de una visión distorsionada de las realidades, que favorece la penetración de la extrema derecha en este campo político.

Desde esta perspectiva se puede comprender la integración de Podemos en la quimera del gobierno progresista. Entiendo muy bien la energía y esperanza que suscita entre sus apoyos. Si obtiene cinco ministerios puede soñar con los números múltiples que resultan de la suma de autonomías, provincias, organizaciones públicas… Eso conforma un contingente de cargos considerable, que pueden proporcionar un soporte a una élite política. Pero entenderlo como una fuerza de cambio es otra cosa bien distinta. El precio es más que el silencio acerca del escándalo.

A día de hoy, el cambio es más necesario que nunca, al tiempo que más dificultoso. No se trata de restaurar como clientes a sectores sociales desahuciados por los partidos convencionales, sino de reconstituir el sector público. Esta finalidad desborda los eslóganes y las puestas en escena características de la videopolítica, que tanto fascinan a los aspirantes al gobierno, entendido como factor multiplicador de los números múltiples.


miércoles, 20 de noviembre de 2019

UNA VISITA A LA FRANCIA DE LOS AÑOS SESENTA


En estos días de ruido mediático se activa mi memoria y me invade la sensación de haber vivido anteriormente la situación en la que me encuentro. Esta es la razón por la que se incrementan mis necesidades de distanciarme y ausentarme. Uno de los lugares simbólicos que ha influido más en mi persona es la Francia de los años sesenta. En aquél tiempo, esta era un referente mitológico. Leía autores franceses, escuchaba músicas de este país, veía sus películas fascinantes  y admiraba a sus artistas. Los Pirineos eran simbolizados como una barrera formidable que separaba a dos mundos antagónicos.

En los años de la transición política, entendía esta como un acercamiento a la legendaria Francia. Pero pronto comencé a apercibir que las diferencias iban mucho más allá de la coyuntura histórica especificada en el binomio franquismo- democracia. Mi posicionamiento crítico con respecto al régimen del 78, se encuentra relacionado con la constatación de la persistencia inmutable de los Pirineos. Recuerdo que, en los años ochenta, me conmovió la escueta y corta vida del excelente periódico Liberación, que fue promovido según el modelo de del Libération francés, con la presencia de mi admirado Andrés Sorel, una de las voces de la semiextinta intelligentsia crítica española. Una sociedad democrática que no puede sostener un periódico crítico denota un síntoma fatal de precariedad política e intelectual. Entonces comprendí que tenía que retroceder mucho más atrás para comprender las diferencias entre los mundos que separan los Pirineos.

En los últimos años de profesor, regresé al viejo cine de la nouvelle vague francesa. Las películas de Truffaut, Renais, Godard o Malle, me hicieron disfrutar mucho. Llegué a ser un activista en favor de “Los cuatrocientos golpes”, una película antológica. En este tiempo, el ascenso del neoliberalismo ha generado nuevas analogías entre ambas sociedades, contribuyendo a la minimización de los Pirineos. Pero, a pesar de esta convergencia determinada por la dinámica del capitalismo global, persisten las diferencias que se remontan más allá de la misma revolución francesa. 

La crisis del régimen en España ha destapado las miserias soterradas por las retóricas del postfranquismo. Cuando algún amigo me refuta esta idea, sacando a flote las desventuras francesas, derivadas de la combinación letal de la postmodernidad, el postfordismo y la sociedad postmediática, le respondo utilizando un argumento contundente. Este se refiere a la población francesa que vive en coherencia con la vieja Ilustración. Mi estimación, a ojo de buen cubero, es de cinco o seis millones. Esta población sustenta muchos proyectos políticos, sociales y culturales, constituyendo un confortable guetto ilustrado. En España, no solo la cantidad de población dotada es significativamente menor, sino que se concentra en su gran mayoría en unas pocas ciudades.

La llegada de los erasmus estimuló mi curiosidad por escrutar a los franceses. Mi decepción era mayúscula cuando no sabían quiénes eran Barthes,  Débord u otros autores de este rango. Muchos de ellos tampoco conocían a los sociólogos postfordistas o de la sociología clínica, de los que yo me nutría desde hacía muchos años. La máquina neoliberal de homologación detenta una eficacia inquietante. Francia, al igual que la vieja Europa, ha iniciado un camino que activa sucesivas alarmas. La recesión de la educación es un indicador elocuente.

De ahí que mi evasión provisional de hoy sea hacia mi memoria musical, en la que los Pirineos adquirían una majestuosidad determinante. La música de Leo Ferré me cautivó durante años. Hoy me da un poco de vergüenza presentarla aquí, en tanto que suscita el desdén de muchos jóvenes, lo cual indica la profundidad de la mutación estética que ha operado desde los años sesenta.




En esta excursión no puede faltar Georges Moustaki

https://www.youtube.com/watch?v=R0WbDTusbhk&t=49s



 


Otro clásico de la época "Les feuillees mortes"

Termino retornando a una versión francesa de Yves Montand del clásico Bella Ciao


Hasta aquí llega mi nostalgia de esta mañana de otoño en Madrid