Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

martes, 18 de septiembre de 2018

CRISIS, DERECHO A LA SALUD Y PARTICIPACIÓN CIUDADANA



En el 2013 fui invitado a las jornadas de OSALDE en Bilbao. Era un tiempo en el que se hacían visibles los efectos demoledores de lo que se llamaba crisis, que se complementaban con las políticas sanitarias privatizadoras del gobierno del pepé, entonces con mayoría absoluta. Presenté un trabajo con el título de esta entrada que, aunque OSALDE lo ha publicado, lo presento aquí por considerar que su valor permanece inalterado, aún a pesar del cambio de escenario político.

El concepto de participación predominante en el sistema sanitario desde el origen de la reforma permanece inalterado. Se entiende que esta se produce en el nivel local, de lo que se deriva una línea marcadamente micro. La cuestión macro, es decir, lo que se corresponde con el estado y las políticas públicas sanitarias, permanece ausente, en tanto que el objetivo es conseguir un conjunto de experiencias locales de participación. El vacío de los discursos participativos en este nivel es manifiesto.

Pero el escenario sociohistórico se ha modificado sustancialmente, de modo que se han invertido las escalas. Las políticas sanitarias se plantean en el ámbito global, que extiende sucesivamente sus líneas de actuación a lo regional (Europa), estatal y autonómico. En estos niveles globales no existe ninguna agencia de cambio que se oponga al vigoroso impulso neoliberal. La dispersión y atomización en el campo de la participación adquiere niveles máximos.

Una de las cuestiones teóricas esenciales en la participación en salud es determinar quién participa y en qué se participa. La configuración de esta en España, como un sumatorio de experiencias locales, genera un vacío en los niveles de las políticas sanitarias, que son ejercidas en régimen de monopolio por las fuerzas globales, que se sustentan en un neoliberalismo radical que ya ha transformado radicalmente las organizaciones sanitarias. La debilitación de las instancias profesionales corporativas y los sindicatos, la precarización intensiva y las definiciones del output sanitario, apenas encuentran oposición.

Mi línea en estos años fue la de suscitar esta cuestión en todas mis intervenciones públicas. Este texto es especial, porque se presenta, en síntesis, el núcleo de la argumentación de fondo. A día de hoy, sigue sin suscitarse una reflexión y discusión acerca de la cuestión de las políticas sanitarias, y la participación se sigue suscitando en el nivel local y como un apéndice de lo sanitario. Sin embargo, las organizaciones sanitarias han cambiado radicalmente, de modo que la misma atención primaria se encuentra cercada y desplazada. Las resistencias que suscita, con huelgas de MIR, convocatoria de huelga en Andalucía y otras, se plantean en ausencia de una coordinación global.

Por estas razones, ante la ausencia de oposición alguna en los niveles macro de la política y los medios de comunicación, he rescatado este texto, con la esperanza de que pueda estimular alguna reflexión.




                                    XXX JORNADAS DE OSALDE
                             CRISIS, DERECHO A LA SALUD Y
                                   PARTICIPACIÓN CIUDADANA.
                                         Bilbao, 9 de mayo de 2013
                             Juan Irigoyen. Universidad de Granada.

En los últimos años se vienen produciendo un conjunto de recortes y
restricciones en la atención sanitaria, que se derivan de unas políticas
sanitarias que tienen sus orígenes en los años noventa. En los dos últimos
años se intensifican produciendo un punto de ruptura con el modelo
sanitario prevalente desde los años ochenta. Estas políticas públicas
generan un estado de confusión considerable, en tanto que una parte de sus
supuestos y finalidades permanecen ocultas.

Estas actuaciones se justifican por lo que se define como “crisis”. Pero,
más allá de la crisis económica, el proceso de privatizaciones crecientes
que acompaña a las políticas sanitarias se inscribe en un movimiento más
amplio. Lo que ocurre en el sector salud, es, la manifestación en este
campo, de una gran reestructuración global que comienza en los años
ochenta. Esta se orienta a la consecución de una sociedad neoliberal
avanzada, donde la centralidad del mercado en el orden social constituye su
elemento más significativo.

La reestructuración implica la redefinición de todos los componentes de la
sociedad. En particular, el estado keynesiano de bienestar, es reformulado
drásticamente. Sólo en el contexto de esta reestructuración neoliberal, se
pueden comprender los sucesivos acontecimientos que se producen en las
escalas sectoriales sanitarias o nacionales. Se trata de movimientos en el
tablero global, donde se está produciendo esta transformación. La crisis es
sólo una oportunidad para intensificar el acoso y derribo del viejo orden
social, en donde el estado desempeña un papel esencial.

En el transfondo de este proceso histórico se constata la emergencia de un
nuevo sistema-mundo, que protagoniza un nuevo poder global inédito, que
trasciende a los estados para configurarse en redes corporativas
desterritorializadas. Las corporaciones que lo conforman, construyen una
red heterogénea sobre la que se asienta su preponderancia sobre los estados
y su hegemonía en la definición de las políticas públicas y sanitarias.

Esta red de poder se asienta sobre el dominio de las organizaciones
globales y regionales del “gobierno-mundo”, como el Banco Mundial yotras,
entre las que la OMS desempeña un papel relevante. Pero, junto a
estas organizaciones globales, aparecen conjuntos de organizaciones
diversas y focalizadas en torno a la producción del conocimiento funcional
necesario para el conjunto del proyecto global. Así, una nube de
fundaciones, think tanks, organismos vinculados a empresas, foros
profesionales, universidades privadas, agencias especializadas, ongs,
organismos sectoriales y grupos mediáticos, conforman un espacio que
define qué es lo necesario, lo viable y lo científico. Sus propuestas se
producen en el interior del campo cognitivo que ellas mismas han
configurado. Esta red se encuentra fuera de cualquier control, ejerciendo
una presión constante a los decisores estatales. Es el soporte de lo que ha
sido denominado como el pensamiento único.

Las reformas que revisan sustancialmente el sistema público de salud, son
decididas en el interior de esta red global, que define las mismas desde
unas premisas y una racionalidad congruente con los intereses sociales
fuertes de las corporaciones y grupos financieros que detentan el
protagonismo en las economías y las instituciones globales. Así, es
crecientemente visible el papel relevante de las instituciones regionales
europeas, cuyo papel de dirección, vigilancia y coerción sobre las políticas
públicas de los estados es cada vez más manifiesto.

La concurrencia de todos los factores que se han puesto en evidencia, tiene
como consecuencia la constitución de un formidable grupo de presión, que
se hace presente en todos los procesos de elaboración de las políticas
públicas y sanitarias estatales, que ha sido conceptualizado por algunos
relevantes analistas como una verdadera “metamorfosis de gobierno”. El
rasgo más importante de la misma estriba en que se definen las líneas de
las reformas como una cuestión técnica, experta y despolitizada. De este
modo se excluye cualquier deliberación pública o proceso de participación
política y social. Así, las posibles alternativas son expulsadas del campo de
lo posible, definido cognitivamente por el conglomerado de instituciones
que sirve al nuevo poder global.

La reestructuración neoliberal genera una nueva globalidad, en donde cada
área sectorial define su valor en función de su aportación al conjunto. En el
caso del sector salud, se reformula su significado sobre el precepto de ser
entendida como un producto-servicio. Así se configura un mercado de gran
potencialidad de crecimiento productor de un valor económico
considerable. Este es el fundamento de las reformas de los servicios de
salud imperantes en la era fordista-keynesiana.

La reestructuración neoliberal produce impactos sobre la estructura social,
generando procesos de reclasamiento y desclasamiento de gran
complejidad. Los sectores perdedores de la misma, procedentes de la clase
trabajadora industrial, ahora en descomposición, son penalizados por una
atención sanitaria entendida como un bien de consumo. Este es el
verdadero sentido de las actuales reformas sanitarias. La esencia de éstas se
condensa en la proposición: en estructuras sociales duales, atención
sanitaria dual. Esto implica la configuración de un sistema de salud
definido por mínimos asistenciales, destinado a los sectores de la industria
y servicios con bajos salarios, a los trabajadores precarizados, a los
empleados informales, a los desempleados y otros sectores sociales que
conforman el envés de la abundancia.

La puesta en marcha de las reformas, ha producido resistencias sociales y
profesionales de cierta envergadura. Una secuencia de conflictos de distinta
naturaleza e intensidad han creado un espacio de disenso con respecto a las
propuestas. En el caso de Madrid, las resistencias de la “marea blanca” han
alcanzado un nivel de conflicto considerable, tanto en su continuidad como
su intensidad. Por el contrario, en las instituciones políticas, el
disentimiento con respecto a las reformas, se produce en términos
convencionales y rutinarios, carentes de intensidades proporcionales a los
significados y consecuencias de estas.

Pero, en este contexto, ninguna resistencia sectorial podrá detener la
secuencia de las reformas. La cuestión fundamental estriba en articular un
movimiento sociopolítico capaz de contrarrestar a las instituciones políticas
subalternas de los poderes globales. Cualquier conflicto sectorial tiene un
techo definido. La convergencia y concertación entre todos los
movimientos de resistencia a las reformas es un factor fundamental. Esta
coordinación tiene que trascender las cúpulas de las organizaciones
sindicales y políticas jerarquizadas, ahora en declive en el nuevo escenario
socio-histórico.

La temporalidad del conflicto de la resistencia a las reformas adquiere una
centralidad incuestionable. El tiempo de oponerse es ahora. Si la escalada
de reformas se consolida, la situación será muy adversa en el futuro. El
neoliberalismo no actúa sólo en el plano político-institucional legislativo.
Su proyecto viene acompañado por un conjunto de nuevas instituciones,
nacidas de la empresa postfordista, destinadas a crear órdenes
organizacionales que debiliten los lazos nacidos de los intereses
compartidos por los trabajadores y profesionales. Estas son las
instituciones moleculares organizadas en torno a la gestión, que no es sólo
una nuevo tipo de dirección, sino que, además, es portadora de un conjunto
de tecnologías de poder individualizadoras.

La oposición a la reforma tiene que ser necesariamente creativa. Se trata de
impulsar un conflicto radicalmente nuevo. Por esta razón debe inspirarse en
aquellos conflictos que en los últimos años han creado nuevos sentidos,
repertorios de acción e imaginarios. Uno de ellos es el 15 M. Frente a un
poder global que detenta la hegemonía cognitiva y comunicativa, es preciso
contrarrestarlo mediante el modelo de un contrapoder. Los conceptos
enunciados por Holloway parecen tener validez general en esta época. No
se trata de concentrar todas las fuerzas en una batalla legislativa, sino de
crear espacios donde podamos construir y compartir pequeñas experiencias
alternativas a ese poder global. Porque la potencialidad de los perdedores
en la reestructuración neoliberal no puede encerrarse en un medio
institucional subalterno. Necesariamente la desborda. Es imprescindible
liberarla en otro espacio, como ocurrió con las plazas en el 15 M.

La desobediencia activa a ese poder es una cuestión fundamental. En este
conflicto ya han aparecido formas de desobediencia de profesionales en el
caso de la atención a inmigrantes. Sólo así es posible trascender la
movilización convencional, proyectada a la obtención de resultados
electorales. Cualquier parlamento desafecto a la autoridad global es
requerido a doblegarse. Si desobedece al poder global se genera un
conflicto que sólo puede afrontar sobre sectores sociales constituidos como
contrapoderes vivos.

Pero el aspecto decisivo de las resistencias a las reformas neoliberales
radica en crear conocimiento, trascendiendo el marco cognitivo creado por
la red global. Este es un aspecto ofensivo esencial. Es necesario imaginar
qué es la salud en una sociedad equitativa y convivencial, así como los
rasgos de la asistencia sanitaria en la misma. Lo mínimo que se puede decir
ahora, es que la salud, en un futuro no neoliberal, será más un derecho que
un producto-servicio, dotado de un valor económico de mercado.

La idea de fondo que trato de suscitar en este texto es la crítica a muchas
personas que, sustentadas en un pragmatismo sin horizontes, no
comprenden la naturaleza del nuevo capitalismo global, que es muy
diferente al capitalismo fordista-keynesiano. El problema estriba que desde
el momento actual no hay vuelta atrás posible, porque en este tiempo se
están produciendo puntos de ruptura. Sólo se puede mirar a otro futuro y
proponer algo diferente al neoliberalismo. Esto es lo más pragmático
posible en estas condiciones socio-históricas.

viernes, 14 de septiembre de 2018

LOS MÁSTERES: EL ÁNGEL CAÍDO DE LA UNIVERSIDAD


Los escándalos sucesivos de los másteres de la universidad Juan Carlos I han conmovido a la opinión pública. Los medios han entendido que se trataba de una excepción a la regla de la universidad. Así, unos profesores devenidos en “manzanas podridas” han podido actuar fraudulentamente en favor de distintos ilustres miembros de las cohortes políticas de segunda generación de los partidos dominantes en el postfranquismo. Esta piadosa interpretación tranquilizadora no se corresponde con la situación en la universidad española. Las arbitrariedades en la producción de los resultados y las dependencias de los poderes políticos y económicos constituyen la regla general, a la cual hay escasas excepciones. 

Los másteres representan en la universidad al Ángel Caído, haciendo una alusión elogiosa a Neil Postman y su libro “El fin de la educación”. Se trata del nivel más débil de esta institución tan deteriorada. La reconversión de los estudios de tercer ciclo, convirtiendo los vetustos doctorados minoritarios en los flamantes másteres y nuevos doctorados, ha significado un cambio que no es posible denominar de otro modo que catastrófico. La última reforma universitaria, que sobre el suelo de la vieja universidad fragmentada en la matriz disciplinar y controlada por los feudos académicos, se construye referenciada en el proyecto neoliberal radical, inicia un proceso de hecatombe académica, en el que la docencia queda convertida en una simulación, que es camuflada por las artimañas de una burocracia académica asfixiante que ha adquirido una competencia  notable en el arte del maquillaje publicitario.

En los años ochenta y noventa se fueron extendiendo estudios postuniversitarios orientados a un mercado de directivos y cuadros de empresas. La reforma de Bolonia disolvió estos estudios mediante su absorción por la universidad. Las viejas licenciaturas se reconvirtieron a estudios de grado y los másteres representaron una especialización de los estudios de postgrado. Este cambio reforzó la demanda de los másteres, en tanto que los grados quedaban devaluados en el mercado de trabajo, al tiempo que no logró reforzar la oferta académica para afrontar un desafío de esta envergadura. Las bases para la hecatombe se asentaron sólidamente.

He sido durante muchos años informador e informado de estudiantes que circulan por el espacio-mundo académico. Algunos de ellos eran exigentes con su propia formación. Me pedían referencias y me suministraban informaciones acerca de su experiencia. El balance general fue muy negativo. Aprendí a no recomendar ninguno, porque en varios casos me reprocharon la recomendación que les hice. En general, los máster son atractivos por los profesores que figuran en el programa. Pero, una vez los matriculados descubren que su presencia allí es testimonial y que las diferencias entre el programa y la realidad son abismales, la frustración es inevitable. En todos los casos la vieja universidad comparece en todo su esplendor tras la fachada del pomposo proyecto docente. Voy a exponer en líneas generales lo que es un tipo ideal weberiano de los másteres, muy focalizado a las ciencias humanas y sociales. Pueden existir distintas microdiversidades, pero este es el modelo-tipo.

Un máster es un proyecto académico muy exigente. Tiene que estar dotado de cuantiosos recursos materiales, administrativos, docentes y de investigación. La metodología docente activa es ineludible y descansa sobre el principio central de hacer trabajar a los alumnos. Así, las clases magistrales tienen que ser reducidas al mínimo a favor de actividades de lecturas, de trabajos en grupos pequeños y múltiples tareas de procesamiento de la información y aplicaciones. En un sistema así se multiplican las horas de dedicación de los profesores. Es preciso preparar minuciosamente las actividades, ejercer una dirección efectiva sobre las mismas, tutorizar los trabajos y realizar un seguimiento y evaluación de los resultados todas las semanas. Este es un trabajo efectivo muy absorbente y poco compatible con otras tareas. Además, es preciso tutorizar los trabajos de fin de máster y coordinar las actividades de las distintas asignaturas. En su conjunto consume una cuantiosa energía docente que se traduce en mucho tiempo y esfuerzo. Se puede afirmar que un máster requiere ineludiblemente una dedicación exclusiva de varios profesores.

Las reformas neoliberales descansan sobre un principio esencial. Se fabrica un menú máximo de actividades para cada docente y se incentiva su cumplimiento. El problema radica en la imposibilidad material de asumir todas las metas propuestas. El secreto de estas reformas radica en cada uno tiene que asumir la competencia de seleccionar las actividades en las que concentra su esfuerzo. Así se facilita la simulación en actividades en las que es posible cumplir con los indicadores sin consumir tiempo. En la universidad la docencia es severamente perjudicada. Nadie que quiera realizar una carrera profesional satisfactoria invierte en la docencia. Este es un secreto compartido que termina en una perversión institucional.

Los másteres son el campo específico en el que cristaliza esta pauta institucional. Un docente explota su bagaje mediante la impartición de clases convencionales y programa actividades que consuman el tiempo y el empeño de los alumnos. Sin embargo, los microtrabajos sobre lecturas y otras actividades que tienen que realizar los estudiantes no son efectivamente supervisadas. Además, como el principio que articula estos estudios es la asignatura, los estudiantes se ven abocados a presentar múltiples microtrabajos aislados entre sí, de los que no obtiene una interacción con el profesor. En las sesiones se comentan los contenidos y el docente tiene el bagaje suficiente para hacer comentarios sobre cualquier cuestión. Sin embargo no se realiza una intervención específica sobre un trabajo de un alumno. A pesar de todo, muchos profesores se encuentran agobiados por enfrentarse a diario con la adulteración de su rol, que implica un conflicto latente con los alumnos.

Así se conforma un tedio acumulativo resultante de la multiplicación de minitrabajos y la ausencia de dirección efectiva. Las clases devienen en comentarios dispersos sobre intervenciones de los alumnos. Este método es fatal para los estudiantes, que van decreciendo en sus expectativas, al tiempo que beneficioso para el profesor, convertido en un artista en el noble arte del toreo académico. También funciona de modo análogo las actividades prácticas o aplicaciones. Estos métodos docentes significan una falsificación de la enseñanza activa. La calidad es manifiestamente baja en términos de aprendizaje.

Uno de los efectos perversos para los alumnos es que se encuentran saturados de obligaciones que tienen que cumplir en plazos inmediatos, pero su trabajo no implica un aprendizaje significativo. En este orden de simulación académica el activismo reemplaza a la formación. Así se conforma una extraña fábrica de sinsentidos. Cuando algunos alumnos reprochan ante las omnipotentes cámaras de la tele a Cifuentes y otros beneficiarios su evasión de los trabajos que ellos tienen que hacer, se puede colegir que estos son más una carga inexorable que una actividad que les aporta.

La paradoja fundamental de los másteres es la reproducción fortificada de la vieja comunidad académica rigurosamente segmentada en disciplinas. Para capturar alumnos tiene lugar un marketing intensivo que ofrece programas en los que participan profesores reputados ubicados en otras universidades. Así se intensifican los intercambios entre los colegas de la comunidad disciplinar reforzando las jerarquías. Los profesores estrella comparecen en los programas, pero su intervención efectiva es la de pronunciar una conferencia referida a su último libro o investigación. No participan en las tareas de tutorización de trabajos u otras similares. Sin embargo, su presencia es remunerada consumiendo una parte desproporcionada de los recursos económicos del máster. Las tareas cotidianas quedan en manos del cognitariado académico que acumula méritos para posicionarse en su propia carrera.

Así se configura un sistema que concita la presencia de demasiados estudiantes, en tanto que el máster es una credencial imprescindible. La sobrecarga de la demanda desborda la oferta y los grupos son demasiado grandes para hacer factibles y verosímiles los métodos activos. Algunos grupos pueden llegar a cuarenta o cincuenta alumnos. En estas condiciones solo es posible establecer lo que en este blog he denominado como “la fábrica de la charla”. Se trata de estimularlos a que expresen sus opiniones y establecer una charla dispersa.

El efecto perverso de estas situaciones es que los másteres son obligatorios de facto para el supuesto acceso a una especialización, y por ende, al mitológico mercado de trabajo. Así, un estudiante accede, paga y participa hasta descubrir que es convertido en una máquina de producir trabajillos superfluos que consumen su tiempo. Estos no aportan nada a las capacidades del que los ejecuta. Así se conforma un tedioso ciclo hasta la presentación del trabajo fin de máster. El resultado es que invierte muchas horas en un esfuerzo que no tiene el beneficio de la formación efectiva. 

La conformidad con este sistema de simulación académica se funda en su transitoriedad temporal. Se entiende como un bagaje que hay que pagar inevitablemente. También se espera que desde el mercado de trabajo se le otorgue un valor. De ahí el silencio compartido de esta generación de hacedores de minipapers insulsos. Lo peor es que este sistema absurdo convierte a sus asociados en víctimas, y, al mismo tiempo, en cómplices de este sinsentido. He tenido muchas conversaciones con gentes que comenzaban un máster con ilusión, reprochando mis objeciones, y, meses después, van adoptando un escepticismo que crece y termina por desbordarlo.

Conozco algún caso de máster “de postín” en el que se ha llegado a producir un conato de rebelión. Cuando los estudiantes descubren que son los operadores de una factoría de productos superfluos, sus propios minipapers, y plantean a la dirección que quieren actividades de procesamiento de la información y puesta en común más rigurosas y dotadas de método, de modo que se trascienda el comentario superficial, la respuesta es destapar un autoritarismo académico que tiene su origen en el medievo. La violencia institucional se hace patente.

Este es el contexto en el que se producen los escándalos por eximir a los ilustres miembros de las juventudes de los partidos principales de participar en estas tareas cuyo sentido remite a un pago en diferido y una sanción ineludible. He recordado la frase del Génesis  dirigida a Adán <<Por cuanto has escuchado a la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual he ordené, diciendo: “No comerás de él”, maldita será la tierra por tu causa; con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y abrojos te producirá, y comerás de las plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás>>. Esta sentencia bíblica se hace presente en las aulas de los másteres,  en una versión posmoderna suavizada.

Desde la perspectiva de la argumentación de este texto se puede comprender el desprecio superlativo de Cifuentes, Casado, Montón y otros hacia sus eventuales compañeros de titulación. Ellos se liberan de esa carga absurda de modo similar al de los hijos de las clases pudientes del ejército en el XIX y el comienzo del siglo XX. Pero, sobre todo, se hace inteligible la razón por la que, nadie, ninguna autoridad académica, ha reprobado públicamente a los privilegiados de los másteres. El silencio atronador de esta venerable institución responde a una lógica coherente.

En una situación como esta, caracterizada por la oscuridad, se agradecen los comentarios.

lunes, 10 de septiembre de 2018

SOCIOLOGÍA DE LOS POBLADORES DE LAS TIERRAS ALTAS. LAS DERECHAS


La derecha es algo más que una posición política. Es un modo de ser y de vivir la vida. Después de muchos años de ausencia, paseo por el barrio de Salamanca de Madrid rememorando mi infancia y adolescencia. Este es uno de los territorios en el que se asienta la derecha, más allá de sus formas políticas. Tengo una sensación extraña que me inquieta. Las gentes que comparecen ante mí son exactamente iguales a las de mis atormentados años mozos. El concepto de cambio social parece ser severamente cuestionado. Ciertamente, han cambiado muchas cosas, pero tengo la sobrecogedora impresión de que mi vida ha sido un sueño, porque las personas con las que me cruzo son exactamente las mismas que las que pueblan mi memoria.

Lo mismo me ocurre en el paseo de Pereda de Santander y en toda la zona de bares en las calles adyacentes. Es como si todo se hubiera congelado y súbitamente volviera a la vida tantos años después. Parecen ser las mismas personas dotadas de la capacidad de resistir el paso del tiempo permaneciendo incólumes. Los cambios políticos, económicos y culturales han pasado por encima de ellos sin afectarles sustancialmente. Así, siguen viviendo exactamente de la misma manera Los mismos arquetipos humanos se reproducen en estos entornos sin ser afectados por los cambios globales. Por eso, cuando paseo por el Paseo de Pereda o por el barrio de Salamanca, alterno mi rostro de una sonrisa irónica a la que acompaña mi voz murmurando  -milagro, milagro-, con la seriedad derivada de la inquietud de estar viviendo una pesadilla, en tanto que los rostros, los cuerpos y las puestas en escena son las mismas.

En congruencia con mis impresiones sensoriales en los escenarios en donde vive la derecha, esta puede ser definida como aquello que sobrevive a los cambios, como el núcleo indemne que conforma la persistencia. Se puede afirmar, por tanto,  que esta es una identidad, un modo social específico de ser y de vivir. Ciertamente no hay una sola derecha. La derecha convencional se ha mezclado con algunos contingentes de personas que han experimentado una movilidad social ascendente. También han arribado a este espacio gentes que han conseguido mucho dinero mediante su participación en actividades económicas lucrativas, esencialmente especulativas. Todos ellos conforman a las derechas, incluyendo los adscritos a las fantasías geométricas que se imaginan en los centros de un espacio fluctuante.

La derecha se asienta sobre la diferencia social. Es esencialmente clasista y elitista. En las últimas versiones de la sociedad de consumo detenta posiciones que agregan posiciones económicas a valencias culturales asociadas a la sofisticación del lujo. Así se configura como un estrato o una casta social que comparte una forma de reconocerse en el arte de vivir, habitar y viajar. Frente a los numerosos ascendidos económicos, que hacen ostentación de su automóvil y su vivienda, la derecha-casta se define sobre un conjunto de diversidades sofisticadas que le confieren una subjetividad que se expresa en el ámbito social semiprivado que habita. Paradójicamente, esta cede la ostentación a muchos de los recién llegados para compartir el goce íntimo de las prácticas de vivir asociadas a su posición, que se mantienen discretamente ante las miradas exteriores.

Ser de derechas implica llenar, con una vida fundada en el privilegio, su posición social. Se trata de ser activo en la reproducción de su estilo de vida, incorporando selectivamente las novedades que se producen continuamente. Las prácticas asociadas a esta identidad social, tienen lugar en un espacio social restringido. En los domicilios, fincas, clubs privados, instituciones de pago, comercios exclusivos, bares especiales y otros ambientes habitados por las gentes que ocupan estas posiciones sociales, estas se manifiestan abiertamente sin restricción y muestran sus ideas, convicciones, prácticas de vivir y costumbres. Estas son las zonas que habitan en exclusiva. Pero, cuando las personas de derechas se hacen presentes en un espacio público plural, adoptan un comportamiento restringido, ocultando algunos de sus rasgos específicos. He vivido con frecuencia estas situaciones en la cotidianeidad de la universidad pública.

La vida de una persona de derechas se encuentra determinada por una ley de hierro. Esta es la de conservar, defender y expandir su posición social. Esta se hereda o se consigue, pero es preciso protegerla frente a las aspiraciones igualitaristas de aquellos que se ubican en posiciones sociales inferiores. Esto implica la necesidad de unificar la fuerza de los privilegiados y su determinación social. Así se explica la cohesión interna de la derecha. En la política se alinean férreamente en torno a los partidos que defienden sus intereses minimizando las divisiones. Las grandes cuestiones económicas y políticas suscitan una posición monolítica de la masa crítica de la derecha, así como una gran energía en su defensa. En los días solemnes de las elecciones todos se encuentran movilizados y alineados en torno a la percepción común de la defensa de sus privilegios. Es insólito contemplar de cerca la campaña permanente de erosión de Carmena en Madrid. Cualquier oportunidad y en cualquier espacio es válido para su denigración.

La vida transcurre en torno a la recreación y expansión de la posición personal. Las actividades esenciales se concentran en esta cuestión. Para asegurar esta, las relaciones personales adquieren una centralidad extraordinaria. Las amistades implican intercambios de favores y coaliciones pragmáticas. Asimismo, la familia es un haz de relaciones orientadas a los negocios y la expansión de los patrimonios. Cultivar las relaciones deviene en una regla fundamental. Expandir la red personal y mantenerse atentos a las oportunidades que pueden surgir de las relaciones. Así, cualquiera puede ser un socio, que adquiere una preponderancia fundamental en el curso de la vida para materializar con éxito los negocios. Estos son imprescindibles para incrementar el patrimonio.

De lo anterior se puede colegir la importancia extraordinaria del enchufe. Encontrarse asentado sobre una posición elevada, en la intersección de una red de relaciones, otorga un capital relacional que es determinante para acceder a empleos, a favores, a “ayudas” en la educación, así como otras formas de intercambio. La tenencia de un cuantioso capital personal contribuye a la acumulación de ventajas esenciales en todos los órdenes en la educación, el empleo y los negocios. En la jerga cotidiana, las universales palabras de “meterse en” o “colocarse en “, designan realidades en las que la derecha se encuentra muy aventajada.

Uno de los aspectos más significativos de la derecha en la cotidianeidad estriba en la pericia de resolver contundentemente las sucesivas situaciones de cara a cara con los distintos subalternos. Es lo que se denomina como “mandar”. Saber mandar y discernir las posiciones en una relación constituye todo un arte menor, y forma parte del patrimonio cultural de esta casta social. En este blog he tratado varias situaciones de cara a cara entre posiciones sociales diferenciadas. Ser un señor implica emitir las señales indicadoras de su posición social e imponer estas en las relaciones cotidianas con los considerados inferiores. Hacer respetar la supremacía de su posición es una cuestión fundamental. 

La preponderancia en la cotidianeidad implica recurrir a una dureza muy intensa en distintas ocasiones, para “poner en su sitio” a cualquier subalterno que tenga la pretensión de la igualdad. Esta superioridad implica un alto grado de violencia simbólica sobre las personas ubicadas en las tierras bajas. Esta descansa sobre la ignorancia activa de sus condiciones de vida. En ausencia de bienes materiales cuantiosos, relaciones sociales privilegiadas y capital educativo, los percibidos como inferiores son deshumanizados y se hacen ininteligibles. Así se refuerza la hipótesis central de la supremacía de las clases altas y de la necesidad de regentarlos.

La defensa de la posición social y su expansión implica, junto con la dureza con los subalternos, la docilidad con los poderosos. Pero la vida de los patrimonios materiales copiosos tiene lugar mediante continuas transacciones que afectan a su estabilidad. Me refiero a las inversiones y los negocios. En estas comparecen los riesgos y el conflicto latente o abierto con los socios. Saberse manejar en este campo implica maximizar todas las oportunidades y ser despiadado con los exsocios devenidos en perdedores. Un patrimonio sólido y expansivo se asocia, en la mayoría de las ocasiones, a una capacidad resolutiva inseparable de la competencia de esquilmar a los débiles próximos con un grado cero de clemencia.

Me fascina la seguridad que exhiben en el espacio público las gentes de la derecha. En algunos comercios o bares que prohíben la entrada de animales entran con sus perros sin considerar la prohibición. En muchos casos nadie se atreve a decirles nada por su porte de señores y sus gestualizaciones indicadoras de su seguridad personal. Cualquier señal de exhortación les pasa inadvertida y cuando son advertidos movilizan su poder simbólico afrontándolo como un desafío. Se evidencia que entienden que las normativas son para los plebeyos y que ellos se definen a sí mismos como una noble excepción.

La derecha vive una situación histórica caracterizada por la expansión de las expectativas de igualdad por parte de los habitantes de las tierras bajas e intermedias. Esta es percibida como un desafío y como una impertinencia que se hace presente en el espacio público. Muchos de los aspirantes a la igualdad la materializan en la esfera del consumo principalmente. Poseer un automóvil de alta gama deviene en un signo de ascenso social. El resultado de estas tendencias sociales es la creación de varias tensiones permanentes. La estrategia de la derecha es consolidar sus posiciones en las políticas públicas, salvaguardando los mercados de excelencia blindados a los de abajo, así como su encierro en el ámbito semiprivado en el que tiene lugar su vida de ocio. Así se conforma un tiempo en el que las privatizaciones y las barreras alcanzan su plenitud, con el objeto de proteger la vida singular de los habitantes de las tierras altas. En este tiempo, una gran masa de pobladores de posiciones sociales intermedias genera distintas ensoñaciones que le permiten imaginarse en el mundo de la derecha. Pero, en el mejor de los casos se trata siempre de una pertenencia incompleta.