Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

martes, 15 de enero de 2019

EL RETORNO DE CARLOS CANO EN DIFERIDO


Oigo las voces lejanas inevitables de las radios y televisiones, que consiguen colarse en mi intimidad entre los resquicios de mis defensas personales, levantadas para amortiguar el impacto de la conversación mediática ubicua e interminable. Dicen que hoy es un día histórico para Andalucía, en tanto que se va a cumplir el sagrado precepto del relevo en el gobierno regional tras tantos años de eso que los nuevos expertos politólogos llaman monocolor.

Este acontecimiento despierta en mí sensaciones ambivalentes. He vivido tantos años allí, que el acontecer de la era del pesoe forma parte de mi propio paisaje biográfico. Se puede afirmar que esta larga etapa tiene lugar mediante una inversión que privilegia el tiempo pasado con respecto al presente. El esplendor de los primeros años deviene en un declive sostenido inexorablemente, que conforma un deterioro acumulativo que acaece fatalmente. Esta es la regla de oro de esta época, hoy peor que ayer pero mejor que mañana.

Me invade un sentimiento de alivio por el naufragio del entramado del dispositivo de poder partidario del pesoe, que en este blog definí como el magma. “La clase dirigente española se encuentra presente en los distintos órganos de gobierno a de todos los niveles, pero, también en las cúpulas de las administraciones, empresas públicas y organismos gubernamentales. En todo este entramado organizativo, la clase dirigente conforma lo que me gusta denominar como magma. Este sería un fluido denso que invade el  medio interorganizativo. El magma crea un suelo sobre el que se asienta cualquier proyecto nuevo. Este es un medio viscoso y pantanoso, que interfiere  las iniciativas y genera condiciones adversas que obstaculizan su desarrollo. Así, los proyectos innovadores se encuentran en un territorio blando, que impone un movimiento lento, agotando los impulsos al cambio. Nadie puede librarse de él. El magma, es así, el magma directivo que dificulta los proyectos, que tienen que adaptarse a las condiciones que impone, dilapidando las fuerzas que los sustentan en tareas de mantenimiento requeridas por ese duro medio. Se trata de una forma local de burocracia devastadora que cerca a la inteligencia”.

Pero, al mismo tiempo, no puedo evitar un sentimiento de contrariedad, en tanto que el final de esta época remite a su mismo comienzo, en tanto que el relevo tiene lugar mediante la restauración de la derecha convencional, que en esta tierra adquiere la condición de inverosímil en torno a la imagen de “gachós trajeados”. La derecha andaluza es como aquellos novios del cine de Berlanga, que el largo y tedioso noviazgo los ha desgastado fatídicamente, convirtiendo el desenlace matrimonial en un acto degradado y rebajado.

Por eso viene a mi recuerdo inevitablemente Carlos Cano, cuya obra ilustra acerca de la circularidad histórica de este proceso. Se trata de un extraño retorno al origen, que la galería de personajes que pueblan los partidos de la mayoría que hoy se constituye, ilustra con una elocuencia encomiable. Los líderes de la derecha andaluza se liberan de su perfil humano para constituirse en estereotipos perfectos. Me impresiona el nuevo presidente, acerca del cual dudé de su verosimilitud. Parece un robot fabricado para el consumo simbólico de sus públicos votantes.

La constitución misma del gobierno ha sido pactada con un protagonismo impúdico de los líderes nacionales, siendo ubicada en Madrid. Las imágenes de la firma final, muestran la tutela de estos sobre los líderes regionales en un conjunto de imágenes y retóricas de una elocuencia obscena. El imaginario de “Las Sevillanas de Chamberí” ha convocado a mi memoria inevitablemente. El fondo de guitarras y el replique de palillos que escolta a la tierra que sigue cantando sus penas, adquiere una verosimilitud incuestionable el día de hoy. Los magistrados, banqueros, diputados y señoritos de postín, en la versión low cost de 2019, va a protagonizar el espectáculo de la sesión de hoy, que es una escenificación de cómo luce y reluce ¡viva Madrid¡ a bailar sevillanas de Chamberí y a correrse una juerga en la feria de  abril.

Así, un acontecimiento que sanciona el relevo en el gobierno en la necesitada Andalucía deviene en una inquietante versión de Al compás del pasodoble, cantando por tierra extraña, la pandereta de España, buscaba su salvación. Así, tras casi cuarenta años de sueño se disuelve la premonición de Carlos Cano: Pero un día de febrero, verdiblanca, la alegría, el alma de Andalucía de pronto se levantó. Y mandó parar la juerga, con acuse de recibo, cá mochuelo pá su olivo que aquí se acabó el carbón. El fulgor de los primeros tiempos se disuelve gradualmente para neutralizar su significación. Así se crean las condiciones de su reemplazo por una versión portadora de varios rasgos esenciales del pasado.

En una canción premonitoria, La metamorfosis, Cano advierte acerca del proceso en curso iniciado tras la algarabía fundacional de la autonomía. Hoy puede leerse desde otros contextos
¿Dónde va ese muchacho con el triunfo en la cara
subiendo como un gamo la invisible montaña?
¿Qué gloria se reparte?
¿Qué será lo que dan que hace perder el culo?
Señor, ¡qué barbaridad!
¿Y ese chico de barba?
De todo se ha olvidado,
tiró por la ventana los sueños del pasado.
El mismo que decía:
¡compañero a luchar!
en la gastronomía encontró su, ideal.
¿Qué queda de aquel tiempo?
¿Qué fue de la ilusión?
¿Dónde está la esperanza de nuestra generación?
Entera a su servicio.
No hay problema zeñó,
para lo que usted guste,
dispuesta, en posición.
Tiempo de los enanos, de los liliputienses,
de títeres, caretas, de horteras y parientes,
de la metamorfosis y la mediocridad
que de birlibirloque te saca una autoridad

Esta tarde me situaré frente a la pantalla  y silenciaré el sonido para escuchar las canciones de Carlos cano. Las imágenes activarán mis recuerdos entremezclando el antes y durante, e imaginando el después. Vivo un tiempo que revaloriza inquietantemente el revival y el diferido








domingo, 6 de enero de 2019

LOS PACIENTES DIABÉTICOS Y LAS FANTASIAS ALGORÍTMICAS CERCENADAS


Vuelvo a publicar esta entrada, escrita en 2016, en tanto que le atribuyo un valor ampliado en este tiempo del comienzo del año 19. En los dos últimos años avanza impetuosamente la reestructuración de los servicios sanitarios en un entorno que se aproxima al modelo del neoliberalismo maduro. En tanto que los profesionales que se inscriben en el modelo de neoliberalismo progresista, posición en la que se encuentra la gran mayoría de los profesionales con los que me relaciono, exponen sus fantasías acerca del empoderamiento de los pacientes, los pacientes activos y otras formulaciones similares, está ocurriendo un terremoto en el sentido contrario. Una parte muy importante de la población es severamente desempoderada por efecto de la gran reestructuración.

Me pregunto cómo es posible mantener esos discursos neoliberales progresistas cuando el mismo sistema en el que se encuentran inmersos está siendo desestabilizado sísmicamente. Las piadosas protestas acerca de la sobrecarga asistencial son simultáneas a la gran desposesión, que avanza a saltos y que en los servicios sanitarios implica una desinversión que hace imposible cualquier buena práctica. En este tiempo se evidencia que la calidad ha sido una quimera con vocación de instalarse en los mercados opulentos. 

He vivido un proceso similar en la universidad. Allí se impusieron metodologías activas imposibles de cumplir en grupos numerosos. He llegado a tener grupos de más de ochenta estudiantes con el modelo de metodología basado en competencias. Cuando leo quejas de médicos que tienen que ver a más de setenta pacientes diarios me conmuevo. Pero lo peor estriba en no comprender que esta no es una situación transitoria, sino que se inscribe en la lógica de una sociedad neoliberal avanzada, caracterizada por la preponderancia del mercado, la emergencia de un estado subsidiario y el incremento de las desigualdades sociales. 

Por esta razón mantengo el texto, que supone una crítica sustentada a la asistencia en la era de las fantasías  algorítmicas, pero que ahora deviene en ensoñaciones cercenadas. La perspectiva de los pacientes es inquietante, pero no solo por la restricción acumulada de la atención, sino también por la semántica de la humanización y la calidad. En verdad, en verdad os digo, que este encuentro con gentes tan emancipadas del contexto en el que ejercen es una verdadera afrenta. No puedo evitar enfadarme un poco con vosotros. Sed realistas y regresad a la tierra ya, porque si vosotros mismos estáis siendo desempoderados, ¿cómo podéis propugnar el empoderamiento de los pacientes desempoderados socialmente? Basta ya de mística, os pido que no hagáis magia con las palabras y los discursos.
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La consulta médica es un territorio rigurosamente algoritmizado. El encuentro entre el médico y el paciente se encuentra determinado por un algoritmo constituido desde el exterior, que determina los contenidos de la relación entre los participantes, que son inscritos en un paradigma algebraico. Este conforma los supuestos subyacentes en los protocolos. La relación médico-paciente queda encerrada en este sistema programado. La comunicación se subordina a la lógica del paradigma, que es la exactitud, que requiere la modelación cibernética. Así, el ordenador adquiere un protagonismo incuestionable, en tanto que digitaliza la conversación para hacerla adecuada a los fines establecidos.

De este modo el paciente queda convertido en un sujeto portador de los datos que definen el problema, que se especifica en un diagnóstico, al cual es homologado. Los diagnósticos se encuentran rigurosamente definidos como problemas, cuyas soluciones son determinadas con exactitud y precisión. Cada diagnóstico tiene su tratamiento prescrito. El paciente, entendido como el cuerpo portador de la enfermedad es reconvertido a una entidad física en espera de la solución del problema patológico. Así su subjetividad es evacuada de la relación. 

Clauss en 1965 define un algoritmo como “Un ordenamiento exacto, aprehensible y reproducible con cuya ayuda se puede resolver paso a paso tareas de un determinado tipo”. Un algoritmo implica la subdivisión de las relaciones y el ordenamiento de estas para la solución del problema. Sus componentes son inequívocos, elementales y generales, aplicables a todos los casos. La algoritmización de la asistencia médica se ha intensificado en los últimos treinta años. Cada problema tiene su solución estandarizada, mediante un proceso de acciones y operaciones diferenciadas y secuenciadas. La intensa protocolización destierra las dudas de los profesionales convertidos en ejecutores de las acciones programadas.

El problema de los algoritmos aplicados al campo de la clínica médica radica en que los fenómenos patológicos no siempre presentan regularidades que se atengan a la exactitud de los objetos materiales. Pero el aspecto más problemático radica en que una vez constituido el algoritmo que se materializa en un protocolo, su aplicación es tan sencilla que no requiere una cualificación especial. La actividad profesional deviene en ejecución de automatismos programados que sostienen las certezas. El sueño subyacente de cualquier algoritmo es que sea tan exacto y preciso que pueda ser ejecutado por las máquinas. Me gusta designar en mi intimidad a los médicos del presente como las máquinas blancas, aunque  ciertamente existen algunas excepciones a la maquinización de la profesión.

La algoritmización de la asistencia contribuye al mejor resultado en el tratamiento de muchas enfermedades y dolencias pero su reverso es la multiplicación de la baja eficacia en múltiples problemas y categorías de pacientes. Los resultados ambivalentes se encuentran determinados por la inflexible subordinación de los procesos asistenciales a los datos biológicos positivos en detrimento de las condiciones sociales y culturales. Estos no pueden ser definidos con la exactitud y regularidad de lo biológico. De este modo son desplazados al estatuto de lo prescindible. Un sistema fundado en maquinarias formidables de extracción de datos de los cuerpos, es compatible con el intenso desconocimiento de los mundos sociales, las prácticas y las mentes de aquellos que ponen sus cuerpos a disposición para la extracción de muestras.

Soy un paciente diabético que transita por este sistema maquínico que me solicita mediante la multiplicación de los pinchazos para obtener muestras que son tratadas en los laboratorios para definir mi estado. Cuando los resultados difieren de los estándares homologados soy requerido para modificar mi tratamiento. En esta secuencia sin final se hace patente que el ruido y la niebla envuelven mi vida, haciéndose invisible a la mirada de las máquinas y sus ejecutores. En mi devenir por los compartimentos del sistema, por los que fluyen los datos a una velocidad vertiginosa que desborda el movimiento de mi cuerpo, soy brutalmente homologado con los pacientes que comparten mi etiqueta diagnóstica. La palabra brutalmente, designa la situación de certeza total que tienen los intérpretes de los resultados acerca de mi tratamiento.

La situación patológica de la etiqueta “diabetes” se encuentra rigurosamente especificada. Conforma un territorio patológico en el que están predefinidas las trayectorias, los problemas, los vínculos, las asociaciones y los finales. De este modo mi especificidad es negada. La mirada del profesional se dirige a mi etiqueta diagnóstica. En sus límites precisos termino yo. En los encuentros con este sistema siento los preconceptos, los prejuicios y las regularidades algebraicas. Estos se sobreponen a aquello que pueda aportar mediante mi palabra. Esto queda relegado al ser integrado en las preguntas derivadas de los datos.

Los prejuicios y estereotipos de los que soy víctima, que reducen mi vida a un sospechoso de transgresión de normas, son mayúsculos. En algunos casos soy tratado con condescendencia paternalista. En otros con presunción de culpabilidad. Pero en todos los casos subyace una descalificación. Porque los algoritmos clínicos que rigen mi enfermedad transgreden el supuesto algebraico de que el problema tiene una solución. Y efectivamente no la tiene. De ahí resulta una descalificación implícita que se expresa en múltiples detalles. En la vivencia de la asistencia sanitaria se hacen presentes con distintos grados de explicitación. 

Dice una persona que tanto admiro como José Bergamín que “Si me hubieran hecho objeto, sería objetivo. Pero como me han hecho sujeto, soy subjetivo”. En la relación asistencial automatizada soy reducido a un cuerpo del que se registra  la evolución de los parámetros seleccionados y protocolizados. Pero mi cuerpo diabético es inseparable de mi persona y del contexto físico y social en el que vivo. El resto de mi persona que acompaña a mi cuerpo, condenado a ser perforado por las agujas hasta el desenlace final, es mucho más densa de lo que el sistema maquínico médico registra. Las variables edad, estado civil, residencia y profesión son una parte muy reducida de la totalidad de mi persona. Sobre estas constantes se sobreponen distintos ciclos en mi vida.

Así, mi estado personal no puede derivarse solo del estado de la enfermedad. La respuesta a la enfermedad y los acontecimientos que se presentan en mi vida son lo que define mi verdadero estado personal. Todo esto es, en el mejor de los casos, trasladado a los márgenes en el encuentro de la consulta. El “resto de mi vida” es subordinado a la evolución de la enfermedad derivado de los dictámenes de las máquinas que analizan mi sangre y mi orina. Así soy estandarizado como los productos industriales en una de las grandes series. La asistencia médica no ha registrado todavía la llegada de la gama. 

En estas condiciones la personalización es una quimera. Hay excepciones en algunos médicos referenciados en otras antropologías profesionales, así como gentes dotadas de intuición y corazón. Pero no se trata tanto de que te traten bien, sino que no te consideren como a una cosa material que es preciso resolver. El desencuentro entre los diabéticos y el sistema asistencial referenciado en lo algebraico solo puede ser superado mediante un paradigma que recupere el resto de mi persona y de mi vida más allá de la patología. 

Cuando salgo del espacio de la consulta atravieso la sala de espera, en la que se congregan las personas chequeadas por sus máquinas en busca de una solución, para salir al espacio abierto en el que se desenvuelve mi vida, en la que la exactitud y la precisión son marginales, tanto como lo es el resto de mi vida en la consulta. Allí reina el azar combinado con mis actuaciones y mis circunstancias siempre cambiantes. Allí lo algebraico toma la forma de fantasías logarítmicas. En este espacio no puedo evitar la añoranza por médicos de los de antes, los prealgorítmicos, cuyas miradas tenían una tasa menor de distorsión, teniendo la posibilidad de recuperar la relación entre persona, ambiente, vida y enfermedad.


domingo, 30 de diciembre de 2018

LA IZQUIERDA EN LA CONSTITUCIÓN DEL PARLAMENTO ANDALUZ: ENTRE EL PSICOANÁLISIS Y EL CIRCO


La sesión de constitución del nuevo parlamento andaluz fue un elocuente acontecimiento mediático que expresa la gran crisis política y psicológica de la izquierda, con la que concluyen dos ciclos históricos que se ensamblan mutuamente: el largo período de gobierno del pesoe y el ciclo 15 M, simbolizado por la emergencia de Podemos como nuevo sujeto político portador de la esperanza de que los intereses de los perdedores de la gran reestructuración neoliberal se encuentren representados en las instituciones. Las imágenes de dicha reunión muestran un catálogo rico y variado de gestos crispados que remiten a un trauma de gran dimensión, no expresado verbalmente por los actores.

Los resultados de las elecciones evidencian la reducción de los apoyos en ambos contendientes en una coyuntura política tan importante. Sin embargo, la ausencia de autocrítica se constituye en una divisa común. En los dos casos representan un descalabro en las relaciones con sus respectivas bases sociales. Pero este evento produce una involución en las cúpulas dirigentes que se cierran sobre sí mismas, eximiéndose de cualquier responsabilidad y movilizando los fantasmas del pasado, simbolizados en el retorno del espectro del fascismo, que en su deteriorado imaginario se produce en una versión única que se emancipa de los distintos contextos históricos. Una vez identificado el chivo expiatorio, comparecen las escenificaciones de las liturgias que se corresponden con tan amenazador espectro maligno, liberándose así del escrutinio de su acción política y electoral.

El caso del pesoe remite a un manual de psicología política. Susana se reafirma como ganadora de las elecciones y se comunica con sus allegados mediante risitas compartidas y un rico repertorio de gestos de burla, que denotan una regresión infantil manifiesta, así como la ausencia de una respuesta a su delicada situación. Esta puesta en escena evidencia que todavía no han aceptado la pérdida del gobierno, manifestando la vivencia de un estrés postraumático político químicamente puro. Entre la constelación de sus colaboradores destaca la figura egregia de Verónica Pérez, una persona que acredita su capacidad de convertirse en un cliché de la última generación del pesoe andaluz en su fase de decrepitud. Privada de ser, en sus propias palabras, la autoridad, el devenir de Verónica anuncia una depresión política que la incapacita en cualquier tarea de oposición efectiva. El óbito gradual del sistema de relaciones clientelares que han cultivado durante tantos años, supone un drama que todavía no están en condiciones de metabolizar.

El caso de Adelante Andalucía representa una escalada en su propia clausura organizacional. Los diputados renuncian a cualquier reflexión y construyen una ensoñación que los ubica en la primera línea de defensa frente al espectro del fascismo que aterriza en tan democrática institución como un accidente aciago. En este caso, el trauma adquiere la forma de fatalismo, de modo que se escenifica un guion de comportamiento heroico frente a un pelotón de fusilamiento. Así se expulsan los fantasmas de la propia responsabilidad en su incapacidad de conseguir apoyos en los últimos años. El desplome del pesoe pone de manifiesto la ineptitud incremental de esta coalición electoral de concitar adhesiones entre los contingentes de votantes fugados del mismo. 

La trayectoria de Podemos en Andalucía representa un modelo de retroceso inquietante. Aparecida en la situación de esplendor del post-15M suscitó la convergencia de distintos grupos de la izquierda desgajados del fracaso histórico de IU. Pero la efervescencia inicial resultó insuficiente en las sucesivas elecciones. La única posibilidad era crecer en sus apoyos. Pero el proceso ha tenido un signo inverso. La dirección nucleada en torno a Teresa Rodríguez ha actuado en el sentido contrario, fomentando un proceso de homogeneización que ha penalizado el pluralismo inicial. Los perdedores de las sucesivas batallas internas han sido desplazados al estilo de esta formación gobernada por un sistema mayoritario-exterminador. El pacto con IU ha catalizado este proceso de multiplicación de pequeñas fugas en toda la red partidaria y sus extensiones sociales.

Porque IU representa justamente a los sobrevivientes de su gran fracaso político, evidenciado en la reducción de sus apoyos y su incapacidad de generar un proceso de revisión de sus propios conceptos y métodos. Su regresión acumulativa tras los primeros años de esperanza, ha determinado su configuración como sede de un colectivo de supervivientes dotados de la capacidad de adaptarse a cualquier contexto adverso, en tanto que su proyecto político fundacional se ha disipado. De este modo, se ha producido un caso de desviación de fines manifiesto. Desesperanzados en la tarea de constituir un proyecto factible han apostado por acceder al gobierno mediante la oportunidad fundada en la debilidad del pesoe en distintas coyunturas, que los hacía necesarios como muleta. Las experiencias de gobierno han sido manifiestamente siniestras, configurándose como un factor determinante en su propia minimización política y electoral.

La incapacidad mostrada por Podemos de Andalucía en los últimos años por configurar una organización abierta a su entorno e inteligente, así como la invención de metodologías políticas que incrementasen la eficacia de sus actuaciones, ha determinado que su acción se concentrase en las instituciones parlamentarias y municipales. De ahí resulta un estancamiento manifiesto, que se deriva del conflicto cronificado y sórdido con el pesoe. En esta situación, su pacto con IU ha tenido consecuencias fatales. La aspiración inicial de construir una mayoría política y la frescura de sus primeros contingentes, han sido neutralizados por el espíritu de la derrota que aportan los aparachics de IU, insertados en todas las provincias y dotados de la capacidad de sobrevivir en contextos convulsos a la selección de candidatos. También de sus métodos de acción política esclerotizados y verticalistas.

La puesta en escena dramática en la constitución del nuevo parlamento ilustra esta crisis de racionalidad. Parece inviable analizar sus actuaciones desde paradigmas racionalizados. Por eso el recurso al psicoanálisis como medio pertinente para interpretar sus discursos y sus prácticas. Desde esta perspectiva se puede considerar que el proyecto político que los sustenta es el resultado de la combinación de elementos procedentes del derrumbe del proyecto inicial. Su debilidad los aleja de lo empírico y privilegia la consolidación de un corpus dogmático de baja definición. Así, su cosmovisión se asemeja a un sueño, en el que sus componentes adquieren perfiles difusos. Todos los conceptos remiten a realidades fantasmales que no se encuentran bien definidas. 

En este sistema espectral el capitalismo es ubicado en un infierno que permite la ocultación de los rasgos constitutivos específicos del capitalismo postfordista, global y neoliberal. Esta imprecisión determina que todos los conceptos se referencian en el pasado, en detrimento del presente. Así la clase trabajadora, las mujeres y todos los conceptos que articulan este imaginario. De este modo se deteriora la capacidad de distinguir los procesos sociales en curso, cuyos efectos son reintegrados en el esquema fantasmal inamovible. Este modo de pensar los ubica en una posición de defensa cerrada del pasado inmediato, que es justamente el tiempo en el que la gran reestructuración neoliberal ha avanzado inquietantemente. Los alegóricos fascistas, a los que se supone recién llegados, son ubicados en el exterior de los procesos políticos que han reconfigurado el estado y la sociedad, debilitando manifiestamente a las clases trabajadoras.

Este esquema referencial caducado tiene consecuencias determinantes sobre la eficacia de la acción política. La construcción de las categorías homogéneas y universales constriñe las prácticas políticas a la actuación desde arriba de las cúpulas que emiten comunicaciones, hacen llamamientos a la acción y comparecen en la alegre escenificación de las tgelevisiones, que relatan el acontecer en términos adecuados al pueblo convertido en espectador, en espera de que algún libertador comparezca en la función. Así se configura lo que me gusta llamar como “el arte de esperar”, que caracteriza a la izquierda desde mediados del pasado siglo. La paciencia es el principal activo en la espera de la adhesión de los cuantiosos contingentes de la clase trabajadora.

El problema radica en que, cuando un proyecto político no es factible en un horizonte temporal razonable, el deterioro es inevitable. Aquí radica la crisis de los partidos comunistas, de IU y ahora de Podemos. Porque ¿cuántos ciclos electorales son necesarios para abrir una reflexión acerca de los fines, los métodos y los resultados? Teresa Rodríguez, que suscitó en 2014 esperanzas en distintos sectores acerca de la factibilidad de construir un proyecto político viable y anclado en la sociedad andaluza, ha mostrado impúdicamente ahora su reconversión al proyecto de los maestros de “la espera”. El resultado es su encierro creciente en el mundo de sus propios seguidores en el proceso de conversión en una organización tan autorreferencial que pierde su capacidad de intercambiar con su entorno. Su sustento es la espera a una situación en la que los fieles serán recompensados por la multiplicación de los cargos públicos.

Porque la conquista del gobierno de Andalucía por parte de la derecha se ha fundamentado en su capacidad de movilizar a sus bases y en la destreza de aprovechar la oportunidad del desamparo de una parte de las poblaciones resultantes de la desindustrialización, la precarización, la reestructuración del estado del bienestar y la expansión de las instituciones de la severa individuación. Estas, huérfanas de representación, afectadas por los temores colectivos crecientes y convertidas en esperanzadas audiencias, apuestan por cualquier opción que rebaje su miedo. Los mitologizados fascistas no son otra cosa que el sector más identitario del partido popular en sinergia con la descomposición de la sociedad del bienestar. Un factor fundamental de esta radica en la muerte de los sindicatos, reconvertidos en paradigma de desviación de fines, en tanto que su propia sobrevivencia se sobrepone al ejercicio de defensa de los trabajadores.

El advenimiento del gobierno de la derecha significa la llegada de un proyecto que complementa y finaliza las reformas iniciadas muchos años atrás por el pesoe, con la complicidad de IU cuando ha colaborado en el gobierno. Los cuadros políticos que van a ejecutar las políticas proceden de una constelación de sindicatos y asociaciones procedentes de la descomposición de los sindicatos de clase. Me imagino a un contingente de maestros, profesores de todos los niveles, profesionales sanitarios y otras especies similares que van a ocupar los cargos directivos en la implementación gradual de las políticas neoliberales cien por cien.

El cuadro en que se referencia esta izquierda desplomada, fundamentada en su imaginario convulso por la emocionalidad de la derrota, implica que la oposición se articulará en torno a lo simbólico. Se espera la aparición de los demonios que instauren la privatización de los servicios públicos y la involución con respecto al feminismo. Los gestos de Teresa y sus compañeros en la sesión de constitución así lo acreditan. Mi pronóstico personal es manifiestamente pesimista, en tanto que la derecha no va a encontrar una oposición solvente. Se puede esperar el incremento de las movilizaciones desesperanzadas, la sordidez en los conflictos en las instituciones y la movilización de las audiencias televisivas en el reality político.

La única esperanza radica en la generación de un proyecto político sólido, la constitución de una trama organizativa que reconozca y estimule el pluralismo, la movilización de la inteligencia y la renovación de los actores principales. Sin estas condiciones todo quedará reducido a la confirmación de los códigos de acción política de la izquierda en las últimas décadas, que consiste en esperar que la gente responda al penúltimo llamamiento de las cúpulas que protagonizan el milagro de encontrarse encerradas en sí mismas y comparecer en las series de la videopolítica. No, así no. Desde la perspectiva del psicoanálisis la confirmación de la última versión del porvenir de una ilusión.