Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

sábado, 21 de octubre de 2017

CÁBALAS ACERCA DEL CONFLICTO EN CATALUÑA



Las reflexiones sobre el conflicto en Cataluña adoptan inevitablemente la condición de cábalas, en tanto que se trata de una confrontación en la que lo subterráneo adquiere unas proporciones de gran envergadura, debido a la suma de los movimientos de los actores -que camuflan sus acciones para sorprender al adversario- y los esquemas cognitivos compartidos de los analistas, que son desbordados por la complejidad de las situaciones y la opacidad de los acontecimientos. Así se fragua una paradoja propia de este tiempo histórico, esta es la contraposición entre las múltiples imágenes disponibles y los esquemas reduccionistas de los analistas, sometidos a los imperativos de los medios de comunicación regidos a la lógica de la novedad y la instantaneidad.

El resultado es una la crisis de la inteligibilidad, cuya dimensión primordial  radica en los paradigmas inadecuados por su simplicidad que sustentan a los analistas. El sistema postmediático hegemónico afecta a la capacidad de comprensión de los procesos de las sociedades, en tanto que analiza cada situación desde lo que me gusta denominar como “perspectiva fotográfica”. Esta se funda en el supuesto de que cada realidad puede ser reducida a una fotografía inserta en una serie, cuyos elementos pueden registrar variaciones con respecto a las inmediatamente anteriores. Desde esta perspectiva se pierde la capacidad de comprender las emergencias de fenómenos sociales que irrumpen en la superficie y modifican los escenarios.

Pero el sesgo mayor de los analistas se deriva de su concepto de la persona –denominada en este contexto lingüístico como ciudadano-,  a la que se entiende como un ser aislado que realiza cálculos racionales según la información de que dispone, adaptando su comportamiento a los mismos. Así, la vida y lo social son entendidos como un laboratorio en el que los operadores tienen que modificar las variables para ajustar los comportamientos a lo deseado. Lo social resulta del encuentro del sujeto aislado con un menú de preguntas y respuestas elaboradas por los operadores. Junto a ellas, los efectos de los flujos de emociones vehiculizados por los medios, que nacen, explotan y se disipan como los fuegos artificiales en el espectáculo político construido.

No, un escenario como el del presente no puede ser interpretado desde estos paradigmas combinados del ciudadano habitante del gran laboratorio de las encuestas y las audiencias estimuladas. Así se construye la crisis de inteligibilidad que se sobrepone a todas las situaciones que se solapan y suceden en este denso conflicto. La permanencia de la misma confiere a las actuaciones y comunicaciones un carácter de imprevisibilidad, que acentúa los miedos y las emociones negativas. Los vértigos derivados de los fracasos clamorosos de la predictibilidad, refuerzan el encuadramiento de las poblaciones que respaldan a ambas partes, privilegiando la homogeneización mediante la penalización de las voces singulares. 

Pero en este conflicto comparece un concepto rescatado de las viejas ciencias sociales y de los estudios históricos: el comportamiento colectivo. Se trata de una gran fuerza que se extiende por todos los espacios sociales, reconfigurándolos drásticamente. El comportamiento de la población secesionista catalana, solo se puede entender desde el fértil concepto de ciclo, del que existen distintas versiones. Las movilizaciones masivas de las Diadas anunciaban una transición entre –retomando las aportaciones de Albert Hirschman- un ciclo de lealtad y un ciclo de voz que modifica los comportamientos de los actores. La voz de los independentistas catalanes puede ser definida como una fuerza impetuosa que, al modo de las mareas, inunda los espacios sociales y se filtra en los huecos de lo social. El conflicto catalán modifica sustantivamente sus términos tras esta emergencia. Las élites que fundamentan sus visiones en los laboratorios demoscópicos y el espectáculo postmediático se encuentran desbordadas cognitivamente, de ahí que movilicen a el dispositivo judicial, que es el más estático de toda la sociedad, porque lo último que se modifica son las normas legales, que resisten las transformaciones de los demás elementos de los escenarios.

Otra dimensión paradójica de este conflicto radica en su extraña definición. La rebelión surge en un contexto en el que la autonomía alcanza cotas muy importantes. No se trata, como en tiempos anteriores, de contestar a un estado centralizado. El control de múltiples esferas por las instituciones autonómicas es patente. Así se conforma un aparente contrasentido. La fuerza de lo identitario emergente es de tal magnitud que arriesga la hegemonía incuestionable de su control sobre el estado autonómico en virtud de un salto intrépido. En este sentido, el conflicto se encuentra dotado de un vector de extravagancia a las miradas externas, que lo perciben inevitablemente como una rebelión de ricos.

Pero el factor más sorprendente, es que esta emergencia nacionalista tiene lugar simultáneamente con la crisis del pujolismo. Este representa el colapso de las élites nacionalistas, que han mantenido un dominio incuestionable de la administración y de la sociedad desde el comienzo de la democracia y la autonomía, muy por encima de su propio peso electoral. De este modo, estas élites arruinadas por la ausencia de proyecto, la coherencia y la lealtad sin fisuras al proyecto neoliberal - ejecutando sus guiones sin piedad para las víctimas- así como el gran asalto al estado mediante la reapropiación de sus fondos en un contexto de corrupción que sirve de ejemplo a sus colegas del más allá del Ebro. 

Así el conflicto tiene como contendientes a dos grupos de cleptócratas acreditados y experimentados. No es de extrañar que sus tácticas se asemejen a las de la lucha libre, competición en la que los luchadores desarrollan múltiples simulaciones de golpes, exhibiendo un rostro de ferocidad que se contrapone con los porrazos sin efectos. Pero esta teatralización regenera a ambos frente a sus propias poblaciones de referencia. Al igual que en la lucha libre la protección de los contendientes es acompañada con la crispación del público, que exige a los luchadores la humillación y liquidación del rival. En este caso el furor de los tertulianos y analistas exigiendo contundencia en los golpes, acompaña a la crispación de las gentes comunes que animan a la policía a la vejación y exterminio de los rebeldes. Los episodios de ferocidad en las calles alcanzan el éxtasis de los encuadrados en torno a las banderas.

Pero quizás el aspecto más problemático de este conflicto radica en el dilema del coste-beneficio. Toda confrontación conlleva unos costes colectivos. Estos solo pueden justificarse por los beneficios que producen. He leído estos días las alegaciones de algunos notables disidentes de la primera guerra mundial, que a mi juicio es el acontecimiento más importante y trágico del siglo XX. En esta las élites condujeron a los pueblos a una confrontación armada de fatales consecuencias para millones de víctimas. Algunas de sus razones pueden extrapolarse al presente conflicto. Teniendo en cuenta que el punto de partida es un alto nivel de autonomía, además de una sociedad con un nivel económico elevado –aún a pesar de los efectos de las políticas públicas impulsadas por los gobiernos catalanes con los segmentos más vulnerables- parece arriesgado el salto a la independencia. La cuestión del coste social adquiere así centralidad.

Porque, por encima del análisis económico detallado, se impone una verdad esencial. Esta es que en el mundo de hoy la riqueza nace de la hiperconexión. Las economías fundamentadas en las tecnologías de la información y la comunicación, tan eficaces y eficientes, generan un orden que necesita de un control mayor que nunca. Lo incierto, lo incontrolado, las perturbaciones y lo no deseable, son entendidos como amenazas de un sistema interdependiente que presenta este reverso de debilidad, que se pone de manifiesto en las crisis económicas. En coherencia con esta interpretación, la fuga de las empresas es congruente con la lógica que gobierna el sistema. 

Una de las cuestiones que más me impresiona es la debilidad de las personas en la era postmediática. Sometidas a un sistema de hiperconexión intenso y permanente, reciben miles de estímulos que conforman sucesivos estados personales que oscilan entre la euforia, la frustración y la decepción. Así el problema de los costes y las transiciones se disipa en el espacio personal de la reflexión imposible. En este caso es seguro que la factura en términos de disminución de bienes económicos, y públicos en particular, va a ser muy alta, afectando a las poblaciones con menores recursos. La manipulación política muestra su esplendor en las grandes crisis.

En cualquier caso, el estado de expectación de la población secesionista catalana muestra inequívocamente su consistencia. El día 1 de octubre se evidenció la fuerza de la autoorganización que hizo posible el referéndum. Las representaciones fantasiosas derivadas de los desvaríos jurídicos que sustentan a las élites estatales propiciaron el gran desastre de la policía y mostraron inequívocamente la gran consistencia del movimiento catalán. Enviar a la policía a los colegios electorales en la era de las cámaras es un disparate monumental. Estos tuvieron que emplearse a fondo contra una resistencia ejercida por una población compuesta por gentes de todas las edades y condiciones. El resultado es un conjunto de imágenes que rearman la causa independentista. La tentación colonial de los movilizados por las ficciones judiciales es patente. 

Las cargas policiales pusieron de manifiesto la ausencia de inteligencia generalizada. Porque ¿cómo creen estas gentes que trabaja la policía? Frente a una resistencia ejercida por un conjunto de cuerpos no queda otra alternativa que moverlos físicamente ejerciendo una presión cuyo objetivo es intimidarlos. He visto imágenes terribles de deshaucios o detenciones de inmigrantes manteros en las que la palabra “proporcionalidad” se encontraba drásticamente excluida. La lógica de una actuación policial, a partir de un punto de resistencia, es amedrentar a cuantos resistentes sea posible, facilitando así la reducción del trabajo físico final con los más tenaces. Por esta razón, en las leyes de seguridad elaboradas para reducir las resistencias a las duras medidas de la reestructuración en curso, se ha tipificado como delito grabar las actuaciones policiales. 

Termino aludiendo a un aspecto que me impresiona particularmente. Se trata de los excedentes de violencia que salen a flote en los conflictos políticos que movilizan identidades. No puedo olvidar el proceso de descomposición de la antigua Yugoslavia, en el que proliferaron acciones de una violencia inusitada. Los sujetos portadores de estas crueldades estaban ahí, difuminados en la vida común. Pero cuando aparece una oportunidad concurren exhibiendo su ferocidad. En estos días de manifestaciones he podido presenciar las actuaciones de estos sujetos, estimulados por los tertulianos y los fanatismos que reviven en un ciclo de conflicto. Esta dimensión desborda los esquemas ciudadanistas de los que entienden a las personas como seres que habitan el mundo simulado de las encuestas y las audiencias.

sábado, 7 de octubre de 2017

EL CESE DE JOAN CARLES MARCH Y LA ESPIRAL DEL SILENCIO EN LA EASP



He esperado unos días para que disminuya la perplejidad derivada del cese de Joan Carles March. Ahora parece pertinente una reflexión al respecto. Una de las cuestiones derivadas del gen autoritario que portan las organizaciones en este tiempo es la inexistencia de textos escritos que contribuyan a esclarecer su naturaleza y sus procesos. Los protagonistas involucrados en distintas etapas guardan un silencio sepulcral en el espacio público.  Así, sobre una organización específica, no sabemos nada más que su definición oficial y las actividades que se registran. A este le acompañan distintos testimonios que circulan en el ámbito privado, que constituyen un flujo de murmullos sobre el fondo del silencio.

De este modo, cualquier organización se constituye sobre el secreto compartido de sus miembros, e incluso de sus víctimas. Así se conforma una verdad oficial que encubre múltiples zonas oscuras inaccesibles para observadores externos. En las crisis de las organizaciones se hace patente la explosión del fértil concepto de “la espiral del silencio”, formulado por Elisabeth Noelle-Neumann. La acumulación de silencios termina explotando en una crisis, que saca a la superficie algunos secretos compartidos que han permanecido invisibilizados.

En los años anteriores he escrito algunos post de este blog expresando mi posición acerca de la escuela. De este modo he reforzado mi imagen de lo que se entiende como “un bocazas”. Esta es una figura que no es capaz de mantener disciplinadamente la espiral del silencio de la época. El cese de Joan puede interpretarse como un acontecimiento crítico en la historia de la EASP. Tras sucesivas direcciones burocráticas que tenían como objetivo reducir la autonomía de esta, limitar los proyectos de la organización y controlar el presupuesto debido a las restricciones de la crisis, la llegada de Joan a la dirección significa una recuperación de la autoestima de la organización. El desempeño en esta etapa consiste en aliviar el efecto de ser gestionados bajo el supuesto de que funcione como una organización obediente a las líneas establecidas por la autoridad.

En este sentido Joan ha conseguido un éxito incuestionable. La cohesión interna se ha incrementado y las distintas tendencias han sido integradas en un orden común. Así se han paliado los efectos de las directrices innegociables provenientes de la conserjería y se ha constituido un campo de una moderada autonomía. Joan ha actuado siguiendo el modelo de un gobernador colonial, que atenúa las orientaciones rígidas, que en este caso son conminaciones que emanan de la metrópolis sevillana, para establecer un mínimo de negociación con los distintos notables locales. El resultado evidencia que las heridas se han restañado y que se puede identificar un alivio de los profesionales. Se trata de una dirección no mecanizada, que permite cierta capacidad tácita de leer y ejecutar las directrices. 

De ahí el dolor que se ha manifestado tras su cese, tanto en el interior de la escuela como en su medio. Pero este malestar, que aparece de modo manifiesto en twitter y otras comunicaciones similares, no se expresa en documentos que puedan romper la espiral del silencio sustanciando una crítica fecunda. La dispersión y los sobreentendidos dominan estas comunicaciones fragmentarias.  Por esta razón reproduzco un post que escribí el 4 de julio de 2015, que se titula “La EASP en el magma”. Pienso que el cese de Joan Carles reedita su interés. 

LA EASP Y EL MAGMA

El magma es un territorio pantanoso que afecta a las organizaciones públicas en la España postfranquista. Este fenómeno corroe las iniciativas y los proyectos interfiriendo las capacidades de las mismas. El magma se encuentra ubicado en el medio interorganizativo que depende de la clase política, que coloniza las organizaciones públicas mediante la designación de directivos subordinados a sus lógicas e intereses. Así, en el largo tiempo posterior a la transición, apenas se han configurado organizaciones nuevas vigorosas y sostenidas. Cualquier organización que se desenvuelva en este medio, es fatalmente afectada por magma. La principal dimensión de este radica en el contingente de gerentes y directores de las empresas del sector público seleccionados y mantenidos desde las cúpulas partidarias. De este modo lo expliqué en un post de este blog en 2013.

La EASP, nacida en los años ochenta como un proyecto autónomo impulsado por distintos grupos participantes en la salud pública crítica de los años setenta, en la que coexistían varias interpretaciones del mundo sanitario de este tiempo, es sometida en los años noventa al proyecto y la lógica de los poderes imperantes, mediante la presencia de directores-gobernadores coloniales que bloquean el proyecto inicial y gobiernan la organización mediante la clonación del modelo de la nueva gestión pública, del que se obtiene una grosera versión local, además del arte de la distribución de prebendas entre las distintas élites preexistentes. Esto significa, en términos de la historia de la EASP, sumirla en el magma andaluz. Este es un medio del que parece inviable salir.

En el post anterior califiqué como “rectificación” el giro de la escuela, alejándose de sus supuestos iniciales para inscribirse en la poderosa reestructuración neoliberal que emerge en esos años. Las políticas sanitarias cancelan la reforma salubrista de los noventa para adoptar las versiones del new public management en los servicios de salud. Una de las características de este saber emergente es el establecimiento de una sencilla escala asentada sobre las categorías antiguo-moderno. Todo lo moderno es considerado bueno y cualquier resistencia es ubicada en lo antiguo, que se entiende como un tiempo concluido. De este modo, la tormenta de conceptos, significaciones, métodos y saberes gerencialistas-neoliberales es acogida e internalizada celebrativamente como un signo de modernidad. 

Así, todas las conceptualizaciones y métodos procedentes de la salud pública y de las versiones de la atención primaria de los setenta, son enterradas para dar paso de forma aproblemática a las nuevas directrices. El máster, así como la programación docente de la escuela experimenta un giro radical que muestra la emergencia de los nuevos saberes. Ahora se hace presente la nueva gestión pública, que importa de la empresa postfordista sus supuestos y sentidos, así como su pesado maletín de herramientas. Los viejos módulos de planificación  y salud son reformulados, cediendo el paso a una nueva generación de gerentes providenciales que cuentan sus casos milagrosos, que tienen la pretensión de generalizarse, al igual que las empresas globales estrella de la época, que presentan sus soluciones universales ante los optimistas y esperanzados alumnos. La proliferación de sesiones con directores portadores de soluciones se hace frecuente, significando algo equivalente a los fuegos artificiales de las fiestas.

Tal y como ocurre con la nueva gestión pública, tanto las teorizaciones como los métodos propuestos devienen en modas que se suceden vertiginosamente. Confieso que abandoné a la primera, cuando se proponía, con una prodigiosa puesta en escena, la gestión por procesos, con un envoltorio equivalente al que hoy puede ser el penúltimo paquete-producto de Movistar. El cliente era convertido en una realidad análoga a un producto que atravesaba una cadena de montaje de diagnósticos-tratamientos. Todos los contenidos tradicionales son reciclados según el aparato conceptual de la nueva empresa. La calidad se establece como el centro de nuevos saberes orientados a los destinatarios de los servicios, ahora clientes sofisticados a los que es esencial saber escuchar, para lo cual el marketing y la publicidad devienen en fuentes imprescindibles.

La mutación de los contenidos se acompaña de una rotación de los públicos involucrados en las actividades. El contingente ubicado en los distritos de atención primaria, que conformó la base de la docencia, se disemina penosamente por los servicios en busca de un nuevo destino. Este es reemplazado por un numeroso colectivo de médicos y enfermeras presto a formarse en los misterios de la gestión clínica. Junto a ellos, el crecimiento en los hospitales de estructuras directivas de apoyo a los gerentes proporciona un contingente de alumnos ajenos a las profesiones sanitarias. Un conjunto de economistas, psicólogos, abogados, sociólogos y otras especies profesionales pueblan las aulas de la escuela. Se trata del efecto llamada de la calidad, la nueva estrella advenida al sector sanitario. Junto a ellos comparecen los primeros profesionales de aseguradoras en busca de una formación acreditada en gestión. También los numerosos  profesionales latinoamericanos y algunos europeos, que anuncian la conformación del mercado universal de titulaciones, productos académicos y de investigación.

Pero si algo transforma radicalmente la escuela es la explosión de la asesoría. Esta es una función que desempeña un papel determinante en la financiación, que se impone desde la metrópolis sevillana. Esta no cree en la investigación, cuyos resultados se ubican en un tiempo demasiado largo y en los márgenes de su campo de definición de las situaciones. Así se conforma un área que produce trabajos de asesoría para las organizaciones sanitarias del sector público. Esta transforma radicalmente la escuela, en tanto que la inscribe en el medio interorganizativo que denomino magma, al tiempo que acrecienta su dependencia. Pero esta factoría de trabajos para los clientes-amigos tiene otra consecuencia fundamental. Para llevarla a cabo se procede a la contratación de numerosos profesionales jóvenes que devienen en ejecutores de proyectos y trabajos en serie.

Así, se acentúa la diferenciación interna y se configura una estratificación rigurosa de la organización. El modelo universal de la empresa postfordista sanciona esta situación. Se multiplican las formas de contratación y la diferenciación de condiciones, al estilo de las organizaciones surgidas por la expansión de la producción inmaterial en las que se localiza la nueva institución de la gestión. Así se conforma una versión de una “casta académica” con buenos contratos y condiciones de trabajo, que afecta a los veteranos, a los profesionales capaces de captar recursos en el exterior del magma y a los que tienen nexos privilegiados con los distintos poderes fácticos presentes en el ecosistema en el que se encuentra la escuela. Además, se conforman varias categorías intermedias determinadas por la proliferación de especializaciones y subcampos. Por último, comparecen los contingentes de un nuevo cognitariado circulante, sometido a contratos temporales muy duros, que se inscriben en una escala invertida de aquella que llegó hasta el estado de bienestar. Estos ejecutan las tareas de base sobre las que se producen informes, dictámenes, proyectos, trabajos monográficos, investigaciones o textos especializados para clientes externos.

En su fundación la escuela nació con vocación de ser una alternativa a la universidad, tanto en las metodologías docentes como en los procesos de producción de conocimiento. Uno de los componentes del magma son precisamente las universidades. Así, los principales cursos de la escuela, son reconvertidos a homologaciones universitarias. Ahora son máster y expertos supervisados por la burocracia universitaria, que realiza sus cálculos en décimas y centésimas de la moneda única: el crédito. Aún y así, la distancia entre los productos docentes de ambas organizaciones, sigue siendo muy considerable a favor de la escuela. En el campo de investigación, la situación es inversa.

Pero, el elemento diferenciador de una institución de estas características es su capacidad de reflexión y de generar ideas sobre las políticas sanitarias. En la fundación siempre estuvo presente esta aspiración que justificaba el proyecto. Pero pensar, deliberar, interrogarse o crear en común, supone como requisito imprescindible, la superación de las jerarquías, el pluralismo, la heterogeneidad, la autonomía y la libertad. Esto no es posible en el tiempo histórico actual en una organización inscrita en el magma. Así, los dogmas gerencialistas y neoliberales rellenan el vacío y son aceptados sin discusión.

En los años siguientes a la rectificación, el tejido interno de la escuela resulta de la coexistencia de numerosos proyectos vinculados con distintos intereses establecidos en su campo organizativo. Los ausentes en la refundación se han hecho presentes alcanzando cuotas de poder considerables. No obstante, en la organización se encuentran sobrerrepresentados los médicos de familia vinculados a distintos clanes locales y regionales. Por el contrario, el psoe se encuentra infrarrepresentado, lo que significa un diferencial con respecto a otras empresas públicas sanitarias. Así se conforman áreas de complejidad gobernadas por un régimen de excepciones y de cierta pluralidad de discursos. El pensamiento único presenta variantes que se manifiestan en personas que tienen el privilegio de decir más allá de lo encuadrado en el paquete de problemas y soluciones preconfigurado y cerrado.

En los últimos quince años el magma se ha modificado. El avance de la reforma neoliberal en la versión moderada andaluza implica la progresiva presencia de empresas. Estas resultan de la nueva concepción del sector público. De este modo, el creciente volumen de los intercambios entre las organizaciones públicas y las empresas implica la aparición de la puerta giratoria. El personal directivo que rota por las organizaciones del magma traspasa las fronteras para ubicarse en el territorio de las empresas colaboradoras con el nuevo estado relacional.

Voy a ilustrarlo con un ejemplo. Conocí a Miguel Jara en Gijón, compartiendo una mesa en unas jornadas de medicalización. Hace unos años me escribió solicitando una información. Se trataba de un gerente de un hospital público andaluz, que simultaneaba su cargo con el de relaciones públicas de una poderosa empresa farmacéutica. Efectivamente confirmé la información, reafirmando su papel de relaciones públicas de esa empresa, facilitada por su agenda personal derivada de su condición de gerente-circulante. Pero, en el curso de esta gestión, uno de mis informantes me contó que cuando estaba en la dirección del Hospital Clínico de Granada, participaba como miembro de una comisión mixta de dicho hospital y de una empresa madrileña contratada para preparar a la plantilla para el traslado a la nueva sede. El contrato era muy generoso en relación a la actividad de dicha empresa. Pues bien, después de estar presente en la comisión durante dos años como representante del hospital, pidió una excedencia. Dos meses después compareció en la comisión como miembro de la empresa. He seguido la carrera de tal emprendedor que regresó a lo público.

La denominada crisis económica modifica las condiciones del sector público, otorgando una cuota de poder mayor a los gobiernos. En Andalucía, la escuela queda integrada en el conjunto de empresas públicas regionales, con las que el gobierno se compromete a no realizar despidos. Como contrapartida, los presupuestos son congelados y no se financian proyectos expansivos. Para una organización productora de conocimiento es un golpe muy importante. Así culmina un largo proceso en el que los profesionales de la escuela son transformados progresivamente en empleados. Este es el destino de la casi totalidad de las empresas públicas, de modo que se cierra el horizonte abierto en la transición política, en el que se pensó la factibilidad de un sector público sólido, eficiente y sostenible.

Aún a pesar de las excepciones, de las distintas voces inteligentes, de algunas áreas y proyectos brillantes, el estado de la escuela se puede definir como la antesala de la decadencia. Tras el solemne edificio, las  brillantes historias profesionales de algunos de sus componentes y el prestigio de la marca aparecen los primeros indicios de regresión. En el territorio pantanoso del magma el sentido se va disolviendo y se impone la voz de los propietarios. Por eso concedo tanta importancia a los actos institucionales, en los rituales marcan las distancias de una forma clamorosa. En los últimos años soy invitado a distintos congresos como ponente en la apertura de los mismos. No puedo ocultar mi asombro ante la entrada de las autoridades andaluzas, en una forma exuberante que remite al palio franquista. No es lo mismo en Euzkadi y en otros lugares, donde he podido verificar otra forma de estar de Rafa Bengoa u otros consejeros.

La escuela, que en sus treinta años de existencia ha generado dos mundos culturales que producen un shock variable en los médicos y enfermeras enclavados en las consultas que pasan provisionalmente por allí. Este extrañamiento adquirió la forma de salubrismo unos años hasta que fue reemplazado por el gerencialismo radical. Así se produce una inquietante modernización distinta a una nueva inteligencia. Cuando concluye un curso los profesionales suelen decir “ahora vuelvo a la realidad”. 






sábado, 30 de septiembre de 2017

EL MAGMA




 Este es un texto publicado en el blog el 14 de julio de 2013. El cese de Joan Carles March pone de manifiesto su actualidad como análisis de la clase dirigente andaluza. Por esta razón lo publico de nuevo.


La crisis vigente, entendida desde este blog como un hito en el proceso de reestructuración neoliberal global, se percibe exclusivamente desde el cuadro compuesto por las  magnitudes macroeconómicas. Pero, el cese acumulativo de múltiples actividades productivas, no se encuentra determinado sólo por razones económicas y financieras, sino por la falta de consistencia de muchos de los proyectos nacidos desde la transición política, así como por la endeblez de las estructuras directivas. La clase dirigente del postfranquismo detenta un estatuto de invisibilidad, parapetada detrás de la nebulosa de las relaciones entre cifras que conforman la macroeconomía. Pero, una sociología de la clase dirigente del período democrático, tiene que ubicarse más allá de dichas cifras, para mostrar la naturaleza y el funcionamiento de las estructuras directivas en los años de crecimiento.

Eduardo Subirats, en un libro publicado en los años noventa "Después de la lluvia. Sobre la ambigua modernidad española", retoma algunas de las críticas a la clase dirigente española en el comienzo del siglo XX, que sintetiza con lucidez y precisión Ortega y Gasset. Este afirma que se trata de "la élite invertida de lo peor...caracterizada por la incapacidad de aplicar la inteligencia a los asuntos públicos". Subirats argumenta en favor de que la clase dirigente salida de la transición, reproduce trágicamente este precepto, representando una continuidad histórica de las clases dirigentes. Los años ochenta y noventa, representan un proceso de crecimiento caótico, que se manifiesta en la multiplicación de las infraestructuras y edificios, pero el estancamiento de las organizaciones complejas, tanto de las empresas como de las organizaciones públicas. El salto económico y material, no se corresponde con el proceso de desarrollo de las organizaciones y de la inteligencia.

En los imaginarios sociales vigentes, se proyecta la responsabilidad de la crisis a "los políticos". De este modo se invisibiliza a los distintos contingentes de directivos que los acompañan en el gobierno en todos los niveles, y de las organizaciones públicas en particular.  Todos ellos, junto a los empresarios del sector privado y los medios de comunicación, conforman la clase dirigente, que protagoniza los años felices de crecimiento y los años de ruina económica del presente, que, además, se   acompaña de un deterioro intelectual, moral y organizacional incuestionable. Así, la crisis destapa las miserias del conglomerado político directivo, investido con una mitología de eficacia en el periodo de crecimiento.

La clase dirigente española se encuentra presente en los distintos órganos de gobierno a de todos los niveles, pero, también en las cúpulas de las administraciones, empresas públicas y organismos gubernamentales. En todo este entramado organizativo, la clase dirigente conforma lo que me gusta denominar como magma. Este sería un fluido denso que invade el  medio interorganizativo. El magma crea un suelo sobre el que se asienta cualquier proyecto nuevo. Este es un medio viscoso y pantanoso , que interfiere  las iniciativas y genera condiciones adversas que obstaculizan su desarrollo. Así, los proyectos innovadores se encuentran en un territorio blando, que impone un movimiento lento, agotando los impulsos al cambio. Nadie puede librarse de él. El magma, es así, el magma directivo que dificulta los proyectos, que tienen que adaptarse a las condiciones que impone, dilapidando las fuerzas que los sustentan en tareas de mantenimiento requeridas por ese duro medio. Se trata de una forma local de burocracia devastadora que cerca a la inteligencia. Por eso, también en estos años democráticos hay más autopistas o aves que organizaciones nuevas con prestigio.

El magma directivo se encuentra formado por varias categorías y las pasarelas que conforman el sistema de relaciones entre las mismas. Las principales son el personal de las instituciones representativas y de gobierno, incluidos el cortejo de asesores; los mandarines, que detentan feudos con autonomía en las administraciones públicas, la justicia, la sanidad o la universidad; el personal directivo de las administraciones, organismos y empresas públicas, y,  por último, los contingentes colocados por los partidos en todos los espacios y huecos del sistema y sus organizaciones. Estas cuatro categorías se hibridan dando lugar a distintas combinaciones. Este es el núcleo de la clase dirigente española postfranquista.

Respecto a la primera categoría, el personal que ocupa los cargos representativos y de gobierno en todos los niveles, no me voy a detener en ella, porque está relativamente conceptualizada. El principal atributo para ser seleccionado, permanecer y fluir es la obediencia. La virtud más importante es saber descifrar las pequeñas señales anunciadoras de cambios por arriba, de modo que permitan alinearse a tiempo con los ganadores. La obediencia y la inteligencia siempre han formado una pareja tormentosa. En la época actual se agudiza esta contradicción. El espíritu de la no innovación tiene consecuencias catastróficas en un tiempo tan abierto.

La segunda categoría del magma está formada por los mandarines, ahora en versión postmoderna. En la administración, la justicia, la educación o la sanidad se han conformado históricamente auténticos feudos autónomos gobernados por señores que instituyen servidumbres y vasallajes sofisticados. Uno de los objetivos de la democracia española,  fue terminar con estas situaciones, restituyéndolos  a la lógica del interés general. El fracaso ha sido estrepitoso. Los señores han conservado sus mandarinatos, con sus prebendas intactas, mediante su reconversión postmoderna, aprovechando las dosis de mercado que han introducido las reformas gerencialistas. Ahora  conservan sus feudos y controlan las agencias y los organismos públicos de distinto signo que pueblan el sector público, reforzando así su posición.

La tercera categoría es la del personal directivo del sector público. Se encuentra compuesto por un colectivo de profesionales, instruidos en los saberes de la empresa postfordista,que detentan un código fundamental: la movilidad. Ninguno puede "estancarse" en un cargo de dirección en un lugar durante un tiempo relativamente largo. Lo importante es cambiar de posiciones  en una carrera hacia arriba. De lo contrario, son eliminados y penalizados con la vuelta a su origen. Por eso me gusta llamarlos supermanes. Su poder se funda en la lejanía de su planeta de origen. Las carreras se caracterizan por saltos en el laberinto directivo que los alejan de sus orígenes. Una variedad que ha aparecido en estas páginas son "los desertores de la tiza".

Los directivos fugaces, supermanes escaladores en su frenética carrera hacia la cima del magma, siempre poco visible por efecto de las tinieblas frecuentes en las alturas, constituyen el factor más importante de la decadencia. Su finalidad, focalizada en su trayectoria ascendente, les impide comprometerse con el proyecto de la organización en la que se encuentran provisionalmente. Así, imponen definiciones de la situación que ocultan los problemas estructurales, así como una temporalidad cortoplacista, que se manifiesta en un cuadro de indicadores destinado a ser presentado a la cúpula del magma. En los años felices han prosperado las imprentas que multiplicaban los folletos sofisticados sobre proyectos y hazañas organizacionales que se han evaporado cuando los recursos materiales disminuyen. Es la explosión del papel couché como uno de los componentes del milagro español.

Los gerentes-maquilladores, que funcionan dispersando y aislando los recursos cognitivos de las organizaciones que gobiernan. Así, consuman una destrucción gradual de los sistemas humanos y relacionales de las organizaciones que controlan.  Pero lo peor es que instituyen un sistema de significación destructivo, en tanto que desprecian a quienes permanecen en las organizaciones. Así, los técnicos, los funcionarios cualificados, los docentes, los médicos y otras categorías de profesionales, son neutralizados por este sistema de dirección que expropia de autonomía a las organizaciones profesionales. Cuando en alguna de estas han pasado por su cima tres o más directivos voladores, las resistencias son menguantes, lo cual indica que se ha consumado el debilitamiento irreversible del grupo, expropiado de sus recursos, sus sentidos compartidos  y sus méritos mismos.

Por último, los partidos cartografían rigurosamente todos los espacios organizacionales, para situar en los intersticios y los huecos a sus miembros. Me gusta llamar "chutis" a este personal.  Mi familia, ubicada en la exigua clase media en los años sesenta, denominaba así a muchos de los recién ascendidos socialmente, multiplicados en los años setenta, que aparentaban ser señores pero no lo eran desde la perspectiva de los antiguos ocupantes de estas posiciones sociales. El chuti organizativo muestra la apariencia de un técnico o profesional, pero lo que verdaderamente representa es una pieza en una gran partida que juegan los partidos políticos en el campo organizacional público. Los chutis muestran su lealtad y servidumbre a las cúpulas. Se conforman así como un pasivo para la inteligencia y la innovación. Al ser inyectados en el tejido organizacional, este se debilita irreversiblemente con la presencia de este cuerpo extraño.

De los tipos ideales expuestos, que componen el magma, resulta un poder poco productivo y que como mínimo, podemos definir como un poder extraño. Su principal función estriba en restar autonomía a los proyectos. En mi opinión, esto es catastrófico. He participado en la creación de varios proyectos llenos de energía en sus comienzos, que han sido neutralizados lentamente por el magma. Asimismo, he sido testigo del nacimiento de proyectos fantasmáticos, utilizados en beneficio de distintas élites parasitarias, que se agotan en edificios suntuosos, folletos sofisticados con diseños gráficos de última generación, apoyo mediático generoso, pero que se encuentran vacíos de contenidos, incapaces de ir más allá de los gritos de rigor o las simulaciones que los conforman.

Pero la peor consecuencia del magma, es que produce un arquetipo directivo que es más un hombre de negocios, que un director, en el canónico significado establecido por Peter Drucker.  Se trata más de hacer una operación de compraventa que arroje beneficios inmediatos, que conducir a un grupo desarrollando sus recursos y capacidades cognitivas y profesionales. Así, el magma se inserta en las coherencias del capitalismo español, dominado por hombres de negocios que constituyen empresas para amparar los mismos. El magma es un sistema destructivo de la inteligencia y la autonomía de los grupos y las organizaciones. Es el responsable de lealtades patológicas, miedos, cercos, sumisiones cósmicas y otras patologías organizacionales. Pero, sobre todo, produce una ruina cognitiva. Es arriesgado pensar, cuestionar, problematizar. Quien lo haga es cercado por la malla viscosa. El magma conduce a una situación de infravaloración de los profesionales, que se hacen prescindibles al ser minimizados en el sistema de significación, que se encarna en el papel couché.

Esta es la diferencia esencial con algunos países europeos. En estos existen numerosos proyectos impulsados por grupos profesionales que garantizan su autonomía. Esta es el requisito de una democracia. En España, cuando han bajado las aguas del bienestar económico, se hace visible el magma directivo que supone la limitación severa de la autonomía y la inteligencia. En el  próximo post voy a contar la historia de uno de los directivos supermanes que he conocido.  Recomiendo leerlo con cinturón de seguridad. No es sólo la crisis económica, además, el magma directivo que limita a las organizaciones y los proyectos. Escribiendo este texto me he acordado especialmente de Bendix, de Burnham y de Orwell. También me ha requerido la frase de Ortega "la élite invertida de lo peor". He sentido la necesidad de gritar ¡libertad, libertad, libertad¡.