Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

miércoles, 17 de julio de 2019

EL OCASO DE LA MILITANCIA




El cara a cara fascinado del funcionario y el periodista, del que el puesto de escucha es una variante entre otras, deja fuera de juego a un antiguo papel principal: el militante. El devoto camarada de base, lector y cuestionador, crédulo y creyente, sin presencia social ni relaciones útiles, con la boca y los bolsillos siempre llenos de libracos, mociones de orden, programas del Partido, extractos de los discursos “de antes”- en síntesis, la personalidad militante clásica- se convirtió en algo negativo. El arte del dirigente: saber utilizarlo antes, saber escapársele después (de cada elección). Desde abajo, la visión está invertida. Los “no presentables” que habían “llevado a nuestro partido al poder” a través de años de puerta a puerta y reuniones…no dan crédito a sus ojos cuando ven a hábiles y notables, sus vecinos, a quienes nunca habían visto militar en los años sombríos y que no les destinaban entonces a ellos, ingenuos militantes, más que sarcasmos y pullas, ocupar después de la victoria todos los lugares, empleos, tribunas, antesalas, comedores, mientras sus propias cartas quedan sin respuesta y los Palacios nacionales se cierran ante sus narices. Exeunt los trabajadores sociales, lugar a la “sociedad civil”: aquella que, viéndose en televisión y escuchándose en la radio, tiene una voz y un rostro para todo el mundo (un millar de VIP sobre cincuenta millones de franceses). Quienes tomaron el trabajo electoral sobre el terreno, no serán honrados en París, en el Estado de las imágenes.

Regis Debray. El Estado seductor. Las revoluciones mediológicas del poder

La militancia ha sido una institución asociada al devenir de la izquierda. Los viejos partidos obreros, así como los antiguos sindicatos de clase, se fundamentaron sobre la misma. Adoptando distintas formas, la militancia ha conformado una comunidad moral que ha sustentado a la izquierda política. Los cambios sociales y políticos acaecidos en las últimas décadas, que pueden ser sintetizados en los conceptos postfordismo y postmodernidad, aceleran su decadencia, convirtiendo las comunidades militantes en colectivos cerrados y aislados. El advenimiento de la sociedad postmediática, disuelve definitivamente la militancia, conformándola como un residuo de la fenecida era industrial.

La acción política en el presente, solo puede ser entendida desde la perspectiva de la videopolítica, que modifica radicalmente sus prácticas, contenidos y significaciones. Los eventos políticos tienen lugar para las cámaras de la institución central de la televisión y sus escoltas de las redes sociales. Así, los actores de la videopolítica se definen por las coherencias de su estatuto de visibilidad. Se trata del “millar de VIP”, en las clarividentes palabras de Debray. En este contexto, los militantes adquieren la naturaleza de superfluos para las operaciones políticas esenciales. Pero su posición protagonista en los patios interiores de las campañas electorales, los sitúa en la condición fatal de sospechosos de obstaculizar las maniobras de los líderes y sus cortes de VIP. La nueva política televisada implica una drástica disminución de los actores.

En septiembre de 2013 publiqué en este blog un texto en el que sintetizaba la esencia de los partidos políticos de la izquierda y del pesoe en particular “Los espíritus de la sede”. En este analizaba la gran autopoiesis de estos en el tiempo del postfranquismo. Esta operación de cierre frente al entorno, se funda en la construcción de sus esquemas cognitivos congelados, mediante un proceso de interacción interna que se ubicaba físicamente en el espacio de las sedes. Los nombres de “Génova”, “Ferraz” y otros se encuentran inscritos en los relatos de su devenir. La sede representa el espacio íntimo, cerrado al exterior, en donde tiene lugar un conjunto de procesos de selección de contenidos, de percepciones selectivas, de categorizaciones, de valoraciones y de exclusiones, protagonizado por un grupo singular: la militancia.

La gran crisis que desembocó en el 15 M, ha reforzado considerablemente la videopolítica. Esta ha devenido en un género televisivo ascendente, realizado para un fervoroso público que simultanea su devoción por los avatares de este espectáculo seriado, con el alivio de sus incertidumbres y temores colectivos. En este tiempo, han crecido las audiencias, se ha conformado una masa crítica de espectadores y se han multiplicado y renovado los VIP que alimentan este género audiovisual. La “nueva política” o “el cambio”, se produce mediante una cháchara interminable de conversaciones e imágenes que protagonizan los VIP en los nuevos auditorios ante los magnetizados espectadores. La política deviene en un hecho audiovisual.

En este contexto, la militancia queda integralmente fuera de juego,  adquiriendo el estatuto de impresentable. El militante es un sujeto definido por sus certezas inapelables. Las reglas que constituyen este género audiovisual, privilegian las maniobras, los avances y retrocesos, las medias verdades, la gestión de lo oculto, así como otras estrategias de persuasión y seducción de los comparecientes en el nuevo circo. Los militantes quedan confinados en las tareas de organización de actos, en los que constituyen los fondos visuales en los que tiene lugar la acción de los líderes y VIP. En estos actos, a semejanza del modelo de la televisión, expresan sus emociones mediante aplausos, vítores y otras formas de expresión corporal. El miembro más activo que un militante del presente tiene que ejercitar es el cuello, con el que expresa su asentimiento pautado a las afirmaciones de los líderes o la negación de sus rivales. Así se recuperan las cabezas como factor expresivo.

Recuerdo que siendo un dirigente del partido comunista en Santander, en las primeras elecciones del 77, nuestra intención era conquistar zonas de influencia, sobre todo con los jóvenes. Para ello era esencial comunicar una imagen adecuada. En el primer mitin legal, al que concurrió mucha gente, se presentaron algunos militantes veteranos con un escapulario gigante, que en ambos lados mostraba la imagen de Dolores Ibarruri  acompañada de unos lemas que denotaban una religiosidad civil extrema. Mi intervención enérgica con ellos no tuvo resultado alguno. La imagen que trasmitían era la de una realidad a la que solo se podía acceder mediante un proceso integral de “conversión”.

El caso del pesoe es paradigmático. La militancia se hace presente en las sedes para producir un modo de conocer la realidad manifiestamente sesgado. Pero estos sesgos se hacen compatibles, en los largos años de ejercicio del poder gubernamental, autonómico y municipal, con un pragmatismo fundado en la conservación y expansión de los intereses tangibles de “la familia socialista”. Así la militancia se conforma como un grupo de interés singular, que se constituye sobre los cargos institucionales, asesorías y otras formas estatales de ejercicio del gobierno. Susana Díaz sintetiza muy bien esta situación cuando afirma con su estilo incomparable que “la gente me expresa cariño”.

El advenimiento de la dupla Pedro Sánchez- Iván Redondo ha significado una revolución. El significado de esta emergencia es la adecuación a los imperativos de la videopolítica. Así, han sabido influir en la militancia, que conserva su condición de electores de las instancias dirigentes del partido, con la renovación de los VIP en el gobierno. Estos ya no son los tecnócratas, principalmente economistas, de la época de Felipe González, sino nuevas gentes dotadas de una potencialidad mediática incuestionable. Lo del astronauta ingenuo y el divo de Ana Rosa Quintana, me parece encomiable, apelando a los misteriosos imaginarios de la sociedad postmediática.

Izquierda Unida es un partido de militantes convencionales puros y duros. Estos son los sobrevivientes a incesantes migraciones a otros territorios políticos. La drástica disminución de sus vínculos con las instituciones privilegia el doctrinarismo imaginario de la militancia, enzarzada en continuas polémicas internas carentes de cualquier nexo con las realidades. La tormentosa y cronificada relación entre los dirigentes que consiguen presencia en las instituciones y la base militante cien por cien, constituye su identidad como organización tanato-histórica. Solo conserva pequeños feudos en los que tiene presencia institucional, que reconstituyen sus lazos con el exterior. Pero, pese al proceso de autodestrucción interno, algunos dirigentes han conseguido mantener su capital mediático mediante su alianza con Podemos. De este modo, también cumple con el precepto de la preponderancia de los VIP, de los que Garzón es el emblema.

En podemos no existe tradición alguna de militancia. Se trata de un partido que define a sus miembros como “los inscritos y las inscritas”. Esta palabra tiene un rigor incuestionable. La actividad del partido tiene lugar en las instituciones políticas de todos los niveles. Así se conforma como un núcleo duro formado por los elegibles como candidatos y su escolta de asesores. Estos constituyen la base de las distintas asambleas a las que recurre periódicamente la dirección. Junto a ellos, un contingente de incondicionales que se hace visibles en los actos partidarios mediante comportamientos efusivos hacia los líderes providenciales. Los demás son electores de las consultas virtuales, que entran y salen de la situación.

Tanto el pesoe como podemos, manifiestan una convergencia en los papeles que desempeñan los afiliados. Se puede sintetizar mediante tres niveles: Las direcciones políticas; los notables elegibles que se manifiestan como un grupo de interés dependiente de los avatares electorales; los incondicionales participantes en las emociones suscitadas por los líderes, y una base difusa y desdibujada. La militancia tradicional tiende a menguar en vías de su desaparición definitiva. En la videopolítica solo cuentan los que cumplen los requerimientos de la visibilidad. Estos son los dotados para el espectáculo político que tiene lugar en los cuadriláteros mediáticos.

El ocaso de la militancia remite a la modificación de los escenarios en los que tiene lugar la deliberación política. Ahora son los platós los que asumen esta función en régimen de monopolio. La militancia deviene en un estorbo impertinente para un juego definido por los golpes de efecto y las maniobras, cuya única instancia evaluadora es lo que se denomina como “la maldita hemeroteca”. Mi pronóstico es que nadie convocará un funeral digno para esta venerable institución de la militancia.

En estas coordenadas se puede plantear el problema de la izquierda política. Se trata de preguntarse  acerca de la factibilidad de los cambios que propone en un contexto de movimientos sociales débiles y sustentados en segmentos de la opinión pública que crecen y menguan según los estados de excitación catódica. El perspicaz Bauman, mediante su brillante metáfora de lo líquido, ofrece una perspectiva sólida para comprender el estado de la izquierda. Me permito la ironía de afirmar que las imaginaciones son sólidas, las realidades líquidas y las estrategias gaseosas e ingrávidas.




domingo, 14 de julio de 2019

LOS RESIDUOS HUMANOS DE LA UNIVERSIDAD


La universidad, exactamente como la empresa, está encargada de producir incompetentes sociales, presas fáciles de la dominación y de la red de autoridades…El hecho de que la formación universitaria pueda ser acortada y simplificada y que la empresa pueda <<calificar>> en unas horas o en algunos días prueba simplemente que cuanto más crece el acervo cultural y tecnológico, así como el propio saber, tanto menos se debe enseñar y tanto menos se debe aprender. Ya que de lo contrario, la universidad, y la educación, en general, ofrecerían a los sujetos sociales algunas condiciones de control de su trabajo, algún poder de decisión y de veto, alguna forma concreta de participación (sea en el proceso educativo, sea en el proceso de trabajo).

Marilena Chauí. La ideología de la competencia. De la regulación fordista a la sociedad del conocimiento.

En estos días recibo noticias de uno de los habitantes de las aulas en las que me hice presente tanto años. Se trata de una persona muy inteligente, dotado además de varias cualidades esenciales y de origen social bajo. En las clases y las pruebas demostró una capacidad muy considerable, también una identificación con las ciencias sociales mucho mayor que el común de compradores de créditos que compartían con él el aula. Tras la conclusión de los estudios con un expediente académico muy bien dotado, cursó el máster del departamento, también con un resultado brillante. Después obtuvo en la Universidad Complutense una beca de investigación bien dotada para cursar su doctorado. Su tutor fue uno de los profesores más relevantes y originales de la sociología española.

Tras obtener el título de doctor, ha habitado la jungla en la que se procede a la selección de aquellos escogidos que tienen la oportunidad de seguir desempeñando tareas de docencia e investigación en las escuálidas universidades de después de la reforma neoliberal. Este es un territorio en el que las agencias impulsan la competencia por la producción de méritos que se cuentan y se pesan según las medidas establecidas por ellas mismas, guiadas por los criterios derivados de la ideología de la competencia neoliberal imperante. En este hábitat se produce una competencia desigual que favorece manifiestamente a aquellos que disponen de recursos académicos fundados en su solvencia económica.

Así, los que pueden financiarse varios años dedicados a la producción de méritos, que incluye los desplazamientos a universidades del nuevo espacio académico global, así como un capital relacional fundado en la solvencia de sus credenciales económicas, sociales , que posibilitan “alternar” con élites profesionales y académicas, adquieren unas ventajas fundamentales sobre aquellos que, como en este caso, se encuentran en una situación de carencia de recursos, teniendo que resolver problemas de sobrevivencia. La reforma universitaria refuerza considerablemente la desigualdad.

Resulta que mi amigo ha terminado por seguir la pauta de las víctimas de los depredadores institucionales de la jungla de la aneca y agencias similares, que es el retorno al origen, cargado de saberes, titulaciones y expectativas incumplidas. Como en el caso de Superman, el retorno a su planeta desactiva sus potencialidades adquiridas durante tantos años de trabajo académico exigente.  Su situación laboral es crítica, en tanto que sus credenciales representan utilidades para un mercado de trabajo académico, del que ha sido descartado. Para cualquier otro mercado laboral, sus acreditaciones representan una pesada carga en un mundo social en el que la formación es mera instrucción. De ahí la pertinencia de la cita de Chauí que abre esta entrada.

Este caso ilustra acerca de un problema mudo que no es visibilizado. Se trata de los numerosos descartados en las selvas académicas por la acción de los nuevos poderes tecnocráticos de las agencias, que ponen en escena la última versión del precepto de “muchos son los llamados, pero pocos los escogidos”. El problema radica en que, transformada la universidad en una fábrica de méritos autorreferencial, pone en marcha procesos en los que se despilfarran múltiples recursos, resultando un contingente de descartados que adquieren la condición de verdaderos residuos humanos. Me parece que la dilapidación de inteligencia y saber que se origina en este siniestro proceso constituye una tragedia. El problema de fondo es que el sistema productivo no los necesita. Este es el argumento esencial de esta fatalidad de la inteligencia.

La reforma neoliberal de la universidad se ha consumado sin contratiempos y con unas tensiones mínimas. Ha conseguido todos sus objetivos con una facilidad pasmosa y una resistencia escasa, dispersa y menguante. El motor de esta clase de reformas es la reestructuración del espacio académico mediante una individuación severa. Cada cual asume el imperativo de cumplir con los cánones de la carrera profesional. De este modo se disgrega el tejido social, que se recompone subordinado a las reglas de maximizar su aportación individual. El nuevo social se encuentra representado por las coaliciones en la imperiosa maximización en la producción de méritos. Así se construyen las complicidades necesarias para asentar la reforma, que concita los apoyos tácitos de los sobrevivientes a la misma, sustentados en la nueva razón de la maximización en la acumulación de méritos facturados industrialmente.

La nueva universidad, resultante de esta reforma, muestra impúdicamente el éxito rotundo de su capacidad de subjetivación. Esta se sobrepone a las viejas ideologías políticas y sociales. Todos asumen integralmente el principio de competencia neoliberal, acomodándolo sin problemas a su cotidianeidad. El resultado es el desvanecimiento de cualquier oposición efectiva. El avance inapelable de la reforma en la vida académica y las cotidianeidades vividas, es simultáneo con algunos conflictos en los que los actores regresan al universo del siglo XIX, poniendo en práctica saberes, métodos y repertorios de acción radicalmente periclitados.

Recuerdo que cuando escribí una de las entradas en este blog, en la que desvelaba una de las formas del principio de competencia neoliberal, que es el currículum vitae simplificado, una de las víctimas de los depredadores que habitan estas junglas, envió un comentario afirmando que ese currículum era colaborativo y compartido. Mi desolación alcanzó el nivel máximo posible al constatar el éxito irremediable de la subjetivación neoliberal. Este amigo había sido construido como un bambi para alimentar la leyenda de los triunfadores en la producción de méritos, que alardean de su victoria en esa supuesta competencia.

El aspecto más problemático de la nueva universidad neoliberal es el de la posición en la que queda la vieja izquierda académica. El guion de la reforma exige imperativamente y sin excepción posible, participar activamente en los procesos de producción de méritos, así como en los de la selección y descarte de los residuos humanos. El cinismo de las élites de la izquierda académica es inevitable. Su acción compatibiliza el silencio con respecto a la propia realidad académica, con sus posicionamientos con respecto a factores económicos, sociales y culturales exteriores. Así su fervorosa adhesión a las movilizaciones de los mineros asturianos, sancionados como héroes de la clase trabajadora. Por el contrario, los descartados académicos, los residuos sólidos humanos de la aplicación del principio de la competencia neoliberal, carecen de cualquier discurso que los rehabilite como sujetos políticos y sociales. Se les asigna de facto la etiqueta de sospechosos de incompetencia.

Los residuos humanos de los procesos de competencia académica no tienen quien les escriba. Su destino es agregarse a los grandes contingentes de precarios que rotan para asegurar el funcionamiento de la producción inmaterial. Estas son historias sórdidas. Por eso concluyo rompiendo con la pauta que sigue este blog de no utilizar palabras chabacanas. Mierda de universidad y mierda de todos aquellos cómplices en la producción de residuos humanos sólidos. Todavía no descarto vivir alguna revuelta que dignifique al pueblo de los candidatos imposibles del impúdico proceso de selección de la nueva universidad.




jueves, 11 de julio de 2019

UNA CONVERSACIÓN IMAGINARIA CON BUKOWSKI


En la primera hora de la mañana, es inevitable ser alcanzado por los sonidos de la videopolítica, que se filtran por las grietas de mi sistema de protección. Las estrellas audiovisuales y las legiones de los comentaristas y expertos acompañantes, conforman un coro que extiende sus voces autorreferenciales por los hogares, los bares, los automóviles y los autobuses. A pesar de mis estrategias sofisticadas para distanciarme de este sórdido espectáculo, es imposible evitar que los murmullos se hagan presentes en mis castigados oídos, que lo transportan a mi saturado cerebro. Las contiendas por la adquisición y conservación de poder político se disfrazan de múltiples máscaras, pero todas remiten a una aplicación estandarizada de la teoría de los juegos.

En estos últimos días, leo a esta hora poemas de Bukowski.  Un libro publicado por Penguin Random House Grupo Editorial, cuyo título es el de uno de sus poemas “Garras del paraíso”, me permite tomar distancia con el agobiante y necio espectáculo de la actualidad política, que comparece desde el mismo amanecer en mi entorno vital. Así consigo salir de la actualidad mediatizada y prefabricada por los operadores del sistema, viajando al universo de Bukowski, que me estimula para pensar en otras cosas más relevantes.

Bukowski es un crítico implacable de la razón que preside las vidas en las sociedades industriales. En sus textos comparecen los personajes que encarnan los requerimientos de un sistema que ha sido definido por Weber como “la jaula de hierro”. Las vidas se encuentran estrictamente sometidas a los guiones requeridos por este sistema de producción y consumo. El sujeto disciplinado es su arquetipo personal. Este es subjetivado por las normas del estado sólido de la época, además de los imperativos del mercado de trabajo, la burocracia y la norma de consumo fordista. La vida sucede de un modo mecanizado y rígido, en el que las excepciones son escasas.

Paul Goodman es uno de los autores que ha conceptualizado con mayor precisión este entramado de instituciones que se sobreponen a las personas. Lo denomina como “la gran organización”. Desde esta perspectiva, explica los acontecimientos que conforman las turbulencias culturales que comienzan en los años sesenta, como una fuga de la gran organización. Esta puede ser representada como la suma del mercado y el estado. La potencialidad de estas estructuras sistémicas constriñe a las personas que realizan las vidas en el interior de lo que lúcidamente Weber denominó como los “Envases de la servidumbre”. Los sujetos solo pueden evadirse de estos moldes pétreos en escasas ocasiones, en los que la fiesta representa un desvarío efímero, tras la que el retorno a las normas y los sentidos de la gran organización son inapelables.

Bukowski vive en los márgenes de este sistema y de su racionalidad. En sus textos comparecen los fugados y expulsados que pueblan los márgenes de estas configuraciones sociales que conforman la gran organización. El contraste entre los héroes de sus historias y los sujetos disciplinados que habitan en los mundos de la normalidad, es esclarecedor. En este sentido, se puede afirmar que su obra constituye una crítica de lo que hoy se entiende como razón cuerdista. La mayoría de cuerdos-normales, confinados en la jaula de hierro de las sociedades industriales, es demolida mediante la presentación de sus miserias cotidianas.

Su obra puede ser interpretada en el contexto del fordismo maduro y el inicio del tránsito al postfordismo. Murió en 1994. Por consiguiente, no pudo vivir las transformaciones operadas desde estos años, que significan cambios de gran alcance. Por eso me gusta simular una conversación con él. Cuando le cuento el signo de las nuevas instituciones de la individuación; la clientelización derivada de la nueva norma de consumo; los efectos demoledores de las industrias del cuerpo y de la medicalización; las pautas que sigue la gran psicologización que ampara el nuevo imperio psi; los avatares del nuevo mercado de trabajo bajo la batuta de los gerentes y los gurús-brujos de la empresa; la multiplicación de la constelación que tiene como astro-rey a la televisión; la conversión de la vida cotidiana en un espacio en el que cada sujeto tiene que producir méritos en todos los órdenes…Intuyo sus risas y sus palabrotas.

Imagino su reacción ante la metamorfosis de la normalidad. Los normales son ahora seres severamente estimulados y conducidos por las nuevas autoridades expertas y de la comunicación. El sujeto disciplinado de la sociedad industrial que él vivió, es reemplazado por el nuevo sujeto que entiende como libertad sus prácticas cotidianas para cumplir con las severas conminaciones sociales programadas por los dispositivos de conducción experta. Me temo que le sería difícil comprender la dialéctica existente entre el disciplinamiento riguroso, que hoy es autodisciplinamiento, y las fugas cíclicas a territorios vitales no gobernados por la razón instrumental. Tras la fiesta se impone el retorno a la nueva versión de la gran organización.

La vida en el presente requiere la vigorosa gestión de sí mismo. De un lado, alimentar el currículum profesional mediante aportaciones continuas. De otro, cultivar lo vivido como experiencia que tiene que ser imperativamente comunicada en las redes. El sujeto autodisciplinado es un titán que hace frente a todas las programaciones expertas, que alcanzan su propia vida e intimidad. Puedo imaginar su perplejidad multiplicada en los contextos del siglo XXI, así como el vigor de su respuesta. Su célebre metáfora de que es preciso saber atravesar el fuego, parece más dificultoso en la actualidad.
Termino reproduciendo estos poemas que denotan una inteligencia y sensibilidad inquietantes, en un talento automarginado tan relevante.

¿QUÉ TAL TU CORAZÓN?

en mis peores tiempos
en los bancos de los parques
en las cárceles
o viviendo con
putas
sentía siempre una cierta
satisfacción-
no lo llamaría
felicidad-
era más bien un equilibrio
interior
que se amoldaba a
cuanto sucedía
y era de gran ayuda en las
fábricas
y cuando las relaciones
iban mal
con las
chicas
me ayudó
a pasar las
guerras y las
resacas
en las peleas de callejón
los
hospitales
despertarse en un cuartucho
en una ciudad extraña y
subir la persiana-
esa era la clase más loca de
satisfacción.
y acercarme ben el cuarto
a un viejo tocador con el
espejo roto-
mirarme, feo
riéndome de todo.
lo más importante es
saber
atravesar el
fuego.

HOLA, ¿CÓMO ESTÁS?

ese miedo a ser lo que son:
muertos.
al menos no están en la calle, tienen
que permanecer dentro atendidos, esos
pálidos locos que se sientan solos delante del televisor,
sus vidas llenas de risa enlatada, mutilada.
su vecindario ideal
de coches aparcados
de parcelitas verdes de césped
de casitas
de puertecitas que se abren y se cierran
cuando los familiares se pasan de visita
allí las vacaciones enteras
puertas que se cierran
tras los moribundos que mueren tan despacio
tras los muertos todavía vivos
en tu típico vecindario tranquilo
de calles en curva
de agonía
de confusión
de terror
de miedo
de ignorancia
un perro quieto detrás de una valla.
un hombre callado en la ventana.