Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

domingo, 23 de abril de 2017

PARODIAS DEL PODER


En ausencia de los antaño intelectuales, la crítica al poder es ejercida por los cómicos, los payasos y los artistas. Javier Gurruchaga es uno de mis favoritos. En la España de 1988 Felipe González ejercía un poder desmesurado, fundado en las mayorías absolutas acompañadas de la descomposición de la sociedad civil y de su conexión con los poderes fácticos económicos e institucionales. En un célebre programa de televisión española, "Viaje con nosotros", Gurruchaga presentó esta ingeniosa crítica, que lo mostraba mediante su miniaturización. El aparentemente colosal presidente aparecía reducido al tamaño de un bonsaid. Este presumía precisamente de cultivarlos adoptando técnicas japonesas.
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Para ello Gurruchaga recurrió a un actor francés, Hervé Villechaize, que aparecía en algunas de las películas de James Bond. Este medía 1,22 y tenía un rostro muy parecido al del presidente. La entrevista es antológica. El imita a la periodista Victoria Prego, la voz oficial de la transición política. Tanto el diálogo como la presentación visual me parecen antológicos. Se trata de escenificar la incomunicación asociada al poder y el papel de los periodistas cortesanos. Este programa fue emitido en horario de máxima audiencia en TVE.

Lo que más me inquieta visionando el vídeo hoy es la persistencia de algunos elementos fundamentales que parecen haberse perpetuado. En particular lo de la gente de la calle, la incomprensión del poder y el tratado de la adulación que escenifica Gurruchaga.
Espero que algunos jóvenes puedan reir con esta parodia peremne en España. Por eso le adjudico la etiqueta del presente en este blog.



martes, 18 de abril de 2017

MÁS LIMPIOS, MÁS SANOS, MÁS TONTOS



En los últimos años se evidencia una revalorización de la salud positiva, la cual se muestra en todos los espacios públicos por parte de una legión de conversos que muestran su devoción a los sagrados preceptos que la inspiran. Pero esta emergencia de la salud no es un fenómeno aislado o ubicado en este ámbito parcial. Por el contrario, forma parte del paquete integrado que conforma las nuevas sociedades postdisciplinarias y de control. La salud perfecta es una parte sustancial de la creación de un sujeto que interioriza los imperativos de tan condición, desarrollando una vida sana de la que se siente responsable y protagonista. Tal vida implica la autovigilancia intensa y permanente; la posesión de un cuerpo trabajado que funciona como un referente individual; la adhesión a las normas de cuerpo y vida imperantes, y el desarrollo de un repertorio de prácticas que favorezcan el estado de salud. Toda la vida cotidiana se subordina a la gestión óptima de uno mismo y a su expresión social en el espacio público.

La explosión de la salud asociada a la vida buena saludable implica dependencias nuevas. Ya no son solo los médicos convencionales, aún a pesar de su reconversión hacia la asistencia al buen cuerpo, a la nutrición, al ejercicio y al mantenimiento del mismo para retrasar el envejecimiento. Junto a estos, emergen múltiples expertos en todas las áreas que conforman la nueva salud. Pero la dependencia creciente en estos radica en que no es obligatorio acudir a sus servicios, de modo que la relación con los mismos implica una secuencia de interacciones en la que el experto debe conquistar y mantener su preponderancia en el vínculo. La institución de la terapia se impone sobre la vieja medicina, detentando la hegemonía en las relaciones orientadas a la maximización de la salud.

La emergencia de la nueva salud se funda principalmente en la ocupación por los activistas de todos los espacios públicos; en la exposición permanente en las televisiones de los cuerpos trabajados de los adictos; en la adopción de las filosofías positivas por parte de los especialistas que tratan a los enfermos graves, banalizando lo patológico hasta extremos insólitos; en la condena moral a los incumplidores, a los enfermos irreversibles y a los ancianos irrecuperables, y también la reconversión terapéutica del estado postfordista. La salud perfecta se inscribe en la narrativa de progreso que acompaña a estas sociedades. El bienestar físico constituye el núcleo de la buena vida. El complejo de industrias y profesiones que lo inspiran se desarrollan impetuosamente. Las bioindustrias que producen los remedios adquieren un protagonismo incuestionable, así como los científicos que trabajan en sus productos prodigiosos. Los médicos son desplazados al segundo puesto en el ranking de la felicidad.

Pero, junto al optimismo delirante derivado de la expansión de la salud perfecta, se multiplican las enfermedades, las dolencias, las incapacidades y los malestares. La sociedad enferma crece paralelamente a los atletas de la buena salud. La asistencia médica se multiplica ante esta realidad sórdida. Los malestares de los pacientes múltiples son ocultados en los medios frente a la atención que suscitan los legionarios del cuerpo y la salud. Los políticos, los empresarios de moda, los científicos de guardia, los actores de las series de la seducción de hoy, así como otras especies que anidan en las pantallas, muestran su estilo de vida sano.  Las marchas matinales televisadas del señor Rajoy adquieren un tono patético, al ser tomadas como materiales de referencia para narrar la actualidad.

La nueva salud imperativa requiere la adhesión activa a sus normas y prácticas. Así conlleva un modelo de autodisciplina extrema y una renuncia a muchas de los placeres de la vida, que son administrados y racionalizados como excepciones en dosis minúsculas que garanticen la conservación de la salud, propiedad que es imprescindible maximizar. Pero, junto al nuevo ascetismo asociado al sacrificio de la novísima buena vida saludable, tiene lugar una explosión de su reverso nocturno. En los tiempos de excepción de vacaciones y fines de semana se constituyen espacios colectivos en donde los congregados compensan el rigorismo de la buena salud con múltiples prácticas hedonistas que terminan en la frontera de lo autodestructivo. Este mundo paradójico se expresa en los locales nocturnos en los que está prohibido fumar, pero en los que el consumo de alcohol adquiere una intensidad insólita, siempre acompañado de un repertorio programado de estímulos y drogas que se recombinan entre sí en los climas eufóricos en que se producen.

La explosión de la buena salud desposee gradualmente a grandes contingentes de personas de algunas de las cosas que hacían vivible la vida. Así, el tabaco, el vino, algunos alimentos deliciosos, el sexo espontáneo y la calma cotidiana, adquieren el estatuto de la sospecha o la condena. Pero la multiplicación de los fundamentalismos asociados a la mística de la salud, no impiden que grandes contingentes de personas experimenten gratificaciones que compensan los estragos producidos en la vida por la epidemia de la salud. En particular la motorización representa un momento en la vida diaria de repliegue a una cabina cerrada en donde no rigen las normas sociales. Así se conforma un espacio de huida a un lugar confortable que termina en una adicción compensatoria frente al estado de movilización colectiva impulsado por la salud perfecta y su repertorio de conminaciones y reglamentaciones.

En 1988 Moncho Alpuente publicó un libro en Arnao Ediciones, que con el título “Solo para fumadores”, incluía varios trabajos que expresaban la resistencia ante la gran explosión de la salud, que invadía todas las esferas de la vida mediante un catálogo de prescripciones salubristas fundados en la condena de los “factores de riesgo”, siempre asociados a distintas prácticas sociales. Su obra expresa la resistencia de los desahuciados por el vendaval de la salud. Uno de los trabajos se denomina precisamente “Más limpios, más sanos, más tontos”.  Reproduzco una parte del texto en tanto que desde la perspectiva que otorga el presente puede estimular la reflexión y las distintas interpretaciones susceptibles de definir este fenómeno epidémico.

El joven del año 2000 correrá al menos una vez al mes en multitudinarias maratones populares; se alimentará de salvado, avena, alfalfa y otros piensos naturales; beberá zumos de frutas y derivados lácteos; acudirá al trote ligero a su centro de trabajo; será monógamo, abstemio y no fumador, y en sus ideas políticas se mostrará moderado, pragmático, conservador y liberal.

Detestará las emociones fuertes y los cambios de ritmo imprevistos; tendrá los dos pies sobre el suelo, y cultivará con celo su cuenta de ahorros. La salud y el dinero serán sus valores supremos; en el sexo preferirá la fecundación in vitro y los embriones congelados; será narcisista e individualista dentro de un orden, firme partidario de los mecanismos de control social; amará la regla frente a la excepción; desconfiará de los rebeldes y de los profetas, y rendirá culto a los sondeos y pleitesía a las estadísticas.

El éxito profesional será su meta, y su carrera hacia la cumbre la realizará en solitario y mostrando los dientes a sus adversarios; no tendrá compañeros sino competidores, y su participación en movimientos de tipo reivindicativo se limitará a la defensa del salario y puesto de trabajo siempre amparado en el anonimato de una mayoría confortable. Será tibio en cuestiones religiosas, ambiguo en temas políticos, agnóstico en materias sexuales y ecléctico en gustos artísticos, que obedecerán a los criterios mayoritarios”.

El texto evidencia la relación de la salud positiva con el paquete en la que se encuentra integrada. Se trata de la fabricación de un sujeto que entienda la vida como un conjunto de programaciones articuladas mutuamente, todas ellas sujetas a la observación y medición, lo cual permite su control. No he podido evitar una sonrisa al transcribirlo, pues yo mismo, ahora en 2017, estoy tomando germinados de alfalfa en mis ensaladas. Los momentos desprogramados y placenteros de la vida diaria, en los que las pequeñas maravillas de la vida pueden aparecer, dando lugar a sorbos de bienestar, son reintegrados en una programación racionalizada cuyo objetivo es la optimización de la salud.

El título del texto, que equipara el cuerpo limpio forjado por obligaciones y la salud suprema con la condición de tontos, me parece sugerente. Los contingentes de jóvenes de distintas generaciones que conforman el núcleo de la movilización por la salud positiva, se encuentran desplazados a una educación forzada de temporalidad sin fin que antecede a su relegación laboral. Se trata de un grupo crecientemente marginado en las empresas y las organizaciones. Las tasas de subempleo y desempleo, así como sus condiciones de vida representan un retroceso con respecto a las de las generaciones anteriores. 

Un requisito para que este retroceso social sea efectivo es la multiplicación de los tontos que es la consecuencia del paquete integrado de la sociedad emergente de la salud perfecta y el nuevo control social. En este el sujeto (sano) se emancipa de lo colectivo, representado por un conjunto de instituciones, que pierden su generalidad para transformarse en haces de relaciones en las que participa directamente. La disolución de las viejas instituciones es la condición necesaria para la individuación de la que resulta el sujeto sano y relegado en cuestiones fundamentales de lo común y colectivo. En esta situación, aquellos que agotan sus energías en la gestión óptima del sí mismo liberándose de lo colectivo, devienen inevitablemente en una rica gama de tontos. Mi sentencia es favorable a la propuesta de Moncho Alpuente:  Sí, más limpios y sanos, pero más tontos.

Vivo entre portadores de cuerpos sanos ajenos a las instituciones. Por eso es inevitable el recuerdo de Moncho Alpuente. En este mismo libro, uno de sus textos “Pesadilla light” describe agudamente algunas personas y contextos de la nueva salud incompatibles con cualquier inteligencia. Como paseante empedernido me encuentro con los caminantes programados múltiples, en cuyas marchas ha desaparecido cualquier dimensión gratificante asociada a los sentidos. Son los cronometrados, los que cuentan calorías, pasos y otras especies. Me inquieta interrogarme acerca de sus mentes.

En las palabras de Moncho " Alrededor de la zona acotada pupulaban niños rubios y adolescentes esbeltas, atletas musculosos, amas de casa con atuendo deportivo y jubilados sonrientes de trotecillo corto y sonrisa beatífica; grupos de disciplinados gimnastas repetían infatigablemente sus tablas de ejercicios bajo la supervisión de monitores expertos, se escuchaban a través de altavoces cuidadosamente disimulados entre las frondas que, a breves intervalos, repetían las consignas del Ministerio de SAlud Pública --nadie quiere a los gordos, Aprenda a respirar correctamente. Salud es belleza. Un cuerpo para toda una vida...--".

sábado, 15 de abril de 2017

REENCARNACIÓN EN LA CIRCUNVALACIÓN DE GRANADA





Las élites granaínas apuestan por un proyecto de desarrollo local nucleado en torno a la creación de infraestructuras que estimulen las inversiones por sus impactos en el espacio. En ausencia de una clase empresarial con capacidad de crear empresas productivas, los centros comerciales adquieren una centralidad desmesurada en la actuación del entramado de grupos inversores y beneficiarios. Pero la incesante creación de estos tiene lugar de un modo en el que el último destituye al anterior, absorbiendo a la mayor parte de las empresas comerciales que le constituyen. Así se implementa una noria fatal en la circunvalación de la ciudad, en la que el nacimiento de un macrocentro tiene lugar sobre la ruina del anterior. El resultado es una extraña reencarnación de un solo proyecto, que se consagra en sucesivos lugares de tan inquietante infraestructura.

El nuevo centro comercial Nevada representa la última reencarnación del proyecto único de esta trama de élites que crean y destruyen sobre el suelo. Así se consuma una secuencia fatal que empieza en el centro comercial Neptuno, enclavado en el interior de la ciudad, que es conducido a la ruina por emigración de sus negocios a las nuevas catedrales, el complejo Kinépolis principalmente, asentado en Pulianas. Este descansa sobre el tirón de Media Markt y otras empresas comerciales punteras que atraen a un conjunto de empresas de acompañamiento, complementados por los negocios del ocio. Tras un primer año de esplendor, la decadencia comienza mediante el uso selectivo por parte de los consumidores de estas catedrales. Los bares, restaurantes y hostelería decaen, así como las tiendas menores que acompañan el proyecto. Esta es la señal que indica la mudanza próxima a una nueva localización en la que se reencarna el espíritu del centro comercial.

Pero el factor acelerador del óbito comercial tiene lugar cuando los medios de comunicación al servicio de las élites de la reencarnación comercial anuncian un nuevo centro con otra localización. El optimismo delirante que acompaña las comunicaciones, expresado en las cifras que cuantifican las previsiones de empleo, así como el volumen de desplazamientos por la mitológica autovía que conduce siempre a algún paraíso comercial devenido en un cielo simbólico. Así se generan renovadas expectativas en torno al siempre penúltimo recinto sagrado que representa la redención económica, en tanto que reclama la creación de más infraestructuras.

La verdad es que la población del área metropolitana de Granada constituye una sola área con respecto a la capacidad de compra efectiva de su población. Este es el gran secreto que subyace bajo las sucesivas reencarnaciones comerciales. Por consiguiente, es una falacia afirmar  que los empleos de cada uno suman entre sí. No, por el contrario se reemplazan favoreciendo la gran rotación precaria, axial en las economías del presente. Pero su valor comunicativo radica en la generación de unos juegos de cifras que alimentan las esperanzas de los compradores móviles que se desplazan por la autovía para experimentarse como consumidores, actividad en la que han superado a sus abuelos y padres. Así las familias se congregan en los espacios celebrando la modernidad y el progreso, en tanto que los más jóvenes son los guías del grupo por los laberintos poblados por las mercancías y sus iconografías.

La creación del centro comercial Serrallo Plaza constituyó un acontecimiento discursivo que estimuló las esperanzas y los sueños de un pueblo consumidor tan piadoso y esforzado. Las mismas empresas que conforman el complejo comercial global se ubicaron allí en espera de las sinergias derivadas de su coexistencia espacial. El éxito del proyecto fue incuestionable. Los fines de semana se concentraban grandes contingentes de gentes en búsqueda de su experiencia de compra social. Tras la sinergia de las magias comerciales se oculta discretamente el flujo de intercambios de beneficios, operaciones, comisiones, favores, colaboraciones y otros negocios públicos y privados que sustentan los beneficios de las venerables élites económicas empresariales granaínas, así como su pareja de hecho, las élites políticas extractivas, que en esta ciudad representan una parte muy importante de la actividad económica total. Por este centro comercial y las actividades derivadas de las recalificaciones de los suelos próximos, están requeridos por lo penal el antiguo alcalde y algunos de sus concejales más emblemáticos. Esta secuencia de actividades terminó con el gobierno municipal del pepé, que siguiendo la pauta imperante en la misteriosa ciudad de la Alhambra, también se ha reencarnado en otros gobiernos emprendedores, en los que la reencarnación institucional es protagonizada por distintos actores intercambiables en el puzzle político-empresarial local.

El Serrallo Plaza detentó efímeramente el podio del progreso expresado en la simbiosis entre la compra y el ocio. Sus arquitecturas monumentales y su ubicación junto a la autovía, denota su naturaleza de sede del progreso local, incluyendo a los sucesivos espíritus asociados a la expansión de las infraestructuras y zonas residenciales segregadas. Pero su reinado ha resultado efímero. Una vez que los suelos próximos han rendido sus réditos, el complejo de poder local emigra a otro espacio en el que se reencarne el espíritu comercial y se desencadenen los procesos asociados a la revalorización de los suelos. Este es el centro Nevada. Sus arquitecturas son más monumentales, pero clonadas de los edificios imperantes en los tiempos de divorcio entre el beneficio económico y la estética y el buen gusto.

La nueva reencarnación granaína reaviva el mito del acceso y la movilidad. No existe transporte público, tan solo un autobús que pasa cerca de allí cada hora. Los taxis, corresponden al municipio de Armilla, de modo que la insuficiencia de este servicio se hace patente. Pero la accesibilidad se encuentra determinada por un sistema de coherencias. Los compradores son consumidores de segundo orden, en tanto que en su mayoría han cumplido el precepto central del progreso local, consistente en comprar una vivienda en las urbanizaciones diseminadas por todas las periferias imaginables. De ahí su naturaleza de poblaciones motorizadas. Todos juntos acuden a celebrar la multiplicación de los aparcamientos, tras la que se accede al recinto sagrado. Así se trata de una actividad que reconstituye la familia y la relación entre las generaciones, tan deteriorada en otros espacios de la vida.

El novísimo centro comercial ha suscitado una actividad considerable de los tribunales, que han dictado varias sentencias con respecto a factores asociados a su constitución. En espera de la siguiente reencarnación espacial, este centro terminará por producir terremotos institucionales, políticos y judiciales. Armilla es un municipio con abolengo en estas lides. Porque este palacio de la compra certifica la defunción de la vega de Granada, rodeada y penetrada por múltiples proyectos basados en el asfalto y el cemento.

En esta última reconstitución productiva resalta un elemento nuevo. Se trata de la apertura de un centro de PRIMARK., que abre su primera tienda en Granada. Me parece un tema sugerente para escribir singularmente sobre el mismo.  En mi primera visita me impresionaron las colas que se concentran en los tiempos de más intensidad, así como la apoteosis celebrativa de las gentes que lo recorren, penetrando en todos sus rincones en busca de la ganga insólita, que impresionará a sus interlocutores cotidianos tras la jornada de aventura comercial. Así la gente cartografía el recinto inventando itinerarios imposibles en la excitante actividad de descubrir el tesoro. Cada uno es obsequiado con una enorme cesta que se ve obligado a llenar. Pero el factor más sorprendente es el éxtasis familiar. Una persona joven grita cuando encuentra una ganga y requiere a voces a sus ancestros. El arte del low cost parece disolver así la solidez de la renta familiar en este misterioso pueblo motorizado y endeudado. 

Pero, en tanto que el recinto es el escenario de euforias sucesivas por parte de los buscadores de tesoros valorados en pocos euros, se hacen visibles los múltiples trabajadores reponedores, que junto a los de las cajas y la seguridad, conforman la población activa que es transformada por los medios y otras extensiones de los poderes en dígitos susceptibles de juegos de prestidigitación, que constituyen el núcleo de esta época, y en los que tienen lugar la multiplicación de los trucos, de los que se hace una obra de arte. Estos trabajadores uniformados no comparten las euforias de sus clientes y hacen visibles sus tensiones para cumplir con el estricto imperativo de la última versión consumista del “just in time”.

El Centro Comercial Nevada es una reencarnación del espíritu del extraño progreso de este tiempo. Porque su arquitectura es una clonación de los múltiples gemelos que se diseminan por todas partes. Su falta de singularidad contrasta con el de la naturaleza doblegada. La vega es, o fue, un paisaje único y singular. Pero la movilidad del pueblo de conductores y visitantes de ocasión se dirige hacia lo estereotipado y  lo idéntico, que se encarna en estas arquitecturas monumentales y unificadas por la fealdad. Por eso no puedo evitar sonreir cuando los fines de semana se forman grandes columnas mecanizadas de recintos móviles en busca de una extraña experiencia, en la que lo sensorial se encuentra devaluado. Misterios del progreso.