Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

sábado, 14 de enero de 2017

MEMORIAS DE LA CÁRCEL. LA SINFONÍA DE LOS CERROJOS



La cárcel es una institución perversa que desempeña una función fundamental en el orden social. De este modo es inseparable de la sociedad global. Las prisiones son los contenedores en los que se almacena a la población efectivamente penalizada. Esta resulta de una selección tenebrosa de aquellos que incumplen distintos preceptos del código penal. Esta selección es realizada mediante la concertación de varios dispositivos tales como la policía, los tribunales y las instituciones penitenciarias, que clasifican y depuran a los imputados por distintos delitos, una parte de los cuales termina en la prisión. Esta operación de selección y tratamiento de la delincuencia constituye una verdadera apoteosis de la desigualdad social, en tanto que muchos de los transgresores del código penal no son perseguidos efectivamente.

He pasado más de un año de mi vida entrando y saliendo de la antigua prisión de Carabanchel en mi condición de preso político. Me he decidido a contar algunas experiencias personales sobre la cárcel. La transición política y el postfranquismo han generado varias paradojas. Una de ellas es la contraposición entre el volumen de la población encarcelada por su defensa de la república o la oposición a la dictadura y el escaso número de memorias o testimonios. Ahora que ha muerto Marcos Ana se ha hecho patente este vacío. Otra es que una parte muy importante de los presos políticos de los últimos años del franquismo se han reciclado política y socialmente, de modo que han renunciado a reivindicarse como tales, recompensados por las altas posiciones alcanzadas en el nuevo régimen. Así se constituye un vacío de grandes dimensiones en la memoria colectiva. 

La complejidad de la memoria histórica es manifiesta. Existen distintas cohortes de presos y víctimas. La emergencia de los fusilados y asesinados múltiples durante y después de la guerra ha suscitado una leve atención mediática y social en los últimos años. También de aquellos resistentes en los años cuarenta y cincuenta que cumplieron condenas tan largas. Pero, paradójicamente, existen muchas sombras sobre los presos políticos de los últimos años. Los factores que contribuyen a esta opacidad tienen que ver con las heridas derivadas de las actuaciones de ETA, y también, con el protagonismo incuestionable de los comunistas en la resistencia, cuyos comportamientos en todos los tiempos de oposición se inscriben en lo heroico, contradiciendo el guion del relato oficial acerca del origen de la nueva democracia. La convergencia de estos factores construye una zona de sombra y desmemoria monumental. Por  ilustrar esta afirmación, escribo este texto sin citar los nombres de distintos compañeros de prisión en esos años, que han alcanzado cumbres políticas, académicas, profesionales o empresariales, y que tengo la convicción que no quisieran ser citados. Esta es una historia pues de héroes por accidente y también de gentes que deniegan de una parte de su pasado.

Mi primer ingreso en la prisión de Carabanchel fue el 1 de febrero de 1968. El mes de enero de ese año proliferaron huelgas y movilizaciones en los centros universitarios que culminaron con una gran manifestación. Entonces era un activista muy destacado en la Facultad de Económicas. La noche anterior a la manifestación, la policía hizo una redada en los domicilios de varios dirigentes estudiantiles. Fui tan poco precavido que dormí en mi casa y allí me detuvieron a primera hora de la mañana. Fuimos arrestados así diez estudiantes. Horas después de llegar a los calabozos de la Dirección General de Seguridad en Sol,  empezaron a comparecer los detenidos en la manifestación. En las celdas se congregaron decenas de personas que saturaban las plazas disponibles. Después de tres días en los que nos interrogaron sin mucha  intensidad, nos comunicaron que nos multaban con diez mil pesetas de las de entonces y que si no las hacíamos efectivas inmediatamente nos ingresaban un mes en Carabanchel. No hubo opción a responder a esa sanción administrativa.

Esta es la primera vez que experimenté el desplazamiento custodiado desde la celda al patio interior,  donde nos concentraron en el siniestro y oscuro furgón. El encuentro con los demás alivió el viaje, en el que nos contamos los interrogatorios e hicimos pronósticos sobre nuestra estancia en la cárcel. Desde el interior del furgón no veíamos nada. Un tiempo después se detuvo y escuchamos las voces de los guardias hablando con los de la cárcel. Entonces comenzó el catálogo de ruidos que distinguen a la prisión. Los sonidos de las cerraduras y las puertas llegaban a nuestros oídos por primera vez y no nos abandonarían hasta la salida. Al salir nos encontramos en una sórdida instancia iluminada tenuemente por luces amarillentas. Así se hizo presente la debilidad de la luz, que junto con los sonidos conforman el ecosistema carcelario.

Allí fuimos registrados y cacheados. Entonces se confirmó un hecho que me iba a acompañar en los años siguientes. Tanto en los arrestos como en los tránsitos es inevitable escuchar la frase que ha quedado grabada en mí “Saca todo lo que tengas en los bolsillos”. Esta es la señal que indica que eres ingresado en una institución total, en la que eres despersonalizado mediante la desposesión de tus cosas para reforzar la uniformización.  Tras el cacheo fuimos ingresados en las celdas de un módulo de ingreso en el que se tienen tres días a los recién llegados. La comida era horrorosa. Cada cual tenía un plato y una cuchara metálica para sus comidas. En estos días fuimos aliviados por la visita de los abogados que traían noticias de las familias que no habían sido informadas de nuestra reclusión. Mi madre tuvo que acudir a Sol a vagar por varias dependencias hasta que se enteró de mi nuevo domicilio.

Transcurridos los tres días fuimos trasladados a la tercera galería. Entonces los presos políticos estaban en la mítica sexta galería. Esta fue testigo de múltiples luchas en las que los habían logrado mejorar las condiciones de su reclusión. Algunas de estas fueron huelgas de hambre muy duras. Esta fue la primera vez que un grupo de “políticos” fue a la tercera, en donde fueron concentrados desde entonces la gran mayoría de los mismos. Las autoridades penitenciarias dejaron en la sexta a una élite selecta de internos. Allí estaban algunos dirigentes comunistas, recuerdo a Horacio Fernández Inguanzo, así como los sindicalistas de comisiones obreras del célebre proceso 1001.  Cuando regresé en julio del año siguiente la tercera registraba una concentración de presos políticos muy importantes, que habían mejorado sustancialmente sus condiciones de vida.

En esta estancia compartíamos el patio y todas las instalaciones con los presos comunes, pero existía una barrera muy espesa entre ellos y nosotros. Muy pronto recibimos la visita semanal de nuestras familias que nos enviaban ropa, comida y dinero para comprar en el economato. Las arquitecturas carcelarias son panópticos deplorables. Me impresionan mucho las construcciones universitarias de los últimos treinta años que comparten patrones con las mismas. Las celdas, los pasillos, las duchas, las escaleras, el patio, la biblioteca, que en realidad era una sala en la que había una televisión que era frecuentada a última hora. Un día a la semana había cine y los domingos misa. Me llamó la atención poderosamente el comportamiento de la planta baja que acogía a presos mayores. Muchos de ellos se vestían con corbata los domingos y paseaban celebrando un día de fiesta, como en el exterior en esos años en los que el domingo agotaba todo el fin de semana, en el que el sábado era un día mixto de trabajo y fiesta.

La rutina de la vida era muy rigurosa. Apertura de las celdas para el recuento, aseo y desayuno, trabajos de limpieza, patio, visitas, comida, celda, patio, cena y reclusión en las celdas. Este era un ciclo cotidiano recurrente. Tras unos días de adaptación comprendimos la importancia del ejercicio físico, la lectura y el mantenimiento de un alto nivel de conversación e intercambio del grupo. Tuvimos que aprender solos en ausencia de presos experimentados que nos podían enseñar muchas cosas, tal y como ocurrió en mis siguientes estancias en la tercera. Como he dicho anteriormente no quiero revelar los nombres de mis compañeros, pero uno de ellos es un catedrático muy relevante de sociología con una gran proyección política y social. Otro es un periodista económico de élite, que ya entonces destacaba por su gran inteligencia y preparación. También otros de este grupo han sido triunfadores en el postfranquismo. La vida de grupo fue buena con alguna excepción derivada de las diferencias políticas entre nosotros. En algún caso aparecieron comportamientos sectarios por parte de alguna persona que fueron reconducidos.

La esencia de la prisión son sus sonidos. Al despertar se abren las celdas para el recuento en una orgía de cerraduras y ruidos secos. Los cerrojos y las puertas conforman una gama de sonidos que se acrecientan en los tiempos vacíos y en la noche. El silencio es interrumpido por las voces de las comunicaciones entre funcionarios. El concierto de los candados se refuerza por los ecos de las galerías. Es en esos momentos cuando se hace patente la ausencia de los sonidos buenos de la vida: los de la naturaleza, los pájaros, las músicas, las risas, las conversaciones amables y los murmullos, jadeos y susurros que acompañan a las relaciones amorosas. Los ruidos metalizados de las cerraduras confirman el estado de reclusión. La ausencia de sonidos amables se corresponde con unas relaciones cotidianas con los funcionarios en las que la cordialidad está excluida. Cada cual es un número que se comprueba varias veces en el gran acto de los recuentos.

Otro aspecto invariante en la prisión es el frío perpetuo. Las bajas temperaturas se apoderan de toda la vida diaria y se incrustan en los cuerpos. Es una sensación incesante que no presenta ningún momento de excepción. Las congeladas celdas, galerías, duchas y patios se entrelazan para conformar un entorno hostil. La mala calidad de las ropas de entonces contribuía a confirmar el estado corporal de frialdad perpetua. Esto fue paliado en mis siguientes estancias en las que había hornillos eléctricos en algunas celdas. La revolución tecnológica de las fibras ha contribuido a la aparición de una nueva generación de ropas, abrigos, mantas y edredones que palían el frío reduciendo considerablemente su impacto.

Pero lo peor de la prisión fue para unos señoritos progresistas como nosotros fue enfrentarnos a la realidad de la población efectivamente penalizada en la cotidianeidad. Entonces esta población se correspondía con la sociedad española de la época. Se trataba de la parte más débil de los inmigrantes a la ciudad hacinados en chabolas que no habían logrado ingresar en las fábricas de esa época. Junto a la sociedad local del delito blando, tales como carteristas o estafadores, una buena parte de ellos se encontraban condenados por delitos de violencia dramática que se correspondía  con sus condiciones sociales de pobreza y marginación extrema representada en los poblados de chabolas e infraviviendas.

Entre ellos, los denominados presos comunes, y nosotros, existía un muro infranqueable que se expresaba en la ausencia de relaciones. Parecía que ni siquiera nos veíamos, pero la verdad es que todos nos encontrábamos en un campo visual común. El encuentro más cercano tenía lugar en la sesión de cine semanal, en la que compartíamos el espacio en una sala lúgubre en la que nos encontrábamos hacinados. La proyección se demoraba por la llegada secuencial de reclusos desde distintas plantas, sometidos  a la lógica de ser contados. En los minutos que antecedían a la proyección podíamos contemplar sus modos de estar y sus relaciones.

Sin ánimo de construir estigmas, se me han quedado grabados para siempre varios episodios de relaciones entre los fuertes y los débiles que tenían lugar ante nuestras miradas. Recuerdo una persona con una discapacidad intelectual moderada que era objeto de un trato despiadado. Cuando estaba buscando un lugar para sentarse un tipo con aspecto duro de matón de gueto le saludaba a voces. Al llegar donde él le pegaba un tortazo en la cabeza que emitía un sonido inquietante coherente con el medio de la sinfonía de los cerrojos. Tras su queja el matón le avasallaba diciéndole que eso no era un golpe sino un saludo afectuoso. Después le propinaba otro tortazo acompañado de palabras cordiales pronunciadas en un tono durísimo. El miedo del agredido se hacía patente, al tiempo que el sadismo del agresor, que disfrutaba de su superioridad. La oscuridad y la ficción de la pantalla terminaba con el sórdido espectáculo de la vida en estado de encierro que acrecienta el drama de los más débiles.

Los últimos días eran esperanzadores, en tanto que ya habíamos internalizado un mecanismo institucional de las instituciones totales, que es el tiempo. Cada día contábamos los que quedaban y hacíamos cábalas, cálculos y pronósticos. Lo he vivido en múltiples instituciones. La apoteosis del tiempo muerto que atenaza a los involucrados en instituciones, viajes y otros acontecimientos. El tiempo vivido se transforma en unidades de tiempo muerto que se cuentan incesantemente y organizan la cotidianeidad.

Cuando volví en julio del año siguiente de nuevo a la tercera,  esta albergaba una comunidad numerosa  y variopinta de presos políticos, en la que coexistían los transeúntes que venían desde provincias a juicios; los cuantiosos presos de ETA,; los comunistas; los sindicalistas; los pertenecientes a grupos de origen maoísta o trotskista; los estudiantes, así como algunos profesionales o intelectuales. Esta comunidad había transformado el medio y se encontraba eficazmente autoorganizada, de modo que sus condiciones de vida eran manifiestamente mejores. Pero el efecto principal de esta comunidad era el apoyo afectivo a los moradores de esos establecimientos en los que en las noches se seguía escuchando la sinfonía de los cerrojos.


lunes, 9 de enero de 2017

PARAISO TRAVEL



La mutación científica que tiene lugar en el tiempo presente cuestiona que la realidad pueda definirse como una entidad objetiva independiente del observador. Este es quien la genera mediante su propia atención. Las ciencias sociales construyen planos de realidad mediante sus propios programas de investigación. Estos son condicionados por el contexto social en el que se producen, en el que la distribución desigual del poder desempeña un papel determinante. La ciencia social no está liberada de las condiciones sociales en las que se produce.

El resultado del desarrollo de una ciencia social condicionada es la generación de un sesgo de gran magnitud. La mirada de la ciencia, insertada en el campo de poder vigente, determina una selección que sobrerrepresenta a una parte de las realidades sociales frente a otras que son marginadas. La preponderancia de los medios de comunicación sobre el pensamiento y la ciencia social, contribuye a consolidar una distorsión de gran envergadura.

Soy sociólogo y me invade un cierto sentimiento de inquietud cuando se mantiene, desde los años cincuenta del siglo pasado, la subdisciplina de “sociología de la desviación”. En ese saco terminan todas las marginaciones sociales, así como las inadaptaciones que se han sucedido desde entonces, multiplicándose y diversificándose de forma explosiva. La idea de que existe una sociedad integrada, estable y normalizada que represente a una mayoría, que se contrapone con las ‘minorías desviadas’, representa una deformación monumental que conduce a una mirada mutilada. 

La existencia de distintas microsociedades es una de las realidades patentes del tiempo presente. Su crecimiento y sus interacciones remiten a una mutación del control social que trasciende a las sociologías desviacionistas, fundadas en el vaporoso concepto de mayorías centrales. Los temores colectivos crecientes se asocian a la existencia de las distintas microsociedades que se hacen presentes mediante sucesos dramáticos que los media privilegian centrando su atención sobre personas que son presentadas como seres patológicos emancipados de los contextos sociales en los que habitan.

En los últimos tiempos se acumulan y entrelazan varios tipos de marginaciones vinculados inequívocamente a procesos sociales que alteran las estructuras sociales. La desregulación laboral, la globalización, las migraciones y otros determinan un amplio abanico de situaciones de marginación que afectan a amplios sectores sociales  invisibilizados por los paradigmas que modelan las miradas oficiales.

Por eso me ha impresionado la película colombiana “Paraiso Travel”, dirigida por Simon Brand en 2008, cuyo guion se basa en la novela de Jorge Franco publicada en 2002. La película narra un viaje fatal de dos jóvenes desde Medellín a Nueva York, en busca del sueño americano. La vi hace algunos años y aprovecho la ocasión de que se encuentra en youtube para recomendarla. En particular a los aprendices de sociólogos que estudian las migraciones como fenómenos que se pueden reducir a guarismos y legislaciones.

La cámara muestra las sociedades sumergidas que controlan el trayecto, así como el destino final de Nueva York. Así se puede acceder a los mundos sociales en los que viven los distintos tipos de fracasados, marginados y sobrevivientes. Los personajes comparecen en estos contextos en los que predominan las relaciones de fuerza, pero en los que la vida resiste y es posible encontrar amistades y actos benevolentes, altruistas y magnánimos. También aquellos que terminan cruzando las fronteras que consuman la autodestrucción.

La película suscita muchas preguntas y una redefinición de lo que es lo normal. También una ciudad diferente de las guías turísticas o las hermosas películas de Woody Allen.La dirección de la  pelicula completa

El trailer
 







martes, 3 de enero de 2017

PABLO IGLESIAS Y LA RUTA DE LOS SALMONES



Los salmones realizan un viaje paradójico en el curso de sus vidas. Nacen en los ríos donde pasan sus primeros años, para emigrar después al océano, donde desarrollan su vida adulta. Cuando alcanzan su madurez, retornan a su origen en un viaje inverso, en el cual remontan el curso del rio para llegar al lugar de su nacimiento, donde desovan y mueren, generando un nuevo ciclo de vida. La fuerza magnética prodigiosa que los orienta constituye un misterio de la naturaleza. Se puede establecer un símil entre el retorno inexorable y fatal de los salmones a su origen y la vida política de Pablo Iglesias.

Sus primeras experiencias tienen lugar en las juventudes comunistas del final de los años noventa. En los años siguientes cursa sus estudios, conoce los distintos discursos y experiencias del nuevo anticapitalismo, ejerce como profesor de ciencia política así como de consultor de distintos proyectos. Termina siendo asesor de izquierda unida, donde puede constatar las limitaciones de este partido. Con posterioridad, emprende varios proyectos de comunicación en varias televisiones alternativas. Tras el 15 M, los grupos críticos registran una expansión considerable. En el pavoroso vacío de oposición de estos años de mayoría absoluta del pepé aprovecha la oportunidad de comparecer en las televisiones generalistas defendiendo con energía  los intereses de los no representados en las instituciones.

Su popularidad se propaga  vertiginosamente, constituyendo un grupo que se presenta a las elecciones europeas obteniendo un respaldo muy considerable. Así se constituye Podemos, que obtiene, tan solo en dos años, unos resultados electorales insólitos. La irrupción del nuevo partido tiene un impacto formidable en todo el sistema político. Todos los partidos convencionales, incluida IU, inertes en la legislatura anterior, adoptan posicionamientos con respecto a los no representados, que son incorporados a las agendas políticas tras largos años de exclusión.  El éxito de Podemos es incuestionable y alcanza su máxima expresión en la manifestación de Madrid del 31 de enero, que visibiliza una conexión muy intensa entre los recién llegados y amplios y distintos sectores sociales.

El proceso concluye con el éxito de las elecciones generales de 2015 que representa su cima. Pero en el intervalo entre estas y las siguientes, Podemos suaviza sus formas y se orienta a reforzar su presencia en las televisiones. Pablo se prodiga en sus intervenciones como un defensor de la sensatez y muestra su patriotismo. En este tiempo, Podemos funciona, según sus propias definiciones, como máquina de guerra electoral. Así se refuerzan los liderazgos mediáticos en detrimento de los círculos. El protagonismo de Pablo en las decisiones es máximo. Coloca a sus acompañantes como diputados cuneros en circunscripciones tan importantes como Cádiz y otras. En un medio como Podemos, que es una confluencia de distintos grupos, sus actuaciones desde la cima son explosivas.

Tras las elecciones de 2015 engulle a IU en una confluencia fatal. En tanto que las cúpulas de lo que se llama Unidos Podemos llegan a acuerdos, en las provincias y los territorios se presentan problemas de encaje entre los distintos componentes de Podemos y la Izquierda Unida compuesta por un férreo aparato y sumida en la división. El funcionamiento de la nueva coalición electoral es similar al de un  cartel, que confiere preponderancia en las decisiones a los dirigentes unificados en una estructura informal, que desplazan a los órganos partidarios, generando una situación volcánica respecto al futuro, justificada por la inminencia y trascendencia de las elecciones. Por esta razón, el retroceso en las elecciones de junio, constituye un acontecimiento que desborda las capacidades de metabolizar el estancamiento e inventar una salida factible por parte de los dirigentes de Podemos.

Esta derrota inaugura un período de recesión en la organización. Pablo modifica sus dulces presencias mediáticas por la adopción de un estilo duro con sus adversarios y un giro en su discurso político y sus prácticas, que le conducen a presidir algunas movilizaciones de distintos sectores sociales subrepresentados. Al tiempo, activa un conflicto abierto con los sectores nucleados en torno a Errejón. El fondo del problema radica que en el tiempo de subordinación a lo electoral no ha habido discusión alguna en el interior de la organización. Pablo ejerce un liderazgo en monopolio, pero ahora sus decisiones son incubadas en un clan que incluye a sus incondicionales, pero también a Anguita, Monereo y otras personas influyentes en sus orígenes. En este clan, la influencia de Juan Carlos Monedero es evidente. Es el único que piensa y dice más allá del día a día. Aquí reside el fondo del conflicto con los errejonistas.

El resultado de esta escisión entre clanes directivos es la aparición de un conflicto que se hace visible mediante la interlocución intermitente de Pablo e Iñigo en las televisiones y las redes. Su metafórica relación epistolar indica inequívocamente que no hablan cara a cara. Esta es una cuestión que remite al psicoanálisis y a las psicologías sólidas. Por debajo del intercambio teatral, la verdad es que las facciones de ambos se han movilizado  para asegurar el control de la organización. Pero, en tanto que la pugna se agudiza y comienza a generar sus primeras víctimas, la discusión pública es secreta y se reduce al intercambio de fuego estereotipado. Así se constituye una zona de sombra inaccesible a miradas externas. Me parece muy pertinente la metáfora de Jorge Armesto en un artículo en el periódico Diagonal titulado “Errejón y las ranas”. En él afirma que Podemos se asemeja a una charca poblada por ranas, sapos y otras especies que generan un ruido considerable. Pero, cuando un observador se acerca atraído por los gritos de los pobladores se hace un silencio sepulcral. 

Mi interpretación es que una situación tan compleja como es la del estancamiento de las fuerzas del cambio y el control ejercido  por parte del viejo bipartidismo, desborda las capacidades de entender, conocer y aprender de los dirigentes de Podemos. Así se inicia un giro, que supone por parte de Pablo, retroceder a las certezas de su origen.  De este modo contradice la naturaleza de Podemos. Este solo puede ser un proyecto renovado, diferenciado de la vieja izquierda y adecuado a las nuevas condiciones sociales y a las subjetividades prevalentes en las sociedades del presente. Las esperanzas que ha suscitado se fundan en su condición de un experimento político nuevo. 

Pero Pablo inicia un viaje letal hacia su pasado. Su hiperliderazgo adquiere una intensidad mórbida. Cuando interpela públicamente a Errejón, lo hace afirmando que este es muy valioso, y que por eso lo quiere a su lado, para que le corrija en sus decisiones y actuaciones. Así se adjudica la exclusividad en la toma de decisiones, solo amparado por sus consejeros. En su discurso, los órganos dirigentes quedan limitados a extensiones de sí mismo. De este modo se configura como un secretario general de un partido comunista convencional del pasado. Esta es una figura incompatible con la composición antropológica de las generaciones que conforman Podemos. Las patéticas apariciones de sus colaboradores elogiando sus actuaciones, que en el caso de Irene Montero alcanza el éxtasis, anuncian una regresión hacia el pasado inquietante.

Asimismo, en el contexto histórico actual, una formación política solo puede ser plural. Es imposible que sea homogénea, como un partido comunista convencional. El precio de la homogeneidad y el monolitismo es la marginalidad. Pues bien, la cruzada contra los errejonistas anuncia una contracción cultural de Podemos, cuyas consecuencias en un plazo corto son la restricción de los apoyos sociales. Pero lo peor radica en que las posiciones que defiende para Vistalegre 2 son manifiestamente mayoritarias, en detrimento de la proporcionalidad, de modo que su eventual victoria implica un paso decisivo hacia la creación de un aparato que asegure la homogeneidad. Este es el comienzo de una homogeneización mutiladora del nuevo partido, en la que los círculos, concepto asociado a la autonomía e iniciativa, se transformen en células, cuya acción se limita a ejecutar las directrices emanadas de la cúpula partidaria.

Pero el aspecto más regresivo remite a la consideración de que existe una línea correcta incuestionable, de modo que las posiciones que no se encuadren en esta responden a los intereses de los enemigos externos. Así se han configurado los viejos partidos comunistas, en los que resplandece el espíritu de partido, que se funda en una unidad psicológica que resulta de un proceso de fusión cuasi mítica entre los militantes y el organización. Esta cultura partidaria  constituye las bases del sectarismo y el dogmatismo que conforma una barrera infranqueable entre el partido y el exterior. La eficacia política resulta dañada por esta separación.

En el proceso actual se pueden leer algunos de estos elementos. Días antes de las últimas elecciones, Anguita declaraba en un periódico que no sabía quién era Errejón. Esta es una señal inequívoca de marcarlo como a un enemigo interno. De ahí resulta un proceso de etiquetaje en el que la discusión política está inexorablemente envenenada. En el caso de Anguita, en el tiempo que ejerció como secretario general, terminó con el pluralismo, reduciendo los apoyos el.ectorales, el campo relacional y los contingentes militantes a mínimos. Así, los errejonistas son definidos ahora como caballos de troya.  No es difícil pronosticar lo que va a ocurrir en la charca.

 Desde esta perspectiva, son coherentes las amenazas proferidas por Pablo acerca de su abandono si no triunfan sus propuestas, así como las comunicaciones de Monedero o las acciones contundentes de los motoristas de Pablo, entre los que destacan el antológico Echenique o el férreo Ramón Espinar. El cese de Jose Manuel López ha sido paradigmático. Su tratamiento es el de un enemigo. No ha habido palabras de agradecimiento ni gestos de cordialidad. Su sustituta ha enunciado su cese en unos términos que remiten a una sentencia judicial. Su cese implica una condena moral y política que anuncia lo que va a ocurrir con los errejonistas en el caso  de perder. La referencia a Tania Sánchez es inevitable. Su estatuto es el de quintacolumnistas, a la que se acompaña una condena moral implícita.

El grupo dirigente de Podemos ha heredado los discursos de fraternidad del zapatismo y de otros movimientos políticos del fin de siglo XX, pero en la organización se impone un estilo de ceses fulminantes que recuerdan los tiempos del socialismo real. Los cesados pasan a tener el estatuto de desaparecidos y son expulsados de la memoria. El caso de López es esclarecedor. Este no es narrado teniendo en cuenta sus aportaciones, sino aludiendo a su “desviación” final que anula todo lo anterior. De este modo, el proyecto Podemos, que suscitó tantas simpatías y apoyos en su emergencia e infancia, experimenta un distanciamiento con respecto a una parte de sus propios simpatizantes. En el supuesto probable que los denominados pablistas triunfen en Vistalegre se puede inaugurar un salto hacia el monolitismo.

Me impresiona mucho el caso de Juantxo López de Uralde, de Equo, así como otros adheridos a Unidos Podemos, que son neutralizados y disueltos en la totalidad, restringiendo sus iniciativas y su visibilidad. Este es un indicador de la consolidación de una uniformidad inquietante y mutiladora. Los viejos partidos comunistas, que funcionaron como máquinarias del monolitismo, de la infalibilidad del secretario general, de la disciplina férrea y el imperio del aparato y de lo central, contribuyeron a fabricar una masa de excomunistas de unas dimensiones colosales. En Francia y en España los excomunistas constituyen un enorme contingente exiliado de la máquina de la uniformidad. El riesgo de Podemos es patente. Algunas de las primeras incorporaciones de personas relevantes han quedado bloqueadas. Esto puede ser un mal síntoma.

El viaje de Pablo Iglesias hacia su pasado significa una involución. Esta se articula con la regresión monumental del pesoe y la absorción de ciudadanos por parte del pepé. El cuadro del presente es inquietante. En estas condiciones, el poder autoritario va a ejecutar su proyecto pieza a pieza, haciendo algunas concesiones irrelevantes. La réplica a esta situación no puede consistir en rescatar las viejas retóricas del pasado. Me pregunto si es posible que Vistalegre represente un punto de partida hacia una verdadera confluencia basada en la diversidad y heterogeneidad.