Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

miércoles, 22 de junio de 2016

SUSANA DÍAZ EN LAS VÍSPERAS



Susana Díaz se encuentra en espera del fatal desenlace del pobre Pedro. Este ha hecho lo imposible por salvarse en el nuevo tiempo de la gran tragedia partidaria. En la segunda edad  del pesoe Zapatero entregó la organización al inefable Pepe Blanco. Este hizo de la destrucción de la misma, una obra de arte. Algún día hablará alguno de los desplazados por esta dupla fatídica para el partido. En su tiempo fueron desplazados los cuadros sobrevivientes a la primera edad, siendo reemplazados por un conjunto de personas manifiestamente anónimas, que debían su promoción al creador de las mitologías ferroviarias.

Susana espera, junto con los barones del sur, el momento de su investidura sobre las ruinas electorales resultantes de la situación en la que el pobre Pedro se ha desempeñado. Este es, precisamente,  un hombre del benefactor Blanco. El presentimiento de su final le induce a hablar en los actos partidarios como un predicador convencional que advierte en tonos crispados de los peligros derivados de la multiplicación de los pecados y de los pecadores. Lo que se oculta en los discursos partidarios es el hecho de que su base electoral se ha fragmentado por la emergencia de los bárbaros que proceden de las tierras del más allá. Solo el reconocimiento de este hecho puede regenerar la estrategia del atribulado partido, para dotarla de un realismo imprescindible.

Granada es una extraña ciudad en la que la estructura económica y social determina la existencia de unas élites manifiestamente tradicionales. Este hecho incide sobre la prensa local. En los largos años que habito aquí, los periodistas que leo en la prensa local, gentes vivas, cualificadas y comprometidas con la ciudad, terminan por desaparecer de sus medios para reaparecer en la prensa digital. Este proceso de desapariciones es coherente con tan moderna sociedad local, que invoca a la tecnología y la innovación, pero que se produce en torno a varias castas locales cerradas a lo global, y que no pueden disimular su origen rural.

Uno de esos periodistas es Antonio Cambril. Ahora escribe sus columnas en el Independiente de Granada. Reproduzco la última referida precisamente a Susana Díaz, a la que denomina “Susana Díaz de Vivar”. Como muchos textos de Cambril no tiene desperdicio. El sentido de traer aquí un texto de este periodista, tiene la pretensión de recordar que la innovación es algo más que lo tecnológico. Es imprescindible que afecte a todas las esferas y también a la prensa local.



EL INDEPENDIENTE DE Granada
18 de junio de 2016
http://www.elindependientedegranada.es/blog/susana-diaz-vivar

Susana Díaz lo ha conseguido. La presidenta del Gobierno socialista andaluz, la Venus orgánica, el aparato hecho hembra ha impuesto sus condiciones y ya ha salido el ex de Administraciones Públicas Jordi Sevilla a pregonar que, tras las elecciones del próximo día 26, gobierne el partido que cuente con más apoyo parlamentario. Lo cual vendría a significar que, salvo que Unidos Podemos derrote al Ibex 35, a la patronal, al complejo financiero-mediático, a la Conferencia Episcopal, a la oposición venezolana, a la difamación, al resto de partidos y a todas las encuestas, la derecha gobernará otros cuatro años en España. Y que en el PSOE hay señoras y señores partidarios de mantener las políticas feroces y el sufrimiento de gran parte de la población si con ello consiguen prolongar la agonía, ganar tiempo y evitar que otra organización los suplante y aplique las políticas de progreso social que ellos abandonaron el día en que decidieron circular por la tercera vía de Tony Blair (Dios y Murdoch se lo paguen) en cuyas curvas han descarrilado la práctica totalidad de los partidos socialdemócratas europeos.

La noticia es capital por lo que adelanta y por lo que significa. De entrada supone que en la cúpula del PSOE ya poseen encuestas crudas, información suficiente como para entender que se va a perder la hegemonía de la izquierda. Y de salida trasluce que, políticamente hablando, la foto no engaña y Pedro Sánchez es lo que aparenta, un jefe de planta del Corte Inglés, un buen comercial con un producto deteriorado, un mandado puesto ahí por Susana Díaz y la poderosa federación andaluza, que lo consideraron más moldeable que Eduardo Madina o José Antonio Pérez Tapias, hombres de aspecto menos resultón pero con mayor cualificación cultural y convicciones ideológicas. ¿Pero quién es Susana Díaz? ¿Quién es esta mujer a la que se le ha puesto en el moño que en España no haya un gobierno de izquierdas si no lo lidera su partido? Pues la misma que hace apenas un cuarto de hora gobernó Andalucía con el apoyo de Izquierda Unida, con el comunismo convertido de nuevo y en un repente en el fantasma que recorre Europa.

Susana Díaz nació mayor y echó las muelas del juicio antes que los dientes de leche. Se desconoce si de niña tuvo un muñeco al que llamó Felipe y otro al que llamó 'Arfonso', pero hay noticia de que en la adolescencia redujo casi exclusivamente sus relaciones a la chiquillería socialista, a las Juventudes de las que llegó a ser jefa de pandilla. Después se integró en el PSOE, cursó estudios de Derecho, pasó años  trotando desde su casa a la sede y desde la sede a su casa  y, en el camino, fue escalando posiciones, empujando, poniendo codos, ocupando cargos y deshaciéndose o distanciándose cuando le convino de los que antes fueron sus valedores.

Quiero decir con esto que la señora encarna algunos de los errores que han conducido al PSOE a su actual laberinto, que es una auténtica profesional de la política y  puede que albergue la intención de agotar en ella su vida laboral. Como todos los afectados por el virus de la endogamia del partido, como todos aquellos sin otro horizonte laboral que el de transitar de las juventudes a las senectudes socialistas y que han hecho de la organización una selva nutricia en la que se mueven con obediencia ciega o con celeridad despiadada, Susana Díaz es tan buena táctica como mala estratega. Lo demostró el año pasado, cuando decidió romper el pacto con IU y adelantar las elecciones autonómicas para sorprender a Podemos a contrapié. Y lo confirmó al apoyarse en Ciudadanos para formar gobierno en Andalucía e imponer después el mismo pacto a escala nacional a Pedro Sánchez, con lo cual antepuso su comodidad e interés en Andalucía a la tarea de lograr la recomposición y fortalecimiento del PSOE nacional.

Susana Díaz es una política mandona, faltona y de potentes luces cortas, pero con escasa capacidad de seducción frente a un adversario inteligente al cual pueda necesitar en un futuro que no sea inmediato, de ahí que el martes llamara Mortadelo a Pablo Iglesias y de ahí que haya roto relaciones con Teresa Rodríguez, la líder de Podemos en la comunidad y su particular Blancanieves parlamentaria.

Susana Díaz es una intelectual orgánica si quitas lo de intelectual. Puede citar con autoridad y conocimiento de causa a Epi y Blas o a personajes del TBO, pero uno, que la ha sufrido en algunas conferencias y 'funciones teatrales', jamás la ha oído improvisar una cita o un pensamiento culto, inteligente o digno de reflexión. ¡Por estas! La información que atesora no procede de libros de historia, ensayo o filosofía, sino de los documentos oficiales, de los recortes de periódicos que le sirven cada mañana desde su gabinete de prensa y de lo que oye  a quienes saben… y quienes saben, para ella, son los viejos barones desnortados del socialismo y muy especialmente Felipe González, quizás el mayor de los lastres que soporta en la actualidad la organización. La astucia, el azar, el perfecto conocimiento de los mecanismos internos del partido y la ley de conservación de las especies políticas que desaloja a los mejores la han aupado al pedestal de la historia, pero el PSOE cuenta con decenas de técnicos, asesores, alcaldes y concejales con más criterio, ilustración y sensatez que ella.

A Susana Díaz le pones un gorro frigio, la envías a la plaza de un pueblo de 1.500 habitantes, remoto y alejado de todo, hasta de sí mismo, tira de argumentario, empieza a largar latiguillos y topicazos con acento trianero, se abraza a los viejecitos, besa a sus esposas, se rasga las vestiduras y monta una coreografía tuneada del cuadro de Delacroix: 'La Demagogia conduciendo al pueblo'.

Susana Díaz presume de roja, pero es muy 'respetada' en las tertulias de 13 TV y la heroína de Eduardo Inda, vocero mayor y campeón periodístico del neoliberalismo, que lleva haciéndole la hagiografía en televisión desde poco después de su llegada al poder. También cuenta con el reconocimiento y la idolatría de los 'susanícolas', de toda la colección primavera-verano-otoño-invierno de cargos públicos y dirigentes del PSOE y de buena parte de los medios de comunicación con presencia en Andalucía. ¿Por qué? Porque posee dos  virtudes incuestionables: el BOJA y el presupuesto. Uno le facilita nombrar y cesar, decidir sobre el presente y el futuro de las personas, y el otro le permite hacer “de piedras pan sin ser el Dios verdadero”, subvencionar y vencer líneas editoriales e infinidad de voluntades.

Lejos de la taifa andaluza quedaría desnuda, con sus dos principales virtudes anuladas y todos los defectos al descubierto. Si impone su voluntad y su consejo, si decide los pasos a seguir, el PSOE emprenderá un camino hacia el ensimismamiento y la lucha por el pan de muchos de sus dirigentes que hará imposible durante años cualquier alianza de la izquierda. Y más que como la campeona de la reconquista de los territorios y el prestigio perdidos por el socialismo se la recordará como la que nos condenó a otra década de gobierno de la derecha. No ganará una batalla ni viva ni después de muerta. No será, como algunos ilusos piensan, Susana Díaz de Vivar, sino la papisa negra. Después de ella, el Armagedón.



sábado, 18 de junio de 2016

EL CAOS ACADÉMICO DE JUNIO

El mes de junio es el tiempo en que se hace visible el caos académico derivado de la gran involución de la universidad asociada a la reforma de Bolonia. Desde mi perspectiva vivida, me es difícil comunicar la magnitud del desastre de un sistema fundado en paradigmas que entienden que los estudiantes son entes similares a las máquinas. Así, toda la organización de la docencia descansa sobre el requerimiento de respuestas precisas e inequívocas a un ingente número de pruebas mecanizadas correspondientes a las asignaturas infinitas. El alumno es avasallado por un torrente de pruebas vacías de contenido, que son recurrentes y repetitivas, y que lo mantienen en un estado constante de respuesta a los estímulos al día. Así lo saturan y lo vacían, perjudicando severamente a su inteligencia. Todos los procesos confluyen en el mes de junio, tiempo en el que se hacen patentes los efectos del desastre.

Porque aún a pesar de que la denominada “evaluación continua” multiplica las pruebas, inscribiéndolas en la cotidianeidad académica, los exámenes convencionales no desaparecen. Estos, así como las clases y otros elementos del orden académico tradicional, han resistido a la reforma. De este modo, la realidad docente es un mix de viejos y nuevos elementos que conforman la versión actual del taylorismo académico. Los desdichados estudiantes son invadidos por los productos académicos que ellos mismos eligen en el super universitario, para someterlos a un ritmo de producción en el que todas las semanas deben entregar algún trabajo-basura, que es denominado como práctica.

Después de varios meses en una situación que exige ritualmente elaborar productos sin exigencia alguna, el agotamiento es patente. La actividad académica se disuelve para preparar los exámenes. El final de las clases, en las que se alternan clases, actividades de charla y trabajos rituales, alivia a tan desventurados estudiantes, que se preparan para afrontar el esfuerzo final en estas pruebas sobrevivientes a todas las reformas imaginables. Los exámenes constituyen una invarianza inexpugnable que se sobrepone a todos los cambios.

Desde la última semana de mayo comienzan a hacerse presentes en los pasillos, las tutorías y las direcciones de correo electrónico de los profesores, todo un contingente diverso de incumplidores. Se trata de aquellos que se han ido descolgando de la dinámica de la clase y de sus trabajos asociados. Esta población pupula por los pasillos y se comunica mediante los distintos grupos de wasap. En un medio así, es inevitable que se generen interpretaciones, malentendidos, y, en algún caso fantasías, que recorren las redes de esa extraña sociedad secreta de preparadores de exámenes. Para un profesor es una cuestión terrible, pues una parte de su trabajo es desbaratar leyendas falsas que se extienden por los canales de esta subsociedad, que conforma un sótano desde el que es posible interferir las comunicaciones oficiales.

En mi experiencia personal compruebo dos cuestiones inquietantes. La primera es que una parte muy considerable de estudiantes no tienen la capacidad de comprender la información escrita. En las plataformas virtuales están desde el comienzo de curso las informaciones acerca de las pruebas, los contenidos, las lecturas y demás cuestiones que conforman el curso. Me impresionan los cara a cara que se prodigan en junio con clientes que no han entendido una información escita sencilla. La segunda es que una gran parte de los compradores de créditos recurren como fuente de información a la suministrada por sus iguales. Los conflictos de comunicación son a veces desagradables, pues un incauto se encuentra en una situación irreversible al confiar en una información falsa. No se pueden ni imaginar los lectores las cosas que veo en los atormentados meses de junio.

En los últimos días de mayo comienza la comparecencia de los incumplidores múltiples, de los saturados, de los sometidos a calendarios imposibles, de los que tienen que simultanear los estudios con distintas formas de ganar un cuasisalario, así como otras especies académicas. Para un profesor, que ha terminado por tener una relación aceptable con un grupo de estudiantes de cuerpo presente, es una situación inquietante presenciar la aparición de personas y realidades fantasmáticas. En el transcurso del cuatrimestre, algunos estudiantes han recurrido al profesor para solicitar sus servicios, bien para clarificar cuestiones, ampliar perspectivas, explorar líneas o tratar cuestiones de método. Cada vez recurren menos estudiantes para estos menesteres. La mecanización derivada de las guías docentes y sus ficciones termina por desprofesionalizar a los docentes y a los compradores de su servicio.

Pero el mes de junio pone de manifiesto la naturaleza de administrador de actas que ha adquirido este oficio. Todos los sentidos académicos se disuelven la administración de la fábrica de títulos. El sistema educativo en este fatal mes adquiere su peor rostro. Es una máquina de puntuar papeles y trabajos carentes de sentido. No tengo una opinión ingenua del pasado, pero esto es mucho peor. Todavía recuerdo cuando junio era un período de exámenes con una carga burocrática mucho menor, de modo que un docente podía dedicar horas a la lectura de libros atrasados. Ahora somos esclavos de un mecanismo infernal que se apodera de todo nuestro tiempo en tareas fabriles vaciadas de cualquier sentido.

Los incumplidores que comparecen en este mes, se acompañan de las víctimas de la desorganización académica que se funda en la elección de las asignaturas. Como cada cual puede configurarse a medida el paquete de créditos, es imposible ofertar un calendario de exámenes que carezca de incompatibilidades. Así comparecen aquellos que piden ser examinados en otra fecha. Este es un contingente creciente de estudiantes. Este cuatrimestre he llegado a ver a varios estudiantes que tenían que exponer en el aula y pedían ser los primeros porque tenían que exponer en otras aulas en el mismo horario. El caos es colosal y es preciso invertir horas en cuadrar los calendarios de los distintos clientes.

El último tipo de comparecientes en los primeros calores primaverales son los viajeros. En la universidad proliferan los estudiantes adscritos a distintos programas de movilidad. Los tiempos de estos seres inscritos en una movilidad permanente, trascienden el calendario académico. Este cuatrimestre tengo un examen el día 30 de junio en un curso en el que están matriculados muchos erasmus. Así, tengo que atender las peticiones de examinar mucho antes, pues tienen que regresar a sus países. Muchos aprovechan para viajar desde aquí a otros lugares de Andalucía o Marruecos. También las actividades académicas de verano y su sistema de becas, requiere a los erasmus antes del final del período de exámenes del sur.

No pocos estudiantes comienzan este mes las entrevistas de trabajo para obtener un empleo en verano, para convertirse durante uno o dos meses en laboriosos trabajadores que alimentan las estadísticas que sostienen al gobierno y alivian sus economías. En septiembre, cuando comienzan de nuevo los exámenes el problema es inverso. Es el tiempo de los estudiantes locales que marchan a hacer peonadas académicas por distintos países de Europa. La demanda de estos es ser examinados los tres o cuatro primeros días pues no pueden demorar sus viajes ajustados a los calendarios de sus países.

 La convergencia de desaparecidos, incumplidores, trabajadores, víctimas del caos académico, viajeros en todas las direcciones y otras especies académicas, convierte el mes de junio en un tiempo intenso de trabajo burocrático ajeno al rendimiento académico. Es extremadamente perverso el zoco académico que ha generado la reforma en curso de la universidad. La remodelación del papel del docente es de gran calado. Ahora somos algo parecido a los agentes fronterizos que controlan los flujos de las poblaciones flotantes. Personalmente lo vivo como un gran desastre. Lo que más me inquieta es el silencio y la no respuesta de los antaño profesores, ahora  convertidos en empleados de esta extraña fábrica de méritos.

Concluyo introduciendo un factor adicional. Se trata de una ambigüedad en el desempeño de un profesor. El servicio que prestamos lo hacemos en las actividades presenciales, pero también on-line. Mi correo electrónico este mes es un espacio en el que concurren distintas categorías de ausentes. En este cuatrimestre ha habido días en los que comparecen veinte o más mensajes. Así se crea una inquietante doble realidad. Prefiero tratarlo a fondo en otra ocasión. Ahora solo un ejemplo. Hace unos años, a mediados de agosto, recibí un mensaje de un alumno con el que tenía buena relación y que había suspendido la asignatura. Me decía que estaba en Edimburgo disfrutando de una beca de verano y que no tenía materiales para preparar el examen, pues llegaba a Granada dos días antes del mismo. También me advertía acerca de la necesidad de aprobar, pues era un requisito para disfrutar la beca siguiente que ya tenía concedida. Le contesté diciendo que no tenía dinero, pues en caso de diálogo, estaba persuadido de que me pediría dinero para el billete de avión.

Las decisiones académicas están condicionadas por numerosas situaciones de coacción que los docentes ocultan. Quedan todavía doce días de este extraño mes. Pienso en inevitablemente Kafka y en otros críticos de la burocracia. Esta versión impide estudiar a los alumnos y a los profesores desprofesionalizados. Estamos haciendo otras cosas ajenas a la tarea de un universitario. Se agradece cualquier comentario de los atribulados docentes, pues así nos aliviamos de los efectos de ser gobernados por brutos.

miércoles, 15 de junio de 2016

LAS TRES EDADES DEL PSOE

El advenimiento de la democracia significó una edad de oro para el pesoe. La energía social que generó el declive del franquismo, así como su opaca salida; la oleada de conflictos derivada de las altas expectativas compartidas de los contingentes industrializados y urbanizados en la expansión de los años sesenta, así como el moderado crecimiento de la oposición, fue muy intensa y se diseminó por el tejido social. Este acontecimiento alimentó al núcleo dirigente del renovado partido en un tiempo abierto. La conjunción de la energía al cambio y el entorno favorable, favoreció la consolidación de una élite joven que condujo al partido al gobierno en 1982, inaugurando la primera edad triunfal.

El gobierno socialista conformó al núcleo dirigente como una gran fuerza centrípeta que absorbió a varias élites políticas, económicas y culturales. En el período transcurrido entre el 79 y el 96, la preponderancia del pesoe fue incuestionable. En este tiempo gobernó, protagonizó el desarrollo del nuevo estado de las autonomías, capitalizó la integración en Europa, impulsó varios procesos de reformas, y fue beneficiario de la expansión del estado de bienestar y la nueva sociedad de consumo. En este tiempo se genera el imaginario del bienestar y de la democracia, atribuidos a los líderes providenciales del nuevo partido, convertidos en leyenda viva por los beneficiarios de los cambios.

Sin embargo, también en estos años tienen lugar varios procesos de signo contrario, que van a contribuir a crear las condiciones de la decadencia posterior, que se hace manifiesta en el nuevo siglo. La adopción de un modo de gobierno autoritario; el clientelismo; la desindustrialización incesante;  la consolidación de un modelo productivo débil; la crisis cultural que pone de manifiesto la ausencia de un proyecto democrático que fuera más allá del bienestar material; la conformación de una clase dirigente beneficiaria de la expansión de la economía y la descentralización, además de la disipación de la inteligencia, que se evidencia en la ausencia de pensamiento y la conversión  de las élites culturales a los imperativos de los medios, así como  la neutralización de la universidad, convertida en un ente acrítico que suministra personal directivo a tan prósperas instituciones estatales.

La clase dirigente de la edad de oro socialista se dispersa en las múltiples instituciones estatales y autonómicas, que significan una nueva versión de la multiplicación de los panes y los peces. De su gestión se deriva la mejora de los activos materiales de las organizaciones públicas y de la sociedad. Pero la nueva clase dirigente no regenera las organizaciones públicas, que crecen en sus recursos y plantillas bajo una inmensa red de directores, que adoptan las máscaras de la gestión empresarial, pero que carecen de la capacidad de impulsar una mejora de los procesos y los resultados. Así se conforma una inmensa pirámide de cargos públicos y semipúblicos, en cuya cima se ubica la dirección del estado y del partido. El espíritu que la alimenta procede de una fusión del nuevo tiempo con las esencias inmanentes de la España atrasada y autoritaria tradicional. De ahí resulta la extraña realidad del crecimiento español.

En 1996 termina el tiempo prodigioso del ejercicio del poder del partido en un escenario dominado por la crisis, la ineficacia y la corrupción. El pepé resulta heredero del estado resultante de la expansión. La pérdida del poder gubernamental afecta a múltiples cuadros del magma organizacional público que se dispersan en varias direcciones. Los refugios autonómicos, las puertas giratorias de las empresas, la banca pública y otras instituciones acogen a los desheredados devenidos en sobrevivientes, que se diseminan en múltiples direcciones para asegurar su propia perdurabilidad en las altas esferas.

Debilitada la base que proporcionaba la pirámide de cuadros, directores y gerentes, el partido atraviesa una crisis profunda. El grupo dirigente se inserta en las instituciones globales, las corporaciones globales, las entidades financieras y otros destinos de élite, conformando una insólita versión del partido socialista del dinero. Aún a pesar de su distanciamiento de la organización, este conglomerado de enriquecidos sigue representando una referencia fundamental en las siguientes edades. En las crisis sucesivas comparecen movilizando la memoria de su tiempo frente a los desamparados militantes.

En el vacío derivado de la derrota del 96 la organización se reconstituye en ausencia de sus élites del tiempo de oro.  El reajuste interno determina dos factores esenciales para comprender el proceso posterior. Una es la fragmentación en reinos de taifas autonómicos. Así se conforma la preponderancia de los barones regionales. En aquellas autonomías en las  que detentan el poder mantienen sus pirámides e intercambios clientelares  con sectores sociales. En aquellas que son oposición, se acelera la decadencia. En los casos de Madrid, Cataluña, Valencia  o el País Vasco, se hace patente el declive fatal. El partido limita su control a los territorios regados por el Tajo, el Guadiana y el Guadalquivir.

El segundo factor resulta de la fuga masiva de los cuadros de la edad de oro, que propicia el ascenso interno de otra generación, que se hace gradualmente con el control del partido. Esta procede del mundo interno de la organización. Su capital radica en la gestión simbólica interna del devenir histórico del partido. Los sucesivos giros partidarios son metabolizados internamente por los militantes en procesos cotidianos administrados por los cuadros internos, que entonces tienen abierto el camino a la cúspide partidaria. Por esta razón el primer post que escribí sobre el pesoe, en septiembre de 2013, se titulaba “los espíritus de la sede”. Esta generación carece de conexión con un acontecimiento que le proporcione carisma o energía. Sus competencias son menguadas en relación con sus antecesores.

El congreso en el que sale Zapatero como secretario general pone de manifiesto el comienzo de la segunda edad. La gran crisis del 2004 propicia la llegada del partido al gobierno, protagonizada por una nueva generación. Los años de gobierno hasta el 2012, en los que el poder estatal tiene como contrapeso el dominio de las grandes ciudades y las autonomías por parte del pepé, son manifiestamente engañosos.  La nueva generación, tutelada por Rubalcaba y otros relevantes sobrevivientes de la edad de oro, manifiesta sus carencias sin pudor. Se Impulsa un conjunto de cambios en los derechos civiles, se beneficia de la gran expansión de la burbuja inmobiliaria y se alivia de los excesos y desvaríos de la etapa popular.

Pero la dirección del gobierno y el estado se inscriben en lo patético. Recuerdo a Zapatero anunciando una nueva ayuda monetaria en un debate del estado de la nación o presumiendo de modo aldeano de una economía próspera que ubicaba en la champions. En tanto que se deterioraba la economía, fundada en bases frágiles, exhibían un discurso triunfalista y cateto acerca de la alta velocidad. Recuerdo a Leire Pajín afirmar que dos líderes providenciales habían sido elegidos simultáneamente: Zapatero y Obama. Las deficiencias de los líderes de esta segunda edad son patentes. Pero lo más relevante es la ausencia de una idea de futuro. El proyecto se agota en la gestión del hoy. Se sobreentiende que gobernar es retornar a la edad de oro. Así se comete un error fatal, en tanto que el entorno evoluciona en una dirección inexorable que deteriora el proyecto convencional de la socialdemocracia.

La súbita llegada de la crisis y el colapso de la economía, acelera el final de la segunda edad. La gestión de los dígitos y el ocultamiento de la situación  real ilustran una gestión política catastrófica. La modificación de la constitución con el pepé significa un acto histórico de ruptura con su propia base social. Privado de recursos de inteligencia colectiva, dotado de un relato que justifica su declive, fragmentado territorialmente y generacionalmente, y gobernado por los nuevos líderes procedentes de los aparatos del partido, el pesoe transita hacia la tercera edad. El distanciamiento con los sectores sociales que representó, convertidos ahora en poblaciones desplazadas de la producción, adquiere proporciones muy considerables.

La brecha con su base electoral convencional es imperceptible para un grupo carente de recursos para ubicarse en el presente, subordinado a los dictados de las instituciones europeas, y cuya inteligencia se agota en los análisis demoscópicos. . Así, no leen el 15 M como  un acontecimiento que abre las fronteras de su territorio electoral convencional, por la que se filtran los nuevos bárbaros procedentes de otros mundos invisibles para los sobrevivientes congregados en las sedes y relegados en las instituciones. Un nuevo tiempo se instaura inevitablemente.

Este tiempo representa la tercera edad del pesoe.Su consecuencia más importante es el declive de la inteligencia colectiva de la organización y de su capacidad de conocer. Se trata de una inequívoca decadencia cognitiva resultante de un proceso de involución en la relación con la sociedad.. El partido se ha extraviado del presente y se muestra incapaz de reconocer las realidades en las que vive. Ajenos a ellas, navega carente de rumbo. La nueva generación de líderes internos repite sus tópicos y nomenclaturas y se encomienda a la posibilidad de golpes de azar que proporcionen una pausa en el proceso de descomposición. Las imágenes de la crisis partidaria componen un cuadro de delirio colectivo, en la que los congregados en las sedes aclaman a los fantasmas del pasado que comparecen en la versión del partido del dinero.

Pero lo más relevante es el predominio del instinto de su supervivencia. La idea que convoca en esta tercera edad es el pasado. Todos los discursos apelan a los logros en etapas anteriores. La movilización de los veteranos en esta campaña electoral lo ilustra. Me duele contemplar al viejo Borrell, uno de los principales activos de la generación de oro, comparecer asociado a una de las grandes empresas. En estas condiciones, el objetivo real es sobrevivir y conjurar los peligros de la invasión de su espacio. Las respuestas emocionales ante la deserción continuada de relevantes miembros de la pirámide que sustentó su poder, reconvertidos a las filas de los asaltantes, alcanza una emocionalidad negativa que solo puede compararse con el mundo del fútbol.

La tercera edad se produce en un escenario endiablado, en tanto que tiene que optar como subalterno entre las dos opciones dominantes. Pero lo peor es la incapacidad de aceptar la nueva situación histórica, en la que tiene que compartir su base electoral con los recién llegados. Su máxima aspiración es ser el segundo, pero en una situación insólita de eunucos del gobierno. El factor más negativo es la inevitable  descomposición interna y las contiendas cainitas que se avecinan, en las que siempre ganan los malos. La evolución del pobre Pedro es elocuente.

Voy a concluir proporcionando una pista a los atribulados dirigentes. Las retóricas de los líderes arribados desde el interior de las sedes-cueva, implican una gran distorsión acerca de los receptores de sus discursos. Los viejos dirigentes hablaban para públicos amplios y heterogéneos. Pero Susana, Luena, Oscar y compañía  producen entonaciones similares a los de las sectas religiosas que se dirigen a desamparados públicos homogéneos, o también a programas televisivos encuadrados en el corazón. Cuando los oigo hablar me pregunto acerca de quiénes creen que somos. Muchas personas no queremos ser salvados por héroes ni santos. Volveré a esta espinosa cuestión.