Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

YEMEN


En Yemen tiene lugar una guerra sucia e invisible que retrata certeramente a las sociedades desarrolladas. Los medios de comunicación omiten totalmente la información y la potencia regional agresora, Arabia Saudí, tiene licencia para ejercer una violencia desmesurada contra una población civil en una completa impunidad. Este conflicto no reúne los requisitos para ser seleccionado en los informativos de radio y televisión, en tanto que los dramas que produce tienen como responsable a un país rico, y sus víctimas son una población progre.

Estas tragedias, son tratadas en las sociedades occidentales mediante algún reportaje audiovisual en un programa de éxito, que conmueve a la piadosa audiencia diseminada en sus hogares-fortaleza durante un día. Todo se disipa en espera del siguiente programa que abordará otro contenido espectacularizado de un tema exterior al de la rigurosa selección de la agenda mediática especificada en los informativos.
Tras la comparecencia fugaz de las poblaciones desplazadas en la guerra de Siria, de la guerra de Irak en contra del estado islámico, y las de los países africanos en guerras de distinta intensidad, ahora comparece Yemen que convoca a algún reportero de guardia para presentar el estado del conflicto y los resultados de la actividad de las cámaras. Entretanto, un episodio nuevo del eterno retorno de la barbarie sobre el sufrido territorio de la franja de Gaza.

La abundancia material de las sociedades europeas se contrapone con sus miserias intelectuales y éticas. Porque los media sí celebran la eliminación eventual de ISIS en Siria e Irak, la toma de Mosul, incluyéndolos en sus informativos. Pero una vez alcanzados los objetivos militares nadie se interroga acerca de los desplazados. El desinterés supremo por el devenir del mundo que rodea a Europa alcanza niveles patéticos. Porque la desestabilización total de África y Oriente Medio convierte el Mediterráneo en un espacio de amenaza para las poblaciones dotadas de un alto PIB y un sistema de valores más que cuestionable.

Pero el aspecto más dramático remite a la licencia que se le otorga a Arabia Saudí en tanto que país opulento y comprador. En ninguna tertulia es censurada ni criticada. Así como Irán detenta un estatuto informativo de país diabólico, los saudíes quedan liberados de cualquier reproche. Parece increíble constatar el inmenso poder de definición que tienen los medios, que funcionan como extensiones de las corporaciones globales y las instituciones políticas subyugadas. El valor económico libera de cualquier crítica a quienes lo detentan. Me parece una situación insólita, en tanto que pone de manifiesto la inexistencia de una izquierda, así como de una conciencia crítica, al estilo de las que existieron en el pasado siglo los creadores, intelectuales y otros agentes. Las industrias culturales los han devorado.

El Mediterráneo adquiere así una condición muy diferente de la que ha detentado siempre. Los contingentes de turistas que se bañan en él contrastan con los huidos que se ahogan en el mismo. Paraíso e infierno se asientan contiguamente en este misterioso espacio. Me permito preguntar a quienes lean este texto acerca del futuro que se puede esperar en una situación así. Las poblaciones concentradas en campos de refugiados, las diseminadas por Europa, las que se encuentran en trance de iniciar un viaje que resulta fatal para la mayoría de los que lo intentan.

Pero el problema es que estas preguntas no están presentes en los medios, la política o la educación. Los europeos estamos afectados de cegueras múltiples. El precio de mantener esta invidencia va a ser muy alto. Se vive bajo una gran alucinación. Los primeros efectos perversos se muestran inequívocamente en términos políticos.
Este es un comunicado de Médicos Sin Fronteras, los únicos presentes en estos mundos en los que el progreso se manifiesta principalmente en la gran capacidad de las armas que utilizan los poderosos regionales. Arabia

____________________________________________________________

Desde el jueves pasado, nuestros equipos en la ciudad yemení de Hodeidah son testigos del aumento de los combates terrestres y de los bombardeos aéreos y navales. Las líneas de frente se acercan a zonas civiles e instalaciones sanitarias como el hospital Al Salakhana, donde trabajamos desde principios de octubre. 

Allí, un equipo de 118 trabajadores yemeníes e internacionales proporcionan atención de urgencia a civiles, incluidos heridos de guerra. Con el recrudecimiento de los combates, estamos notando un aumento en la afluencia de heridos de guerra a nuestras instalaciones sanitarias en las gobernaciones de Hudaida, Hajja, Saada y Taiz. En poco más de un mes, más de 300 pacientes han sido ingresados ​​de urgencia. 

El pasado fin de semana se reportaron desplazamientos de civiles abandonando Hodeidah y hay informes que mencionan residentes atrapados dentro de la ciudad a causa de los combates. Por todo ello, aumentan los temores a una ciudad sitiada.
A medida que se intensifican los combates, nos preocupan cada vez más los pacientes, el personal del hospital Al Salakhana y los miles de residentes que siguen en Hodeidah. El pasado lunes 5 de noviembre, varios combates terrestres tuvieron lugar cerca de este hospital y de la vivienda de nuestro personal. Nuestros equipos permanecieron en el interior de las instalaciones por su propia seguridad. No podemos dejar de insistir: ¡las partes en el conflicto deben garantizar la protección de civiles y centros médicos! 

Las urgentes necesidades en todo Yemen nos han llevado a ampliar de forma masiva nuestras operaciones médico-humanitarias. En 2017, trabajamos en 13 hospitales y centros de salud y apoyamos a otros 20 centros. 

Permanecer en Yemen es tremendamente peligroso: nuestras instalaciones médicas son a menudo objetivo de ataques aéreos y nuestro personal sufre amenazas de violencia. Lamentablemente, hemos perdido compañeros en el camino. 
________________________________________________________________

domingo, 11 de noviembre de 2018

LOS HABITANTES DEL AULA

Yo soy el único espectador de esta calle;
Si dejara de verla se moriría.
Jorge Luis Borges

Bajo este título voy a activar mis recuerdos de las personas que han estado presentes en las clases que he impartido durante tantos años en la facultad de Sociología de Granada. La clase es una instancia social extraña, en tanto que sus códigos remiten a un pasado en el que la relación entre los estudios y el entorno social se definía por sus coherencias. Pero la venerable institución de la docencia se desestabiliza aceleradamente por efecto del conjunto de cambios que se producen desde los años sesenta del pasado siglo. En los largos años que he ejercido como profesor la institución ha declinado inexorablemente. Su desfallecimiento ha sido acumulativo, alcanzando su cénit tras los primeros años de la reforma de Bolonia.

El resultado de la crisis ineluctable de la docencia determina que el aula se configure como un espacio social inhóspito, en el que la colisión de todas las ondas de cambio social desencadena una sucesión de sinsentidos. En este medio extraño parece inevitable que sus pobladores desarrollen estrategias de supervivencia. Esta es la única forma de vivir el colapso general de la institución. De este modo, los actores que habitan en el aula inventan un conjunto de prácticas que tienen como objetivo aliviar la situación de extrañamiento general. La principal táctica, en la que convergen profesores y alumnos, es la huida, que se convierte en una forma de arte que denota la creatividad de las personas en todas las situaciones, pero aún más en aquellas presididas por el absurdo.

Tras las reformas universitarias de última generación, los antaño maestros y discípulos son desalojados del aula convencional para ser reubicados en un espacio controlado rigurosamente por la nueva tecnoburocacia providencial, que adquiere en este tiempo el modo de agencia. En nombre de una reforma que promete recuperar la conexión entre la educación extraviada y el mercado de trabajo, los contingentes de tecnócratas que habitan las agencias programan las actividades minuciosamente articuladas en el horizonte mitológico de las competencias.

En el nombre de tan aparentemente pragmática referencia se procede al desmontaje de los viejos saberes, así como de los arcaicos métodos docentes erosionados severamente por la masificación de las aulas. Las agencias instituyen un nuevo orden académico fundado en el despiece de los saberes y la introducción de lo que se denomina como “prácticas”. En todas las áreas de ciencias humanas y sociales el resultado es catastrófico. Implementar reformas manteniendo los grupos numerosos y la fragmentación en múltiples asignaturas, desborda la capacidad del sistema y la docencia se asienta sobre un error de cálculo monumental. De esta reforma resulta un desorden destructivo derivado de la disolución de las referencias teóricas y el vaciamiento de las prácticas, que en esas condiciones devienen en actividades simuladas.

Así se constituye la era de la gran trivialización, que reconcilia la nueva institución con la incuestionable hegemonía de los medios audiovisuales. Las pantallas múltiples terminan por presentarse en el aula, instaurando el imperio ocular del ppt.  El vaciado de las clases propicia su reconversión en una instancia psi de expansión del ego. La única energía que recibe la nueva aula se ubica en las presentaciones públicas de microtrabajos, que estimulan las necesidades de expresión de los egos allí concentrados, así como de la competencia con los demás, que es asumida subjetivamente por las nuevas generaciones de estudiantes socializados en el proyecto de la nueva empresa postfordista. Todos experimentan gozosamente su minuto de gloria en la presentación de un trabajo, en el que emulan a los nuevos héroes: los presentadores de la televisión, dotados de la capacidad de sintetizar visualmente los acontecimientos arrancados de los contextos en que se producen.

El aula es una situación social irreal, en la que sus habitantes construyen un pacto mediante el cual la desactivan. Carmen, mi compañera en todos estos años de aula, se reía cuando la denominaba como un refugio antiaéreo, en el que se concentran las gentes para protegerse del exterior, en espera de salir y volver a la vida. Una vez que la clase es neutralizada por el compromiso tácito de sus inquilinos, el pasotismo ilustrado alcanza proporciones extraordinarias. Asimismo, reverdece el ritualismo académico que deviene en un factor destructivo de gran capacidad. Todos piden que se especifiquen rigurosamente los detalles de rigen las actividades desustanciadas, para ajustar sus comportamientos haciéndolos mecánicos. Así se excluye cualquier situación espontánea. Todo termina siendo como las misas de mi infancia, rigurosamente programadas en torno a sus rituales y liturgias. La clase se configura como lo inverso a una experiencia.

En el caso de las ciencias humanas y sociales, esta situación se agrava considerablemente, en tanto que el entorno sociohistórico presente desborda la mayor parte de las conceptualizaciones. La afirmación canónica de Luhmann, que define la época como “expansión de la contingencia”, parece cumplirse estrictamente. Los acontecimientos se liberan de los esquemas perceptivos derivados de las teorizaciones y el mundo parece definido por una crisis de inteligibilidad. En un contexto así, las ciencias sociales se repliegan a las certezas de la teoría, tomando distancia con las realidades emancipadas de las etiquetas, que irrumpen estrepitosamente en la superficie.

En esta situación me he desempeñado largos años como profesor. Paradójicamente, el aula era el último territorio en donde podía ejercer mi disidencia con respecto a la academia. Mi situación personal, en la que convergen la marginación y la automarginación, configuran el aula como el último límite. Por esta razón siempre he ejercido resueltamente mi papel. Mi presencia no se restringía a los rituales académicos y presentaba un discurso de autor. Tenía el privilegio de poder escenificar mi distanciamiento respecto a la teoría vaciada y descomprometida, así como presentar lo que Wallraff denomina como “expediciones al interior” de la sociedad, que representa el nivel donde se incuban los acontecimientos. Era inevitable que la certeza se encontrase en cuarentena frente a la duda, la paradoja y la ironía.

Esta forma de oficiar la docencia en el contexto académico-litúrgico ha generado tensiones, en tanto que representaba un modo de ejercicioque colisionaba con el conservadurismo característico de las diversas generaciones que han desfilado por el aula. La fe encomiable en la institución, en el mercado de trabajo y la sociedad de los estudiantes, propiciaba la activación de las defensas frente a los cuestionamientos de las etiquetas aceptadas. El discurso de la sociología se puede definir como un elogio piadoso a la modernidad, una comprensión de la modernización como la última epopeya, así como la consideración de que el sistema-mundo termina en los países prósperos. En estas condiciones, mis intervenciones eran percibidas como corrosivas por la gran mayoría, así como las formas que se ubicaban más allá de los rituales.

Muchos estudiantes se sentían incómodos. Así se creaban las condiciones que favorecían la huida. Siempre he repetido desde el primer día a la perversión de los culos. Los pobladores de esta misteriosa instancia asientan sus posaderas y aguantan estoicamente la clase en espera de reciprocidad en la evaluación. La ruptura de esta pauta adquirió formas dramáticas en muchos casos. Mi estrategia estaba dirigida a las cabezas. En todas las sesiones enviaba ideas fuertes con el propósito de producir un choque con los esquemas referenciales angelicales de la mayoría. La preponderancia de las cabezas sobre los culos suscitó conflictos que en muchas ocasiones no podían ser gestionados por la intermitencia temporal de la clase.

En el desierto afectivo y comunicacional del aula, algunos estudiantes se han sentido estimulados por mis clases. La desafección de la mayoría propiciaba unas relaciones de cierta intensidad con aquellos que se sentían interpelados en las sesiones. La dualización ha presidido inexorablemente el seguimiento de las mismas. Así se han configurado filias y fobias caracterizadas por la apoteosis de lo extraño. Porque muchos de los seguidores de estas, que en muchas ocasiones tenían posicionamientos críticos con respecto a las sociedades del presente, tenían diferencias de gran envergadura con respecto a mis posiciones. Así se generaba un extraño y fascinante juego de descubrimientos, redescubrimientos, identificaciones y decepciones. Las mentes de no pocos de los críticos estaban esculpidas en el monolitismo, así como por un aldeanismo defensivo se erigía como una barrera perceptiva y cognitiva de gran envergadura.

En el descenso al subsuelo de las sociedades, desvelaba realidades que tenían un impacto negativo en muchos de los estudiantes críticos. Un analista tan admirado por mí como el Roto, dice en una viñeta que No te mezcles con la verdad, que siempre anda metida en líos. Ciertamente, en la universidad, los contenidos que afectan a instituciones centrales son tratados evitando el análisis en profundidad, al estilo de los medios de comunicación. Cualquiera que traspase la frontera de las definiciones oficiales era castigado severamente mediante el mecanismo universal de la no respuesta, que siempre es el principio del aislamiento.

Pero el aspecto más problemático estriba en la cuestión del futuro. Los estudiantes estaban socializados en la anestesia dura en la valoración del presente y las virtudes del progreso inexorable. Sus expectativas se inscribían en la irrealidad que acompaña a la mística de la modernización. En esta situación mi perspectiva tenía los efectos de un bombardeo en el mismo refugio antiaéreo del aula. La afirmación de El Roto en una de sus viñetas ¡pero cómo vamos a mirar hacia adelante, si no hay quién sepa dónde está eso¡ es todo un manifiesto sobre las ciencias sociales y su enseñanza en la universidad de estos años. El repliegue al pasado parecía inevitable.

En este contexto tiene lugar la comparecencia de estudiantes que habitan esta aula mediante una extraña relación conmigo, que adopta distintas formas y siempre tiene lugar conservando las distancias. En el páramo intelectual, afectivo y anestesiado de la clase nacen unas relaciones difíciles de definir. Es por esta razón por la que entiendo que estos estudiantes han habitado el aula rompiendo con la presencia espectral de la mayoría, que se encuentra en estado de cuerpo presente. Siempre me he sentido estimulado por su presencia y sus respuestas. En muchos casos su recuerdo me suscita emociones que estimulan a mi memoria. Hablar de ellos es una forma de contar la historia de ese mundo hermético.

En muchos de los casos he perdido la pista a estos héroes de mis rememoraciones. Espero que mi memoria no amplifique las inevitables distorsiones. También soy consciente de que se ha producido la versión académica de la inevitable muerte del padre. Cada cual vive su mundo y nos hemos encontrado en una encrucijada de caminos, como es la universidad. Por mi parte sigo conservando la misma consideración y afecto para todos ellos. El paso del tiempo no la ha erosionado. El principal problema es seleccionar a los habitantes del aula que van a aparecer aquí. Solo son una pequeña parte de los mismos.

En cualquier caso quiero afirmar que mi posicionamiento se encuentra muy influido por mi locus. Treinta años viendo transitar a muchas personas inteligentes que, en muchos casos, no alcanzan posiciones equivalentes a sus capacidades, genera una herida crónica. La miseria de las organizaciones públicas y privadas característica de España, capaces de eludir con éxito la manida modernización, y de conservar por ende sus rasgos más caciquiles, se hace patente. Un profesor cercano a mí decía que los departamentos universitarios se asemejan a los feudos agrarios, fundados en la propiedad de las tierras. Se encuentran regidos por autoridades modeladas por un imaginario agrario, que prioriza la propiedad territorial y define las relaciones en torno a esta cuestión.

En estos contextos se inscriben los héroes de mi memoria. No puedo evitar la presencia en mi interior de un dolor cronificado, en tanto que testigo de una dilapidación de la inteligencia de proporciones macroscópicas. Las instituciones españolas son depredadoras de las cualidades de las personas que se incorporan a ellas. Así se constituye el eterno retorno del atraso español. La verdad es que el sistema no necesita de mucha inteligencia aplicada a lo político y lo social. De este modo el aula es un espacio de tratamiento de sujetos superfluos y en tránsito. En esta extraña situación fronteriza me he encontrado con estas fantásticas personas. Entre las filas y las columnas de los allí concentrados han tenido lugar unas relaciones intensas, pero difíciles de definir.



miércoles, 31 de octubre de 2018

EL EXTRAVÍO DE LA INFORMACIÓN SANITARIA




 
La información sobre la atención a la salud producida por los medios de comunicación se encuentra en un estado de extravío crónico y acumulativo. La lógica del espectáculo en la que se fundamenta favorece la centralidad de la presentación de casos en los que la terapéutica realiza prodigios mediante la utilización de la tecnología. El envés de estas comunicaciones triunfales radica en la ausencia de tratamiento de los problemas de salud de la población y de las alternativas consideradas como más eficaces y viables. La conjunción de los intereses de las televisiones, cuya centralidad en los ecosistemas informativos es manifiesta, y de las especialidades médicas que pueden presentar algunas de sus actuaciones en formato de espectáculo visual, tiene como resultado un descentramiento de gran envergadura, tanto del estado de la salud como de las actuaciones del sistema sanitario.

Cuando comencé a colaborar en este misterioso sector en 1983, los trasplantes de corazón habían  situado a la cirugía cardiovascular en el olimpo de las especialidades médicas. Este estrellato se acompañaba de un optimismo que alcanzaba las proporciones de delirio. Los pacientes trasplantados eran presentados como héroes cuasi-inmortales en un universo comunicativo que anunciaba implícitamente el inminente final de los efectos letales de las enfermedades cardiovasculares. Pero, en realidad,  estos pacientes agraciados representaban la gloria de los cirujanos, que eran exhibidos por los medios como portadores de competencias milagrosas y emblemas de un progreso sin limitaciones.

El éxito de los trasplantes de corazón anunciaba la era de los trasplantes, generando un imaginario colectivo en el que la generalización de estos resolvería los efectos letales de las enfermedades graves. El cuerpo parecía ser un conjunto de órganos susceptibles de ser reemplazados, tal y como ocurre con los automóviles y otras máquinas. Entre todas las ensoñaciones mediatizadas de esta época recuerdo la afirmación de un prestigioso cirujano  de que era posible seguir fumando, en tanto que la implantación de un nuevo pulmón constituiría una garantía para el aparato respiratorio del fumador. Así, este órgano adquiriría una condición de objeto similar a un embrague, que tiene que ser repuesto cada cierto tiempo. El prodigio de los trasplantes terminaría con las restricciones en los estilos de vida no saludables.

En este tiempo tuve el privilegio de acceder a distintos profesionales críticos con este enfoque, así como a diversos autores que se mantenían inmunes a los delirios tecnológicos derivados de estos avances, manteniendo la reflexividad necesaria para definir con rigor el cuadro general de la situación de salud. En tanto que los trasplantes eran interpretados en términos mitológicos, aparecía el sida; las enfermedades cardiovasculares alcanzaban un nivel calificado como epidemia; se multiplicaban los enfermos crónicos; los accidentes se estabilizaban al alza; se ampliaban las distintas dolencias incrementándose la población atendida, y la reestructuración neoliberal incipiente mostraba sus efectos negativos sobre las condiciones de vida de amplias capas de la población. La salud mental decreciente era el indicador más elocuente de la convergencia de malestares.

No parece pertinente discutir los beneficios de los trasplantes desde la perspectiva de los intereses de los pacientes beneficiarios de los mismos. Pero sí se puede afirmar que estos son inviables como alternativa en un contexto en el que se incrementa el número de aspirantes; que la proporción de los recursos que consumen es desproporcionada desde la perspectiva global de los problemas de salud y sus necesidades de atención. Parece obvio resaltar que desde el prisma de la salud general, estos desempeñan un papel subordinado a otras prioridades en la atención a la salud, en tanto que se pueden constatar sus límites. 

Pero el aspecto más importante radica en el sustrato antropológico en que se sustentan. El cuerpo es entendido como el contexto de un conjunto de órganos y subsistemas que se entienden como piezas susceptibles de reposición. Durante muchos años, en las clases que he impartido a profesionales de la salud, he parodiado este supuesto implícito en la asistencia. Describía satíricamente un escenario en el que la piel era sustituida por un material compósito de última generación que permitía abrirlo y cerrarlo con sencillez, permitiendo así limpiar y reparar los distintos órganos-pieza, sujetos por una rosca que garantizaba el principio de “abre fácil”. Así, después de una noche de alcohol y nicotina sería factible abrir y reponer las distintas piezas afectadas. En el caso de los varones sería posible consultar acerca de los tamaños del pene según la preferencia de la compañera. El factor más importante de estas ensoñaciónes radica en la existencia de un almacén reponedor de los distintos órganos.

No. La trivialidad de este concepto de cuerpo y salud, que remite a la utopía del final de la enfermedad representa una trivialidad monumental propia de la época. Por el contrario, se evidencia y refuerza la idea de que la enfermedad tiene una naturaleza histórica, de modo que evoluciona según los contextos sociales en los que se produce. Pero lo más preocupante es que el fundamento de estas ensoñaciones remite a causas más inquietantes. Se trata de que las poderosas industrias maximizadas por las transformaciones tecnológicas terminan por producir no solo sus productos y servicios, sino las significaciones imaginarias asociadas a los mismos. Su preponderancia sobre la vieja institución de la medicina es absoluta. Solo quedan algunos núcleos de resistencia frente al huracán hiperoptimistas de los reponedores de órganos.

Esta transformación que privilegia la trivialización de las enfermedades frente a los pronósticos desmesurados del papel de las tecnologías remite a una cuestión social global que es fundamental comprender. El desarrollo integral y equilibrado de una sociedad requiere la conjunción de tres factores esenciales: Tecnología, cohesión social y proyecto. En ausencia de alguno de los estos los resultados son manifiestamente negativos. El problema de la revolución científico-tecnológica en curso es que tiene lugar en un escenario en el que la cohesión social es decreciente y el proyecto es incuestionablemente deficitario. Las declaraciones de las autoridades en todos los niveles son elocuentes. El monopolio de las referencias al crecimiento, entendido en términos de la producción de cosas que se puedan comprar adquiriendo un valor económico, desvela el vacío de este proyecto unidimensional. 

La consecuencia fatal de la ausencia de proyecto es la subordinación de las diferentes esferas sociales a los intereses de las grandes corporaciones y sus parejas, los grupos mediáticos globales. Esas imponen sus definiciones en todos los ámbitos, contribuyendo a un cambio letal que se expresa en un extrañamiento generalizado y creciente. El proyecto global transfiere sus cegueras a todos los ámbitos. En el sistema sanitario se evidencia la colonización del sistema global. De esta situación resulta lo que un analista tan agudo como El Roto, denomina en una viñeta “Sentido Sin Sentido”. 

El descentramiento de la asistencia sanitaria se refuerza por la acción de los grupos mediáticos que desde sus coordenadas seleccionan los acontecimientos-símbolo. Ayer fue presentado en un tono de euforia la reconstrucción del rostro y la mano de un ciudadano keniano, seleccionado por la Cruz Roja para ser operado en el hospital de Manises. La retórica triunfal se hace patente glorificando los avances de la cirujía reconstructiva de traumatismos y el reimplante de las amputaciones traumáticas. La operación se produce por concertación entre la Cruz Roja, el hospital y la fundación Cavadas, que lleva el apellido del ilustre cirujano, como es común en este tiempo de emergencia del nuevo estado de postbienestar.

Me pregunto si esta tecnología puede generalizarse para aportar soluciones a la gran cantidad de personas afectadas por problemas análogos. Pero lo peor radica en que este hecho tiene lugar en un contexto de restricciones generalizadas, en las que el acceso a una consulta de un especialista se demora hasta un tiempo que en muchos casos cuestiona la eficacia de su intervención. Por no apuntar a la gran recesión de una atención primaria descapitalizada y relegada, en tanto que sus logros presentan dificultades para ser traducidos al espectáculo mediático.

Pero en este caso, el descentramiento y el extravío alcanzan proporciones macroscópicas, en tanto que la persona beneficiaria de la intervención es africana. El estado de salud de las poblaciones africanas se encuentra en una situación en la que lo catastrófico se cronifica. África representa en el presente el colapso del proyecto que rige las sociedades europeas. La situación presente pone en primer plano la dimensión planetaria de los problemas y las soluciones. Es inviable mantener aislada a una población con buen nivel de salud sin blindarse frente a las poblaciones periféricas con mortalidades infantiles desbocadas y esperanzas de vida en mínimos.

La debilidad del proyecto que rige la Europa actual comienza a emitir sus facturas en términos de posicionamientos perversos y acontecimientos políticos críticos. Siempre ha sido un dilema determinar si las autoridades carentes de proyectos sólidos eran tontos o más bien malos. En este caso, con el Mediterráneo convertido en un cementerio de ahogados, la convergencia entre ambas condiciones se hace patente. ¡qué horror¡ Así es como el progreso tecnológico termina por contribuir a un desvarío inimaginable. La información sanitaria se constituye en su emblema. Lo dicho, si la tecnología no se acompaña de un proyecto sólido y de una cohesión social, el infortunio se encuentra garantizado.