Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

domingo, 7 de agosto de 2022

EL SIAP DE LISBOA Y LA IMAGINACIÓN MÉDICA

 

El verdadero signo de inteligencia no es el conocimiento sino la imaginación

Albert Einstein

 

Hace unos días ha concluido el SIAP celebrado en Lisboa que ha versado sobre la salud mental. Estos seminarios siempre abordan distintas cuestiones referidas a la atención médica desde perspectivas originales y alejadas de la doxa médica imperante. Pero el de Lisboa ha sido particularmente fecundo, en tanto que las distintas aportaciones convergen en un campo definido por su radical opacidad: lo que se entiende hoy como “salud mental”. El documento de síntesis final, suscita una verdadera mutación conceptual con respecto a los supuestos dominantes en las prácticas médicas en este campo asistencial, abriendo posibles caminos a la renovación de la intervención profesional. Por esta razón he decidido publicarlo aquí, después de mi comentario personal. Este es el link al mirador de Juan Gérvas que presenta el texto de la síntesis del seminario.

https://www.actasanitaria.com/opinion/el-mirador/arte-ciencia-compasion-compromiso-filosofia-practica-clinica-solidaridad-en-salud-mental_2003342_102.html

Los SiAP son foros profesionales extremadamente productivos, en tanto que producen enunciaciones acerca de la intervención médica que se contraponen con las ideas dominantes en la profesión. En el tiempo presente, la fusión entre distintas élites médicas, ubicadas en distintas especialidades, con la formidable industria biomédica, tiene como consecuencia la creación de un conocimiento médico que se extiende por el conjunto de la profesión, al tiempo que se renueva. Esta comunión entre las élites médicas y la industria, representa la absorción de la profesión médica por parte del imponente y colosal mercado imperante. La consecuencia de esa hibridación es que el nuevo conocimiento médico se impregna de los supuestos que rigen en el mercado total, manteniendo las marcas derivadas del mismo. La institución central gestión tiene la función de acomodar el nuevo conocimiento en las organizaciones asistenciales.

El valor de los SIAP radica, precisamente, en que el conocimiento producido por estos se proyecta a la modificación, tanto de las prácticas asistenciales, como a las mismas organizaciones. De ahí que adquiera el rango de imaginación médica, más allá de su misma finalidad inmediata. Así, las imaginaciones médicas diferentes a las oficiales investidas por el mercado, fertilizan la profesión y el campo asistencial, produciendo sentidos nuevos diferenciados de las versiones comerciales. Esta es la razón por la que califico el disentimiento prolongado de Gérvas como una fertilización que abre caminos y reformula el campo de lo que es posible, invitando a repensar el mismo oficio de médico. 

Los SIAP significan, pues, una disputa de sentido en el interior de la profesión, en la que, frente a la omnímoda producción de novedades del binomio industria/élites profesionales, proponen conceptos y prácticas fundados en un imaginario profesional inverso. Aún a pesar de que la relación entre los conocimientos producidos por los sucesivos SIAP y los derivados del sistema médico-industrial se pueden representar , a día de hoy, en la proporción David-Goliath, las innovaciones procedentes de los mismos abren pequeñas vías en el conjunto del campo profesional.

El caso del seminario de Lisboa es especial, en tanto que trata de la nebulosa salud mental, que más allá de su significación como campo de asistencia sanitaria, representa uno de los problemas centrales de este tiempo. El documento final, que presenta el inventario de conceptos que subvierte la atención vigente, representa una innovación muy importante, sin embargo, se echa de menos una mirada a este campo desde la globalidad, en tanto que el conjunto de los problemas identificados y tratados provienen de los modelos sociales imperantes, y estos son tratados por los dispositivos de intervención que protagonizan las distintas psicologías presentes.

La novísima sociedad neoliberal avanzada representa una significativa ruptura con las ya viejas sociedades industriales keynesianas. La transformación más importante radica precisamente en la convergencia de dos factores esenciales: la nueva individuación, por la que cada sujeto debilita sus vínculos con las instancias sociales convencionales para reconfigurarse como un solitario hacedor de méritos para ser clasificado en la escala de sujetos aptos para el mercado, y, la creación de espacios sociales en donde ubicar a los perdedores de las distintas trepas que tienen lugar en los procesos sociales. Así, las psicologías dominantes (en plural) desempeñan una función esencial para el conjunto del sistema y sus reglas de competencia de todos contra todos.

La racionalidad del gobierno en tan avanzadas sociedades, se especifica en la medición centesimal de las diferencias entre las personas, que son obligadas a cumplir con el requisito de que el éxito es imponderable en la trepa laboral, en la educación, en el amor, en el consumo y en la totalidad de la vida privada. Este precepto omnímodo y arraigado genera enormes presiones a las personas, que terminan por generar tensiones inmanejables que producen distintos malestares generalizados, sobre todo en los menos aptos para cumplir con el imperativo de ganar sobre los demás, que es preciso renovar en la siguiente prueba.

Un filósofo alemán cuyo nombre no recuerdo ahora, afirmaba que los viejos países del socialismo real no registraron grandes tensiones, a pesar de los límites tan estrictos que ponían al desarrollo de la vida misma. Además de los mecanismos estatales coercitivos, destacaba un factor fundamental, este es que no ejercía ninguna presión específica sobre las personas, no se les pedía nada extraordinario, sólo la obediencia pasiva y el silencio. Por el contrario, en el orden social del neoliberalismo avanzado, cada cual tiene que asumir la gestión de sí mismo como emprendedor con éxito en el conjunto de la vida. Cada cual debe acumular sus méritos y exhibirlos en su historia escolar, laboral o de vida en Instagram.

De este proceso central surge el sujeto frágil, que necesita de una conducción profesional para aceptar su lugar en la escala de los aptos para competir y ganar. Las psicologías se ocupan de asistir a los más débiles. Guillermo Rendueles afirma atinadamente que la psicología es análoga al coche-escoba de las carreras ciclistas, que recoge a aquellos que abandonan la competición. Así se conforma un gigantesco taller de personas que son reparadas para ser reintegradas en el mundo de la competencia. Las personas calificadas en esta inspección general como no aptas para la competición son ubicadas en pseudomundos institucionales destinados a albergar a los descartados. Los servicios sociales constituyen las instituciones para los descartados. Las residencias de ancianos son una de las más importantes.

En este contexto, los servicios sanitarios tratan problemas considerados como patológicos. De ahí la importancia de la reflexión colectiva realizada en el seminario. Se trata de modificar el taller de tratamiento en la fábrica de sujetos deteriorados. Así, desde el más que significativo título “ Arte, Ciencia, Compasión, Compromiso, Filosofía, Práctica clínica y Solidaridad en salud mental”, como en todas las cuestiones tratadas, la innovación radical se hace presente. Las iatrogenias derivadas de los dispositivos asistenciales; la intervención médica compulsiva; la evasión de facto de los entornos de los pacientes; el desprecio de los saberes y capacidades de los familiares; el imperativo de no transformar al paciente en su enfermedad mediante la tiranía del diagnóstico y otras.

Pero la cuestión fundamental resulta de la limitación de la intervención médica. La formulación de “acompañar y esperar” se contrapone con el más importante componente de las culturas profesionales médicas, que privilegian sobre toso la intervención. En el documento final se exponen algunas cuestiones que remiten a una frontera de una asistencia diferente, que revise radicalmente los supuestos y sentidos de la acción profesional. En este aspecto la innovación colisiona con un estado institucional que magnifica la resistencia al cambio. De ahí la fecundidad de las conclusiones en las tierras áridas de los dispositivos de la salud mental profesional, que solo son un rincón espacioso en la totalidad de la gran fábrica de reparación de sujetos y separación de los descartados que conforma la  factoría de lo que se denomina salud mental. Este texto evidencia la imaginación médica imprescindible en la perspectiva de transformar las instituciones vigentes. En esta ocasión, David ha mostrado profusamente su creatividad frente a la inmovilidad de Goliath. 

Este es el documento final:

 

ARTE, CIENCIA, COMPASIÓN, COMPROMISO, FILOSOFÍA, PRÁCTICA CLÍNICA Y SOLIDARIDAD EN SALUD MENTAL

Presentación

Este es el resumen del Seminario de Innovación en Atención Primaria (SIAP) celebrado en Lisboa (Portugal), en su fase presencial los días 15 y 16 de julio de 2022 (viernes y sábado) y en su fase virtual por correo electrónico desde el 12 de junio de 2022 (1). Este resumen es trabajo colaborativo de los participantes en el SIAP y ha sido aprobado por los mismos.

En el desarrollo del SIAP, se tuvo en cuenta que: “La salud mental es un campo asistencial particularmente diverso, mal delimitado, complejo en su conceptualización, heterogéneo en sus prácticas y con efectos difícilmente medibles. 

La subjetividad impregna, enriqueciendo y complicando, esta disciplina y también contribuye a esconder los perjuicios que puede producir. 

Todo ello pone de manifiesto la necesidad de esclarecer y dar cuenta de la iatrogenia y sus condicionantes en la práctica de la salud mental, punto de partida para poder desarrollar una clínica basada en el arte de hacer el mínimo daño” (2).

Contenido

¿Cómo aunar arte, ciencia, compasión, compromiso, filosofía, práctica clínica y solidaridad para lograr el máximo beneficio con el mínimo daño en salud mental? 

Estos son algunos de los puntos clave:

1.     Ante el sufrimiento, ser conscientes de que decidir esperar y ver (el “no hacer nada” que se abrevia incorrectamente pues es imposible no comunicar cuando dos personas se encuentran), es una decisión clínica y terapéutica de acompañamiento y diálogo tan importante como decidir hacer algo en concreto. También es decisión activa científica el ofrecer alternativas ajenas al mundo sanitario (conviene que el “no hacer” sea un punto de partida, no final). En muchos casos, la respuesta psico-social y socio-sanitaria es mucho más eficaz que la farmacológica, pero ésta suele estar promocionada y la primera complicada (lo que refleja una ideología y un mercado).

2.     Considerar que lo que sea normal en salud mental depende de la perspectiva e incluye aspectos “interiores” (sentirse normal) y “exteriores” (ser aceptado socialmente como normal) que se aúnan para lograr el vivir con bienestar. Conviene evitar siempre la biometría de protocolos sin ciencia ni ética que definen la normalidad con estrechos límites y cercenan la variabilidad humana y su disfrute.

3.     Aceptar la sabiduría y cosmovisión de pacientes y familiares, verdaderos expertos en su vivir, y tratar de entender sus mundos mentales y sociales. Como profesionales, ser testigos solidarios de su sufrimiento y ofrecer alternativas acordes a sus expectativas. En todo caso, mantener vivo a diario el “primum non nocere” evitando el culpabilizar y el asignar responsabilidades individuales a problemas sociales. La familia es clave en el devenir del paciente y conviene apoyarla en su adaptación al sufrimiento mental.

4.     Evitar transformar al enfermo en su enfermedad y aceptar su posición al respecto, sin culparlo ni llevarlo a equiparar conciencia de enfermedad con conciencia de realidad, ni “adoctrinarlo” para que sea paciente sumiso. Tener en cuenta el “Hermano, yo estoy loco, pero no soy tonto”. Incluso los pacientes graves que tienen un yo psicótico siempre conservan un yo no psicótico que puede ser muy agudo, capaz, por ejemplo, de “escuchar voces” y habitar en un territorio de circunstancias difíciles. En este sentido es central la labor profesional para la aceptación social de la variabilidad mental pues lo que no se hace visible no importa ( y "no existe"), y el hacer visible algo implica que importa (y que "exista"). 

5.     Aprender de la historia y de los abusos psiquiátricos; por ejemplo, del control mediante el internamiento en manicomios de los disidentes políticos en la antigua URRSS para no transformar la sociedad capitalista en un inmenso manicomio sin paredes en que se controle a la población mediante las terapias psi (farmacológicas y no farmacológicas).  

6.     Promover la solidaridad en todos los ámbitos, también docentes, laborales y sexuales, de forma que, por ejemplo, los niños tranquilos no sean diagnosticados de depresión, ni los niños intranquilos diagnosticados de trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), ni los trabajadores precarios agobiados de “ansiosos”, ni las personas tímidas de fobia social, ni quienes declaran identidad sexual diversa de “problemáticos”. Los mundos escolares, laborales y sexuales sanos ayudan al bienestar personal y social por su tolerancia a la variabilidad y por la promoción de lo mejor de cada persona. También contribuye a la salud mental el florecimiento de la sexualidad en todas sus variantes. 

7.     Conviene saber hacer (y hacernos) preguntas profundas, que vayan a la raíz de los problemas, lejos de la “respuesta rápida” que medicaliza la solución. Del estilo de: “este insomnio por las preocupaciones del trabajo ¿merece tratamiento médico, o como mejor alternativa la afiliación a un sindicato?” O “esta insatisfacción personal y desasosiego vital con ansiedad ¿precisa tratamiento con psicofármacos o un planteamiento global de la vida? O “¿es sano estar bien adaptado a una sociedad enferma?” O ¿por qué se suele rechazar la atención a domicilio, y más si implica la cooperación de varios sectores, como atención primaria, psiquiatría/salud mental y servicios sociales? O, último ejemplo, este sufrimiento ¿es la sana reacción a las adversidades de la vida o más bien la insana y creciente intolerancia a la frustración?

8.     En el trabajo, también de profesionales de la sanidad, conviene fomentar “el oficio”, la identidad profesional que facilita el hacer las cosas bien por el placer de hacerlas bien, fuente de satisfacción personal y laboral. Se pone a prueba en las “consultas sagradas”, esas más sagradas de lo habitual, cargadas de emociones (como cuando el paciente llora). Se trata de luchar y promover política y sindicalmente las mejoras laborales precisas sin perder de vista los privilegios de cada situación, en el caso sanitario la confianza de pacientes y familiares que exponen su dudas, preocupaciones, problemas y sufrimiento con la esperanza de un acompañamiento respetuoso. “Cuidarse” es tener un trabajo satisfactorio al desarrollar un oficio digno e investigar a partir de una práctica clínica reflexiva y de preguntas (una investigación donde la mirada cuantitativa se complemente con la cualitativa).

9.     Evitar la tiranía del diagnóstico pues en general es mejor emplear sencillamente la narrativa según el propio paciente, y no etiquetar, por más que a veces las etiquetas sean la “contraseña” para acceder a servicios del estado de bienestar. Las palabras están cargadas de significados como al asignar “locura” a conductas que son sencillamente malvadas y por ello las etiquetas suelen conllevar estigma y discriminación; por ejemplo, en el campo sanitario se llega a mayor mortalidad en pacientes etiquetados de enfermedad mental grave por apendicitis y por cáncer de mama. En el campo social, las etiquetas pueden llevar a pérdida de derechos humanos, por ejemplo de la patria potestad, pues en cierta forma el sector socio-sanitario es parte del conjunto de las “fuerzas de orden público” que aseguran la adaptación individual y poblacional a la estructura social.

10.                       Los pacientes conservan en todo momento su autonomía, con las raras excepciones excepcionales de rigor. Lamentablemente, en la práctica se niega casi de rutina la autonomía de quien sufre enfermedad mental, por ejemplo respecto a llevar una vida sexual acorde con sus expectativas, ser advertido de los efectos adversos de los medicamentos o rechazar tratamientos varios.

11.                       Hay situaciones que ponen a prueba la salud mental como la incorporación en una nueva comunidad, y más si se produce como inmigrante “sin papeles” o ante burocracias que dificultan tal integración, o el acceso a ayudas públicas en situaciones de pobreza y marginación, por ejemplo. También el duelo por la pérdida de un ser querido en que se borran los límites de la normalidad ante clasificaciones medicalizadoras, como el DSM, que emplea biometría para definir como depresión el duelo que dure más de dos semanas. Por cierto, clasificaciones cargadas de ideología y colonianismo occidentales.

Síntesis

Es posible una atención científica, ética y humana, incluso la ternura, en respuesta al sufrimiento mental. Para ello precisamos revalorizar el arte y la ciencia de “no hacer nada” en el sentido de decisión de acompañamiento y diálogo que intente hacer el mínimo daño con nuestras intervenciones de profesionales sanitarios (3).

Notas

1.- “Salud mental: malestar y sufrimiento emocional, psicológico y social” “Saúde mental: mal-estar e sofrimento emocional, psicológico e social”. Seminario de Innovación en Atención Primaria. SIAP nº 45 (con su sesión Satélite, nº 16). http://equipocesca.org/?s=Lisboa&submit

2.- Ortiz A. El arte de hacer el mínimo daño en salud mental. https://amsm.es/2016/09/30/el-arte-de-hacer-el-minimo-dano-en-salud-mental/ 

3.- El grupo contó con 209 personas, siendo 146 las inscripciones (el resto, ponentes, tutores virtuales y organizadores). 116 inscripciones fueron de mujeres (el 79%). El debate virtual comenzó el 12 de junio de 2022, y hubo 23 ponencias que dieron origen a 204 intervenciones por correo-e siendo 127 de mujeres (el 62%). En las sesiones presenciales en Lisboa, los días 16 y 16 de julio se emplearon 12 horas, 1 para cafés; de los 660 minutos útiles se dedicaron 345 a debate y participación de la audiencia. La audiencia varió entre un máximo de 71 presentes y un mínimo de 56; de media, 62 presentes siendo 47 mujeres (76%). Hubo 110 intervenciones de la audiencia, 79 de mujeres (72%). Hubo 23 ponencias con 29 ponentes siendo 23 mujeres (79%).

 

sábado, 30 de julio de 2022

YOLANDA DÍAZ Y EL MISTERIO DE SUMAR. MÁS ALLÁ DE LA ACTUALIDAD Y LA HEMEROTECA (2)

 

La historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa

Karl Marx

Muchísimo es mi número favorito

Woody Allen

Lo más importante de la comunicación es escuchar lo que no se dice

Peter Drucker

 

La crisis global de 2008 termina con el gobierno de Zapatero y abre una nueva época. El PSOE se derrumba estrepitosamente mediante su distanciamiento con su propia base social. En IU se recombinan los efectos perniciosos acumulados en tantos años de régimen: la impotencia política crónica, el fracaso del Valderismo, la desaparición de la vieja clase obrera y el asentamiento de las instituciones de la mutación neoliberal, ya maduras en la sociedad española. El hundimiento de la izquierda propicia un gobierno del PP con mayoría absoluta. Las duras medidas del nuevo gobierno, que refuerzan a aquellas tomadas por el gobierno Zapatero, determinan un proceso de movilizaciones amplias que catalizan los efectos del 15 M. Se puede afirmar que toda la izquierda ha labrado pacientemente su desafección.

Este estado de expectativas crecientes junto al distanciamiento de la izquierda institucional genera una situación óptima para el nacimiento de una nueva izquierda. Varios pequeños grupos escindidos de los partidos tradicionales van a converger en el nacimiento de Podemos. El vaciamiento institucional se compensa con una nueva e intensa mediatización del acontecer político. Las televisiones privilegian la política mediante la expansión de programas informativos, especializados y de conversaciones en forma de tertulia. En este vacío institucional comparecen los fundadores de Podemos, incorporados como tertulianos por las grandes cadenas.

En esta situación de acumulación de energía política por parte de sectores sociales subrepresentados en las instituciones políticas, tiene lugar el milagro del prodigioso ascenso de Podemos. Su presencia ubicua en las televisiones les permite conectar con el estado de efervescencia crítica. De ahí resultan sus magníficos resultados electorales en 2014 y 2015, los años felices de la apoteosis simbólica del cambio.  El éxito de las candidaturas de convergencia, contrasta con la crisis profunda de la izquierda convencional, PSOE e IU, erosionados por el agotamiento institucional. La nueva izquierda absorbía la energía social y comparecía llena de iniciativa, en tanto que los parlamentarios de la izquierda convencional se encontraban contagiados por el estado de decrepitud del Congreso y los parlamentos autonómicos.

Pero el éxito de los años felices del cambio se disipa rápidamente, principalmente porque se sustenta en un estado colectivo derivado de la comunicación de masas. Las televisiones absorben los discursos y los acontecimientos políticos mediante la creación de una burbuja mediática condensada en el nuevo género audiovisual de la política entendida como las historias producidas por las rivalidades en el proceso de constitución del gobierno. Así, los partidarios del cambio quedan convertidos en una masa electrónica, que me gusta denominar irónicamente como “el ala izquierda de la audiencia”.  La proliferación de comparecencias de los líderes de la nueva izquierda contrasta con la atomización extraordinaria imperante en las realidades locales y sectoriales. Así, cuando las televisiones racionan las intervenciones de los alegres agentes del cambio, su base mediática tiende a reducirse estrictamente.

La segunda causa de la recesión de la nueva izquierda radica en la dificultad de la organización del conglomerado de apoyos. La dinámica política de la democracia, y de la izquierda en particular, carente de un proyecto de futuro, genera un movimiento fatal: la fragmentación y sectorialización drástica de sus apoyos. De ahí resulta una izquierda educativa escindida de facto del conjunto; de una izquierda sanitaria independiente; de una izquierda feminista y así en todos los sectores. Del mismo modo ocurre en los espacios locales. En cada municipio se puede identificar un conjunto de apoyos a la gestión municipal. La base social y política de la izquierda conforma un mosaico, de modo que su integración parece imposible.

La desintegración de la izquierda se hace patente, concentrando su actividad en un conjunto de reservas aisladas unas de otras. De este modo pierde estrepitosamente todas y cada una de las batallas derivadas de la gran reestructuración neoliberal. He vivido este proceso, tanto en la universidad como en los servicios sanitarios, en los que las maquinarias de la reconversión apenas encuentran oposición. El aspecto más pernicioso resulta de, que al carecer de una perspectiva de conjunto y de un programa político general que genere sinergias, cada fragmento sectorial de la izquierda genera su propio programa, determinado por las ideologías sectoriales que habitan en las organizaciones globales. Así las mareas monocolor, las participaciones rigurosamente sectorializadas –salud, educación, juventud, municipal…- , que se inscriben en la espiral de derrotas frente a las maquinarias neoliberales que impulsan las reformas, que precisamente se encuentran concentradas en la destrucción del viejo tejido social y los sistemas de vínculos.

En un conglomerado así, se desata la lucha fraticida en el grupo original de Podemos. El precepto de la vetusta III Internacional acerca de que el enemigo se encuentra en el interior –el octavo pasajero-, se articula con las personalidades posmodernas narcisistas y explosivas de la generación de la nueva izquierda, que se aniquila a sí misma en todos y cada uno de los espacios sobre los que se ha asentado. Algún día será investigada esta cuestión, pero he podido visualizar algunas historias escalofriantes de canibalismo tribal. La izquierda se devora a sí misma sin miramientos. Por poner algún ejemplo, los secretarios de organización sucesivos, Pascual, Echenique o Rodríguez, han actuado en autonomías y provincias como ángeles exterminadores de una eficacia extraordinaria. Conozco casos de grupos locales animosos en ciudades importantes a los que se les negaba el acceso al censo de militantes. El alma del centralismo democrático y de la infalibilidad y santidad del secretario general de la vieja izquierda han revivido en los años siguientes a los afortunados 2015.

La recesión política, iniciada en los ciclos electorales siguientes, en los que la disminución de los apoyos es espectacular, reaviva la vieja idea anguitiana de la posesión del BOE como piedra filosofal para congregar a sus bases. En los discursos de la nueva izquierda se mantiene la idea de “mayoría social”, que es apelada como último sentido de la acción política. Este concepto deviene en un mito político en tanto que no se manifiesta en las realidades. Un factor esencial de la recesión fue la unión con IU, dando lugar a Unidas Podemos, que desde su constitución en el “Pacto del botellín” entre Iglesias y Garzón no deja de desangrarse. Paradójicamente, esta unión entre vieja y nueva izquierda ha supuesto todo lo contrario a sumar.

Pero en las elecciones de 2019, cuyos resultados reducen sus apoyos a 35 escuálidos escaños, UP entra en el gobierno en la creencia de que así recuperará la estima de una buena parte de la mitológica mayoría social. En los años siguientes, los efectivos del partido sobrevivientes a las confrontaciones internas se acomodan en el gobierno y las instituciones, ausentándose de los suelos en los que habita la mayoría social. En este tiempo, la política misma ha sido escindida de la realidad y reconfigurada como género mediático que se dirime en los platós. Ahora, más que nunca, la política habita en las entidades nebulosas de la opinión pública, de sus sondeos, sus ítems, sus categorizaciones y sus unidades de conversación mediática. El exilio de la tierra se ha consumado para arraigarse en las nuevas tierras de las cámaras y los platós, donde siempre es de día y no hace frío ni calor.

La nueva izquierda queda fragmentada en varios grupos ubicados en distintas instituciones políticas, careciendo de vínculos materiales con la mayoría social. Se ha completado su reconversión en la etérea ala izquierda de la audiencia. La salida de Iglesias y las sucesivas derrotas en elecciones autonómicas muestra el panorama desolador. Pero, en tanto que esta se encuentra disgregada, gozando de los privilegios del gobierno en un contexto de política mediatizada, huérfanos del hiperliderazgo personalista de Iglesias,  los sobrevivientes ilustres de IU, la izquierda dura del régimen, conforman un grupo que adquiere la forma de una singular nomenklatura. Es decir, que frente a la deriva fatal de sus organizaciones instaladas en lo que puede ser definido como “reservas”, mantienen vínculos fuertes derivados de su posición institucional. Este elemento es común a todas las nomenklaturas producidas por la disipación de los grandes partidos comunistas.

Este factor es la clave de Somos. Este es un proyecto a la baja ingeniado por esta singular nomenklatura, que, en el vacío producido por el derrumbe de Podemos, presenta un proyecto reciclado del original 2014, por eso recurro en la entrada a la célebre frase de Marx sobre la repetición de la historia. Y ahora como farsa en tanto que Podemos sintetizó la gran energía política presente en el entorno, que contrasta con la energía cero del presente, en el que la realidad se agota en los platós de la tv. . Se trata de producir una almadraba de votantes que se acumulen para conseguir un número de escaños suficientes para entrar en el nuevo gobierno de Sánchez. El no reconocimiento del nuevo contexto, radicalmente diferenciado del 2014, lleva a la repetición ridícula de los proyectos, pero esto es todo lo que puede ingeniar un grupo de tipo nomenklatura.

Lo que fueron prácticas políticas plenas de espontaneidad y vitalidad, tanto en el 15 M como en 2014, son convertidas en rituales vaciados, propios de una simulación mediática que produce una emoción falsificada. La presentación de Sumar fue una parodia de los actos de los años felices. Las gentes congregadas bajo el sol de justicia en una tarde de julio  por los organizadores; el paseíllo visual-comercial de las protagonistas; la caricatura terrible de la escucha en un acto en el que se han suspendido a los teloneros para reforzar el espectáculo más hiperpersonalista imaginable. El proyecto promete emociones fuertes en los próximos meses, cuando reaccionen los distintos candidatos a ocupar sillones institucionales o asesorías generosas. Desde luego, los actores protagonistas de Sumar, como el caso mismo de Yolanda, son expertos en acumular derrotas electorales sangrantes, como es el caso de Galicia.

Pero lo que realmente administra Yolanda es su gestión como ministra del trabajo. La Reforma Laboral sería su capital político que ahora trata de rentabilizar. Parece claro que los resultados son más que modestos, con respecto a los objetivos iniciales, pero la magia es un componente esencial de la videopolítica, en la que ella misma es una destacada maestra. Decía alguien tan autorizado como Otto Von Bismarck, que “Con las leyes pasa como con las salchichas, es mejor no ver cómo se hacen”. El problema radica en la durabilidad de ese precario equilibrio que es vendido como magia.

Pero el hada Yolanda sugiere que la precariedad puede ser reducida y controlada con independencia del devenir del mismo sistema. Esto es un disparate mayúsculo y lo inverso a lo que es el pragmatismo. Pero este es el inconveniente de carecer de programa. Se termina implorando a la mayoría social desde los platós una prórroga en el gobierno que proporcione la factibilidad de repartir premios chicos en espera de otra prórroga. Esta es la visión del futuro, tan acorde con la construcción mediática actualidad. Así, nadie se pregunta por las razones del giro a la derecha de los votantes en Madrid, Murcia, Castilla León o Andalucía, una vez que han sido hechos fijos por la virtuosa reforma laboral o el incremento del salario mínimo. Las nomenklaturas son grupos de sobrevivientes en altas posiciones superdotados en hacer movimientos arriesgados en contextos turbulentos. Pero carecen de visión de futuro.

Termino aludiendo a una cuestión espinosa. La izquierda, desde su origen, siempre ha estado vinculada al término “emancipación”. Esta, como es sabido, no puede proceder de una instancia externa, tal y como es proverbial en las viejas iglesias. La emancipación resulta de la interacción en contextos específicos. Sin embargo, en este caso, el relato presenta a una heroína que nos va a liberar de las opresiones desde el cielo mediático. Así, tanto el discurso como su presentación mediática basada en los modelos publicitarios duros, son lo inverso y asimétrico con la modernidad y la emancipación.

Recuerdo la última campaña de las elecciones andaluzas en las que Teresa Rodríguez comparecía en las pantallas frente a la lavadora. Esto me inspira un sentimiento de vergüenza colosal. Precisamente, estos disparates proceden de su emancipación del mundo cotidiano de sus posibles electores. Por eso incluyo la advertencia de Drucker en la cabeza de este texto, especialmente en este contexto dominado por la televisión, que es el medio que más desprecia al público convertido en aplaudidor. Pero el problema de fondo radica en que esta izquierda es, desde hace muchísimos años, más peronista que marxista.

 


lunes, 25 de julio de 2022

YOLANDA DÍAZ Y EL MISTERIO DE SUMAR: MÁS ALLÁ DE LA HEMEROTECA Y LA ACTUALIDAD (1)

 

El pasado es la única cosa muerta cuyo aroma es dulce

Eduard Thomas

La revolución no puede tomar su poesía del pasado sino del futuro.

Karl Marx

 

Sumar, el nuevo proyecto político de Yolanda Díaz comparece en los medios proliferando sus presencias en los informativos y en los laboratorios de conversaciones enlatadas de las tertulias. Pero este evento muestra todas las propiedades de los acontecimientos mediatizados, en los que contrasta su aparente transparencia con su considerable superficie sumergida, oculta a la vista del público. De este modo, su inteligibilidad se encuentra menguada por una información incompleta. El resultado es la generalización de un notable grado de confusión acerca de su naturaleza, así como de los pronósticos que se formulan acerca del mismo.

Este déficit de conocimiento tiene sus raíces en el dominio del periodismo centrado en la actualidad, que consagra el método de construir la realidad como actualidad, en planos de cada día separados entre sí. Así desplaza irremediablemente a las ciencias sociales y al método histórico, instituyendo una visión ligera del presente, que es inseparable del  término “banalidad”. La actualidad es un conocimiento construido por los medios para definir el día de hoy, que selecciona algunos acontecimientos para ser tratados, y cuya caducidad se consuma por la aparición del siguiente acontecimiento que concita las miradas y los comentarios. De la construcción “actualidad” se derivan unos métodos por los que el pasado es ubicado en la hemeroteca, entendida como un depósito de fragmentos e imágenes discursivos  disponibles para los analistas de la misma.

De ahí resulta una alta renovación de temas que se reemplazan, que nacen y mueren para nutrirla y conformarla.  La actualidad termina por ser algo oscuro en relación con lo que podemos definir como el presente, que es una totalidad que resulta de la convergencia de múltiples procesos que se recombinan y retroalimentan mutuamente. El presente es siempre heredero del pasado, que se articula en varios tiempos históricos. La mayor parte de acontecimientos tratados por los operadores de la actualidad, presenta opacidades derivadas de los métodos de su construcción mediática. En el caso de Sumar, aparece con unas raíces muy cortas, es decir, que se remite al reemplazo de Podemos para las próximas elecciones. Todos los elementos son analizados desde esta corta perspectiva, en la que adquiere preponderancia el morboso suicidio colectivo esperado de las élites de Podemos, Más Madrid y otros fragmentos de este desguace de la nueva izquierda de 2014, que se puede referenciar en el extravagante suicidio de las viejas cortes franquistas en las vísperas de la transición.

El método “actualidad” se sustenta en unas reglas mediante las que se asigna valor a un acontecimiento cuantificando sus dimensiones y comparándolo con el inmediatamente anterior en la serie temporal. De ahí resulta una inteligencia, que en este blog he calificado profusamente como propia de “traficantes de decimales”. En intervalos temporales cortos, las dimensiones solo pueden variar décimas con respecto a las precedentes. Así, con un nivel de paro estratosférico, cualquier autoridad puede presumir cuando en una medición el desempleo disminuye unas décimas. De este modo quedan eliminados los procesos que configuran las realidades y se instituye la trivialidad, así como un extraño juego en el que el azar desempeña un papel relevante. La clase dirigente se transforma en traficantes de decimales desprovistos de espesor analítico. Aquí radica un problema estructural de este tiempo.

El proyecto Sumar remite mucho más allá de su inmediato antecesor, Unidas Podemos, y se remonta al devenir de la izquierda desde el mismo comienzo del Régimen del 78. Solo se puede comprender desde la perspectiva histórica de la izquierda en procesos temporales largos. La clave principal radica en la enigmática relación histórica entre los dos partidos principales de la izquierda: el PSOE y el PC . Tras su colaboración en la República y la guerra, la larga dictadura privilegió la resistencia en la que el PC desempeñó un papel esencial. Pero la preponderancia organizativa y de influencia de este sobre el PSOE se invirtió radicalmente tras las elecciones de 1977. A partir de estas, el PC se descompone aceleradamente, generando una migración de gran envergadura hacia el partido ganador. La superioridad del PSOE se mantiene hasta el presente, en un largo intervalo temporal en el que los comunistas han jugado todas las bazas posibles, convirtiendo el sorpasso en su verdadero objetivo en detrimento de un proyecto político a largo plazo. Este factor genera un estado psicológico mórbido en toda la izquierda española.

Para evitar esta debacle, Carrillo había  presentado el eurocomunismo a mediados de los 70, que significaba una renuncia histórica a construir el socialismo como un más allá del capitalismo, que en las coordenadas de la época implicaba la adhesión a los órdenes políticos nacidos de la secuencia de revoluciones iniciadas por la revolución rusa. El eurocomunismo significaba de facto la idea de aceptar el capitalismo, en la convicción de que era factible reformarlo eliminando sus aspectos más perniciosos. A pesar de esta abdicación, el edificio se derrumba en los años previos a 1989, en el que estos regímenes que se calificaban a sí mismos como “socialistas” se desploman estrepitosamente.

La reconstitución del PC tras su derrota en el 82, instituye una pauta esencial que se va a consolidar a partir de entonces. Se trata de, sin renunciar explícitamente al comunismo histórico, reivindicarse mediante el énfasis de su papel relevante en la oposición al franquismo, guardando silencio acerca de los regímenes de la órbita de la vieja URSS. Así, electoralmente se transforman en Izquierda Unida, y es Anguita quien pilota una transformación en la que, al igual que en el eurocomunismo, desaparece completamente cualquier futuro no capitalista. Su programa se centra en reformar la democracia nacida de la transición política.

Pero la renuncia a la defensa del modelo de “socialismo real” que constituyó su identidad no ha reportado beneficios electorales tangibles. Esta desproporción percibida entre los méritos derivados de sus aportaciones a la oposición al franquismo y las recompensas electorales es vivida como una afrenta que genera un estado psicológico colectivo cercano a la depresión. Solo la materialización del sorpasso puede conjurar esa gama de sentimientos negativos derivados de su inferioridad electoral crónica.

El factor más importante de desencuentro entre PSOE y PCE radica en la naturaleza contradictoria del tiempo histórico  que se inicia en la transición política. Toda la izquierda suscribe, en distintas versiones, un programa que significa la homologación a los estados de bienestar arraigados en Europa tras la guerra, lo que se denomina como “los treinta años gloriosos”. Este conforma el imaginario progresista, incluso –en este caso patéticamente- a día de hoy. Pero, cuando la constitución del 78 reemplaza al franquismo, en el sistema-mundo comienza un nuevo tiempo histórico, que puede entenderse como el inicio de una transición que disuelve el capitalismo fordista-keynesiano para reemplazarlo por un nuevo capitalismo postfordista y global. De este modo, los programas keynesianos de la izquierda española colisionan con la implementación gradual del nuevo orden social, que se afirma en un largo proceso en el que se van asentando sus elementos constituyentes. Estos son, principalmente, la expansión de la nueva forma-empresa; la emergencia de las instituciones del mercado –gestión, recursos humanos, marketing, publicidad e instituciones psi de conducción-; las reformas del estado, de la educación, del sistema sanitario, la nueva gestión pública, así como las instituciones de la individuación, de las que la evaluación y sus nuevas organizaciones de las agencias especializadas, comités de expertos, thin tank, foros múltiples y otras, conforman una trama en torno a los gobiernos, presionando en la dirección del cambio, que es una forma nueva de sociedad neoliberal avanzada.

Este proceso avanza, desde el principio de los años ochenta hasta hoy, generando resistencias dispersas, así como víctimas múltiples. Se trata de una gran reestructuración del estado y de toda la sociedad. Los posicionamientos con respecto al mismo constituyen la principal rivalidad entre el PSOE y los herederos del PCE. En tanto que los primeros son artífices y pilotos de estas transformaciones en la dirección de la sociedad neoliberal avanzada, amparados en sus posiciones de gobierno, los segundos se oponen a estos cambios. Aquí radica la colisión principal entre ambas formaciones. Sin embargo, la marcha triunfal de este proceso de reestructuración produce una impotencia política crónica en sus opositores. Estos son perdedores en mil batallas sucesivas. Esta perniciosa situación se agrava, en tanto que los opositores a la gran reestructuración neoliberal carecen de alternativas. Sus propuestas remiten a conservar el viejo orden keynesiano.

Es muy difícil metabolizar estas situaciones perpetuadas. Los votantes terminan por avalar transformaciones que se oponen a sus mismos intereses. En los años de dirección de Julio Anguita, este se muestra perplejo ante los sucesivos resultados electorales. Entonces propone la idea central que va a presidir las actuaciones políticas de los herederos del viejo PC. Entiende que es un requisito imprescindible acceder al gobierno, lo que permite mediante el BOE legislar a favor de los perjudicados por la gran reestructuración. Esta idea orienta las actuaciones, muchos años después, de Iglesias, y ahora de Yolanda Díaz. Se trata de estimular la voluntad política de las clases populares.

Desde esta perspectiva se puede comprender la evolución de IU, cuyos resultados menguantes le empujan a una versión minimalista de la estrategia formulada por Anguita. Se trata de entrar en el gobierno en coalición con el PSOE. Esta experiencia se ensaya en Andalucía pilotada por Diego Valderas, uno de los herederos de Anguita. Sin embargo, la presencia en el gobierno no modifica la correlación de fuerzas electoral para tan esforzados opositores a la gran reestructuración. Así, sus estrategias sucesivas se van replegando hacia mínimos, del objetivo fundacional de conseguir el socialismo como más allá del capitalismo, a, tras sucesivas reducciones, a entrar en un gobierno de coalición en minoría.

En particular, la base social de la vieja izquierda, ubicada en la clase trabajadora industrial, se descompone por efecto de la recombinación entre una desindustrialización pavorosa y una reindustrialización que favorece la dispersión de los trabajadores. En este largo proceso de desmontaje de las viejas instituciones y derechos sociales keynesianos, la impotencia política se acompaña de una enorme impotencia sindical que se cronifica fatalmente. El resultado es la debilitación de los sindicatos, que protagonizan un largo viaje de deslocalización de las empresas. Estos tienen sus reductos en los servicios públicos. Además, el paquete de reformas neoliberales privilegia a la institución central de la precariedad. Una parte mayoritaria de la vieja clase trabajadora es desplazada a este estatuto. El problema de fondo radica en que la precariedad es la forma óptima de convertir a un sujeto en una entidad estrictamente individual. De este modo, así como la industrialización generó un conflicto social central en torno al trabajo, protagonizado por el movimiento obrero, la precarización general, siendo un factor de malestar social, no genera un conflicto social localizado.

La izquierda recorta sus bases sociales y los sindicatos deslocalizados se ubican en la ficción del simulacro de la concertación social, que es una institución central en el capitalismo fordista y keymesiano, pero que ahora carece de sentido. Esta ausencia de función genera grandes distorsiones en las burocracias sindicales, que se reorientan hacia sí mismas, generando desviaciones de objetivos monumentales, que amparan distintas perversiones. Este largo proceso de ocaso del capitalismo industrial, reemplazado por el orden naciente de la gran reestructuración neoliberal, reformula la rivalidad en la izquierda entre socialistas y comunistas. El PSOE se muestra como agente eficaz de la instalación de las nuevas piezas del capitalismo postfordista y global. En particular, las nuevas legislaciones laborales, la nueva gestión pública,  la reforma universitaria, las reformas gerencialistas del sistema sanitario y el nuevo sistema mediático-cultural requerido. Pero los comunistas muestran su radical incapacidad de oponerse eficazmente a las mismas.

Esta situación continuada de impotencia política acrecentada con la ausencia de una alternativa factible, termina por erosionar gravemente a toda la izquierda. Los socialistas convertidos en agentes activos del proceso de reestructuración sufren un desgaste letal. Los herederos del PC terminan por interiorizar su papel de oposición simbólica desprovista de verosimilitud. La izquierda solo se reaviva mediante acontecimientos exteriores como la guerra de Irak, la catástrofe del Prestige u otros similares, pero es incapaz de detener los procesos centrales de reconversión laboral o del mercado del suelo, así como la gran erosión de las instituciones representativas. Se puede afirmar que la izquierda se desfonda en el principio del siglo XXI.

La desincronización de tiempos históricos tan singular en España, determina que el PSOE, al tiempo que coprotagoniza la instauración del nuevo orden neoliberal mediante la gran reestructuración, impulsa reformas radicales en cuestiones de género que se encontraban pendientes tras la larga noche del franquismo. De este modo, los socialistas desempeñan un papel progresista en unas esferas, y, simultáneamente, el rol de gendarme de las reformas neoliberales. La complejidad de la época es manifiesta. Así se explica la satisfacción de los profesionales de las industrias culturales, espejo del progresismo chic, en tanto que la precarización hace estragos entre los trabajadores, las reformas universitarias neutralizan el pensamiento crítico o la corrupción alcanza niveles hipertransversales. Como afirmó el admirado sociólogo José Vidal Beneyto en un memorable artículo publicado en El País, el cine de Pedro Almodóvar distorsionaba la realidad española, ocultando las múltiples esferas definidas por lo sórdido.

Así se fragua la réplica a la gran crisis de 2008, que vehiculiza tanto el 15 M, como las grandes movilizaciones de esos años. La conmoción de las bases sociales de la izquierda contrasta con el adormecimiento de los partidos y las instituciones. Así se explica la erupción de una nueva izquierda que aparece volcánicamente en 2014. La izquierda de estos años alcanza su punto de inflexión, en tanto que vive en la burbuja institucional deslocalizada de la sociedad y en estado de inmersión mediática. La distancia entre la izquierda y sus bases sociales alcanza niveles cosmológicos. Así, el BOE vuelve a las manos de la derecha, que detenta la mayoría absoluta tras las elecciones de 2011. La izquierda socialista groggy y la izquierda comunista del inefable Cayo Lara con el horizonte de hacer oposición mediante travesuras fútiles en el congreso de los diputados. Es inevitable la erupción del volcán. En la segunda parte de este texto lo cuento.