Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

domingo, 14 de enero de 2018

LA IRA DE LOS AUTOMOVILISTAS DESPUÉS DE LAS UVAS







Este texto pretende presentar una visión diferente a la imperante en los medios de comunicación acerca del colapso automovilístico sucedido tras la gran nevada de Reyes, en la que numerosos conductores quedaron atrapados en distintas carreteras y autovías.  El título del post rememora a “Las uvas de la ira”, la novela imperecedera de John Steimbeck. En este caso, tras la ceremonia canónica de las uvas para recibir al recién llegado 2018, se produce el acontecimiento de origen meteorológico  que ocasiona una energía política poco común en la España del presente. La ira de los atrapados en la autopista suscita un sentimiento de indignación en la misteriosa opinión pública, mucho más intensa que la provocada por otros acontecimientos críticos de mayor impacto, así como los reproches a la actuación del  gobierno por su escasa diligencia en la gestión del evento, así como su incapacidad de asumir su propia responsabilidad y aceptar críticas.

Comparto los principales argumentos de los que reprueban la actuación gubernamental, haciendo énfasis en la acreditada insolvencia e incompetencia de muchas de las empresas beneficiarias de las privatizaciones de servicios públicos. Pero me parece pertinente subrayar algunos aspectos esenciales que permanecen ocultos en los esquemas que sustentan a los analistas mediáticos y los expertos de guardia. Entre los más importantes se puede aludir a los efectos de los puentes o la acumulación de fechas festivas sobre algunas áreas críticas de las sociedades del presente, así como la naturaleza de la condición de ciudadano, que se ha modificado radicalmente. El arquetipo de ciudadano racional social, parte indisoluble de una comunidad nacional, se disipa progresivamente a favor de un nuevo prototipo individual portador de unos rasgos contrapuestos con el mismo.

Un filósofo tan solvente como Habermas, enunció el concepto de privatismo civil, imperante en las sociedades que define como “capitalismo tardío”. Esta fértil noción apela al creciente desinterés de las personas por el sistema político, que refuerza la orientación a su privacidad, articulada en torno a la familia y el trabajo principalmente. El privatismo civil se conforma como un elemento complementario e inseparable de la democracia formal. La expansión permanente de la racionalidad administrativa estatal colisiona con los mundos de la vida, resultando de esta contradicción el privatismo civil. Este no puede ser entendido como un rechazo frontal a lo político-estatal, sino como, en palabras de Habermas, “una elevada orientación al output estatal, que se contrapone con una escasa orientación al imput. De esta situación se deriva un ámbito público despolitizado, que se sustancia en una crisis de legitimación permanente.

La validez de este concepto, el de un “ciudadano” exigente a la administración pública, pero con escasa disposición a participar ni contribuir, se hace patente y se intensifica. Los procesos de transformación social acaecidos desde los años ochenta en la dirección de una sociedad neoliberal avanzada, remodelan drásticamente esta noción. En tanto que el capitalismo tardío teorizado por Habermas se disuelve en una nueva sociedad nucleada en torno al mercado emergente, escoltado por sus instituciones principales, tales como la mediatización, el marketing, la publicidad, la gestión, la psicologización y la medicalización, entre otras.

En este conjunto, el viejo tejido social, en el que prevalecen las familias, los grupos profesionales y las comunidades locales, declina en favor de las nuevas categorías sociales derivadas de las nuevas estructuras e instituciones. De esta mutación resulta un arquetipo individual radicalmente nuevo, que se encuentra vinculado al concepto habermasiano de privatismo civil. Pero el mercado total emergente impone un principio de individuación que va más mucho allá de la piadosa formulación de Habermas. 

La enérgica irrupción de la individuación neoliberal modifica sustancialmente el modo de ejercicio de la ciudadanía. Esta queda reducida a los intereses de los distintos colectivos que pujan con las autoridades para hacer valer sus cuotas en el output estatal. Los distintos colectivos agrupados por sus intereses se desentienden del conjunto y de los demás contendientes. De este modo, se refuerzan desigualdades entre los distintos segmentos, multiplicándose los conflictos-latentes o abiertos- entre los distribuidores del output y los sectores destinatarios. Los más favorecidos son aquellos beneficiados en el output, así como los que minimizan sus aportaciones a los imputs en relación a sus recursos. La posición de influencia sobre los emisores mediáticos reporta a los poderosos la capacidad de generar estados de opinión favorables a sus intereses en detrimento de los intereses débiles. La ciudadanía queda así severamente fraccionada. La libertad y la igualdad son reformuladas, afectando a distintas categorías sociales según un gradiente de beneficiarios y perjudicados. 

En este escenario la libertad es entendida como el establecimiento de límites y garantías a la intervención estatal. De este modo, las sanciones tributarias o automovilísticas generan solidaridades intensas y climas de opinión pública que se asemejan a la antigua fraternidad. Por el contrario, los climas débiles con respecto a la corrupción, entendida en términos globales, propician la preponderancia política de los fuertes, que pueden presionar al estado para salvaguardar sus intereses. La desigualdad social se explicita en la selección y el tratamiento de los contenidos en los medios y en las políticas públicas. En este tiempo adquiere la forma de desigualdad política contundente.

Los intereses débiles no suscitan el interés general, siendo tratados episódicamente en los medios mediante la presentación de imágenes de casos límite separados de lo político. Las pésimas condiciones de trabajo en numerosos sectores, la precarización, el trabajo desregulado, el retroceso de las políticas sociales o la regresión de la asistencia sanitaria, producen un cortejo variado de víctimas, apenas suscitan atención o interés público. La incapacidad de convertirse en actores políticos y hacerse presente en esta selectiva sociedad político-mediática es proverbial. 

En este contexto llama poderosamente la atención la gran envergadura del clamor que se produce por el colapso de las autopistas por las nevadas. Los medios magnifican los malestares de los conductores atrapados por la mala gestión gubernamental. Un factor invariante en todas las catástrofes en España radica en el uso del fin de semana de las autoridades en la versión de señores del pepé. En el Prestige, en el accidente de la discoteca de Madrid y en otros, Fraga, Ana Botella y otros acreditados señores de abolengo, supeditan a sus actividades de ocio sus responsabilidades. En este caso, Zoido ha representado este guion de forma creativa. Un verdadero señor de Sevilla -nada menos- que coloca en su equipo a sus amigos de actividades empresariales y de ocio distinguido en los clubs exclusivos de la sociedad sevillana. El palco del Sánchez Pizjuán es el espacio sagrado de las élites locales de antes y de después de la modernización. En una jornada en la que el Betis es el visitante la presencia es obligatoria y se sobrepone a todo lo demás.

Pero este evento suscita una ira y una solidaridad insólita en relación con otros problemas sociales. Las víctimas del raquitismo del sistema de ayudas a la dependencia,  la tasa de paro juvenil o las condiciones de los mayores en las sociedades rurales, no llegan al alto rango de interés que suscitan los automovilistas atrapados. Esta disonancia no es producto de la casualidad. Por el contrario, se encuentra determinada por la importancia transversal en el sistema político y social de los motorizados. El automóvil representa la verdadera religión compartida en tan avanzadas sociedades.

Porque el automóvil no es solo un medio de transporte. Se trata de una auténtica experiencia personal intercalada en la cotidianeidad. La vivencia de una situación de reclusión en una cabina cerrada en la que las normas e imperativos sociales se difuminan, constituye una verdadera vivencia compensatoria en una sociedad cada vez más programada más allá de lo político. La cabina que se desliza sobre las vías es una práctica que cristaliza en una fuga provisional, un intervalo de compensación de los rigores de la convivencia, que en el presente adquiere la forma de competencia. 

Así, la libertad se sobreentiende como “libertad en marcha”. En la cabina, el sujeto contemporáneo experimenta una sensación de liberación de lo real. En este espacio no se percibe como un sujeto determinado por una posición en un gradiente que se modifica permanentemente, sino un habitáculo en el que se siente liberado de las coacciones sociales. La experiencia automovilística representa la liberación de lo real y la factibilidad de vivir una experiencia eximida de constricciones. Esta interpretación permite comprender la adicción al automóvil de los estratos sociales ubicados en posiciones sociales dotadas con menores recursos.

El resultado es que las carreteras devienen en objetos sagrados, que, en el caso que nos ocupa, han sido violadas por la inacción e incompetencia de la administración. Este acontecimiento tiene un rango superior al de las numerosas familias que esperan años ayudas por discapacidades o al de los numerosos trabajadores pobres, receptores de salarios de miseria. No, esos son cuestiones profanas que no alcanzan el estatuto de sagradas. Así, la ira de encapsulados, la atención mediática preferente y el estado de censura al gobierno se hacen inteligibles. El primer mandamiento es mantener las carreteras abiertas sobreponiéndose a los efectos climatológicos adversos. 

En los discursos de los profanos, cuando son interpelados por reporteros de las televisiones, sobresalen los términos siguientes: hospitales y autopistas. Después vienen las escuelas y colegios, para asegurar el encierro provisional de los mozalbetes, para que las familias alcancen su plenitud cotidiana en el trabajo y en el consumo, que como bien es sabido, implica numerosas actividades realizadas en espacios distintos, a las que es menester hacerse presentes mediante el desplazamiento en las cabinas con ruedas. Esta es la (pen)última versión del privatismo civil de Habermas, convertido ahora en privatismo de cabina móvil. La experiencia motorizada se sustancia en una liberación provisional de lo real. Pero la naturaleza interfiere en ocasiones las ficciones de tan ilusorios ciudadanos-conductores.









viernes, 5 de enero de 2018

CINCO AÑOS DE TRÁNSITOS INTRUSOS: LA DESPROGRAMACIÓN



En estos días se cumplen cinco años de estos tránsitos intrusos. En esta ocasión, este evento temporal converge con mi jubilación el pasado mes de mayo. En mi vida personal se abre un nuevo tiempo. Desde mi perspectiva, lo más importante ahora es desprogramarme gradualmente de mi identidad focalizada en la figura del sociólogo y profesor universitario.  Mi identidad personal ha sido monopolizada por ambas marcas, que han desplazado inevitablemente a otros factores personales. Ahora me propongo recuperar los huecos vacíos en mi biografía, que han quedado sepultados por las instituciones tan poderosas que han conformado mi vida. Se trata de rescatar algunas de las cosas que han sido inevitablemente secundarias y subordinadas para recuperar mi persona integral. Mi yo ha sido exiliado a lo profesional durante un largo tiempo, al igual que en mis años mozos lo fue la militancia. Este es el tiempo de restaurarme y compensar los excesos de una identidad concentrada.

Entiendo la jubilación como un episodio administrativo que me proporciona la oportunidad de vivir una nueva vida. Mi propósito principal es evitar la constitución de un “ex”. El mundo se encuentra lleno de excombatientes de todas clases. El pasado es un fantasma que persigue a las personas. En mi situación actual es fundamental colocarlo en su lugar subordinado al presente. De ahí la importancia determinante del concepto de Le Breton de “desaparecer de sí”. Esta es ahora mi estrategia personal. Mi vida profesional me ha conferido un conjunto de relaciones y automatismos que han fabricado un Juan diferente al que soy y quiero ser. Ahora es el tiempo de desembarazarme de las máscaras y las vestimentas de las instituciones que me han forjado.  A pesar de los distanciamientos y contrapesos que he introducido en mi vida para limitar lo profesional desde siempre, los estragos causados por las exigencias de este orden son inevitables. En situaciones rigurosamente programadas por lo institucional-profesoral o sociólogo-experto siempre he admirado a la gente que se comportaba con espontaneidad, reía o cantaba. Yo mismo en los últimos años he canturreado en las clases.

Mi nuevo estatuto de liberado del trabajo asalariado y de las instituciones profesionalizadas rigoristas me concede el privilegio de sumergirme en la cotidianeidad sin ataduras. En mis paseos he vuelto a canturrear, como algunas de las antiguas amas de casa o gentes cotidianas que vivían una vida sin retos, en donde lo cotidiano adquiría una preponderancia total. En estos meses he experimentado una sensación de libertad personal muy considerable. Así, he podido comprender la envergadura de las constricciones institucionales, multiplicadas en la era del neoliberalismo y sus constelaciones de la calidad. También he redescubierto la magnanimidad de los encuentros personales cotidianos liberados de las relaciones profesionales inscritas en el modelo experto-profano. El placer de no ser nadie-profesional, al renunciar a ser un ex,  es inconmensurable.

Pero la minimización subjetiva de mi pasado de sociólogo de guardia y profesor  trascendente no implica mi distanciamiento de la sociedad, así como mi compromiso con los problemas derivados de su devenir. Pretendo vivir intensamente el presente e intervenir desde mi perspectiva. Una vez que se han desanudado los lazos con las instituciones depredadoras de las personas, tales como la universidad, la sociología o lo que se entiende como salud pública, me siento más creativo que nunca y dispuesto a ver, pensar y decir. Precisamente mi creatividad y singularidad se encontraban amenazadas por estas instituciones homologadoras y servidoras del nuevo orden social fundado en el control de las mentes. Ahora mi autonomía se ha reforzado. Espero que pronto se note en este mismo blog, en tanto que en las nuevas condiciones  sí puedo alcanzar la plenitud de un intruso en los mundos secretos de las instituciones fundamentadas sobre los silencios, las complicidades y las opacidades.

En los treinta últimos años he tenido que desplazarme entre las periferias de las instituciones, lidiando con la nueva universidad invisible e imperceptible para la gran mayoría que, Jorge Eliécer Martínez Posadas, un filósofo colombiano pleno de lucidez e ingenio, define como “la universidad productora de productores”. La vieja universidad relega sus funciones convencionales a favor de su novísima prioridad de factoría de productores. Todos los participantes en los procesos institucionales son reprogramados como portadores de un paquete de competencias, siempre en trance de renovación, así como de un proyecto individual, cuyo sentido último es la competencia integral con los demás en la carrera sin fin hacia el éxito. La institución central de la gestión impone sus sentidos, de modo que cada cual es transformado en una máquina de hacer cosas para su propio éxito personal. Las socialidades convencionales son redefinidas en favor del nuevo arquetipo individual emergente. Las reformas que instituyen esta nueva universidad crean las condiciones adecuadas para que la perversión institucional sea inevitable.

También puedo disolver mis ataduras con la sociología. Toda mi vida profesional he tenido que coexistir con la tediosa ciencia social especializada y fragmentada. He convivido con una sociología “arrancada” del pensamiento y las ciencias sociales. Lo más insólito que he llegado a vivir es la prescripción de un sociólogo-funcionario que tomaba decisiones sobre los libros que compraba el departamento de sociología, que  conminaba a los profesores compradores a que los libros llevasen en el título la palabra “sociología”. En este mundo intelectualmente aldeano he tenido que sobrevivir. La sociología, convertida por los programadores de la fábrica de productores en su “división de sociólogos”, especificada en área de conocimiento, expulsaba fuera de sus fronteras, constituidas como artificios rústicos, a pensadores fronterizos y participantes en múltiples hibridaciones características de las ciencias sociales en el tiempo presente. Así se configura lo que he denominado como la tentación de la traición. No quedaba otra alternativa que nutrirse en el exterior de la disciplina segmentada, conformando una extraña privacidad que oscila entre el silencio y el murmullo.

Mi incomodidad personal con lo que los ejecutantes de la disciplina denominan como “marco teórico” ha alcanzado cotas de exasperación inusitadas. No podía soportar la reducción de un problema social vivo y complejo  a los términos y enunciaciones de alguna conceptualización sociológica académica incompleta. Porque la gran teoría se ha disipado desde hace varias décadas. La hibridación y los cruces entre disciplinas proliferan inevitablemente, constituyendo uno de los rasgos esenciales de la nueva ciencia social que disminuye el rigor de las fronteras disciplinares. Me siento muy aliviado por mi excarcelamiento del sistema disciplinar, que en la universidad ha fortalecido paradójicamente la institución central de la evaluación. Los méritos tienen que ser obtenidos en el interior de las disciplinas, lo que refuerza la función de control de los operadores de cada disciplina.

En estos meses me invade una sensación gratificante de vivencia de un estado de autonomía personal asociado a hipotecas tenues. Ciertamente, nunca me he sometido totalmente a las instituciones de la universidad reconstituida como fábrica de méritos y la sociología autorreferencial. Ambas instituciones se encuentran colonizadas por el mercado total, que les asigna funciones subalternas integradas en su propio orden. Pero la resistencia permanente a esa realidad, que se especificó en la no participación en las actividades institucionales; la desobediencia en distintos grados a las nuevas reglas, así como a los dictados de las agencias; la consecución de un grado de autonomía casi completa de la clase; la publicación de algún texto crítico en revistas periféricas, o  aprovechando grietas en la producción académica, así como la línea crítica seguida en Tránsitos Intrusos,  generaba tensiones cotidianas y distintas situaciones difíciles. La principal es la de asumir el estatuto de profesor degradado y silenciado, que adquirió distintas formas y gradaciones en el curso de los años. 

Mi distanciamiento de la institución y mi clamoroso disentimiento en el aula me ha reportado un estatuto de castigado permanente. La fusión de clanes académicos con los religiosos católicos extremistas, que tiene lugar en mi departamento, recupera un elemento fundamental: este es el apartamiento, el silenciamiento y el castigo. Desde la perspectiva de los ejecutores, la sanción es eterna, a imagen misma del infierno. Así he vivido en estado de degradación institucional durante más de veinte años. Una de las instituciones centrales de estos clanes académico-religiosos es el confesionario. Así, en las organizaciones en las que se encuentran asentados desarrollan múltiples líneas de comunicación subterránea nucleadas en torno a los miembros directivos del clan. Estas comunicaciones adquieren la forma de insinuaciones, murmuraciones, medias verdades y acusaciones encubiertas  llenas de matices y dobles sentidos. Ser descalificado por un clan de esta naturaleza implica una experiencia rica, pero los costes psicológicos son patentes.

Mi jubilación ha supuesto la liberación del castigo perpetuo en una comunidad en la que las comunicaciones eran invisibles para mí, en tanto que se vehiculizaban en los confesionarios, organismos siempre movilizados en la escucha y la insinuación. Solo podía acceder a sus efectos por la constatación de los estudiantes, algunos de cuales tomaban una distancia con mi persona abrumadora. Varios me comentaron en distintas ocasiones y épocas  que algún colega habían elogiado mis clases, pero advirtiéndoles acerca de mi salud mental. La etiqueta loco ha funcionado como refuerzo del castigo perpetuo. Este se reforzaba por mi comportamiento en la clase, lugar en el que me tomaba la licencia de una libertad de expresión insólita en la universidad actual. 

Estos clanes académicos religiosos terminan constituyendo chivos expiatorios en su vida intensa de instigaciones sumergida en los confesionarios. De ahí resulta una situación que representa una forma de caza de brujas, en tanto que el enemigo es construido en la trama comunicativa de las interacciones cara a cara entre los miembros relevantes del clan y los dependientes o subordinados al mismo. Durante muchos años he podido experimentar la vivencia de ser convertido en un extraño objeto de una descalificación que tenía lugar en un espacio inaccesible para mí. Mi defensa ha consistido en movilizar mi presencia en el único espacio público disponible: el aula. Esta es la razón por la que mis clases eran tan intensas y enfáticas. Me estaba defendiendo de la condena generada en los confesionarios. 

Siempre he comentado a mis amigos que mi objetivo era salir vivo, entero y erguido de esta situación. Me siento orgulloso de haberlo conseguido. Me permito esta pequeña vanidad, aunque el contexto en que ha tenido lugar mi disentimiento lo ha favorecido.  En la nueva universidad que se está configurando esto no es posible. Por eso expreso mi reconocimiento a muchos de los silenciados por la precariedad y la amenaza de las versiones universitarias del mobbing. La autonomía de los profesores se reduce año a año y se incrementa la conformidad derivada del incremento del miedo. Cada cual trata de sobrevivir poniendo en juego un conjunto de estrategias de adaptación. Me impresiona mucho la indefensión de las numerosas víctimas, que terminan por aceptar su exclusión sin defenderse, transitando hacia un estado psicológico que se inscribe en lo patológico.

Lo más paradójico es que una vez que he salido de allí, vivo, entero, erguido y con los daños controlados, extraño esas clases fuertes, mediante las que me he defendido en una época de mudanzas sociales de signo inverso al producido en la modernidad. Me he configurado como un sujeto competente en el arte de caminar a la contra. La verdad es que en estos meses cuando despierto, experimento cierto vacío, en tanto que no tengo que enfrentarme a un medio en el que soy descalificado o a una situación adversa que me exige la autodefensa. Lo que he vivido en estos años de universidad es una apoteosis de lo inverosímil. En estos días, cuando escucho a alguien remitir a la educación la solución a los distintos problemas, no puedo evitar una sensación de abatimiento. Me siento portador de una vivencia inconcebible y difícilmente comunicable a mis piadosos congéneres. Este es el núcleo de mi desprogramación personal. 

En este nuevo proceso personal, recién salido del gueto y de la tensión con las sectas académicas, valoro como de forma muy positiva poder escribir en este blog. Estoy comenzando el sexto año. Seis es un número muy sugerente.



martes, 19 de diciembre de 2017

LA UNIVERSIDAD EN LA CALLE EN 2012

                     

El año 2012 fue un tiempo crítico. La llegada del pepé al gobierno con mayoría absoluta sucedía al desplome del pesoe por su alejamiento de sus propias bases electorales. Las brasas del 15 M propiciaron una situación en la que tuvieron lugar movilizaciones de gran envergadura estimuladas por los temores colectivos a la regresión política y social. En la universidad el 15 M catalizó los malestares.

En el comienzo de curso tuvieron lugar distintas movilizaciones. Una de ellas fue la denominada "Universidad en la calle". Consistió en la impartición de varios seminarios simultáneos en la Plaza de Bib Rambla en Granada. La idea de los organizadores fue brillante. Participamos 18 profesores que impartíamos nuestro seminario dos veces en el mismo lugar, simultáneo al de los demás. Así los estudiantes rotaban entre los mismos. Varios videos en Youtube  narran esta acción. Ese día hubo una conexión en directo entre un grupo de estudiantes participantes y los universitarios canadienses que se encontraban en una movilización muy intensa en este tiempo.

Presento el texto de mi exposición, que analiza este conflicto en términos globales. Pienso que no ha perdido sentido y se adapta perfectamente al presente. El argumento principal hace énfasis en que las reformas universitarias neoliberales son inspiradas por un poder global que trasciende a los estados nacionales. Estos desempeñan un papel subordinado a las acciones emanadas de instancias supranacionales que los impulsan. Más allá de lo estrictamente universitario, la cuestión de fondo radica en repensar la democracia.

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                               LA UNIVERSIDAD A LA CALLE
                                   12 DE NOVIEMBRE DE 2012
                                       TEXTO DEL SEMINARIO
“                   CÓMO ES EL PODER QUE IMPULSA LA  DEMOLICIÓN
                                    DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA:
                     RACIONALIDADES, TECNOLOGÍAS Y ESTRATEGIAS”
                                                JUAN IRIGOYEN
                                 DEPARTAMENTO DE SOCIOLOGÍA.
                                     UNIVERSIDAD DE GRANADA

Las reformas universitarias impulsadas en los últimos años por los sucesivos gobiernos se inscriben en la matriz de las políticas públicas neoliberales propias de la época. Su implementación se realiza sin apenas deliberación ni negociación con los sectores afectados. Se constituye una autoridad técnica que se ubica en el nivel europeo que elabora la propuesta. Los parlamentos la aprueban con escasa discusión. La reforma de Bolonia es paradigmática. En los conflictos que suceden a su puesta en marcha, las autoridades estatales recurren al uso intensivo de los medios de comunicación, a su presentación como una necesidad imperativa para su entorno, a su naturaleza estrictamente técnica y a su despolitización. El campo de la deliberación se reduce a su aplicación, no cabe cuestionamiento alguno de sus contenidos ni puede ser pensada en términos de alternativa parcial o total.

Las reformas universitarias se implementan con un manifiesto déficit democrático y representan un nuevo autoritarismo tecnocrático que acompaña al modelo neoliberal imperante. La ausencia de información, consulta y negociación con los afectados se intensifica gradualmente. Los contenidos de las propuestas neoliberales son considerados como parte de una verdad incuestionable ante la que no cabe modificación alguna. Se trata de pensamiento único puro y duro. El presidente Rajoy llega a calificar sus políticas como “sensatas y de sentido común”. De este modo despolitiza sus decisiones y su acción de gobierno.

Pero, aún a pesar de que el gobierno central y los autonómicos aparecen como responsables de las políticas universitarias, los supuestos, los sentidos y las líneas esenciales que las definen, se elaboran en el nivel europeo. El tiempo presente se caracteriza por la emergencia de un conjunto de procesos de transformación que modifican radicalmente el sistema-mundo, constituyendo un poder global que opera según una racionalidad y unos métodos unificados, pero capaces de adaptarse a los diferentes contextos nacionales o regionales donde se encuentra ubicado. El poder global resultante se concentra en redes de empresas globales desterritorializadas y desplaza a los estados nacionales.

El poder global emergente opera construyendo un espacio-mundo paralelo a los estados nacionales, desde el que se condiciona las políticas de los mismos. El primer paso es asegurar el monopolio de las instituciones globales como el FMI, OMC, OCDE, Banco Mundial y otras que conforman un núcleo desde donde se ejercen funciones de gobierno mundial. Las corporaciones financieras e industriales, así como las industrias culturales y los grupos mediáticos globales conforman una trama desde donde se ejerce el control sobre estas instituciones.

El segundo paso consiste en tejer una red de distintas organizaciones como fundaciones, thinks tanks, agencias especializadas, centros sectoriales de investigación, universidades privadas, institutos profesionales, ongs y otras, que producen conocimiento aplicado a las decisiones de gobierno. En este espacio sin control democrático se generan los diagnósticos, las propuestas y las soluciones posibles a los problemas nacionales mediante la emergencia de nuevos expertos que proceden principalmente del campo de la economía. En esta red se produce el conocimiento legítimo, se determinan las prioridades y los contenidos de las agendas públicas, construyendo un campo cognitivo convertido en la única instancia posible desde la que se pueden pensar los problemas y las soluciones de las políticas públicas nacionales.

De este conjunto de organizaciones resulta una trama de relaciones personales, profesionales y políticas entre expertos, líderes financieros, gerentes de empresas, profesionales relevantes, personalidades del mundo del arte y la cultura, consultores, directivos de grupos mediáticos y políticos, miembros destacados de escuelas de Management y otras personalidades, a la que se incorpora por cooptación a académicos de universidades prestigiosas y políticos con perfil técnico de distintos partidos. Estas relaciones se refuerzan en las reuniones y eventos programados por las instituciones más relevantes de esta red por la que circulan los miembros de la nueva élite supranacional. De la acción concertada entre las instituciones financieras, las corporaciones industriales, los grupos mediáticos y la trama de organizaciones paralelas resulta la constitución de un formidable grupo de presión sobre los estados que asegura su presencia transversal en los procesos de elaboración y decisión de las políticas públicas. Así se constituye lo que algunos autores denominan como una metamorfosis del gobierno en las sociedades actuales.

Si la producción de conocimiento congruente con las premisas del gobierno neoliberal es una condición esencial para esta metamorfosis del gobierno, la reforma de la universidad pública aparece como una prioridad básica. Esta tiene que ser reconstituida para asegurar las coherencias con el
 conjunto de las reformas y del estado en particular. La neutralización del pensamiento crítico que ha producido la universidad es una cuestión esencial para el avance del proyecto neoliberal, así como la absorción de las élites universitarias por el proyecto global y las fuerzas transversales que lo impulsan. Así nace el denominado capitalismo académico, que determina una relación de intercambio entre la industria y los investigadores, maximizando la producción de conocimiento a fines industriales y comerciales, y minimizando los saberes tradicionalmente críticos que han identificado a la universidad moderna. La implementación de este modelo tiene como consecuencia principal la reprofesionalización de los profesores, el establecimiento de una jerarquía entre los mismos y la proletarización de numerosos sectores profesionales.

Pero el nuevo poder global no opera sólo en el nivel de crear los dispositivos que produzcan el contexto cognitivo en el que se desarrollan las reformas congruentes con su proyecto. El nuevo poder global se funda en la emergencia y preponderancia de un conjunto de nuevas instituciones nacidas de la nueva empresa, entre las que destaca la gestión. La gestión se presenta como una nueva institución de validez universal que desplaza a lo político. Lo que importa es el pragmatismo de los resultados. Pero bajo esta máscara tecnocrática la gestión es una institución de conducción de las personas que desempeña un papel esencial en el conjunto del proyecto. La gestión instituye un conjunto de procedimientos que debilitan los vínculos laterales entre las personas que conforman las organizaciones en donde ejerce.

Para transformar la universidad pública es necesario pero no suficiente detentar la hegemonía legislativa y comunicativa, como hasta aquí se ha expuesto. Es preciso intensificar y reforzar el proceso de cambio a partir de la acción interna que asegura la gestión. Esta es una nueva institución de conducción que constituye el núcleo del modelo neoliberal de gobierno de las organizaciones. La racionalidad sobre la que se asienta la gestión es producir, registrar, desarrollar y gobernar las diferencias entre las personas, los grupos, los departamentos, los centros y las titulaciones. Así, de la gestión resulta la evaluación permanente que es el instrumento principal para establecer un orden organizacional equivalente al del mercado. Como complementos de las instituciones emergentes de la gestión y la evaluación comparecen las ideologías de la calidad y la excelencia, imprescindibles para instituir una cultura organizativa y un imaginario profesional que respalde los procesos de competencia que la evaluación registra.

Las instituciones de la gestión y evaluación producen sujetos frágiles, transparentes y comparables, articulados en las dimensiones en las que se funda y que compiten permanentemente en los tiempos cíclicos fijados por la misma. La calidad y la excelencia establecen las dimensiones y la evaluación registra los resultados. La gestión crea el contexto cultural en la que lo importante es ganar siempre en la competencia con los iguales. Así se debilita el tejido organizativo y se produce una subjetivación disciplinada que se funda en el miedo. Bajo la máscara de la competencia y el imperio de los resultados se produce un riguroso disciplinamiento de las personas y se debilita el tejido organizativo de los vínculos entre las sociedades científicas y profesionales, los sindicatos, los colegios profesionales y otros grupos de interés.

Las fuerzas transversales que impulsan la transformación de la Universidad Pública utilizan estrategias combinadas y múltiples. A las acción externa de la red del conocimiento dirigida al impacto sobre las instituciones de gobierno y a la acción interna de la gestión, se añade la ejercida en la opinión pública por parte de los medios de comunicación. Esta estrategia se funda en dos ejes. El primero es una campaña permanente de desprestigio de los docentes, que son presentados como un grupo privilegiado resaltando los aspectos negativos. El segundo es la difusión intensiva de los discursos generados en la red productora del conocimiento, en los que se construyen los entornos de la universidad de modo parcial y favorable a la reforma neoliberal. Así se maximizan las necesidades de capital humano en detrimento de otras dimensiones fundamentales de la educación universitaria, orientada a funciones sociales cívicas que tienen una importancia determinante en el las sociedades presentes.

La reforma de la universidad se produce por la acción concertada de la red de organizaciones que producen el conocimiento congruente con el proyecto global y que configuran el contexto cognitivo en el que las instituciones de gobierno ejercen sus funciones, con la acción de los grupos mediáticos que producen la opinión pública necesaria para la reforma, y el conjunto de instituciones de gobierno de la universidad determinadas por los modelos instituyentes nacidos de la empresa y la gestión. Según las resistencias que se susciten, algunos aspectos de las reformas son aplazados o suavizados. Pero el proyecto global y el poder transnacional que lo respalda no continúa ejerciendo presiones en la dirección del cambio ejerciendo distintas estrategias.

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