Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

viernes, 24 de enero de 2020

SEB,DA-SONG Y LOS NUEVOS NIÑOS DESARRAIGADOS






Las películas Sorry We Missed You, de Ken Loach, y Parásitos, de BongJoon-ho, ilustran acerca de los cambios sociales que operan en el presente, en los que la educación se colapsa por efecto de los mismos. Seb es un chico hijo de un extrabajador industrial, ahora uberizado por efecto de la mutación del trabajo. Es inevitable su colisión con la institución educación, cuyo modelo institucional es desbordado por la transformación del sacrosanto mercado laboral. Seb no será un trabajador industrial continuado, sino un rotante entre distintos empleos temporales, sometidos a unas condiciones crecientemente severas. La escuela se muestra incapaz de comprender sus comportamientos “desviados”, que son congruentes con sus condiciones familiares y sociales. El abismo entre ambos se hace manifiesto.

Loach muestra crudamente la cotidianeidad de Ricky, el padre de Seb, que tiene que aceptar una situación laboral que socava su vida y destruye su persona. La inestabilidad integral de su condición precaria, en la que cada día se renueva la situación, cercena su vida diaria, generando un estado personal en el que se acrecientan los problemas. En este desaparece la idea de futuro, sobre la que se funda la educación. Así que Seb presenta un cuadro de anomias que es congruente con su no-futuro. La escuela tiene un modelo institucional pétreo e inamovible. La temporalidad es su eje estructurante. Pero esta quiebra en una situación familiar en la que la inestabilidad es la regla y las tensiones conforman la normalidad. El distanciamiento de Seb del mundo escolar parece inevitable.

La película presenta los efectos de la uberización radical. Cuando una de las estructuras sociales, el trabajo, se modifica radicalmente, las demás estructuras sociales se resienten inevitablemente, reajustándose mutuamente. La promesa implícita en la escuela-institución, que es la de amparar la futura integración en el mercado de trabajo, queda aplazada indefinidamente. El resultado es la aparición de un repertorio de comportamientos que rehabilitan el concepto de anomia. Esta mutación desborda la capacidad de comprensión del sistema, que las entiende como problemas sectoriales o generacionales. Estos dan lugar a la invención de saberes y métodos que conforman a distintos expertos. Estos tratan estos problemas como si fueran sectoriales.

Pero Seb presenta un cuadro en el que se manifiesta el terremoto social de intensidad máxima que genera la desestabilización del trabajo. Su figura representa la síntesis de toda una época. Así se evidencia que los problemas globales no se pueden tratar parcialmente mediante los múltiples repertorios profesionales dela pedagogía y la psicología. Estas han multiplicado su intervención, generando estructuras expertas que manifiestan una eficacia inversa a su tamaño. Cuanto más crecen, menos eficacia ostentan. Las distintas tribus profesionales psicopedagógicas muestran inequívocamente su fracaso, que se funda en una manifiesta crisis de inteligibilidad. Los mundos sociales resultantes de la gran precarización-uberización desbordan cognitivamente a los dispositivos expertos constituidos para reconducirlo.

Porque ¿qué futuro le aguarda a Seb? La verdad es que se trata de una persona que es carne de custodia. Su destino es ser custodiado por instituciones que definen las distintas etapas para su integración en el sistema de rotación por el mercado de trabajo. En cada una de ellas surge inevitablemente la tensión entre vivir la cotidianeidad y adecuarse a las exigencias de las instituciones de custodia (educativas). La gran verdad es que estas le recortan su autonomía personal, le limitan su responsabilidad y le ubican en una situación en la que la pauta esencial es aceptar su condición de sujeto en espera. Tiene que aprender a esperar a que le llegue su turno de aspirante a un trabajo, que, en la mayor parte de las ocasiones, es un intervalo que antecede a otro tiempo de espera-formación.

Seb ilustra la miseria de la sociedad definida por sus dígitos prodigiosos, de renta, de dinero, de cosas que se hacen y se venden. Pero este esplendor oculta algo muy importante en su interior. Una de esas cuestiones es la vivencia del largo tiempo de espera, que para millones de personas representa un tiempo miserable que encubre la amarga verdad de que no hay nada estable para él ahora, ni tampoco mañana. Esta espera custodiada eterna es compensada mediante la oferta infinita de relatos audiovisuales disponibles y las cataratas de objetos-baratijas que conforman el mundo low cost, constituido para ellos. Por esta razón, Seb solo tiene la alternativa de vivir en los márgenes de ese sistema hermético y opresivo que se le impone. Su única esperanza es escapar ahora de este sinsentido que lo aprisiona, y al que tendrá que regresar mañana. Es un artista del momento. Solo puede aspirar a vivir pequeños momentos que se intercalan en el tedio que domina la situación de custodia.

Su regreso al hogar le confronta con una realidad sórdida. Tiene que convivir con las crisis sucesivas de su padre, encerrado en una situación social en la que no hay alternativa. Pertenece a un mundo definido por su posición ínfima en la escala de consumo, en una situación en la que los objetos y las vidas sofisticadas se hacen presentes por todos los medios en la cotidianeidad, mediante las imágenes exuberantes de la abundancia y el confort. El quinto miembro de la familia, el televisor, les conduce a un universo inalcanzable para ellos. Así se construye un adolescente desarraigado, que vive entre varios mundos inaccesibles.

La fascinante película de Bong Joon-ho Parásitos, presenta otro infante radicalmente desarraigado, Da-song. Este caso es completamente diferente. Esta película me ha conmovido y ha interpelado a mi imaginación. No dejo de pensar en la sugestiva utopía de los pobres devenidos en expertos para los ricos. Ki-woo y Ki-jung, los hijos de la familia pobre, son personajes esplendorosos, que simulan experticia. Como afirma Guillermo Rendueles, los gerentes y terapeutas son los nuevos brujos de la tribu, revestidos de ornamentos tecnológicos y de máscaras técnicas.  La terapia que inventa Ki-jung me ha fascinado. Una familia pobre ejerciendo sobre una rica la relación más autoritaria e inhabilitante que existe en el presente: la experticia.

Pero no cabe duda de que el personaje central es Da-song, el hijo del acaudalado señor Park. Este es un infante sometido a un encierro doméstico que tiene como objetivo protegerlo del mundo. Vive recluido en su casa-palacio, rodeado de todos los lujos imaginables, en donde es vigilado, estimulado y convertido en depositario de unos afectos que se sitúan en la frontera de lo patológico. Da-song vive en una jaula de oro aislado radicalmente del mundo. Su figura representa la mistificación de la infancia y del concepto de felicidad, imperante en este tiempo para los acomodados en la abundancia.

La satisfacción total de sus deseos, alcanza un patetismo entrañable en la escena de la tienda de campaña. El niño decide dormir en una tienda de las que utilizaban los indios norteamericanos antes de ser exterminados. Bajo una fuerte tromba de agua se instala en ella y los padres se acomodan en un sofá para vigilarlo. Nadie contraría a Da-song. Cualquier conminación es entendida como una agresión autoritaria. Su mundo es una burbuja en la que se trata de eliminar cualquier idea de sufrimiento o cualquier forma de cuestionamiento de sus deseos.

La escena de la fiesta de cumpleaños es antológica. Todos transformados en indios para cumplir con la imaginación del infante enclaustrado y aislado del mundo, al que solo accede por sus mentores domésticos. Así, ese niño deviene en un monstruo que conoce el sufrimiento ni las limitaciones del mundo real. Así se conforma como un ser necesitado de terapia, objeto de los extravagantes expertos psi que pueblan la contemporaneidad. Da-song es un ser asistido por un dispositivo que trata de ocultarle el mundo existente.

Así se ilustra acerca de uno de los aspectos más singulares del tiempo histórico de la sociedad neoliberal avanzada. Este es el de la compartimentación severa. Los habitantes de los mundos de la abundancia se blindan y se recluyen en un espacio sólidamente cancelado a los demás. De ahí se deriva la consolidación de múltiples fronteras internas. Seguramente, Da-song nunca vivirá una situación abierta en la que tenga que compartir el espacio con gentes de otras clases sociales. Su vida es una sucesión de encierros amables, en los que las necesidades materiales se encuentran excluidas. Así se configura un ser que vive en un mundo distorsionado. Todo termina inevitablemente en la terapia.

Da-song es un sujeto encerrado en su paraíso imaginario, que se puede definir rigurosamente como una perturbación determinada por el exceso. Su mundo resulta de su imaginación y sus relaciones sociales convergen en la adulación. Su posición social se sobrepone a todo. Es un sujeto resultante de la abundancia entendida como un shock inevitable, que le mutila los sentidos. Su imagen del mundo es inevitablemente desfigurada. En este medio es inevitable la presencia de la imbecilidad. Sus padres, los acaudalados señores Park, la representan admirablemente. Especialmente su madre, Yeon-kyu, desempeña este papel mediante la excelencia.

Este es el corrosivo mensaje de Bong Joon-ho, que muestra la superioridad de aquellos que viven estimulados por la privación, y que tienen que habitar en un mundo social compartido con gentes de otra condición. La familia de Ki-tack, que vive en un sótano, se ve impelida a sobrevivir en la áspera superficie habitada por seres sociales plurales. Así se desarrolla su imaginación y sus competencias de adaptación. Estos son los que viven en un medio abierto, que excluye encierros institucionales y de clase, y que interpela a la inteligencia como única forma de prosperar y sobrevivir. Su encierro es solo nocturno en el sótano-vivienda, paliado por el el wifi pirateado.

Seb y Da-song son dos seres sociales del presente que ilustran acerca de los distintos “internados” generados para albergar a la infancia y la adolescencia. 


domingo, 19 de enero de 2020

LA EXTINCIÓN DE LA ESCUELA ANDALUZA DE SALUD PÚBLICA: COERCIÓN INSTITUCIONAL, SADISMO GERENCIAL Y QUIMIOTERAPIA POLÍTICA



La liquidación en curso de la EASP, es un fenómeno poliédrico, susceptible de varias lecturas. En tanto que afecta a los intereses de sus profesionales y empleados, adquiere el perfil de un conflicto de interés, repetido durante tantos años en el proceso parsimonioso, constante e incremental de extinción del sector público. Esta es la perspectiva que privilegia el poder político, ahora ejecutado por el pepé. Pero este óbito organizacional se puede inteligir desde otras perspectivas. La cuestión principal radica en considerar si la función que desempeña esta organización puede ser ejercida por otra instancia alternativa. En este sentido, el denominado Instituto Andaluz de la Salud, nace sin identidad alguna, siendo definido como un tanatorio de las organizaciones que le anteceden. No existe un discurso acerca de su misión ni de su identidad, lo que indica que se trata de una operación de tráfico de patronazgos.

De este modo se cumple la premonición fatal enunciada por algunos de los fundadores de la escuela en los años ochenta. Esta nace con la vocación de arraigarse en un terreno yermo, descartado por las facultades de medicina y las entidades de investigación biomédica. La salud pública significa, además, la especificación de varias problematizaciones que afectan al campo político. En este sentido, el poder académico y el poder político, constituyen amenazas potenciales para un proyecto de esta naturaleza. Desde sus orígenes, estas admoniciones han estado siempre recónditas, adquiriendo un variado repertorio de formas latentes y manifiestas, revestidas de una gama de sutilezas.

En el curso de su vida, la escuela ha reconfigurado su proyecto inicial en sucesivas ocasiones, mostrando su capacidad de adaptarse a las continuas transformaciones de su entorno. Esta flexibilidad ha adquirido la forma de un pluralismo interno, en el que han coexistido distintas tendencias. El núcleo salubrista cohabitaba con varias tendencias racionalizadoras de las prácticas biomédicas, los devotos de la institución central de la gestión y su estela de saberes y métodos, así como los referenciados en la inteligencia médica crítica global. La coexistencia, moderadamente pacífica, entre distintas tendencias, ha sido la condición de sobrevivencia de esta organización.

Pero, con el paso de los años, la autonomía de la EASP, se ha reducido considerablemente. Tras la muerte de Patxi Catalá, un acreditado maestro en el arte de lidiar con el poder político, este ha situado en la cúspide de la escuela a varios profesionales cuya misión fue reducir su autonomía, para inscribirla en el orden organizacional de la conserjería, el SAS, los servicios centrales y otras configuraciones referenciadas en la metrópoli política. Esta colonización ha tenido varias etapas, en las que se han configurado distintos equilibrios internos. La etapa de la dirección de Joan Carles March, significó la recuperación de una parte de su autonomía e identidad. Su cese constituyó un acontecimiento fatal, en tanto que significaba la subordinación a la enigmática metrópolis sevillana y sus imperativos políticos.

La llegada del PP al gobierno regional, significó la materialización del peligro. Todas las ofensas percibidas por las élites políticas, biomédicas y académicas, acumuladas durante tantos años, con respecto a los considerados como intrusos, cristalizaron con el nombramiento de Blanca Fernández-Capel, un peso pesado del PP provincial. Cuando conocí su designación no tuve dudas acerca de que se trataba de la ejecución de una operación de extinción inexorable, instrumentada de modo que tuviera los menores costos políticos posibles. La experiencia acreditada por las élites políticas, en el arte de extinguir entidades inscritas en el sector público, es movilizada para resolver la disolución de la escuela, reintegrándola en el orden académico-político-biomédico imperante.

Así, la metodología empleada para este caso constituye un monumento a la perversión institucional. Primero se toma la decisión de extinción, para después hacerla pública como propuesta legislativa. Se espera que el efecto sobre los afectados sea letal, tal y como se ha acreditado en la doctrina del shock, ensayada en múltiples ocasiones y contextos de este tiempo. Estos son situados a la defensiva, en tanto que se encuentran insertos en una relación de coerción manifiesta. El círculo se cierra mediante la comunicación sutil de que una parte de la organización, genéricamente “la que funciona bien”, va a continuar prestando sus servicios en el velatorio asignado, que es el fantasmagórico Instituto andaluz de la Salud.

Esta es una forma de ejercer el poder que puede definirse inequívocamente como sádica. Se instituye sobre un colectivo debilitado, al que se convoca a aceptar la situación, en tanto que cada cual puede formar parte de los salvados. En una situación así se emplaza a las víctimas a un diálogo ficcional, en tanto que sus posiciones han sido debilitadas. Las asimetrías en la decisión final son de una envergadura insalvable. Este modo de autoritarismo encubierto y de manipulación grosera, descansa sobre la endeblez de la posición de los profesionales y empleados. Estos son disuadidos de resistir, y conminados de facto a aceptar la situación, focalizándose en el azar de ser elegidos como sobrevivientes. El PP deviene en la figura del “Súper”, de Gran Hermano, con el que discutir comporta resultados fatales para el afectado. En estas condiciones se instituye el diálogo, que no afecta a la decisión final ya ejecutada.

Esta definición del diálogo, que tiene como límite la inevitable adscripción al nuevo instituto de los elegidos, escamotea la cuestión principal, que radica en la función que ha ejercido y ejerce la escuela. Así, sus profesionales son expropiados de facto de sus propios activos y aportaciones, debilitando su identidad profesional, condición esencial para asestarles el golpe final. Los desempeños organizacionales de la escuela, son desplazados del diálogo, que adquiere así la naturaleza de solución final. Es obvio que el fin de la escuela deja un hueco muy importante, que las facultades de medicina y los institutos de investigación biomédica no pueden reemplazar, debido a su manifiesta insolvencia para esta misión.

Detesto repetir estas necias frases al uso instauradas por la institución sacramental de la gestión. Una de ellas es la manida “fortalezas y debilidades”. Pero, en este caso, me guardaré las debilidades, para resaltar que la escuela ha realizado y realiza varias funciones en las que es irremplazable. Su modelo de docencia representa un avance incuestionable con respecto a los de la anquilosada universidad y su degradado universo de posgrado y su tráfico de titulaciones. Miles de profesionales han pasado por sus aulas con saldos positivos en distintos aprendizajes. Pero, el máster de salud pública en particular, se encuentra muy por encima de la generalidad de másteres universitarios, a una distancia abismal.

 Como he vivido directamente durante muchas ediciones esta situación, y he participado también en distintos másteres universitarios, me afirmo en resaltar la gran diferencia, tanto en metodología, como en relación entre teoría y la práctica, integración de contenidos, tutorización y solvencia y compromiso de los profesores. Esto es factible por la asignación a este máster de recursos cuantiosos, como es la dedicación de pesos pesados en funciones de coordinación y dirección, que lo convierten en una verdadera excepción. La presencia diaria en un módulo de personas como Natxo Oleaga, Sergio Minué, Alberto Fernández Ajuria y otros, constituye un verdadero lujo, si lo comparamos con otros másteres universitarios, en los que la presencia de destacados docentes e investigadores es puntual y esporádica. También la calidad profesional de algunos de los profesores invitados.

La escuela se ha configurado como un territorio de convergencia entre profesionales de muy distinta naturaleza. Los vínculos entre docencia, asesoría, cooperación y otras funciones, han consolidado a esta como un espacio de cierta interlocución, inimaginable para una institución universitaria fundada sobre disciplinas fragmentadas regidas por el principio inamovible de la rigurosa separación entre teoría y práctica. La red de vínculos, regionales, nacionales y globales de la easp, tiene una consistencia considerable. Esta remite a su naturaleza de foro profesional, en el que se encuentran presentes distintas tendencias. Así se ampara a una forma de comunidad profesional que realiza intercambios y actualizaciones.

La decisión de liquidarla afecta principalmente a varias líneas de trabajo fundamentales, que se encuentran a la intemperie de las instituciones biomédicas de producción de conocimiento. Especialmente, la promoción de la salud se encuentra en esta situación, en el que la escuela es un lugar de encuentro fundamental. Asimismo, las versiones más amables e inteligentes del management, y su estela de saberes y métodos, han encontrado en la escuela un suelo confortable, que la han conformado como excepción al management autoritario. La escuela ha sido la sede del neoliberalismo progresista en el campo sanitario. Excluyo comentar nada acerca del feminismo o la cooperación, por el temor de que pueda ser convertido en un arma de destrucción masiva de los liquidadores, en las deliberaciones en curso para la salvación selectiva.

Pero el núcleo de esta operación de disolución y extinción radica en factores exógenos al campo sanitario. Esta se funda en la naturaleza de la competición política del régimen del 78. En esta disputa, cada partido construye un campo organizacional propio para sustentar sus posiciones. Cuando accede al gobierno incrementa su campo en detrimento del de sus rivales. En Andalucía, tras tantos interminables años de oposición, el pepé practica el encarnizamiento sobre lo que entiende como organizaciones adscritas al campo enemigo. Este es el caso de la escuela. Esta es etiquetada como componente de la configuración adjunta al pesoe. En coherencia con ese estigma político, esta es liquidada implacablemente.

Esta operación de limpieza “étnico-organizativa”, se practica como una quimioterapia política. Se trata de arrasar el campo rival, incluyendo los efectos colaterales inevitables. Al modo de la quimio, se mata a todas las células sin discriminar. La estrategia del pepé se asemeja a un bombardeo nuclear que castiga indiscriminadamente a todo el territorio. Así se perpetra un asesinato institucional perfecto. No es preciso pugnar por la hegemonía. Para ello se recurre a la valiosa experiencia acumulada en tantos años de reconversión industrial, y también del sector público, en los que se ensaya la demolición de organizaciones, de la que se hace un verdadero arte. A este hay que sumar la encomiable experiencia en la persecución de la inteligencia, que en la España moderna ha alcanzado un nivel de excelencia admirable.

La defensa frontal de la escuela en este episodio es compatible con el distanciamiento crítico que define mi posición. Pero ahora no es el momento adecuado para exponer alegaciones. Me conformo con apelar a la tiernas síntesis de Serrat en su canción La mujer que yo quieroTiene muchos defectos, dice mi madre. Y demasiados huesos, dice mi padre. Pero ella es más verdad que el pan y la tierra. Mi amor es un amor de antes de la guerra…” Esto es.

En su momento póstumo, cabe, sin acritud, recurrir a la canónica cuestión enunciada por un sociólogo tan relevante como Boaventura de Sousa Santos y su sociología de las presencias y las ausencias. Ha sobrado el desfile fatuo de burócratas de la OMS, de gerentes de ocasión, de expertos subordinados al imperio médico-farmacéutico, de políticos astutos sin alma, de profesionales estrella biomédicos, de vendedores de milagros, y de otros señoritos de postín. Al tiempo, se ha echado de menos a gentes vinculadas a la inteligencia crítica médica global y a los pensadores lúcidos y comprometidos, más allá de las fronteras de lo que se entiende como salud. Algunas de las personas que me han nutrido apenas han frecuentado esta institución: Juan Gérvas, Carlos Álvarez-Dardet, Carlos Ponte, Guillermo Rendueles…

El final de la EASP es una cacería infame. Me permito dar una recomendación a mis colegas. No os dejéis avasallar por los ángeles exterminadores. No permitáis que os expropien de vuestras propias aportaciones, mediante la minimización y negación. Sentid a los que os acompañamos y reconocemos. Vuestra historia es, cuanto menos, poco frecuente en la España del postfranquismo. Pocas instituciones han alcanzado vuestros modestos logros. En España ninguna. Y nunca perdáis de vista que vuestros verdugos tienen una envergadura muy inferior a la vuestra. Lo digo con el criterio que me otorga haber sido profesor de algunos de los que practican hoy la quimioterapia política con vosotros.

Quiero concluir con una reflexión que puede ser leída como ácida, al tiempo que lúcida. Se trata de pensar si en el contexto del presente sería imaginable crear un proyecto de esta naturaleza. Esta consideración se encuentra cargada de impertinencia, en tanto que la respuesta es un rotundo no. Así se puede hacer inteligible el retroceso experimentado por el impetuoso avance del neoliberalismo y el mercado total. Hoy toca de nuevo resistir, pero renunciar a imaginar un futuro en el que otra atención a la salud sea posible, es pernicioso.

Un abrazo fuerte para todos, y para Natxo Oleaga dos.





domingo, 12 de enero de 2020

EL NUEVO GOBIERNO Y LA FAUNA DE LOS ESPEJOS


En aquel tiempo, el mundo de los espejos y el mundo de los hombres no estaban, como ahora, incomunicados. Eran, además, muy diversos; no coincidían ni los seres ni los colores ni las formas. Ambos reinos, el especular y el humano, vivían en paz; se entraba y se salía por los espejos. Una noche, la gente del espejo invadió la Tierra. Su fuerza era grande, pero al cabo de sangrientas batallas las artes mágicas del Emperador Amarillo prevalecieron. Éste rechazó a los invasores, los encarceló en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como en una especie de sueño, todos los actos de los hombres. Los privó de su fuerza y de su figura y los redujo a simples reflejos serviles. Un día, sin embargo, sacudirán ese letargo mágico.
 El primero que despertará será el pez. En el fondo del espejo percibiremos una línea muy tenue y el color de esa línea será un color no parecido a ningún otro. Después, irán despertando las otras formas. Gradualmente diferirán de nosotros, gradualmente no nos imitarán. Romperán las barreras de vidrio o de metal y esta vez no serán vencidas. Junto a las criaturas de los espejos combatirán las criaturas del agua.
Borges. Los animales de los espejos. El Libro de los Seres Imaginarios.

La sociedad postmediática ha multiplicado los espejos, convirtiéndolos en una verdadera invasión de todas las esferas de la vida y la sociedad. En mis paseos por el centro de Madrid y el Retiro observo fascinado a algunas personas que deambulan solas y mantienen una relación indisoluble con su móvil-espejo. Se fotografían en todos los lugares y ensayan sonrisas con pretensión de ser sofisticadas, así como un catálogo de muecas que les homologuen con las divinidades expuestas a todas las miradas, desde sus olimpos electrónicos. El viejo dicho de Freud, “Mirar y hacerse mirar”, deviene en el eje de la vida.

Pero este progresado pueblo de los espejos, extiende la ubicuidad de estos a todas las actividades y todos los rincones del sistema. La fotogenia es una competencia esencial para prosperar en el mundo de la empresa, la ciencia o la política. El nuevo gobierno que se inaugura mañana mismo, se encuentra definido por una constelación de imágenes, seleccionadas en los archivos, y en los actos protocolarios de toma de posesión. En este mundo de espejos múltiples, no pocas personas valiosas quedan sumidas en un estado de consternación visual, al contemplar las series de imágenes que los identifican.

Las imágenes de los espejos terminan por desplazar a los discursos y las acciones, que se subordinan al nuevo orden visual. La inteligencia y la imaginación se polarizan en la invención de situaciones en las que las imágenes adquieran un esplendor inusitado. Así se construye un pueblo, el de los espejos, que sanciona un sistema social representado en las imágenes. El problema radica en que estas son inevitablemente polisémicas. Así que los maestros y los docentes de todas las clases se encuentran sumidos en un estado de perplejidad supremo, que es la antesala del estado de miedo.

Un orden social fundado en la apoteosis visual, propia del pueblo de los espejos, configura una clase dirigente coherente con este. Quizás aquí radica una explicación acerca de los grandes déficits de inteligencia que la caracteriza frente a los grandes problemas del tiempo. Estoy en la espera de mañana, para ser sorprendido por la nueva imaginación de los asesores de imagen en la creación de un acontecimiento visual que impacte sobre los espectadores involucrados en los juegos de los espejos.

Entretanto, me encuentro alarmado por la discordancia encarnada en el nuevo ministro de universidades, Manuel Castells, en el que su imagen se contrapone a su bagaje intelectual y profesional. De este modo queda convertido en material apto para la manipulación grosera en el juego de los espejos, en tanto que su poder seductor es manifiestamente restringido. Solo es portador de inteligencia sin ornamentos. En esas condiciones, puede ser percibido muy por debajo de su potencialidad por el extraño pueblo de los espejos y sus operadores.