Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

sábado, 8 de junio de 2019

LA PATRAÑA DEL PACIENTE INFORMADO


En Le Monde Diplomatique del mes de mayo, aparece un texto escrito por Sophie Eustache, en el que desvela el próspero negocio organizado en Francia a propósito de “la paciente informada”. En los últimos años, la intensificación de la reforma sanitaria neoliberal, comporta un conjunto de renovadas estrategias fundadas en la nueva gubernamentalidad, en las que el paciente es considerado como una entidad activa que es preciso reconquistar. Así, en el espacio público asociado a la esfera de la salud, comparecen distintas iniciativas que pretenden establecer relaciones con los pacientes, con la finalidad de convertirlos en los sujetos activos requeridos por un mercado tan singular como el sanitario.

Estas nuevas estrategias son leídas en España, desde el interior del sistema sanitario como el advenimiento de una democratización en las instituciones que regulan las relaciones entre profesionales y pacientes. Los nuevos discursos son asumidos por los profesionales, así como por la mayor parte de la izquierda sanitaria, interpretándolos como un salto en el progreso sin fin de la institución. Así se conforma el neoliberalismo progresista que domina los discursos en los foros y congresos profesionales en este tiempo.

Pero estas estrategias del paciente informado, el paciente experto y otras piadosas formulaciones carecen de verosimilitud. Se trata de un episodio de la recuperación de los pacientes como un vector imprescindible para el crecimiento de un mercado de bienes inmateriales, cuya compra requiere la colaboración activa de los clientes. He vivido en primera persona la llegada a los foros del sistema público de estas entelequias conceptuales. La aceptación acrítica de las mismas por parte de profesionales progresistas alcanza la condición de lo patético en la mayoría de los casos. La mitología de la telemedicina adquiere la condición de milagrería tecnológica extensiva. En el texto de Eustache se analiza el devenir de esta patraña en Francia de manera convincente, desvelando las actuaciones de los agentes más poderosos que articulan este mercado. El resultado es la conformación de una patraña perfecta.

En los primeros años del nuevo siglo surgen en Francia sitios web en salud dirigidos al gran público. Estos se referencian en la finalidad de democratizar la información médica, que se entiende como el requisito principal para la autonomía de los pacientes. Pero el éxito inicial de estos, que atraen a millones de visitantes, evidencia la verdadera finalidad de este proyecto, que utiliza el conocimiento adquirido por las aportaciones de los usuarios, para conformar un banco de datos útil a las empresas de este mercado, necesitadas de información para producir campañas específicas para patrocinar sus productos. Estas devienen así en anunciantes en los mismos sitios web que recopilan las informaciones proporcionadas por los pacientes-blanco. Así se conforma un rasgo específico del mercado sanitario: la coproducción perversa.

El texto de Eustache analiza el caso específico de Doctissimo, pionero de información en línea sobre salud. Valeérie Brouchoud, su presidente afirma que “Dotar al paciente de responsabilidad, considerando que un paciente informado puede mantener un diálogo más constructivo con su médico y puede seguir mejor los tratamientos, se convierte en dueño de su salud”. Esta expresión “Dueño de su salud” fue el emblema de unas jornadas en Granada de Farmacritix, en las que fui invitado. A alguno de los estudiantes organizadores, le hice saber mi discrepancia con ese título ampuloso, que representa muy bien a la izquierda de la primera reforma sanitaria en aquella época, y al neoliberalismo progresista de la presente.

El éxito de Doctissimo en los años siguientes fue manifiesto, al atraer a millones de usuarios. El perfil dominante era el de una mujer cualificada, con alto nivel de educación formal, dotada de un poder adquisitivo considerable, internauta acreditada y que vive algún problema de salud. Las mujeres desempeñan un papel crucial en la atención a la salud en los hogares. Así son la puerta de entrada al consumo médico familiar.  Este se presentó asociado al de bienestar, higiene, belleza, así como la ascendente psicología. Así se configuraron secciones activas en una pluralidad de campos, en los que comparecen las empresas con sus comunicaciones publicitarias sofisticadas.

Google desempeña un papel esencial, mediante sus algoritmos derivados de la observación de la navegación. Estas amparan las estrategias de captación y los enlaces a las web de las empresas patrocinadoras. Pero el valor que aportan las búsquedas de los usuarios es superado por la información derivada de los foros. Estos constituyen la base para el desarrollo digital del mercado de la salud. Los foros proporcionan información sobre las personas, sus perfiles sociodemográficos, los hogares, los consumos, los centros de interés, los juicios y opiniones, las patologías, los posicionamientos respecto a los problemas de salud, las marcas, los productos y los servicios. En los foros participan activamente setenta mil pacientes que aportan un material indispensable para las empresas.

De ahí resulta una base de datos  que contribuye a producir servicios personalizados de alto valor añadido. Esta fundamenta las campañas selectivas de las empresas, así como a una segmentación precisa de este mercado. Así se configura la versión médico-sanitaria del nuevo capitalismo cognitivo, fundado en el conocimiento extraído de la colaboración voluntaria y gratuita de sus propios consumidores. El nuevo poder dialógico hace hablar a los pacientes-internautas, para comprender sus posicionamientos y mentalidades, requisito esencial para colocar sus productos y servicios.

El texto concluye con una frase demoledora: “Hay tantas maneras de decir que se vende tiempo de cerebro humano disponible”. La conquista de la mente de los pacientes en una nueva versión del próspero neuro-capitalismo del presente. Este formidable despliegue del mercado sanitario, tiene como efecto la importación de parte de sus discursos y lenguajes al sistema público. Los profesionales progresistas los adoptan y elaboran versiones amables que constituyen una ensoñación que contribuye al debilitamiento de la cohesión interna del mismo. Este sí que es un requisito esencial para la instauración de la privatización asociada al nuevo estado post-bienestar.

Los discursos que circulan por los mundos sanitarios en los últimos treinta años de reforma neoliberal, son manifiestamente engañosos, en tanto que ocultan sus verdaderas finalidades. Así se conforman como patrañas de una envergadura monumental. Es curioso constatar su aceptación por los incautos profesionales. La multiplicación de patrañas tiene como resultado el descentramiento de los piadosos receptores, desbordados por el flujo ideológico oculto presente en las comunicaciones públicas. Así se hace posible el avance hacia la demolición del viejo sistema semi-universal. En este estado confusional, no se percibe la importancia de la denegación de asistencia a determinadas categorías de personas inmigrantes. Las ideologías de la excelencia omnubilan.



martes, 4 de junio de 2019

LAS VÍCTIMAS INOCENTES DEL SMARTPHONE


En los últimos años se intensifica el uso del móvil, reforzando la densidad de los mundos sociales virtuales. Las personas se comunican según un modelo en el que apenas existen pausas. Se trata de un sistema de 24 horas, en el que el tiempo de sueño es la única interrupción. El efecto de esta expansión es la remodelación radical del espacio público. Este es vaciado de relaciones personales, e incluso visuales. Los sujetos se desplazan por el espacio en un estado pleno de ausencia. Todos los sistemas de relación social son interrumpidos por la comunicación virtual.

La escisión con el mundo físico-espacial se profundiza vigorosamente. El reinado del Smartphone designa la imposición de lo que Javier Echevarría denominó como “tercer entorno”. Este espacio absorbe las energías comunicativas de la inmensa mayoría de los sujetos apantallados. La pequeña pantalla deviene en el centro social, desplazando la vieja comunicación cara a cara a un segundo plano. Sobre el imperio de este mundo de la comunicación virtual se posicionan los nuevos “señores del aire”, las empresas proveedoras de los servicios y que sustentan internet.

El nuevo sistema de comunicación comporta unas exigencias de respuesta que adquieren proporciones mayúsculas en la vida cotidiana de las personas interconectadas. Los señores del aire producen incesantemente, y a velocidad de vértigo, relatos audiovisuales, fabulaciones, imágenes, sonidos, representaciones y discursos, que conforman el gran espectáculo del presente. Sobre esta producción se implementa un sistema formidable de interacciones  entre los sujetos. El código de este es responder inmediatamente a las comunicaciones de los próximos virtuales, así como a los relatos generales.

La convergencia de ambos sistemas genera un monstruo cronófago que se apodera de la totalidad de la vida. Esta queda definida como un escenario en la que cada cual tiene que comunicar sus logros cotidianos. Así se configura un nuevo ser social, cuyas experiencias físicas sobre un espacio tienen que ser imperativamente traducidas y trasladadas al espacio virtual. Como apunta acertadamente Bauman, cada uno es artista de su propia vida. Esta deviene en un escaparate que es preciso decorar para su presentación en la nueva sociedad del tercer entorno.

Las exigencias de conexión permanente y de presentación de su propia vida son de una envergadura tal, que desbordan las capacidades de los sujetos interconectados, condenados a responder incesantemente a los requerimientos de los próximos virtuales. Así se configura una adicción incremental, que se apodera gradualmente de la vida real de cada cual. Los adictos se desplazan por el espacio físico en un estado groggy , desconectados radicalmente de su inmediato entorno. Los canales visual y auditivo son absorbidos en régimen de monopolio por el mundo exigente y cruel del Smartphone.

Este vigoroso proceso de desterritorialización espacial que comporta la evasión de los ultraconectados al mundo del más allá digital, produce un conjunto de víctimas afectadas por el vaciamiento del mundo espacial inmediato por parte de los que solo tienen su cuerpo allí. Entre los principales damnificados se encuentran los ancianos, los enfermos con algún grado de dependencia, los discapacitados, los niños y los perros. Este es justamente el contingente social que necesita de los cuidados. Estos son severamente amenazados por los evadidos digitales.

Todos los días contemplo el siniestro espectáculo de los necesitados de los cuidados abandonados en manos de sus cuidadores evadidos. El espectro de situaciones es muy extenso. Las mamás que empujan el coche del bebé con una mano, en tanto que con la otra manejan compulsivamente el móvil. Los cuidadores que no dirigen la palabra a los cuidados, concentrados en sus pantallas, que violan así el fundamento de cuidar, que es prestar atención y acompañar. Los paseantes de sus perros que transforman el paseo en un monólogo con sus próximos virtuales en detrimento de sus mascotas.

Puedo describir muchas situaciones de verdadera crueldad. Pero lo que más me importa aquí es constatar que el móvil es radicalmente una máquina de disolución de la civilidad, así como un instrumento de transformación del espacio físico en un desierto relacional. La desconsideración a los necesitados de cuidados alcanza el umbral del sadismo. Por eso afirmo que la imposición del tercer entorno sobre el mundo físico, que es el vivido por las poblaciones necesitadas de cuidados, genera la hegemonía de un nuevo sujeto interconectado carente de cualquier atisbo de fraternidad.

La dimensión de este problema alcanza proporciones majestuosas. La nueva sociedad digital es un dios que requiere del sacrificio de los necesitados de cuidados. Estos experimentan fatalmente su conversión en deshechos no traducibles a las narrativas vitales de tan esforzados sujetos interconectados, que inventan un relato de su vida en el que desaparece integralmente el dolor, la adversidad y los portadores de problemas que solo pueden ser aliviados por los cuidados.

Por eso propongo una solución creativa. Cuando me encuentro todos los días con un cuidador desconectado de su cuidado, que tiene cerrados los canales visual y auditivo por exclusividad de su Smartphone, me pregunto qué respuesta podría dar. Pienso en un arma eficaz que es simular un encontronazo en el que pueda descargar mi rabia mediante un pisotón. Pero una solución más amable consiste en castigar su canal olfativo, que todavía no ha sido cerrado por el móvil. Por eso propongo un bombardeo con bombas fétidas sobre los zombies del cuidado. Esta puede ser una forma de devolverlos al espacio físico por shock olfativo.

Quizás así se pueda reparar la dignidad de los cuidados a aquellos que son descuidados, ignorados y humillados por sujetos tan activos en la comunicación virtual. En otras palabras: Mierda gaseosa para los crueles cuidadores evadidos de su misión. Cuanto menos, que experimenten una situación irrespirable durante unos minutos.




miércoles, 29 de mayo de 2019

LOS RIDERS EN EL BARRIO DE SALAMANCA DE MADRID




En la calle Goya, en la intersección con la calle Alcalá, custodiados por los edificios del Corte Inglés, se concentran al atardecer docenas de riders acompañados de sus grandes mochilas con la imagen de Glovo o Deliveroo. Esperan las llamadas de los encerrados en sus hogares-fortaleza para comprar comida que les permita cumplir sus exigentes obligaciones con Netflix y otros traficantes de relatos audiovisuales. En el último año no puedo evitar visitarlos para contemplar el espectáculo producido por este conglomerado humano,  congregado en torno a sus bicis, y en el que cada cual es una entidad rigurosamente individual pendiente de su pantalla, en espera de una señal que anticipe la realización de un servicio a un enclaustrado videoespectador doméstico.

Las calles de la ciudad experimentan un vaciamiento progresivo según avanza la tarde, cuando declinan los desplazamientos de sus industriosos moradores, ocupados en tareas requeridas por el sacrosanto mercado de trabajo y de las múltiples actividades informalizadas que lo acompañan. Al caer la noche, en las calles solo reina la excepción de los bares, que también acusan el impacto de la gran reclusión doméstica en los hogares, transformados en sedes de ocio claustrofilico en torno a una variedad de pantallas y sistemas de comunicación. Los bares constituyen la sede de la resistencia al encierro doméstico, facilitando la relación entre los cuerpos de los presentes en este espacio.

El consumo de productos audiovisuales conforma un mercado gigantesco que se ha desmasificado integralmente, de modo que cada cual dispone de un menú de productos que le segmentan de sus próximos domésticos. Así se cierra la tradicional pugna familiar por el mando a distancia, último elemento de cohesión parental. Ahora cada cual se recluye en su rincón focalizado en su pantalla individual para satisfacer sus necesidades audiovisuales y relacionales. El hogar informatizado de la era Netflix representa un salto prodigioso en la individuación. Su espacio es la suma de los rincones donde cada cual puede ejercer su autonomía comunicacional con sus proveedores, sus redes personales y sus mundos sociales.

Los relatos audiovisuales adquieren una centralidad absoluta en las comunicaciones y las relaciones sociales. Así devienen en una obligación que comporta exigencias de tiempo muy considerables. Para cumplir con estos quehaceres es preciso generar un tiempo disponible que solo puede ser logrado mediante la transferencia de otras actividades. En este caso la alimentación es el espacio susceptible de ser liberado de las tareas de compra, cocina, consumo y limpieza de los utensilios. El sujeto encerrado en su palacio de comunicaciones deviene en comprador de comida rápida y barata que le libera del ciclo temporal de la cocina. Así hace factible el cumplimiento de sus obligaciones en las redes sociales y el consumo de series, videos, películas, retransmisiones deportivas y otros relatos audiovisuales.

El resultado es la conformación de un próspero mercado de sujetos encerrados en sus domicilios consumidores compulsivos de productos audiovisuales, acompañados por las comunicaciones que se derivan de estos. Este es el espacio sobre el que se asientan Glovo, Deliveroo y sus socios, que ofertan un servicio barato y fundado en el cumplimiento estricto del tiempo de respuesta a la demanda. El enclaustramiento doméstico para el consumo audiovisual y de intercambio de mensajes, se hace factible por la liberación de las obligaciones culinarias, así como de las búsquedas de productos de consumo mediante el desplazamiento físico a pie por los comercios. Amazon tiende a reemplazar esta función y redimir a los sujetos de la misma, generando tiempo disponible para el sagrado deber del consumo audiovisual en la sociedad postmediática.

Esta galaxia de empresas emergentes liberadoras de tiempo para los  compulsivos cumplidores de los nuevos deberes audiovisuales, altera sustancialmente la relación laboral, instituyendo una precarización que alcanza la plenitud. Los esforzados ciclistas que hacen factible el cumplimiento del servicio en el tiempo requerido por el cliente, se encuentran en el exterior de las instituciones de aquello que fue denominado como la “seguridad social”. Cada cual se conforma como un ente individual que ejecuta un servicio low cost, cuyos costes son necesariamente bajos. La gran crisis del trabajo ubicada en la transición al postfordismo, genera un excedente de sujetos predispuestos a ganarse la vida mediante la obtención de unos ingresos parcos.

Me ha conmovido el accidente de Barcelona, en el que murió un ciclista de Glovo, destapando una tenebrosa historia de subcontratación. El fallecido no era el titular del servicio, sino un arrendatario que cobraba una parte del menguado precio de este, no más de dos euros. Así se destapa el oscuro mundo de sobrevivencia de grandes contingentes de jóvenes, involucrados en transacciones de una economía miserable, y obligados a sumar cantidades de dinero ínfimas para sobrevivir, que proceden de distintas fuentes y actividades. Este es uno de los muchos submundos que habitan aquellos que tienen la imperativa necesidad de sumar algo, como ocurre con el mundo de los cuidados semimonetarizados y otras actividades informalizadas. Estos se encuentran fuera de las estadísticas y de los supuestos que conforman los saberes oficiales, que alcanzan su máxima distorsión cuando se refieren al mercado de trabajo. 

Me gusta conversar con estos habitantes de un mundo completamente ajeno al mío. Me llaman la atención sus cuerpos cuidados, muchos de ellos esculpidos en otro de los mercados gigantes de la época, los gimnasios. También sus estéticas personales y sus modos de estar. Muchos proceden de la gran selección  derivada de la multiplicación de las titulaciones, que expulsa de su campo a muchos de los candidatos. En la mayoría de los casos la espera a la llamada que anticipa el servicio se hace en silencio, sin comunicarse con los próximos. En esta ocupación el concepto de compañero se encuentra difuminado, siguiendo la pauta principal que inspira el tránsito a una sociedad neoliberal avanzada: Cada cual a lo suyo. 

En mis conversaciones con los riders confirmo su lucidez. En general son plenamente conscientes de la naturaleza de su trabajo, de las relaciones que comporta y de los beneficiarios del mismo. Esta comprensión se acompaña de una alta dosis de fatalismo, en tanto que la desconfianza en que sea factible un cambio es plena. Nadie piensa en un futuro colectivo mejor y cada cual se apresta a construirse una fuga de su realidad laboral en términos de prácticas de vida lo más gratificantes que sean posibles.

Cuando en una de estas conversaciones se suscita la idea del futuro aparece un rechazo absoluto. Todos descartan pensar en el futuro, en la esperanza difusa de que el azar salvará a cada cual, generando una alternativa cuyo origen se encuentra fuera del propio mundo vivido. En alguna ocasión se ha generado tensión cuando les he preguntado si es factible continuar así después de los cuarenta años. El distanciamiento de su propia realidad se erige en una defensa psicológica de gran consistencia. Así se controla el malestar derivado necesariamente de ocupar una posición social de esta naturaleza.

Me pregunto acerca del dolor que puede emanar de la posición social rider. El mecanismo de distanciamiento de su propia situación es un poderoso antídoto para el dolor. Así las personas se evaden de su propia situación y el dolor se difumina, transformándose en un malestar difuso que emerge cuando un acontecimiento lo activa. La muerte del ciclista de Barcelona es uno de esos eventos que transforma estos entes individuales en seres sociales en un tiempo fugaz, compartiendo el sentimiento de rabia e indignación por su propio universo cotidiano. 

Mientras tanto, la galaxia del estado sigue conociendo el mundo mediante sus propios esquemas cognitivos que ignoran lo emergente. Los discursos de las élites políticas son manifiestamente distorsionados y disparatados y excluyen múltiples situaciones de la vida social. La disminución drástica de los productores se acompaña de la explosión de los repartidores a domicilio, convertido en sede de la actividad social que tiende a acaparar un tiempo desmesurado en las vidas de tan avanzados súbditos-ciudadanos. La pregunta más estúpida que se puede formular hoy a una persona es la convencional ¿estudias o trabajas? Ese dislate solo lo hacen los ejecutores de la encuesta de la población activa.