Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

domingo, 25 de junio de 2017

LA SICA COMO POLICÍA DE LA PRODUCCIÓN DEL CONOCIIMIENTO Y DAVID GRAEBER



Esta noche me ha visitado la SICA. Al despertar a las cinco de la mañana, asolado por las altas temperaturas, cuando he encendido mi ordenador se ha presentado de improviso en mi correo electrónico. Así se cumple mi fantasía de los últimos años, en la que soy capturado en mi domicilio en la noche por agentes de la SICA.  Esta es la sigla de “Sistema de Información Científica de Andalucía”. Su función es la de registrar toda la actividad investigadora de los profesores, que es almacenada, tratada y reconvertida en un sistema de indicadores que sirve como base para convertir a cada investigador en un conjunto de parámetros homologados listo para comparecer ante la ANECA y otras agencias de la trama evaluadora.

La SICA es una instancia que desempeña un papel esencial en la configuración de la subjetividad de los profesores-investigadores.  Esta es quien convierte a cada uno en un operario que fabrica productos de conocimiento. Al detentar el monopolio del reconocimiento de los productos, todos tienen que asumir el deber de ajustarse a sus categorizaciones y criterios de calidad. De ese modo se convierte en una instancia disciplinadora de los antaño profesores, algunos de los cuales detentaban una autonomía variable en la producción del conocimiento. Ahora toda la producción tiene que ajustarse imperativamente a las reglas de esta agencia, que representa la base del entramado de nuevas instituciones que clasifica y jerarquiza a los investigadores en sus carreras profesionales.
El mensaje que he recibido esta calurosa noche no tiene desperdicio. Es un texto tan rico que habla por sí mismo. Dice así 

"Estimadas y estimados investigadores:
Se acaba de activar la convocatoria de Proyectos (Excelencia y Retos) del MINECO. Para la presentación de solicitudes de proyectos, entre la documentación que se ha de aportar se encuentra el CVA de los investigadores participantes.
El modelo de CVA se ha modificado recientemente. En SICA hemos adecuado el formato de generación del CVA a la especificación que se requiere para esta convocatoria. La actualización del modelo se ha realizado con fecha miércoles 21 de junio.
Puesto que el requisito de adecuación al formato CVA es muy estricto para este tipo de convocatorias, si usted va a participar, y va a adjuntar el CVA generado desde SICA, le rogamos que lo vuelva a generar usando la nueva especificación.
Por otro lado, nos gustaría insistir en que el CVA generado desde SICA es un fichero editable, que usted puede modificar posteriormente, y en el que entre otras cuestiones aparecen algunos comentarios o instrucciones, que usted debe eliminar para generar la versión definitiva. Le recomendamos que sea muy cauteloso en este proceso para evitar la modificación del formato, manteniendo y respetando las especificaciones oficiales del mismo, que pueden encontrar en esta dirección:”

Este texto ilustra el modo de operar de la nueva generación de instituciones conductoras del sujeto, rigurosamente individualizado, en la nueva sociedad del control. Al igual que las empresas de tecnologías, comunicación y otras centrales, estas se convierten en emisoras permanentes de mensajes, informaciones, reglas y procedimientos, dirigidos a una masa de moléculas individuales que tienen la obligación de estar en alerta permanente para recibir y responder al denso flujo emisor. La respuesta es de cada uno tiene que ser rápida y “muy cautelosa”, en tanto que “el formato es muy estricto para este tipo de convocatorias”.

En este modo de operar, la responsabilidad es trasladada al receptor, que es quien tiene que cumplir con las normas. Las nuevas empresas y agencias instauran un sistema en el que quedan abolidas las relaciones entre los receptores. Cada uno se comunica con la instancia emisora, siendo instituido como una entidad singular que vive en un desierto relacional. El castigo subyacente a los incumplidores es una forma de expulsión de este paraíso, que es la desconexión. Asimismo, el diálogo se encuentra restringido severamente, mediado por máquinas o dispositivos impersonales, cuyas respuestas se agotan en el cumplimiento de las siempre (pen)últimas prescripciones. Estas adquieren la naturaleza de incuestionables y sagradas.

En este sistema cada uno es una entidad diferente inscrita en un espacio informático en el que los vínculos laterales con los otros se disipan. De este resulta un dispositivo que se sobrepone sobre cada uno. Porque si no se pueden cuestionar las normas prescritas por las agencias, siempre móviles, cualquier singularidad es tratada como un caso cuya solución es ser reintegrado en la normalidad del cumplimiento del flujo incesante de prescripciones. Así, a cada uno solo le queda la opción de construir una conducta adaptativa, internalizando la situación de inferioridad y asocialidad que define a esta extraña configuración social que representa una forma evolucionada del rebaño.

El resultado es un orden social en el que la individuación severa genera una situación de inferioridad alarmante. Cada vez que trato de hablar con mi operador telefónico siento una sensación de insignificancia extrema. Converso con una máquina cuya programación no admite variante alguna. Si consigo llegar a un operador, este se ajusta a lo programado, representando una variante de la máquina. El imperio de las normas es patente y solo queda ajustarse y desarrollar una capacidad prodigiosa de adaptación. Este orden que representa una forma evolucionada y perversa de burocracia, tiene la virtud de sofocar el malestar que él mismo genera.

He disfrutado con la lectura del libro del antropólogo británico David Graeber “La utopía de las normas. De la tecnología, la estupidez y los secretos placeres de la burocracia”. Ariel 2015. Coincido con su crítica demoledora de lo que denomina como burocratización total. Me parece brillante el tratamiento de los efectos embrutecedores del cumplimiento de las obligaciones impuestas por la nueva burocracia. Comparto la idea de que este modo de operar va en detrimento de la creatividad y se extiende a todas las esferas de la vida. No quiero ser agresivo ni desconsiderado, pero me parece terrible contemplar a algunos alumnos sólidos, creativos y llenos de energía en los últimos cursos de la carrera, que una vez acceden al estatuto de becario y pre-profesor, van transformándose en seres desprovistos de singularidad y caracterizados por la baja energía. El ecosistema burocrático, en la nueva versión agencial, los ha tratado y convertido en verdaderas extensiones del sistema informático que los sustenta.

De este modo, la SICA, desempeña un papel esencial de control de los sujetos aspirantes a desarrollar una carrera investigadora, que tienen que realizar en un proceso permanente de selecciones, determinadas por las sucesivas normas emanadas de esta agencia. En este sentido, se trata de una versión de una nueva policía del conocimiento, cuya función es que cada uno cumpla con las normas establecidas, además de identificar, tratar y reintegrar a los transgresores. Cada uno es convertido en un expediente abierto que tiene que cumplimentar y renovar. Su verdadero cometido es establecer un modelo, fichar a todos los aspirantes y establecer las diferencias entre ellos.

Las agencias burocráticas representan una homologación brutal de los productos científicos, que tienen que responder a las instrucciones estrictas de los almacenadores. De este modo emergen distintos expertos en el tratamiento de estos datos, ajenos a los contenidos. Así se modifican los criterios de valor de los productos científicos. Ya no son las élites disciplinares quienes juzgan cada producto, sino los tecnócratas que anidan en las agencias. Así es remodelada la vieja academia. Sus élites fundan su autoridad en la decisión de quién y qué se publica en las revistas científicas que controlan. Las carreras de los aspirantes dependen de sus decisiones. 

Este modo de operar genera un espacio globalizado de intercambios entre revistas, publicaciones y proyectos. Así se constituyen redes académicas vinculadas a las de las agencias y las empresas. En el espacio resultante es imposible la ruptura creadora ni la creatividad. Cada uno debe adecuarse sin matices a los criterios imperantes. Así se construye una subjetividad fundada en la dependencia y la renuncia, que contribuye a la apoteosis de la aceptación de esta realidad, y que en la vida diaria se produce en la frase estereotipada que reina en las universidades “Esto es lo que hay”. 

En el tiempo actual de emergencia de las agencias y sus tramas, la inteligencia es severamente relegada y remodelada. El beneficiario es un sujeto con capacidad de amoldarse a cada situación y obtener beneficio mediante la optimización de las oportunidades disponibles. Así se cultiva un pragmatismo estéril que se disemina por el espectro informático que lo alberga. La montaña de productos científicos resultante de este modo de operar se puede definir por su baja eficacia en relación a los problemas y las realidades demandantes a la investigación. En el caso de las ciencias humanas y sociales la productividad no está muy lejos de la cifra cero.

Me pregunto, ante la presencia de tanta gente acobardada, por el origen del miedo que internalizan y comparten. Parece evidente que la nueva burocracia constituye un nuevo tipo de dictadura que encierra a sus súbditos-víctimas en un espacio neutralizado socialmente, en el que reciben instrucciones que deben cumplimentar. En ese prosaico mundo reina la suspensión de la inteligencia y las emociones, reconvertidas para la creación de productos científicos que son destruidos y reemplazados en el siguiente ejercicio evaluativo en nombre de la carrera sin fin.











viernes, 23 de junio de 2017

LA APOTEOSIS DE LA EMULACIÓN



Las sociedades de consumo de segunda generación, inseparablemente unidas a las estructuras postmediáticas –televisiones y redes sociales- producen un arquetipo personal en expansión permanente, este es el émulo. Emular y ser emulado es la clave que hace inteligible la incesante acción de las megaestructuras sociales y de las personas desplazándose por la sociedad-enjambre. Los émulos viven en una tensión permanente imitando estéticas, modos de comunicación y prácticas sociales. La emulación deviene así en un componente central del presente.

Desde hace muchos años he presentado en las clases de sociología un modelo elaborado por publicistas norteamericanos en el principio de los años sesenta. La perspicacia que conlleva adquiere una magnitud descomunal en esta conceptualización. Se trata de una clasificación de perfiles psicológicos de los consumidores. Estos son divididos en cinco grupos: Los integrados; los émulos; los émulos realizados; los realizados socioconscientes y los dirigidos por la necesidad. Si bien este modelo se elabora en la sociedad de consumo de los años sesenta, tan diferente a las del presente, en este enfoque subyace una inteligencia inquietante, así como una maldad inapelable.

El primer grupo es el que se define como “integrados”. Estos son los contingentes de personas cuyas vidas son ajenas a los intensos flujos de comunicación derivados de la expansión comercial, que se hacen presentes en las televisiones de la época y en los primeros centros comerciales, verdaderas catedrales de la compra, que van a ejercer una influencia decisiva en el futuro dorado. Las palabras que se asignan a los integrados son: Conservadores, tradicionalistas y conformistas. Sus vidas, sus estéticas y sus prácticas de ocio son estables, de modo que su estatuto respecto al cambio es de cierre. No se cuestionan sus modos de vida y estos se repiten incesantemente en ciclos temporales.

El segundo grupo es el de los émulos. Estos son definidos como jóvenes inseguros en búsqueda de una identidad propia. Al contrario que los anteriores estos se encuentran en un estado de ebullición, abiertos a cualquier señal que puedan incorporar a su patrimonio personal de estilo de vida. El cambio permanente es su divisa en un eterno retorno de la novedad que se disemina en múltiples detalles de la vida diaria. Así conforman una masa en disposición de ser influida e implicada en la comunicación mediática. Son los antecesores de los fans del presente. Se trata de la masa crítica que resulta de la naciente publicidad y de los microrrelatos que articulan los media. Son el blanco de las empresas comunicativas múltiples en las vísperas de su expansión con el advenimiento de las distintas fases de internet.

La tercera categoría es la de los “émulos realizados”. Se trata de jóvenes y adultos ambiciosos, afianzados psicológicamente, competitivos y expuestos a las miradas de los émulos en las televisiones y los circuitos mediáticos de la época. Estos son los que proporcionan modelos a los émulos-receptores. Así se multiplican sus imágenes que invaden el universo mediático y se instalan en los espacios sociales de las configuraciones de los tiempos no controlados ni racionalizados por la gran organización. El vínculo entre los distintos tipos de émulos representa el centro simbólico de las sociedades, produciendo cadenas de comunicación dotadas de intensidades emocionales cuyo código básico es la emulación-imitación. La vida deviene en un arte menor en la que cada emulado trata de representar creativamente a su emulador. Es el panóptico vivo que compone el sustrato de las sociedades mediáticas, el lugar donde se incuban las comunicaciones y las efervescencias que otorgan sentido a la vida.

Tras la fiesta de los émulos comparecen los “realizados socioconscientes”. Estos son definidos como gentes con criterios independientes sobre la vida, sofisticados, creativos y poco competitivos. Estos contingentes viven en el exterior de los flujos de comunicación protagonizados por distintas clases de émulos. Su autonomía con respecto a la constelación comercial es patente, lo que les permite tener una distancia frente al estado de ebullición de emuladores y emulados. No es que vivan en los márgenes del mercado, sino que conservan un margen de autonomía en sus decisiones. Son aquellos que en la época compran automóviles privilegiando los criterios de eficacia y seguridad. Al igual que los integrados son estables. Se corresponden en general con los segmentos de élite de la gran organización.
 
Por último, se hacen presentes los definidos como “dirigidos por la necesidad”. Se trata de la gran masa de personas ubicadas en niveles socioeconómicos bajos y concentrados en la lucha por la subsistencia. Su posición, caracterizada por sus carencias, les blinda ante los flujos intensos mediáticos, que representan los juegos entre distintas categorías de émulos. Su posición es marginal en la comunicación mediática-comercial, pero no en el mercado, en el que representan una pequeña parte de la actividad. A este comparecen desprovistos de identidad. Por eso son considerados como poco relevantes para los intereses publicitarios. Sus comportamientos son seguidistas y desprovistos de retóricas de estilos de vida.

De este modo emerge la emulación como código central de las sociedades de la segunda mitad del siglo XX. Cualquier actividad expuesta a la escena mediática resulta reinterpretada por sus protagonistas, convertidos en artistas de la emulación. Los media reiteran y multiplican los signos, los sonidos y las imágenes de los emuladores. El público-blanco de estos recibe el flujo de señales, las captura, las incorpora al modo personal de su puesta en escena, las selecciona, las recombina y las reproduce, para después ser olvidadas al ser reemplazadas por las nuevas incesantes. Cualquier sujeto ubicado tras las fronteras de esa galaxia vibrante de comunicaciones, tiende a estar marginado de este centro simbólico volcánico.

Tras los años sesenta no dejan de crecer estas actividades produciéndose saltos y configuraciones de nuevas instituciones del sólido matrimonio entre lo comercial y lo mediático. El presente se encuentra dominado por la emulación permanente de 24 horas y 365 días al año. La tecnología derriba los muros cotidianos y un sujeto emulado es alcanzado por los flujos comunicativos en todos sus espacios cotidianos. Todas las actividades, incluso las de la gran organización –economía, trabajo, política, educación y otras—son colonizadas por la emulación permanente.

Esta es la explicación del gran hito en el desarrollo de la venta. Este es el declive del vendedor y de la venta directa. Ahora los compradores, sumidos en los mundos comunicativos intensos de la emulación permanente, acuden solos al encuentro con los productos. Este es el gran cambio social del final del siglo XX. No puedo evitar mi inquietud ante las imágenes de los africanos que viajan en pateras y son interceptados por las autoridades, porque en sus ropas deterioradas por el viaje fatal se hacen presentes las señales del mercado mundial de imágenes que resulta de la explosión global de la emulación. Así, cuando desembarcan hacen visibles las marcas de sus ropas y otros signos procedentes del patrimonio simbólico de los emuladores globales.

jueves, 15 de junio de 2017

NI GANAR NI PERDER

La vida de los atribulados ciudadanos occidentales ha devenido en un conjunto de pruebas de las que es menester salir vencedor. Toda la existencia se escinde en múltiples competiciones cuyo sentido es el éxito mediante la eliminación de los competidores. No solo en lo profesional, sino también en todas las actividades cotidianas, es imprescindible acreditar el éxito y renovarlo incesantemente. Las redes sociales constituyen la máxima expresión de esta obligación de ganar que rige las vidas sometidas a las mediciones. Ganar siempre es provisional, solo la antesala del mañana en el que es preciso renovar la victoria. Apenas queda algún espacio y tiempo para que los gladiadores del trabajo y de la vida regidas por el éxito perpetuo puedan descansar y reparar energías.

El sentido que rige estas existencias es la ubicación en ranking múltiples que se revalidan en cada unidad de tiempo programado por las instituciones del crecimiento y las industrias del entretenimiento. El resultado de este dislate es la constitución de un sujeto frágil amedrantado por el temor a la derrota. Pero también la cristalización de una vida acelerada y programada en la que las pequeñas dosis diarias de goce se subordinan a los resultados de la competición. Por eso me gusta rescatar del pasado fragmentos de la vida regida justamente por lo contrario. Se trata de momentos en en los que el goce y los sentidos se sobreponen a la competición y la sagrada obligación de vencer, entendiendo a los otros como rivales que amenazan la posición en la escala del triunfo.

El siguiente video es de una competición de baile de mornas. Las parejas participantes van identificadas con números para la decisión final de atribuir un ganador. Pero las imágenes son elocuentes. Las parejas lo viven como un acto de goce disociado del premio final, que cede su valor al disfrute del momento. Entiendo el video como una provocación a los ingenieros de la competición que cuadriculan las vidas en el presente.


Ahora os presento a uno de mis héroes musicales. Se trata de Armando Tito, un guitarrista caboverdiano sublime, pero que nunca alcanzó el éxito, entendido en los términos convencionales y comerciales. Muchos músicos se pueden inscribir en estas situaciones. Su vida profesional consistió en un largo exilio en el que tocó junto a distintos músicos y en escenarios muy modestos. Es conocido por participar en varios conciertos junto a Cesarea Evora, algunos de ellos con actuaciones suyas memorables como el de la sala Bataclan en París o el festival de jazz de Montreal. Pero sus actuaciones tienen lugar en bares o locales de segundo orden, en los que el público entra y sale de su música. Tito es una de mis referencias de alto valor artístico que contrasta con su escaso éxito. En Youtube hay varios videos de homenajes que le rinden sus amigos, en los que se muestran los afectos y reconocimientos a este singular guitarrista.

Esta es una actuación en un bar, en el que interpreta su versión de Bia, que hizo célebre Cesarea. Me parece fantástico, en tanto que la luz y los sonidos de las conversaciones ilustran su posición marginal.


Termino bajando la versión de Sodade del concierto de Bataclan. Su actuación es sublime. Si yo hubiera sido su amigo en ese momento, le habría alertado sobre el peligro de los sentimientos adversos que pueden suscitar sus solos de guitarra. Años después había desaparecido de las formidables escoltas musicales de Cesarea. Un lujo escucharlo.


La vida se ubica más allá del ganar o perder, determinados por los guiones preparados por los programadores. En la esfera musical se hace manifiesto la grandeza de muchos intérpretes que se contrapone con la jeraquía del mercado.