Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

jueves, 21 de septiembre de 2017

CESAREA EVORA Y LA EVOCACIÓN COLONIAL

Los sucesos de Cataluña reavivan mis recuerdos y rescatan ideas extraviadas que se encuentran en la periferia de mi esquema referencial. Una de ellas es el colonialismo y su aparente disipación en la conciencia colectiva. Pero este no ha muerto, sino que se ha adaptado al nuevo entorno histórico, adoptando el estatuto de palabras tales como capitalismo o comunismo, que nadie quiere mencionar. Cuando alguien lo hace se genera un inquietante vacío que denota que se ha roto un extraño contrato lingüístico. Esta es la razón por la que en todas las crisis reaparecen estas palabras -colonialismo, descolonización y otras similares- en mi mente. Que nadie interprete que afirmo que el problema catalán es un asunto de colonialismo, pero uno de sus aspectos, el manejo de una población mediante la aplicación de varias técnicas combinadas, se hace manifiesto recordando aquellas situaciones. El pasado nunca desaparece totalmente.

Este video es un documento imprescindible para enmarcar la música y la sociedad que vive Cesaria Évora, así como la complejidad del personaje y su entorno vital, que exhibe sus pies desnudos como símbolo de la memoria de su pasado colonial. Desde los años ochenta es beneficiaria de un mercado formado por muchos de sus antiguos patronos. Altamente recomendable.



domingo, 17 de septiembre de 2017

CATALUÑA: CONCURRENCIA DE DESVARÍOS JURÍDICOS

La confrontación catalana evidencia la magnitud del deterioro de las instituciones políticas nacidas el 78. Se trata de una crisis tan intensa que denota un colapso en la capacidad de conocer y actuar de las élites políticas. Más allá del gobierno de Rajoy, aquellos partidos que se denominan como constitucionalistas, así como sus tecnocracias expertas y sus escoltas mediáticos, muestran impúdicamente el desplome de su inteligencia, que queda sepultada bajo un alud de ideas y representaciones caducadas. El resultado es que su composición del problema catalán es unidimensional, concentrado en la defensa de las normas legales vigentes. Así se privilegia un enfoque jurídico que, aislado de otras dimensiones de las realidades que componen el problema, se evidencia como un desvarío colosal que sepulta  la inteligencia.

Si el estado, uno de los componentes del conflicto, mantiene una visión mutilada por la sobrerrepresentación de lo jurídico, sus oponentes hacen gala de su déficit de inteligencia. Su posición se funda en  obtener una ruptura institucional con independencia de la cuantía de sus apoyos sociales, lo que implica la cancelación de su propia voluntad de conquistar una mayoría que respalde sus objetivos.  Su estrategia consiste en acelerar una ruptura que tenga como consecuencia la represión del estado, de la que se espera el rédito de apoyos derivado de la generalización de la misma. Esta dinámica cristaliza en un referéndum amputado, que se inscribe en el campo de la ficción.

En este conflicto dotado de una lógica fatal, ambas partes han renunciado a obtener apoyos más allá de sus propias huestes. De este modo, la idea de la consulta, a la que se supone como un proceso de decisión, hace manifiesto la ausencia de la deliberación,  en tanto que la finalidad de conseguir adhesiones determina una estrategia de encuadrar a sus incondicionales. Los soberanistas catalanes movilizan sus bases en un desafío abierto en espera de que el estado, dirigido por el aparato gerontocrático-jurídico, haga el trabajo de conseguir la adhesión de los sectores de población no definidos explícitamente.

En las conversaciones públicas que tienen lugar en las televisiones y en las redes, se exhibe sin complejos la ausencia de realismo y de inteligencia característicos del declive inexorable del sistema político menguante. Los contenidos se agotan en el cumplimiento de la ley, alimentando la desinteligencia que reaviva el autoritarismo subyacente. Los políticos y autoridades judiciales gerontocráticas filtran sus amenazas y desentierran los modos autoritarios del pasado que parecían haberse disuelto. Algunos documentos audiovisuales desvelan el origen del régimen del 78, que sobrevive en las mentes de la mayoría de los actores. Las televisiones de la derecha proporcionan un catálogo de gestos y discursos de no pocos tertulianos, que remiten al comienzo de los años setenta.

El bochornoso espectáculo del parlamento catalán ilustra el déficit radical de recursos intelectivos de las fuerzas soberanistas. La renuncia de facto a ampliar su influencia y apoyos constituye un factor determinante de su estrategia parlamentaria de rodillo brutal. Así se asemejan a los usos parlamentarios del degenerado parlamento español de los últimos años de plomo. La cuestión estriba en conseguir una mayoría para imponerse contundentemente. Así se construye una restricción de gran envergadura en los modos de ejercer la política. En esa situación proliferan los mamporreros o los semiodiputados capaces de movilizar mediante el humor corrosivo al adversario.

La visión centrada en lo jurídico-judicial constituye una mirada distorsionada sobre la realidad. Parece obvio que el dispositivo normativo ha quedado caduco y genera un alto nivel de desafección. Las normas representan el nivel más estático de una realidad. La dinámica política y social supera la situación que las generó. El resultado es la aparición de tensiones, que tienden a crecer cuando se incrementa la distancia entre la realidad social total y la normativa. La única solución posible es modificar las normas. De lo contrario el conflicto político con los insumisos tiende a adoptar formas explosivas.

Un ejemplo de la monumental crisis de conocimiento propia de esta situación radica en las discusiones bizantinas de los tertulianos y expertos acerca de las actuaciones policiales. Se hacen pronósticos acerca del comportamiento de los policías el 1 O. Estos remiten a la falsa idea de una situación normal. Pero el día 1 de octubre no es una situación ordinaria. Si los soberanistas movilizan sus bases sociales, un pequeño grupo de mozos de esquadra tendrá que actuar frente a un contingente numeroso de gentes en situación de desobediencia activa, estimuladas por la prohibición, que es un factor generador de espíritus épicos. En situaciones así es probable que no pocos miembros de todas las policías renuncien a actuar escalando su fuerza.

Es verdaderamente patético contemplar cómo ideas del pasado autoritario rebrotan y salen a la superficie explícitamente. No sé si los lectores imaginan lo que supone detener a 750 alcaldes. Eso sí que es ayudar a la causa soberanista. En poblaciones pequeñas es una garantía de cohesión. En alguna conversación personal con gentes que entienden que la legalidad es algo pétreo e inamovible los he irritado recordando que la Cataluña de hoy no es el Marruecos colonial que sustenta el inconsciente político de la derecha y parte de la izquierda. Cuando la ley es vulnerada masivamente la policía se encuentra neutralizada y cualquier actuación tiende a una eficacia cero o a generar un rechazo mayor.

Recuerdo hace algunos años en Granada la primera edición de la fiesta de la primavera. Esta fue convocada espontáneamente por grupos de jóvenes. Concurrieron decenas de miles de personas y la situación de estado de ebriedad común desbordó el dispositivo policial, alarmando a las élites convencionales de la ciudad. La segunda edición congregó de nuevo a una gran cantidad de jóvenes. La policía municipal, estimulada por gentes jurídico-centristas, como las que ahora comparecen en todas partes, actuó contundentemente. La fiesta terminó con violencias de alto voltaje, así como con detenidos y heridos. Dos agentes fueron condenados en los tribunales  por abuso de autoridad y lesiones. En los años siguientes la fiesta se celebra sin convocantes responsables ni requisitos administrativos.

El aspecto más negativo de la crisis catalana radica en la activación de la memoria de la derecha, que hace revivir las presunciones subyacentes que conforman su imaginario perpetuo. La victoria en la guerra civil inspira las premisas que se encuentran presentes. Pero ahora no se trata de generar un conflicto que termine con el adversario. Esto no puede concluir con un bando que rece así “En el día de hoy, cautivas y desarmadas las huestes separatistas, el estado nacional ha alcanzado sus últimos objetivos”.  La solución autoritaria implica un escalamiento que multiplica las oposiciones.

Pero el factor más problemático resulta de que el desvarío de los soberanistas catalanes desconcierta a no pocos sectores ilustrados y de izquierda, tanto en Cataluña como en España. La naturaleza del proyecto es prístina. La actuación del parlamento que avasalla la oposición es premonitoria de la ignorancia de la cuantiosa población catalana que no apoya su proyecto. No quiero ni siquiera pensar qué puede suceder si la independencia se consuma en estas condiciones. Sería inevitable una nueva versión de un autoritarismo sostenido. Las ficciones jurídicas detentadas por los nacionalistas, basadas en la premisa de que pilotan un gobierno legal salido de unas elecciones, conducen a la confrontación de entelequias jurídicas. Esta es la naturaleza de un conflicto en el que ambas partes son débiles, en tanto que sus proyectos son inviables e incompletos. En una situación así proliferan las emociones colectivas, los heroísmos de hazañas bélicas, los líderes primitivos y los definidos por la acción en detrimento de la reflexión. Mal asunto.


martes, 12 de septiembre de 2017

APOTEOSIS VETERINARIA



                                                                    TOTAS


Los animales domésticos se multiplican en las sociedades urbanas del presente. Estos son liberados de sus funciones convencionales de guarda y trabajo para configurarse como un miembro relevante de las estructuras familiares y convivenciales que resultan de los procesos de urbanización. De este modo, su nuevo papel  modifica su estatuto convencional. Ahora representan prótesis afectivas no sujetas a condiciones, constituyendo así una excepción en las estructuras de la vida íntima, al tiempo que su comportamiento se caracteriza por su estabilidad. El mundo privado-individual, tan sometido a las tensiones de la reestructuración permanente de los afectos y las relaciones, compensa la inestabilidad perpetua con la presencia de los animales domésticos, constituidos en una realidad protegida de los cambios.

Aquí radica la explicación de su multiplicación y adquisición de la condición de compañero-consumidor. El resultado es la expansión acelerada de un mercado para satisfacer la demanda incremental. Como todos los mercados en el capitalismo de consumo, la oferta excede la demanda y la estimula y conquista mediante la emulación intensiva fundada en la comunicación. La iconosfera se puebla de imágenes, narrativas y sonidos protagonizados por los nuevos animales-consumidores, ahora clientes del sofisticado e innovador mercado para los mismos. Para su desarrollo es preciso estimular la segmentación, que anima las diferencias entre los distintos segmentos que terminan por competir para mejorar la clasificación en el mercado.

El proceso de configuración del mercado de los animales domésticos confiere un papel hegemónico a la salud. La atención veterinaria se expanden vertiginosamente, generando carteras de servicios diferenciadas y sofisticadas. La paradoja de la expansión veterinaria radica en que adopta el modelo médico, pero, en algunos aspectos fundamentales lo supera y deviene en paradigma para este. La causa principal de la carrera de los cuidados veterinarios estriba en que sus pacientes no son seres hablantes. De este modo es más fácil escamotear el mito de las decisiones compartidas. El profesional actúa aquí sin contrapesos, constituyendo el modelo ideal de la clínica centrada en lo biológico y desprovista  de subjetividades.

Pero la atención veterinaria, al igual que la médica, se acompaña de una industria asociada al diagnóstico y tratamiento de estos pacientes singulares, que se complementa con otra fundada en sus necesidades fisiológicas. La más importante es la de la alimentación. De esta expansión resulta una ventaja respecto a los humanoides: esta es la sencilla imposición de la definición de la alimentación misma, que minimiza el sentido del gusto, que se subordina a la composición de los alimentos definidos como combinación de nutrientes. De este modo se priva a estos distinguidos clientes de la elección. Así son condenados a consumir el mismo pienso industrial durante parte de su vida, siendo privados de su facultad de elegir. La configuración de una industria tan poderosa como la de los piensos termina negando su propia identidad-salud, mediante el desarrollo de un poderoso mercado de “premios” y alimentos húmedos, en los que el gusto es recuperado y rehabilitado.

Mi propia vida me ha brindado la posibilidad de ser testigo de este formidable proceso de modernización animal. Hasta los años setenta los perros y gatos domésticos comían las sobras. Sus visitas al veterinario se restringían a las heridas u otros accidentes. En esos años comienza el mercado mediante la generalización de un arroz partido barato que se cocinaba para los canes. También los primeros piensos que tenían el aspecto de piedras recubiertas de lodo. En las décadas siguientes los propietarios fueron evangelizados en el discurso de la salud perfecta derivada de una alimentación equilibrada y completa que garantizaban los piensos.

En los últimos años los piensos han seguido el camino de los productos lácteos, diversificándose para segmentos diferenciados de consumidores. Así los piensos para cachorros, para mayores, para  animales con gran actividad física, bajos en calorías y otras categorías que conforman este peculiar supermercado. La señal más importante del exceso de medicalización-veterinarización fue cuando en una consulta, me recomendaron un pienso nuevo especial para perras castradas. El precio era desorbitante para tan nutrida población de animales domésticas. En los últimos tiempos han aparecido los piensos compuestos por pescados –atún, salmón y otros- que garantizan la protección del fantasma del colesterol, que se asienta sobre las poblaciones caninas y felinas.

En mis tormentosos encuentros con el dispositivo veterinario reina la incomunicación, al igual que con las divisiones medicalizadas humanas. Cualquier consulta comienza ritualmente con el pesaje del animal-víctima. Cuando me advierte que tiene un ligero sobrepeso y me pregunta por la alimentación, se produce un desencuentro por mi respuesta. Le informo que mi perra hace dieta mediterránea, es decir, que come sobras de mi propia comida, pero, como no le gustan las legumbres y verduras, solo se come las sobras de la carne, el jamón o el pescado. Estos son administrados como tapas. Así mi perra come pienso mezclado con comida de sabor, a lo que hay que añadir las tapillas. 

Cualquier conversación sobre nutrición termina, como las mantenidas en el sistema de atención médica, en una confrontación de valores y sentidos. La nueva razón veterinaria puede resumirse en prolongarle la vida medida en años. Mi argumento es vivir lo más gozosamente posible cada día. La alimentación, entendida como el goce del gusto, forma parte de la vida de Totas (mi perra). En el curso de estos diálogos se ponen de manifiesto los enunciados básicos del sistema de atención veterinaria, que privilegian la salud mediante un conjunto de constricciones de la vida. Esta es definida como un conjunto de sacrificios que tienen como objeto la prolongación de la vida. Menos mal que no les digo que a Totas le gusta la cerveza. Lo he descubierto cuando en una ocasión se vertió en el suelo y tras olisquearla la bebió ávidamente. Desde entonces se sienta frente a mí cuando la bebo y me trasmite mediante su mirada la petición de un sorbo.

Ayer tuve una experiencia veterinaria fantástica. Resulta que ahora me encuentro en Madrid y he tenido que acudir a una clínica veterinaria para actualizar el microchip de Totas con la nueva dirección, porque el de Granada solo funciona en Andalucía y un cambio de residencia implica una gestión burocrática. Tuve que rellenar un formulario para inscribirla, que terminó en un modelo informatizado que se asemeja a los que cumplimentan los médicos y enfermeras para los atribulados humanoides enfermos. Así experimenté la última expansión del estado clínico, definido por Szasz como una instancia superior que define el bien y lo impone a sus agradecidos súbditos.  Mis ironías en la consulta también pasaron desapercibidas. Cuando fui preguntado por el origen respondí diciendo que habíamos entrado por Aranjuez, por la A4.

La gestión duró casi una hora y lo más relevante es que el profesional que cumplimentaba el formulario, tras media hora de su comienzo, me preguntaba por el peso y los colores de mi perra. Su cuerpo había pasado desapercibido ante la prioridad del sagrado sistema de información, que define al estado clínico de la era post-Szasz. La verdad es que las clínicas veterinarias han modificado su espacio, de modo que los ordenadores han adquirido una centralidad creciente. Así su trayectoria se asemeja a los centros de salud. Este cambio tiene una relación incuestionable con la decadencia de la asistencia domiciliaria. Recientemente me visitó un empleado de la compañía de Gas Natural. Hizo su trabajo instalando el contador y todo terminó con un documento que imprimió allí mismo. La tecnología hizo el prodigio. En el caso de la asistencia en salud esta tiene lugar en las consultas en las que los ordenadores reinan. A estas se llega tras pasar por la recepción presidida por los ordenadores. En todos los casos mi cuerpo es subordinado a los datos que me identifican. Pero al menos el gas me lo hizo a domicilio.

Los misterios de la atención a la salud de los pacientes privados de la facultad de hablar. El margen de los terapeutas es mucho mayor en este caso. Lo paradójico es que en este formidable mercado no existen las encuestas de satisfacción del cliente. Además la cuestión público-privado queda atenuada. Solo se trata a los que tienen capacidad de comprar los servicios, los demás son exterminados. Nadie alude a las desigualdades. En estas condiciones se produce el ascenso de los veterinarios a los cielos del mercado.