Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

viernes, 22 de marzo de 2019

LA UNIVERSIDAD COMO ESPACIO SOBRENATURAL E INCONMOVIBLE





El caso del máster de Cristina Cifuentes se encuentra en su desenlace final. Tras el ruido mediático, el resultado es que todos los actores de esta tragicomedia académica contemporánea se encuentran en sus puestos, bien como profesores,  o como directivos o funcionarios, con la excepción de Cifuentes. Este episodio muestra la incapacidad de cambiar desde afuera esta institución, que se convierte así en una deidad, en tanto que sus élites poseen la licencia de burlar cualquier control externo, perpetuando su poder y sus prácticas perversas. Si un evento de esta naturaleza no genera transformaciones efectivas, no sólo el cambio queda reducido a una quimera retórica, sino que la frustración de quienes aspiran a este deviene en monumental.

El hecho es que, una vez desencadenada la noticia del Diario.es, se pone en marcha una tormenta mediática en la que proliferan los comentarios y las imágenes. Pero esta efervescencia carece de la capacidad de modificar los comportamientos de silencio y complicidad de los profesores, involucrados en un equilibrio de intercambios en el que se sustenta el orden de esta institución. En este blog comenté la pertinencia de la definición de la universidad como “quietud absolutista”. El silencio ritual de los profesores se refuerza con las movilizaciones débiles de los estudiantes, ahora convertidos en compradores de créditos. Los contenidos de las manifestaciones de esa universidad madrileña se ajustaban a esta condición. No pedían una regeneración de la institución, sino la restitución del valor del mercado del título que compraban.

El desenlace tenía un final predeterminado. Las tormentas mediáticas siempre concluyen, restaurando el buen tiempo, que precede a las siguientes tormentas. Así se confirma que los medios de comunicación, así como sus escoltas, las redes sociales, no son un agente de cambio competente que pueda contribuir a generar fuerzas de cambio sólidas en el mundo real de las organizaciones. Su efecto es el de modelar el conflicto macropolítico entre los contendientes globales, los partidos políticos, que se distribuyen los paquetes de votos fluctuantes que requiere el acceso al gobierno mediante una contienda permanente basada en la presentación y el tratamiento de acontecimientos localizados.

Aquí radica el factor clave por el que tiene lugar el milagro de la reproducción del orden tras las tormentas. Las élites afectadas solo tienen que esperar a que los tribunales restablezcan la demora eterna tras el momento vertiginoso de lo mediático. Los medios solo crean efervescencias sucesivas que se reemplazan anulando la anterior, que adquiere el estatuto de realidad cancelada almacenada en el espacio funerario de la hemeroteca. Su corta e intensa vida ha tenido la utilidad de un impacto en eso que se denomina como “opinión pública”, que es una entidad fantasmal que determina los movimientos de los paquetes de votos, configurando las expectativas de los partidos.

Ahora que se han apagado las luces de las cámaras, la universidad continúa su inconmovible sendero hacia su propia reproducción.  De nuevo la tranquilidad que proporciona la penumbra en este espacio divino, en tanto que existen distintos  grupos de interés, pero solo un dios verdadero: la reproducción del orden organizacional a favor de las distintas élites presentes. Después de la tempestad siempre viene la calma. El portavoz de la CRUE, que compareció ante las cámaras para neutralizar las energías críticas suscitadas por la emergencia de este caso, ha mostrado su sabiduría.

Se trataba de conseguir una demora que disipase los fantasmas del estado de censura. Así se confirma la influencia determinante de la organización matriz que hace un arte sacro de la conservación del orden interno: La Iglesia Católica. En este sentido, las organizaciones contemporáneas devienen en iglesias. En el caso de la universidad, los cardenales y los obispos no son una metáfora. Se pueden construir vínculos sólidos entre las prácticas de los claustros y los sínodos y conferencias episcopales. En ambos casos la deliberación nunca es pública y predominan las liturgias sobre los contenidos.

El problema radica en interrogarse acerca de la posibilidad de un cambio en la sagrada institución eclesiástica de la universidad. Parece evidente que este es solo posible mediante una gran conmoción y que solo puede adquirir la forma de ruptura. Porque las organizaciones sagradas no evolucionan. Esta es la gran cuestión. Los últimos años descartan la posibilidad de generar un proceso evolutivo que genere una alternativa a las estructuras sinodales universitarias que amparan la proliferación de las malas prácticas, que adquieren un esplendor inusitado, como en el caso que nos ocupa.

La universidad es una realidad oscura, que ampara una imagen fuertemente distorsionada, que solo es movilizada como acontecimiento tratable por alguno de los contendientes por el gobierno del estado, como material de apoyo a sus intereses. Mientras tanto, decenas de miles de estudiantes, becarios, profesores insertos en las distintas clases de interinidad y precariedad crónica, e investigadores desregulados, conforman el nuevo proletariado en la era de la producción inmaterial y la expansión del trabajo cognitivo. Así se puede afirmar que las castas académicas -de derechas y de izquierdas, en tanto que en el orden sagrado se fusionan místicamente todos los involucrados- se solapan con las poderosas castas agrarias, industriales y financieras. Así se configura el capitalismo académico como umbral del capitalismo cognitivo, que desde otra perspectiva adquiere el nombre de sociedad de la información y el conocimiento. 


miércoles, 20 de marzo de 2019

AGUSTÍN GARCÍA CALVO Y LA SALUD PERSECUTORIA


Agustín García Calvo representa la grandeza de la inteligencia crítica en las distintas Españas que he vivido. Su pensamiento trasciende la trivialidad de las visiones centradas en las formas de estado, para focalizarse en el poder y sus efectos sobre  la vida. Sus textos críticos siempre me han acompañado y sus libros de la editorial Lucina han ocupado un lugar de privilegio en mis bibliotecas. Con el paso del tiempo su obra adquiere mayor trascendencia, en tanto que resalta la acción destructiva del poder, que ahora adquiere la forma de sentido común neoliberal que se instala en las vidas desalojando cualquier atisbo de espontaneidad. Cada vez que pienso en el sujeto programado del presente activo mi vínculo con sus escritos.

García Calvo fue convertido en todas las épocas en un maldito dotado de un estatuto especial. Su marginación  de los foros académicos y de las factorías de ideas para los poderes fácticos coexistía con la publicación de sus escritos críticos en los periódicos más oficialistas. En las cuatro ocasiones que he presenciado intervenciones suyas en distintas épocas, bajo el éxito aparente de las adhesiones del público subyacía cierta desconexión. Esta impresión la he vivido también con otros heterodoxos, algunos citados en este blog, tales como Jesús Ibáñez, Juan Gérvas, Vicente Manzano, Carlos Lerena, Guillermo Rendueles y otros. Esta extraña conexión se puede denominar como “síndrome Chaplin”, en tanto que este fue el primero en el que advertí que la adhesión masiva a sus películas encubría un distanciamiento entre los sentidos de este y de los receptores.

Si algo se puede reseñar de sus escritos de crítica al poder es su originalidad. También su radicalidad, entendida en los términos estrictos de desvelar aquello que se ubica por debajo de sus apariencias. Cada textillo es una apoteosis de inteligencia que desborda las capacidades de muchos de los receptores, que aún impresionados por su retórica demoledora, se encuentran involucrados en el esquema referencial del poder, que se funda en la tríada de la asunción del principio de la realidad, el dominio del futuro sobre el presente y la metafísica del progreso.

Presento un artículo editado en El País en 1993 sobre la salud. En este se posiciona en contra de los chequeos y la explosión de la supuesta prevención, que se funda sobre la propagación de un temor colectivo formidable producido por el complejo médico-industrial. El código de este estado de alarma social radica en la preponderancia de la idea de futuro sobre la del presente, que se subordina a aquél. Esta es una idea central en García Calvo. A los jóvenes se les adoctrina acerca de la importancia del futuro con la promesa de que este será esplendoroso, en detrimento de su presente, que se va dilatando en el tiempo, adquiriendo la naturaleza de una demora en la que se alimenta la esperanza en la llegada del porvenir.

La relectura del artículo del Maestro García Calvo me ha llevado a revisitar un texto de salud pública extremadamente sólido y clarificador que me ha acompañado durante años en las clases de sociología de la salud. Este es el de Luis David Castiel y  Carlos Álvarez-Dardet “La salud persecutoria” publicado en Revista de Saúde Pública, núm 41, vol. 3 en 2007 https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=67240160019 . En este se define como “Salud persecutoria”  a un efecto secundario producido por la exageración de los riesgos y la idea de dilatación de la vida, que se sobrepone a la vida misma. La longevidad se constituye en la finalidad central de todos los dispositivos de poder, desplazando a otros objetivos. Se confirma así la idea de sobrevivida, como tiempo en el que las personas devienen en dependientes de los sistemas sanitarios.

La atención médica desplaza otras finalidades de la vida que adquieren la condición de subordinadas al mantenimiento del estado de la salud. Así, la senectud deviene en un estado de cierto vaciamiento de la vida en beneficio de la asistencia sanitaria. El sujeto asistido por controles médicos permanentes y el consumo de fármacos, experimenta un vaciamiento acumulativo de su vida diaria, en la que algunas prácticas de vida son gradualmente subordinadas a los resultados de su estado de salud definido por los especialistas y sus taxonomías. La morbilidad se apodera así de la vida en la sociedad medicalizada.

Mis últimos veinte años han sido los años de la insulina. Soy etiquetado por el sistema sanitario como un sujeto dependiente de responsabilidad limitada, y mis terapeutas tienen la pretensión de gobernar mi vida, reduciéndola a los rigores del tratamiento. En las derivas diabéticas de este blog, cuento la forma en la que trato de preservar la autonomía en lo que denomino mis reservas de vida, frente a la intromisión de los especialistas que se fundan en la idea de que este es un tiempo de sobrevida para mí. Esta disputa se reproduce hasta hoy, en tanto que preservo mi autonomía y todavía soy lo bastante fuerte para sobreponerme a la descalificación del sistema sanitario basado en la idea de la sobrevida. En la construcción de mi autonomía, García Calvo ha desempeñado un papel muy importante, inspirando mis modelos de resistencia a ser convertido en un cuerpo subordinado a los avatares de la reproducción  de mi historia clínica.

La reconfiguración de los sistemas sanitarios basados en la idea de la sobrevida y la construcción del pueblo dependiente de los salvados por las tecnologías y la intervención médica, privilegia a los hospitales como recintos sagrados en los que tiene lugar la salvación de los condenados. Los imaginarios colectivos de las sociedades medicalizadas vigentes rinden un culto agradecido a estas instituciones. Pero sus prodigios terapéuticos conforman una población que experimenta un variado repertorio de sufrimientos en sus largas y dilatadas trayectorias de sus “sobrevidas”. Este es el envés de las sociedades en las que la salud se aproxima al mito de lo sobrenatural.

Recuerdo una conversación con un jefe de servicio de cuidados intensivos en la que afirmaba que la gran mayoría de los que salían de allí lo hacían en un estado deplorable. Siempre que escucho los discursos que exaltan la gloria de los imaginados como salvadores de vidas termino recordando a Bataille. La gloria siempre se acompaña de una cara oculta ineludible. Esta es la multiplicación de las gentes necesitadas de cuidados médicos, pero también de otros bienes relacionales que tienden a ser escasos en las llamadas sociedades del bienestar. La vejez no puede definirse como la etapa en la que la asistencia médica desplace a una vida rica en afectos.

Este es el contexto por el que defiendo la pertinencia del texto del maestro García Calvo, aunque entiendo que a algunos les puede parecer exagerado. De nuevo el dilema de Chaplin. Su película de culto para mí “El Chico”, ¿puede ser considerada como una comedia, tal y como es percibida por la mayoría de los espectadores? Rotundamente no. Se trata de un drama lúcido y entrañable.


¡No se chequee usted, hombre! Vida es olvido
¿Para qué va a andar V. haciéndose más análisis ni radiografías ni ecografías ni mamografías ni electrocardiogramas ni tomándose la tensión ni midiéndose el colesterol? Déjese ya de esos jueguecitos, señor, señora. Y, si no ha empezado V. todavía, ¡no empiece!: porque ése sí que es un vicio serio, ni tabaco ni heroína que se le compare: a la menor, la burocracia profiláctica se le pone en marcha, y si empieza usted, no acaba; o no acaba hasta que acaba. Vivimos bajo un régimen de terror, señor, señora; y ese terror de los terroristas con que le horrorizan los Medios de Formación de Masas no es más que películas para distraerle: el terror de veras es ése que los mismos Medios le cultivan, el terror de que le vaya a hacer traición su propio cuerpecito serrano, de que se le insubordine dentro algún elemento incontrolado que amenace con desbaratarle la constitución de su Persona, que con tantos trabajos venía usted organizando y sosteniendo.

No Les basta con procurar por todos los medios que grandes porcentajes de las poblaciones caigan de hecho corrompidos por cánceres o torozones de corazón o demencias profundas o gripes o sidas ya puestos al alcance de cualquiera, no: tienen que conseguir que el resto de las poblaciones (que siguen siendo, ¡por los clavos de Cristo!, la mayoría, a pesar de todas las promociones) vivan continuamente acongojados por el miedo del tumor, o de la peste o del alifafe o del reventón, o sea que no vivan, no sea que, si se les deja vivir tranquilos (y pensar, por tanto, claramente), vayan a descubrir que el Señor no era necesario.

Bien saben Ellos que la enfermedad no consiste en otra cosa que en la conciencia del propio cuerpo; y para eso está la prevención sanitaria y el chequeo periódico y la profilaxis universal.

Por tanto, no se deje engañar, señor, señora, ni se meta en la cuenta de sus Estadísticas: dígase usted que, lo que sea, sonará, y que, mientras le dejen vivir los dioses, no le hagan los hombres la puñeta.

Y, si le entra mucho miedo de cuando en cuando, aguánteselo como pueda, que también el miedo, a fuerza de no hacerle caso, se desgasta; y, por ejemplo, vaya a. verse con cofrades formales que le hagan hablar de cosas, de otras cosas, o, en último término, vaya a buscar a esa vieja amante, que está tan convencida de que es V. un cabrón con pintas (o que es V. una puta redomada, en el caso inverso), que, a fuerza de gritarle los delitos de su alma, no le deja pensar en su salud ni por un momento.
Sin duda no hay salvación

Y no le venga V. con objeciones baratas a nuestra propuesta: no publicamos este anuncio para los que están ya condenados a la ocupación del propio cuerpo y que la conciencia se les haya hecho enfermedad real, sino para usted, señor, señora, que tiene todavía humor para hojear este robusto Rotativo y hasta leerse el presente anuncio: es a usted, que puede toda vía tener dudas (sin dudas, no hay salvación), a quien se le propone no chequearse ni analizarse, olvidarse todo lo posible de sus mecanismos y dejarse caer en una confianza de que hay una madre más sabia que nosotros que nos recoge entre los, pliegues de su manto.

Y fíjese que, por esta gestión, hasta el Estado debería damos algún premio: pues ¿no andan clamando Ellos por la excesiva afluencia de público demandante de atenciones sanitarias y recetas de botica, por el abarrotamiento de ambulatorios y consultas? Pues ¿entonces?: aquí Les proporcionamos un ahorro incalculable de personal, locales y servicios: ¿no tendrían que apoyarlo y agradecerlo?

Pues no, señor, señora: todo eso forma parte de la misma hipocresía con que se mesan los cabellos y desgarran las vestiduras por las hambrunas de Somalia y las guerritas de Servocracia, siendo Ellos y sus Medios de Formación los siervos del Desarrollo, que está necesitando y promoviendo, en Sus márgenes, esas miserias y banderías.
Lo que Ellos necesitan de veras es que usted se ocupe y se distraiga: que viva usted en la continua profilaxis, que viva en el Futuro, que es el reino de Ellos; o sea que no viva, que no piense, que no sienta.

Así que usted elige, señor, señora: o dedicarse a la seguridad de su salud o salvación futura, o abandonarse a lo que sea y dejarse vivir, a ver si, por un descuido, le dejan todavía.








sábado, 16 de marzo de 2019

¡ES EL MERCADO AMIGO. ES EL MERCADO NIÑO¡


El presente es el tiempo que me gusta denominar como el del mercado infinito. El mercado es la formación social que se impone en todos los órdenes sin oposición alguna. Esta preponderancia sin límites se instala en las mentes, siendo así eximido de cualquier cuestionamiento. De este modo se transforma en un concepto liberado de la deliberación y de la crítica, siendo instituido como un mito que se asienta en el imaginario colectivo. Su mención tiene el efecto de una anestesia de la inteligencia, en tanto que acalla cualquier objeción. Tras sus máscaras sofisticadas subyace la realidad de un sometimiento inquietantemente eficaz.

El mercado infinito se sobrepone al pensamiento y a las ciencias humanas y sociales, que se someten sin condiciones a tan venerable señor. Posee la licencia de ser configurado como una realidad liberada de la crítica. Los saberes instituidos son críticos con formaciones sociales dominantes en ciclos históricos anteriores, pero se abstienen de pensar el presente. Así, el mercado infinito, que se presenta mediante las instituciones centrales del management, las tecnologías de la constelación informática, de la gestión de los recursos humanos, el marketing, la publicidad, la mediatización audiovisual,  las psicologías positivas totales, la medicalización integral y la individuación psi entre otras, detenta el estatuto de lo sagrado, en tanto que es considerado como inevitable, ante lo que solo queda adaptarse.

He vivido como profesor de sociología el desplazamiento brutal de las ciencias sociales, arrolladas por la irrupción de los nuevos saberes referenciados en las herramientas percibidas como prodigiosas. La academia y la comunidad científica han sido reconfiguradas por el mercado mediante su honrosa  rendición. En el caso de la sociología, que se en su origen se ubicó como disciplina de apoyo a la modernidad, se integra en el orden del mercado infinito sin contrapartidas. Tan solo queda la tradición que alimenta a un archipiélago de resistentes, cuyas voces se producen en el interior de tan hermética comunidad disciplinar.

En los tiempos de predominio de un poder emergente formidable, como ahora el del mercado total, el pensamiento crítico se minimiza y es acallado por la unanimidad. En estas situaciones la crítica no desaparece, sino que se instala en el humor. La parodia es la única forma creativa de comunicar las dudas, las objeciones, las preguntas prohibidas, las sospechas y las certezas respecto a los aspectos negativos percibidos. Los chistes y las chanzas adquieren todo su esplendor, siendo compartidos por grandes contingentes de personas que en su vida oficial se subordinan al orden del mercado y sus verdades. En una sociedad postmediática los humoristas tienen muchas oportunidades de filtrar sus críticas, constituyéndose como la verdadera oposición al sistema.

El video que presento es antológico. Se trata de un fragmento espléndido, en el que las críticas al mercado total se formulan desde una lucidez inconmensurable. En ausencia de discursos académicos críticos, solo el humor puede contrarrestar el pragmatismo sórdido que caracteriza al sujeto del tiempo del mercado infinito, que acepta sin rechistar los preceptos que rigen las nuevas instituciones y organizaciones.  Se trata de una intervención de Ignatius Farray en el programa de humor “La vida moderna”. En esta comenta la frase célebre de Rodrigo Rato de “es el mercado amigo”. La lucidez de su intervención es inquietante en referencia a la ausencia de discursos críticos en las instituciones del conocimiento.

En mi opinión, esta intervención es verdaderamente perspicaz. Tras la apoteosis cómica afirma verdades de la época que permanecen en estado no alfabetizado discursivamente, pero que son reconocibles. Sin ánimo de sintetizarlas es imposible no aludir a la conversión del mercado en una deidad, en tanto que definido como “algo que está por encima de todo”. Pero la más relevante es la afirmación de que la compra es una actividad en la que se produce una derrota y una humillación, en tanto que cada comprador ratifica ser una entidad predecible y predicha por tan formidable poder. Esta insignificancia ratifica que cada cual es producido para consumir, actividad que elimina el goce, adquiriendo la naturaleza de ejecución de una función sistémica. Así que los derechos del consumidor pueden ser considerados como una tragedia, en tanto que vacían a los sujetos y los convierten en unidades funcionales.

La alternativa lúcida de consumir productos imposibles para los demás es una forma de subversión de la producción en la era del uno más uno. El ejemplo de los arándanos es antológico, ilustrando el “que no nos vean venir”, única forma plausible de neutralizar los formidables dispositivos comunicativos que formatean a las personas-consumidores en la era del mercado total. La aspiración a ser yo, algo diferente a lo que compro, es un principio fundamental sobre el que se puede sintetizar la  disyuntiva de la época. La propuesta subyacente es que la vida es algo más que el perfil que elaboran las instituciones caníbales del mercado. La propuesta es disputar la vida a este complejo invasor y preservar zonas vitales ante las ingerencias de las mismas.

Si disfrutáis la mitad de lo que yo lo he hecho con el video, me siento gratificado ¡Es el mercado niño¡