Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

domingo, 20 de mayo de 2018

PABLO, IRENE Y LA MALDICIÓN DE LOS POMPIS


La decisión por parte de Iglesias-Montero de adquirir una vivienda pudiente en Galapagar mediante un crédito bancario benévolo, pone de manifiesto la persistencia de un rasgo singular del sistema político-mediático español. Me refiero al riguroso frentismo. Los columnistas de la constelación de la derecha, en sus distintas versiones, han abierto la veda contra los nuevos propietarios, en tanto que los de la izquierda, en sus distintas modalidades, han guardado un prudencial silencio acompañado de murmullos denotadores de un duelo. Cualquier columnista osado que se posicione de modo diferente a los rígidos guiones establecidos, asume la condición de traidor, con la condena moral subsiguiente. La fábula de la calidad democrática se quiebra estrepitosamente por las lógicas derivadas de este encuadramiento obligatorio. Cada cual tiene que acreditar su adhesión al argumentario común establecido en su bloque. Así ha funcionado durante todo el régimen del 78, y ahora se reproduce fielmente en sus postrimerías.

El asunto de la compra de la casa y el crédito subsiguiente es una cuestión inequívocamente privada. Pero el caso de los Iglesias-Montero presenta características singulares. Su emergencia política tiene lugar en la televisión, medio en el que la separación público-privado es problemática. En los años prodigiosos de ascenso mediático, Pablo protagonizó varios episodios en los que exhibió su privacidad, representando el arquetipo de chico de Vallecas despreocupado por el equipamiento de su vivienda en favor de un estilo de vida distanciado de los parámetros del consumo material. Recuerdo su presunción de cocina antigua desprovista del equipamiento convencional y su informalidad vital puesta en escena con Ana Rosa Quintana y Susana Griso, entre otras, que alcanzó el límite de lo patético.

Su ostentación televisiva sostenida denotaba su candidez, en tanto que los media estaban esculpiendo su perfil para ser utilizado en su contra en el caso de que persistiese en las veleidades de un cambio político que amenaza el estatuto privilegiado de los intereses sociales fuertes. El líder de la nueva formación política se introducía voluntaria y deliberadamente en la esfera de la prensa rosa, cada vez más inseparable de la política, constituyéndose a sí mismo como carne de dossier y de archivo, que se activará según la consideración de los programadores.  El cambio político terminó siendo facturado en términos de un espectáculo público-privado, en el que proliferaban bebés en los escaños, besos en la boca entre dirigentes o irrupción de estéticas rupturistas con el universo estancado de las instituciones políticas. Pablo adquirió la condición de maestro de ceremonias, llegando a bromear acerca de emparejamientos entre miembros de partidos antagonistas.

No cabe duda de que la vivienda es una cuestión esencial en la vida. Son muchos los analistas que la han definido como “refugio” frente a un exterior convulso. En los últimos cuarenta años han proliferado viviendas asociadas a nuevos discursos y prácticas sobre el renovado concepto de habitar. La arquitectura ha propiciado la revalorización del espacio doméstico como sede de una parte fundamental de la vida cotidiana. La sofisticación de las sensibilidades vinculadas al espacio privado se ha multiplicado. Así, se ha revalorizado la vivienda como sede de la distinción social, conformándose como un territorio que muestra inequívocamente las posiciones sociales y las desigualdades.

El viaje entre los barrios castigados de Vallecas y San Blas y el hábitat confortable de la Sierra, es más que comprensible. Esta pareja, en vísperas de convertirse en padres, se encuentra saturada de actividades públicas y de una sobreexposición mediática sin descanso. En el caso de Iglesias, además de liderar el partido y el grupo parlamentario de modo cada vez más exclusivo, sigue manteniendo una intensa y prolífica actividad editorial. La crisis profunda de la izquierda y el colapso de los partidos comunistas tiene como consecuencia la conformación de un público desprovisto de referencias y sumido en un estado de inquietud. Así, los nuevos líderes de la izquierda, conectan con este segmento de mercado que encuentra en sus libros razones para conjurarse contra la desesperanza de un mundo oscuro. Anguita, Garzón, Pablo y otros se convierten en editores para nutrir a este mercado seguro para huérfanos políticos. Además, Iglesias es un editor audiovisual notable que impulsa proyectos muy exigentes para sectores periféricos en las televisiones no convencionales.

Las razones personales en favor de la escapada a Galapagar son consistentes. Pero sus contrapartidas adquieren una magnitud macroscópica. La montería mediática que se desarrolla sobre ellos es de una envergadura inédita en el mundo político. Ayer, Ok Diario presentaba detalladamente con profusión de imágenes las casas en la misma zona que eran más asequibles económicamente. Las páginas de los portales inmobiliarios proliferan para reforzar el argumento del “chalet opulento”.  Lo mismo ocurre con la benévola hipoteca, que es comparada con las del mercado del crédito para resaltar su ventaja. La candidez de Pablo al entrar en los territorios peligrosos de la prensa rosa, ayuda a constituirlo como una entidad susceptible de análisis microscópico.  Los métodos de la prensa rosa y del fútbol se abaten sobre ellos sin piedad en busca de un detalle que permita construir un argumento en su contra. 

Pero el aspecto ineludible de esta decisión radica en el contexto en el que se produce. La mayor parte de los cuadros y dirigentes de la izquierda en los últimos cuarenta años han mejorado sus condiciones de vida sustancialmente. Una de las dimensiones de este progreso es la instalación en buenas casas en localizaciones residenciales de mayor nivel social. Pero este cambio era una parte de un movimiento general de mejora para la mayoría, que alcanzaron la condición de propietarios arraigados en sus viviendas bien equipadas. La vivienda se constituyó en el símbolo de la movilidad social generacional.

Los años de la crisis penalizaron severamente a los sectores más débiles de los hipotecados. Son los años de los desahucios y de la agudización de la crisis habitacional. Los grandes sectores sociales afectados por la conjunción de los retrocesos en el empleo, los servicios públicos y la vivienda, fueron abandonados de facto por la izquierda convencional. Sus intereses no se encontraron representados en las instituciones políticas. En esta situación se produce el 15 M con su ciclo de movilizaciones. En el final de este se conforma Podemos como un nuevo partido que pretende representar estos intereses. Las televisiones y las redes integran las energías al cambio político. En estos años mediáticos Pablo, Irene y otros miembros de Podemos devienen en símbolos de las aspiraciones de los contingentes de personas cuyas condiciones son degradadas.

Las elecciones sancionan la importancia del novísimo partido en el que Iglesias desempeña un papel primordial. Setenta y un pompis se asientan en los escaños del Congreso generando una euforia y estado de expectación considerable. Sin embargo, los efectos del ascenso a los cielos mediáticos y las instituciones se detiene gradualmente. El paisaje político queda petrificado, en tanto que no se visibiliza una alternativa política de gobierno. Mientras tanto, continúan y se intensifican los efectos del retroceso. La precariedad salvaje, los salarios menguantes, la congelación de las pensiones, el deterioro de los servicios públicos convertido en crónico, pero, sobre todo, el encarecimiento de la vivienda en todos las formas, de modo que se sanciona como un bien fuera del alcance de grandes sectores de población. Para la mayor parte de los jóvenes, “compartir piso” significa de facto su inmovilización en un dormitorio, al estilo de las viejas pensiones.

En este cuadro se inscribe la decisión de Pablo e Irene de cruzar la frontera social-habitacional para instalarse en el territorio de los sectores sociales acomodados. Siguiendo este argumento se puede colegir que se trata de un error mayúsculo. Se trata de una afrenta de gran calado a los inmovilizados y desesperanzados contingentes electorales y mediáticos que nutren a Podemos. La compra del chalet representa un impacto terrible en el imaginario de aquellos que aspiran al cambio. Este es un hecho especialmente impertinente, que puede activar emociones negativas que lo perciban como una cooptación por parte de las dos instituciones que limitan la vida de las gentes perjudicadas por la reestructuración: las del suelo y las del crédito.

Pero lo peor estriba en el estado de los ilustres Pablo e Irene al no ser sensibles a esta situación de recesión para las nutridas gentes que se concentran en los lugares sociales penalizados. La dinámica oligárquica de los grupos del partido en las instituciones y de su misma dirección, junto con la trascendencia de sus actuaciones en las instituciones de la videopolítica, han tenido consecuencias devastadoras sobre sus capacidades de percibir, inteligir y sentir. La única explicación verosímil radica en algún mal secreto que, en forma de producto químico, se encuentra en los escaños de las instituciones. Este consigue introducirse por contacto en los pompis y termina por difundirse por el cuerpo, llegando finalmente a la cabeza.

La respuesta de los ínclitos dirigentes de convocar a sus votantes, que ellos llaman inscritos e inscritas, ejemplifica lo que es una verdadera casta. Porque sometidos al fuego enemigo de la cacería mediática es altamente probable que sancionen el prodigioso salto residencial. Pero una herida de esta envergadura  en el imaginario colectivo que nutre el partido tiene consecuencias fatales. La colisión de emociones siempre termina mal. El resultado inevitable es una brecha entre el partido –los inscritos y las inscritas- y sus bases sociales. De este modo, se reedita el argumento de Sansón y Dalila. El templo del partido se derrumba para encubrir a los caudillos.

Quién hubiera pronosticado que lo que empezó en las plazas como revuelta contra las instituciones termine en una oligarquía tan asentada sobre los escaños y afectada por la maldición de los pompis. El viaje residencial de Iglesias-Montero va en la dirección inversa al de los inmovilizados en el tránsito entre los trabajos sucesivos y la soledad de los dormitorios en las nuevas pensiones, que ahora se adornan de la palabra "compartida".






domingo, 13 de mayo de 2018

LA HUELGA DE LOS MIR EN GRANADA Y LA FARFOLLA GERENCIAL


La huelga de los MIR en Granada es un indicador del deterioro profundo del sistema sanitario público. Este se encuentra representado en los imaginarios profesionales y colectivos como una consecuencia de los recortes presupuestarios que se asignan a la mitológica crisis. Pero esta regresión remite a causas más profundas que se encuentran más allá de los indicadores. En términos históricos,  el sistema sanitario público resultante de las grandes reformas sanitarias de los ochenta, manifiesta su progresiva decrepitud por efecto de las grandes transformaciones sociales operadas en su entorno, que pueden ser sintetizadas en el ascenso fulgurante del mercado y la reestructuración del estado. Desde esta perspectiva se pueden entender los sucesivos acontecimientos críticos como un proceso de descomposición del sistema sanitario asociado al viejo estado de bienestar, así como la emergencia de un nuevo sistema de salud congruente con la reestructuración en curso.

La huelga de los MIR no puede ser entendida como un mero conflicto de interés entre estos y la empresa. Por el contrario, se trata de un efecto de los procesos macrosociales que se desarrollan en los últimos treinta años. La preponderancia del mercado y la reforma radical del estado se ubican mucho más allá de los presupuestos menguantes. Las reformas se inspiran en un sistema de supuestos y sentidos inverso al que portaba el histórico estado del bienestar. La metamorfosis del concepto de valor,  de la salud, la empresarización y la clientelización, constituyen la espina dorsal de las nuevas propuestas. Todas ellas implican la importación al sistema sanitario de unas instituciones emergentes en su entorno. Estas imponen sus sentidos en un campo en el que las antiguas profesiones dominantes son reconvertidas drásticamente. La gestión es la institución estrella que impulsa los cambios, escoltada por la constelación de los recursos humanos, el marketing y la publicidad.

Las vigorosas reformas neoliberales se asientan gradualmente en el campo sanitario modificando sus estructuras, prácticas profesionales y culturas. Aún a pesar de su voluntad de no ser perceptibles, sus efectos son demoledores. Las antiguas organizaciones sanitarias experimentan un shock considerable, al ser colonizadas por instituciones extrañas. Así se instaura un tiempo en el que las organizaciones sanitarias no son ni las convencionales ni las nuevas. Este tiempo de no estar ni aquí ni allí, genera varias clases de anomias que se instalan en las realidades sanitarias. Sus efectos son verdaderamente letales para los profesionales.

El lado oscuro de la colonización gerencial del sistema radica en que una buena parte de sus propuestas son, en términos operativos, ficciones. Estas se asientan en el imaginario de la calidad que se instala simultáneamente a la disminución de los recursos. La función de la institución-gestión es disolver un orden organizacional en el que impera la autonomía profesional. La estrategia se funda en subvertir las culturas profesionales convencionales. Las políticas sanitarias modifican las significaciones, convirtiendo a los profesionales en proveedores de servicios, así como a los pacientes en clientes. Como este cambio no es plausible,  produce una desorganización considerable que debilita a los profesionales, en tanto que habitantes de un mundo ficcional. Las ideologías de la excelencia y la calidad se instauran sobre una reducción de plantillas, merma de recursos materiales, recortes de servicios básicos, rebajas en los dispositivos de urgencias, restricción de servicios hospitalarios y –utilizo una palabra elegante- decrecimiento acumulativo de la atención primaria.

Una paradoja fundamental en el proceso de reestructuración neoliberal español, que constituye una pista esencial, es que los recortes se concentran en los equipos y los profesionales. Estos son drásticos y concluyentes. Pero, al mismo tiempo, se sigue invirtiendo en los edificios e instalaciones. La incentivación a la construcción es el verdadero móvil de las políticas públicas del crecimiento. Cada vez mejores instalaciones para plantillas más menguadas y en condiciones incrementales de degradación laboral.

En un estado de transición permanente hacia el quimérico reino de la excelencia, todo deviene en ficción. Entre estas sobresale una esencial. Se trata de la expansión de la función-gestión que se extiende a todos los espacios del sistema sanitario. Una legión de gerentes, directores, asesores, expertos en los misterios de la calidad y otras ensoñaciones, se hace presente en todas las realidades. El argumento sobre el que se funda esta conquista radica en otra ficción: se supone que cada centro es una unidad autónoma que compite con las demás. La función-gestión se asienta tras esta pretensión. Pero la verdad es que este ejército de expertos en las instituciones de la empresa carece de raíces en los centros sanitarios, en tanto que el sistema sanitario sigue funcionando como una pirámide jerárquica convencional rigurosamente centralizada.

De este modo los gestores y expertos que se expanden en los centros son los brazos ejecutores de los aparatos centralizados que los dirigen. La inexistencia fáctica de autonomía los convierte en una extraña entidad cuya naturaleza es equivalente a una burocracia convencional, cuanto no a una versión de los ancestrales comisarios políticos. Aquí radica una de las perversiones más relevantes del sistema sanitario. La acumulación de cargos y carguillos que devienen en pesadas cargas. Esta ficción de la función gerencial constituye una farfolla. De ahí el título de este texto. Pero, al contrario que en el caso de los profesionales menguantes, las huestes gerenciales se sobreponen a las restricciones de recursos y su presencia es creciente.

Las legiones de gestores y asesores son reclutadas en los bajos fondos de la profesión médica y la enfermería, privilegiando los perfiles de carreras profesionales bloqueadas, que son compatibles con la adhesión política. También entre nuevas profesiones vinculadas a la expansión de la empresa postfordista, economistas principalmente. Así se conforma un personal estrictamente dependiente y obediente, que simultanea su gratitud con la disposición a ejecutar las directrices emanadas de las conserjerías, que se constituyen como un generoso patrón, a la vez que un exigente jefe. Los nuevos legionarios de la gestión adquieren la naturaleza de ejecutores de directrices, siempre atentos a las señales que, como en el caso de todos los dioses, llegan desde arriba. Su vínculo laboral precario contribuye a su condición de artistas de la docilidad.

Todos los argumentos expuestos hasta aquí convergen en una cuestión esencial. La forma específica de realizar la gran reestructuración de los sistemas sanitarios procedentes del estado del bienestar es degradar el servicio. No se puede entender las coherencias de las nuevas políticas sanitarias sin confirmar esta cuestión. Así se produce un circuito fatal. Los sectores sociales vulnerabilizados, incapaces de concurrir a mercados en los que puedan comprar servicios médicos, son perjudicados mediante el deterioro del sistema público, de la atención primaria y las urgencias principalmente, en tanto que las consultas de especialistas siempre han estado deterioradas. La clave se encuentra en la frase pronunciada por una artista anónima de la época,  la diputada del pepé Andrea Fabra, dirigida a los parados “que se jodan”. Este no es un lapsus lingüístico, sino la expresión del inconsciente colectivo de los autores de la generación de reformas del presente.

Desde esta perspectiva se hace inteligible todo. Se trata de instaurar unos servicios mínimos para aquellos que carezcan de la capacidad de comprarlos. En coherencia, estos servicios baratos tienen que ser prestados por profesionales baratos. Este es el papel que se ofrece a los MIR. Se trata de restaurar la eficiente institución del viejo ambulatorio, en la que un profesional atendía a cientos de usuarios ofreciendo prestaciones de baja calidad. Las razones de los MIR para esta huelga apuntan a esta cuestión. Se defienden ante el desplome de las urgencias reclamando su condición de profesionales.

La estrategia para implementar esta regresión estriba en la expansión de la precarización. Una legión de profesionales sanitarios, son contratados mediante fórmulas flexibles en espera de que comprendan las claves de lo que se les pide. Esto es que cubran el servicio apañándose como les sea posible en un medio definido por la degradación general: de los pacientes  y de los profesionales. Estos se distinguen por sus diversas formas de contratación unificadas por la precariedad. Así se construye un orden en el que se hace factible una obediencia impuesta y obligatoria. Esta es la clave cultural que explica la sórdida situación imperante en las urgencias.

Esta interpretación del conflicto me conmueve, en tanto que la entiendo como una resistencia a la desprofesionalización. Lo que se les pide es que desistan de ser profesionales y se comporten como autómatas regulando el tráfico de pacientes. Este es el código que se impone hoy a una legión de contratados en el sistema sanitario, sobre los que se descarga la responsabilidad de la asistencia. Se trata de que asuman su condición de beneficiarios de un contrato a cambio de su renuncia a la profesionalidad. Así opera la institución-gerencia, que los esculpe como deudores con obligación de ser agradecidos, asumiendo la responsabilidad asistencial en una situación en la que se exime al centro de la suya.

En una situación así estos son intimidados por la farfolla gerencial que asume la única función verdadera que desempeña: la de capataces. Los directivos de los centros devienen en mayorales de profesionales sanitarios. Por eso les recomiendo que no se dejen intimidar por los métodos de nuevos conductores de rebaños y se reivindiquen como profesionales. Para estos cada situación es una situación abierta que requiere de su valoración y decisión. Esto se encuentra más allá de las entendederas de los capataces.

Muchas gracias por reclamar mejores condiciones para atender profesionalmente a los pacientes.


jueves, 10 de mayo de 2018

ZAVAN FILMS: ON NATION (and other dogmas)




El documental On nation de Zavan Films es una aportación enriquecedora, en particular en el menguado ecosistema comunicativo audiovisual imperante, que contrasta con la envergadura y la densidad de los acontecimientos que se producen en el presente. Desde mi perspectiva, es una verdadera experiencia personal que ha movilizado mi memoria y ha estimulado mi intelecto. Ante la inmediatez de un nuevo mundial de fútbol su contribución se acrecienta. Después de ver el documental ha vuelto a reaparecer el espectro de Elias Canetti y su libro Masa y Poder, que tanta influencia ha ejercido en mí en distintas etapas de mi vida. Todas las masas que comparecen en el mismo tienen un nexo que este texto pone de manifiesto.

En particular me impresiona la guerra contemporánea desde el aire. Los pilotos y los aviones representan una perversión insuperable. Me refiero a su capacidad de destrucción inmensa, que junto con su invulnerabilidad, generan una situación de no-combate. En este tiempo se pueden contemplar en el conflicto de Siria. Los aviones y los pilotos representan un cuestionamiento integral de cualquier ética o moral. En este documental las imágenes son elocuentes.

En este texto se presenta el documental, la propia autopresentación  del colectivo y unos fragmentos de una entrevista realizada por el programa “El cine que viene” de Radio Nacional de España, y publicada por la web Cortosfera:

Me parece imprescindible ON NATION (AND OTHER DOGMAS)
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Zavan Films es una productora audiovisual europea, especializada en cine-ensayo y documental político, que hasta la fecha se ha encuadrado dentro de la corriente del found-footage, y cuyos planteamientos basculan entre la reflexión política y un cierto lirismo socio-urbano, alejándose del cine de entretenimiento comercial para ofrecer una experiencia realmente transgresora. En esta línea sus películas han sido definidas como “cine de no evasión”. Sus trabajos han tenido una importante proyección internacional, con presencia en un gran número de festivales de cine, y de ellos se ha destacado en repetidas ocasiones la cuidada, laboriosa y arriesgada tarea de montaje, realizada generalmente a partir de material de archivo, y que presta una especial atención a los ritmos emocionales, incluso en las construcciones más conceptuales.
La productora apuesta por una forma de entender el cine desde la independencia, el compromiso social y la libertad creativa, eliminando el protagonismo social que habitualmente se le concede a la figura del autor.
Algunos de los ejes centrales de su trabajo son la reflexión sobre cuestiones políticas (democracia, Estado, Nación, Pueblo...), de identidad social (religiosa, nacional, comercial...) y de derechos humanos; sobre el tiempo (cronos versus Kairos, ciclos de la vida, del año, o del día, relaciones entre el espacio y el tiempo...). Tambien muestra un interés sobre las tendencias audiovisuales contemporáneas y sobre la deconstrucción de la realidad mediática que se impone a través de los mensajes televisivos y publicitarios. Todo esto sin perder de vista el interés por la vida cotidiana y por la esencia de la realidad.
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Samuel Alarcón: Hola Zavan. On Nation me ha estremecido ahora aún más que cuando la vi por primera vez. Tras Del Poder (On power) has elegido realizar un cortometraje, que además firmas como Zavan Films, algo que parece tu productora, y no con tu pseudónimo. ¿Por qué estas elecciones tras varios años transcurridos desde Del Poder?
Zavan Films: Hola Samuel. Compartimos contigo que este trabajo es realmente estremecedor. Nos gustaría que todas las imágenes con las que hemos trabajado fuesen de ficción, pero lamentablemente no ha sido así. Eso es lo realmente estremecedor, la realidad; que un ser humano considerado normal pueda asesinar a sangre fría a personas inocentes con el respaldo legal de su país y que además se sienta satisfecho de su proeza, orgulloso de sembrar dolor, injusticia y sufrimiento. También resulta estremecedor que un gran número de ciudadanos no se subleven contra esta realidad. Relacionado con esto, hay una escena de Chris Marker en la que un grupo de personas se manifiestan en la calle a favor del bombardeo sobre Hanoi. Han pasado 40 años y, como podría decir Italo Calvino, esas mismas personas están sobre las mismas aceras clamando las mismas consignas. Ayer era Hanoi, y hoy es Siria, Palestina, Iraq… Precisamente, el desconcierto que produce todo esto está en el origen de este nuevo trabajo. En ningún momento ha habido un acto consciente para elegir ni la duración ni la temática de la pieza. Hemos partido de unas emociones que nos inquietaban, de unas cuestiones para las que no hallábamos respuesta posible, y hemos tratado de ir reflexionando con las imágenes, y entre las imágenes, hasta dar por terminado el trabajo. Finalmente, ha durado 22 minutos, pero, a priori, hubiese sido imposible saber que la duración iba a ser esa. Hemos ido trabajando poco a poco, quitando lo prescindible y añadiendo lo necesario, convirtiéndonos en un mero instrumento a través del cual sale la obra. Pero en realidad la obra ya estaba ahí. Lo único que hemos hecho es materializarla. Luego, son los demás quienes la definen como cortometraje. Por nuestra parte, pensamos que lo importante del arte respecto al tiempo no es su duración sino su transcendencia.

Zavan Films: Quizás el problema no está tanto en las propias palabras o imágenes, sino en el uso que se haga de ellas. Usamos las mismas palabras constantemente y eso no implica que pierdan su capacidad de comunicación. Lo que empobrece el lenguaje es su uso vacuo o manipulador. La repetición de las palabras es preocupante cuando lo que se pretende es transformar su significado, desviando la fuerza de determinados conceptos. Esto es un hecho muy habitual en las luchas por el poder. Hay un libro magnífico de Kemplerer que se titula LTI; La lengua del Tercer Reich, en el que se analiza la manipulación que hicieron los nazis de los significados de determinadas palabras. Pero no hay que irse tan lejos. Las fuerzas políticas y los medios de comunicación del presente están constantemente resignificando las palabras. En Del Poder también se hablaba de esta cuestión.
Es cierto que gran parte del material con el que trabajamos ha sido usado con mucha frecuencia, y en muchas ocasiones con una intención morbosa o de impacto fácil. Los mismos noticieros de todo el mundo se dedican diariamente a la elaboración de una especie de pastiche audiovisual cuyos objetivos parecen distar mucho de lo informativo, de lo comprensivo y sobre todo de lo transcendente, y que contribuyen claramente a la devaluación de las imágenes de la que tú hablas. En On Nation hemos trabajado con este tipo de material, poniendo unas piezas al lado de otras, tratando de recontextualizarlas, relacionando múltiples niveles de la realidad y períodos históricos, en un intento de construir una obra íntegra, capaz de ir mucho más allá de la inmediatez de la noticia. Si las señales de alarma no funcionan, quizás no tenga tanto que ver con que estas imágenes hayan perdido su poder, sino con que vivimos una época tan sobrecargada de estímulos que no nos podemos permitir parar a reflexionar con tranquilidad sobre ellas.

La verdad, Samuel, es que no nos encontramos muy cómodos en ese traje. No creemos que nuestras películas tengan que ver con una labor de contrainformación, ni con un estudio de los fenómenos sociales. La función que desempeña Zavan Films quizás tenga más que ver con la de los poetas. Usamos los recursos de nuestro lenguaje, el audiovisual, para materializar sentimientos e intuiciones que nos inquietan. Es una manera de hacer visible lo invisible. En Madrid 12-11-03 se reflejaban las emociones que produce la vida cotidiana en este espacio urbano. En Del Poder se partía de los sentimientos de impotencia e indignación que despiertan los sucesos en la ciudad de Génova en el 2001. A partir de ahí se trataba de resignificar lo ocurrido, de dar forma a una intuición y a un punto de vista. Decía Picasso que solo hay una manera de ver las cosas hasta que alguien nos enseña a verlas de otro modo. Esa era una de las tareas de la película, tratar de ofrecer una lectura distinta a la dada desde el poder. Pero sin centrarnos en los datos. Por eso Del Poder no es ni informativa ni contrainformativa. En todo caso sería resignificativa o contrasignificativa. Algo muy parecido podría decirse de On Nation. Frente al discurso dominante e inamovible que trata de estructurar la realidad a partir de la identidad nacional o religiosa, la película aporta otro punto de vista, uno que trata de alertar contra los comportamientos irracionales de algunos individuos integrados de manera acrítica en una determinada identidad social, política, religiosa, comercial… El problema no es tanto la identidad social, sino cuando esta se antepone a los valores humanistas. Esto es lo que trata de transmitir la obra y no tanto la proximidad entre los actos religiosos, los acontecimientos deportivos y las manifestaciones, aunque se sirva de este tipo de imágenes. Por otro lado, no consideramos que todas las manifestaciones sociales sean igual de inquietantes, aunque algunas de ellas tengan comportamientos fetichistas o dogmáticos fácilmente comparables.
Pero insistimos, lo que nos preocupa no son las identidades sociales en sí, sino cuando estas llevan a las personas a comportarse como una masa acrítica, que llega a cometer, justificar o silenciar el asesinato. Hannah Arendt, en su libro sobre los juicios al nazi Adolf Eichmann, nos habla de la dificultad que puede tener una persona para distinguir entre el bien y el mal, siguiendo solo su propio criterio, sobre todo cuando este está en contra del pensamiento dominante en la sociedad. Por su parte, Stanley Milgram, en su estudio sobre la obediencia a la autoridad, demuestra que una persona religiosa puede enfrentarse a la injusticia anteponiendo sus propios valores a las consignas del dogma. Sebastian Castellio, el humanista que en el siglo XVI se enfrentó a Juan Calvino, es un buen ejemplo de esto. Suya es la frase que nos dice que «matar a una persona por defender una idea, no es defender una idea; es matar a una persona».