Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

martes, 18 de julio de 2017

LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO Y LA MANIPULACIÓN POLÍTICA

Las palabras de María del Mar Blanco a Manuela Carmena en el acto de homenaje a su hermano asesinado hace veinte años representan la cima de la manipulación política. En este campo, la escalada de la utilización de las víctimas como arma contra la izquierda, alcanzan niveles de sordidez inusitados. Este es un tema que proporciona al pepé una ventaja esencial, situando a la izquierda en una posición de indefensión. Sobre los sentimientos colectivos de miedo, impotencia y rabia, suscitados en los largos años de terrorismo de ETA, se fabrica un relato que no admite racionalización alguna. Así se conforma una zona oscura blindada a la reflexión y deliberación, desde la que se ejerce la condena a la pena máxima a cualquier voz que se aventure a una interpretación diferente.

El conflicto vasco adquiere una deriva fatal con el paso de los años, en tanto que las sucesivas direcciones de ETA van disminuyendo su capacidad de analizar el entorno y se orientan a unos objetivos imposibles de cumplir. De ahí resulta una escalada de terror indiscriminado que genera unas heridas que se van acumulando. Con el paso del tiempo los atentados múltiples van seleccionando víctimas cada vez más débiles y marginales. Los sucesivos climas de opinión pública que resultan de los mismos son volcánicos, concentrando y combinando todos los sentimientos negativos imaginables. De este modo, el conflicto de fondo se va difuminando para ceder el protagonismo a la acción terrorista, que adquiere una centralidad creciente en detrimento de las posibles salidas.

Aún a pesar de que las víctimas son múltiples y de toda condición, el pepé muestra su capacidad para asumir el protagonismo, reapropiándose de las emociones colectivas derivadas de los atentados, así como de las significaciones compartidas que se generan al respecto. En un clima de opinión pública dominado por el miedo, es factible introducir una interpretación definida por lo emocional, que se encuentre así blindado a los matices e interpretaciones. Cualquier voz que apele a una puntualización, es denostada con la sentencia inapelable de “cómplice de los terroristas”. De este modo cristaliza en la conciencia colectiva una zona oscura incompatible con la pluralidad de lecturas.

La izquierda política, en el sentido convencional y amplio, se encuentra desarmada ante una situación de esta naturaleza. En un clima así es arriesgado discutir la versión oficial, enunciada en unos términos tan simples que solo queda como factor diferenciador el tono. Así, muchos portavoces de la izquierda han sido desplazados en esa zona oscura por sus tonos de condena en tonos de baja intensidad, que se entendían como indicio de traición y condescendencia con el enemigo demonizado. El resultado es la cristalización de un campo tenebroso, en el que la inteligencia se acredita por su capacidad para eludirlo mediante frases de doble sentido. Esta situación lóbrega tiene un efecto perverso adicional. Se trata de que, al no existir distintas interpretaciones, el conocimiento generado se autorreproduce a sí mismo, constituyéndose como un sistema cerrado de representaciones, dando lugar a una situación que presenta rasgos de una neurosis colectiva en el límite de la histeria.

En la zona sombría de la cuestión del terrorismo, el conocimiento se reconstituye  otorgando un importante espacio a los conceptos defensivos, las fantasías y las distintas proyecciones irracionales. De los distintos procesos de respuesta a los terribles atentados, resultan unas cogniciones determinadas por las emociones negativas, en el que lo racional es desplazado. Este conocimiento se constituye como un conjunto cerrado de preceptos, que inevitablemente se encuentran determinados por la rigidez. Cualquier enunciado que no reproduzca ritualmente su propuesta, es descalificada severamente, asignándosele la etiqueta de la traición.

El paso del tiempo muestra que es imposible renovar ese conocimiento abriéndolo a las nuevas realidades. Cualquier proposición no encuadrada en el ritual de la condena apocalíptica reporta el estatuto de sospecha de colaboración con el enemigo encubierto. La deriva que adquiere esta situación acrecienta algunos rasgos verdaderamente paranoicos, que en un clima de emocionalidad intensa requiere de una sobreactuación manifiesta. Así se conforma un territorio clausurado a la inteligencia, en el que proliferan los gestos rudos y la repetición. El conocimiento se encuentra empaquetado en forma de dogmas, estereotipos, prejuicios y otras formas que perturban su inteligibilidad. En estas condiciones parece imposible escuchar o mirar hacia cualquier argumento nuevo. Así se cierra el círculo de la incomunicación y la capacidad de afrontar cualquier situación nueva.

La zona oscura derivada de la interpretación vigente del terrorismo y las respuestas que suscita, constituye un obstáculo muy relevante para el funcionamiento de la democracia. Una parte muy importante de la vida política no se encuentra racionalizada, sirviendo como base a la manipulación por parte, en este caso, de la derecha. Tras el cese de los atentados y la disolución fáctica de ETA se genera una situación completamente nueva que requiere de un tratamiento fundado en la inteligencia. Pero, por el contrario, la derecha mantiene un discurso que se inscribe en una espiral de histeria y que estimula el odio y el rencor. Las apelaciones en los medios audiovisuales a este tema adquieren la naturaleza de antológicos. Aquellos que no hagan suficiente énfasis en la condena son descalificados e insultados.

De este modo, la cuestión del terrorismo es realimentada continuamente. La razón principal que mantiene viva esta hoguera es que forma parte de una estrategia política que proporciona ventajas tangibles frente a la izquierda.  El frágil compromiso del 78 puso en segundo plano la reparación en la conciencia colectiva de las violencias de la guerra civil y de la larga posguerra. Esta cuestión es situada en la frontera de los consensos logrados en esta época. El terrorismo de ETA representa la oportunidad para la derecha de ocultar el pasado para comparecer como víctima en este nuevo ciclo de violencia. Así se cancela la cuestión de la posguerra y el franquismo, siendo reemplazada por la nueva guerra, esta vez contra la democracia liberada de cualquier origen.

El pepé acredita su fuerza en la vida política diaria. Así, frente a los quejidos y susurros de la izquierda con respecto a las víctimas del franquismo, desentierra las violencias ejercidas desde el campo republicano con un vigor inusitado. Cualquier apelación al pasado resucita el fantasma de Paracuellos, que es esgrimido con una contundencia extraordinaria. La intensidad de la respuesta del pepé se asocia a su determinación de defender su posición, manifestando su ausencia de temor a la escalada. Por el contrario, la izquierda muestra su ausencia de voluntad de remover las cuestiones de la memoria. Su estrategia se concentra en evitar la confrontación y el escalamiento de cualquier debate público.

De este modo el conocimiento oficial sobre los conflictos y violencias que han asolado en distintos tiempos históricos presenta una opacidad inquietante. En cualquier tema en el que no haya consenso se renuncia a la discusión. El resultado de este agujero negro en la conciencia colectiva es la debilitación de la misma. De este modo es factible cualquier manipulación basada en la movilización de los sentimientos. La historia oficial se define por su falta de verosimilitud. Cualquier incauto que pregunte por las víctimas del GAL o cualquier otro acontecimiento que no cuadre con los intereses de los manipuladores es remitido al limbo. Así se fabrica una narrativa indescifrable, que contribuye a la generación de un estado de confusión monumental. Como profesor de sociología durante tantos años he podido comprobar la debilidad de la conciencia colectiva acerca de cuestiones fundamentales.

Por esta razón me impresionan mucho las actuaciones de María del Mar Blanco, devenida en una profesional del dolor, que sirven a los intereses de su partido. Su función es debilitar a la izquierda mediante la manipulación de los símbolos del dolor de las víctimas. Me llama la atención su rostro y sus disposiciones corporales rutinizados y cristalizados en máscaras que son presentadas cuando la ocasión lo requiera. En el caso que comento aprovechó la oportunidad del vigésimo aniversario del asesinato de su hermano para embestir a Carmena ante las cámaras.

Una sociedad así es inevitablemente débil. La opinión pública no recibe las aportaciones de los que optan por el silencio, evitando las coacciones histéricas de los manipuladores del dolor. Es paradójica la convergencia entre la sociedad posmoderna, que representa la abolición del pasado, con los grupos de interés y partidos políticos que hacen del olvido una verdadera obra de arte. Así se produce la evocación selectiva del pasado y su difuminación. Como afirma el dirigente del pepé Pablo Casado “las cosas del pasado no interesan a nadie, solo a los abuelos”. Mejor síntesis imposible.


sábado, 15 de julio de 2017

TITO PARÍS

Tito París es uno de los músicos caboverdianos de la estela de Cesarea Evora. A Carmen le gustaba mucho su voz rasgada.






miércoles, 12 de julio de 2017

LOS FUGITIVOS DEL SOL

El sol es la representación misma de lo poliédrico. Para los bárbaros del norte, que habitan en las orillas del Cantábrico y en el mundo de tinieblas que se ubica en el más allá, el sol es una necesidad imperiosa. Representa la luz y el calor que compensa los largos otoños e inviernos fríos y oscuros. Para los habitantes del sur es un componente esencial de su entorno y un factor influyente en sus vidas. Pero, paradójicamente, el sol se hace presente de forma inmisericorde en los largos veranos, haciendo manifiesto su potencia como excedente. Por eso los atribulados pobladores del sur devienen en fugitivos del sol. En el interior tienen que encerrarse largas horas para protegerse de su poder negativo, en tanto que en las mismas playas, los veraneantes se concentran bajo las sombrillas para evitar quemarse.

Llevo muchos años viviendo en el sur. Soy un beneficiario del sol del otoño, invierno y una pequeña parte de la primavera. Las luminosidades de estas tierras son verdaderamente fantásticas. La luz de invierno de Granada o Guadix me impresiona muchísimo. Es una luz fuerte, muy concentrada, que proporciona a los paisajes naturales sobrevivientes a la gran oleada del crecimiento urbanístico basado en la fealdad, un tono insólito. La luz de la costa es mucho más clara y difuminada. Durante muchos años hemos bajado a Nerja en invierno para comer en un restaurante al aire libre ubicado sobre un acantilado en el mismo centro del pueblo. Lo recuerdo como una experiencia muy gratificante. No puedo olvidar el regreso al anochecer, tras un confortante día para nuestros sentidos.

Pero el dios sol cambia de faz cuando avanza la primavera en estas tierras. En el largo tiempo de verano se comporta de modo invariable. Los veranos del norte son una sucesión de días que alternan los estados del sol. Las jornadas de sol pleno se intercalan con las nubladas y lluviosas. En el sur el verano es la representación de la monotonía. Todos los días se hace presente al amanecer, para ir intensificando su fuerza hasta el mediodía. Después se hace insufrible. En las largas tardes nadie lo desafía y los espacios públicos se desertizan en espera de su ocaso. La vida entra en una larga pausa hasta la noche. El sol impone su ley sobre las vidas de los sufridos pobladores.

La dictadura férrea del astro en el sur alimenta la adaptación a la misma. Así se genera una verdadera cultura de la resistencia. Es menester ventilar las casas a primera hora de la mañana. Durante la misma tienen que realizarse todas las tareas domésticas que exijan actividad física. Tras la comida es necesario cerrar las ventanas y oscurecer las habitaciones. La tarde es un tiempo oscuro para los fugitivos del sol. La pausada siesta antecede a los consumos audiovisuales. La paciencia deviene en virtud fundamental. Los menos dotados de la misma tienden a precipitarse y abrir las ventanas antes de tiempo. En este caso el castigo es riguroso. La gestión óptima de la oscuridad vespertina es un arte menor. Los huidos del sol tienen la obligación de ser sabios y disciplinados.

Cuando comienza el anochecer, las gentes ocultas en el interior de sus fortificaciones sale gradualmente a las calles. La experiencia de encierro y privación de luminosidad ayuda a hacer de la necesidad virtud. Así se refuerzan unos a otros afirmando que “hace fresquito”. La vida colectiva se ve determinada temporalmente en la noche. Por eso me fascina contemplar cómo se sobrepone el encierro doméstico en torno a la televisión, que privilegia las primeras horas de la noche. Así se configura un confinamiento doméstico que tiene lugar en dos fases sucesivas: el vespertino por imperativo del sol, y el nocturno por imperativo de la televisión. El duelo contemporáneo entre estos dos gigantes, el sol y la tele, se consuma con la preponderancia de esta última.

En las sofocantes tardes de verano de Graná, me impresiona contemplar a algunos disidentes del encierro doméstico forzoso. Algunos mayores salen a las seis o las siete de la tarde y se cobijan en sombras minúsculas donde resisten inmóviles hasta sr expulsados por el movimiento del sol. Están ahí quietos, solos, con la mirada concentrada en algo infinitesimal. La soledad de estos huidos del hogar se ve acompañada por los automovilistas, que circulan en sus cabinas refrigeradas evitando la exposición al calor exterior. Los últimos habitantes de los espacios públicos de las tardes veraniegas son los turistas. Estos se arrastran penosamente por las calles animados por el riguroso cumplimiento del programa, cuyos objetivos escalonados no admiten excepciones.

La consecuencia de la acción implacable del astro rey es la explosión de las fugas. Aquellos que pueden se trasladan a las playas, en donde alternan los baños en el mar con sus largas estancias bajo las sombrillas, en las que se practica una experiencia de hacinamiento. En la orilla del mar el viento alivia los efectos del sol. En las noches de calor húmedo de la playa, el pulso entre el encierro televisivo y el espacio público se resuelve en favor de este último. Tras la cena se multiplican los paseos y las terrazas en donde lo social recupera su espesor.

La otra gran fuga de los fugitivos del sol es a las piscinas. La piscina privada deviene en un auténtico bien simbólico central. Alrededor de estas resplandece lo social. Las familias, en el sentido más amplio, los vecinos y los amigos comparten el espacio que rodea esta divinidad. Este es el lugar donde puede contemplarse la convergencia de las generaciones, bajo el inequívoco dominio infantil.  Me asombran muchas casas cuyo espacio cede un protagonismo desmesurado a la piscina. Pero aliviarse del sol, poder tener una experiencia corporal gratificante, estar en común compartiendo música, conversación y comida cocinada en la barbacoa, compañera inseparable de la piscina, significa una ventaja incuestionable frente a los topos domésticos vespertinos.

Por estas razones, entiendo como una auténtica versión del choque de civilizaciones, la actitud de los llegados de las tierras húmedas y grises, que celebran la presencia del sol sin reparar en sus tórridos efectos sobre los pobladores locales. Su experiencia provisional, que tiene lugar en un intervalo temporal breve, aliviada por los aires acondicionados de los hoteles y las cabinas de transporte móvil,  se encuentra manifiestamente sesgada. Así no registran los comportamientos de los fugitivos del sol, así como sus penalidades. El viaje vacacional del presente privilegia los paisajes y los monumentos en detrimento de los nativos.

En alguna ocasión me he sentido molesto en las despedidas de algunos que retornan a lo húmedo y gris tras un tiempo vivido junto a los fugitivos del sol. Porque les ha pasado inadvertido las duras condiciones de los localizados estables penalizados por el sol. Un refrán sintetiza muy bien esta cuestión: “Granada, nueve meses de invierno y tres de infierno”. En los últimos años se ha invertido esta relación y el infierno va expandiéndose. Este junio ha sido apoteósico, haciendo patente que este astro comienza a comportarse más como una divinidad malvada.


sábado, 8 de julio de 2017

LA PRECARIZACIÓN HABITACIONAL Y SUS DEPREDADORES



En tanto que el cambio político alcanza proporciones mitológicas, haciéndose incomprensible a quien no comparte los supuestos místicos de quienes apelan a él, un conjunto de cambios se instalan en la realidad vivida de distintos sectores sociales perdedores en la gran reestructuración neoliberal. Entre ellos, los más visibilizados se refieren a las condiciones de trabajo, que precarizan y empobrecen principalmente a  los jóvenes. Pero, junto a ellos, emerge otro territorio que sigue la lógica implacable de los propietarios de suelo. La dureza de los contratos a los inquilinos alcanza cotas nunca vistas hasta ahora. Así se configura una doble condición de vulnerabilidad. La precariedad se complementa con el desarraigo habitacional. 

La crisis irreversible del viejo sistema productivo, que conlleva la disolución de sus regulaciones, genera una conmoción social de gran envergadura. La consecuencia principal de la desaparición de las viejas actividades y la aparición de las que las reemplazan. El resultado es la explosión de la movilidad. Millones de personas transitan en busca de ocupaciones laborales, acreditaciones educativas y actividades vitales que se inscriben en el concepto más polivalente de la época presente: el turismo. Así se conforma una nueva sociedad dual. En esta, los asentados territorialmente, que detentan la propiedad de los suelos, venden a los transeúntes sus utilidades. El alquiler se conforma como un vector fundamental en la nueva economía que produce la suma de los éxodos.

De estos procesos resulta una nueva condición de la figura del inquilino. Este, de modo similar al trabajo, en el que rota por sucesivos destinos, siempre provisionales, se reconstituye como sujeto de sucesivas localizaciones. Así se configura una precariedad habitacional, que afecta a los viajantes por el mercado de trabajo en busca de oportunidades, a los sujetos acumuladores de credenciales educativas y a los buscadores de experiencias vitales. La precariedad habitacional reconfigura el mercado del suelo revalorizando los alquileres. Esta es la verdadera inversión realizada por los ahorradores de los años felices de crecimiento económico. Son los propietarios de viviendas, devenidos en inversores de alta rentabilidad garantizada. 

El poder creciente de este sector de inversores ha determinado su influencia decisiva en una legislación que brinde sus intereses. La ley de Arrendamientos Urbanos significa una apoteosis que refuerza su posición frente a los móviles. Este sí que es un cambio solvente y perceptible. Su principal dimensión radica en que no es objeto de deliberación, adquiriendo así el estatuto de incuestionable, siendo ubicado más allá de las contingencias políticas. De esta legislación resulta una relación arrendador-arrendatario, en el que la asimetría es máxima. Las nuevas sociedades globales propician la emergencia del suelo como factor productivo, que favorece a los propietarios, que son los beneficiarios principales de lo que se denomina como “recuperación económica”, “salida de la crisis” y otras formulaciones semánticas que apuntan a una expansión de la actividad económica.

De este proceso emergente resulta el contraste entre la opulencia creciente de los arrendadores y las miserias de la condición de inquilino. En los años felices que trabajé para un sector tan solvente como el sanitario, en los viajes siempre suscitó mi atención las grandes estaciones o aeropuertos. En estos se establece una relación especial entre los negocios de restauración arraigados allí y los clientes en movilidad. La relación calidad/precio alcanzaba en ocasiones el rango del abuso. Estos son negocios en los que el cliente no volverá mañana. Así se configura una relación perversa, en la que los viajeros llevan todas las perder. Tras la experiencia negativa del consumo, la víctima desaparece del escenario físico en el que se produce la relación.

En octubre de 2013 escribí un post en este blog, “La almadraba de los inquilinos enGranada”, en el que ponía de manifiesto la analogía entre la pesca de la almadraba -consistente en poner un dispositivo de redes en un espacio, en espera de capturar a los ejemplares de atunes que acuden allí- y las estrategias inmobiliarias para capturar estudiantes-inquilinos en la ciudad. Para estos transeúntes alquilar es un acto determinado por una temporalidad breve, lo que rebaja sus exigencias y los predispone a aceptar condiciones pésimas del servicio que contratan.

La consecuencia de estos cambios es la transformación de la condición de inquilino. Este se encuentra en una situación incontrolable, en la que la subida de precios, el descenso de la calidad de las viviendas-producto, así como el endurecimiento de los contratos forma parte de una situación a la que solo puede aceptar mediante la adaptación. En una situación así se multiplican los abusos por parte de los arrendadores-inversores. Así se genera una nueva forma de vulnerabilidad. La consecuencia más importante es la minimización del producto. La gran mayoría de los móviles terminan renunciando a alquilar un piso, aceptando el nuevo estatuto del inquilino en movimiento, que se define por el piadoso término de “piso compartido”. La única alternativa es alquilar entre varios, de modo que el espacio vital se reduce al dormitorio. Las demás estancias son comunes a los provisionales transeúntes presentes en la casa. Por el contrario, el precio  total se incrementa por la suma de las aportaciones de los compradores de dormitorios.

De este modo se reeditan las viejas pensiones, generalizadas en los tiempos anteriores al capitalismo del bienestar. Los prodigios semánticos del presente lo reconvierten simbólicamente en lo que se designa como “piso compartido”. Pero esta realidad encierra una gama de situaciones que no pueden ocultar que lo que se compra es un dormitorio, a lo que se añade un servicio que, en las viejas situaciones que ahora se reeditan, es el “derecho a cocina” y el cuarto de baño común. En los dormitorios de las nuevas pensiones se alcanza la condición de la autonomía individual, que se realiza mediante la conexión a varias redes de comunicación presentes en varias pantallas individuales. La hiperconexión tiene lugar en una verdadera cabina, que conforma el espacio vital del sujeto conectado en tránsito permanente por las rutas del espacio público.

Esta transformación solo puede ser interpretada como una regresión. En tanto que en los distintos escenarios del sistema político o mediático han terminado por reconocer e incorporar a sus agendas los problemas derivados de las hipotecas, las nuevas realidades derivadas de la dualización arrendadores- arrendatarios quedan en el exterior de la conciencia colectiva. Así adquieren la condición de la invisibilidad política y mediática. Pero lo paradójico es que estos cambios afectan a cuantiosos contingentes de personas. El endurecimiento de la vida diaria en el curso de la gran transformación neoliberal es patente para aquellos desplazados por el mercado de trabajo y sus requerimientos curriculares. 

Tras las distintas interpretaciones acerca de la mitológica salida de la crisis y las metáforas de los caminos y senderos, subyace escondida esta cuestión crucial de la precarización habitacional de los penalizados por la precarización laboral. La fragilidad de los compradores de habitaciones con derecho a cocina y baño se hace patente. Estos constituyen una población acobardada, que experimenta en su cotidianeidad su inferioridad en las relaciones con los propietarios y los agentes inmobiliarios que realizan prácticas que se asemejan a la caza en sus formas más reprobables. 

Así se configura una debilidad política estructural en el campo de la izquierda política. Esta situación disminuye el potencial de réplica frente al avance de la reestructuración neoliberal. Por eso no comprendo bien de qué se ríen los distintos portavoces de la misma, así como las puestas en escena celebrativas y la apoteosis mística del cambio y la mayoría social. Estoy buscando un piso para alquilar y me encuentro horrorizado por las situaciones que estoy viviendo. Se trata de una regresión inquietante con respecto a cualquier pasado. El caso de Ibiza, en el que los trabajadores asalariados no pueden acceder a una vivienda, es un síntoma premonitorio. La regresión laboral abre paso a la residencial.

La reconversión del alquiler constituye uno de los factores esenciales del crecimiento español, que se funda justamente en lo contrario del cambio del sistema productivo. La baja productividad es la compañera inseparable de los bajos salarios, los alquileres caros. La población móvil y rotante constituye el soporte de este extraño sistema.