Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

miércoles, 12 de febrero de 2020

CIUDADELAS INFANTILES MEDICALIZADAS EN MADRID







Desde el año pasado se vienen repartiendo profusamente por mi barrio unos folletos que anuncian a una escuela infantil, Planeta Enano, que se encuentra ubicada en el interior del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. En ellos se comunica un catálogo de servicios inspirado en una filosofía muy actualizada. En el texto de este,  aparecen sucesivamente los puntos fuertes del proyecto docente, en los que los referidos a la atención a la salud en sus distintas facetas, se sobreponen a los pedagógicos convencionales. La priorización de las cuestiones de salud de los infantes, constituyen el eje de la oferta.

El primero es “Una escuela dentro del hospital. Tener a vuestro hijo escolarizado dentro del recinto hospitalario Niño Jesús ofrece la tranquilidad de estar en un entorno más seguro para él”. En segundo lugar comparece el tótem del médico especialista “Con la presencia de nuestro propio médico, podemos realizar un seguimiento del estado de salud de los niños del Centro, y también resolver posibles dudas o problemas de salud demandados por las familias”. En su página web presenta la función del gabinete Médico como “Nuestros alumnos son evaluados y seguidos por nuestro Médico y así nos aseguramos que su desarrollo se produce dentro de los parámetros marcados por la OMS”.

En tercer lugar comparece la psicóloga, junto con la maestra de educación especial. El cuarto es “Escuela de padres, salud y nutrición”. Termina enunciando la enseñanza del inglés y chino, la estimulación y psicomotricidad, la piscina y la agenda electrónica app. Las cuestiones pedagógicas convencionales no se encuentran detalladas en este catálogo-oferta del cuadríptico, pero sí en la página web. En esta, alude a la seguridad como  “Sistema de acceso por huella dactilar, enchufes en alto, puertas con sistema anti atrapa dedos, aulas climatizadas, recintos cerrados”.

Desde que lo conocí, mi curiosidad no ha dejado de aumentar, terminando en perplejidad creciente.  Ahora comienza a circular por los automóviles, los portales y las entradas al parque del Retiro por Menéndez Pelayo. Pienso que este cuadríptico no es un hecho aislado, sino que, por el contrario, desvela una orientación muy acusada en las sociedades del presente, pero que se encuentra encubierta en la conciencia colectiva.  Esta sintetiza el avance de varias tendencias simultáneas que progresan inescrutablemente, estableciendo lazos entre las mismas. Las principales son la medicalización, la seguritización, y la privatización, entendida como reclusión en el mundo interior del colegio-ciudadela, protegido del espacio público exterior.

 La primera instaura un orden médico definido por el exceso, que escruta minuciosamente a las personas acomodadas para convertirlas en sujetos tratables, siempre en espera de la comparecencia de las enfermedades. La segunda instaura un orden social definido por la construcción de auténticas fortificaciones sociales, que blindan a los segmentos favorecidos e integrados, frente a los marginales y superfluos, que son desplazados más allá de las fronteras instituidas por esta segmentación del espacio. De este modo, decae inexorablemente el viejo espacio público, en el que convergían distintas clases sociales. Así se instituye una medicalización a la carta para las distintas clases sociales, así como el aislamiento efectivo de los niños-clientes.

Recientemente he publicado en este blog un texto que se refiere a los nuevos desarraigos delos niños. En este destaca la figura de Da-song, el niño rico de la película Parásitos, que es aislado rigurosamente del espacio público y recluido en un espacio privado en el que es vigilado y agasajado incesantemente. El mundo interno de Da-song muestra la cara interna de la sociedad dual, en la que se avanza en la consolidación de empalizadas y fronteras entre clases sociales. La vida de los niños recluidos en estos recintos tiene lugar mediante el tránsito entre espacios de encierro sosegado en los guetos seguros del hogar, la escuela y los de ocio segregado. La vida en las sociedades del presente se define como un sumatorio de encierros confortables, cuyo acceso es restringido, y tiene lugar mediante la vigilancia de las máquinas, que identifican a cada uno mediante la huella dactilar, así como de los cuidadores-vigilantes-guardianes.

Este episodio ilustra acerca de lo que significan las privatizaciones de las que de antaño fueron las instituciones públicas del capitalismo fordista-keynesiano. Privatizar significa segmentar severamente el espacio y consolidar la estratificación de la vida, confinada en los espacios constituidos para sancionar las diferencias. La segmentación comienza en el consumo, evidenciando la constitución de una verdadera nación-estilo de vida para los segmentos de menor renta, que son ubicados en el mundo low cost creciente. Esta tendencia se extiende a la educación, a la sanidad, al mercado de trabajo, a los servicios y a todos los confines de las vidas.

Privatizar es un sistema de sentidos. Implica principalmente cortar, aislar, separar. La oposición a los procesos de privatización se realiza desde la piadosa izquierda sociológica, que anclada en el pasado y referenciada en la vieja ciencia cartesiana-newtoniana, entiende la realidad sectorial como un medio dotado de propiedades específicas y desgajado de lo global. De ahí resulta la fragmentación de las resistencias. Cada cual a lo suyo, frente a la privatización de la sanidad, la marea blanca. En el campo de la educación, la marea verde. Y así sucesivamente. No, la privatización es una operación esencial del sistema social total. Así, la concentración de los niños de familias acaudaladas en fortificaciones amuralladas, tiene la finalidad de aislarlos del mundo público compartido por todos. Nos encontramos en el camino de la perfecta sociedad dual, definida por la existencia de barreras infranqueables.

En este contexto se puede entender esta experiencia de medicalización. Los niños-clientes son iniciados en la utopía de la salud perfecta. Los médicos --especialistas, por supuesto-- se hacen presentes en su cotidianeidad para adiestrarlos en el arte de detectar cualquier síntoma que anuncie la posibilidad de una enfermedad. Así se inicia la carrera biográfica de una vida dominada por la patologización general, en la que la posibilidad de enfermar se encuentra denegada. La quimera de la salud total se refuerza mediante la creencia en el poder providencial de la nueva medicina personalizada, que es inevitablemente un producto nacido en una sociedad dual, cuyo proyecto se dirige selectivamente a los integrados, confortables.

Esta medicalización opera en un medio definido por la exclusividad, privilegiando a los niños sanos y seguros que son definidos en el cuadríptico como “El universo infantil cuenta con un nuevo planeta. El planeta enano. Un espacio donde las estrellas son los niños pequeños de 0 a 6 años a los que hacemos brillar desde la edad más temprana”. La metáfora del planeta y las estrellas es perfecta, y contribuye a desvelar el argumento seguido hasta aquí. Se trata de materializar la idea de la excelencia en el camino seguido de la cuna a la sepultura para niños que gozan de ventajas sólidas derivadas de su origen social.

Pero el sumun de la medicalización estriba en considerar como privilegiado y seguro el espacio de una institución como es el hospital. Así se refuerzan los imaginarios de la medicalización y la seguritización. No, un hospital es una institución que trata personas con problemas graves de salud. El protagonismo en este medio es para los operadores de conjuntos de máquinas integradas que hacen diagnósticos selectivos e implementan tratamientos sofisticados. El paciente ingresado es un sujeto que carece de alternativa, y su vida en el interior de esta institución se encuentra severamente restringida, en tanto que tiene que subordinarse a un orden organizacional que disminuye drásticamente su autonomía.  El hospital no es un medio recomendable para ninguna persona sana. 

Mi interpretación del texto del folleto remite a la propuesta de un orden social en el que cada cual se encuentra vigilado y dirigido por expertos. Este es el verdadero sentido de la seguridad en los contextos de encierros amables del presente. Pienso que lo más seguro es la vieja escuela, que albergaba infantes de distintas procedencias sociales, así como la calle, entendida como un espacio que implica unas relaciones abiertas entre distintas gentes, también la movilidad social resultante del viejo tándem sistema educativo-mercado de trabajo, antes del advenimiento del huracán segregador, seguritario y medicalizado a la carta.

Me inquietan los niños Da-song encerrados y protegidos frente a un mundo desigual. La verdad es que pienso que eso es fabricar monstruos. Tengo temor de un futuro así, aunque de momento no llamaré a Securitas Direct. Mientras tanto me tendré que conformar con transitar a pie, lentamente, en un Madrid que ya es un sumatorio de espacios fortificados: el automóvil, la casa cuartel y la escuela-fuerte. En ese entramado se encuentran las ciudadelas amuralladas de los niños protegidos de la pluralidad.


viernes, 7 de febrero de 2020

LA DESLOCALIZACIÓN DEL JUEGO Y EL SUJETO JUGADOR-ESPECULADOR



Recientemente he recibido en mi correo de la universidad de Granada este mensaje:

“Estimada/o Señora/Señor  IRIGOYEN SANCHEZ-ROBLES


Con el fin de seguir mejorando, necesitamos su opinión sobre la Biblioteca Universitaria de la UGR. Le rogamos que conteste a la encuesta en el siguiente enlace antes del 31 de marzo de 2020 y podrá participar en el SORTEO de 5 tablets”

Este correo de la biblioteca puede parecer extraño para personas alejadas del medio universitario, que puedan considerarlo como un desliz. Sin embargo, un mensaje así desvela dos cuestiones de fondo de las sociedades del presente y de sus atormentadas instituciones. El primero es la explosión del juego, que configura en una tendencia central, como la  gamificación. El segundo es la ausencia de participación en cualquier actividad de la esfera pública. El distanciamiento de los ciudadanos-jugadores es pavoroso. Solo se involucran en una actividad que les reporte beneficios tangibles e inmediatos en primera persona. Pero en este caso el mensaje es muy elocuente: se solicita la participación en una encuesta estimulado por la posibilidad de conseguir un premio, que no es un libro, sino una Tablet. La postmodernidad se hace presente esplendorosamente en la antaño sede de la modernidad.

El sorteo de premios se encuentra incorporado desde siempre a los programas de televisión, pero en los últimos tiempos alcanza todos los espacios. El presidente del fútbol Almería, un acaudalado jeque saudí, sortea dos automóviles Audi entre los asistentes a cada partido. Su éxito es contundente y el campo se llena por esperanzados aspirantes a tan sustancioso premio. Se pueden poner múltiples ejemplos acerca de la expansión del juego, que sale de los espacios restringidos en los que se ubicaba, y se extiende por todos los confines de la sociedad, instalándose en todas las esferas, hasta en aquellas reguladas por la declinante Galaxia de Gutemberg, como indica el correo que abre este texto. En mis últimos años de profesor, me encontré en un estado de perplejidad crónico, en tanto que presenciaba cómo se generaban iniciativas, tales como clubs de debate y otras, que se resolvían mediante premios en metálico. En el 2013 escribí un texto en este blog, La reconversión de la inteligencia”, en el que analizaba la expansión de la gamificación.

La expansión del juego en el presente se funda en su deslocalización. Este se ubica en todos los lugares mediante su arraigo en internet y en el teléfono móvil. En los últimos meses se ha puesto en marcha una iniciativa de Izquierda Unida para regular la presencia de las casas de apuestas y juego en los barrios, con la intención de frenar su expansión. Pero el juego ha dado ya el gran salto, adquiriendo la naturaleza de divinidad, en tanto que se ubica en todas partes. La misma videopolítica asume los códigos del juego y sus narrativas pueden reducirse a una competición de ganar-perder por parte de unos actores protagonistas en un panóptico. El pactómetro de Ferreras en la Sexta, invita a cada uno a apostar por las coaliciones entre los ilustres políticos concursantes. La actividad central del fútbol es televisada mediante la financiación de sus sponsors, las casas de apuestas, que promueven spots publicitarios interpretados por actores progresistas.

La deslocalización del juego es un proceso social que avanza a saltos, aunque es imperceptible en la conciencia colectiva. Los mismos periodistas en la cadena SER que escenifican los spots de las casas de apuestas son aquellos que después producen sermones piadosos que remiten a la solidaridad y otros valores en favor de la cohesión social. La vieja conciencia colectiva de las sociedades, enunciada por Durkheim, se desintegra en las sociedades posmodernas y postmediáticas. Aparecen las primeras formulaciones precisas acerca de las “sociedades de la apuesta” o capitalismo de la apuesta”, que atribuyen una centralidad al juego, desplazando así a otras actividades. 

Tras la gran emergencia de los juegos de azar mediante su deslocalización e instalación en todas las esferas, se hace presente su naturaleza de factor económico esencial en el nuevo capitalismo. En este, lo financiero asciende a los cielos y ocupa un lugar axial. Pero, el aspecto más importante radica en lo que se ha conceptualizado como capitalismo cognitivo. El factor fundamental radica en que el sistema económico se focaliza, no tanto en producir valor, sino de extraer valor de la potencialidad de las vidas humanas. El valor se desplaza de los objetos a los clientes. Cada persona es transformada en un haz de posibilidades que es preciso explorar y explotar. 

Esta divinización del azar se relaciona íntimamente con la desestabilización del trabajo, de la vida y de la sociedad. La precarización de la existencia supone la configuración de un entorno móvil e incierto de modo perpetuo. Cada cual vive permanentemente en un mundo transitorio e indeterminado. En esta situación despega el azar y el juego como nueva divinidad. Se supone que cada situación concreta encierra una oportunidad que es menester explotar. Así se conforma la gran llamada al activismo. Hacer es lo decisivo, no dejando pasar las oportunidades ocultas. Esta convocatoria a emprender en todos los órdenes, conlleva inevitables riesgos que es preciso asumir y gestionar.

En este contexto se conforma el novísimo sujeto jugador del presente que alimenta el capitalismo de la apuesta. Las lúcidas palabras de Igor Pelgreffi ilustran acerca de su naturaleza y desvelan la cuestión fundamental: “La casi hipnosis a la que el web-gambler se abandona voluntariamente prolonga y sustituye al tradicional estado de atracción fatal del jugador, reconfigurando íntimamente la condición de sujeto-que-juega y que tienta-a-la-suerte en el interior de una zona gris, al igual que en muchos dispositivos mediáticos análogos, no sabemos cuánta parte tiene que ver con la interactividad y cuanta con la interpasividad […]Lo que está en juego en esos procesos es la reconfiguración de la forma de nuestra subjetividad. En el web-gambling, uno se cree interactivo, mientras que en realidad está parcialmente teleguiado por la red, de la que incorpora los automatismos […] De modo que, en esta relación compleja de acciones y retroacciones, las nuevas tecnologías acaban por provocar otras tantas nuevas dependencias, más problemáticas en tanto en cuanto se insertan bajo la piel, en el tejido conectivo de un capitalismo informacional que crea una sociabilidad completamente nueva”.

Esta es la gran cuestión, la reconfiguración de un nuevo sujeto-jugador que responde privilegiando el azar en un entorno vital cambiante y sujeto a la contingencia, y que, por consiguiente, no puede controlar. Así, se encomienda al azar unas cuotas crecientes del futuro. En coherencia con esta premisa, el juego se extiende por todo el tejido social, penetrando en todos los espacios y reconfigurando las viejas instituciones de la modernidad. Estas son corroídas por las lógicas subyacentes al sujeto jugador, que desarrollando muchas actividades, tiende a ser interpasivo y dependiente de los automatismos asociados a los nuevos dispositivos y máquinas. En coherencia, las nuevas instituciones centrales, tales como la gestión, la publicidad-directora de estilos de vida o las de conducción psi, comparten este código esencial: conseguir un sujeto que responda automáticamente a los estímulos programados.

Así, el juego consuma el concepto de posmodernidad tecnológica, en tanto que el sujeto inscrito en un entorno inestable, al carecer de certezas, se aventura a predecir el futuro apostando por una de las probabilidades. La intuición y la astucia se imponen sobre otras formas de inteligencia. Así se esculpe la especulación como actividad central. Especular implica apostar activamente por una posibilidad de anticipar el futuro. Esta es la clave que explica muchos de los cambios operados en las viejas instituciones de la modernidad. En la política se hace manifiesta mediante la dura selección de los apostadores, que dependen del éxito de su apuesta. De ahí resulta la deificación del éxito, que siempre es provisional y dependiente de la siguiente apuesta. 

En la educación y la universidad, los cambios apuntan a la priorización del sujeto-especulador, sobre el profesional sólido convencional. Las narrativas que se transmiten en las aulas, remiten al éxito como valor obligatorio, en la versión de ganar-ganar que se deriva de la institución central de la gestión-management. Este no depende siempre de factores controlables, sino de la propensión a apostar, especular, que anteceden a la palabra emprender. Así que el mensaje que abre este texto, no es marginal, sino que acompaña a los nuevos sentidos de la educación reconfigurada por el declinar del mercado laboral universal, y el consiguiente ascenso de la especulación y el juego. El bróker es un arquetipo esencial, referencia para todas las profesiones.


domingo, 2 de febrero de 2020

ISABEL DÍAZ AYUSO: LA REINA DE LA POLÍTICA-FUTBOLÍN






La política-futbolín es la política que se practica en el tiempo del régimen del 78 maduro. Su advenimiento se deriva de la jubilación de la generación de los políticos que protagonizaron la transición en el final de los años setenta. Estos han sido sustituidos progresivamente por una nueva cohorte generacional, que procede de los mundos organizativos internos y autorreferenciales de los distintos partidos, específicamente de sus extensiones juveniles. Así, las nuevas promociones heredan los activos políticos que les legaron sus antecesores, entre los que se encuentran los imaginarios congelados. Se trata de una nueva generación de herederos que asumen el control del patrimonio recibido.

La vieja generación se forjó mediante la gestión de una situación inédita, el declive del franquismo y la ingeniería política imprescindible para crear un nuevo estado. Tras pilotar este cambio y hacer una constitución, fue menester realizar una ingeniería institucional en el estado, las autonomías y los ayuntamientos. Se puede afirmar que esta generación tuvo que inventar una nueva realidad jurídico-política. Esta invención se hizo en común, mediante distintas aportaciones procedentes de todos los partidos que se encontraban en la escena. Juntos tuvieron que resolver situaciones singulares, generando soluciones.

Mi posición con respecto a ese proceso de cambio es inequívocamente crítica, en tanto que se limitó principalmente a la ingeniería político-institucional. La ausencia de un proyecto fundado se evidenció desde el primer día, siendo la causa principal de su deterioro acumulativo con el paso de los años. El relato de la fundación de la democracia española es triunfalista y épico. Pero este soslaya algunas cuestiones esenciales que permanecieron incólumes a esta obra de ingeniería política, y que se han presentado con posterioridad saliendo a la superficie. Me refiero a las grandes invariantes históricas de las clases altas españolas, que emergen tras los primeros tiempos de euforia, así como las carencias monumentales de la izquierda. Pero se puede reconocer un espíritu relativamente abierto a esta generación, capaz de ensayar salidas respetando estrictamente los límites impuestos por los intereses de las clases altas.

La generación de herederos es completamente diferente. Esta tiene su origen en personas cooptadas por los partidos e instituciones del estado. Su ascenso a la primera línea del estado tiene lugar en el sórdido proceso de reestructuración neoliberal que se instaura sobre la desindustrialización. Esta ha generado una crisis múltiple que ha cerrado las instituciones, blindándose ante los cambios institucionales. Estos son los constitucionalistas, que entienden la constitución y el declinante orden político heredado como una fortaleza que hay que conservar. El prometedor ascenso de Podemos y Ciudadanos en sus primeros años, parecía inaugurar un tiempo de revisión de las oxidadas estructuras políticas y del estado, gravemente degradado por el devenir de varias décadas de retroceso constante. Pero esta esperanza, pronto se disipó, en tanto que los nuevos actores políticos fueron absorbidos por las instituciones deterioradas, siendo acomodados en el interior del recinto de la fortaleza amurallada de las instituciones nacidas el 78.

En este contexto se pueden entender las prácticas políticas de esta generación. La metáfora del futbolín es adecuada para definirla. Un futbolín es un espacio donde tiene lugar un juego que desempeñan seres inanimados, rígidos, monótonos y petrificados. Estos solo pueden ejecutar las jugadas programadas por los jugadores externos que controlan los mandos. Pero la limitación de las jugadas es manifiesta. Cada jugador no puede realizar movimiento alguno y tiene que actuar bajo la determinación de su inmovilidad. En este juego, los jugadores-estatua solo pueden responder a los estímulos externos, careciendo de la capacidad de crear jugadas o ensayar nuevas combinaciones. De este modo, el futbolín se asemeja al campo político definido por la suprema pauta del bloqueo.

Entre la nueva generación de jugadores de futbolín político, destaca manifiestamente Isabel Díaz Ayuso. Esta representa la inmovilidad propia de un algoritmo político. Su figura representa las sinergias de todas las medias que definen a un arquetipo individual de la derecha. Cuando accedió a la cúpula del pepé andaluz  el actual presidente Juanma Moreno, escribí en este blog un texto en el que me preguntaba si era humano. Le denominé “Ñeco”, un muñeco inanimado que seguía las directrices nacionales. Era un representante de la generación que vivió en la nube de las Nuevas Generaciones, protegida por los próceres del partido. Era una sombra de Javier Arenas, un producto clonado que carecía de cualquier originalidad.

Los políticos de esta generación se corresponden precisamente con el concepto de simulacro, enunciado por Baudrillard. Son algo más que un juego de apariencias, de máscaras, de copia o falsificación del original. Se trata de la superación de lo real, en tanto que no es posible copiarlo. Su naturaleza remite a lo hiperreal, que desborda la falsificación de lo real y deviene en un significante de referencia. Es sólo un significante abstracto carente de vida propia, en el que lo real se volatiliza. Así su inserción en el extraño mundo mediático político, que conforma un medio en el que verdaderamente no ocurre nada. Los encerrados en el recóndito mundo de los partidos del régimen del 78, devienen en muñecos forjados por las representaciones de sus antecesores, y encerrados en el interior de la muralla de la constitución, entendida como un libro sagrado que petrifica la creación, la innovación, el pensamiento y las comunicaciones.

Isabel Díaz Ayuso tiene el privilegio de desempeñar el papel de reina en esa insustancial comunidad política. Su aspecto le confiere una legitimidad logarítmica en la derecha del nuevo siglo. Es una imagen perfecta de representación del imaginario político-mediático. La fotografía que acompaña este texto es elocuente. Se sitúa en el centro en un espacio que se define por sus asimetrías y jerarquías. Se trata de presentarse como la jefa de sus obedientes vasallos, que juntos conforman una corte. Esta sí que es la de los milagros, en tanto que ha acreditado su sobrada capacidad de extraer activos financieros del estado-empresa que gobierna.

Pero, el aspecto más relevante radica en sus propias palabras. En sus intervenciones orales expresa con una precisión inconmensurable los preceptos del imaginario político en el que adquirió la posición que ocupa. Así, no se puede esperar que responda o que dialogue con los desconcertados opositores. Ella responde poniendo en escena sus propios enunciados, disolviendo las fronteras entre laregión frontal y la posterior. Reproduce los tópicos del bienestar entendido como sumatorio de automóviles, así como otras perlas procedentes del arsenal de su mundo. No es capaz de generar nada distinto a la sopa ideológica de su partido, que la ha alimentado durante los largos años de espera a que llegase su oportunidad.

Esta es la razón por la que deviene en la auténtica princesa de los seres inanimados que pueblan los espacios del futbolín político. Su éxito se funda en no reconocer a su interlocutor. Entiende la oposición como una fila inánime de muñecos que tratan de meter la bola entre sus huecos, y su tarea meter la bola entre los agujeros que dejen sus contrarios. El resultado es la imposibilidad del diálogo en este tablero, en el que los jugadores repiten las jugadas programadas, siendo imposible crear otras. De este modo adquiere el privilegio de ser la protagonista principal con la prensa, a la que nutre con sus aparentes excentricidades. Las extensiones mediáticas de esta política recluida en el interior del imaginario de la constitución, la privilegian manifiestamente. Es objeto permanente de los dimes y diretes que conforman la cotidianeidad de la videopolítica. Reconozco que es una superdotada en este papel.

Mi fascinación por su figura es manifiesta. Expresa nítidamente las verdades que conforman la papilla ideológica de su partido. Su límite son los de los argumentarios establecidos por los operadores. Recuerdo sus embestidas a Errejón en el parlamento de la comunidad. En sus intervenciones nos regalaba verdaderas perlas. Le reprochó su infidelidad con Pablo Iglesias, al que definía como la persona “a la que se lo debía todo”. Así desvelaba su esquema de interpretación basado en su experiencia, y al que atribuye universalidad. Un partido es un líder político que sitúa a los suyos en posiciones confortables que les reportan visibilidad mediática. Esta es su gran verdad y que rige sus relaciones con Casado, otro representante privilegiado del tedioso mundo de los futbolines. Las imágenes televisivas de sus encuentros son antológicas. Ella sabe escenificar admirablemente su sometimiento, al igual que su jerarquía cuando se encuentra al frente del gobierno de la comunidad.

Así cumple con algunos preceptos que conforman el núcleo invariante de la derecha –y también de otra forma, de la izquierda-. Se trata de ser sumiso con los más fuertes y duro con los más débiles. A esta importante competencia, tan instalada en la sociedad española de todos los tiempos, se le denomina “saber mandar”. Este es un arte que se forja en los largos tiempos de espera a que llegue su oportunidad. Es el activo más relevante de las nuevas generaciones de la política-futbolín, instalada sobre las deterioradas instituciones del régimen del 78, que tras el bloqueo de su renovación en los últimos años, adquiere un perfil en el que lo patético alcanza la apoteosis. En este reino de fantasía prospera Isabel Díaz Ayuso, un ornamento semiológico del régimen, una verdadera princesa del futbolín.