Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

miércoles, 26 de octubre de 2016

RECONVERSIÓN HOSPITALARIA, TEMORES COLECTIVOS Y MISERIAS INSTITUCIONALES EN GRANADA




El domingo pasado tuvo lugar en Granada una manifestación que congregó, según los medios oficiales, a más de cuarenta mil personas. Lo extraño de este evento es que fue convocado por un médico joven a título particular. Ni los partidos, ni los sindicatos ni otras organizaciones públicas  participaron  en la organización de la misma. El motivo era protestar por la reconversión hospitalaria promovida por la Junta de Andalucía, en la que se concentran los servicios de los dos hospitales completos existentes hasta ahora en uno solo. Este acontecimiento muestra inequívocamente el deterioro descomunal de los partidos y de las instituciones granadinas. La racionalidad que las rige se encuentra distanciada de la de la gente, que desconfía crecientemente de los discursos optimistas de las autoridades, resultando así la incubación de temores colectivos persistentes. Nunca la deslegitimación de los poderes públicos llegó a las cotas actuales.

La manifestación mostró inequívocamente el espíritu de la época. La mayoría de los asistentes ha experimentado en el transcurso de sus vidas una expansión de los servicios públicos y, en particular de los de salud. Desde hace unos años ocurre lo contrario. Ahora el proceso tiene el signo inverso. Por un lado desciende la calidad de los servicios y por otro se procede al comienzo de una desuniversalización que afecta a algunas categorías sociales que anuncia la incorporación de las siguientes en un proceso acumulativo. Esta contracción se contrapone con los discursos institucionales, que hacen énfasis en lo contrario, presentando una apoteosis de la calidad que se contrapone a lo vivido. Así se genera una extraña situación en la que se comparte la convicción de que no se dice la verdad. Esta desconfianza percibida se mantiene desde que comenzó lo que se denomina como crisis, hace ya más de seis años.

Los efectos de esta intensa crisis de legitimidad son devastadores. El aspecto más pernicioso es la generación de un sentimiento de inseguridad que cristaliza en la presencia de temores colectivos difusos, que alimentan el escepticismo generalizado, siendo activados por acontecimientos que visibilizan la realidad oculta tras los discursos oficiales. Porque la percepción de mentira envenena las relaciones entre autoridades y la gente (respondiendo a un buen amigo, sí, nunca digo ciudadanos). La señal más elocuente es el recorte de las plantillas, el deterioro de las condiciones laborales de los empleados públicos y la precarización desbocada, que se contrapone con la mejora de los edificios, lo cual denota el espíritu del nuevo estado emprendedor neoliberal, que prioriza la acumulación de bienes tangibles en contraposición con el declive de sus plantillas. La mutación de los sentidos del viejo estado de bienestar se hace patente.

 El caso de la reconversión hospitalaria de Granada es paradigmático. Dos hospitales completos son concentrados en unas nuevas instalaciones en las que se hace manifiesto el valor de la excelencia de los equipamientos materiales, que compensa la disminución de las plantillas, parte de las cuales se encuentra sometida a una precarización salvaje. El impacto del nuevo hospital en el territorio genera varios procesos de revalorización del suelo, que es el juego en el que están verdaderamente involucradas las autoridades. Su puesta en marcha ha constituido un caos inimaginable, con la proliferación de ambulancias, desplazamientos de pacientes, vacíos asistenciales, descoordinación entre servicios y sobrecargas asistenciales.

No es de extrañar la gran respuesta que tuvo la convocatoria. Las autoridades fueron sorprendidas por la gran afluencia. La masa de manifestantes se encontraba unificada por un sentimiento difuso de temor al futuro, así como de una rabia considerable al sentirse engañados. Apenas había pancartas ni otros elementos característicos de concentraciones organizadas. Los gritos y los lemas se dirigían a las autoridades políticas y sanitarias, remitiéndose a la reversión de la situación y el retorno a los dos hospitales completos. En el interior de la concentración se encontraban grupos de militantes de los partidos de las distintas oposiciones, que no consiguieron manipular los contenidos. Se creó una situación de alivio al encontrarse los cuerpos, compartir el espacio y expulsar el miedo en el efímero tiempo de la marcha. También el resarcimiento ante la impotencia que se deriva de la confrontación atomizada con los promotores de la reconversión, que utilizan sus maquinarias institucionales, mediáticas y expertas para prevalecer sobre cada paciente.

Los dos hospitales reconvertidos representan el símbolo del progreso en el imaginario colectivo local. Son las instituciones en la que muchas personas han experimentado su condición de consumidores, siendo atendidos por equipos de alta cualificación dotados de tecnologías adecuadas. Para muchas personas se trata de un consumo inmaterial de una calidad inalcanzable en otros mercados. Así constituyen un símbolo de la seguridad que proporciona ser atendidos en el caso de enfermedad. En las memorias de las personas se acumulan miles de historias que tienen lugar en sus instalaciones. El valor simbólico del sistema sanitario es muy alto para los granadinos.

La manifestación desvela la miseria de las instituciones políticas locales y provinciales. Tras su refundación en el principio de los años ochenta, impulsaron una secuencia de cambios que se fueron agotando una década después. Junto a ellos ha persistido un elemento fundamental del pasado: se trata del espíritu mediocre de las élites, el amiguismo, el clientelismo y el autoritarismo. La ausencia de un proyecto local es manifiesta. En su carencia, se impone la lógica que me gusta llamar como la de “hueco a hueco”. Sobre el territorio se programan obras que revalorizan los terrenos que las rodean. Este es el proyecto de ciudad que se vende. También el edificio del nuevo hospital calificado como el mejor del sur de Europa.

En tanto que los edificios se multiplican, las instituciones declinan por agotamiento. Tanto los empresarios como las instituciones que los acompañan carecen de una inteligencia que sustente un proyecto. En ellas se enclava una generación que ocupa el poder desde el origen de los años setenta. Esta ha ido cooptando algunos jóvenes (biológicos), entre los que se encuentran algunos hijos de la élite inamovible. Los cuadros de envejecimiento son patéticos. Los discursos congelados. La orientación al pasado “glorioso” que remite a su propia reproducción  como élite en el poder. La energía que portan es cero. Solo hacen negocios seguros protegidos por el turismo,  la explotación del patrimonio histórico y cultural, además de una universidad a la que se define sin rubor como una institución creadora de valor económico, derivada de la estancia de miles de estudiantes, profesores e investigadores, así como de su valor patrimonial arquitectónico.

Esta clase dirigente en su totalidad se erige como un obstáculo formidable a cualquier cambio. El sistema mediático local es el espejo que refleja a esta clase dirigente gerontocrática y vacía. Instalada en la red de empresas públicas en las que culminan sus carreras políticas, son compensados generosamente para reproducirse según el patrón recurrente de la obediencia, la repetición y la ausencia de inteligencia. El discurso de estas élites se remite a unos tópicos desgastados. Su creciente desconexión de la población se funda en que su experiencia es inversa a la de la gente. En tanto que a ellos les va bien, muchas personas experimentan un deterioro en sus condiciones de vida y sus expectativas de futuro. Esto es lo que ha ocurrido en el caso de la reconversión y del nuevo hospital.

Las élites granadinas enclaustradas en su mundo de destinos sociales de excelencia – el puerto de Motril, la estación de esquí, el palacio de congresos, la Alhambra, el museo de la memoria, los proyectos fantasmáticos, tales como el del legado andalusí, o las viejas cajas de ahorro- construyen un discurso que carece de inteligibilidad para muchas gentes. La desconexión creciente, la ausencia de interlocución, la autorreferencialidad del sistema de comunicación local, en el que el mundo enclaustrado en el que viven estas élites se encuentra sobrerepresentado, genera un extraño vínculo entre las autoridades locales y la irrealidad.

El sentimiento de irrealidad termina en un distanciamiento de tal envergadura que alberga las inseguridades y los temores colectivos. Esto es lo que flotaba sobre la manifestación. El mundo encerrado en sí mismo de las élites granadinas propicia unas patologías que limitan la eficacia de sus actuaciones. El anterior alcalde tiene que responder a varios procesos judiciales derivados de la gestión del “hueco a hueco”. En solo tres meses los jueces han requerido al nuevo alcalde ¿es esto aceptable? La imagen del nuevo hospital –el mejor del sur de Europa-  rodeado por la autopista de circunvalación, un nuevo macrocentro comercial y el recinto amurallado del campus de la salud, apunta al colapso de tráfico y desvela la ausencia de una inteligencia que se sobreponga a las actuaciones de los agentes del suelo.

La manifestación solo es posible interpretarla en el contexto de una decadencia local incuestionable. Nada inteligente puede salir de ese entramado pernicioso de las élites de poder granadinas.  El caso de las autoridades sanitarias es doblemente patético. Estas han perdido el sentido, orientando sus prioridades al complejo de industrias sanitarias, en detrimento de la asistencia. A pesar de que entiendo su lógica en tanto que las industrias son la puerta giratoria que asegura su futuro, su obligación inexcusable es atender a la gente mejorando los servicios. Uno más uno son siempre dos, 






2 comentarios:

Raúl dijo...

Hay una frase que yo atribuyo, sin rubor y sin rigor, a Federico García Lorca para definir a las élites políticas, administrativas y empresariales de Granada: "Se agita en Granada la peor burguesía de España". Puede, incluso, que la escuchara en alguna de tus clases a las que saque partido bastante tiempo después de que acabaran. Un saludo

Juan Irigoyen dijo...

Gracias Raúl. Lo peor es que ochenta años después los herederos de García Lorca, tanto en la versión progresista como conservadora, siguen conservando las esencias. Granada es explosiva.
Saludos