Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

jueves, 20 de octubre de 2016

LOS LIMBOS POLÍTICOS DE PABLO IGLESIAS



Pablo Iglesias es una persona que vive entre varios mundos ajenos a la sociedad española del presente. Primero aterrizó en las televisiones, donde construyó un refugio confortable desde el que se pueden contemplar las realidades filtradas por un tinte rosa. En el mundo ficticio de los media se construyó una imagen de triunfador. Fue un tiempo feliz que vivió en ese espacio amurallado, en el que alcanzó una relevancia incuestionable. En los últimos meses ha dado un giro total para embarcarse en otro mundo ficticio. Este se puede definir como la metafísica de la calle. Pablo sube el tono y se presenta como propietario imaginario de las movilizaciones y los movimientos sociales. Ambos mundos, en tanto que quiméricos, se asemejan al concepto convencional de limbo, espacio imaginario en el que no habitan ni los vivos ni los muertos.

Tras su emergencia en el escenario mediático-político, su éxito es incontestable. Así, Podemos conquista un territorio electoral de gran magnitud. Pero en el tiempo de su expansión decrece la actividad de los movimientos sociales, esperanzados en lo que se percibe como efectos milagrosos del cambio político. Pero la realidad se hace presente poniendo de manifiesto la insuficiencia de los cinco (o seis) millones de votos. No existe otra alternativa que ampliar su base electoral para promocionar los intereses de los carentes de representación, al tiempo que estimular el desarrollo de los movimientos sociales. Este puede ser el fundamento para conseguir un cambio político, definido como la reconversión de las instituciones políticas, de modo que se encuentren presentes en ellas los intereses de los sectores sociales infrarrepresentados.

Pero el súbito giro de Pablo es inquietante, en tanto que camina en otra dirección. En los últimos meses se convierte en un líder político que adopta un papel providencial, mediante la adopción de un estilo propio de un predicador. Sus intervenciones se encuentran cargadas de tópicos y sus tonos son manifiestamente inadecuados en un escenario como el actual. Así, su biografía política sigue el ciclo de aterrizaje en las televisiones con un estilo radical-dialógico, su posterior evolución hacia la “sensatización” y su conversión en un icono mediático, para terminar ahora en un orador beligerante externalizado del ecosistema político en el que opera. La evolución de Pablo desemboca en una regresión y el retorno imaginario a su origen, que representa un escenario histórico irreal.

Porque la excesiva teatralización de sus intervenciones orales-visuales se encuentran disociadas de sus potenciales destinatarios. Entonces cabe preguntarse a quién dirige sus alocuciones. La única explicación posible es que Pablo ha regresado a sus orígenes. De este modo desmiente a la esperanza que teníamos algunos de que Podemos represente a una nueva izquierda radicalmente distinta a la experiencia histórica comunista, que ha quedado bloqueada irremediablemente. Sin embargo, el último Iglesias ha retornado con un inusitado vigor al viejo repertorio de tonos, conceptos y metodologías de los periclitados y agotados partidos comunistas. Esta cuestión es altamente arriesgada en el escenario del presente.

Comparto con su discurso la constatación de los límites del parlamento y la necesidad de vigorizar y articular los movimientos sociales. Pero el raquitismo de estos, que es una constante en el tiempo del postfranquismo, tiene sus raíces justamente en la misma oposición al franquismo, en la que estos eran dependientes del partido comunista. La preponderancia del viejo partido y sus avatares electorales determinaban los sucesivos giros de los movimientos sociales, constituidos en organizaciones sociales que construían unas barreras de acceso muy importantes para sus propios destinatarios.

El caso de Comisiones Obreras es paradigmático. Su historia se puede resumir en un creciente distanciamiento del partido matriz. Las dificultades para detentar la autonomía sindical con esta representación política son patentes. Así su incapacidad para constituirse en una fuerza capaz de contrapesar a las fuerzas que protagonizan las sucesivas reestructuraciones productivas y laborales que terminan por disolver las regulaciones del fordismo. Las sucesivas derrotas y retrocesos generan una situación en la que es inevitable su inserción en el tejido interorganizativo que sustenta la corrupción. En este proceso, el papel que representa la sombra del partido es fundamental. 

La incapacidad manifiesta para frenar la reestructuración neoliberal, por parte de los movimientos sociales es patente. Por eso, la posición de Pablo acerca de lo que denomina como vuelta a la calle, se puede considerar como metafísica. Porque ¿qué es eso de la calle? La respuesta es que es algo más que las manifestaciones de descontento y las luchas reivindicativas. Resumiendo mi argumento, no se trata de que se produzcan muchos conflictos y movilizaciones, sino de que estos crezcan, establezcan vínculos y asuman un posicionamiento explícitamente político. Esto es muy diferente a lo que ocurre en la actualidad, en la que el valor de las movilizaciones resulta de su conexión a las televisiones suministrando material visual a las tertulias.

El ejemplo de la marea verde es manifiesto. El movimiento estudiantil se encuentra estancado y aislado y sus movilizaciones no contribuyen a su enraizamiento en los centros. Este solo alimenta a la oposición parlamentaria, pero sus metodologías y las capacidades de aprendizaje de sus activistas están petrificados. La consecuencia es la de un movimiento cíclico que produce estallidos posmodernos, pero ausente de los centros y con una influencia congelada. Por eso es sucesivamente derrotado por las maquinarias políticas y expertas de la reestructuración neoliberal, que consolidan paso a paso las reformas neoliberales.

En este contexto, el giro de Pablo representa su imaginaria constitución de director único de la calle y los movimientos sociales. Clama a favor de que sus huestes se asienten en los centros de trabajo, los educativos y en los barrios. Pero la factibilidad de su propuesta es imposible. Así se constituye como heredero de aquellos que han fracasado radicalmente en la implantación en esos espacios. La izquierda solo comparece en las estructuras de movilización que conllevan las huelgas generales y los acontecimientos que se derivan de estallidos sociales, tales como la respuesta a la guerra de Irak o la marcha por la dignidad. En medio de estas explosiones solo hay grupos vinculados a las instituciones locales y sus dinámicas. No hay nada más, nada. Cuando recupera ese discurso y ese tono encubre el vacío pavoroso de la izquierda militante.

El giro de Pablo significa el eterno retorno del Zorro, personaje providencial que termina por liberar al pueblo de sus opresores. En la sociedad postmediática este relato encuentra un medio propicio para su asentamiento. Así termina por constituirse como la última versión de las vanguardias, que en las sociedades del siglo XXI alcanza una condición de patetismo supremo. La puesta en escena del libertador puede conmover a nutridas audiencias huérfanas de protección en la vida real. Pero esa liberación es ficcional. Tras el “debate” o la emoción de las redes efervescentes se presenta inevitablemente la prosaica realidad en la que los malvados de la ficción son los que gobiernan.

No, la gente a la que se dirige Pablo no es la vieja clase trabajadora sublimada en el discurso de sus predecesores. Ahora lo que se denomina como “los ciudadanos” o “la gente” es un conglomerado radicalmente heterogéneo de sectores expulsados de la producción y asistencializados, de jóvenes ubicados en las colas de entrada, de poblaciones severamente precarizadas y de trabajadores cognitivos de distintas condiciones. Todos ellos resultan de una mutación tecnológica y productiva, pero también de una profunda transformación antropológica que afecta a sus subjetividades. En estas condiciones, el formato del Zorro del siglo XXI resulta extravagante. Ubicarse en la calle implica unos modos de comunicación y unas metodologías adecuadas a estos sectores sociales, siempre en plural.

El mundo imaginario de Iglesias es desbordado por la complejidad de los mundos sociales en los que viven los condenados a esta versión tan rigurosa de la subalternidad. Pero este giro se produce en un contexto en el que la victoria de las fuerzas conservadoras incentiva la próxima intensificación de la reestructuración neoliberal, que ha quedado suspendida en el tiempo del gobierno en funciones. En los próximos meses es seguro que el endurecimiento de las políticas públicas dará lugar a un escenario de escalada de los recortes, acompañados de movilizaciones dramáticas, que en ausencia de un esqueleto que las soporte, terminarán por acrecentar el papel de las vanguardias. 

Estas son algunas de las razones por las que me pregunto acerca de la posibilidad de que las mareas y otros movimientos de este tiempo puedan reforzarse, cuestión que requiere su abordaje en términos reflexivos. En estas coordenadas, contemplando los saltos compulsivos de Pablo, me interrogo acerca de la posibilidad de que la dirección de Podemos pueda aprender sobre su propia experiencia. Mi respuesta es que cada vez tengo más dudas. El riesgo de que los sucesivos saltos puedan amenazar la eventual herencia derivada del óbito político del pesoe, es mucho más que factible.



11 comentarios:

Futbolín dijo...

Cualquier duda de que España sea capaz de salir del hoyo o de que la izquierda funcione correctamente está muy justificada, pero voy a ser pesimista esperanzado, creo que podemos ir a peor, pero no a mucho peor porque es también muy difícil.
El PSOE ya no era la solución a nuestros padecimientos , eso parece bastante evidente a casi todas las gentes no lobotomizadas por los falsimedios, así que ya veremos, pero para eso tenemos que vivir muchos años, hemos de cuidarnos, porque me temo que a corto plazo aunque la crisis no se va a acabar sino posiblemente a empeorar, de momento mientras no se demuestre lo contrario lo único que podemos dar por cierto es el poema de Gil de Biedma
“De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.”

¿De qué sirve la movilización social?
http://blogs.publico.es/economia-para-pobres/2016/10/20/de-que-sirve-la-movilizacion-social/
Pablo Iglesias: "Se pueden cambiar muchas cosas desde el Gobierno. En el Parlamento, no"
http://www.eldiario.es/politica/Pablo-Iglesias-cambiar-Gobierno-Parlamento_0_571493820.html?utm_source=adelanto&utm_medium=email&utm_content=Socio&utm_campaign=16-10-20-adelanto&goal=0_10e11ebad6-772cfcfc33-56351141

https://www.youtube.com/watch?v=Tq2m-4jL4lc

Juan Irigoyen dijo...

Gracias futbolín por tu comentario esperanzado. Lamento que la izquierda no quiera analizar la cuestión de los sindicatos y las movilizaciones. Sobre ese vacio es imposible un cambio real. Pero vivir en el espejismo de las encuestas, las televisiones y las redes es confortable.

Anónimo dijo...

Interesante texto, Juan. Te cito (me ahorro el formato APA):
"Pero el súbito giro de Pablo es inquietante, en tanto que camina en otra dirección. En los últimos meses se convierte en un líder político que adopta un papel providencial, mediante la adopción de un estilo propio de un predicador. Sus intervenciones se encuentran cargadas de tópicos y sus tonos son manifiestamente inadecuados en un escenario como el actual"

Yo no veo el súbito giro por ninguna parte. Pablo Iglesias era un telepredicador desde que lanzó Podemos, y durante un tiempo funcionó (me acordaba de aquella escena de La vida de Bryan: "os digo que es el Mesías, lo sé porque ya he seguido a muchos"). Hay por ahí un librito de Fernández Liria que justifica la necesidad del hiperliderazgo y de las formas propias de un movimiento religioso. La cacería contra su persona y el (¿falso?) consenso de los medios en que está achicharrado políticamente me recuerdan a PdrSnchZ, o a Donald Trump.
El Pablo al monte de los últimos tiempos responde más a los conflictos internos de Podemos, la necesidad de diferenciarse de lo que llaman errejonismo (se ve que apropiarse de los símbolos y "significantes vacíos" de la otra parte vale para ganar elecciones generales, pero no para los procesos internos) y azuzar a sus hooligans. Y nos deja a cuadros porque no es creíble, después de meses despotricando de la "vieja izquierda" (perdedores, coceos en vuestra salsa de estrellas rojas, hablar de izquierda y derecha es un juego de trileros, pitufos gruñones) presentarse como el Papá Pitufo guardián de las esencias.
No comparto en general tu análisis sobre el partido comunista como pecado original y condena eterna al fracaso de los movimientos sociales (simplifico, y lo sé), y creo que tiene que ver con tus experiencias, y las de tu generación, en los 60-70. Pero sí coincido en lo de "revitalizar y articular los movimientos sociales" y "no se trata de que se produzcan muchos conflictos y movilizaciones, sino de que estos crezcan, establezcan vínculos y asuman un posicionamiento explícitamente político", que no es poco. Por eso me jode, por decirlo con suavidad, que los que en la última etapa han supeditado todo al éxito electoral e intentado poner los movimientos "raquíticos" al servicio de los grupos institucionales pretendan ahora ser los líderes del "la lucha está en la calle y no en el parlamento", sin mirarse al espejo ni replantearse nada.
Termino, sobre lo que llaman errejonismo. Que el motor de la actividad política sea "ensanchar la base electoral", vulgo sacar más votos, sin más, no lo veo. Ocupar sillas sin proyecto político, sin objetivos y sin nada que hacer es un campo abonado para las guerras intestinas, la creación de aparatos y el arribismo, como (ahora sí) hemos visto en Izquierda Unida. Y tampoco parece funcionar: resultados electorales en el País Vasco.
Entre tanto, lo de decidir las cosas entre todo el mundo, que fue banderín de enganche del primer Podemos, ha desaparecido del paisaje, porque estorba a la "amabilidad" de los expertos en márketing o porque para la pretendida lucha radical nos piden adhesión inquebrantable. En vísperas de otro robo a mano armada en el sistema de pensiones, y nosotros con estos pelos.
Un abrazo y hasta otra, Juan.
MTR

Juan Irigoyen dijo...

Gracias MTR
´Me reafirmo en la distinción entre las tres etapas: emergencia mediática, dulcificación-sensatización y vuelta al imaginario de la calle. Ciertamente se pueden identificar elementos comunes entre las tres.
Respecto al papel del comunismo me parece muy importante resaltar que los rasgos esenciales de este modelo aparecen muy claros en los últimos tiempos. A saber: El supersecretario general omnipresente y omnipotente; el monolitismo que expresa el tratamiento de las diferencias con Errejón; la jerarquía inequívoca de la dirección que coloca en las provincias a sus próximos; el dogmatismo que se contrapone al pensamiento abierto y la relación con los movimientos sociales. El modo silencio que ha predominado en los periodos electorales es sustituido por el llamamiento desde la dirección. Muy elocuente.
De acuerdo con la definición de la situación como vísperas al asalto de las pensiones, y también concluir las reformas educativas y sanitarias, además de reforzar la precarización. Inquietante para quienes pensamos que no existe una nueva versión del zorro que nos pueda salvar.
Saludos cordiales

Angie dijo...

No voy a entrar en un debate demasiado profundo, pues la extensión del post se quedaría corta, la verdad...

Solo un par de cosas: no es que la calle se haya esforzado por desmentir la legitimidad de Podemos y del Amado Líder Iglesias como titulares del 15-M, por ejemplo. Las razones las expones maravillosamente, y el diagnóstico: "el valor de las movilizaciones resulta de su conexión a las televisiones suministrando material visual a las tertulias"; "movilizaciones dramáticas, que en ausencia de un esqueleto que las soporte, terminarán por acrecentar el papel de las vanguardias". Y un ejemplo, cuando en la Plaza del Carmen celebramos el quinto aniversario de la acampada, no pocos discursos del micro abierto iban precisamente en sintonía con no dejar apoderarse del movimiento a ningunas siglas, mientras toda la organización de ese día estaba a cargo del grupo granaíno de Podemos, sin embargo, el compromismo de reiniciar el movimiento fue protagonizado por una raquítica parte de la plaza, y convenientemente aplacado. O somos idiotas, o nos lo hacemos.

Curiosamente, en cierta clase de MMSS leíamos un texto de Iglesias titulado "Rebeldes en busca de espejos", y bueno, aunque lo de rebelde le quede lejos, necesitaría mirarse a la cara para empezar a comprender. ¿Acaso no está él formando una de las patas que sostienen otra "contrarrevolución" a pequeña escala, aquella que empezó en el 15M con la represión policial y mediática? Podemos ha vaciado más las calles que la Ley Mordaza. Su estrategia, o ha errado, y ahora intenta arreglarlo penosamente, o es perversa, como perversa es la propia recuperación del concepto "ciudadanía". Para alienarnos cualquier cosa vale.

Juan Irigoyen dijo...

Gracias Angie
Creo que das en el clavo cuando cuentas lo de la lucha por el micrófono. Esto es lo que está pasando cuando Pablo dice que van a ir a los barrios y los centros de trabajo. Ir a ponerse en la cima. Eso exige luchar por el micrófono tambien dentro, depurando el partido. Como en los viejos partidos comunistas. Es un poco desastroso. Me pregunto qué hubiera ocurrido en la plaza el 15 M si hubiera aparecido allí un lider de ese corte y esas pretensiones ¿imaginas?

Anónimo dijo...

Si hubiera aparecido un líder con esas pretensiones se lo hubieran comido en los inicios del 15m, cuando la apertura y pluralidad era extensa, al final y no lo olvidemos se convirtió tb en militantes 24h, vanguardias y personalismos, no sólo en P´s. Tendemos a mitificar demasiado los movimientos.

Lean

http://www.academia.edu/20398993/Erosi%C3%B3n_de_la_participaci%C3%B3n_ciudadana_en_la_movilizaci%C3%B3n_social_Cierres_organizativos_y_repliegues_sobre_el_capital_escolar_Citizenship_participation_erosion_in_the_social_movilization_Organizational_closings_and_withdrawals_on_the_school_capital

Maria

Juan Irigoyen dijo...

Gracias María. No tengo una idea mítica de los movimientos, pero la situación histórica de los últimos años es singular en tanto que las pérdidas y el endurecimiento de las condiciones de vida de grandes sectores se contrapone con resistencias mínimas. Los poderes han conseguido mediatizar el conflicto social y convertir a los afectados en audiencias.

Anónimo dijo...

1. Revertir el proceso de Vistalegre no está ya en la mano de Podemos. Sencillamente lo mejor de la “base” (aquellos con más competencias, más capacidad de iniciativa, más conectados a realidades vivas) no está en el partido. Y no parece que de momento vaya a volver. Crear una nueva cultura política basada en la cooperación, la autonomía y la inteligencia distribuida, esto es, crear un Podemos-movimiento y no un Podemos-partido, requerirá de largos años de esfuerzo. Este sólo será viable sobre la base de liquidar todo el entramado burocrático de la organización: secretarios, círculos y secretarías. A su vez, se tendrá que apostar por incorporar todo aquello que pueda vertebrar un tejido político sano, capaz de cooperar y de salvar las guerras intestinas que de forma casi permanente azotan a la dirección.

Una organización (no un partido-Estado alimentado por el presupuesto público y organizado en torno a las clientelas-burocracias internas) sólo puede arrancar de las prácticas inmanentes al tejido social, de las dinámicas de autoorganización. Éstas fueron destruidas con eficacia en Vistalegre. Volverlas a generar, o al menos hacer que las existentes se reconozcan en el vector institucional de Podemos, es un reto únicamente asumible en el medio plazo.

2. Democratizar hoy la organización tiene, por eso, menos que ver con dar poder a los círculos y generar un entramado de participación interna (en el sentido más ombliguista del término) como con pluralizar la dirección y abrirla a realidades completamente ajenas a Podemos. Esto implica liquidar también Vistalegre; pero en un sentido más radical del término, liquidar el propio concepto y realidad de “dirección política” tan insistentemente presente en la formación morada. No puede existir una organización, si ésta se ve constantemente atravesada por luchas de poder, por un permanente juego de toma de posiciones de capital-poder y capital-prestigio.

https://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/31891-se-puede-revertir-vistalegre-se-puede-democratizar-podemos.html

...

Concluyendo, el problema de fondo está en ese dualismo que oscila entre el fetichismo institucional (¡todo se cambia a través de las instituciones!) y el no saber muy bien qué hacer con las posiciones políticas conquistadas, que acaban dedicándose a las peleas internas o a construir caras públicas en vez de a la construcción de contrapoderes, de poder popular, de instituciones antagonistas a las del régimen y de los poderes económicos. Uno de los grandes aportes teóricos del marxismo de los últimos tiempos ha venido de la mano de lo espacial, de la necesidad de revalorizar el territorio para crear comunidad y lucha transformadora. ¿Por qué no dedicar los ingentes recursos de la política institucional a poner a funcionar centros sociales abiertos y construidos desde los barrios (no locales de partido)? ¿Por qué no repartir las tareas de los “cargos públicos” para que pasen más tiempo en estos espacios concretos, construyendo de forma directa, paciente, menos esclavos de los ritmos de la política de la “cara pública” y más al servicio de establecer confianzas desde la cercanía con las clases populares? Seguramente luciría menos, pero construiría bastante más.

http://www.vientosur.info/spip.php?article11823

...

Muchos hemos criticado ya las derivas de las vanguardias,s ectarismos y personalismo patológicos de los mov sociales donde se junta el señoritismo de vanguardias, el machismo de liderazgos alfa y cierres de clase, capital cultural-militante y etnia muy sesgados.

Saludos y gracias Juan


María

Anónimo dijo...

En 2018 puede ser presidenta Ada Colau, no soy profeta, hoy he tenido un sueño

"Hay más delincuentes potenciales en esta Cámara que ahí fuera", dice Pablo con firmeza. Entonces llegan los insultos: "Gilipollas", "terrorista", le gritan desde los escaños con toda la naturalidad del mundo y aunque en la televisión no se vea."

https://www.youtube.com/watch?v=mRCig8i-NVA&feature=youtu.be&app=desktop

Anónimo dijo...

Una referencia inexcusable al hilo de tu comentario sobre la política de la nostalgia

http://profundamensuperficial.blogspot.com.es/2016/10/la-politica-de-la-nostalgia.html


Saludos cordiales, Mariano