Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

viernes, 12 de agosto de 2016

SANDOKÁN Y LA CIRCULACIÓN DE LOS DIRECTORES



                                 MEMORIAS DE LA EXTRAVAGANCIA

La reforma sanitaria derivada del mítico cambio de los años ochenta representó la convergencia de varios procesos. Al tiempo que se integraban las distintas redes asistenciales existentes en el final del franquismo para constituir un servicio nacional de salud integrado, comenzaba la descentralización, derivada del impetuoso proceso de constitución de las autonomías.  En el comienzo de la reforma los nuevos directores provinciales fueron reclutados entre los profesionales locales. En general, estos la entendían como un asunto que iba más allá de lo sectorial, así como de las regulaciones y los organigramas. Pero, tras los primeros años, el INSALUD instituyó en su territorio la circulación de los directores. Un  grupo de afines a la dirección nacional de turno, circulaban por las provincias para ejecutar las directrices emanadas de la misma.

Algunos de los primeros directores locales fueron elegidos por su carisma profesional, aunque simultáneamente comparecieron los primeros directores cuyo mérito principal era su pertenencia al partido o sindicato. Una de las ambigüedades de la reforma era el papel asignado a los profesionales, que oscilaba entre un colectivo adversario que había que someter y una categoría de  colaboradores necesarios. En Cantabria se configuró una dirección sólida vinculada a la oposición democrática, que sustentaba un concepto de amplio de la reforma, más allá de las normativas. Esta fue la razón de que me contratasen como sociólogo integrado en un equipo multiprofesional de apoyo a las reformas de atención primaria y hospitalaria. Se sobreentendía que la innovación y la experimentación eran ingredientes imprescindibles del cambio, que se tenía que manifestar en todos los niveles.

Pero este proceso caótico se interrumpió bruscamente en los años siguientes. Creo recordar que fue a comienzos del año 1987 cuando el director fue reemplazado por uno nuevo, integrante del contingente de directores provinciales afines a la dirección del INSALUD. La analogía colonial es inevitable. Se trataba de tipos que ejecutaban las directrices centrales imponiéndose sobre el caos generado por la preeminencia de los grupos profesionales locales. Así la reforma dejaba de ser entendida como un proceso abierto que integra el fluido de las aportaciones locales. Se trataba de poner orden y cerrar la organización. Los directores circulantes entendían sus destinos como provisionales, en su circulación determinada por las decisiones tomadas en la metrópolis. Así la tensión con los notables locales era eliminada.

Recuerdo el primer director circulante que arribó a Santander. Era un tipo rudo, procedente del campo de la izquierda más radical. Había sido miembro del MC, uno de los grupos más radicales en los años finales del franquismo. Era un médico especialista, aunque no recuerdo bien cuál. Tenía un aspecto fiero. Sus largas y descuidadas barbas indicaban que la estética formaba parte de sus puntos débiles. Venía de Tenerife, en donde se había confrontado vigorosamente con las élites profesionales locales, hasta el punto de estar procesado penalmente por una pelea con un médico que terminó a puñetazos por las escaleras, con las secuelas y lesiones inevitables en los contendientes. Cuando lo vimos por primera vez confirmamos la factibilidad de la noticia. Su mirada, el tono de su voz y su forma de expresarse en frases cortas que sonaban como disparos, remitían a los malotes de las películas de guerras. De ahí resultó que muchos le llamásemos Sandokán.

Como director circulante, no tenía intención de arraigarse allí, lo que le confería la licencia de resolver los conflictos mediante estrategias de choque. Vino acompañado de sus afines, un subdirector amigo, así como de las parejas de ambos,  que eran enfermeras, siendo colocadas en un puesto relevante del área gris de la organización que tan bien conocían. La inspección médica, el staff y otras instituciones, albergaban a no pocos ubicados en los márgenes de los organigramas. Así como se hacían patentes las dificultades para definir la reforma, los directores circulantes, así como otras categorías, entre las que se encontraban importantes sectores de profesionales de izquierdas, no tenían duda alguna acerca de que el estado era un bien común que amparaba sus necesidades. He visto cosas que pueden parecer insólitas.

El aterrizaje en Sandokán fue un ejercicio de coherencias. No se interesó por los proyectos en marcha ni las especificidades locales. Su carrera dependía de los premios otorgados por las autoridades de la metrópolis madrileña por el cumplimiento de sus instrucciones. Cuando le informaron de la existencia del equipo multiprofesional manifestó su perplejidad. Hasta entonces, los directores se reunían frecuentemente con nosotros para exponer sus visiones y problematizaciones acerca de la situación. De estas surgían intercambios y demandas al equipo. Sandokán solo se reunió una vez con nosotros para conocernos. Después la relación se constriñó a su secretaria.

En este cuadro se produjo un acontecimiento insólito que todavía está presente en mi memoria. Se trata de una situación que ilustra algunas de las cuestiones esenciales que Maquiavelo enunció sobre el uso y la conservación  del poder. En aquél tiempo, la reforma de atención primaria se había puesto en marcha, junto a la especialidad de médicos de familia, que suscitaban muchas esperanzas y energías. En las unidades docentes se concitaban distintos proyectos y muchas preguntas acerca del modelo, generando un ambiente abierto que estimulaba a algunos profesionales.

Recuerdo que fui convocado a una reunión por el coordinador de una de las unidades docentes, pues realicé algunas tareas de apoyo a un proyecto que realizaban varios MIR. A esta reunión asistía por primera vez Sandokán. El coordinador era un médico de familia muy entusiasta, en el mismo grado que ingenuo. Como era el primer contacto con el director circulante recién llegado, había un clima de movilización para causarle buena impresión y obtener su apoyo a los distintos proyectos en marcha y pendientes. Así, prepararon bien la información para seducir a la autoridad. También fueron invitados algunos MIR estrella, gente joven sólida y motivada.

Nunca olvidaré esa reunión. El contraste entre la recepción cálida de los médicos y el comportamiento frío y distante del director fue monumental. Tras un tiempo de información y conversación sobre varios temas, el coordinador le informó de que tenían un proyecto sobre un congreso nacional en el que estaban interesados por el trabajo que iban a presentar varios MIR. Le pidieron una ayuda económica para este fin. Tras la petición, Sandokán levantó las manos en posición de atracado. Con las manos en alto y una mirada y una voz de gánster de película de los hermanos Cohen le dijo señalando el bolsillo interior de su chaqueta “cógeme la cartera”. Todos los presentes se quedaron congelados. Él volvió a repetir en un tono más fuerte “Te digo que me cojas la cartera”. La tensión agarrotó a todos tras los dos minutos que el director estuvo con las manos en alto. Nadie volvió a preguntar o deliberar.

Supongo que nadie le volvió a pedir nada y su vida profesional fue cómoda, sometiendo a las tribus profesionales locales. Quiso demostrar que estaba dispuesto a utilizar la fuerza que emanaba de su posición y que no tenía interés alguno en aportar nada personal. Era una versión sanitaria de la saga de Harry el sucio o el ejecutor. De este modo, se quitó los problemas de encima. El campo de lo que se podía hablar quedaba reducido a las cuestiones formales. Sandokán evidenciaba su condición de director mercenario al servicio de las decisiones de la cúspide. Era un verdadero director circulante que formaba parte de las fuerzas especiales de la homogeneización. Así contribuía a sofocar las expectativas que algunos profesionales habían depositado en la reforma.

En este tiempo yo organizaba distintos cursos en la Escuela de Enfermería dirigidos a profesionales, cuyos contenidos versaban sobre cuestiones importantes para la reforma, y que no estaban presentes en los planes de estudio vigentes. Uno de ellos en 1987 fue sobre la reforma sanitaria en curso. Para una de las sesiones invité a Jesús de Miguel, el catedrático de sociología de Barcelona. Su intervención causó un gran impacto. Presentó varias paradojas asociadas a los servicios de salud y la profesión médica en su formato personal. Fue una sesión estimulante.

La sesión del final del curso correspondía—cómo no en España—al director. Se presentó con su corte de esbirros en un tono de funeral. Su intervención fue un testimonio brillante del atraso español. Entendió la intervención de de Miguel como un ataque a los médicos y las enfermeras. Dijo cosas antológicas como “mientras nosotros trabajamos con los pacientes, los señoritos sociólogos y profesores leen y teorizan”. Fue una antología de exaltación del trabajo profesional sanitario como trabajo manual y de desprecio al conocimiento. 

Cuando concluyó la tensión en la sala era máxima y el clima muy averso en su contra. Entonces no me quedó otra opción que intervenir para recordarle que el sistema sanitario y la reforma eran temas susceptibles de ser pensados e interpretados desde distintas perspectivas, lo cual amparaba la pluralidad. También tuve que defender la figura de de Miguel, un sociólogo cuya obra en ese tiempo trascendía la sanidad y se inscribía en el cambio social. Tras mi intervención, su reacción combinó la furia y la perplejidad, pues no entendía que un contratado le replicase en público. 

Esta incidencia tuvo como consecuencia mi descalificación y aislamiento. Su secretaria me decía que cuando recibía informes preguntaba si había algo mío. En caso afirmativo decía que lo sacase pues no lo quería leer. Todo terminó con mi no renovación al final de junio del 88. Entonces ya tenía contrato con la Escuela de Salud Pública de Granada, a la que me incorporé en septiembre. Allí viví un proceso que tenía analogías en lo que se refiere a los directores circulantes. Tras varios años de dirección del grupo fundacional, la conserjería de salud se reapropió de la institución naciente sometiéndola a su proyecto. Para ese fin se sucedieron distintos directores circulantes que actuaron como delegados coloniales.

Los directores circulantes, así como otras categorías de fuerzas especiales, son los verdaderos beneficiarios de las reformas bloqueadas de la España de la reforma sanitaria. Su papel de sofocar la innovación e instituir la homogeneización burocrática es fundamental. Se pueden distinguir varios ciclos de reformas y de directores circulantes. Tengo un gran interés por este tema, puesto que, tras unos años intensos de servicios mercenarios, la mayoría son destituidos y arrojados a las tinieblas exteriores de lo que denominan gestión. Conozco varios casos. La política y su envés, la gestión, es una máquina sacrificial que devora a sus mercenarios. Ignoro cuál fue el final de Sandokán, pero seguro que pasó por varias provincias, para terminar una vez concluido su ciclo de director, en alguna de las empresas que rodean el mundo sanitario, o el retorno a su plaza original.

Para los directores circualantes los sociólogos somos verdaderos emblemas de la extravagancia, ubicados en los márgenes de las máquinas organizativas en las que ellos están inscritos.

3 comentarios:

Iñigo dijo...

En este artículo sobre los Sandokanes gestores-de-cualquier-cosa-que-se-tercie, que tanto abundan en todo el mundo, una errata tan apropiada como memorable, 'conserjería' de salud. La incorporo a mi vocabulario para futuros debates.

A. Jiménez dijo...

Hola Juan, buenos días. Continuo leyendo con interés tu blog, en especial lo que dedicas a temas sanitarios, de la gestión y política saniatrias. Comparto la mayoría de tus puntos de vista, no en vano a mi también me tocó padecer la especie de los gestores circulantes, desde la época del que creo fue su iniciador en Cantabria el simpar Temes, que, ese si, terminó en una empresa especializada en "externalizaciones" a donde se retiró definitivamente. "Sandokán" terminó, pucherazo mediante,con una plaza ad hoc en el sobresaturado servicio de CCII de Valdecilla, y su mujer en otra creada al efecto también a su medida. En asambleas posteriores el susodicho tuvo que escuchar cómo se le pasaba factura por tan provechosa carrera. Un fuerte abrazo.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Gracias Iñigo y Antonio.
Iñigo: Más que gestores de cualquier cosa son gestores de la nada. Esa sí que es una burbuja prescindible.
Antonio: Me has recordado a Temes ufff. Cuando escribo sobre el psoe y suscito la idea del partido del dinero, siempre me acuerdo de él. Alguien tendría que investigar rigurosamente los movimientos de esta élite de gestores. Se desplazan según el dictamen de las sucesivas elecciones autonómicas. Temes es paradigmático. Empezó en Galicia, se desplazó a Cantabria y, cuando estos territorios quedaron en el bando del pepé se marchó a Madrid. El fin del gobierno Leguina en los noventa los empujó hacia el sur. Este apareció en Cordoba. Ahora se asientan en las tierras del Tajo, Guadiana y Guadalquivir. Es una historia increíble.La mayoría de los elegidos son recompensados por la industria.
Hace años Miguel Jara me pidió que le confirmase una información sobre uno de esos gestores arribados en Granada. En la indagación que hice, no sólo se confirmó la información requerida, que consistía en que era gerente de un hospital público y delegado comercial de una empresa farmacéutica, sino que apareció otra cuestión añadida. Para el traslado del hospital clínico de Granada al nuevo campus de la salud habian creado una empresa mixta entre el hospital y una empresa madrileña. Tenían un presupuesto muy alto y una actividad casi nula. Habían creado una comisión entre ambas partes para supervisar el proceso que se reunía una vez al año. Pues bien, el gerente, que acudió un par de años en representación del hospital dimitió y se presentó a la reunión por parte de la empresa. No es un tópico afirmar que el sistema público andaluz es bueno, porque hace milagros en torno a su supermoderna puerta giratoria.
Un abrazo fuerte para los dos