Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

sábado, 14 de junio de 2014

DISIDENCIAS EN LA UNIVERSIDAD; VICENTE MANZANO

La universidad se encuentra sumida en un proceso de reconversión radical. Este proceso no es transparente, sino que, por el contrario, se oculta bajo distintas máscaras y maquillajes. Así se homologa con las reformas neoliberales del presente, en las que apenas existe discusión pública sobre las mismas, que se presentan como técnicas e inexorables. Algunos aspectos de las reformas  se hacen manifiestos, suscitando distintas respuestas en términos de conflicto, tales como los precios, las becas o las condiciones laborales  de los profesores. Pero las dimensiones más importantes de las transformaciones en curso,  permanecen inscritas en un campo de experiencia mudo, en el que sus efectos son vividos,  pero no se constituyen como discurso articulado.

La mutación de las finalidades, de los tipos de organización, de las regulaciones, de las medidas organizativas, de los incentivos, de las culturas profesionales, así como de los sentidos organizacionales, no se entienden en su verdadera significación. De la suma de las mismas resulta un verdadero terremoto organizacional, pero los operadores de la reforma consiguen que sean percibidas como medidas puntuales aisladas entre sí e integradas en la cotidianeidad. En este proceso de cambio radical, crecen las nuevas estructuras nacientes en el interior de la universidad, como las instituciones centrales de la gestión y la evaluación, que producen los vínculos transversales con el sistema económico,  integrando la institución en el conglomerado que impulsa el crecimiento.

El espíritu de la reforma radica en la transformación de la universidad en un mercado de productos docentes y de investigación. La intervención de las agencias múltiples determina la valorización relativa de estos productos. Así se transforman los sentidos de la docencia y la investigación. La subordinación a los imperativos de los clientes y a los criterios de las agencias externas de calidad y evaluación que regulan las carreras profesionales, parece inevitable. Estos cambios afectan fatalmente a las ciencias humanas y sociales.

Pero el núcleo de esta reforma se inspira en la doctrina del Shock.  La maquinaria institucional que la impulsa, introduce secuencial y continuamente,  medidas que representan una ruptura con el pasado. Estas se producen una tras otra en espera de la siguiente. Así se configura una realidad que se caracteriza por la novedad, la inestabilidad y la imprevisibilidad. Como estas medidas-decisiones carecen de un anclaje en los esquemas mentales de los afectados, que no perciben la reforma en su totalidad, se produce una crisis de cognitiva, en la que el conocimiento de los profesores  y la realidad vivida no encajan. Sobre este desencuentro se constituye un estado de desorganización cultural de gran magnitud.

Así se producen un conjunto de efectos de dominó derivados de la praxis de vivir en un medio no bien inteligible. La adaptación de los profesores, los grupos de investigación o los departamentos, se conforma como  la cuestión fundamental para sobrevivir. Es preciso adaptarse al torrente decisorio que produce la realidad, siempre provisional. Así se produce una pérdida de control sobre la institución, que es sustituida por la focalización de la atención sobre la realidad de cada persona o unidad afectada. La realidad es la parcela donde se dirimen los intereses de cada uno. Así el tejido organizacional se debilita debido a la fragmentación derivada del curso de la reforma. Los vínculos laterales entre profesores y departamentos se debilitan en la cultura adaptativa imperante, definida por el precepto  de “cada uno a lo suyo”.

De estos procesos resulta un sentido común sobrio y gris, focalizado a los intereses de cada cual, para administrar su permanencia y expansión en la dinámica de la organización. Lo macroinstitucional es sustituido por múltiples micros de cada cual. El espacio público se difumina por la preeminencia de los sujetos en permanente estado de adaptación. El clima que se deriva de esta situación es tóxico, disminuyendo la reflexión y la colaboración, que son  sustituidos por un pragmatismo utilitarista que alcanza unas dimensiones autodestructivas.

En esta situación cualquier profesor, grupo o departamento que suscite una reflexión que trascienda “lo suyo”, o que cuestione alguna cuestión general, se encuentra con un silencio espeso y un distanciamiento de gran magnitud de sus iguales. Por eso defino como disidencia, cualquier posicionamiento con respecto a la institución. Esta es más que un conflicto.  Se trata de  un aislamiento del disidente, al que se añade la globalidad inevitable  de su confrontación con la institución. La disidencia es una propiedad de las estructuras institucionales que no permiten la opcionalidad. La disidencia es una tragedia, cuya única solución es la transformación de las estructuras tóxicas en las que se produce.

Vicente Manzano es un profesor e investigador del departamento de Psicología de la universidad de Sevilla. Su trayectoria puede ser definida en una propuesta de una universidad comprometida. La reforma universitaria, intensificada en los últimos años,  ha significado un desencuentro creciente con la institución, en tanto que no ha renunciado a su línea de investigación. Este ha derivado inevitablemente en una disidencia. La carta que ha dirigido a la comisión de calidad anunciando su ausencia,  es un documento imprescindible. En él sintetiza los argumentos de su crítica a la deriva institucional, pero lo más importante es su autenticidad al expresar el dolor que le suscita la metamorfosis universitaria y su identidad profesional deteriorada por los nuevos sentidos asignados a la docencia y la investigación. El tono de desolación que filtra, así como de autoafirmación frente a las presiones ejercidas por las maquinarias reformadoras es revelador y muy ilustrativo.

A continuación publico la carta, que he recogido del blog de otro de los profesores disidentes fundamentales, Jorge Riechmann, de la universidad Autónoma de Madrid. Recomiendo la visita de este blog, “tratar de comprender, tratar de ayudar” tratarde.org.tratarde.org El papel de Riechmann en la resistencia a la reforma es ineludible.

A la Comisión de Ordenación Académica y Garantía de Calidad de la Facultad de Psicología

Queridos y queridas colegas,

Como he indicado brevemente a través de un mensaje de correo electrónico, no asistiré a la siguiente reunión convocada para el lunes. No asistiré tampoco a ningún otro acto de normalización de la situación universitaria mientras coexistan los factores que me han llevado a tomar esta decisión. No espero que coincidamos en la argumentación que comparto seguidamente. No obstante, por el respeto que nos tenemos y que guardamos a la institución, comunico las razones al estilo que me ha enseñado la universidad: con fundamento. La divergencia forma parte de la actitud científica, por lo que asumo perfectamente que no coincidamos en el análisis o en la conclusión, aunque espero nutrirme con vuestros desacuerdos.

Amo esta profesión. Intento ser muy exigente con mi desempeño como docente y como investigador, sirviendo con lealtad a los principios de la Educación Superior, magistralmente expuestos en numerosas ocasiones, como ocurre con la Declaración Mundial de Educación Superior de la UNESCO de 1998. No hay mayor garantía de calidad que el amor por el trabajo bien hecho y la búsqueda constante de conocimiento. Lamentablemente, este amor y esta exigencia anidan más en la dimensión académica que transitamos que en la clase política que padecemos. La batalla que nuestros gobernantes ansiosa y vertiginosamente mantienen en contra del saber universitario hace ya tiempo que superó el umbral de lo aceptable. El papel que han adoptado, legislando una creciente desconfianza que intenta saciarse sin éxito en evaluaciones disparatadas, confunde cada vez a un mayor número de colegas, entretenidos en tareas de auto-salvación que terminan contribuyendo al daño colectivo. Existe una abundante literatura científica que avala este divorcio sangrante y que clama por una respuesta universitaria a la altura del saber que se nos supone.
El ataque del gobierno español es poco original y nada meritorio. Imita lo más fielmente que es capaz un movimiento internacional de inspiración economicista (De Wit, 2010, Greenwood, 2012, Manzano-Arrondo, 2011, Shumar, 2004, Wang et al., 2011, Yogev & Michaeli ,2011) que aterriza en la esfera universitaria. Hay evidencias relatadas en, por ejemplo, Australia (Worthington
& Higgs, 2011), Chile (Spinoza, 2008), Indonesia (Susanti, 2011), Israel (Yoguev & Michaeli, 2011), Nueva Zelanda (Codd, 2005), Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia (Musial, 2010), Grecia (Venieris & Cohen, 2004), Japón (Yamamoto, 2004), España (Manzano-Arrondo & Andrés, 2007) o Turquía (Kennedy, Senses & Ayan, 2011), además de países del exterior occidental como China, Fiji, Uganda o Kenia (Johnson & Hirt, 2011).

Los efectos de estos ataques se miden en términos personales, institucionales e internacionales. A nivel personal, se denuncia el desencanto del personal académico (Shields & McGinn, 2011), la transformación del imaginario colectivo hacia las demandas del mercado (Andrés & Manzano-Arrondo, 2004), la devaluación de los miembros de la institución que no cumplen las crecientes exigencias (Malecki, 2000), el aumento de las deudas familiares para cubrir el sueño de vivir la universidad (Spinoza, 2008), el drástico decrecimiento de la diversidad social de acceso, tanto de estudiantes como de profesorado (Manzano-Arrondo, 2012a), el incremento del individualismo y el credencialismo (Shumar, 2004), la devaluación de la formación intelectual a favor del entrenamiento profesional (García, 2008) y la gentrificación de la Universidad, favoreciendo el acceso de quienes tienen un alto nivel académico o familias con altos ingresos (Manzano-Arrondo, 2008). A nivel institucional, se observa la demonización de la investigación básica (Shumar, 2004), la abundancia de trastornos sobre la calidad de la vida laboral (Alderman & Brown, 2005), acompañado por la evangelización en los valores mercantiles (Manzano-Arrondo, 2008, 2012a) y la orientación hacia sus demandas (Corte, 2004, Plaza, 2008), asumiendo la minimización de costes para las prácticas universitarias (Worthington & Higgs, 2011), cambio de la gestión universitaria hacia un sistema de refuerzos y castigos (Vidovich & Curie, 2011), énfasis en acercar los intereses universitarios a los de la industria, fomentando partenariados y mercenazgos que configuran la vida académica (Malfroy, 2011), reducción de las posibilidades de acción mediante reducción de fondos (Frew, 2006), mutación de la Universidad desde agente de cambio social a objeto bajo control externo (García, 2008) que deriva hacia la definición externa de la agenda universitaria (Filipakkou & Tapper, 2008), traslaciones directas de los modelos de evaluación de la calidad desde el ámbito mercantil al universitario (Temple, 2005), que conlleva la reducción del peso de lo académico (Alderman & Brown, 2005) y la transformación de la institución en un contexto de mercado en sí misma (Sousa, 2006). A nivel internacional, se denuncia la fuerte estandarización a múltiples niveles que ignora las particularidades y retos locales (Plaza, 2008), la estimulación de la competencia entre universidades (Spinoza, 2008), que provoca un desplazamiento desde el interés por el significado de cada universidad hacia el interés por su imagen (Wareaas & Solbakk, 2009), governanza universitaria tendente a favorecer el espíritu de competición de mercado a través de los múltiples rankings (Vidovich & Currie, 2011), imposición de un modelo de universidad y una versión de calidad desde el Norte hacia el Sur (Rodrigues, 2007), incremento de las desigualdades Norte-Sur que desequilibran las dinámicas globalizadas de Educación Superior (Sousa, 2006), e incremento de disparidades en los recursos disponibles entre instituciones universitarias de países diferentes (Alderman & Brown, 2005).

Esta destrucción progresiva es posible gracias a un fuerte divorcio entre lo académico y lo político (Christensen, 2011) que está resultando en una agenda totalmente controlada por los intereses mercantiles legislados a través de una clase política (Jarab, 2008) que, si bien goza cada vez de menor respaldo popular, sigue aferrada a dinámicas que hacen viable estos comportamientos.
Ignacio Martín-Baró denunció los mecanismos que subyacen a estas dinámicas perversas desde los marcos de opresión (Martín-Baró, 1986), motivo por el que defendía la teoría y práctica de la psicología de la liberación (Paloma & Manzano-Arrondo, 2011). Ya he denunciado estas dinámicas a través, por ejemplo, de la pirámide invertida de la opresión (Manzano-Arrondo, 2012b), de perfecta aplicación al contexto académico.
Esta dinámica internacional, muy obediente a la versión más perniciosa de lo que ha venido a denominarse el New Public Management (Greenwood, 2012) (ahora, New New Public Management), está mostrando una velocidad impresionante en España. No acabamos de asumir un nuevo ataque cuando ya sobreviene el siguiente.

Desde mi punto de vista, insisto que discutible, creo que nuestra reacción está siendo poco universitaria. Nuestra posición estratégica como institución del conocimiento merece una conducta bien distinta, una oposición clara, frontal, potente y bien fundamentada, que imposibilite el ataque que recibimos sin tregua. Hablo de una respuesta colectiva, de un cuerpo científico y académico que en honor a su conocimiento decide no participar en la degradación.

No ocurre. Tras varios años con la sensación de predicar en el desierto, entended que mi discurso y mi consecuente comportamiento cotidiano varíe de rumbo y haya escogido la búsqueda de coherencia individual. En este tránsito, he decidido no colaborar con la normalización de esta pauperación de las condiciones de nuestro oficio. No colaborar implica, entre otros aspectos, desviar esfuerzos para visibilizar lo que ocurre y organizar alternativas, en lugar de implicarlos en labores de gestión que hacen viable lo que debería ser intolerable.
Ojalá que una facultad o un departamento arranquen con una clara y justificada desobediencia o no-colaboración, rompiendo nuestra tendencia a corregir sin éxito los desmanes legislativos de una clase política que llama realismo a la cobardía y gobernabilidad a la dictadura. Ojalá que perdamos la adherencia a mantener la institución como si no estuviera ocurriendo nada. Ojalá que lo veamos, pues implicaría el inicio contagioso de un cambio de rumbo. Ojalá existiera la universidad sin condición (Derrida, 2001), ese lugar de libertad donde sus miembros sienten la protección de un santuario del conocimiento desde el que generar ideas, mecanismos y soluciones (McArthur, 2011). De momento no ocurre. Mientras tanto, dado que me debo a las argumentaciones que he expuesto con injusta brevedad, a la actitud rebelde y propositiva de la ciencia que me ha educado, y a la vocación de servicio a la sociedad que baña mi condición de profesor universitario, os comunico esta decisión, abierto al debate académico que consideréis oportuno. Creo firmemente en la responsabilidad de la acción y de la inacción. Por ello, asumo las consecuencias que se deriven de la decisión que he compartido.

¡Viva la Universidad!
Un fuerte abrazo,
Vicente Manzano-Arrondo

Carta completa con referencias


6 comentarios:

Victoria Robles Sanjuan dijo...

Es cierto lo que mencionas, Juan.
Hay una deliberada intención de desmantelar las universidades públicas españolas, a costa de fragmentarlas, privatizar sus servicios y aminorar la democracia interna. Esto ya estaba reflejado perfectamente en la Estrategia Universidad 2015 (http://www.mecd.gob.es/dctm/eu2015/2011-estrategia-2015-espanol.pdf?documentId=0901e72b80910099) para las universidades españolas, y posteriormente en el Informe para la Reforma de las Universidades (Informe Wert, http://www5.uva.es/futuni/?p=65) donde la gobernanza universitaria responde a intereses empresariales y políticos de control y supervisión estricta de las academias.
Desde hace años, la contratación de profesorado en condiciones precarias y la tasa de reposición que imposibilita que las plantillas se vayan regenerando; el aumento de tasas al alumnado y la imposición del B1 para exámenes obligatorios de un idioma como condición para la graduación; la conversión del sistema público de becas, uno de los logros para evitar progresivamente las desigualdades sociales de acceso y participación en las universidades; su trasposición en becas-préstamos dadas por los bancos; la precarización del trabajo del Personal de Administración y Servicios y su privatización progresiva; la falta de democracia interna en las universidades, sólo remitida al sufragio universal del voto en época de candidaturas; el descenso de más de un 40% de la inversión en investigación y la imposición del “sexenicidio” u obligatoriedad de progresar en la carrera profesional a partir del cumplimiento de unos estándares de investigación impuestos por empresas y editoriales extranjeras, poco realistas con la diversidad de la investigación universitaria y no universitaria son sólo algunos de los elementos que, bien entendidos, provocan nuestro estupor ante un modelo de universidad mercantilista y poco humanitarista, eso que Vicente Manzano ha denominado “universidad para el bien común”. Ha habido muy poca contestación por parte de las comunidades universitarias, lo que resulta doblemente doloroso. Se nos hace urgente un debate interno y externo con la sociedad sobre el rumbo y las condiciones de posibilidad de unas universidades plurales, democráticas, docentes, investigadoras, donde la implicación de la comunidad sea un proyecto común de crecimiento. No basta ya con las palabras: necesitamos iniciar procesos de transformación colectivos de nuestras academias.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Gracias Victoria por tu sólida aportación. En mi opinión lo más importante es comprender porqué la reforma se realiza con escasa resistencia.En este post arriesgo la interpretación de la disidencia, que implica la afirmación de ausencia absoluta de democracia mediante varias formas concertadas de coacción sobre las personas.
Seguimos

Victoria Robles Sanjuan dijo...

En efecto, hay una relación unívoca que se retroalimenta mutuamente, que pasa por disminuir la democracia participativa en favor de mayores cotas de control, y a la vez esas formas de coacción y de control reducen las posibilidades de democratización interna de democracia. Sin embargo, tengo la impresión de que las universidades actuales, en su reciente genealogía de un siglo y medio, no han sido concebidas como centros de pluralidad y buen hacer común, sino que nuestras culturas académicas han respondido a la lógica de las élites que han gobernado los Estados más que a necesidades sociales. Esto les ha conferido un rumbo más sujeto a decisiones corporativas y políticas externas que a vínculos deliberados y propuestos desde dentro. En cualquier caso, sería bueno, como dices, establecer un buen diagnóstico (el qué está pasando) sobre estos procesos y de las injerencias sobre las academias y su reproducción interna. No es simple el tema.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Comparto la cuestión del corporativismo que implica baja eficacia. La universidad española está marcada por su origen franquista y por los años negros de la reforma de los ochenta, en los que los antiguos pnn devienen en castas académicas "progresistas".
Pero siendo cierta la singularidad española la reforma neoliberal de la universidad está triunfando en todas partes con escasa oposición. Es importante comprender tanto la maquinaria neoliberal global como la universidad-organización.
Siempre me han dado verguenza las huelgas generales en la universidad. No las deciden los cursos ni los profes, no existen procesos decisorios, pero salen al cien por cien.
Por eso los reformadores lo tienen tan fácil y avanzan a saltos.

Anónimo dijo...

Efectivamente Juan, lo más preocupante es ver la elevada servidumbre voluntaria en el cuerpo de funcionarios académico, quizá es un hábitus extendido.
Conseguido el objeto de deseo propio, más aún regalado por catedráticos o cabecillas de departamento, la desmemoria y despreocupación por los asuntos públicos (en el sentido plural del mismo) es brutal y alarmante. El aburguesamiento y la mercantilización gestora de la casta académica es generalizada.

Gracias, una triste profesora desprofesionalizada,

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Profe desprofesionalizada

Espero que esa desprofesionalización no se apodere nunca de tu mente. Sobre ti y sobre todos los profes se erige la sacra institución de la gestión y de las agencias que pretenden domesticarnos y hacernos creer que nuestro trabajo se especifica en los paquetes de méritos que ellos preparan.
No. Nuestro trabajo está por encima de las valoraciones de la nueva iglesia de la gestión y la evaluación.
Me inquieta que estés triste ¡que no te roben la vida¡ eso sí que es importante.
Un fuerte abrazo profe