Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

sábado, 31 de mayo de 2014

EL RETORNO DE LOS INTERROGATORIOS

En varias ocasiones fui detenido en los años de plomo del franquismo. La primera vez fue en febrero de 1968 y la última en Santander en 1976. En todas las detenciones fui interrogado por la policía que se hacía llamar “La Brigada Político- Social”. Conozco muy bien lo que es un interrogatorio. No se trata de una conversación entre dos partes orientada a clarificar alguna cuestión sino la creación de un clima de coerción que pretende quebrar la integridad y la voluntad del interrogado.

Esta técnica requiere de la existencia de varios interrogadores que actúan concertadamente ejerciendo la presión. El aspecto principal radica en los tonos duros, las preguntas imperativas, la interrupción brusca de la palabra del interrogado, la repetición de la pregunta, la escalada de la conminación, la descalificación, la no aceptación de su discurso, las risas, los gestos de burla, las miradas amenazantes, la escalada coercitiva, el ruido, la transformación del argumento del interrogado en una versión  absurda y la alteración de las secuencias de la comunicación. Un interrogatorio es la teatralización de un linchamiento moral a un sujeto con la intención de intimidarlo y dominarlo.

Recuerdo todavía a alguno de mis interrogadores franquistas. Principalmente a Rafael Núñez Ispa, un asturiano que preguntaba expresando un catálogo de sentimientos hostiles que terminaban siempre en una explosión de ruidos y furias. Los tonos duros, los gritos, las miradas ejecutoras, los insultos, los puñetazos en la mesa, las aproximaciones físicas que presagiaban  los golpes, las entradas y salidas de la sala de otros policías que rompían los ritmos, las secuencias amables que trataban de bajar las defensas psicológicas, que terminaban bruscamente regresando a la multiplicación de la presión. Núñez Ispa, como casi todos los policías de esa época, era inculto y zafio. Recuerdo que me preguntaba si me gustaba España. Cuando le respondía que esa España no, decía gritando y dando golpes en la mesa “Pues vete a Rusia”.

Recuerdo a los jefes que siempre entraban en los interrogatorios como Conrado Delso, Gelabert, Saturnino Yagüe y otros. También de González Pacheco “Billy el Niño”, que llevó mis interrogatorios en diciembre de 1970 y enero de 1971. Este era menos primitivo y algo más sofisticado que sus colegas, que acompañaban sus limitadas mentes de estéticas cutres que tan bien reflejan las pelis de cine negro francés de la época. A veces pensaba que los “sociales” que me interrogaban eran en realidad gánsters salidos del puerto de Marsella y que terminaría apareciendo Alain Delon o Jean Paul Belmondo para librarme de ellos.

La llegada de la democracia hizo desaparecer de nuestras vidas el fantasma de las detenciones y de los interrogatorios. Mi generación transitó hacia posiciones acomodadas en las empresas, las profesiones, el estado múltiple y la política. Para nosotros se hicieron invisibles los interrogatorios que se efectuaban en estos años triunfales sobre los sufridos activistas de los movimientos sociales defensivos que aparecen en el final de los años ochenta: antimilitaristas, objetores de conciencia, pacifistas, okupas  y otros. Esta es otra generación. El mundo que vivíamos representaba la fusión de los antiguos interrogadores, reconvertidos a la sacra constitución, y los ex-interrogados, ubicados en posiciones de poder en todos los niveles sociales.

Recuerdo la frase que me repitieron varios de mis interrogadores, entre ellos Yagüe “Tú eres una mierda, eres un pringado que te estás jugando la vida aquí mientras tus jefes están en el extranjero viviendo muy bien. Yo soy policía con este régimen y lo seré con el que venga, incluso si viene el comunismo, yo seré también policía”. En 1986 recuerdo que uno de mis interrogadores que me llegó a pegar físicamente, fue ascendido a un puesto relevante de la policía. Eran tiempos de mayoría absoluta del PSOE, en los que mis antiguos compañeros exopositores definían esa situación como “la profundización de la democracia”. Este acontecimiento me produjo un trauma interno, paliado por mi ascenso social.

Tres décadas después la sociedad se ha modificado intensamente. El aspecto más importante es el desplazamiento de millones de personas, antiguos obreros o empleados, hacia posiciones marginales exteriores al mercado de trabajo. La precarización laboral combinada con la debilitación de los dispositivos estatales de protección social, genera múltiples malestares y conflictos sociales. Estos suceden aislados unos de otros, sin acumular sus fuerzas. Las instituciones políticas y sindicales no registran este terremoto social y siguen funcionando como si nada importante sucediera, polarizadas en el tráfico de decimales, desde el que se imaginan misteriosas sendas en cuyo final se encuentran tierras fértiles. Las personas procedentes de la oposición, ahora  acomodadas, procesan esos malestares y conflictos sólo en términos de posibles beneficios electorales. Así se genera un inquietante vacío social, intelectual y cultural que coexiste con la regresión social y sus temores.

La única estructura que registra este conflicto derivado de la reestructuración general del capitalismo global son los medios. Los periódicos influyentes se han depurado y sirven a los grandes interesas económicos, con algunas excepciones en su interior, menguando su pluralismo. Los contingentes de periodistas progresistas son desplazados y concentrados en la izquierda digital. Esta cobija en su interior a diferentes proyectos y columnistas múltiples que producen textos para audiencias minoritarias, ilustradas o sensibilizadas ante los efectos del macrocambio global. El espacio de la izquierda digital se fusiona con  las redes sociales. Pero de este conjunto resulta un conjunto altamente segmentado en el que cada proyecto comunica con un sector de público, con débiles vínculos transversales entre los mismos.

Las televisiones representan las audiencias mayoritarias. Estas sí han registrado el gran conflicto derivado de tan intensa reestructuración económica y social. Así, se han multiplicado los géneros televisivos en los que se hacen presentes los tertulianos que recrean en ese espacio mediático la simulación de este terremoto social. En el espacio político-televisivo predominan los portavoces de los grandes intereses económicos e institucionales, que aparecen con diferentes disfraces.  Los perdedores de este proceso terminan compareciendo de forma fantasmática, de modo que se apela a ellos en términos de compasión, pero nunca en su condición de ciudadanos portadores de potencialidades. Así, ante la ausencia de vigor de los portavoces de la izquierda institucional, comparecen una serie de voces que los apelan y defienden más allá del territorio de los decimales de la política económica.

Una de las dimensiones esenciales de la reestructuración en curso es el disciplinamiento severo de los sectores sociales que son degradados. En este contexto retornan los interrogatorios, ahora mediáticos. Distintas televisiones o tertulianos, reinventan los interrogatorios en esa ficción mediática en la que los ciudadanos son invocados como un espectro que sólo puede ser representado por alguna imagen fragmentada o la alusión desde el habla de los tertulianos. Cuando inevitablemente han comparecido personas externas al sistema político, que alzan su voz en defensa de los intereses de los degradados, se produce un torrente de gritos, descalificaciones, insultos y presiones que convergen en los primeros interrogatorios, que ahora se realizan en el espacio público, amparados en la constitución y en los directores de los programas.

En los últimos tiempos he presenciado distintos interrogatorios insólitos por su intensidad y virulencia. En la cadena 13 o la antigua Intereconomía, se prodigan los interrogatorios en estado puro. Algunos tertulianos, que supuestamente representan a la parte izquierda del fantasmal espectro político, son interrumpidos, insultados, descalificados y sometidos a un interrogatorio por parte de varios interrogadores concertados. Me impresiona la ausencia de energía de los interrogados, que se corresponde con el que desarrollan en las instituciones políticas. Me pregunto cuál es el móvil de su exposición a tal tipo de humillaciones ¿es por interés personal de comparecer en el espacio público? ¿o porque piensan que es posible defender sus posiciones políticas en los interrogatorios? ¿o por los dispendios económicos? ¿acaso por amistad con sus interrogadores? ¿ o existen razones psicológicas sadomasoquistas?

Los interrogatorios se extienden a las cadenas generales y las llamadas progresistas. Marhuenda tiene licencia para ejercer la superioridad sobre los demás saltándose las normas y los turnos, pero abre el camino a los tertulianos más intransigentes y que escenifican sentimientos y discursos de odio. Me impresionan muchos de ellos, pero Isabel San Sebastián se configura como un estereotipo del rencor y la intransigencia. Pero los verdaderamente duros son Alfonso Rojo y Eduardo Inda. Ambos practican el interrogatorio puro, de modo que su presencia en la tertulia desvía sus sentidos.

 Es imposible conversar o discutir en estos términos. Establecen un territorio sagrado de contenidos que nadie puede cuestionar; mantienen tonos que desbordan cualquier norma; expresan nítidamente su ausencia de interés por llegar a un acuerdo; descalifican a quienes consideran como portavoces del mal. Es patética su apelación a la constitución y la democracia en el curso de un interrogatorio, en el que el condenado trata de defenderse y es interrumpido y conminado por preguntas repetidas en un tono que escapa lo tolerable. Rojo es un interrogador de manual, pero Inda combina su intolerancia con una mente simple que me recuerda a los policías de mi juventud. Dice cosas a quienes proponen una solución diferente para los deshauciados o los inmigrantes como “pues entonces los metes en tu casa”. En el último estadio de esta reestructuración los portavoces de la derecha política como Miguel Herrero , Paco Ordóñez o Miguel Roca, abogados dotados de inteligencia y capacidad de argumentación, son sustituidos por gentes procedentes del futbol y de los programas del corazón, de los que Inda es el antecedente. El siguiente será Roncero u otro del chiringuito futbolero acompañado de María Patiño u otra interrogadora experimentada.

No es de extrañar que, frente a la ausencia de energía y la indefensión de los portavoces mediáticos de eso que se llama izquierda, mucha gente haya votado a aquellos que como Pablo Iglesias o Juan Carlos Monedero, se defienden con dignidad, energía y lucidez frente a la furia de los señores mediáticos, no dejándose avasallar. Mi interpretación acerca de la situación actual es que se está restaurando un nuevo autoritarismo que rescata algunos de los elementos del viejo franquismo. Pero jamás habría imaginado que uno de ellos era el interrogatorio o que el fútbol iba a devenir en el modelo central de afiliación y laboratorio político y social. Además de todo soy del Barça ¡qué miedo¡

9 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Miedo por la cultura hegemónica?

Gracias Juan por tu relato preñado de experiencia,

Marta

Anónimo dijo...

Juego sucio de Antonio Miguel Carmona contra Pablo Iglesias

https://www.youtube.com/watch?v=w6593TedJGU

Votar no es la solución, pero es la única forma de darles un susto en su propio campo de juego. El próximo 25M busca la opción política que más se acerque a tu pensamiento y vota. Terminemos con el bipartidismo.

https://www.youtube.com/watch?v=z8k9y9IQ6TA

Anónimo dijo...

Uno de los rasgos que me parece más interesante de la figura mediática en la que se va convirtiendo Pablo Iglesias es que no ha caído nunca en la trampa elitista del “no es necesario crear marcos”. Mucha gente tradicional de Izquierda o incluso libertaria sostiene a menudo que “los hechos hablan por sí solos”. No es cierto del todo. Continuamente utilizamos marcos o estructuras mentales arraigadas en nuestro sentido común que configuran nuestra comprensión del mundo para entender la realidad. De ahí la importancia, para crear una nueva hegemonía, de enmarcar políticamente los hechos en los medios o de no utilizar el marco del contrario. Hay que emprender el trabajo incómodo de enmarcar ciertas verdades para que se vean como verdades.

Saludos Juan

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Gracias por vuestros comentarios. Pienso que tiene mucha miga lo de la nueva hegemonía y los marcos. En mi opinión los límites de los discursos en un medio como la tele o las redes son manifiestos. Tengo algo más que dudas al respecto.

Anónimo dijo...

Los lím. en los medios sonj manifiestos, pero es la herramienta fundamental.

...
Puede entenderse por qué explorar esta gramática plebeya desde Podemos se antoja pedagógicamente determinante para generar musculatura democrática y catalizar interés por la política. En el marco de atonía generado por el discurso tecnocrático de la llamada “posdemocracia” resulta interesante analizar cómo uno de los efectos de la aparición de Pablo Iglesias en algunos medios de comunicación ha sido el de despertar un nuevo interés por la política, sacudiendo cierta resignación y cinismo imperantes, sobre todo en nuevas clases medias desclasadas y jóvenes. Quién sabe si incluso este mensaje puede politizar a los “cuñaos”. Sea como fuere, no puede dejarse de agradecer a La Tuerka su estrategia político-pedagógica en esta dirección.

Si Podemos ha entrado en la escena política de las mayorías sociales como un actor ha sido, entre otras razones, por “envenenar” con su gramática plebeya esta falsa polaridad entre lo popular y lo técnico sin adoptar el típico tono idealizante de la Izquierda. A la luz de esta intervención en el espacio público entendemos también mejor los bloqueos eróticos de sus “príncipes azules” a la hora de conquistar a la “princesa del pueblo”. Seducidos ellos mismos por esta metáfora, de corte machoálfico, han mitificado y, lo que es sutilmente lo mismo, despreciado al mismo tiempo, al “pueblo” que buscaban cortejar en vano, nunca por definición a la altura de su amor idealizado. Como escribe Terry Eagleton, la actitud de los grupúsculos de la Izquierda hacia las clases populares ha sido un poco como la de la Virgen María hacia el Niño Jesús: aceptación reverente de su divinidad, pero ligera desilusión después de haberle limpiado el culete.

No es preciso insistir en el lenguaje platónico típico del militante amoroso. Nunca se viaja suficientemente a la Izquierda para el radical-cansinismo, que desea resguardarse al margen del lenguaje de lo posible. Esperar pacientemente al Godot de LA Revolución, EL gran Movimiento del Poder Constituyente, LAS Condiciones objetivas maduras, LA Rebelión, EL Acto perfecto, LA Regeneración de la socialdemocracia… no es solo como condenar los amores concretos, imperfectos y sucios que se cruzan en tu vida por aguardar a tu “media naranja”; es sencillamente renunciar a contaminar la tramposa división entre la jerga de los expertos y la falsa simpleza de los dominados. Si ha de estar esperando el amor cursi de su engalanado Príncipe Azul y su vieja retórica sexista, la Princesa del Pueblo, en el caso de que exista, hará bien en irse con otro.

O se quede con el sapo

http://blogs.publico.es/el-cuarto-poder-en-red/2014/06/02/podemos-de-nuevos-principes-amores-y-pedagogias/

Saludos Juan

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Amigo
Tu comentario me parece muy sólido. Comparto tu crítica a la izquierda, incluso yo iría más allá. También a los mitos políticos en que se sustenta. Cierto. Pero un movimiento como Podemos con su "gramática plebeya" y la energía política que produce me suscita algunas dudas importantes. No quiero ser negativo pero encerrada en la televisión y las redes sociales es difícil que atraviese las tormentas institucionales. Veremos.
Muchas gracias.

Anónimo dijo...

La televisión y las redes son medios, no fines.
Se han realizado las primeras asambleas abiertas en las calles.

Pesimismo no, no nos lo podemos permitir hoy. Ingenuidad, optimismo, oportunismo, tampoco. Praxis.

Te esperamos Juan, necesitamos posicionamientos y sobretodo refuerzos en este momento.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

He vivido el primer aluvión del antifranquismo en los últimos años del franquismo. Después el aluvión "progresista" de los ochenta, que transformó a los pnn o a la primera generación de médicos de familia en sólidas y prósperas castas.
Podemos suscita esperanza porque irrumpe sobre un escenario totalmente deteriorado por las castas múltiples. Es inevitable un aluvión que para mí sería el tercero. En este no me encontraré aunque convergemos desde hace mucho, desde antes de podemos o incluso del 15m, en el campo político y social.
Nos encontramos ahí porque tengo claro que soy un refuerzo.

Anónimo dijo...

Sólidas y prósperas castas, ahí das en el clavo Juan.

Y esa gran parte de la carcoma de las instituciones.

La universidad es una especie de organización militar-académica donde unos trabajn al máximo y otros se van liberando "cargas",...