Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

miércoles, 9 de abril de 2014

EL HASTÍO EN LAS AULAS

Albert Camus, en “El mito de Sísifo”, define el hastío como “término de una vida mecánica aunque también y al mismo tiempo comienzo de una agitación anímica”. Desde el tiempo en que fue escrito hasta el presente, se han producido varias transformaciones de la vida mecanizada a la que alude. La burocracia era la formación social dominante en los tiempos de Camus. Ahora,  las vidas se encuentran mecanizadas bajo la dirección de las instituciones que la han sucedido: la gerencia, las de la producción y el mantenimiento de los recursos humanos, las del marketing y la publicidad, así como las agencias múltiples que gobiernan lo social. Todas estas instituciones configuran la maquinaria que se sobrepone a las personas dirigiendo sus devenires biográficos.

La mecanización generalizada de las vidas determina la aparición de respuestas a la misma. El dominio burocrático anónimo, enunciado por Weber en la “jaula de hierro”, se reproduce en esta era mediante una renovada versión de la misma. Pero el precepto weberiano que apunta  que la administración se extiende a toda la vida, que denomina “envase de servidumbre”, se acrecienta con respecto a los tiempos de la burocracia. Los nuevos envases de la servidumbre gerenciales-empresariales, son más eficaces y sofisticados, en tanto que su objetivo es conseguir la reducción de la distancia entre el empleado y la organización o el consumidor y la empresa.

El complejo de instituciones postburocráticas coloniza las vidas de los disciplinados súbditos del presente. Bajo el imperativo de la carrera profesional o el estilo de vida, que configuran  la gestión biográfica, las vidas se descomponen en etapas sucesivas y transiciones entre las mismas que imponen exigencias crecientes a las personas. La presión ejercida sobre estas es aún mayor que en tiempo de la jaula de hierro.  Si la organización burocrática se define por su racionalidad en los medios para conseguir su propia  perpetuación y expansión, las instituciones postburocráticas desempeñan con mayor sofisticación e intensidad este objetivo.

En esta situación se produce una reacción que expresa la impotencia frente a las maquinarias institucionales que se sobreponen sobre las personas. Se trata de una respuesta a un mundo incomprensible que excluye lo sensorial e impone una racionalidad ajena a la vida. Así se conforma un sentimiento indefinido de réplica a estas instituciones. Es una inquietud derivada de la racionalización de las vidas. De este modo se conforma el hastío, definido por Camus como la privación de sentido, como una situación en la que prevalece lo absurdo o un “estado del alma en el que el vacío se hace elocuente”.

El hastío es un sentimiento indefinido que determina la huida de las personas a un espacio externo desde el que puedan reparar los efectos del sinsentido de las instituciones-envases de servidumbre. De ahí resulta un vínculo social surgido del hastío y de las emociones vividas en común. En el margen de las instituciones rectoras de las vidas se configura lo que Maffesoli denomina un “magma afectivo”, que expresa el deseo de vivir liberado de los cálculos, imperativos y racionalidades impuestas por las instituciones postburocráticas de la conducción y la gestión de las vidas.

El hastío es una realidad que se extiende por toda las sociedad pero que se asienta principalmente en las instituciones educativas.  Las temporalidades resultantes de los tramos y las etapas múltiples, la fragmentación de los contenidos, los métodos docentes tan contrapuestos a los códigos de las actividades cotidianas, la ausencia de relación personal, y la salida final del laberinto educativo, que en estos tiempos es como el horizonte, en tanto que se según avanzas siempre se encuentra igual de lejano. El hastío es perceptible en las aulas, en este espacio se asienta y muestra todo su esplendor.

El hastío no se encuentra articulado en términos de un discurso pero en este territorio adquiere unas densidades de gran envergadura. Sus indicadores son el distanciamiento pavoroso de las instituciones universitarias; la ausencia de iniciativas; la no respuesta a las conminaciones de la institución; la resistencia pasiva; la ausencia magnánima; la desconexión cósmica; el imperio del ritualismo; la separación tajante entre lo obligatorio y lo discrecional; el rutinarismo mecanizado de todas las actividades; la reducción de las tareas y los resultados a mínimos consensuados eficazmente; la configuración de un umbral de desaprobación de los profesores intrusivos o resistentes; la ausencia de relaciones personales; el refugio en el pequeño grupo de amigos, que agota la comunicación y desempeña el papel de la ayuda mutua en el páramo  afectivo y de inteligencia del aula; la brecha con la cultura académica y un estado de suspensión de las emociones.

Un conocido profesor de sociología, que fue uno de los pioneros de esta disciplina en España, José Jiménez Blanco, definió en una ocasión esta situación muy pertinentemente. Comentaba que en sus últimos años de docencia en doctorados de Sociología, se encontraba frecuentemente con una respuesta de muchos estudiantes, que  cuando recomendaba la lectura de un libro le preguntaban  ¿hay que leer todo? ¿qué partes hay que leer?. Su respuesta era ingeniosa, “lea usted las páginas impares”.

Esta pequeña anécdota ilustra muy bien la situación de hastío. Se trata de un divorcio entre la institución escolar y los estudiantes, de una  sobrecarga de escolarización, de una saturación de trabajo desprovisto de sentido, de una respuesta a la agobiante hiperreglamentación, de un desencuentro con la vida regida por el sentimiento y la comunicación en las redes sociales postmediáticas. Una frase de Camus lo ilustra con precisión este concepto “un vínculo directo entre este sentimiento y la aspiración a la nada”.

El hastío, así como la fuga del mismo, desemboca en la escisión de la semana entre dos mundos regidos por presupuestos antagónicos. La planificación de las actividades escolares frente a la preponderancia de los sentidos que gobiernan los mundos sociales de la fuga. El resultado de la expansión del mismo, determina una gran fragmentación y difuminación de las sociedades, el bajo rendimiento de las instituciones, la configuración de un individualismo asocial muy corrosivo y la pérdida de constitución de las sociedades altamente desintegradas.

El estudiante, el ser social de la era del hastío, circula penosamente por los pasillos y las pasarelas de los edificios de las instituciones postburocráticas, para llegar al aula e instalarse en espera de su ración cognitiva de baja definición. Así cumple con sus actividades fragmentadas y reglamentadas con independencia de su desarrollo personal. Sus movimientos muestran el tedio, la ausencia de energía, el sinsentido resultante de la programación de las agencias de la institución que lo gestionan como a  un muñeco de guiñol. Me encanta constatar la resistencia a esa situación. Es un arte menor. El código principal es no responder a la primera.

Después de las clases, en los pasillos vuelve la vida cuando los hastiados sonríen  frente a sus pantallas móviles personales  o conversan  vivamente en el exterior del edificio con sus colegas que han traspasado la frontera del hastío educativo. Las instituciones del hastío densifican sus periferias, de modo que constituyen un laberinto con múltiples fronteras y espacios de conexión. En el exterior reina la espontaneidad, que va minimizándose según se aproxima al aula.

Me encuentro todos los días con el hastío. Ciertamente, es un fenómeno general, que se encuentra instalado en todos los sistemas educativos. Pero en España, su combinación con el pasado histórico, con la educación del nacional catolicismo, así como  con el terrible tiempo suspendido de los señores-compañeros, , producen efectos demoledores. Todo este cóctel,  servido en Granada,  termina siendo una historia cuya mejor versión es la de ser entendida como una realidad friki, y la peor, como una historia pavorosa de terror.

El aula es una realidad espectral, donde se produce un vacío y un estado de ausencia supremo. Daría miedo si no se contemplase como un lugar de paso en espera del finde, de las siguientes vacaciones y otros espacios temporales, tras los cuales se reinicia otro tramo académico, en la cadena del eterno camino de la reinserción laboral. Para las chicas y chicos que ahora están de cuerpo presente en el sistema educativo, este período consume un tercio de sus vidas. El hastío es congruente con esta situación.



5 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias Juan.
Una descricpción con certezas crudas que no nos gusta y nos duele.
Constato muchos días, empíricamente, esta realidad en las aulas y no sólo aulas, a pesar de los múltiples sinsentidos de las burocracias escolares. El descontento, el aburrimiento, el hastío, la desgana y el desapasionamiento son tonalidades prevalecientes en el paisanaje de nuestro día a día. El vacío del que ya nos habló Nietzsche.

Pero no todo, ni mucho menos, es así. El hastío es algo a combatir que ante todo requiere identificación y comprensión. El ideal sobre el que se asienta "El hastío en las aulas" es profundamente triste. En cada estambre de "aparente (observable) hastío" residen variadas contradicciones e intermitencias, y siempre, de una u otra forma sed de vida y "convivencialidad" (aún desconocida), pues no todo en cada persona y sujeto está desvalido.
Ser profesor, con seriedad, supone muchas veces sentir la angustia y el dolor de luchar contra un gigante invicto. Y estoy seguro que lo has sentido.
La metástasis "monocultural" (como decía Pasolini) sigue avanzando en las sociedades y en España acompañan sus particularismos señoriales y su nacional-catolicismo latente y manifiesto. Pero resurgiendo del duro golpe y con pasión (y sin efervescencias volátiles) de aproximarnos a comprender lo que acontece, al lado de los que habitan el aula (el mundo), quizá podamos volver a agitar el ánimo, el vínculo, la duda creativa, la desobediencia inteligente, la escucha sincera,.. y empezar a cabiar alguna cosa.

Nano.

Anónimo dijo...



La vida actual: entre el consumismo que hastía y el hastío que consumimos

Proyecto de Formación Ciudadana "La conversación del miércoles", de la Corporación Cultural Estanislao Zuleta.


http://www.youtube.com/watch?v=FSJ-rQQZb6w


Desde Colombia, un saludo,

Mauricio

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Sí es posible resistir al hastío Nano. En mi clase pretendo que cada una sea una respuesta microscópica al guión que nos han impuesto. Lo peor es que está diseñada como un no lugar, como un sitio de paso para seres móviles y deslocalizados que se violverán a reunir dos horas después en otro grupo definido por la elección de cada cual.
Gracias Mauricio por el comentario. Es el primero que se hace desde Colombia. Me parece muy importante para este blog. Me ha parecido muy sugerente es conversación de los miércoles. Comparto el vínculo entre hastío y consumo. Aunque creo que el principal factor que lo produce es la tecnocratización de la educación, que en el presente neoliberal alcanza el apoteosis.

Anónimo dijo...

Dos preguntas profesor Juan Irigoyen:

En ref. al hastío en las ulas, su comentarios y el 17 a las 18.

_ ¿A qué se refiere con alumnos autores?

y

- La tensión que existe entre la relación y el reconocimiento profesor y alumno.

Muchas gracias,

Mauricio.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Mauricio
Ambas preguntas se relacionan con factores peculiares de la universidad española. El franquismo significó la extinción de toda una generación de profesores en ciencias humanas y sociales, así como la construcción de una institución mutilada al servicio del poder político, económico y religioso. El largo aislamiento reforzó esa situación. El legado de este período no puede ser obviado ni resuelto con medidas de política educativa ordinaria. Esto pesa mucho, también en el presente.
En los dos casos, estudiantes autores y relaciones profesor y alumno, se encuentra la implementación del ciclo actual de reformas neoliberales, que aquí se especifican en una reducción de los profesores a ejecutores de guiones docentes estandarizados. De este modo se niega la singularidad y las relaciones abiertas que implica la docencia. Por eso me gusta hacer énfasis en la reducción del estudiante a un ser automático, receptor pasivo de un saber empaquetado. En ciencias sociales esto es la negación de su capacidad para constituir una perspectiva personal y ser un elemento activo en su aprendizaje. A eso me gusta llamar autor.
De modo simultáneo, en un contexto así, se envenenan inevitablemente las relaciones entre estudiantes y profesores, en tanto que el sistema los reduce a acumuladores de unidades de mérito definidos por los programas.
Muchos estudiantes latinoamericanos se sienten defraudados de este sistema y expresan en privado sus quejas.
No estoy seguro de haber sintetizado bien la respuesta a sus preguntas. En ese caso seguimos.
Saludos cordiales