Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

sábado, 31 de agosto de 2013

UNIVERSIDAD: FICCIÓN ATEMPORAL E INMERSIÓN COGNITIVA

Decía San Agustín que el tiempo es una noción compleja, en tanto que estando integrada en el sentido común, de modo que las personas entienden su significado, es muy difícil de definir, explicar y verbalizar. La universidad actual es una encrucijada de temporalidades. La larga espera para el acceso al mercado laboral es descompuesta en tramos, itinerarios y trayectorias múltiples. Se constituye una temporalidad lenta para la interminable etapa de la vida dedicada a la formación para el empleo, que contrasta con las temporalidades aceleradas de otras esferas sociales vividas por los estudiantes.

Pero el verdadero problema, estriba en que, debido a la preponderancia de las instituciones del mercado, que imponen sus códigos en todas las esferas sociales, cada estudiante-cliente tiene un margen de elección de sus propias asignaturas, siendo preparado así para su integración laboral, en la que tendrá que acreditar permanentemente sus diferencias con sus antaño compañeros, así como en la vida personal, en donde su estilo de vida deberá fundarse en la búsqueda constante de la diferencia.

El resultado es que se produce una diversificación  de tal magnitud que hace imposible la anterior planificación docente del curso, en la que las distintas asignaturas programaban actividades cuyos tiempos requeridos tenían cierta coordinación y proporción. Las últimas reformas han abolido el curso como unidad, en favor de una situación en la que la planificación académica se produce como una carta de restaurante, en la que los estudiantes-clientes configuran su menú personal. Así, se ignora el tiempo real disponible de los estudiantes. La programación se realiza mediante las asignaturas competitivas entre sí, adquiriendo una naturaleza atemporal, en la que la suma de los tiempos requeridos por estas desborda el tiempo real máximo de un estudiante-cliente, que en una semana no es posible ni deseable que trascienda las cuarenta horas.

La desconexión entre el tiempo real disponible y el tiempo desintegrado que resulta de la suma de los tiempos e las asignaturas múltiples, genera un problema de rendimiento de gran magnitud. El estudiante-cliente tiene que responder a un conjunto de requerimientos que sobrepasan su tiempo real. La ignorancia de esta cuestión genera un notable grado de dispersión, saturación y mecanización del trabajo. Pero, también, de implosión, simulación, irrealidad y ficción.

No se puede aceptar que la propuesta docente total exceda las cuarenta horas semanales, incluyendo todos los conceptos.  Las asignaturas, que representan al entramado de disciplinas, cada vez más desagregadas y autorreferenciales, se hacen presentes mediante una oferta que exige un tiempo para la realización de sus actividades. Un estudiante puede tener seis asignaturas en un cuatrimestre. Cada una tiene programadas cuatro horas de clase a la semana. El tiempo total de las actividades de aula llega a veinticuatro horas semanales. Pero cada asignatura es diseñada según los parámetros que rigen la vida laboral en el capitalismo cognitivo, teniendo que satisfacer las necesidades de la evaluación permanente,  que lleva aparejadas actividades tales como prácticas, elaboración de trabajos, participación en actividades virtuales o tutorías. En total  pueden representar no menos de doce horas.

Así, un estudiante-cliente cumplidor, no dispone de tiempo real para hacer trabajos que se inscriban en una  temporalidad media o larga. Los profesores, en este sistema saturado y de temporalidad ficcional,  comentamos con frecuencia que los estudiantes no leen libros ni desarrollan trabajos sólidos. Ciertamente, el sistema se lo impide. No hay espacio para la reflexión ni para ninguna inversión estratégica. Clases, actividades mecanizadas de aula, trabajos sucesivos de baja definición, participación en tareas virtuales y preparación de pruebas. El trabajo fragmentado, de cumplir obligaciones a plazo inmediato, que prescinde del tiempo real disponible, supone el principio de destrucción de un sujeto en situación de aprendizaje, y su conversión en un oportunista maximizador, un sujeto ejecutor de varias tareas simultáneas, capaz de simular y cumplir los requerimientos de las pruebas, pagando el precio de su propia formación personal deficitaria.

El estudiante-cliente es desposeído del tiempo necesario para la realización de tareas de recorrido medio y largo. Su trabajo es un sumatorio de tareas mecanizadas y desintegradas, que carecen de generalidad y coordinación. En esa situación el sentido se va difuminando. De este modo se genera un estado personal de inmersión cognitiva, de distanciamiento de su propia comunidad científica y profesional. La vida académica, que adquiere una forma fabril, mecanizada y pierde su sustancia. Así el tiempo académico es percibido como tedioso, en espera de ser aliviado por los mundos sociales vibrantes que aguardan entre las actividades repetitivas.

El estudiante-cliente, no tiene otra opción que ser cómplice del sistema que lo configura como una víctima. Así, deviene en un artista de la simulación, que adquiere la categoría de un arte menor. Su mundo vivido es un sumatorio de las obligaciones derivadas de las asignaturas múltiples desconexionadas entre sí. En este contexto, el estudiante tiene que compatibilizar su trabajo de operador múltiple en una cadena de montaje ficcional, en el que la coordinación tiene que ser  realizada por él mismo, siendo además invisible e imperceptible para el sistema segmentado.

De este modo, cortar, pegar, reutilizar, maquillar y realizar otras operaciones sobre textos, constituyen su única oportunidad de desarrollar una inteligencia práctica requerida por el ensamblaje de las tareas. Este es el fundamento del arte de la chapuza. El sistema desintegrado, constituido por paquetes de créditos que compiten entre sí para captar estudiantes-clientes, requiere el cumplimiento de las normas, así como la transformación en un artista chapucero que resuelva los problemas de coordinación y haga posible cumplir en los tiempos reales disponibles. Esta es una forma de mutilación de la inteligencia.

Puedo poner múltiples ejemplos en mi vida como profesor. Imparto una asignatura troncal que es contigua a otra en la que se realizan pruebas (exámenes) en tiempos de aula. Los días que se realiza la prueba, no viene nadie a mi clase. Sólo me queda la opción de penalizarlos. Pero esto no conduce a nada bueno. Un catedrático vecino muchos años en el curso, imponía a los estudiantes una prueba en la que debían acreditar la lectura de un texto. Esta actividad era obligatoria y se realizaba en una tutoría programada en el mismo tiempo que mi clase. Durante años he recibido quejas de estudiantes que querían asistir a mi clase pero eran obligados a acudir a esa prueba de control en el mismo tiempo. Algún lector ingenuo puede pensar que este problema se podía negociar. Pero en la jungla académica esto no es posible. Cada profesor tiene una autonomía sideral frente a sus alumnos, entendidos como ejecutores de trabajos fragmentados.

El desorden académico es insólito. Los estudiantes-clientes, víctimas de ese orden institucional, aprenden a interiorizar que esta situación es inamovible y se sobrepone a ellos. El único camino es burlarla erigiéndose en un artista chapucero de brocha gorda. Así aprenden el mensaje principal de la institución, que es obedecer. La universidad es una máquina de obediencia renovada, donde se premia  lo que el pensamiento positivo denomina como adaptación y flexibilidad. La autonomía es penalizada severamente en este orden que ha renovado sus máscaras conservando sus esencias autoritarias.

Así son preparados para su inserción gradual en el orden laboral, en el que será contratada su competencia en las nuevas tecnologías, su capacidad de conexión, la ejecución de tareas simultáneas y la subjetividad congruente con esta situación. En determinados espacios del sistema educativo, van a ser seleccionados los profesionales que se van a insertar en las actividades de creación de conocimiento y que tienen que responder a exigencias y cualificaciones avanzadas.

Este sistema educativo, en el que resplandecen nuevas burocracias, tecnocracias, redes de agencias múltiples, así como los nuevos expertos psicopedagógicos, necesarios para el gobierno de los procesos educativos articulados al orden del mercado, conlleva un estado de dispersión y saturación que cristaliza en una inmersión cognitiva preocupante. La afirmación de que la generación universitaria actual es la más preparada de la historia es una rotunda falsedad. Lo que verdaderamente representa es la generación más obediente de la historia. Pero su obediencia es sólo funcional, en tanto que se realiza mediante la fuga a otros mundos, que con frecuencia también se encuentran sustentados en la ficción.

13 comentarios:

Pedro Valdés dijo...

Juan, qué tono más amargo. Me temo que justificado por una realidad universitaria que vives desde dentro. ¿Este tipo de cosas se comentan entre los alumnos? ¿Son conscientes de lo que están viviendo?
Saludos.

Silvia dijo...

Gracias por visualizar lo que realmente es la Universidad, para mí una mentira muy grande. Sólo si realmente tienes empeño puedes llegar a aprender algo de verdad, ya sea teniendo un profesor que nos haga pensar (de los que quedan muy muy pocos) y/o teniendo interés y buscándote la vida entre libros y referencias a las cuales llegas con el efecto "bola de nieve".

Estoy, como muchos de mis compañeros, tremendamente desilusionada con la Universidad. A no pocos conozco que, aun gustándole mucho la sociología se plantean dejarla y seguir por su cuenta porque, a fin de cuentas, puedes llegar a aprender incluso más siendo autodidacta que a través de los diferentes cursos fragmentados y poco inconexos a lo largo de los cuatro o cinco años que dura la carrera. Lo peor es que los licenciados somos los últimos coletazos de otra forma de ver y entender la educación, y eso que desde años atrás hasta ahora, la cosa ha cambiado enormemente. Pues cuando hablo con alguno de los que me pisan los talones, veo aun mayor cambio, mayor obediencia.


Este año, siendo ya el último, me gustaría planteármelo de degustación sociológica. Pero cada año empiezo con el mismo propósito y a lo largo del curso me veo tan saturada y limitada en mi degustación que acabo por asimilar y convertirme, en mayor o menor medida, en una artista "menor", como nos definas. Es tal el grado de agobio y sobrecarga que podemos llegar a experimentar los alumnos "aplicados" que en el verano, a pesar de ir con la intención de recuperar las lecturas y los libros no leídos durante el curso, la mente no te deja avanzar en cada palabra. Necesita respirar, como dice la canción.

Saludos Juan, nos vemos pronto por Riesgo y Salud.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Pedro me alegra verte por aquí. Efectivamente es amargo lo que describo y se nota que estoy involucrado. Me duele ser trstigo de tanta inteligencia neutralizada por esta institución. Algunos alumnos me comentan sobre sus trayectorias de postgrado. Es terrible cuando describen su experiencia en máster y doctorados. Terrible Pedro. Hasta hace unos años, cuando me preguntaban qué postgrado era bueno, daba alguna información con precauciones. Algunas personas que hicieron esos estudios me dieron informaciones demoledoras. No te puedes imaginar.

Los alumnos viven la institución ajenos a lo que suscito en estas entradas. Se cumple ritualmente y existe una no identificación y malestar que se resuelve saliendo a los mundos vibrantes de las redes y espacios mediáticos.

Los alumnos críticos son externos a lo que planteo. Protagonizan un conflicto cuyo contenido es la privatización, becas, etc, pero no son críticos con la institución.

Algunas personas, de los que Silvia en su comentario representa, sí alfabetizan su malestar. Uno de los alumnos del año pasado, en una entrevista para una radio libre definía la institución y su acción como violencia.

Por ejemplo, si te matriculas en un máster o doctorado y te dan una bibliografía que es la misma que en la licenciatura o grado. Eso es violencia desde la perspectiva de un sociólogo crítico.

Silvia. Muchas gracias por tu comentario. Aporta mucho pero los que son externos a la institución no pueden entender lo que dices de "degustación". Me impresionó la gran decepción del grupo de tarde que tuve el curso pasado. Gente que quería aprender y estaba decepcionada. Muy duro.

Me encanta pensar que nos vamos a encontrar de nuevo en las aulas

Anónimo dijo...

Tanta inteligencia y esfuerzo derrochado para con la creatividad, el pensamiento disidente y crítico, la emancipación,... y los bolsillos de las gentes trabjadoras. Tanta estupidez y vasallaje, tantxs engreídxs, narcisistxs, mediocres, empachadxs, "pingos almidonados" como decía el maestro Gramsci. Tantas luchas intestinales, intercambio de favores y apropiación de dinero y bienes públicos,...
Probabalemente sea la geración más titulada, en la era del credencialismo y la papel-cracia.

Pero ante todo, me toca, Juan, ese aprendizaje silencioso y constante de la obediencia funcional, esa servidumbre voluntaria que empieza a incubarse en las escuelas de infantes,... Porque si la educación no logra el pensamiento propio e independiente, la creatividad y la mejora de la vida personal y en común no logra nada.
Y hoy más que nunca la estupidez reina en esa lógica acumulativa y creciente de resultados vagos y empobrecidos, esa nueva cocina, aparente, reflectante de programas, cátedras, estancias, internacionalizaciones de lo que sea, todo ello deslumbrante y sobre todo vacío de contenido, sentido y discusión. El simulacro y el marketing estan dando fuerza a la construcción de ese estudiante-consumidor-cliente-simulador-precarix, artífice de lo ilusorio.

Poniendo delante la carreta delante de los bueyes, la mercancía frente a la fuerza de empuje poco se puede conseguir.

El post-grado es muy débil y hoy es la caja de los huevos oro, generar máster y máster, el número y el sello de calidad ante todo. Y la investigación, escasísima en ciencias soc. y humanas (si es que queda espacio para ellas), en su mayoría se traduce en
una exorbitante competitividad donde reina el principio del economicismo antropológico como pulsión primera. Ésta depredación deforma cualquier creación y acto de educar o pensar, más que estimula. Y destruye, peor aún, cualquier hecho de vida en común saludable. La micro-política de los resultados a toda costa profilera en casi todas las etapas de las carreras escolares, en la universidad solo nos basta observar reparadamente la apresurada marcha por publicar (comunicar) lo que sea en las ediciones rankeadas.

La racionalidad instrumental coloniza cada vez más espacios y la universidad colabora exponencialmente en ello, alejando el pensamiento crítico de ella, la disidencia, las organizaciones y mov. soc.,... La desposesión no para y la contradicción y desobediencia racional, emocional y argumentada parece que molesta.



n

Anónimo dijo...

el estudiante, las sanciones y los premios del poder, la moral, el deseo porqué en la universidad...

http://www.youtube.com/watch?v=nbEVSbps8Ng

Ana

Anónimo dijo...

Gracias por tu análisis Juan.

¿Por qué gozar con Nietszche, Ortega, Foucault, Gramsci, Nussbaum, Arendt, Benjamin, Weil, Illich, Bourdieu,... cuando puedo ir a un "Spa", leer una novela gráfica, emporrarme toda la tarde, estar toda la tarde mirando intermitentemente la pantalla del teléfono "inteligente" o visitar un centro de retiro espiritual para limpiar el "cuerpo y alma"?

¿Por qué quitarme tantas horas de disfrute y sueño cuando la buena filosofía y ciencia te arroyan en la cuneta del escepticismo?

La filosofía es fuente para profundizar lo que queremos ser y cómo encaminarse a ello. Hoy se hace más imprescindible pues el relativismo y la incertidumbre acampada en todo lugar. Aunque la actual oligarquía nacional-católica-caciquil-sectaria quiera desplazar ésta a las antípodas y poner a los curas en primera fila con la ley LOMCE. Aspecto que nunca resolvió el PSOE y las izquierdas, los privilegios de la iglesia hablan de nuestra historia y presente.

La sociedad nihilista del hiper-consumo banaliza cada aspecto del vivir y poca pasión queda por el conocer y el pensar riguroso...

Aunque nos pongamos nostálgicxs de aquellos tiempos de la grecia clásica, la escuela republicana o de una universidad minoritaria. Nunca hubo facilidades para profundizar estudiando y discutiendo lo importante, más aún para los que tenemos que ganarnos el pan de cada día. Es cierto que el pragmatismo mediocre de la universidad consorcio-supermercado va muy rápido. Pero muchxs de sus responsables fueron aquellxs "penenes" gratificadxs en su día y otrxs muchxs que llenan su boca de pompas repletas de palabrería vacua. El acomodamiento y servidumbre es atroz.

¿Y si la Academia, intelectuales, outsiders, iconoclastas y otrxs currantes del mundo del saber, se lucren más o menos del capitalismo, se bajaran del trono para que sus "resultados", lenguajes, gestos y formatos lleguen más allá de un reducto de diez o 100 intelectuales? Eso sería un aporte en socializar, extender, demo-cratizar,... cambiar el des-orden de las cosas, construir hegemonía como nos decía el maestro Antonio Gramsci.

nano.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Gracias por vuestros comentarios. Un aspecto discutible de lo que plantea n es su afirmación de que la situación universitaria se deriva de la escuela. Eso es cierto, pero cada vez en mayor medida, los agentes clásicos de la socialización, la familia y la escuela, pierden preponderancia en la configuración de la subjetividad. Las nuevas instituciones de la nueva sociedad de consumo, las de la mercadotecnia, la publicidad y los distintos mass media, tienen una influencia creciente y las han desplazado. En una entrada de tránsitos, los espíritus del aula, quise decir eso. La uni es un lugar de paso provisional en una cotidianeidad poblada por las otras instituciones. Las identidades de los universitarios ya se referencian más en los segmentos de consumo que en las cuestiones profesionales. Las nuevas instituciones generan un nuevo tipo de sumisión, que parece que no es tal. Esta es una posible discusión.

En cuanto al comentario de Nano, es cierto que nunca hubo facilidades para profundizar estudiando y discutiendo lo importante, pero ahora se vive una situación en las ciencias sociales en la que lo importante ha quedado difuminado y sólo aparece mediante síntomas que se manifiestan en los fragmentos de las disciplinas. El presente es inquietante en este contexto. Desde una situación de hiperfragmentación de las disciplinas y en el contexto de pensamiento cero no es posible poder pensar el presente.
En el vacío contemporáneo los media han ocupado este espacio.
La democratización de la que habla Nano se lleva a cabo no por la incorporación de los comunes (yo en la situación actual me niego a pronunciar la palabra ciudadano) a fomas de elaboración del conocimiento más elaboradas, sino por el contrario por la absorción por los media de los pensadores. Fernando Arrabal fue el primero en ser reformulado por los media para su comparecencia en sociedad.

Anónimo dijo...

En general estoy de acuerdo con esta entrada, y aprovechando que tengo tiempo y que la he leído hasta el final (solo había podido hacerlo con algunos textos "costumbristas", al estilo "Los granaínos y los nómadas), tres cositas:

1. El abuso de vocablos y expresiones "técnicas" de la (o de cierta) sociología: desde el título ampuloso a alguna oración (en la respuesta a un comentario) que directamente me rechina ("no es posible poder pensar el presente").
Quizás me pasó como al Obélix de los tebeos, que me caí en la marmita de las lecturas y los autores (leí muchísimo, y con pasión, en los primeros cursos) y acabé harto, convencido de que la mayoría de la literatura en CCSS (incluida buena parte de la "crítica") es palabrería construida sobre más palabrería, metáforas más o menos bonitas o ingeniosas para referirse a los hechos. El interés por leerse/escucharse a uno mismo está por encima de la conexión con lo real. O a lo mejor desde que me largué de la Facultad me he embrutecido, y me he convertido en un borreguillo de esos que no saben un carajo de modernidades, postmodernidades y demás.
Tú dabas una definición de la sociología (¿era de Gómez Arboleya?) que decía que era un saber (no una ciencia) que pretendía desvelar o hacer emerger lo que está oculto en esta nuestra sociedad. Y a mí eso me suena a esoterismo, a brujería, o a literatura-propaganda del márketing (penetrar en la mente de los consumidores para conocer sus más secretos deseos y blablabla). A todo lo que cuentas habría que añadir el caso particular de la sociología, como una disciplina académica hecha de remiendos (o de partes comunes con otras disciplinas) ensamblados por la verborrea de los distintos autores. Para mí llegó un punto en que estudiar no tenía sentido, porque era incapaz de explicarme qué cojones estaba estudiando. Aún hoy, más allá de algunos "nodos" (¡alerta, palabro sociológico!) aislados (y "sólidos"), sigo sin saber qué me estuvieron enseñando durante 5 años (aunque durante el último año y pico me tomé el aprendizaje como una serie de trámites, y casi recuperé la cordura).

2. Aunque no esté directamente relacionado con la entrada: tú en tus clases siempre criticabas la galaxia de "sociologías aplicadas" que nos enseñaban (?) en la facultad, y alguna vez te escuché que antes de ser profesor trabajabas como sociólogo, que tenías que "resolver problemas" (sic, no se qué historia de un pantano y un maletín de billetes) y no hacer resúmenes de estupideces; y que si diseñaras el plan de estudios pondrías "técnicas de investigación ¡a muerte!". La realidad es que la mayoría del estudiantado prefiere resumir estupideces o soltar una parrafada sin sentido y mal escrita (¡cuánto daño han hecho algunos postmodernos!) a tratar datos con un mínimo de rigor. Hay pánico a trabajar con números (¿esa asignatura "contigua" a la tuya en la que se tienen exámenes en el aula es Demografía?) y a veces se utiliza un discurso "crítico" como excusa (ciencia mala, técnica mala, libre pensamiento y charla pseudo-filósofica, buenos).

3. La Universidad y el mundo universitario van más allá de la Facultad de CCPP y Sociología de Granada (y de la cafetería de T. Social), y más allá de las Ciencias Sociales. Titulados y estudiantes de otras disciplinas también tienen exceso de asignaturas y prácticas absurdas, pero no "sufren" esa falta de sentido que teníamos (o tuve).

Nada más, creo. Como a menudo le doy un ojo al blog(aunque no pueda terminar de leer las entradas) pero nunca comento, creo que he intentado decir muchas cosas sin extenderme demasiado en ninguna (un desastre, vamos). Saludos de un ex alumno.

MTR

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Amigo MTR
Gracias por tu comentario. Sabes que un principio fundamental del tiempo presente que algunos llaman postmodernidad es que cada cual hace su lectura.
Tu comentario me parece muy elocuente en su conjunto e ilustra el texto de la entrada. La realización de lecturas fragmentadas, sin guía, centro definido ni interacción, conduce al estado de saturación que ambos enunciamos con distintas palabras. Tu mensaje es tan claro, que en un momento dado pensé que ibas a pedir una indemnización por daños.

Estoy de acuerdo en que mi escritura en el blog es descuidada. Algún amigo me lo reprocha. Escribo como si se tratase de una descarga y no pongo suficiente interés en la corrección.

Tu memoria es muy selectiva y dices varias cosas que tienen poco rigor. La definición sobre la sociología es efectivamente la de Gómez Arboleya, uno de los pioneros, cuya lectura confirma que el tiempo pasado era más sólido que el presente, en donde la sociología se encuentra penetrada por los saberes comerciales.
La definición es esta "La sociología es un modo de saber específico sobre la realidad social que está determinado... por la situación general de la vida humana, que tiene que ir descubriendo fatigosa y sucesivamente los sentidos de la realidad social...y por una situación peculiar que produjo un determinado modo de configurarse la realidad social, y, por tanto, un modo de sentirla e inteligirla. El mundo y la sociedad moderna posibilitaron y exigieron la constitución de la ociología".

Me parece una definición muy sólida y sigue siendo fundamento de mi visión y de mi trabajo como operador. Este mismo blog lo ilustra. Los sentidos...

Hay varias cosas que debía rectificar pero una es imprescindible. Se trata de la cuestión de las técnicas. En la enseñanza de la sociología el efecto de la disociación entre la teoría y las técnicas es demoledor. Asimismo, la explosión de sociologías especiales han disuelto el núcleo duro de la disciplina. Mi mensaje es que las técnicas tienen que recuperar las proporciones de su valor frente a las endebles y segmentadas teorizaciones de las sociologías sectoriales.

Si no ocurre así el inevitable resultado es el que muestras en tu comentario. Saturación, dispersión. pérdida de sentido y distanciamiento de la realidad. Esto es muy grave.

Por último, este no es un problema sólo de la sociología, aunque aquí se muestran los efectos de forma especialmente intensa, sino de toda la universidad. No hay nada en nuestra época separado de lo sistémico global.

Anónimo dijo...

Es cierto que en los años ´50 y ´60 de la España oscura hubo una comunidad intelectual y artística interesante, tapada, orillada y maltratada por el fascismo franquista. De ella formó parte Enrique G. Arboleya.

Y me pregunto si hay hoy esas comunidades del pensar y de la acción colectiva, pues sí, a pesar de la fragmentación, dispersión, entretenimiento, instrumentalidad, banalidad y saturación.
Es cierto que el orden y las redes del poder in-visibles hoy son fuertes y terroríficas. Pero no podemos vivir de la nostalgia, pues es un paño de lágrimas para no enfrentar ni generar nada. Pongamos la mirada y las manos en lo que hay, para empezar a hacer algo sobre ello.

Respecto a la ampulosa teoría o en el otro extremo a la tecnocracia de los resultados empíricos, creo mejor pensar con Bourdieu que ni una ni otra. Ni tanta empalagosa retórica alejada de lo cotidiano ni tanta tabla, código y aparente cientificismo para encontrar el mérito académico o el "impacto" oportuno.

Al fin y al cabo, como dice la honestidad, no deja de ser una profesión, "trabajador de la prueba" decía Bourdieu.

Y por cierto, más que la definición de la sociología, lo interesante de Arboleya es que bien supo adelantarse a ver que cada una y uno de nosotros iba convirtiéndose aceleradamente en administrador de las cosas, más que creador de las mismas. Y esa es la clave de esa racionalidad total que todo lo empapa y que como dice Alba Rico o Juan Carlos Rodríguez, de ese capitalismo que nos hace libres, artilleros, sufridores, todo en lo mismo y que no nos permite contemplar y hacer otra vida.

Salud y diálogo creativo. ¿Para cuando unas Jornadas?

nano.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Nano
disculpa el retraso en contestar pero estos días me he convertido en un examinador intensivo. Es la peor faceta del trabajo de profe.

Mi alusión a la obra de Arboleya no se relaciona con nostalgia por el pasado. Está claro que hay que actuar sobre el presente, comparto esta afirmación. En el caso de la sociología académica es difícil encontrar alguna grieta a través de la que actuar. Es lisa, integralmente lisa.
Respecto a la sugerencia de las jornadas, la capacidad de convocar desde este blog es tan limitada que hace bueno ese gran concepto reapropiado por los mejores movimientos sociales del presente. Este es un blog molecular.
Lo que sí es posible es una cerveza conversada.

Anónimo dijo...

Joder que debate!!!

Y Juan, Nano y compañía cuáles son

los efectos, las consecuencias de los cambios en la vida profesional del PDI
universitario???

Está bien analizar al estudiantado, aunque seamos más moleculares en la militancia (al menos en Chile), aunque tb. hay mucho oportunista. Pero qué es del PDI gestor de su propio CV, su carrerismo atomizado, agresivo y contra cualquier noción de lo público y la buena docencia e investigación seria.

Pedro,
Del SAT e investiagador con múltiples trabajos

Anónimo dijo...

. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
EN LA CONDUCCION DIARIA

Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

Ejemplo:

Ceder el paso a un peatón.

Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

Poner un intermitente

Cada vez que cedes el paso a un peatón

o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


Atentamente:
Joaquin Gorreta 55 años