Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

miércoles, 13 de mayo de 2020

SALUD PÚBLICA Y SECURITIZACIÓN


He pasado una gran parte de mi vida profesional en el campo de la salud, desempeñándome como sociólogo. En este blog he escrito varios post con el significativo título de “Memorias de la extravagancia”, con el que quería afirmar mi posición marginal en un campo cerrado y blindado al exterior como es el de la profesión médica, y también la enfermería. Contar con la presencia de un sociólogo, era de facto una extravagancia que remitía a fugaces viajes al exterior del campo, para retornar a la pétrea realidad organizada en torno a la salud. Los esquemas referenciales compartidos por los habitantes de este mundo, se agotan en las densas realidades implicadas en la atención a la salud. El resultado es que lo exterior, el entorno, queda drásticamente reducido por el fulgor emitido por la salud-sol que reina en esta galaxia.

La crisis del Covid-19 ha reforzado la sectorialidad de una forma inquietante, de modo que incluso los segmentos profesionales más abiertos al más allá de la salud, han experimentado una conmoción que les ha hecho retornar al centro de la tierra-salud. Así, la mayor parte de los profesionales progresistas, piensan las estrategias de afrontamiento de la crisis sanitaria en términos radicalmente sanitaristas, haciendo abstracción de otras dimensiones de sus decisiones. Profesionales progresistas hasta hace pocos días, propugnan medidas de intervención que implican la supresión de las libertades y la conformación de un poder médico-epidemiológico aplastante, que ocupa una posición central en el estado, interviniendo brutalmente sobre la población, que es reducida a un agregado de personas rastreables y vigiladas. Cualquier desviación es considerada como un acto penalizable, que es remitido a la policía para ser sancionado.

No. El confinamiento no es solamente una estrategia de control de la expansión del virus.  Esta no ocurre en el vacío social, tal y como vuestras percepciones e interpretaciones afirman. Por el contrario, el confinamiento implica un fortalecimiento sin precedentes de la razón de estado en una estructura social dual, dominada por varios complejos económicos en los que brillan distintas empresas que tienen objetivos manifiestos que se ubican más allá de su propia producción. El confinamiento y la desescalada es un experimento de control político y social que carece de antecedentes, y que puede considerarse como irreversible, siendo un componente de lo que con enjundia se denomina “la nueva realidad”.

En el último número de Le Monde Diplomatique, en su edición en español, viene un interesante artículo de Félix Tréguer con el título de “Frente a la emergencia sanitaria apuesta por la seguridad". Este inscribe la crisis sanitaria y el confinamiento en un escenario histórico caracterizado por la implementación de un nuevo control digital de masas, realizado por un complejo de empresas globales. Este es el complejo tecnológico-securitario. Históricamente supone un tránsito acelerado a una situación en la que la seguridad se sobrepone manifiestamente sobre la libertad.  Esta crisis precisamente, supone un hito en la consolidación de un nuevo capitalismo de la vigilancia, en el que el dispositivo médico-epidemiológico ensaya un experimento de control masivo legitimado por el miedo colectivo, debido justamente a la ausencia de un tratamiento para esta peste posmoderna.

El primer párrafo es altamente elocuente: “ En Australia Occidental, el gobernador tiene ahora potestad para imponer brazaletes electrónicos a las personas potencialmente infectadas por coronavirus y puestas en aislamiento. En China, la temperatura corporal de los repartidores de comida a domicilio aparece junto a su geolocalización en el Smartphone de los destinatarios; a estos también se los rastrea para evaluar su riesgo de contagiosidad y deducir de él un código de color que condiciona el acceso a los centros de trabajo, al transporte o a las zonas residenciales. Los agentes de policía chinos también van provistos con gafas de realidad aumentada. Conectadas a unas cámaras térmicas que llevan en el casco, les permiten detectar a las personas febriles entre las multitudes. Mediante una aplicación instalada en los teléfonos móviles, los residentes polacos puestos en cuarentena deben autentificarse ante la policía enviando con regularidad un autorretrato digital(selfie) tomado en casa. Y en cuanto a Nueva Zelanda, la policía ha puesto en marcha una plataforma digital de delación, en la que se invita a los ciudadanos a denunciar los incumplimientos de las medidas de contención que pudieran presenciar”.

El núcleo argumental de Tréguer es resaltar que la emergencia sanitaria del Covid-19 implica un colapso del sistema sanitario, que no puede responder por la ausencia de un tratamiento. En esta situación se recurre al confinamiento para proteger a la población de sí misma, es decir, de aquellas personas infectadas. Pero este deviene en un mecanismo gigantesco de vigilancia, que es realizada mediante la movilización del complejo industrial securitario. La OMS, en colaboración con la Fundación Bill y Melinda Gates, apostaron por los algoritmos y el Big Data, en la creencia de que el análisis de datos masivos puede anticipar las respuestas.

Pero estas tecnologías han mostrado sus limitaciones para el control del problema.  Sus resultados tienen como contrapartida la supresión radical de las libertades. El modelo chino, polarizado en aislar la población, localizar a los infectados y rastrear sus relaciones, se impone en todas partes como paradigma de la eficacia, haciendo abstracción de las otras dimensiones de este formidable dispositivo de control. Tréguer afirma que esta apoteosis de intervención estatal se funda en las experiencias previas de control de lo que se entiende como “desviación social”. Los métodos aplicados en el control de delincuentes, rebeldes, psiquiatrizados, marginados y otras categorías estigmatizadas, ahora se aplican a escala de toda la población. También los aplicados al terrorismo.

La sólida alianza entre la salud pública y la razón de estado se remonta al pasado. Todas las anteriores pandemias reforzaron el poder de los estados, inventaron nuevas prácticas policiales y métodos para el fichaje y vigilancia de los ciudadanos.  Ahora, la obligación de convivir con el Smartphone dotado de aplicaciones de rastreo, permiten a los poderes públicos visibilizar y conservar el historial de contactos de cada individuo. Esta intervención constituye una sofisticación totalitaria sin precedentes. Me permito decir a los médicos y salubristas progresistas, fascinados por su posición de control sobre la población, que es imposible pensar el cambio en una sociedad así. Con esta tecnología de control hubiera sido imposible el movimiento sindical, feminista, ecologista o pacifista. Las posibilidades de cualquier proyecto de cambio se cierran en una situación así.

Tréguer subraya que este posicionamiento por estrategias de control perjudica a las estrategias convencionales de intervención, basadas en la obtención de influencia en la población. Las terribles imágenes del epidemiólogo-monarca, ubicado en el centro del plató, y rodeado de varios severos uniformados portadores de discursos coercitivos y amenazadores, son elocuentes. Quien disienta es un incumplidor y caerá sobre él peso del estado, este es el mensaje emitido por las autoridades del estado de alerta (excepción). Me invade un sentimiento de vergüenza, en tanto que varias personas que he conocido personalmente se encuentran involucradas en esta situación a alto nivel, ajenas a sus consecuencias extrasanitarias.

Esta apuesta por la securitización favorece a las empresas globales del sector digital, que devienen en los beneficiarios netos y consolidan sus proyectos empresariales. Google, Facebook, Microsoft, Apple, Amazon y otros nobles de la digitalización, se convierten en los nuevos señores del aire. El capitalismo de la vigilancia triunfa contundentemente, legitimando sus proyectos económicos y sociales. Ahora son los socios preferentes en la tarea providencial del nuevo estado epidemiológico de controlar severamente a la población. En el artículo se destaca la paradoja de que esta santa alianza con las empresas del complejo securitario debilita los servicios públicos mediante la evasión fiscal, las lógicas de gestión y subcontratación ensayadas en estas empresas, y que terminan por importarse al nuevo estado de la vigilancia. Así se construye la vulneración de las libertades públicas asistida por ordenador.

La galaxia de la salud manifiesta su descentramiento radical, contribuyendo activamente, e involuntariamente en la mayoría de los casos,  a la conformación de un nuevo orden de vigilancia totalitaria, que pone en manos de los estados y sus socios del complejo empresarial securitario, unas herramientas que les permiten neutralizar en el presente y futuro cualquier movimiento de disidencia. Tras tantos años como compañero de viaje, ahora la bifurcación es inevitable. El sesgo sectorial conduce a una catástrofe civilizatoria. Lo peor radica, paradójicamente, en que los más perjudicados en este gran ensayo de control son, precisamente, los enfermos y los mayores. Estas son las víctimas de la no-vida congelada y confinada, que les espera por el efecto de la gestión del Covid-9. Hoy he leído en un periódico asturiano que la mitad de la población, mayores sobre todo, no se atrevía a salir a la calle todavía. Propongo que les concedan el próximo premio de Princesa de Asturias por su autosacrificio e internalización del miedo, que los hace precursores de la vida vaciada y enjaulada imprescindible para mantener tan alta esperanza de vida.


6 comentarios:

Antonio Escolar dijo...

Al hilo de algunas de tus reflexiones merece la pena leer las de Naomi Klein en:
https://theintercept.com/2020/05/08/andrew-cuomo-eric-schmidt-coronavirus-tech-shock-doctrine/

Saludos,

Antonio Escolar

juan irigoyen dijo...

Saludos cordiales Antonio, es un placer verte por estas páginas. Noami Klein es un ejemplo de una visión general de las sociedades del presente, lo que le permite no extraviarse en senderos sectoriales. Sí, confinamiento en las nuevas casas carcel transparentes al poder y vigiladas las 24 horas del día. En una situación así me pregunto si se puede seguir hablando de democracia.

Anónimo dijo...

Con gran belleza describe una realidad de la cual no dejo de asombrarme cada vez más a la par que el círculo del poder se cierra sobre nosotros. Estoy triste.

Futbolín dijo...

Pues estar confinado no es agradable y el control por parte de los estados tampoco, ¿pero eso es una novedad? desde que nos dieron el DNI estamos controlados, pero son las mentes que mediante las televisiones basicamente están controladas a mi ese es el que me da miedo y no es de ahora mismo, viene de lejos. Por otra parte desde luego no me mato por salir, soy junto con mi computadora extraordinariamente casero, otros desde luego ni computadora ni casa ni nada de nada, eso también me da miedo y esto que me mandan y me consta que es verdad también me da miedo, lo confieso: "Todavía después de tantos fallecimientos, la gente no se toma en serio esto, que por desgracia nos está pasando, a ver si explícalo de esta manera lo entienden de una vez.
Se habla de reanimación o ventilación pero mucha gente no sabe lo que en La verdad es trata.
No se trata de una máscara de oxígeno puesto en la boca mientras usted disfruta acostado pensando en su vida ...
La ventilación invasiva para el COVID19 (intubación que se hace bajo anestesia general) consiste e n quedarse 2 a 3 semanas sin moverse, muchas veces boca abajo (decúbito prono) con un tubo en la boca hasta la tráquea y que le permite respirar al ritmo de la máquina! a la que está conectado.
Usted no puede hablar ni comer ni hacer nada de manera natural.
La molestia y el dolor que siente necesitan de la administración de sedantes y analgésicos para garantizar la tolerancia al tubo. Durante el tiempo que el paciente necesita la máquina para respirar todo esto durante un coma artificial.
En 20 días de este tratamiento en un paciente joven, la pérdida de masa muscular es del 40% y la reeducación será de 6 a 12 meses, asociada a traumatismos de la boca o de las cuerdas vocales.
¡Es por esta razón que las personas mayores o ya frágiles no aguantan!
"Si llegaste hasta aquí, te agradecería compartimientos para que entre todos tomemos en serio esto, ahora que se va a volver a salir ... que sigan por favor las indicaciones y se lo tomen más en serio". Un abrazo al personal de riesgo :-))

Lirón Careto dijo...

Hola Juan,

¿Podriamos aplicar el concepto de institución total al conjunto de la sociedad en la situación actual?

Según Goffman en INTERNADOS (1961:13):

“lugar de residencia o trabajo, donde un gran número de individuos en igual situación, aislados de la sociedad por un periodo apreciable de tiempo, comparten en su encierro una rutina diaria, administrada formalmente”

juan irigoyen dijo...

Gracias Lirón. La situación de la sociedad en confinamiento presenta analogías con el concepto de Goffman, pero también diferencias. La institución total tiene un localización definida, así como su población. La población confinada lo es de modo provisional, para ser subjetivada para un confinamiento abierto y más flexible, y quizás intermitente. Cambia el tipo de control ejercido y la finalidad, que es vigilar y aislar a varias categorías de sujetos, y no a la totalidad, como en los internados.
Pienso que el experimento del confinamiento es la invención de una nueva institución que se puede definir como un campo de concentración abierto, en el que habitan distintas clases de confinados. Los enfermos (patologías previas) y los ancianos, tienden al confinamiento total, y los demás son gobernados por otras lógicas.