Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

jueves, 26 de marzo de 2020

JAVIER AYMAT CONTRA GOLDFINGER Y EL DR. NO


Según pasan los días de encierro se acrecienta la unanimidad en torno a las medidas de excepción. Los receptores sitiados buscan afanosamente libertadores, al tiempo que enemigos, que suponen imaginariamente vinculados al virus, actuando como sus anfitriones. El estado de alerta atenta contra la inteligencia, coaccionando a las personas que tienen dudas u objeciones fundadas acerca de la definición de la pandemia y a sus respuestas. Así se reintroduce la proverbial autocensura, que deviene en una invariante de la sociedad española. Esta es la razón por la que estimo muy positivamente a aquellos que rompen el monopolio de la coacción y el temor, ayudando a quienes seguimos abiertos a pensar.

Ayer me llegó un texto de Javier Aymat, criticando la oleada de histeria colectiva y cuestionando las medidas radicales para la gestión de la pandemia. No conocía a Javier, que es un periodista que habita en su blog “Diario de Tierra”. Se define a sí mismo como “autor”, lo que entiendo como un acto de autoafirmación e independencia, que contrasta con los periodistas cada vez más encuadrados en grupos mediáticos. En este artículo  se ubica a contracorriente, que en este tiempo es esencial para la sobrevivencia de los que piensan y dicen con independencia de las instituciones. 

En este trabajo, cuyo título es “La histeria interminable”, discute la valoración que las autoridades hacen de la epidemia del COVID-19, y critica las respuestas a este problema, en las que entiende que los medios tienen un papel determinante.  Parafraseando a un experto tan relevante como Pablo Goldsmith, entiende este acontecimiento como parte de un fenómeno más general, que define como “acoso científico-mediático” a los gobiernos. Apunta que la pandemia forma parte de los repertorios de intervención gubernamental de estos últimos años. Critica la actuación de la OMS, poniendo de manifiesto su estatuto neutral que le blinda de las críticas, en contraste con el FMI y otras organizaciones internacionales. Termina examinando los efectos perversos de la inmovilización de la población.

El trabajo utiliza como fuentes a destacados profesionales de la salud relegados por los gobiernos, los medios y las organizaciones globales. Wolfang Wodarg, Manuel Elkin, Pablo Goldsmith, Vageesh Jain, John P.A, Ioannidis o Andreu Segura, nutren el texto con sus aportaciones. El rigor con que presenta sus fuentes es infrecuente en el periodismo y la blogosfera. Asimismo, los numerosos comentarios y las respuestas que completan el artículo, resultan extremadamente estimulantes. 

Resalta el vínculo que establece entre las políticas gubernamentales e intereses económicos de grupos industriales y científicos. En anteriores pandemias se ha evidenciado esta cuestión. Dice que los laboratorios “pastorearon” a los gobiernos en la epidemia de la gripe A y otras análogas.  También apunta a la emergencia de mercados estimulados por la alarma mediática: mascarillas, test, alimentos, medicamentos y otros. Pero la sugerencia de que grupos mediáticos y científicos se han convertido en grupos de presión, dotados de una influencia incuestionable, representa una restricción de la democracia.

Pone de manifiesto los efectos perversos de las definiciones apocalípticas vinculadas a la pandemia, que generan más problemas que beneficios. Asimismo, afirma que las respuestas de convertirnos a todos en enfermos mediante la inculcación del miedo, implican la paradoja de “ir al abismo para evitarlo”. La supresión de las libertades, el vaciamiento del espacio público, así como la ocupación de este por el ejército y fuerzas de seguridad, tienen implicaciones manifiestamente perversas. La ratificación de que el enemigo del pueblo es un virus, nunca puede ser inocente.

La idea principal se puede sintetizar en que la reacción produce más daños que el propio virus. Sus efectos económicos serán catastróficos, pero, aún peor, en el campo estricto de la salud se incrementarán las enfermedades evitables, muchas de estas no serán bien tratadas y aumentarán las muertes por las patologías convencionales. Se pueden añadir los daños psicológicos, emocionales, relacionales y físicos en la población aislada. En resumen, las respuestas mediático-gubernamentales han hecho al virus más grande de lo que es.

Recomiendo su lectura, entendiendo que abre la cuestión frente al cierre cognitivo propiciado por la unanimidad y el consiguiente autoritarismo. Textos así son excluidos radicalmente del espacio mediático.

Su descubrimiento en la situación vigente, ha traído a mi memoria las viejas pelis del agente 007. En ellas se confrontaba con malotes de una gran envergadura, que amenazaban a la humanidad. Ha sido imposible soslayar a Julius No, de “Agente 007 contra el Dr No” o Auric Goldfinger, de “James Bond contra Goldfinger”. Esta noche he soñado con algún metistofélico malvado que se había infiltrado en la OMS, suscitando la catástrofe del COVID-19. No recuerdo bien quién fue el 007 que nos liberó, pero al despertar he agradecido a Javier Aymat su fuga de la unanimidad y su aportación para que la bogosfera sea más habitable.

12 comentarios:

Patricia dijo...

Hola. Ayer murió un primo mío, de 89 años, porque le quitaron su paseo diario de media horita por el barrio. Tenía diabetes y por eso le venía genial caminar.

juan irigoyen dijo...

Lo siento Patricia. También soy diabético y entiendo la importancia decaminar. Mucha gente encerrada en sus casas está sufriendo y va a ser penalizada por el estado de alerta.

Unknown dijo...

¿Por que sera que la razón de la fuerza siempre gana a la fuerza de la razón?

Unknown dijo...

A mí lo del covid me parece efectivamente un cuento y por eso he dado con tu blog, ahora bien, Juan, he leído que la gente con diabetes sí que se muere con el virus, así que cuídate.

Nabil dijo...

Gracias por esta referencia, por seguir escribiendo e incitando a la reflexión, Juan. Curiosamente, leo tu publicación al día siguiente de haber leído (gratamente) el texto de Javier Aymat. Saludos de un joven médico de familia que tuvo la suerte de ser alumno tuyo.

juan irigoyen dijo...

Saludos cordiales Nabil. Me acuerdo perfectamente de ti y de la edición del curso de sociología de la salud en la que coincidimos. Los cuatro entonces estudiantes de medicina, desempeñásteis un papel fundamental. Yo sí que he tenido suerte con vosotros. Después te he visto por ahí, creo que en el SIAP de Bilbao. Me alegra mucho que seas un médico generalista.

aymatguau dijo...

Buenas Juan, soy Javier Aymat ayer publiqué un comentario aquí pero no sé si lo mandé bien al final.
Te decía que aunque haré alguna entrevista y quiero tomar distancia del tema, encontré ayer este post tuyo en tu blog y lo disfruté mucho, incluso me he reído con el título. Te lo agradezco en el alma, lo necesitaba.
Lo pongo en mi muro de FB.
Tu mensaje en una botella ha llegado de tu pequeña isla, a la mía.
Un abrazo

Isabel dijo...

El artículo es demasiado largo. Creo que he leído un 15 %. Por eso estoy de acuerdo con lo que dice al principio y también en mantener el espíritu crítico. Tu artículo es del 22 de marzo; hoy 28 de marzo las cifras son más altas. No he entendido que se puedan pasear perros y yo no me pueda pasear. Entiendo el aislamiento, pero normalmente yo comparto los virus con mi pareja y no podemos ni salir a comprar juntos. No podemos abandonar la.
racionalidad

Isabel dijo...

El artículo es del 22 de marzo y hoy 28 de marzo hay muchos más muertos. Cuando esto este acabado será el momento de hacer balance.
No me parece racional que se pueda pasear al perro y las personas no se puedan pasear. Los que viven juntos normalmente comparten los virus, ni me parece racional que no puedan salir juntos la calle. No podemos perder la racionalidad. Tampoco podemos disfrutar de una parcela común aunque no coincidamos...! No lo entiendo! Y me creía inteligente...!



juan irigoyen dijo...

Gracias Javier. Para mí ha sido una buena experiencia esta comunicación interinsular. Yo sí seguiré dándole más vueltas a este tema.
Un abrazo

pessoa6 dijo...

Ayer fallecieron 838 personas que no sabían que estaban histéricas teniendo una simple gripe. Y no han tenido el placer de leer su estupendo articulo basado en una enormidad de científicos.

aymatguau dijo...

Cuidado con ironizar con las víctimas. Yo nunca he dicho que sea una simple gripe, de hecho hablo de un "virus de esta envergadura".

Curiosamente, en esa fecha que mencionas, murió de coronavirus el padre de una amigo mío al que le tenía mucho afecto.

Que yo exponga reflexiones de otras personas o las mías sobre otra serie de medidas no da pie, de ninguna manera, a que ironices sobre si 838 personas que fallecieron leyeron o no mi artículo. Me parece totalmente fuera de lugar