Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

domingo, 14 de julio de 2019

LOS RESIDUOS HUMANOS DE LA UNIVERSIDAD


La universidad, exactamente como la empresa, está encargada de producir incompetentes sociales, presas fáciles de la dominación y de la red de autoridades…El hecho de que la formación universitaria pueda ser acortada y simplificada y que la empresa pueda <<calificar>> en unas horas o en algunos días prueba simplemente que cuanto más crece el acervo cultural y tecnológico, así como el propio saber, tanto menos se debe enseñar y tanto menos se debe aprender. Ya que de lo contrario, la universidad, y la educación, en general, ofrecerían a los sujetos sociales algunas condiciones de control de su trabajo, algún poder de decisión y de veto, alguna forma concreta de participación (sea en el proceso educativo, sea en el proceso de trabajo).

Marilena Chauí. La ideología de la competencia. De la regulación fordista a la sociedad del conocimiento.

En estos días recibo noticias de uno de los habitantes de las aulas en las que me hice presente tanto años. Se trata de una persona muy inteligente, dotado además de varias cualidades esenciales y de origen social bajo. En las clases y las pruebas demostró una capacidad muy considerable, también una identificación con las ciencias sociales mucho mayor que el común de compradores de créditos que compartían con él el aula. Tras la conclusión de los estudios con un expediente académico muy bien dotado, cursó el máster del departamento, también con un resultado brillante. Después obtuvo en la Universidad Complutense una beca de investigación bien dotada para cursar su doctorado. Su tutor fue uno de los profesores más relevantes y originales de la sociología española.

Tras obtener el título de doctor, ha habitado la jungla en la que se procede a la selección de aquellos escogidos que tienen la oportunidad de seguir desempeñando tareas de docencia e investigación en las escuálidas universidades de después de la reforma neoliberal. Este es un territorio en el que las agencias impulsan la competencia por la producción de méritos que se cuentan y se pesan según las medidas establecidas por ellas mismas, guiadas por los criterios derivados de la ideología de la competencia neoliberal imperante. En este hábitat se produce una competencia desigual que favorece manifiestamente a aquellos que disponen de recursos académicos fundados en su solvencia económica.

Así, los que pueden financiarse varios años dedicados a la producción de méritos, que incluye los desplazamientos a universidades del nuevo espacio académico global, así como un capital relacional fundado en la solvencia de sus credenciales económicas, sociales , que posibilitan “alternar” con élites profesionales y académicas, adquieren unas ventajas fundamentales sobre aquellos que, como en este caso, se encuentran en una situación de carencia de recursos, teniendo que resolver problemas de sobrevivencia. La reforma universitaria refuerza considerablemente la desigualdad.

Resulta que mi amigo ha terminado por seguir la pauta de las víctimas de los depredadores institucionales de la jungla de la aneca y agencias similares, que es el retorno al origen, cargado de saberes, titulaciones y expectativas incumplidas. Como en el caso de Superman, el retorno a su planeta desactiva sus potencialidades adquiridas durante tantos años de trabajo académico exigente.  Su situación laboral es crítica, en tanto que sus credenciales representan utilidades para un mercado de trabajo académico, del que ha sido descartado. Para cualquier otro mercado laboral, sus acreditaciones representan una pesada carga en un mundo social en el que la formación es mera instrucción. De ahí la pertinencia de la cita de Chauí que abre esta entrada.

Este caso ilustra acerca de un problema mudo que no es visibilizado. Se trata de los numerosos descartados en las selvas académicas por la acción de los nuevos poderes tecnocráticos de las agencias, que ponen en escena la última versión del precepto de “muchos son los llamados, pero pocos los escogidos”. El problema radica en que, transformada la universidad en una fábrica de méritos autorreferencial, pone en marcha procesos en los que se despilfarran múltiples recursos, resultando un contingente de descartados que adquieren la condición de verdaderos residuos humanos. Me parece que la dilapidación de inteligencia y saber que se origina en este siniestro proceso constituye una tragedia. El problema de fondo es que el sistema productivo no los necesita. Este es el argumento esencial de esta fatalidad de la inteligencia.

La reforma neoliberal de la universidad se ha consumado sin contratiempos y con unas tensiones mínimas. Ha conseguido todos sus objetivos con una facilidad pasmosa y una resistencia escasa, dispersa y menguante. El motor de esta clase de reformas es la reestructuración del espacio académico mediante una individuación severa. Cada cual asume el imperativo de cumplir con los cánones de la carrera profesional. De este modo se disgrega el tejido social, que se recompone subordinado a las reglas de maximizar su aportación individual. El nuevo social se encuentra representado por las coaliciones en la imperiosa maximización en la producción de méritos. Así se construyen las complicidades necesarias para asentar la reforma, que concita los apoyos tácitos de los sobrevivientes a la misma, sustentados en la nueva razón de la maximización en la acumulación de méritos facturados industrialmente.

La nueva universidad, resultante de esta reforma, muestra impúdicamente el éxito rotundo de su capacidad de subjetivación. Esta se sobrepone a las viejas ideologías políticas y sociales. Todos asumen integralmente el principio de competencia neoliberal, acomodándolo sin problemas a su cotidianeidad. El resultado es el desvanecimiento de cualquier oposición efectiva. El avance inapelable de la reforma en la vida académica y las cotidianeidades vividas, es simultáneo con algunos conflictos en los que los actores regresan al universo del siglo XIX, poniendo en práctica saberes, métodos y repertorios de acción radicalmente periclitados.

Recuerdo que cuando escribí una de las entradas en este blog, en la que desvelaba una de las formas del principio de competencia neoliberal, que es el currículum vitae simplificado, una de las víctimas de los depredadores que habitan estas junglas, envió un comentario afirmando que ese currículum era colaborativo y compartido. Mi desolación alcanzó el nivel máximo posible al constatar el éxito irremediable de la subjetivación neoliberal. Este amigo había sido construido como un bambi para alimentar la leyenda de los triunfadores en la producción de méritos, que alardean de su victoria en esa supuesta competencia.

El aspecto más problemático de la nueva universidad neoliberal es el de la posición en la que queda la vieja izquierda académica. El guion de la reforma exige imperativamente y sin excepción posible, participar activamente en los procesos de producción de méritos, así como en los de la selección y descarte de los residuos humanos. El cinismo de las élites de la izquierda académica es inevitable. Su acción compatibiliza el silencio con respecto a la propia realidad académica, con sus posicionamientos con respecto a factores económicos, sociales y culturales exteriores. Así su fervorosa adhesión a las movilizaciones de los mineros asturianos, sancionados como héroes de la clase trabajadora. Por el contrario, los descartados académicos, los residuos sólidos humanos de la aplicación del principio de la competencia neoliberal, carecen de cualquier discurso que los rehabilite como sujetos políticos y sociales. Se les asigna de facto la etiqueta de sospechosos de incompetencia.

Los residuos humanos de los procesos de competencia académica no tienen quien les escriba. Su destino es agregarse a los grandes contingentes de precarios que rotan para asegurar el funcionamiento de la producción inmaterial. Estas son historias sórdidas. Por eso concluyo rompiendo con la pauta que sigue este blog de no utilizar palabras chabacanas. Mierda de universidad y mierda de todos aquellos cómplices en la producción de residuos humanos sólidos. Todavía no descarto vivir alguna revuelta que dignifique al pueblo de los candidatos imposibles del impúdico proceso de selección de la nueva universidad.




2 comentarios:

Mercedes dijo...

Me alegro por la ruptura. Ya era hora de decir verdades sin tanto adjetivo objetivo neutro...
Las revueltas ya sabes...son urbanas, hay más vida ahí fuera.
¡Qué buena está la mermelada de albaricoque recién hecha!
Un saludo de una vieja alumna de Granada que no quiso ser un residuo humano de la universidad, más bien, libre criatura creadora. Un abrazo Juan desde los campos cultivados.
Fuiste mi única inspiración en la universidad, siempre quise decírtelo, gracias.
Mercedes

juan irigoyen dijo...

Gracias Mercedes. Siempre he sido consciente de que la vida estaba fuera de esos muros terribles que encierran la universidad y cercan la inteligencia de los aparcados allí. He dicho mil veces en público que la universidad era mi segunda clandestinidad.
Libre y criatura creadora, ningún profe puede afirmar eso de sí mismo en las condiciones terribles de esta institución.
Un abrazo