Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

domingo, 13 de mayo de 2018

LA HUELGA DE LOS MIR EN GRANADA Y LA FARFOLLA GERENCIAL


La huelga de los MIR en Granada es un indicador del deterioro profundo del sistema sanitario público. Este se encuentra representado en los imaginarios profesionales y colectivos como una consecuencia de los recortes presupuestarios que se asignan a la mitológica crisis. Pero esta regresión remite a causas más profundas que se encuentran más allá de los indicadores. En términos históricos,  el sistema sanitario público resultante de las grandes reformas sanitarias de los ochenta, manifiesta su progresiva decrepitud por efecto de las grandes transformaciones sociales operadas en su entorno, que pueden ser sintetizadas en el ascenso fulgurante del mercado y la reestructuración del estado. Desde esta perspectiva se pueden entender los sucesivos acontecimientos críticos como un proceso de descomposición del sistema sanitario asociado al viejo estado de bienestar, así como la emergencia de un nuevo sistema de salud congruente con la reestructuración en curso.

La huelga de los MIR no puede ser entendida como un mero conflicto de interés entre estos y la empresa. Por el contrario, se trata de un efecto de los procesos macrosociales que se desarrollan en los últimos treinta años. La preponderancia del mercado y la reforma radical del estado se ubican mucho más allá de los presupuestos menguantes. Las reformas se inspiran en un sistema de supuestos y sentidos inverso al que portaba el histórico estado del bienestar. La metamorfosis del concepto de valor,  de la salud, la empresarización y la clientelización, constituyen la espina dorsal de las nuevas propuestas. Todas ellas implican la importación al sistema sanitario de unas instituciones emergentes en su entorno. Estas imponen sus sentidos en un campo en el que las antiguas profesiones dominantes son reconvertidas drásticamente. La gestión es la institución estrella que impulsa los cambios, escoltada por la constelación de los recursos humanos, el marketing y la publicidad.

Las vigorosas reformas neoliberales se asientan gradualmente en el campo sanitario modificando sus estructuras, prácticas profesionales y culturas. Aún a pesar de su voluntad de no ser perceptibles, sus efectos son demoledores. Las antiguas organizaciones sanitarias experimentan un shock considerable, al ser colonizadas por instituciones extrañas. Así se instaura un tiempo en el que las organizaciones sanitarias no son ni las convencionales ni las nuevas. Este tiempo de no estar ni aquí ni allí, genera varias clases de anomias que se instalan en las realidades sanitarias. Sus efectos son verdaderamente letales para los profesionales.

El lado oscuro de la colonización gerencial del sistema radica en que una buena parte de sus propuestas son, en términos operativos, ficciones. Estas se asientan en el imaginario de la calidad que se instala simultáneamente a la disminución de los recursos. La función de la institución-gestión es disolver un orden organizacional en el que impera la autonomía profesional. La estrategia se funda en subvertir las culturas profesionales convencionales. Las políticas sanitarias modifican las significaciones, convirtiendo a los profesionales en proveedores de servicios, así como a los pacientes en clientes. Como este cambio no es plausible,  produce una desorganización considerable que debilita a los profesionales, en tanto que habitantes de un mundo ficcional. Las ideologías de la excelencia y la calidad se instauran sobre una reducción de plantillas, merma de recursos materiales, recortes de servicios básicos, rebajas en los dispositivos de urgencias, restricción de servicios hospitalarios y –utilizo una palabra elegante- decrecimiento acumulativo de la atención primaria.

Una paradoja fundamental en el proceso de reestructuración neoliberal español, que constituye una pista esencial, es que los recortes se concentran en los equipos y los profesionales. Estos son drásticos y concluyentes. Pero, al mismo tiempo, se sigue invirtiendo en los edificios e instalaciones. La incentivación a la construcción es el verdadero móvil de las políticas públicas del crecimiento. Cada vez mejores instalaciones para plantillas más menguadas y en condiciones incrementales de degradación laboral.

En un estado de transición permanente hacia el quimérico reino de la excelencia, todo deviene en ficción. Entre estas sobresale una esencial. Se trata de la expansión de la función-gestión que se extiende a todos los espacios del sistema sanitario. Una legión de gerentes, directores, asesores, expertos en los misterios de la calidad y otras ensoñaciones, se hace presente en todas las realidades. El argumento sobre el que se funda esta conquista radica en otra ficción: se supone que cada centro es una unidad autónoma que compite con las demás. La función-gestión se asienta tras esta pretensión. Pero la verdad es que este ejército de expertos en las instituciones de la empresa carece de raíces en los centros sanitarios, en tanto que el sistema sanitario sigue funcionando como una pirámide jerárquica convencional rigurosamente centralizada.

De este modo los gestores y expertos que se expanden en los centros son los brazos ejecutores de los aparatos centralizados que los dirigen. La inexistencia fáctica de autonomía los convierte en una extraña entidad cuya naturaleza es equivalente a una burocracia convencional, cuanto no a una versión de los ancestrales comisarios políticos. Aquí radica una de las perversiones más relevantes del sistema sanitario. La acumulación de cargos y carguillos que devienen en pesadas cargas. Esta ficción de la función gerencial constituye una farfolla. De ahí el título de este texto. Pero, al contrario que en el caso de los profesionales menguantes, las huestes gerenciales se sobreponen a las restricciones de recursos y su presencia es creciente.

Las legiones de gestores y asesores son reclutadas en los bajos fondos de la profesión médica y la enfermería, privilegiando los perfiles de carreras profesionales bloqueadas, que son compatibles con la adhesión política. También entre nuevas profesiones vinculadas a la expansión de la empresa postfordista, economistas principalmente. Así se conforma un personal estrictamente dependiente y obediente, que simultanea su gratitud con la disposición a ejecutar las directrices emanadas de las conserjerías, que se constituyen como un generoso patrón, a la vez que un exigente jefe. Los nuevos legionarios de la gestión adquieren la naturaleza de ejecutores de directrices, siempre atentos a las señales que, como en el caso de todos los dioses, llegan desde arriba. Su vínculo laboral precario contribuye a su condición de artistas de la docilidad.

Todos los argumentos expuestos hasta aquí convergen en una cuestión esencial. La forma específica de realizar la gran reestructuración de los sistemas sanitarios procedentes del estado del bienestar es degradar el servicio. No se puede entender las coherencias de las nuevas políticas sanitarias sin confirmar esta cuestión. Así se produce un circuito fatal. Los sectores sociales vulnerabilizados, incapaces de concurrir a mercados en los que puedan comprar servicios médicos, son perjudicados mediante el deterioro del sistema público, de la atención primaria y las urgencias principalmente, en tanto que las consultas de especialistas siempre han estado deterioradas. La clave se encuentra en la frase pronunciada por una artista anónima de la época,  la diputada del pepé Andrea Fabra, dirigida a los parados “que se jodan”. Este no es un lapsus lingüístico, sino la expresión del inconsciente colectivo de los autores de la generación de reformas del presente.

Desde esta perspectiva se hace inteligible todo. Se trata de instaurar unos servicios mínimos para aquellos que carezcan de la capacidad de comprarlos. En coherencia, estos servicios baratos tienen que ser prestados por profesionales baratos. Este es el papel que se ofrece a los MIR. Se trata de restaurar la eficiente institución del viejo ambulatorio, en la que un profesional atendía a cientos de usuarios ofreciendo prestaciones de baja calidad. Las razones de los MIR para esta huelga apuntan a esta cuestión. Se defienden ante el desplome de las urgencias reclamando su condición de profesionales.

La estrategia para implementar esta regresión estriba en la expansión de la precarización. Una legión de profesionales sanitarios, son contratados mediante fórmulas flexibles en espera de que comprendan las claves de lo que se les pide. Esto es que cubran el servicio apañándose como les sea posible en un medio definido por la degradación general: de los pacientes  y de los profesionales. Estos se distinguen por sus diversas formas de contratación unificadas por la precariedad. Así se construye un orden en el que se hace factible una obediencia impuesta y obligatoria. Esta es la clave cultural que explica la sórdida situación imperante en las urgencias.

Esta interpretación del conflicto me conmueve, en tanto que la entiendo como una resistencia a la desprofesionalización. Lo que se les pide es que desistan de ser profesionales y se comporten como autómatas regulando el tráfico de pacientes. Este es el código que se impone hoy a una legión de contratados en el sistema sanitario, sobre los que se descarga la responsabilidad de la asistencia. Se trata de que asuman su condición de beneficiarios de un contrato a cambio de su renuncia a la profesionalidad. Así opera la institución-gerencia, que los esculpe como deudores con obligación de ser agradecidos, asumiendo la responsabilidad asistencial en una situación en la que se exime al centro de la suya.

En una situación así estos son intimidados por la farfolla gerencial que asume la única función verdadera que desempeña: la de capataces. Los directivos de los centros devienen en mayorales de profesionales sanitarios. Por eso les recomiendo que no se dejen intimidar por los métodos de nuevos conductores de rebaños y se reivindiquen como profesionales. Para estos cada situación es una situación abierta que requiere de su valoración y decisión. Esto se encuentra más allá de las entendederas de los capataces.

Muchas gracias por reclamar mejores condiciones para atender profesionalmente a los pacientes.


12 comentarios:

Unknown dijo...

Muchas gracias por este análisis tan brillante para desentramar la filosofía y estrategias que maneja la administración del sistema sanitario público y que sufrimos profesionales y pacientes.
No sabes hasta que punto retrata el día a día de la atención primaria.

Roayzu dijo...

Soy médico de familia y me encantó leer este documento inteligente. Gracias.Solo le pongo un pero: hace falta su versión para pueblo llano, en lenguaje llano ,llano.

Juan Irigoyen dijo...

Muchas gracias por vuestros comentarios. Coincido con Roayzu en que este no es un texto adecuado para el pueblo llano

Anónimo dijo...

Excepcional artículo Sr. Irigoyen, no es texto para pueblo llano,pero ese pueblo tiene a Spiriman que explica lo mismo para que les llegue a todos. Sólo apuntar a los cooperadores necesarios, los gaenos leales a la administración,por miedo o prebendas. Un saludo

Juan Irigoyen dijo...

Gracias por el comentario. Cada cual hace su lectura. Mi posición es muy diferente a la mantenida públicamente por Spiriman. El problema no es solo del sistema sanitario o está ubicado en Andalucía o en España. Se trata de un cambio histórico que se puede definir en trazo grueso como una contrarevolución neoliberal, que invierte las conquistas sociales de la era del estado del bienestar.
Pero sí coincido con Spiriman en identificar y oponerme a las miserias de la casta directiva sanitaria, sus acompañantes políticos y los médicos cooperadores necesarios. Por eso fui, cuando vivía en Granada, a varias manifestaciones
También escribí el 26 octubre de 2016 un post en este blog analizando esta situación "Reconversión hospitalaria, temores colectivos y miserias institucionales en Granada".

Paco Palomares dijo...

Hola Juan, brillante análisis el realizado por ti y con el que coincido en su totalidad y me siento identificado con el, tu como buen Conocedor del Servicio sanitario das en el clavo de la trampa neoliberal imperante que nos asfixia. Me alegra sobremanera saber de ti. Un abrazo. Paco Palomares

Juan Irigoyen dijo...

Me alegra mucho tu aparición por un sitio como este Paco. Lo mismo que les pasa a los jóvenes MIR les ocurre a los jóvenes profes. Convertidos en contratados eternos y deudores de un sistema necio que cuenta sus productos al peso. En los últimos años en mi correo las agencias se hacían presentes todos los días con la intención de intimidarme. Lo mejor de la jubilación es desembarazarse de ellos.
Un abrazo

Joaquin Irigoyen dijo...

Como Mir en Urgencias en los años 80, me sentí mano de obra barata, encima sin saber hacer el trabajo. Estaba allí para formarme, se supone, no para resolver las urgencias. Más que como algo formativo lo recuerdo como la novatada que sufren los recién llegados.

Joaquin Irigoyen dijo...

Fuí Mir en urgencias en los años 80. Me sentí estafado. Sin haberme podido preparar aún y teniendo que trabajar en un punto neurálgico del hospital. Algo que debía ser formativo convertido en una novatada que sufrían el Mir y el paciente. Lamentable.

Juan Irigoyen dijo...

Gracias. Tu testimonio es esclarecedor. A muchos les puede parecer insólito. No es mi caso pues sé la clase de institución que es un hospital. Nunca olvidaré la noche de mi ingreso por cetoacedosis diabética en el hospital clínico de Granada. En la sala de observación estábamos varios enfermos graves en mal estado junto a los que varios profesionales conversaban en tono elevado y acompañados de risas. Creo entender el sentido de la palabra novatada.
En un hospital coexiste lo mejor y lo peor.

Elena Aguilö dijo...

Sí, Juan, brillante análisis de las situaciones que se viven el sistema sanitario, Pues se describen al mismo tiempo las motivaciones y sentimientos de las personas, que las causas estructurales de tanto malestar, desánimo y mala atención. Importa porque cuanto mejor sabemos a qué nos enfrentamos menos difícil será plantearnos cómo responder.
Cuanto más claro queda cuál es el campo de juego en el que se desarrolla este siniestro partido de la mercantilización de la salud, más importante me parece la recuperación de los valores de lo profesional para lxs sanitrixs, por encima de los cálculos fragmentarios de la evaluación y la ficción de la excelencia. No renunciar en la medida de lo posible a lo profesional, y como dices Juan, saber que cada situación clínica está abierta y debe ser pensada sopesando la mejor decisión. Y hacerlo desde esa posición de compromiso profesional sin recurrir tomar como refugio el protocolo guía o recomendación a que ilusoriamente nos dicen que debemos simplemente obedecer. No soy ingenua y sé que no es nada fácil, que todo empuja en la dirección contraria, la del mercado y la de que “el que venga detrás que arree”, pero también creo que no hay profesionalismo por fuera de esa perseverancia obstinada en usar el saber puesto en juego para atender a las personas. Gracias a lxs residentes en huelga por defenderlo con su reivindicación, y gracias a todas las voces que nos recuerdan en nuestra tranquila comodidad el deterioro de los servicios y las consecuencias para hoy y para mañana.

Juan Irigoyen dijo...

Me alegra mucho verte por este sitio. Gracias. Contrariamente a la opinión general, no soy pesimista. Tengo una visión muy "histórica". Lo que ocurre es que ha concluido una fase de progreso económico y bienestar y la gente mantiene las representaciones de ese tiempo. Ahora emerge otra formación social de signo contrario y no se percibe en su verdadera dimensión. Los críticos de hoy somos necesarios para un futuro en el que se haga inteligible la catástrofe neoliberal. En este sentido no me importa estar en minoría y me parece divertido contemplar a aquellos que ignoran el signo de la emergencia histórica neoliberal y proponen reformillas. Su perplejidad se incrementa a saltos.
Un abrazo