Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

domingo, 15 de abril de 2018

LOS TAUMATURGOS DE LA UNIVERSIDAD AUDITORA


Tras el asunto de Cristina Cifuentes se hace visible el mecanismo central de la nueva universidad, que consiste en la multiplicación de pruebas en todos los niveles, de los que resulta la constitución de tribunales de profesores. Los alumnos son escrutados en los numerosos trabajos de las asignaturas y tienen que concluir su ciclo mediante la presentación de un trabajo “fin de” ante un tribunal. El doctorado transfiere su modelo, que privilegia la tesis final, a todas las titulaciones. Asimismo, los profesores tienen que acreditarse en intervalos de tiempo regulados ante las agencias o tribunales para evaluar su producción. Palabrotas tales como quinquenios o sexenios invaden los imaginarios docentes.

Las reformas educativas reconfiguran la vida académica privilegiando los elementos centrales de la institución-empresa que deviene en su referencia principal. Lo importante es hacer por hacer y en un tiempo que inmediato. El resultado es el incremento de las acciones encuadradas en los comprimidos calendarios. De este modo, la universidad pasa a ser una instancia esencialmente auditora, función que termina sobreponiéndose a la producción del conocimiento y la docencia. Cada persona, grupo de investigación, departamento o titulación se transforma en un fabricante de un producto que tiene un horizonte temporal inmediato. La obsolescencia programada se transfiere a los productos académicos. 

Así, el fluido de los programas, los trabajos fin de, los papers y otros productos, se depositan ante los distintos tribunales de ocasión, listos para su evaluación-facturación. La densa red de actividades inspectoras y evaluadores modifica los sentidos convencionales de las actividades universitarias. La universidad deviene así en un conglomerado de tribunales de evaluación que toman decisiones y las registran en actas, ajustándose a las normativas de densidades crecientes. En estas instancias, tan compulsivamente activas, habitan los nuevos profesores, reconvertidos en una burocracia académica que carece de controles externos. Su poder de decisión implica la certificación de la trayectoria profesional de alumnos y profesores. Este intenso proceso decisional genera miles de víctimas perjudicadas por los dictámenes de estas instancias, las cuales, aunque se atienen a normas y criterios explicitados, tienen un poder de discrecionalidad muy considerable. Esta es la razón por la que se puede afirmar que, en no pocos casos, los tribunales son la morada de numerosos taumaturgos que toman decisiones prodigiosas, que pueden llegar a alcanzar la condición de la milagrería, como en el caso de la sagaz política madrileña y su red de universitarios clientes agradecidos.

La universidad vigente es el resultado de una reconversión de la vieja institución, en la que algunos de sus elementos más relevantes persisten con nuevas formas. Los antaño feudos académicos -concentrados en la producción, custodia y reproducción del saber; caracterizados por una jerarquía interna rígida; dotados de una autonomía máxima frente al exterior; en los que el hermetismo y la opacidad se hacen patentes; y en los que habita una casta académica que se asemeja a los mandarines- no desaparecen, sino que son reconstituidos mediante la adaptación a las reglas de las nuevas reformas universitarias. Uno de los elementos fundamentales de la institución-cátedra, es precisamente la dualidad inseparable de la relación maestro-discípulo. La cultura de la obediencia y la paciencia se forja en este vínculo institucional.  

Las reformas modifican sustancialmente el entorno de esta venerable institución. Uno de los cambios más importantes radica en la masificación. La multiplicación del número de estudiantes, de profesores  y de las titulaciones conforma una institución nueva. La expansión de la producción inmaterial genera un nuevo mercado de trabajo que expande la demanda de titulados. La creación de conocimiento se ubica en el centro de las sociedades y tiene efectos sobre los imaginarios colectivos. La universidad concita una creciente atracción social, convocando a importantes contingentes de jóvenes a la realización de estudios superiores. Este imán fue analizado en este blog como  “la fiebre del oroinmaterial”.  Los nutridos contingentes de jóvenes que transitan por los circuitos del nuevo orden universitario global en busca de acreditaciones, expresan esta tensión creciente.

Uno de los factores más importantes de la nueva realidad universitaria radica en la intensificación de su función de selección social. La producción inmaterial conlleva una marcada estratificación de sus efectivos. Las élites resultan de procesos de selección muy sofisticados que conllevan la multiplicación de las credenciales. La selección de las élites en el nuevo capitalismo cognitivo se articula en torno a un precepto fundamental. Este consiste en que cada candidato presente un sumatorio de credenciales diversificado. De este modo, todos los estudios de ciclo superior –másters, doctorados, prácticas en empresas y otros- conforman un expansivo mercado de candidatos. Miles de activos y esperanzados aspirantes devienen en compulsivos acumuladores de capital académico en un mercado global que conforma una ciudad del conocimiento, que alberga a los candidatos que circulan por sus nodos y sus rutas.

El modo de selección que privilegia la obtención de un conjunto de credenciales es radicalmente desigual y favorece a quienes tienen más recursos para obtener las credenciales. En los últimos días se ha podido contemplar el espectáculo de Pablo Casado, un rico coleccionista de productos académicos cuyo valor es el precio y la marca. Así, exhibió la marca Harvard comprada a dos mil euros en un mercadillo en Aravaca. Este episodio ilustra la circulación de los profesores y centros de élite por los circuitos del mercado de credenciales global en busca de compradores.

El argumento seguido hasta aquí explica la centralidad de los tribunales en la universidad-auditora, en la que se reconfiguran los roles de los antaño mandarines académicos. Los catedráticos dotados de un prestigio basado en su producción se reconvierten en cabezas de nuevos feudos que detentan la función de inspección en la red de actividades evaluadoras. Su poder se funda sobre un capital relacional fundado en sus decisiones en los tribunales. Desde hace mucho tiempo, la función principal de un director de tesis es la protección en el tribunal frente a intromisiones desmesuradas de departamentos ajenos, o incluso rivales. Un tribunal termina siendo una instancia de intercambio de favores.  El código puede resumirse así: Tú moderas las críticas a mi patrocinado y yo me siento deudor de tu generosidad. Esta deuda se resolverá con posterioridad en otro tribunal. 

De este modo nace la netocracia universitaria donde cada candidato debe encontrar a un padrino patrocinador que lo proteja de las inclemencias de la crítica de los depredadores que pueden comparecer en cualquier tribunal. Esta es la explicación de la baja competencia, insólita en numerosos casos, de muchos profesores universitarios. Sus carreras se ubican en el campo de influencia de su patrocinador. Cuando concursé para mi titularidad, mis pretendidos patrocinadores me aseguraban que tenía mucho futuro. Así se consuma un mecanismo que me gusta llamar como “sustracción del mérito”. Según este precepto los méritos de los productos de cada uno se deben principalmente al poder de los netócratas que le patrocinan en la red auditora-evaluadora. 

Esta es la explicación de lo que desde afuera se entiende como extraño silencio. Cada profesor depende para el desarrollo de su carrera de decisiones favorables de tribunales sucesivos que lo van a juzgar. Si no dispone del apoyo de un nuevo feudo académico, se encuentra en una situación de desventaja con respecto a los candidatos rivales respaldados por los padrinos académicos. La intervención de las agencias, ANECA principalmente, crea así un territorio cartografiado por las relaciones entre familias académicas que controlan sus propios territorios.

El modelo de la universidad auditora implica un desplazamiento de las actividades a la producción de méritos. Cada cual tiene que acreditar sus méritos en un tiempo determinado por las agencias-tribunales. Este es el año. Cada año cada cualquier unidad o persona tiene que renovar su producción para ser presentada ante la nueva autoridad inspectora. Los efectos de este sistema son catastróficos. Todos devienen activistas de una producción compulsiva que dificulta la constitución de una línea de investigación sostenida. Muchos de quienes no tienen nada nuevo que decir no guardan silencio sino que componen los productos que conforman su cesta de méritos anual. El resultado es la multiplicación de los papers insípidos, de las investigaciones simuladas, de la repetición, del arte de retocar un texto original, del plagio elevado a la categoría de arte menor sublime y del falseamiento. 

Los profesores se ubican en el territorio indefinido entre la investigación y la producción de méritos. El primer texto que escribí en este blog fue titulado como “De profesores a traficantes de méritos”. En este ámbito de la invención de méritos, la innovación alcanza cotas excelsas. Pero en esta esfera las desigualdades son escandalosamente amplificadas. Los detentadores de recursos económicos, culturales y relacionales tienen unas ventajas manifiestas. He vivido directamente muchos episodios de desigualdad en los tráficos universitarios de méritos.

Pero el factor más decisivo de las decisiones de los tribunales es lo que se puede denominar como “el efecto abogado”. Este es una clase de comportamiento cuyo modelo remite a la práctica profesional de los abogados. Esta se puede definir como un campo en el que se encuentran presentes las normas, los hechos y las circunstancias. El profesional tiene que elaborar un argumento inteligente que libere a su cliente de la culpabilidad. La naturaleza del delito pasa a segundo plano en favor de la defensa del cliente. Así actúan los delegados de los mandarines académicos en los tribunales. Siempre es factible la defensa de un candidato apadrinado construyendo un argumento a su favor, así como la descalificación de uno rival o huérfano de padrinos. 

Los tribunales universitarios, sobrecargados de trabajo por la multiplicación de candidatos, simplifican los procedimientos para reducir el tratamiento de cuestiones que exigen un examen detallado y una deliberación pausada. En ellos reinan las divinidades académicas de taumaturgos prodigiosos que sustentan su poder sobre una red de intercambios de favores de proporciones macroscópicas. He sido profesor durante casi treinta años en el Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Granada. Esto me confiere una categoría de un “cinco estrellas” en el mundo tenebroso de los tribunales universitarios.

En estos días, múltiples voces ingenuas, escandalizadas por el caso Cifuentes, se remiten a la imagen de la manzana podrida.  Pero ante la magnitud de los despropósitos de la investigación periodística, los rectores comparecen para informar que han detenido la investigación interna. Este hecho es congruente con un elemento de la vieja y la nueva universidad: El corporativismo cosmológico. En un medio organizativo de esta naturaleza comparece inevitablemente el modelo de la Iglesia. Este puede sintetizarse en reducir la investigación interna, tanto al secreto como a su suspensión en el tiempo. La nueva universidad tecnológica se conforma como una creativa convergencia de togas, sotanas y birretes, en la que habitan los taumaturgos de los tribunales universitarios. El caso Cifuentes es paradigmático, pero todavía más demoledor es la comparecencia del caso Casado, que en cuarenta días compró varias credenciales que acreditan su formación postgrado. También la utilización de la figura de profesor visitante para colocar a los cuñados y socios de partido.

En esta historia hay muchos malotes. No me cabe duda que los peores son los los taumaturgos-rey, los rectores de la CRUE, que se comportaron como los delegados de los cabezas de red académica que dominan la institución, que a día de hoy es principalmente una red de tribunales conectados a las agencias. No  he podido olvidar escribiendo este texto a los estudiantes dotados de inteligencia y determinación que han sido víctimas de decisiones de esos oscuros tribunales.



4 comentarios:

HERAKLITO dijo...

Gracias por abrir las puertas tan celosamente guardadas de una universidad impenetrable que esconde la basura bajo las alfombras. Cuánto cinismo hay que soportar de las elites académicas vendiendo honestidad y tan habituadas al tráfico de influencias!

Juan Irigoyen dijo...

Gracias por el comentario. Creo que la mayoría de la gente no se puede ni siquiera imaginar has dónde ha llegado la degradación. La opinión pública está anestesiada al respecto, porque ¿cómo se puede tragar que la propia universidad renuncie a la investigación propia y lo transfiera a la fiscalía? Este es un acto insólito en defensa de Cifuentes y la trama académica que le sirve, porque les confiere tiempo.

emilio dijo...

Apenas se ha podido leer nada que vaya más allá de la superficie espectacular del escándalo político. Me sumo, pues, al agradecimiento por esta magnífica denuncia y análisis del cementerio de la curiosidad que es la enseñanza superior oficial. Los que fuimos a la universidad buscando lana y volvimos tristemente trasquilados no perdonaremos jamás a estos inmundos traficantes de títulos y a sus vendidos compradores. ¿Para cuándo centros de estudios populares e independientes?

Juan Irigoyen dijo...

Gracias Emilio. Como bien dices, muchos de los que acuden allí a por lana terminan frustrados. La constitución de la institución como mercado de méritos se sobrepone al saber. Como sabrás, existen ya ensayos de universidades independientes que no expenden títulos. He colaborado con algunas de ellas. Aquí en Madrid, las actividades organizadas por la Fundación de los Comunes es de lo mejor que se puede encontrar. Nombres como universidad nomada han sido estimulantes para algunos de nosotros. Hace tres años pude coordinar un número de la revista sociológica RASE sobre universidad y gubernamentalidad. En este se publicó un texto sobre una experiencia de la ULEX de Málaga. En este se suscita una buena reflexión al respecto
Saludos