Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

domingo, 21 de mayo de 2017

DE LA DEMOCRATIZACIÓN DEL CATERING A LA EXTERNALIZACIÓN




                                    MEMORIAS DE LA EXTRAVAGANCIA



La imagen que presento corresponde a unas jornadas del sistema público sanitario en Andalucía en los tiempos felices de los primeros años noventa. Un sistema tradicionalmente austero y limitado en recursos, experimentaba una situación de expansión considerable, que era percibida desde unos esquemas delirantemente optimistas. La multiplicación de los edificios, las máquinas, los equipos, las plazas, los distintos staff de acompañamiento lo convertían en el sector económico más importante de la economía regional. El imaginario de crecimiento sin fin se hacía presente en las actividades sociales, generando un maná de canapés múltiples, en el que se inscribe esta imagen antológica de nuevo rico dotado de una estética tan cutre como es la del jamón marcado por el anagrama del servicio andaluz de salud.

Hasta entonces solo los congresos médicos presentaban una profusión de dones materiales financiados por los laboratorios. Esta abundancia material y simbólica contrastaba con la frugalidad de los congresos de la enfermería. El personal de apoyo a las actividades clínicas limitaba su actividad social a las celebraciones navideñas o algún acontecimiento extraordinario en donde alguna autoridad tuviera la oportunidad de manifestarse magnánimamente con sus subordinados. La austeridad de la vida social del sistema público se correspondía con sus instalaciones, uniformes y patrimonio inmaterial. La imagen corporativa brillaba por su ausencia.

La reforma sanitaria salubrista de los ochenta rehabilitó a la enfermería, y, posteriormente, a las ocupaciones de apoyo. La reforma de la atención primaria, introdujo una regeneración simbólica de todas las ocupaciones presentes, amparadas en la mitológica idea del equipo. Todos los dispositivos asistenciales devienen en equipos, mejorando la consideración  de administrativos, auxiliares de enfermería y celadores. Sin embargo, en un contexto clínico, el equipo es inevitablemente una alegoría. Las funciones desempeñadas por los médicos –diagnóstico y tratamiento de pacientes—no pueden ser compartidas. Además, la atención de enfermería encuentra grandes dificultades para desarrollarse en términos compatibles con la atención médica.

Pero, tras los primeros pasos de una reforma tan imprescindible, pero carente de definición, llega la gran rectificación de la reforma Abril en 1991. Esta es implementada con el respaldo de las instituciones del gobierno-mundo, así como con el sólido consenso de las fuerzas económicas y políticas que impulsan la gran reestructuración postfordista y global.  Uno de los ingredientes esenciales de esta reforma radica en su modelo de organización. La nueva empresa postfordista es su emblema, teniendo asignada la remodelación drástica de los dispositivos asistenciales del viejo sistema sanitario público, con el fin de ser congruente con los procesos en curso, que constituyen una transformación radical del valor de la salud. Lo sanitario, rigurosamente sectorializado hasta entonces, se resignifica radicalmente, adquiriendo la condición de un factor productivo  que aporta un valor considerable al conjunto de la economía en crecimiento.

El advenimiento providencial de la empresa se acompaña con la importación de los paradigmas postburocráticos, así como con el aterrizaje de la institución central de la gestión. Estos representan el establecimiento del vínculo transversal con el cambio que instituye el nuevo capitalismo postfordista y global. Los primeros signos de esta feliz mutación empresarial, se hacen presentes en la instauración de la vida social de la empresa, que implica la comparecencia  de la nueva institución del catering en las actividades sociales, así como la presencia de los regalos. En este tiempo inicial, el espíritu de la empresa se asienta adoptando la generosidad como insignia. Así se democratizan los canapés y las copichuelas Pero el curso del tiempo hace comparecer a uno de los elementos sustanciales del proyecto empresarial, que en los orígenes permanece oculto, como es la externalización de los servicios.

La imagen que presento se corresponde con unas jornadas de los servicios de atención al paciente. En este tiempo eran percibidos como portadores de un modelo de cambio de toda la organización hospitalaria. Así concitaron a muchas gentes portadoras de competencias muy relevantes que se contraponían con la inmovilidad profesional de sus oficios. Tras los primeros años se confirmó que cualquier dispositivo de apoyo a los pacientes presentaba un potencial alto de conflicto con las estructuras asistenciales. El final inevitable fue su adaptación a la realidad organizacional, mediante un proceso en el que sus expectativas iniciales se fueron disolviendo gradualmente.

Sobre el jamón aparece el anagrama del SAS (Servicio Andaluz de Salud). Así se produce el frenesí de la imagen corporativa que simboliza la naturaleza empresarial de esta organización. En este tiempo pude obtener varias imágenes antológicas de apoteosis de la imagen corporativa. En una de ellas, sobre una gran paella se recompone la imagen basada en guisantes, habichuelas y pimientos rojos principalmente. Se sobreentiende que el catering se comparte por todos los componentes de tan acogedor dispositivo: el equipo. Así se instituye la modernidad empresarial, que comparece sobre un fondo de abundancia materializada en distintos manás extraños a tan austera población laboral con anterioridad.

El curso de la reforma empresarial ha vuelto las cosas a su cauce. Los congresos médicos han incrementado  los recursos que sustentan sus actividades sociales. Recuerdo el congreso en Andorra de la sociedad catalana de médicos de familia. En él conocí personalmente a Juan Gérvas. Yo impartí la conferencia de clausura. Inmediatamente después se sirvieron copas y canapés, a los que no pude acceder debido a mis obligaciones de conferenciante que me obligaban a atender a las personas que me hacían comentarios. Desde mi posición podía contemplar la enorme velocidad con que desaparecían las bandejas. Como vivo en Granada, ciudad donde se prodigan los congresos, las sociedades médicas ostentan el record de cenas en cuanto a la cuantía de comensales. Entre las más numerosas ha surgido una competición para ocupar el primer puesto del ranking de cenas masificadas.

El nuevo estado emprendedor y empresarial facilita los intercambios simbólicos con los médicos, ahora entendidos como productores de gasto en congresos y reuniones científicas. También se sostienen los congresos de enfermería, un escalón por debajo en la suntuosidad. Pero los consumidores de canapés de los tiempos fantásticos que se constituyeron en nuevo segmento para la industria del catering, han terminado por ser víctimas de uno de sus elementos constitutivos, la externalización. La eficiencia se implementa abaratando los costes laborales. Uno de los elementos fundamentales es justamente la externalización. Así, las ocupaciones de apoyo a los servicios clínicos, invierten el sentido de su ascenso al confortable mundo del catering. Ahora se constituyen en segmentos laborales en riesgo de ser regulados por regímenes laborales propios de las empresas periféricas que contratan servicios con el sistema sanitario.

En esos años visitaba el hospital de Puerto Real en Cádiz para impartir cursos de comunicación con pacientes. Este hospital era nuevo, disponiendo de un servicio de seguridad formado por varios empleados que tenían condiciones laborales mucho peores que las de los celadores convencionales. Por el contrario, su disposición a ejecutar tareas múltiples era patente. Estos fueron los primeros externalizados que conocí. Su salario, horario y la naturaleza del vínculo con la empresa era tan duro, que el catering y los regalos eran inimaginables en un medio así.

La democratización del catering en los comienzos de la reforma sanitaria fue un elemento de un tiempo confusional. En tanto que la percepción de los profesionales apuntaba al comienzo de un tiempo de progreso sin fin, lo que verdaderamente inauguraba es la transición hacia la empresa de servicios postfordista, que se caracteriza por la involución con respecto a las condiciones laborales. Así los expulsados al mundo del no-catering anteceden a los profesionales médicos y enfermeras incorporados con posterioridad, cuyo estatuto de precariedad es creciente. Para los recién llegados, los contratados, el catering es una ensoñación exterior a sus duros contratos.

No he hablado del alma del SAS que se asoma tras el jamón, la paella y los productos del catering de la época. Lo dejo para otra ocasión pues trasciende el modelo simbólico de la empresa, inscribiéndose en la contramodernidad. Al igual que las arquitecturas y otros elementos de la fealdad que acompaña al crecimiento.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ja, ja, ja, que bueno Juan y que cutre el jamón por favor. Jamón cocido no???

Te envío una noticia que tb es para reir por no llorar el estado de simulacro en que parecemos vivir.

http://www.granadahoy.com/granada/ciudadanos-toman-palabra-disenar-Granada_0_1138686162.html

Marta

Juan Irigoyen dijo...

Gracias Marta
Sí es jamón cocido. Se correspondía muy bien con el espíritu de la época.
Lo del diseño de la ciudad es antológico tambien. Las fantasías cutres revestidas de digitalización se funden con las mentiras de siempre. Encima el calor...