Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

lunes, 13 de junio de 2016

LAS POLIFONÍAS DIABÉTICAS: BAJTIN EN LA CONSULTA


                          DERIVAS DIABÉTICAS

La consulta es una instancia en la que el discurso médico se impone como referencia en la comunicación. El paciente interviene en esta, pero carece de un discurso autónomo equivalente al del profesional. Así tiene que asumir enunciados de un discurso ajeno, pertenecientes a la alocución médica. La relación de consulta se produce  entre un discurso autorial y un traductor de un discurso ajeno. El paciente es interpelado por un discurso externo, teniendo que asumir lo que dicen otros como si fuera propio.  En esta esfera de relaciones el paciente es denegado como autor, teniendo que asumir una posición subalterna. Esta extraña relación dialógica puede llegar, con frecuencia, hasta la asunción por parte del médico del rol de ventrílocuo.

El discurso médico está conformado por un conjunto de enunciados que  remiten al orden, el progreso y el predominio de la ciencia. Habermas ha denominado como sistemas expertos a estas esferas de relaciones sociales y sus comunicaciones. El discurso médico constituye una narrativa médico-higienista, que se funda en la racionalización de las prácticas de salud-enfermedad. Pero este discurso se sobrepone al mundo de la vida, ajeno a la lógica científico-racionalizadora. Así, la medicina alecciona a los pacientes acerca de la salud-enfermedad. Pero su mirada ajena al mundo de la vida, presupone que la sociedad y la vida son como un paciente sobre el que se pueden aplicar sus prescripciones. De este modo se sitúa en una extraña situación y sus discursos adquieren la naturaleza de extranjeros con respecto a la propia vida, conformando un sesgo considerable. En esta situación, la intersubjetividad en la comunicación de consulta es inviable.

El paciente, al entrar en la consulta, ingresa en una instancia en la que su habla se encuentra relegada y tiene que hablar mediante los fragmentos de un discurso ajeno. Por esta razón me fascina la consulta como relación social. En las clases que he impartido durante muchos años a profesionales, dos autores me han ayudado particularmente a entender esta realidad. Uno es Michael de Certeau, sobre el que escribí un post “Los pacientes y las artes de hacer”, en el que mostraba cómo en una situación de inferioridad lingüística y estructural, los pacientes compensan su relegación mediante su autoinvisibilización y la aplicación de distintas tácticas y microacciones. El segundo, que recupero hoy, es Bajtin.

Bajtin es un autor fundamental por su aportación a la comprensión de lo social y la subjetividad. Entiende que la vida social tiene lugar mediante encuentros entre sujetos hablantes que desarrollan relaciones dialógicas. El lenguaje es el soporte en el que se desarrolla la vida social viva. Pero este no es una estructura abstracta de reglas gramaticales y nomenclaturas que generan significaciones estables. Más bien se trata de un contexto en el que distintas fuerzas confrontan sus enunciaciones y sus respuestas. El resultado es que las estructuras lingüísticas se encuentran definidas por su provisionalidad, sujetas a su propia modificación resultante de la interacción permanente.

Los enunciados siempre están dirigidos a otro, conformándose como parte de un proceso dialógico. No tienen una significación consensuada y estable. La vida cotidiana se define por la heterogeneidad y la multiplicidad de voces que influyen en las enunciaciones. Estas tienen lugar en contextos específicos. Por consiguiente, Bajtin entiende que los lenguajes no son estructuras abstractas, sino un conjunto de acciones orientadas a la escucha y la contestación. Cualquier lenguaje tiene que aceptar el intercambio con sus oyentes, en busca de la aceptación, la respuesta o el consenso. Los lenguajes profesionales son géneros discursivos que se constituyen en esferas de la vida, como el caso de la consulta médica. Pero, a pesar de su preponderancia en este ámbito, solo es un dialecto social que se confronta con los múltiples que imperan en la vida, y que se hacen presentes subrepticiamente en las respuestas de los pacientes.

En el territorio dialógico de la consulta, bajo el aparente dominio del lenguaje profesional, subyace lo que Bajtin define como heteroglosia. Esta es el resultado de un conjunto de fuerzas presentes sutilmente en las respuestas de los pacientes. Si bien estas no comparecen abiertamente, sí se pueden identificar tonos, énfasis, silencios, así como lo que puede ser considerado como murmullos y susurros frente a la gran voz profesional. Así, la fuerza contundente de las enunciaciones médicas, se ve compensada por el vacío de su discurso ante la vida que se hace presente en los diálogos como ausencia. El discurso médico remite a unos sentidos ajenos a lo vivido.  Para comprender la naturaleza de esta desconexión, se puede apelar a las palabras del propio Bajtin. “Un enunciado concreto puede ser condicionado, contestado o envuelto en una bruma que lo enmascara”.

Me parece prodigiosa la inteligencia asociada al término de “las brumas que lo enmascaran”. Las derivas diabéticas que escribo desde hace dos años, no son otra cosa que entrar en las brumas presentes en este encuentro disociado de lo cotidiano, territorio en el que los enfermos diabéticos nos encontramos en distintas condiciones, lo que refuerza la heterogeneidad de nuestras hablas. Por eso este post se titula las polifonías diabéticas, en plural. La asistencia médica es el extraño y pasajero lugar en la que somos homologados y unificados por el formidable sistema de significación y enunciación profesional. Pero nuestras vidas son tan diversas que ponen de manifiesto el sesgo descomunal de la patología.

La mirada de Bajtin puede ser aplicada a la consulta médica, que puede entenderse como un espacio en el que se encuentran las fuerzas profesionales que actúan a favor de la objetivación y estructuración de los diagnósticos y tratamientos, y las fuerzas de la heterogeneidad y la multiplicidad que proceden de la vida cotidiana. La tensión entre el sistema profesional que actúa para la unificación, clasificación y solidificación de los enunciados profesionales y los contingentes múltiples de pacientes que susurran a favor de la compatibilidad con las prácticas cotidianas. La consulta es un lugar de encuentro entre las lógicas centrípetas médicas y las lógicas centrífugas de las diferentes clases de pacientes y sus mundos. Así adquiere inevitablemente la condición de frontera, donde las situaciones nunca están cerradas y las conversaciones nunca están determinadas, precisamente por la presencia de lo ausente.

La consulta es una extraña forma de relación en la que el paciente es convertido en un sujeto que habita los mundos de otros mediante enunciaciones que remiten a sentidos profesionales. Yo, paciente diabético, habito en el diagnóstico, en el pronóstico, en las complicaciones derivadas de la enfermedad, en los conceptos clínicos, en las jergas profesionales, en los sentidos. Así soy convertido en un espectro patológico alejado de mi vida específica. En la consulta soy interpelado a compartir las palabras que definen mi situación patológica y a seguir un conjunto de prescripciones. Con el tiempo he descubierto que estos conceptos no habitan en mi existencia.

Pero, en la totalidad de la vida del paciente, la subjetividad se desintegra por la diversidad de sistemas expertos que intervienen en distintas esferas. Cada uno tiene que internalizar varias voces que se corresponden con varios sentidos ajenos a la vida.  Vivir en la expertocracia significa ser escindido en distintas partes. Para los pacientes diabéticos recuperar la unidad vital implica generar  un territorio vital liberado de los sistemas expertos. Estos marcan las distintas fronteras por las que transcurre la vida. Estas situaciones fronterizas requieren de competencia personal para maximizar la autonomía personal y minimizar la dependencia.

Las jerigonzas profesionales se multiplican por el desmesurado crecimiento del sistema de atención a la salud-enfermedad. La medicalización se hace presente impetuosamente, esta vez para alcanzar la vida, toda la vida, a la que se impone el sentido de estar sano, definido en los términos que el sistema industrial-profesional que lo sustenta instaura. La consulta adquiere el papel de enlace con ese mundo de significaciones que penetra en todas las direcciones en la vida cotidiana mediante el sólido matrimonio entre los medios de comunicación y  los sistemas expertos.

Los dos autores, Bajtin y de Certeau, comparten el concepto de réplica, que tiene su origen en la vida cotidiana y su sistema de sentidos, avasallados por la expansión de los dialectos profesionales y de los sistemas de autoridad. La réplica adquiere numerosas formas y se manifiesta en la consulta. Es la expresión de una resistencia microscópica a la expansión de los discursos médicos. En mi caso particular, nunca pronuncio la mayoría de conceptos asociados a mi enfermedad. En la consulta me pongo “en modo cateto”. El paradigma de la recepción sintetiza ambos enfoques. Yo, receptor, selecciono discrecionalmente los contenidos de las comunicaciones, atribuyo significados diferentes a los del emisor, hago énfasis y desecho una parte de los mensajes.Además, termino reorganizando los contenidos. Así adquiero la condición de soberano subalterno. En el momento de la consulta, me veo obligado a repetir las palabras profesionales. Pero estas son erosionadas, tanto en las respuestas como en su aplicación. Los misterios de las palabras.