Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

viernes, 6 de noviembre de 2015

LAS AZAFATAS DEL AULA

                            ARCHIVOS DE LA DESTITUCIÓN

La autonomía de la profesión docente, que en numerosos  casos  se asemejaba  al estatuto de  los mandarines, ha sido licuada manifiestamente en los últimos treinta años, encontrándose ahora en tránsito hacia su definitiva disolución en el aire, al igual que todo aquello que fue sólido. El profesor es desposeído de su condición singular, para ser reconvertido en una pieza-engranaje de un sistema fabril, en el que su papel radica en la ejecución de la programación determinada por las instancias externas que diseñan las cadenas de montaje de la nueva factoría universitaria.

La sociedad del mercado infinito se hace presente impetuosamente en los centros universitarios mediante la definición del estudiante como un pagador, al tiempo que el docente es convertido en un  proveedor de un servicio homologado. Las aulas registran las señales de esta transformación en la que los profesores son reconvertidos inexorablemente en relaciones públicas que se ajusten a la demanda inespecífica de los compradores de este misterioso servicio. Así se equiparan al estatuto de las azafatas, que ejecutan un servicio limitado en el tiempo para un público heterogéneo, en el que el núcleo radica en la amabilidad y la directividad encubierta para asegurar el cumplimiento de las normas en una relación tan efímera.

De esta transformación resulta la drástica modificación de la relación profesor-alumno. Antes  se trataba de un vínculo pausado, que se producía en intervalos temporales largos, los nueve meses de un curso, posibilitando que el docente mostrara su singularidad , su conocimiento y su saber-hacer. Esta relación ofrecía la posibilidad de tejer una relación compleja, ubicada más allá de los estrictos temarios. En este modo de ejercicio profesional,  el producto docente podia ser rigurosamente personalizado, adquiriendo el carácter de artesano, en tanto que la combinación de las distintas dimensiones que lo configuraban concluían en un producto que no siempre podía ser integrado en una serie.  Se evidenciaba un núcleo compartido, pero que tenía un final abierto adecuado a los atributos del productor-profesor.  Ciertamente, esta autonomía determinaba varias perversiones profesionales y burocráticas muy bien identificadas en las literaturas de la pedagogía. La palabra que lo sintetizaba adecuadamente era  “feudo docente”. Cada uno tenía el privilegio de configurar la asignatura a su medida.

Pero las reformas impulsadas por el complejo instituyente del presente, que domina la nueva economía desde la década de los noventa,  se orientan justamente en el sentido contrario. El supuesto que las avala es la homologación rigurosa de los antiguos sectores dotados de una autonomía incompatible con la lógica de la nueva economía. Así, las reformas desposeen de la misma a las distintas disciplinas, para reintegrarlos a los estándares comunes de la producción postfordista. La educación es reconfigurada como un sector cuya función primordial es contribuir al crecimiento.

De este modo, los antiguos privilegios de los antaño profesores son eliminados gradualmente  mediante la producción de las titulaciones y los productos docentes por una nueva tecnocracia. Así se produce una gran estandarización que configura a las titulaciones como productos de la  opaca fábrica de títulos.. La nueva evaluación cierra el círculo sobre este privilegiado sector de habitantes de las disciplinas.  Ahora es un ejecutor de un servicio producido por la nueva tecnocracia que se apodera de los mecanismos de las instituciones, y cuyo principal activo radica en sus vínculos con el entramado de instituciones al servicio del crecimiento. La reestructuración de las disciplinas para transformarse en  mercados que avalan los productos,  oferta una oportunidad a las élites académicas para transformarse en empresarios del conocimiento,, en detrimento de la base de profesores que resulta desprofesionalizada.

Así, el profesor es progresivamente destituido y desposeído de sus saberes y singularidades. Ahora tiene que ejecutar los programas diseñados y creados por los enlaces con la estructura transversal. El núcleo de esta radica en la forma-empresa. Cada cual es un viajero solitario que tiene que correr su propia carrera de fondo, acumulando méritos en un menú abierto que las agencias transversales programan. La filosofía de la época se hace presente mediante la elección final. Cada cual puede seleccionar  en el menú de méritos, alterando sus proporciones, pero la obligación de realizar la carrera personal y la competencia con sus iguales es inexcusable.

De estos cambios resulta una nueva situación en la institución y el aula. Las materias son descompuestas en múltiples asignaturas livianas y conformadas como productos que los compradores de créditos deben elegir para constituir su propio currículum. Se trata de la explosión de la optatividad, de la multiplicación de las opciones para facilitar la operación esencial para cada uno, que es elegir. Los profesores considerados como severos o exigentes son desplazados mediante su aislamiento por parte de la demanda, que compra sus créditos  mayoritariamente en función del criterio de coste-beneficio. Este es el origen de nuevas perversiones institucionales, ahora  diferentes a aquellas de la era de los feudos.  Los componentes del nuevo campo educativo resultante de las reformas se comportan del mismo modo que en la institución central de la nueva economía: el supermercado-centro comercial. Así se configura un extraño low cost académico, en el que lo barato se equipara con lo fácil.

En estas condiciones tiene lugar la decadencia inexorable de la clase.  Con anterioridad,  esta era una exhibición impúdica del saber del profesor. Ahora es una instancia mecanizada en la que se realizan trabajos de baja definición y actividades que en muchos casos significan la simulación de prácticas.  El declive de las clases magistrales viene avalado por los nuevos métodos docentes. Pero estos son imposibles si no están acompañados de grupos pequeños y los recursos  que los hagan factibles. Al no ser así derivan en una conversación que sigue el modelo de la tertulia televisiva.

Así se produce un drama que no tiene voz. En tanto se mantienen las aulas mastodónticas y los grupos numerosos, los antaño profesores son destituidos mediante la denegación de su saber, la asignación de la etiqueta de “inútiles para el aprendizaje”  y su nueva condición de vendedores de créditos al público en el mercado de la ordenación docente. Una figura que se ha caracterizado predominantemente por su escasa propensión al diálogo en una relación tan asimétrica es desposeída de su condición. Este drama se produce en el mismo escenario de los tiempos de su esplendor. Ahora tiene que ocupar su puesto físico para iniciarse en unos métodos docentes inadecuados al tamaño del grupo y al aula. Las tensiones que se producen son de alto voltaje. El resultado es la progresión geométrica del cinismo y la simulación, así como el apartamiento de esta función degradada, y también la resistencia en algunos casos. Se trata de vivir un cambio en el que la situación de partida es muy mala en términos de aprendizaje, la de las clases magistrales, y es gradualmente sustituida por otra igualmente aciaga.

En el nuevo orden académico resultante de las reformas neoliberales el profesor se transforma inevitablemente en un animador. Las actividades de la clase derivan en lo que en este blog he denominado, inspirado en Paolo Virno, como “La fábrica de la charla”. En este contexto el profesor, inspirándose en el campo de la animación, cumple el precepto que la define: hacer actuar a los destinatarios de las actividades. Así se conforma un fluido de ejercicios, presentaciones, desarrollo de aplicaciones, actividades audiovisuales, así como otras tareas que rellenan el tiempo de las clases, aliviando el peso de la sospechosa teoría. Su significación es equivalente a la de la animación, en la que lo importante es actuar.

Precisamente el tiempo es la dimensión más afectada en la destitución del profesor. La creación de múltiples asignaturas-producto, bien empaquetadas en el formato de guías docentes, con el objeto de ser elegidas por los compradores de créditos,  tienen asignada una temporalidad efímera,  cuyo máximo es un cuatrimestre. De este modo la relación comprador/productor es liviana, como los contenidos, para favorecer la circulación de los compradores por los circuitos de la titulación. La brevedad de los encuentros  imprime carácter a la relación, afectando a la identidad del profesor.

Suelo decir a los estudiantes que soy un mero firmador de actas. Pero el tiempo de las reformas se acelera y genera nuevas versiones en donde la relación se disipa. El curso pasado impartí una asignatura en la que el grupo de estudiantes era muy activo. Tanto el seguimiento de las clases, en las que un grupo de estudiantes intervenía con comentarios sólidos,  como las presentaciones de los estudiantes, y los trabajos alcanzaron un nivel muy aceptable. Tras su conclusión, en el mes de julio, varios estudiantes que no habían seguido la asignatura, por encontrarse  en distintos programas erasmus en varias universidades europeas, me escribieron alegando que habían suspendido asignaturas, por lo que querían compensar inscribiéndose en mi asignatura en la convocatoria de septiembre. Me solicitaban su aceptación. Les dije que sí, que no había problemas, que preparasen el examen de septiembre.

Así se constituyó el grado cero de mi competencia como profesor. Quedé convertido en un equivalente a un funcionario de aduanas que supervisa el tráfico de pasajeros. Porque en los nuevos mercados de la formación y el conocimiento, lo que verdaderamente importa es la circulación eterna de esos seres vivos a los que denominan “capital humano”, que son seducidos, capturados y conducidos por el núcleo duro  del nuevo poder: las agencias. En el caso que estoy narrando una oficina de tránsito les había recomendado que recurriesen a mí. En las sucesivas aduanas que conforman su viaje, anidan los nuevos profesores que añaden a su currículum-pasaporte una nota. Uno de esos soy yo, que me encuentro en una estación muy relevante en el tránsito de estos viajeros: Granada.

De este modo cumplí con los sentidos que inspiran  la reforma. La asignatura es en realidad un artificio o  acto mecánico que puede ser impartido por un robot, como los que contestan las llamadas en las hipermodernizadas compañías de comunicaciones. La trivialización y dispersión del saber determina la nueva comunicación docente. Tiene que ser administrada en frases cortas, soportes audiovisuales seductores y tonos amables. Así, los profesores de la era anterior se reconvierten a las profesiones de relaciones públicas, para contribuir a la satisfacción de los compradores de créditos. En mi casa suelo mirar con atención a los presentadores de los telediarios, dotados de cuerpos diez y energías positivas, que presentan las noticias en pantallas enormes  por las que se desplazan. Entonces le digo a mi perra que estas son las competencias docentes de mañana. Ella no entiende bien, pero me mira intuyendo que algo me inquieta, sin saber que es la destitución creciente.

14 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo soy azafato a veces, gestor otras, evaluador y evaluado casi siempre. Ya sabemos, a los no funcionarios se nos exige vender bien nuestro trabajo, aprender a actuar sin verdadera autonomía, pero con suficiente creatividad y eficiencia. ¿Quién reivinda hoy un cuerpo de docentes único? De catedrático a sustituo han de ir por lo menos de 4300 e- a 300 e Tengo la sensación que bajo éste medio los profes que más satisfacen al cliente mejor son evaluados en número, sonríe, haz reir, no hagas pensar demasiado y menos cuestionar son formas, teoría, conceptos y esquemas, divierte, empatiza,... el perfecto "guay". Privatización encubierta, gerencialismo, empresarialización permanente; extraer la mayor rentabilidad y beneficio posible para el CV individual, el grupo de investigación, el dpto., la universidad. Este año me han vuelto a hacer un patético curso de adpatación pedagógica, me pargaran poco, tendré muchos alumnos aturdidos y acelerados. ¿Qué hago? Desobedecer en todo lo que puedo que es poco. No obstante, siempre podremos aprender a amar según el mensaje de la parroquia; http://www.andalucesdiario.es/ciudadanxs/la-universidad-de-granada-coorganiza-un-curso-parroquial-sobre-el-amor/#.VjkT-RwbfXM.twitter

Saludos, un asociado de Sevilla.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Saludos asociado. Estoy de acuerdo con lo que dices. Todos somos convertidos en grestores de sí mismos en el magma de la atenuación de lo social, que en la universidad adquiere proporciones insólitas. El curso parroquial de Granada es coherente con la ausencia de cambio verdadero. Detrás de todos los cambios rectorales se encuentra lo persistente. El nuevo curso de adaptación pedagógica es un compendio de los sentidos de la época. Sonreir y hacer sonreir, eso es lo importante. Además, ser positivo para cerrar el ciclo de las nuevas competencias.
Saludos cordiales

Anónimo dijo...

Lo único que no quiero es contribuir directamente a robar la vida a un ser humanos, gracias Juan.

https://www.youtube.com/watch?v=wgQxIpsVHX0

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Gracias por el video. Los profesores jóvenes proletarizados tienen que currar más de ocho horas para acumular los méritos que puedan ser el soporte de su carrera. Por eso cobran menos de los 1200 euros. Tienen que vender su vida todavía más barata.
Saludos

Anónimo dijo...

Qué tiene la escuela de aparato de Estado y qué de bien común tutelado y gestionado -hasta ahora- por el Estado. Obviamente son cosas distintas. Pese a lo que dice el autor, el motor de la privatización, también en este sector, es el propio Estado, que adapta la escuela a los objetivos de la gestión neoliberal. Existen unos comunes de conocimiento que toda sociedad, parar seguir siéndolo debe perpetuar, enriquecer y transmitir a las generaciones más jóvenes. La escuela como aparato de Estado capitalista pone estos comunes al servicio del régimen de explotación ya sea bajo formas público-estatales o privadas. En este sentido, el aparato de Estado escolar está habitado por una profunda contradicción, pues a la vez preserva un bien común y lo explota con fines de enriquecimiento particular y explotación. De ahí los conflictos permanentes y las incesantes reformas escolares. Hoy, creo que más que nunca, es interesante par las fuerzas democráticas defender una posición conservadora en este terreno, oponiéndose a la privatización de la educación por todos los medios y forzando al Estado a preservar un bien común que no puede liquidar porque simplemente no es suyo. Un bien común pertenece a la sociedad, no al Estado.

http://www.cuartopoder.es/tribuna/2015/11/08/que-programa-queremos-para-educacion/7735

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Este comentario y el texto que lo acompaña de Fernandez Liria me genera varias dudas. Desde hace algún tiempo me distancio de las interpretaciones demasiado sectoriales en la educación. Porque las reformas neoliberales avanzan en la totalidad del espacio social. Una de ellas es el estado, ya conquistado por las reformas. Porque lo que denomina como fuerzas democráticas se proponen conquistar el parlamento y gobierno. Pero eso no es la totalidad del nuevo estado. De modo que la privatización de la educación es mucho más que la titularidad. El modelo empresarial ya está instalado en los dispositivos y las mentes. Por eso la marea verde define sus objetivos sin tener en cuenta esta cuestión. De ahí su agotamiento e impotencia. En su estrategia sólo la victoria electoral de las "fuerzas democráticas" puede restaurar la educación-ascensor universal. No lo veo nada claro.

Anónimo dijo...

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-10-13/nigel-thrift-dirigente-odiado-universidad-britanica-futuro-educacion_1054613/?utm_content=buffer692ab&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer

Anónimo dijo...

sabes, Juan, que estoy trabajando mucho en estos meses sobre las reformas educativas Europeas? Me gustaria mucho charlar contigo sobre todos estos papeles :-)

Un abrazo desde Vilnius,
Raffaella

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Saludos cordiales Raffaella
Las políticas educativas son sólo una parte inseparable de la gran transformación en curso, que se encuentran muy avanzadas. Me enoja mucho que las resistencias se polaricen sólo en la titularidad del sistema educativo.
Un abrazo desde Graná
También comentar el anterior mensaje. No me preocupa tanto un caso extremo de neoliberalismo fundamentalista en la universidad, como el que presenta el texto, sino la evolución general que se orienta en esa dirección sin ser perceptible ni encontrar oposición.

Anónimo dijo...

Te entiendo Juan. Imagino que dentro de tu ironía, vestido de azafata, desarrollaras desobediencias en el aula, a mí personalmente me quedan pocas fuerzas, pero me da ganas de ponerme a trabajar con mozos y mozas de una compañía de teatro y un guión potente sobre ello, y después representar la obra por las aulas y desiertos universitarios.

Angustia, presión, temor, vacío, esas son algunas de las sensaciones de fracaso y saturación vividas ante demandas llegadas desde múltiples agentes, plataformas corporativas y agencias. Sentirse des-autorizado, quizá con razón a veces (al distanciarme de sus mundos de vida con sus multicódigos y experiencias); nos quieren como show-managers, con la bandera en alto de que la educación es una ciencia innovadora y reelaborando la confusión que produce la introducción en el ejercicio de métodos empresariales de gestión, marketing, coaching, redes y evaluación permanente de resultados con valor de cambio alguno.

Hasta los mismísimos, pero con ganas de producir, antes de mi jubilación o después, un acontecimiento final, de despedida, en el que una compañía de teatro recorra los desérticos espacios de diálogo, discusión, colaboración y aprendizaje, para que provoquen algo, al menos un impasse dentro de una acelerada carrera a un infinito.

Mario

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Gracias Mario
Tu comentario presenta una visión completa del aula en este tiempo. Estoy de acuerdo. Me parece buena idea la del teatro en los desiertos académicos. Suena muy bien. Hace años unos alumnos hicieron una pequeña representación del rector en los días de elecciones. Estuvo muy bien aunque puso de manifiesto que aquello era un oasis.
Saludos cordiales

Anónimo dijo...

Triste academia, borracha en un laberinto sin salida colectiva alguna. Azafatas del aula y clentes sin destino.

Añoro los días del 15M en los que despertábamos y continuaba el sueño. habíamos salido de nuestras casa, proyectos, intereses, gustos, compras, agendas repletas de deberes, sitios, personas, mensajes,... Me avergüenza no estar haciendo hogueras, o conversaciones palpables, quemas, subversiones múltiples aquí, allá y por donde pase.
Pero lo que tengo ahora es una sensación de fracaso enorme. Estudié una licenciatura, realicé un máster currando los fines de semana y noches poniendo copas para poder pagarme los estudios. Ahora tengo casi 40 años y sigo sin poder pagarme la independencia, con la ilusión por los suelos, pegada a una capa de grasa sucia que me recuerda en cada momento el fracaso. Eso sí, no dejan de alimentar mi autoestima y lamer mi notoriedad, dan a los me gusta de las redes, me invitan a dar charlas, conferencias, talleres, escribir textos,... Pero mi vida es una mierda. ¿Y la vuestra?

"...la inevitable sensación de fracaso que a veces me invade. De ese fracaso que llevo pegado a mi cuerpo y que se agarra a mi ser, mucho más allá de la precariedad que siempre considero transitoria aunque ya va para endémica."

navegando a muerte que diría Rosendo, en una situación compleja, surrealista, que puede rozar la esquizofrenia, en tierra de nadie, sin apenas referentes para enfrentar esta realidad que nos aplasta y que normalmente llevamos en silencio. Y encima no dejamos de sentirnos culpables. Hay que joderse"

Gracias Juan por el Blog, leerte es un disgusto con gusto.
Una exparticipante en tus clases y Doctora en hacer las cuentas cada semana.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

gracias por tu comentario tan revelador. Sobre el fracaso podríamos puntualizar muchas cosas al respecto. Es posible vivir aliviando la carga de la realidad que nos aplasta. También pensar en un futuro escenario en el que vuelvan a producirse acontecimientos que ayuden a mejorar y poder imaginar un horizonte aceptable. Me permito recetarte una medicación. Lee atentamente el blog de Amador Fernández Savater

Anónimo dijo...

Lo conozco, algunas cosas son de interés, otras me empalagan, mucho mientras tanto y poco entiende del mientras podamos, que recriminaba Montalbán a Sacrístán.
Es decir, la gente, la desigualdad, precariedad a parte de la ayuda mutua y el colectivismo necesita garantías reguladas y ctes.

Gracias Juan y buenas noches.