Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

jueves, 15 de octubre de 2015

LA IZQUIERDA Y LA PUERTA DE ALCALÁ

El largo viaje de la izquierda por distintos territorios históricos desemboca en el presente en un estado manifiesto de senilidad y decadencia. Como en la canción de Ana Belén y Víctor Manuel “Ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo la Puerta de Alcalá”. Quiero decir que, como este monumento,  se encuentra petrificada, orientada a su pasado, incapaz de interpretar el nuevo contexto histórico en el que habita ahora. Pero  el tiempo que pasa ante sus ojos es un tiempo vigoroso e intenso, en el que se producen grandes transformaciones que desbordan la capacidad de percibir, conocer y aprender de la izquierda convertida en un elemento del pasado que sobrevive en el presente.

Ciertamente, en la trayectoria recorrida desde su fundación, la izquierda ha desempeñado un papel fundamental en la conformación del capitalismo keynesiano, que disemina el bienestar económico y los derechos sociales por todo el tejido social. Pero, en el esplendor de los años gloriosos del fordismo  benevolente comparecen los primeros signos de decrepitud. Su proyecto queda congelado e implica la aspiración a que el tiempo se detenga. Así, el futuro se disipa en los programas y los imaginarios partidarios. Este síntoma fatal se asocia a la desintegración del pensamiento que la ha acompañado. Las cuotas de poder y gobierno que consiguen en el orden político keynesiano se contrapone a la disipación de su pensamiento, que siempre conduce a la desubicación y el extravío.

Así, convertido el pasado en un relato heroico,  embriagados del presente, entienden las conquistas materiales de modo irreversible, como parte de un presente eterno. Mientras tanto, una gran transformación está aconteciendo: la emergencia de un novísimo capitalismo global hibridado con el neoliberalismo. Desde final de los setenta este proceso no ha dejado de intensificarse. La izquierda, extraña al nuevo contexto y carente de pensamiento, se ubica en la defensa del capitalismo de rostro humano que se desvanece. Su acción política y sus propuestas se agotan en la rememoración del pasado inmediato que desfallece inexorablemente. La consecuencia es la disipación de la energía, de modo que sus actuaciones se agotan en los sollozos ante los efectos del asentamiento firme del nuevo capitalismo neoliberal, que revierte las conquistas sociales y debilita las instituciones reguladoras del orden social fordista-keynesiano. Se puede calificar su discurso ritual y monocorde como “los sermones contra las desigualdades crecientes”, por su tono de plegaria carente de cualquier vocación de generar una alternativa a un orden político emergente, que expulsa de la condición de ciudadanía a una parte muy importante de la sociedad.

En los años de declive senil ha modificado sus territorios de asentamiento. Los centros de trabajo o los barrios han cedido el sitio a las instituciones y la constelación de organismos técnicos que las acompañan. También las terminales mediáticas, en donde anida la inteligencia de la izquierda menguante subordinada a la hegemonía neoliberal, mediante la centralidad de la demoscopia y la imaginería de la comunicación en detrimento de las ciencias sociales. La implosión de la izquierda la disemina sectorialmente, de modo que se configura una fragmentación sectorial, que, en ausencia de un proyecto global, reduce su campo de acción a los compartimentos de la salud, la educación u otros. Así, se configura como un dispositivo político que agota su acción en replicar las reformas neoliberales en cada parcela, sin vínculos entre las mismas, carentes de un proyecto político fundado.

Los sindicatos de masas, que han constituido el soporte de la izquierda política, son disueltos por las transformaciones tecnológicas asociadas a las reformas desreguladoras que socavan la negociación colectiva, modifican los contratos laborales y cambian los sentidos del trabajo y de la empresa. El trabajo cambia su estatuto, deslocalizándose en un océano de empresas y una multiplicidad de formas de relación. La antigua clase trabajadora industrial, concentrada y homogénea, estalla en mil pedazos generando una masa laboral heterogénea y dispersa. Tras este terremoto sólo quedan las burocracias sindicales constituidas en un grupo de presión para conservar sus privilegios frente a los precarizados, subempleados y trabajadores discontinuos, cuyos intereses no se encuentran representados de facto en el sistema político.

En este contexto, en los cuatro años negros de Rajoy, la izquierda ha mostrado su escasa competencia y voluntad para defender los intereses de los desclasados y los penalizados. Sus actuaciones parlamentarias desprovistas de energía, sus comparecencias mediáticas grises, la ausencia en las movilizaciones defensivas fragmentadas de los afectados y la ritualización de la oposición, en la que solo tocan una partitura sórdida y desgastada. Durante todo el cuatrienio negro, su actuación no se correlaciona con la intensidad de los cambios operados. La izquierda siempre se sitúa en una escala inferior de respuesta al utilizado por la maquinaria política dualizadora. Su único proyecto es desgastar al PP con la ilusión de ganar las próximas elecciones. Su actuación es plana, carente de tensión, con independencia de la escalada e intensificación de las reformas neoliberales.

Sobre los fragmentos autónomos de la izquierda sectorial, los grupos sindicales, los presentes en los medios y los colectivos que conforman el archipiélago de los movimientos sociales y las asociaciones defensivas se encuentran los dos partidos convencionales: socialistas y comunistas. El caso de los socialistas es paradigmático. Los años de presencia en el gobierno y sus vínculos con la socialdemocracia lo han convertido en una organización bífida. Conserva una parte de sus bases tradicionales mediante la excelencia de su sistema clientelar. Pero, en tanto que quienes se encuentran en las sucesivas cúpulas partidarias, cuya función es la consecución de los gobiernos, para lo cual deben cumplir el imperativo de implementar políticas públicas redistributivas, se encuentran constreñidos por el complejo global presente en el partido.

Estos son, principalmente, los que desempeñan cargos directivos en las instituciones europeas y globales; los exdirigentes vinculados a las empresas, los bancos y los intereses fuertes;  también los expertos de distintas áreas, principalmente de las agencias,que detentan una centralidad creciente en el orden neoliberal;  los periodistas y comunicadores vinculados a las empresas de comunicación que respaldan el proyecto global. Todos ellos conforman una aristocracia interior que se moviliza en las ocasiones críticas, mediante el control de su entorno institucional, de modo que las tentaciones populistas de las élites partidarias que compiten en la arena electoral, son neutralizadas. Así, las palabras pronunciadas en los foros mediáticos por los ubicados en las actividades de recolección de votos carecen de cualquier credibilidad. El campo en el que se asienta el socialismo determina su dilema: Puede conciliarse con su electorado cuando está en la oposición, pero colisiona con él cuando accede al gobierno en esta era de aceleración del proceso hacia una sociedad neoliberal.

El caso de los comunistas es paradigmático. Su contribución a la resistencia contra el franquismo se contrapesa con su dificultad insalvable de superar el cuadro histórico de los años de la república y la oposición. Instalados sobre la contradicción de su gran contribución a la resistencia al franquismo y la degeneración radical de los regímenes del este, así como de los partidos comunistas, antes, durante y después de Stalin, muestran su incompetencia para reinventarse en el presente. Así, su proyecto político se ha desplomado, en tanto que las siglas sobreviven haciendo arte de su ocultación.

En su libro “La izquierda divina”, Baudrillard proporciona la clave de la decadencia de los partidos comunistas. Dice que tienen “vergüenza de la revolución”, entendida tal y como se ha encarnado en los regímenes del socialismo real. Esto es. Pero esta vergüenza no implica autocrítica o una rectificación, sino bochorno y retraimiento público, que se compatibiliza con una intimidad nostálgica. Así, las dos partes pueden representarse en el no discurso en las instituciones o en los platós, frente la apoteosis del viejo imaginario que comparece en la fiesta del partido, en la que se manifiesta la verdad antropológica. La consecuencia es el camuflaje de las siglas en la circulación política.

En estas condiciones, los límites de la actuación del partido son patentes. Genera unas barreras de acceso al mismo mayúsculas; una vida interior con el modelo de una secta, siempre manteniendo la frontera con el exterior para evitar la infiltración del enemigo eterno; la erosión cognitiva y comunicativa inevitable, derivada del mantenimiento de los dogmas; la vida partidaria dominada por representaciones cerradas en las que conocer parece imposible. En este contexto de partido-secta, es inevitable la conformación de un aparato sobredimensionado, que ejerce el poder de forma férrea.

No obstante, todas las organizaciones fundadas en el modelo de las iglesias, como es evidente en este caso, terminan adoptando un pragmatismo adaptativo considerable, adecuándose a su entorno mediante los intercambios para la obtención de bienes, en este caso bienes públicos. Este es el modelo resultante de los largos años del postfranquismo, en el que la élite partidaria se instala en los parlamentos, diputaciones y ayuntamientos, en los que muestra su competencia para maximizar la relación con sus beneficios derivados de su presencia en estas instituciones.

Pero las relaciones con la sociedad se establecen mediante la creación de un conjunto de asociaciones, cuyos objetivos se corresponden con causas sociales, pero cuya dependencia del partido es evidente. El modelo histórico del sindicato sucursal, se extiende a las distintas asociaciones. La consecuencia principal es el debilitamiento de la acción colectiva, en tanto que en un campo de acción específico existen distintas asociaciones asociadas a los partidos. La unidad de acción sostenida es imposible. El campo de asociaciones controladas por el partido declina con el paso de los años y la ausencia de relevos generacionales. El 15 M significó la emergencia de una nueva generación portadora de nuevos objetivos, métodos, aspiraciones e imaginarios.

Pero el aspecto más negativo de la izquierda desubicada en el presente es que todo aquello que nace, en términos de movimientos sociales, es absorbido por ella misma, mediante su inserción en su campo de acción conformado por las asociaciones y sus consiguientes divisiones. Así, lo nuevo emergente pierde potencialidad y se desvirtúa. En el caso del feminismo, pacifismo y ecologismo es patente. Estos son incompatibles con la cultura jerárquica, los métodos viejos de organización y la subordinación de facto a lo político-estatal-electoral. El caso de los verdes respalda este argumento. Se incorpora el nombre y la retórica, pero sus aportaciones quedan  en el exterior. Este sí que es un problema de envergadura que disminuye la capacidad de réplica de los movimientos.

En estas coordenadas cabe interpretar el acontecimiento generador del 15 M, que conforma un campo de acción completamente nuevo, en el que comparece una nueva generación de activistas, organizaciones y conflictos sociales. Estos sí que están inscritos en el presente. Uno de los efectos del 15 M es el nacimiento de Podemos. Este es un acontecimiento en el que se congregan varios elementos esperanzadores. Se trata de un movimiento político completamente nuevo; lo protagoniza una generación nueva insertada en el presente; aporta una energía considerable; sus actuaciones iniciales se sitúan en una escala de desafío adecuada al contexto, aspira a disputar el gobierno; además se funda en un proyecto débil, pero respaldado por un conocimiento especializado. El peligro de este proyecto naciente es ser reabsorbido por las organizaciones y los campos de acción sobrevivientes del pasado, como ocurre actualmente con la plataforma “Ahora en Común”.

En este escenario, un movimiento nuevo necesita de un éxito electoral contundente que le proporcione recursos para abrirse camino en el campo de acción local. Las elecciones europeas relanzaron a Podemos. Pero tras los primeros momentos, se ha empantanado en el terreno cenagoso de la acción local, donde las asociaciones declinantes y segmentadas, los movimientos de viejo molde jerárquico y otras formas, dificultan la emergencia de lo nuevo. Si no consigue un éxito electoral y, además, regenera el sistema de acción colectiva mediante renovados movimientos sociales, Podemos está condenado al bloqueo y será una versión modernizada de la vieja izquierda.

En la hipótesis del estancamiento, Podemos reducirá su papel a ser un mediador antropológico entre las dos generaciones de activistas, además de ser un invitado en la defensa simbólica de la fachada del viejo estado del bienestar, que es el objetivo máximo con la hegemonía del PSOE. Al menos podrá aspirar a ser una nueva estatua que siga viendo pasar el tiempo en la Puerta de Alcalá. Mientras tanto el proyecto sigue adelante y el poder que lo sustenta se ha extendido mucho más allá de lo político. Pero esto desborda los esquemas de la izquierda convencional. Contemplando a los dirigentes de Podemos me interrogo acerca de la luz cegadora de los focos mediáticos y su interferencia en el proceso de aprendizaje, imprescindible en cualquier transformación social.




4 comentarios:

Anónimo dijo...

No tenemos mucha idea de lo que esta ocurriendo en nosotros, en el mundo, en el día a día. Podemos ha supuesto un cambio, pero desde Vista Alegre ha tenido fuerzas excesivamente centralistas. De acuerdo con las redes locales, pero matizaría ciudades, pueblos,... PP-C´s tiene fuerza o C´s-PP-psoe. La izquierda desconoce la condición contemporánea, sobre la condición neo-liberal creo que Feher da bastantes claves, qué te parece? Gracias Juan.

https://vimeo.com/121149487

Ana

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Gracias Ana. disculpa la tardanza en contestarte. Efectivamente podemos desde vista alegre ha implementado lo contrario de su significación. Me molesta escuchar su identificación con el 15 m, porque este fue la afirmación de la heterogeneidad y la multiplicidad, que contrasta con la homogeneidad de plató de podemos.Gracias por el video.
Saludos

Anónimo dijo...

El 15M, el austericidio, la caída de las clases medias, las revueltas de allá y acá nha tenido una fuerza instituyente que engloba d

Hay una vorágine cultura y otra en la formación de partidos políticos des.mem.brados como i.z.qui.er.da.s. Esperemos que la campaña no sea guerra entre los hunos´y los otros, pues siempre ha sido así y no se acaba de aprender al respecto.

http://ahoraprimariasencomun.org/madrid/primarias/category/candidaturas/congreso/ahora-con-alberto-garzon/



Un saludo, Ana.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Gracias Ana. Me temo que las elecciones son una guerra, no por la victoria y la posibilidad de aplicar un programa, sino por la sobrevivencia. La fuerza de la izquierda es más sobreviviente que instituyente. Este es mi pesimista pronóstico.
Saludos