Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

domingo, 25 de octubre de 2015

DOSCIENTOS. MI VIDA CONMIGO Y CON LO QUE ME RODEA

Esta es la entrada doscientos. Como soy un socializado súbdito del sistema métrico decimal, me veo en la obligación de escribir un texto especial, como hice con la cien, en la que traté con el objeto-rey de la civilización vigente: el automóvil. He decidido hablar sobre mi vida. De ahí que utilice la metáfora de una de las películas de Isabel Coixet, Mi vida sin mí, para reivindicar justamente lo contrario, mi vida conmigo, lo vivido como territorio inseparable de mi persona, la imprescindible preponderancia de lo interior a lo exterior. Porque en el tiempo presente predomina la reconfiguración de lo interior por un exterior agresivo.

La referencia principal de este texto es el inevitable Ortega.  Uno de sus viejos libros, tan queridos por mí, “El hombre y la gente”, que he releído varias veces en distintos momentos de mi vida, que se encuentra vivo en mi biblioteca, que tiene propiedades mágicas, en tanto que me aporta cosas nuevas en cada relectura, además de no necesitar de enchufes para usarlo y proporcionarme sensaciones agradables a mi tacto, y hasta mi olfato. En este libro afirma “Sólo es humano, en sentido estricto y primario lo que hago yo por mí mismo(…)que solo es propiamente humano en mí lo que pienso, quiero, siento y ejecuto con mi cuerpo, siendo yo el sujeto creador de ello (…)sólo es humano mi pensar si pienso algo por mi propia cuenta, percatándome de lo que significa. Solo es humano lo que al hacerlo lo hago porque para mí tiene un sentido, es decir, que lo entiendo (…) que mi humana vida que me pone en relación directa con cuanto me rodea…es por esencia, soledad” (P. 17-18).

En el tiempo presente, los seres humanos nos encontramos con lo que nos rodea, la sociedad total, con sus distintas estructuras, microsociedades  y sistemas de comunicación, muy diferentes al pasado. Ahora lo externo es intrusivo, interfiere lo interior, dificulta el proceso de convertirse en humano en el sentido orteguiano, al tiempo que hace transparentes a los sujetos, inscritos en una sofisticada clasificación que incluye un número creciente de dimensiones, necesarias para configurarlos como blancos de las empresas de domesticación y los escultores de las almas. Así, ser humano y vivir la propia vida es un episodio cada vez más difícil. El gobierno de la época, que se instala en los territorios de lo vivido, tiene la pretensión de conducir a las personas de modo tan eficaz, que es preciso revisar todas las versiones de una cuestión tan fundamental como es la libertad. De este modo se configura una paradoja inquietante: la hiperestimulación, junto a la proliferación de las comunicaciones, termina minimizando el espacio íntimo, privado de un tiempo reposado de reflexión. Así se configura la carencia de vida interior acompañada de la velocidad en las comunicaciones. De ahí que la sentencia de Coixet, mi vida sin mí, sea tan frecuente en tan avanzada sociedad y adquiera la carta de naturaleza de un veredicto de nuestro tiempo.

Desde hace muchos años me defino a mí mismo como un náufrago. Es decir, como un ser viviente que se encuentra en un medio líquido que me limita severamente, en tanto que siempre tengo que adaptarme a él. Por eso he aprendido a vivir en este medio adverso. En tanto que lo líquido adquiere la forma de velocidad y aceleración después del primer gran accidente, narrado por Paul Virilio, he aprendido a fugarme provisionalmente para reapropiarme de una parte de mi vida. En este tiempo liberado reina la serenidad; el bienestar reducido a su expresión más simple y sobria; la práctica de los sentidos, de todos los sentidos; el silencio que me permite pensar, sentir y estimular mi imaginación y mi fantasía, así como gozar de las pequeñas cosas de la vida.

En este islote de mi vida se encuentra vigente la desprogramación de mis entornos, el distanciamiento del implacable ruido, la suspensión crítica de los estímulos múltiples, la negación de lo social-coercitivo imperante en este tiempo - que comparece en los guiones producidos en las fábricas de las necesidades, las carreras profesionales y las vidas requeridas-. Pero, sobre todo, en este territorio puedo negar el terrible imperativo de la época, que es el precepto de asumir la mejora continua en todas las esferas. No, eso no. Aquí radica el núcleo del vaciamiento existencial, la conversión en un productor eterno de méritos, así como la aceptación de la domesticación de la vida.

Sí, mi vida está llena de pequeños paréntesis, que conquisto todos los días, no en los fines de semana, tal y como hacen los desdichados súbditos de la vida entendida como sumatorio de excelencias renovables. En estos intervalos de paréntesis puedo descansar de la tiranía de lo nuevo y recupera mi espesor personal, que se niega a ser sometido a moldes y cuantificaciones generadas por las instituciones de la conducción. Los tiempos de calma me permiten establecer una barrera a los flujos de imágenes, sonidos y narrativas que me cercan. La cuestión estriba en saber escapar y volver, para no ser afectado por los sucesivos huracanes de las modas, las tecnologías de poder, el marketing, la publicidad y la vida laboral caníbal.

Confieso que he hecho un arte de la fuga para desembarcar en mis paréntesis cotidianos. Los paseos silenciosos con mi perra entre árboles, en los que reina la calma y el juego, constituyen la grandeza de la vida diaria. Así me libero de las tiranías de las homologaciones derivadas de los medios de comunicación, así como de la hiperestimulación del Smartphone, el correo electrónico y otros artilugios que me descentran, convirtiéndome en un ser guiado por lo que algunos optimistas denominan como las multitudes inteligentes. No, me autoprogramo yo mismo y construyo mi barrera de acceso. No estoy disponible 24 horas para mis conciudadanos estimuladores.

De este modo puedo resolver una cuestión esencial de mi identidad. Las maquinarias de la fabricación de relatos y de la realidad, condenan al pasado como un tiempo muerto y obsoleto. Las personas que tenemos varios pasados somos descalificadas en nombre de la velocidad que gobierna el presente. Pues también no. Vivo el presente y, como sociólogo, me esfuerzo por no quedar atrás y comprender los procesos en curso. Pero mis pasados no son tiempos carentes de valor. No. Son una parte esencial de mi vida que comparece en mis tiempos de paréntesis. En ellos revivo y celebro mis vivencias, mis amores, mis músicas, mis poesías, mis viajes y todos los elementos que configuran mi vida. Así, mis pasados constituyen una fuente de bienestar que impulsa mis nostalgias. No renuncio frente a la tiranía del presente eterno.

De este modo puedo envejecer con elegancia a los ojos de los demás. Porque renunciar al pasado es renunciar a mí mismo, que soy inseparable de él. Mis prácticas vitales, mis fantasías, mis opciones, mis saberes, mis limitaciones, todo ello conforma mi singularidad y mi identidad como ser único. Ninguna psicología positiva puede reinventarme, convirtiéndome en nadie. No, soy un producto de mi accidentada biografía. Mis cualidades y mis defectos se encuentran enraizados en esta. Por eso, sin esforzarme por entender y vivir el presente, en el que constato algunas limitaciones, vivo gozosamente mis pasados en mis retiros cotidianos en los que la memoria es estimulada. No, no me considero un trasto viejo en la definición de los profesionales de los guiones de la vida buena, porque no soy un valor de cambio, sino un ser humano individual.

En la situación que he descrito, mi principal problema de comunicación con el entorno radica en que las instituciones y las tecnologías de la época han construido un arquetipo humano caracterizado por su respuesta continuada a los estímulos que provienen de sus dispositivos portátiles de comunicación. Estos no les proporcionan descanso y les confieren algunas ventajas, pero el problema principal radica en que la atención  no puede ser fijada, en tanto que tienen la obligación eterna de responder a los mensajes y estímulos permanentes, que terminan por constituir una condena perpetua. Me gusta mirar a los estudiantes las noches de preparación de exámenes en las salas de lectura de las facultades. Los smartphones no les permiten concentrarse. Así, la gran mayoría de los seres vivos que me rodean, que desarrollan otras inteligencias, tienen el problema de que su atención es modificada numerosas veces en intervalos temporales que se cuentan en horas. Lo mínimo que diré aquí es que son dispersos. Esto explica muchos de los problemas colectivos.

Entre las múltiples transformaciones de mi entorno se encuentra la perversión de las instituciones. Sin ánimo de desarrollar aquí el tema, este es un factor fundamental de mi vida. Porque en una sociedad tan móvil y opaca, las grandes organizaciones tienen una dificultad insalvable para conseguir sus finalidades. De este hecho se derivan distintos procesos que confluyen en la configuración de lo perverso, que ahora se muestra sin ambigüedades a pesar de que ha hecho de la construcción de sus máscaras un arte mayor. El destino fatal de los refugiados sirios ilustra la perversión. Ya han salido de la actualidad y el espacio mediático, adquiriendo el estatuto de los fantasmas. La perversión de las instituciones se articula con la perversión de la inteligencia en este tiempo nuevo.

En este presente móvil y evanescente tiene lugar mi experiencia de escribir este blog. Para mí la escritura es una cuestión fundamental, tanto para mi subjetividad como para mis valores, que se derivan de mi vida interior rescatada a las estructuras que me asedian. Porque pienso que en un tiempo en el que la espesa niebla asociada a la decadencia del pensamiento y las instituciones que lo acompañan, en favor de las nuevas instituciones de la velocidad, enunciar tu propia perspectiva adquiere la naturaleza de obligación ineludible. Ya he recibido las primeras señales de desaprobación desde los poderes interesados en el silencio, en algunas ocasiones vehiculizadas en mis próximos. El silencio es el peor mal moral en esta situación que requiere tomar la palabra.

Lo que más me estimula es experimentar hasta qué punto mi perspectiva puede resultar incomprensible, y por consiguiente incomprendida. Por esta razón pienso en el futuro, este es el que verdaderamente me motiva. Puede ser factible un futuro en el que estos textos puedan ser recuperados por su utilidad para entender este tiempo de silencios atronadores. Entretanto, valoro positivamente el seguimiento del blog , teniendo en cuenta su contenido y el aislamiento de su autor. No obstante, como amante de lo pequeño y lo minúsculo, coincido con el precepto  de Ernesto Sábato, cuando afirma que “y aunque no me hago muchas ilusiones sobre la humanidad en general(…) me anima la débil esperanza de que alguna persona  llegue a entenderme, aunque sea una sola persona”.

Lo dicho, en tiempos de tanta uniformidad y evanescencia, vivo mi vida conmigo, y también con lo que me rodea. Una de las dimensiones de esa vida es la reflexión, que anticipa lo que digo y lo que hago. Porque aspiro a que mi inteligencia emane de mi interior, siendo intrasferible a mi smartphone.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Del mismo modo que tú, Juan, siento una profunda melancolía, una depresión profunda por la cultura resultante de este sociedad del vertiginoso capitalismo caníbal global. Huida permanente hacia delante, malestares culturales, vacío irreparable. Pero del mismo modo que la indignación y el desencanto es tan funcional al orden conservador, creo que el acontecer desde la melancolía y el resentimiento puede provocar paréntesis que nos preserven la atención, la memoria y el afecto encarnado y duradero como seres humanos descentrados, con fuerza y energía para fortalecer lo mejor de nosotros mismos y generar a la vez mundos de vida común.

No estas sólo, aunque como tant_s lo requieras.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Gracias por tu comentario. Pero no entiendo las palabras melancolía, depresión profunda, indignación, desencanto y resentimiento, en relación con mi texto. Nunca he tenido depresión precisamente porque siempre he recatado un trozo de vida serena. Lo que planteo es una definición del sistema muy crítica, de la que he seleccionado dos dimensiones: un sistema de comunicación demencial, regido por la velocidad, y unas instituciones que han modificado sus finalidades, adoptando modelos perversos. frente a esto propongo construir tiempos de paréntesis, en los que puedas refugiarte. Creo que no poca gente lo hace en distintas formas.
Por tanto mundos de vida en común existen como conjuntos de relaciones cotidianas que se han preservado del sistema. El problema radica en las alternativas a las instituciones y la respuesta acerca de si estas pueden ser modificadas. Muchas de las que se llaman a sí mismas de alguna forma que incluye la palabra "común" son reproducciones de las instituciones generales.

Anónimo dijo...

http://blog.p2pfoundation.net/the-ten-commandments-of-peer-production-and-commons-economics/2015/10/24

Iñigo dijo...

Te envío (desde mi smartphone) mis felicitaciones por tu 200 comentario, Juan. A mí me parece que el tuyo es lo que toda la vida se ha conocido como un buen naufragio. Abrazo. Iñigo

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Grcias Iñigo. Estoy de acuerdo en lo del naufragio. Pero me parecen tan extrañas las tierras a las que he arribado tras el mismo que temo encontrarme con otro huracán, diluvio o similar que me pueda devolver de nuevo al agua.
Un fuerte abrazo

Anónimo dijo...

Al agua de nuevo? diluvio?

No entiendo estimado Juan, te veo un poco tecnófobo:

"la importancia de evolucionar desde el aislamiento hacia la hiperconectividad. Los medios tradicionales se han socializado y hemos vuelto a los espacios sociales interactivos como medios de comunicación. Aunque leemos en múltiples instancias tradicionales que internet nos aislará de lo social, la experiencia nos demuestra justo lo contrario, que estamos recuperando ese importante aspecto."
Más en http://dreig.eu/socionomia/resumen-de-socionomia/

Saludos, una alumna.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Saludos alumna y bienvenida a este lugar.
No soy tecnófobo pero sí muy, muy crítico con la sociedad resultante de las nuevas tecnologías y con el arquetipo individual que resulta de ella. También, por cierto, de los tiempos anteriores. Por tanto no considero que el presente signifique un progreso. En coherencia con este supuesto veo la vigente sociedad del espectáculo en términos muy negativos. Significa un vaciamiento de los fenómenos sociales y la disipación de los problemas sociales, que se han cronificado.
Por eso cuando he leido la referencia que envias no he podido menos que sonreir. Se trata de un libro de ocasión para difundir las prestaciones de las máquinas. Pero decir que "después de la revolución tecnológica y social la creativa y cognitiva" me parece cuanto menos disparatado. Por el contrario, todos los analistas ponen de manifiesto el incremento de las desigualdades, la condena de muchas poblaciones a la miseria y los efectos de la gran precarización.
Si te parece normal lo que sucede en el mediterráneo, en el estrecho y en oriente medio, de modo que podemos estar satisfechos en espera de la revolución cognitiva y ceativa me parece cuanto menos no realista.
En el caso de los sociólogos es muy importante acceder a las realidades que ocultan los medios que conforman la sociedad del espectáculo.
Saludos cordiales

Anónimo dijo...

Un artículo inteligente sobre la actualidad y lo que nos viene, tristemente la hª se repite más de lo que pensamos.

http://www.lapaginadefinitiva.com/2015/10/29/el-vudu-del-consenso-y-el-corralito-del-pilar/

saludos de una postmoderna y postmediática, una alumna a la que llaman estudiante para convertirme en sujeto para el emprendimiento de mi aprendizaje,sólo por eso y por otros progres del reino de la palabra y ajenos a la actitud.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Gracias alumna emprendedora. Me parece inteligente efectivamente. Me impactó reflexionar acerca de los pilaristas el domingo anterior. Allí estaban todos. Quizás eso explique el milagro de la transición y el sagrado misterio del consenso.
Saludos cordiales

Victoria Robles Sanjuan dijo...

El otro día comentaba con un colega, ahora con cáncer, lo que para mí representaron en un momento de mi vida los avances científicos, particularmente en la medicina, que salvaron mi vida, sin lugar a dudas. No era consciente (sí a nivel teórico, no tanto en su vínculo con mis posibilidades de vivir) de la dimensión que la ciencia podía tener en un lapsus de tiempo concreto entonces detenido.
Enfrentar por vez primera un sentimiento de "des-control" de mi cuerpo, en aquel momento en manos de la medicina, me alejó de muchos de los pilares que sustentaban mi vida cotidiana.
Resitué el discurso feminista acerca de la manipulación y experimentación de los cuerpos como entes carentes de subjetividad; traté de comprender qué me decían las estadísticas acerca de las probabilidades de "éxito" y las llevé al extremo interpretativo que me permitía aliviar mi sufrimiento; acepté el conocimiento y la tecnología como herramientas de paso en mi cuerpo y en mi vida para obtener un fin que para mí era mucho más importante, y todo pese a que me permití decidir allí qué debía hacerse y qué deseaba hacer con lo que de mí se quedara en el camino de aquel proceso.
La tecnología impuesta es una evidencia histórica en nuestra vidas. Una piedra que comienza a rodar puede significar la posibilidad de un pequeño avance en el desplazamiento y comunicación humana; una lasca puede convertirse en posibilidad de comer y no fallecer; una máquina a vapor..., un anticonceptivo...
Me gusta la idea de no conformarnos con lo dado, con lo que nos es impuesto: la subversión nos hace avanzar a partir de los múltiples significados y aplicaciones que, pongo por ejemplo, un smarphon tiene en nuestras vidas. Escuchar, al mismo tiempo, las múltiples vivencias en el acceso, posesión, disposición, uso, resignificación y rechazo por la tecnología es básico para alcanzar no sólo una dimensión comercial, cultural, adoctrinante, homogeneizadora de la disposición de las tecnologías.
Y enhorabuena por esos primeros doscientos retazos de tu vida. Te gustan mucho los símiles marineros. A mí cada día más.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Saludos cordiales Victoria y gracias por el comentario. Ciertamente la tecnología salva vidas y ayuda a resolver múltiples p`roblemas, como señalas en el caso que cuentas. Pero el desarrollo tecnológico no ocurre en el vacío sino en una estructura social, que se define por una distribución desigual del poder. La tecnología es reapropiada para el proyecto más fuerte. Salva algunos enfermos de cáncer en los paises ricos y mata por bombardeos sin piloto a muchas personas del sur y del este. Pero su gran potencialidad no resuelve los problemas crónicos de la humanidad, que afectan a grandes contingentes de población. En mi opinión la formidable tecnología actual se emparenta en algún aspecto con el mítico proyecto del doctor Moreau, aunque la isla de beneficiarios de sus prestaciones es mucho más grande.
Es cierto que la tecnología es un factor impuesto en nuestras vidas, pero lo que no acepto es a su pareja, que es el proyecto del capitalismo global vigente que la orienta a sus fines.
Todo lo marinero me fascina. Vivo con la esperanza de poder volver a algún mar en los próximos años.

Victoria Robles Sanjuan dijo...

Sí, por supuesto, Juan. No entré en una valoración sociológica, ni de género, ni de clases, ni de periferias y centralidades en lo tecnológico. Me centré en cómo el discurso capitalista actual renovado, introducido en las universidades, merma la capacidad y potencialidad social de un tipo de conocimiento científico y tecnológico, que se simplifica pero que es complejo y multiforme, que debería estar puesto al servicio de las vidas humanas -todas- para comprendernos mejor y disponer de capacidades de opción de vida o de muerte - por ejemplo-, o de darnos facilidad de autorreconocernos o, por el contrario, expulsarnos de nuestras posibilidades de conocimiento sobre nuestras múltiples identidades y maneras de ser, siempre que nos permitiera disponer de herramientas críticas para optar sobre vías de información y conocimiento. Yo misma o mi amigo fuimos el mejor ejemplo de un desarrollo tecnológico privilegiado para nosotros-as mismas (con muchas trampas internas, que también las vemos), del que queda excluida una gran mayoría de seres humanos (véase el espectáculo inmoral y bochornoso del évola en este país hipócrita)
Estaba releyendo a Michael Appel sobre su texto "Educar como Dios manda" sobre cómo las tecnologías son utilizadas para generar interesadamente "nuevos oprimidos" frente a otros usos dirigidos a des-oprimir a colectivos sociales. La solidaridad frente a la utilidad interesada que genera nuevas formas de poder, en particular, en los grupos religiosos. Las tecnologías, dice él, tienen una interpretación, unos usos y significados sólo entendibles a través en su manejo y sentido por parte de cada grupo específico. Esto tiene relación con las instituciones educativas, con la definición del conocimiento "legítimo" y con cómo todo esto va siendo transformado según cómo se nos aparezcan los mercados tecnológicos.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Gracias Victoria por tu denso comentario. De acuerdo con la referencia de Appel y con las cuestiones que planteas. Creo que la tecnología es un vector de cambio muy importante pero no se pueden obviar los aspectos negativos. Por un lado conecta a los homogéneos, pero separa cada grupo de los demás. Cada uno vive su propio mundo con sus iguales separado de los demás. El resultado es un grado de desintegración social muy importante. Suelo decir a los alumnos que no vivo su mundo y ellos no viven el mío. Así se erosiona muy gravemente la educación. Es un encuentro tan provisional, tras el cual cada uno vuelve a su mundo, que la comunicación queda restringida a que algún acontecimiento global nos comunique un momento, tras el que de nuevo se separan las aguas. En estas condiciones la cohesión social es una quimera.