Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

domingo, 18 de mayo de 2014

CARLOS

Carlos fue el primer estudiante de medicina que se matriculó en la asignatura de sociología de la salud, dando vida a la fantasmática libre configuración, cuyos sentidos iniciales han sido invertidos. Lo conocí el curso anterior. Una mañana apareció en la clase de sociología de los movimientos sociales y me pidió que le dejara convocar a las jornadas sobre salud y cárcel que había organizado IFMSA Granada. Me causó buena impresión su inteligencia, así como la fuerza con la que comunicaba nacida de sus convicciones y de su vivencia en medios adversos. Pero lo más importante fue su modo de dirigirse a mí. No se comportaba como un sujeto que había interiorizado su posición subordinada en este sistema,  sino una persona que se encontraba viviendo mediante la realización de  proyectos activos. Eso es poco frecuente en la universidad.

El curso de Carlos fue fantástico. Junto a él se habían matriculado otros tres estudiantes de medicina, que concurrieron con varios alumnos críticos procedentes de programas de intercambio, así como dos educadores sociales de Sevilla,  plenos de sentido en relación a sus estudios, así como  algunos estudiantes locales contaminados por la energía irradiada por los recién llegados. Así se conformó un grupo muy vigoroso, que promovió varias iniciativas que proporcionaron a la clase una vida inusitada en los tiempos en la que el juego en la universidad es lograr las mejores calificaciones posibles con el esfuerzo mínimo requerido  y la iniciativa congelada.

Carlos y José Daniel, otro de los estudiantes de medicina, promovieron una sesión sobre salud y cárcel, en la que trabajaron en grupos pequeños con los estudiantes; otra, a la que me avisaron por correo electrónico dos horas antes, en el que presentaron el video de Teresa Forcades sobre la gripe A y en la que invitaron a médicos ejercientes, terminando en una discusión viva; también un video de una intervención de Juan Gérvas en Asturias y alguna más. Los educadores sociales organizaron una sesión sobre exclusión social y salud basada en una intervención en Sevilla.

La presencia de Carlos en la clase fue muy intensa desde el primer momento. Siempre intervenía en las clases. Entre nosotros hubo una relación de respeto y reconocimiento mutuo. Pero siempre intuí que no se encontraba cómodo en una clase en la que yo tenía el monopolio fáctico de la palabra. Lo supimos llevar bien. En la última clase antes de navidad, a la que asistieron pocos estudiantes y el contenido fue sobre participación, me envió señales que interpreté en términos de querer trascender la rígida relación profesor-alumno. En el final del curso entregó un trabajo   lleno de sentido, una entrevista magnífica que había realizado a un médico general. Le puse la nota máxima.

El año siguiente me invitó a impartir una charla en el centro social 15 gatxs en el que se encontraba muy involucrado. Fue un domingo de invierno a las cuatro de la tarde, una hora intempestiva para un profe de mi edad. Recuerdo que me enseñó el centro y me contó las actividades. Después de la charla tenían una sesión de cine. Asistió muchísima gente, muchos universitarios Se hizo en un garaje en el que hacía un frio aterrador, que contrastaba con la calidez del ambiente y el contenido, el mito de la participación política. Nunca me he sentido tan reconocido como en aquél medio, que pretende abrir un camino hacia otro mundo diferente del congelado de las instituciones académicas, tan blindadas de la realidad

Después volví a verlo en las jornadas de Farmacritix. También acompañando a una alumna de medicina, Lucía,  que se matriculó en la asignatura. Esta asistió a las clases, participaba en las mismas y también me hacía llegar inequívocamente su insatisfacción por el régimen imperante del monopolio de la palabra. Era un prodigio, como Carlos, de saber estar en un medio adverso que le relegaba. Tomó iniciativas tales como pasar un buen vídeo sobre medicalización. En junio no entregó nada lo cual me inquietó. En septiembre, al salir del examen estaba en la puerta de la clase. Me saludó cordialmente y me dijo que había aprendido algunas cosas en la asignatura pero que no se iba a presentar a las pruebas.  Así confirmó en que ella era persona autónoma, que no delegaba en nadie su aprendizaje, sobreponiéndose a las tecnoburocracias académicas que deciden sobre los contenidos de los supuestos aprendizajes. Lucía, también la he vuelto a ver en alguna ocasión. Siempre un encuentro tan agradable y evocador para mí, que entiendo como una señal del futuro que se hace presente en mi vida.

Pero el mejor encuentro con Carlos fue en una de las asambleas del 15m en la plaza del Carmen. Al verme sonrió y me dijo con un tono cómplice pero paternalista, “me alegro de verte por aquí”.  El 15M fue un medio social en el que personas como él pudieron  proponer  y hacer cosas llenas de sentido sin esperar al futuro. En esos tiempos Carmen estaba muy malita con su primera quimio. Por las noches le contaba las asambleas, las historias de la plaza y la emergencia de los personajes esplendorosos, desplazados por las instituciones y que comparecían allí mostrando su energía y sus potencialidades.

Más tarde escuché que había tenido problemas,  pues había hecho las prácticas de medicina en la cárcel, desbordando el guión  servil de “alumno agradecido, incoloro e inodoro en prácticas”, para ejercer como médico en un medio en el que la salud se resignifica, asociándose a fatalmente a otros factores no biológicos. Los pacientes y sus problemas son inseparables de su situación. Carlos se enfrentaba al medio más desigual que se pueda imaginar, con una población, la efectivamente penalizada, que resulta de varios procesos acumulados de exclusión. Cuando alguien me comentó sus problemas,  no tenía dudas de que sabría estar en su sitio con todas sus consecuencias. También me han contado de sus erasmus, en Grecia, lugar en el que es necesaria la presencia de médicos como él.

La última noticia fue su detención en la última huelga general. Fue procesado y la petición era de tres años de cárcel, lo que ha suscitado un movimiento de solidaridad. Por fin ha sido absuelto, evitando su ingreso como preso en el medio que siempre suscitó su atención. Su biografía ilustra los procesos de deterioro del sistema político, de las instituciones y de la sociedad, en el que la penalización expansiva comparece como la última fase  del estado salido de la transición, generando un presente que me gusta definir como “el fin de esa historia”.

Carlos es una persona demasiado grande para insertarse en el mundo sórdido resultante de los procesos de cambio operados en España desde los años ochenta. Representa a una generación que ha descubierto el gran secreto de la democracia española, que radica en que, en ausencia de un proyecto sólido y viable, los antaño opositores a la dictadura  que estábamos allí en los primeros años,  nos hemos integrado en las instituciones procedentes del franquismo, ocupando altas posiciones y reproduciendo el modelo institucional avalado con nuestra renuncia al cambio. Nos hemos acolchado frente a esta realidad elaborando narrativas sectoriales “progresistas”que nos protegen de la realidad. Este mundo de las instituciones vacías, grises y autoritarias muestra ahora su faz cuando se descomponen los maquillajes.

En ese mundo falso y vaciado, construído desde el amparo de las narrativas sectoriales de progreso, no cabe Carlos ni ninguno de los miembros de las nuevas generaciones que quiera incluirse activamente y modificarlas. De ahí la aparición de una disidencia, todavía muda, que salió el 15m y comparece en distintos acontecimientos. Estos contingentes generacionales, los que no caben, no pueden ser seducidos por la narrativa progresista hueca de la constitución providencial y sus variantes sectoriales. No están incluidos y vivencian las instituciones desde su auténtica dimensión autoritaria e inclusión menguada. Contemplar el espectáculo de las tribus universitarias o médicas definidas por su pavoroso silencio ante las involuciones  presentes, centrados en la puja por los beneficios inmediatos para cada segmento es más que elocuente.

La generación de Carlos, la del 15m, rechaza la inserción en estas instituciones sórdidas, que los incluyen tras una larga y penosa etapa en la que tienen que esforzarse por generar méritos acumulables, competir ardorosamente con sus iguales, al tiempo que tienen que demostrar su docilidad y su ceguera ante el mundo que vivimos.  Tienen que hacer del callar un arte, que repetir los gritos de rigor cargados del cinismo con que los pronunciamos los que estábamos allí en los ochenta, lo que nos ha reportado situaciones profesionales solventes en un medio inerte en relación a la inteligencia y a la vida. Los congresos son los acontecimientos en los que la desinteligencia y el cinismo se coaligan para conformar sinergias asombrosas.

No, Carlos y los miembros de su generación no son de los nuestros ni pueden serlo. Por eso no pueden renunciar a vivir, a ser y a hacer. Su biografía lo ilustra. No ha esperado al futuro programado por las instituciones y se ha enfrentado a las personas que más necesitan de la asistencia médica. La universidad le puede enseñar cosas instrumentales pero lo principal lo lleva inscrito en su persona. Por eso su única alternativa es constituir un mundo habitable para ellos, que desde luego, no puede resultar de la reforma de las actuales instituciones de las sociedades del crecimiento de las cosas.

He tenido mucha suerte en cruzarme con él. Lo entiendo como esos héroes del futuro que viajan hacia el pasado de las películas mitológicas de “terminator”. Estoy seguro de que las gentes que se encuentren en su camino serán beneficiarias de su capacidad de crear otros mundos, porque de eso se trata. Sólo puedo hacerle un reproche importante. Este es que me genera una insana envidia pensar en los pacientes que se encuentren con él. Estos experimentarán que un médico verdadero es algo más que la formación y que las cosas fundamentales están por encima de lo que se puede enseñar.  Carlos, la esperanza.






                        Carlos con Carmen procesados por su participación en la huelga general.

RECTIFICACIÓN: Carlos y Carmen han sido condenados a tres años de prisión, no absueltos como por error se afirma en este post. Pido disculpas y mantengo el texto con esta rectificación.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Carlos como ejemplo.

Podremos propagar esa indignación y conciencia para eliminar los disciplinamientos externos e internos de obediencia ciega, para autodisciplinarnos en el ser, hacer, vivir.

Gracias por tu honestidad moral e intelectual,

Ana

Anónimo dijo...

Gracias Juan por tu (auto)crítico y honesto post. Me son muy dignos los ejemplos de Carlos y Carmen, así como de otros luchadores menos conocidos.

Coincido en todo salvo en una cosa que me ocupa en exceso y señalo, y que esta de algún modo en las discusiones pasadas:

Más allá del narcisismo libertario, disidente,...
Renunciar, en ocasiones, a un modo de vivir, ser y hacer es una cotidianeidad de toda persona. Hay muchas diferencias, desde coherencias más sólidas y dignas a fantoches y chaqueteros oportunistas, que también los tenemos en los movimientos sociales de vanguardia, ojo. Quiero decir, no hay formas absolutas de coherencia, por mucho que se prodigan. Y, aunque coincio en tu descripción de una instituciones copadas por integrados que renunciaron al cambio (revolución), es cierto que también hay diferentes relaciones de fuerza y contextos.

Todo poder tiene sus resistencias, no nos olvidemos de la complejidad y variedad que nos enseñó Foucault.

Aliarnos con los papás del neoliberalismo más tiránico en pro de una defensa de lo instituyente, lo,libertario y los mov solciales. Es muy peligroso hoy la fobia al Estado, como nos decía Foucault (1979), necesitamos más que nunca que luchadores esten hoy en las instituciones para exigir un pensamiento y una praxis republicana en nuestras instituciones en el marco presente.

Dejar la lucha de un Estado e instituciones públicas y comunes mejores, por la coherencia de ese ser, hacer y vivir es una falacia que conduce al anarcocapitalismo y a la reluciente vanagloria de nuestras identidades. Política es la vida, el hacer, el ser y, claro, la defensa de los bienes comunes y la invalidación y lucha contra los que quieren degradar los sistemas de bienestar (mejorables, ampliables,...). Porque con la exclusiva de otro mundo es posible (el de los mov. sociales y todo lo de instituyente, invisible, molecular, disidente,...) se puede acabar contribuyendo, a otro mundo muchísimo peor es posible, Juan.

Saludos
el amante imaginario.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Gracias Ana y amante imaginario. Bienvenidos como siempre a este blog.Entiendo la cuestión de fondo que planteas. Pero es muy difícil disentir frente a un poder que destruye lo social, lo reconvierte en trozos y se asienta sobre la subjetividad de las personas. Es un poder mucho más productivo. ¿cómo hacerlo? Un poder tan vigoroso y dotado de inteligencia convierte cualquier diferencia en una disidencia. Esta es la peor condición en el magma semiológico que crea este poder. Es la tarea de la época para todos nosotros.
Como siempre asumo que me ha tocado el papel de resaltar la actuación de mi generación y del rebaño en las instituciones neoliberales que se define mediante la adhesión a símbolos de las revoluciones del pasado y la interiorización de los supuestos neoliberales sin problemas.
Siento ser tan negativo Ana pero el problema no es la conciencia sino cómo reinventar a David en la perspectiva de afectar a Goliat.
Seguimos cuando queráis.

Anónimo dijo...

Lo que me prefunto muchas veces es ¿cómo luchar contra los dispositivos subjetivos? Aquellos que se metene en tu piel,ya has interiorizado,forman tu ser. Aquellos dispositivos de control, de sujeción,...que nos hacen ser, como bien dices, seres competitivos con nuestros iguales (entre otras cosas). Ser sujetos neoliberales en nuestras prácticas/pensamientos cotidianos, aunque aborrecemos tal imposición. ¿Cómo liberarnos de esa subjetivación?

Anónimo dijo...

Reiventar a David para afectar a Goliat???

Siempre fue complicado, pero hoy vivimos más años, tenemos alcantarillas, agua potable,... aunque somos una especie muy que muy mejorable en lo ético.

Generar ese cambio no desde el descontento, aunque seamos escépticos. Relanzar los pilares básicos: redistribución y equilibrio entre los derechos colectivos y los individuales, democratización, la gente cuando ve que es posible entre todxs se alegra y continua...

Eso, sensatamente implica desmontar el totalitarismo de la cultura capitalista, que es más yo y menos el resto.

Saludos,
Ana.

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Ana: Quizás el problema de hoy es que hay un exceso de alcantarillas y de fontaneros.
Respecto a los pilares básicos que apuntas no lo comprendo muy bien ¿quién es el que va a relanzar? ¿la izquierda clásica? ¿el psoe o iu? ¿los recién llegados como podemos? Me permito poner encima de la mesa mis dudas porque no me atrevo a decir certezas de que es altamente improbable.
Nos encontramos frente a un poder inédito y en una situación que no comprendemos bien. Pero tengo claro que los fragmentos de movilizaciones defensivas no conducen por sí solas a una salida.Tiene que existir un proyecto que se sustente en el conocimiento del contexto y sus dinámicas.
Seguimos

Anónimo dijo...

Pero ese proyecto que conozca el complejo de contextos y sus diferentes dinámicas de gobernanza (la Troika y más) y de gubernamentalidad ha de ser construidos en común. Más allá de vanguardias.

El mundo hoy, más que nunca es fragmentario, quizás dentro de 10 años nos parezca el hoy mucho más firme que por entonces.

No creo en utopías colectivas que puedan llevarnos al delirio, como la fracasada URSS de Stalin u otrosa experimentos,... hay ejemplos en los Sures y aquí en los Sures del Norte de resisitencias dislocadas que deben tener una estrategia internacional, dificil, pero todo suma como proyecto,...

¡Alguna vez hubo un proyecto?

Gracias Juan,
Ana

Anónimo dijo...

Me temo Juan que te equivocaste en una cosa: no lo han absuelto. http://carloscarmenabsolucion.wordpress.com/

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Ciertamente me equivoqué y pido disculpas. En un par de días sacaré un nuevo post planteando la contraposición entre la realidad que implica la escalada penal y otras medidas duras y las risas de satisfacción de algunos de los eventuales ganadores de las elecciones del domingo
Un fuerte abrazo para Carmen, Carlos y todos sus compañeros

Rafael Serrano del Rosal dijo...

Juan hoy me reencuentro en este blog contigo un profe que hace 20 años me cautivo y me ayudo a crecer personal y profesionalmente, y que con estas sentidas, criticas e inteligentes palabras vuelve hacerlo. Un abrazo y salud

juan irigoyensánchez-robles dijo...

Rafael: Muchas gracias por tus palabras y por tu presencia en este blog. También te sigo de lejos desde hace algunos años y he leido algún trabajo tuyo.
Un abrazo