Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

martes, 28 de junio de 2022

MÓNICA OLTRA Y LOS DELITOS DE LOS PODEROSOS

 

Ni es tan difícil descubrir a qué se debe ese fracaso de las revoluciones: es que, por afán realista, emplean para sus fines las mismas armas del Orden que querían derrocar, no digo ya espadas o bombas, sino la legislatura, la fe en la Persona, las de los Amos que derriben o repongan y las de la gente, sus ansias y necesidades personales, confundidas con lo que quedaba de pueblo indómito, y la fe en el futuro, en que también la revolución tiene sus fines; que es lo que lleva la revolución a su fin: “toma el poder” como decían los militantes de mi adolescencia y así el Poder no cae, sino que cambia de sitio y color[…] y así la rebelión contra el Poder mismo queda asimilada, desvirtuada y muerta.

Muerta nunca del todo: sigue siendo posible luchar contra la Fe, la del Amo y la de uno mismo, por más difícil y largo que sea descreer y dejar que lo que nos queda de pueblo vivo diga “No”, que es lo que sabe hacer, y que el NO haga lo que pueda.

Agustín García Calvo

 

La dimisión de Mónica Oltra, tras su imputación por encubridora de un delito de abusos sexuales a una menor tutelada ( y recluida) es un acontecimiento que trasciende su singularidad, para inscribirse en la espectacular caída de la nueva izquierda nacida en 2014, que converge en el proyecto de una reforma radical del deteriorado régimen del 78. El éxito de Podemos en las elecciones europeas de 2014, abrió un proceso que concluyó con un gran éxito en las elecciones generales de 2015 y municipales y autonómicas de ese año prodigioso. Tras instalarse en los parlamentos, en los años siguientes comienza el declive de esta izquierda, que muestra la vulnerabilidad de su programa y la caducidad de sus métodos  y repertorios de acción política. En todas las partes se desatan luchas internas de una gran crueldad, que eliminan a no pocos dirigentes y afiliados, y producen la multiplicación de las siglas y los movimientos de contingentes militantes.

La recesión electoral resultante es disfrazada por su integración en un gobierno de coalición con el PSOE en 2019, justamente cuando su influencia y recesión organizativa deviene en menguante. En esta situación se intensifican los abandonos y las salidas, que muestran unos imaginarios y métodos partidarios que representan una versión posmoderna de la vetusta III Internacional. El mal clima alcanza el éxtasis en el presente, haciéndose patente en Andalucía, donde la lucha interna alcanza una intensidad inusitada y dos candidaturas que practican el juego de la eliminación. Como ejemplo del grado de descomposición de los reformadores de 2014, la impúdica discusión pública entre Antonio Maestre y Pablo Iglesias, que se desafían a debates públicos para desvelar a qué poderosos de los medios se acoge cada uno (Roures y Florentino/Ferreras).  El mal estilo  y el fantasma de la autodestrucción comparece en la superficie sin cortapisas. Imagino lo que hubiera pensado simón Sánchez Montero y otros resistentes al franquismo de este rango si hubieran presenciado este dislate narcisista.

En estas coordenadas cabe comprender el asunto de Oltra. En síntesis, representa lo que García Calvo afirma en la cita que abre este texto: Emplean las mismas armas del orden que pretenden derrocar. Oltra ha desarrollado una gran parte de su biografía política en la confrontación con una élite terrible, la oligarquía valenciana de Zaplana, Camps y Barberá. La afirmación del insigne historiador de la revolución rusa Isaac Deutscher, que entiende que en una confrontación prolongada con un poder desmesurado, este termina por transferir sus métodos y supuestos a sus rivales, se hace factible. Este es el código para comprender las actuaciones de Oltra en este asunto: Entiende que el problema se debe a la acción de un enemigo exterior y solo los tribunales pueden juzgar el delito; los demás, están inhabilitados para decir, tratando de instituir un denso silencio sobre el cierre de sus acólitos. El libreto del viejo PP en una nueva versión.

Desde la perspectiva de la sociología y criminología crítica, se abre camino a la conceptualización de un tipo especial de delitos: Los de los poderosos. Estos disponen de cuantiosos recursos para influir en las definiciones de estos, y también en su tratamiento penal, de modo que influyan en las decisiones de los tribunales o amortigüen las sentencias. El capitalismo global ha propiciado la proliferación de delitos cometidos por autoridades económicas y políticas. En España, el Régimen del 78 ha sido espléndido, ofreciendo un repertorio de poderosos que han terminado en los tribunales. Mario Conde o Ruiz Mateos son figuras insignes de estas élites superdotadas en su defensa, pero también Rato, Matas, Bárcenas, Chaves, Griñán y otros muchos.

Así, los tribunales acreditan sus limitaciones para resolver los delitos de los poderosos, de forma que la relación entre las fechorías y las sentencias sanciona severamente la proporcionalidad: menguadas condenas para tan prodigiosas transgresiones. El caso De Urdangarín es un icono de esta escasa productividad. No es de extrañar que la exvicepresidenta valenciana se acoja a esta instancia, como hicieron sus predecesores, con la esperanza de repetir el éxito de un personaje de la categoría de Camps. De este modo se adhiere a uno de los elementos más perniciosos del régimen del 78 que se proponía modificar, como es la elusión de las responsabilidades políticas, en la certeza de que todo se dirima en los tribunales. Tomás Díaz Ayuso es el último beneficiario de este privilegio de los poderosos.

Los abusos sexuales a la niña tutelada, tuvieron lugar en una institución total. En esta, la vulnerabilidad jurídica de las poblaciones recluidas y tratadas es colosal. Sobre ellos pesa un estigma monumental y la cultura del personal que los custodia se funda en unos supuestos y sentidos basados en la sospecha permanente de los internos. Las tensiones entre ambos son permanentes y son frecuentes los conflictos de muy distinta índole entre los mismos. Como consecuencia de esta realidad, estos centros están protegidos de las miradas exteriores y el personal se cierra completamente al entorno. Por esta razón, el poder efectivo de las autoridades se encuentra constreñido por ese silencio y resistencia a la intrusión externa por parte del personal. El resultado es que cualquier acontecimiento producido en su interior presenta unas dificultades enormes de ser visibilizado y analizado.

Así las investigaciones por parte de autoridades externas se encuentran con una resistencia macroscópica difícil de gestionar. El caso de la ínclita Cifuentes en la Universidad Carlos III evidencia el espesor de las solidaridades internas, de los silencios y las complicidades, así como los poderes internos intimidatorios. De este modo se hace inteligible que la institución no denunciase, para después desplegar una resistencia encomiable en la protección del compañero. He vivido situaciones así en la universidad, en el ejército, en las instituciones sanitarias y en otras semejantes. Precisamente, uno de los elementos que configuran ese tsunami que se ha abatido sobre todas las organizaciones, y que se denomina como “nueva gestión pública”, tiene como finalidad central deshacer las solidaridades pétreas entre los profesionales y empleados de estas instituciones.

Por consiguiente, la definición de este problema, desde mi perspectiva, no es tanto jurídica, como que el comportamiento de Oltra ante el mismo, se puede encajar en el molde de “nueva zarina valenciana”. Como autoridad administrativa y política máxima, ha escondido el problema, reforzando así a los profesionales y empleados. Este ha sido convertido en un secreto, de modo que todas las miradas externas han sido calificadas en el molde de “el enemigo exterior”. No niego la envergadura de los medios de la extrema derecha procaz, que han explotado su oportunidad. Pero esta no es la cuestión. Esta radica en la gestión política de un abuso mayúsculo de poder en una institución total. Y esta gestión ha sido fatal, incomprensible desde las coordenadas de la izquierda y menos aún del feminismo.

Oltra se ha sentido amenazada y ha tratado este problema orientada a conservar su privilegiada posición de vicepresidenta y a conjurar a sus enemigos, eludiendo todos los controles y amenazando con derribar todo el templo en el caso de no obtener respaldo. Estos acelerados días ha mostrado un repertorio aciago de prácticas de un mal gobierno, contribuyendo al derrumbe de la nueva izquierda del 2014, mostrando la ausencia de un proyecto viable de cambio en las organizaciones. Así, su contribución a una izquierda, que solo actúa sobre el producto final de las instituciones: leyes, subvenciones y medidas administrativas, en ausencia de un proyecto de mejora de las mismas, destrozadas a día de hoy por la transición letal del modelo burocrático al de nueva gestión pública, evidencia la superficialidad de cualquier cambio en profundidad.

La vicepresidenta ha explotado de las competencias asociadas a su posición institucional, en la convicción de que era posible redefinir el problema y expulsarlo de su realidad. En esta secuencia no sólo ha intensificado las malas prácticas de gobierno, sino que ella misma ha deshumanizado a la víctima, tratándola como si fuera un expediente administrativo. Así ha reinventado su mismo programa político, que dice inspirarse en mejorar la vida de la gente, descubriendo que quien moleste no es parte de la gente. La perniciosa fórmula que ha creado, que se puede materializar en la fórmula “La gente menos tú”, remite a un nepotismo vinculado a la élite valenciana precedente.

Pero lo peor radica en su talante autoritario y su histrionismo expresivo. Sus actuaciones ante los medios han carecido de espesor institucional, llegando a extremos insólitos en la práctica de un liderazgo tóxico. Ciertamente, su estado psicológico se muestra tormentoso, y su incapacidad de encajar el golpe le aproxima a la valenciana “señora Rita”, exalcaldesa de Valencia, que reaccionó negando las realidades de su gestión, interpretando que las críticas a esta se debían a la acción demoníaca de los enemigos exteriores.

La mala gestión de este problema por parte de Oltra ha desvelado la metamorfosis que ha experimentado Compromís, común a la nueva izquierda de 2014. El partido inserto en la administración, ha mostrado su núcleo duro de altos y medianos cargos que han mostrado la adhesión incondicional a la lideresa sin grieta alguna. Así, no sólo cancelan el pluralismo, inseparable de cualquier colectivo, sino que se muestran como un competente grupo de interés, que actúa concertadamente y sin fisuras frente a sus rivales. La reaparición pública de Baldoví, que ante las cámaras amenaza a sus socios de coalición mediante la fórmula “Si nos tocan a una nos tocan a todos”, es elocuente en la caracterización del imaginario de este partido. Se trata de una asociación para promocionar los intereses de sus miembros.

La gran amenaza que supone este affaire, junto a su percepción, no como mala práctica de gobierno sino como “ataque” desde el exterior, ha determinado lo que se entiende como clausura organizacional, es decir, un cierre efectivo de los canales de comunicación con el exterior, lo cual produce una gravísima distorsión del conocimiento y de la forma de conocer. El resultado es la activación de un estado emocional explosivo, en el que se multiplican los enemigos. Las palabras de Mónica atribuyendo a sus socios de coalición la intencionalidad de eliminarles son una verdadera joya para la psicología social de lo que representa una alteración de la percepción.

En ese estado colectivo de peligro tiene lugar la ceremonia del baile ante las cámaras, que representa un verdadero exorcismo con respecto a sus malvados enemigos. Los dirigentes se presentan en estado de éxtasis, con sus rostros encendidos por la cohesión grupal como forma de conjura de los demonios que se han inmiscuido en su realidad. Días después, cuando presenta la dimisión, el estado de exaltación deviene en estado colectivo de depresión, como es común a algunos procesos críticos en organizaciones. Los rostros de la cúpula comparecen expresando el catálogo de emociones negativas. En esta situación de depresión colectiva ha aparecido el principio de realidad y los mil cargos del partido han aceptado su continuidad mediante el sacrificio de la lideresa.

No puedo concluir sin aludir a un elemento pernicioso común a esta nueva izquierda. Se trata de utilizar lenguajes emancipadores del nuevo anticapitalismo en contextos en los que los mismos hablantes practican modelos antitéticos. Así, Oltra, vicepresidenta del gobierno valenciano que exhibe su fuerza institucional para aplastar a una chica tutelada-recluida, una don nadie que no merece ni siquiera el privilegio de formar parte de la mitológica gente, dice a sus acólitos que ahora tenemos que hablar entre nosotras, sororidad, y tenemos que cuidarnos. La distorsión adquiere proporciones cósmicas. Esta es una perversión típica de esta izquierda. Durante algunos años, todos los que eran abrazados por Iglesias eran expulsados sin piedad a las tinieblas exteriores. El libro de Errejón,”Con todo”, es una verdadera joya en la caracterización de lo que denomina como “estalinismo cuqui”.

Lo peor de esta historia es el previsible final. En él puede concurrir un buen desenlace jurídico con un desastre político, el retorno de los brujos del PP a la Generalitat. Ignoro si estos le harán un monumento a Mónica Oltra en agradecimiento. Pero lo peor es que aterrizarán sobre las mismas instituciones que dejaron, las esculpidas por la nueva gestión pública sometida a un racionamiento tan drástico que las sitúa en la indigencia. El mítico cambio es fantasioso, lo único que no cambiará es que Baldoví seguirá siendo diputado y que el pueblo vivo de García Calvo seguirá diciendo no, pero con menos vigor.

 

 

miércoles, 22 de junio de 2022

DE MADRID AL CIELO: MARTÍNEZ ALMEIDA Y EL ESPECTRO DE MORAL SANTÍN

 

El pasado sábado 12 de junio tuvo lugar un importante acontecimiento que ha pasado desapercibido, tanto para los medios como para la leal oposición municipal postcarmenista. En ese día, sábado y penúltimo de la Feria del Libro, estaba anunciado un homenaje a Almudena Grandes, en el que estaba prevista la participación de algunos de sus lectores leyendo textos suyos, además de la intervención de Luis García Montero, su viudo, así como de otras personas. Resulta que, al terminar la calurosa mañana, se hizo público un extraño comunicado del Ayuntamiento de Madrid. Este informaba de que ese día, por razones meteorológicas, debido a las altas temperaturas, el parque cerraría sus puertas desde las 19 horas. Esta alocución, carecía de cualquier sentido, en tanto que a esa hora comenzaba a bajar la temperatura. Tras las protestas de los libreros, el Ayuntamiento rectificó, pudiendo los asistentes al homenaje a Almudena disfrutar de él, así como los visitantes de la feria, y los usuarios del parque en espera de la disminución de la temperatura.

Este esperpéntico anuncio municipal, se puede comprender desde la negación del equipo municipal del PP, y, en particular, del ínclito alcalde Martínez-Almeida, a reconocer la aportación de la escritora y de su íntima relación con Madrid. Con posterioridad a su muerte, le fue negado el reconocimiento a su obra, llegando incluso a descalificarla mediante el recurso al único modo de expresión que tiene la clase política madrileña, como es el zasca. El alcalde utilizó un tono tajante para descalificar a Almudena, en un tono semejante al utilizado por esta élite al tratar con sus subordinados, cumpliendo así con el mandato que ellos mismos se han asignado: saber mandar.

Con posterioridad, el grupo de “carmenistas” escindidos de Mas Madrid, que proporciona un apoyo vital al alcalde para avalar sus proyectos, forzaron que la escritora fuera declarada “hija predilecta de Madrid”, en un acto al que no acudieron las autoridades municipales. El estilo del grupo de gestores municipales que sustenta lo que en este blog se denomina como “el complejo de suelo”, formado por un dispositivo de financieros, constructores, propietarios de suelo y gentes de negocios, se muestra invariable, y es sintetizado por la líder de este conglomerado, Isabel Díaz Ayuso, que exhibe impúdicamente tanto sus malos modos como su extravagante  imaginario.

El ínclito alcalde, representa un verdadero estereotipo de su casta social que se especifica en el cliché de “nacidos para triunfar”, cuestión que se encuentra determinada por el sistema de relaciones sociales tejidas en torno a su cuna. Las posiciones sociales asociadas a los negocios del activo complejo del suelo, se heredan y se reproducen en un conjunto de espacios de élite, en el que concurren sus emprendedores miembros para intercambiar informaciones, calcular los negocios y cerrar los acuerdos. Mi padre, en la sociedad del franquismo duro solía decir que en las familias pudientes, los listos se dedicaban a los negocios privados y los menos dotados de inteligencia, se orientaban a los puestos estatales.  Esta pauta ha sido reelaborada en el milagro madrileño de los últimos cuarenta años. Ahora la carrera estándar es hacer una oposición de élite del estado, para después desarrollar una carrera política, que implica tejer acuerdos con los incansables de los negocios.

Así, Madrid es una ciudad peculiar, en la que la élite del complejo del suelo detenta el privilegio de no madrugar. Pasado el mediodía, las gentes de los negocios hacen acto de presencia en sus oficinas, pero los lugares de encuentro ideales son las marisquerías, las tabernas de lujo y los restaurantes distinguidos y con encanto. En estos locales convergen las gentes de los negocios, siempre atentos para capturar algún indicio que pueda ser imaginado como negocio para después ser cerrado. Las horas centrales del día devienen en tiempos donde concurren estos avispados activistas del lucro, constituyéndose como lugares hiperfrecuentados, tanto por gentes del mercado, como de las altas instancias del estado. Así se configura el modo madrileño de vida, que concita la convergencia del ocio y los negocios.

El alcalde es hiperfrecuentador de las marisquerías distinguidas, así como de otros locales de la hostelería de élite, constituidas como contenedores de los acuerdos comerciales. En estos locales, revive la condición de autoridad, mediante el trato especial que proporcionan los camareros y los dueños de los locales a sus distinguidos huéspedes. Allí, la condición de señor es recreada de un modo que alcanza la excelencia. Los participantes en estos encuentros de élite se tratan mutuamente de don, y la cordialidad adquiere una condición mística. Los pequeños obsequios representan una señal de distinción que termina por ser un verdadero arte. La marisquería simboliza el sublime don de saber estar como un señor en este mundo social de Madrid, protegido ante las miradas indiscretas de las personas externas a esa red social de la distinción de los negocios. Personajes como Carromero, Casado, y la misma Ayuso, no pueden ser comprendidos en su integridad desde el exterior de su carrera iniciática en el laberinto de la hostelería de la excelencia.

La barra es un espacio especial, en el que se intercambian miradas y palabras entre los selectos clientes. Este es un lugar para exponerse a los avizorados ojos de los presentes, que se encuentran atentos a las señales de los demás para ejecutar sus actos de reconocimiento social y sus trueques. Este es el lugar del intercambio fugaz de las palabras en las que viajan los estereotipos. Es por eso que la barra es un receptor de los zascas y comentarios del día, que son confirmados y reelaborados por los ilustres presentes. Imagino al alcalde en ese lugar, ejerciendo fugazmente su reinado, en tanto que se encuentra dotado de la competencia suprema de hacer favores.

En este proceloso mundo de la hostelería de cinco estrellas, la distorsión con respecto a la valoración de una obra como la de Almudena Grandes es irremediablemente afectada por el ambiente. Los libros tienen otro tiempo que el de las conversaciones en las barras o los rápidos encuentros protocolarios entre socios. De este modo, las alusiones a la escritora adoptan la forma de la sentencia de un juicio sumarísimo de antaño, en el que se descalifica integralmente a la misma y su obra. Con frecuencia, el factor desencadenante de esta condena tiene su origen en alguna de sus columnas, que por efecto de halo se extiende a toda su obra, puesto que tan atareados críticos carecen del hábito de la lectura de libros. En la barra, las transacciones lingüísticas  son breves y contundentes, siendo así poco propensas a valoraciones más sosegadas. Por esta razón Ayuso ejerce la dirección comunicativa de este conglomerado de locales en los que se recepcionan y comentan sus zascas

Pero la derecha económica, sociológica y política madrileña y su dominio de las instituciones durante tantos años no pueden entenderse sin considerar a la izquierda. Desde siempre, esta no ha sabido resolver la coexistencia con las direcciones nacionales de los partidos, arraigadas en Madrid y celosas de cualquier competencia. Así, los conflictos latentes y manifiestos en el PP y PSOE de todas las épocas lo atestigua. Pedro Sánchez, que actúa como El Supremo -tal y como lo califica Gregorio Morán-  ha reestructurado el partido para convertirlo en un dispositivo de apoyo mecánico a su persona. Los líderes madrileños son seleccionados mediante el criterio de la lealtad debida. Esta política ha lastrado gravemente el potencial del partido. Gabilondo y Franco han visualizado los efectos perversos de esta dependencia de La Moncloa. El partido se ha instalado en una senda de pérdidas constantes y acumulativas, terminando por ser desplazado en las últimas elecciones del segundo puesto.

Pero la calamidad de la izquierda madrileña se encuentra determinada por el efecto corrosivo de las instituciones del régimen sobre sus élites. El asunto CajaMadrid, que desvela un proceso de institucionalización de los partidos y sindicatos, cuyas élites disfrutan los beneficios económicos de la institución financiera. El escándalo de la corrupción a gran escala de la que se benefician concertadamente todas las élites partidarias y sindicales, se encuentra simbolizado en la figura de Moral Santín, líder de IU y creativo actor de una nueva versión de la nomenklatura comunista en el capitalismo español desbocado de principio de siglo XXI. El corporatismo de la clase  política llegó a afectar a uno de los intelectuales más sólidos de la nueva democracia: Virgilio Zapatero, profesor universitario con una obra acreditada que terminó su carrera como beneficiario de tarjeta black.

Este episodio, al margen de otras consideraciones, muestra inequívocamente la ausencia integral de cualquier control organizacional sobre las élites partidarias convertidas en banqueros amateur o “consejeros” de instituciones poderosas. Esta práctica denota una desviación total de la izquierda, beneficiaria del nuevo estado democrático que les convierte en una suerte de miniempresarios financieros. Este episodio permite imaginar el deterioro inmenso en todos los planos de las viejas organizaciones de la izquierda, convertidas en beneficiarias del generoso leviatán. Un acontecimiento así, necesita de una fuerte conmoción interna que propicie una regeneración. Esto no ha sucedido. Por el contrario, las organizaciones políticas y sindicales han pasado página protegiendo a sus líderes beneficiarios. En el fondo de esta cuestión se encuentra una izquierda en la que se pueden distinguir dos condiciones: Comisionistas y dietistas. Estas adoptan distintas formas, pero desde esta perspectiva se puede comprender la ausencia de energía derivada de la carencia de un proyecto. El cuantioso peculio de los líderes presentes en las instituciones del estado, no mueve a las bases. Este es el fundamento de lo que generosamente se puede calificar como desfondamiento de la izquierda.

Pero este golpe terrible tiene lugar en la reactivación general derivada del 15 M, la constitución de Podemos y la revuelta del 2014. En esta se constituyen nuevos partidos y confluencias que aterrizan en las instituciones. Un indicador puede alertar acerca de la atomización de la nueva izquierda. En todos los procesos, incluyendo el recientísimo de4 las elecciones andaluzas, las candidaturas de la nueva izquierda obtienen menos escaños que el número de partidos aspirantes. El desplome de las convergencias con alguna excepción tan sólo cuatro años después, presenta en Madrid la faz de una catástrofe política. La candidatura ganadora que coloca a Carmena como alcaldesa se fracciona en mil pedazos que instituyen la lucha de todos contra todos. El éxodo es inevitable, así como la bifurcación múltiple que posibilita el traslado de muchos de ellos a las instancias estatales disponibles. El célebre caso de Mauricio Sánchez Valiente en el Ministerio de Igualdad es paradigmático.

El abandono de Carmena y la confrontación sin cuartel entre facciones ha terminado por exiliar a la nueva izquierda madrileña de los mundos sociales sobre los que se ha asentado. La deriva de Mas Madrid, convertida en la fuerza hegemónica de la izquierda, es lastrada por el pecado original de la fuga de sus líderes: Carmena y Errejón se fugan de las instituciones municipales y autonómicas, instaurando una mala premonición. Pero la nueva izquierda, concentrada en la confluencia que llevó a Carmena a la alcaldía, ha seguido su tradición y ha desatado las violencias cainitas y el autoritarismo en su interior.

El asunto Caja Madrid,  El ocaso del PSOE madrileño, el techo bajo de sus candidaturas y las luchas internas, confluyen generando un “espíritu” de la izquierda madrileña anclado en la derrota que erosiona su proyecto. Pero el aspecto más negativo radica en su transformación de sus seguidores en un sector de la opinión pública que se manifiesta como audiencia televisiva. Las instituciones se configuran como una fábrica de acontecimientos mediatizables en forma de zascas, memes, imágenes y vídeos que alimentan la programación.  La paradoja más cruel de la izquierda radica en que sus líderes espirituales son El Gran Wyoming, Anabel Alonso, Sacristán y otras distinguidas gentes de las industrias culturales. La confrontación ideológica derecha-izquierda tiene lugar en las programaciones de las teles, y se encuentra excluida de la Academia o la producción cultural.

En una situación así, Esperanza Aguirre primero, y otros después, aprendieron a lidiar con Gonzo, Évole y otros reporteros incómodos. Almeida, que se define como  “aguirrista”, ha incorporado a su perfil las artes elusivas de los reporteros-cómicos de la izquierda. Su función de ejercer el control absoluto de la institución municipal y del mundo de los negocios asociados que se fraguan en la hostelería dura, se encuentra facilitada por el tipo de oposición cómico-humorística ejercida por los próceres del espectáculo televisivo. Desde esta perspectiva se pueden comprender los malos modos que ha ejercido en el caso de Almudena Grandes. Esta era una persona importante en el clan de oposición cómica a la derecha. Pero ella practicaba el género de las columnas periodísticas, en las que creaba argumentos que alimentaban los guiones de las funciones de los cómicos. Así terminó por ser la bestia negra de la derecha madrileña radical. La fatal reversión de la izquierda representada en la figura de Moral Santín, así como la nueva izquierda autodestructiva que reclama el protagonismo de su propio suicidio político.

En un viaje a Vigo hace muchos años, visitando el puerto y las lonjas, nos informaron que los mejores pescados y mariscos salían directamente para Madrid. Entonces ignoraba que las marisquerías son los espacios preferentes de fusión del estado y el mercado, así como de disolución de las fronteras políticas, en este caso entre el PP y Vox. Imagino a Almeida tras ser informado de la joya gastronómica exquisita del día “ Manolo, pues saca unos percebes”

 

viernes, 10 de junio de 2022

LA IZQUIERDA ANDALUZA Y EL ESPÍRITU DE LAS DIPUTACIONES PROVINCIALES

 


Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes solo necesitan saber a dónde van


Mientras los serviles trepan entre las malezas del favoritismo, los austeros ascienden por la escalinata de sus virtudes. O no ascienden por ninguno

 

Jamás fueron tibios los genios, los santos y los héroes. Para crear una partícula de Verdad, de Virtud o de Belleza, se requiere un esfuerzo original y violento contra alguna rutina o prejuicio.

 

Los políticos mediocres no viven de crear ideas positivas para su pueblo, sino que sencillamente viven de su imagen.

 

 No se nace joven, hay que adquirir la juventud. Y sin un ideal, no se adquiere.

 

 La política se degrada, conviértese en profesión. En los pueblos sin ideales, los espíritus subalternos medran con torpes intrigas de antecámara. En la bajamar sube lo rahez y se acorchan los traficantes.

José Ingenieros

 

Estas reflexiones del filósofo argentino José Ingenieros, son pertinentes para pensar acerca de la ruina electoral de la izquierda en Andalucía, que, como todas las debacles, tiene una naturaleza inequívocamente cognitiva o intelectual, así como moral. Cuarenta años asentados en las instituciones autonómicas, han generado una decrepitud enorme, que confirma el sabio precepto acerca de la relación existente entre el actor y el sistema. Las instituciones decrépitas, generan inevitablemente actores en estado de hecatombe personal. Las imágenes que muestran tanto Juan Espadas, como Inmaculada Nieto y Teresa Rodríguez, son elocuentes para mostrar la bancarrota multidimensional y descomunal de la izquierda en un ciclo fatal de declive.

Pero las interpretaciones que en estos días se exponen en los medios digitales se sustentan en los columnistas “compañeros”, que se remiten a la reaparición, tanto de una derecha dura, como de otra inequívocamente fascista, ambas arraigadas en los suelos electorales mediante cuantiosas adhesiones y apoyos, entendidas como un fenómeno similar al de los OVNIS, cuya condición de fenómeno meteorológico imprevisible y determinado por el azar es preciso aceptar. Por el contrario, la reconstitución de una mayoría amplia de la derecha, se encuentra determinada por el estancamiento del proyecto político de la izquierda ensayado en las últimas décadas.

Soy conocedor de los habitáculos institucionales en los que se ha fraguado este desastre. En mis largos años en Andalucía pude acceder a los territorios íntimos de la izquierda, en los que se materializaban las fantasías y las ficciones sobre las que se sostuvo la hegemonía electoral. Por eso no me sorprende nada contemplar su derrumbe por el ascenso de una derecha dura, dotada de la capacidad de metabolizar la herencia recibida. Tampoco me extraña la reacción de abatimiento y la ausencia de energía frente a la nueva situación. Llorar por los bienes públicos perdidos y por las nostalgias simbólicas no proporciona vigor alguno. Por el contrario, implica el refuerzo de la decadencia. El liderazgo de Espadas como delegado de Sánchez, así como las luchas por cuotas de los sobrevivientes de la ola del 2014, liderados por las expectativas de Yolanda Díaz, muestra inequívocamente el umbral de la nueva época.

La izquierda andaluza se ha instalado sobre varios hábitats políticos en los largos años del postfranquismo. Entre ellos, destacan unas instituciones oscuras, que conforman el vínculo con el pasado franquista y sus tercios municipales, sindicales y familiares. Estas instituciones mutaron –conservando sus esencias- configurando los nuevos ayuntamientos y diputaciones provinciales. La idea axial de los discursos de la izquierda apunta a los ayuntamientos, que son definidos como “las instituciones más cercanas a los ciudadanos”. Por el contrario, estos significan justamente lo contrario, se trata de instituciones controladas por los partidos que les permiten establecer localizaciones, tejiendo una red de intercambios no equivalentes. Así, estos permiten a los partidos “hacer pie”, tejiendo su red de apoyos. Los ayuntamientos pequeños terminan por construir un área oculta considerable, que deviene en secretos compartidos. Estos cristalizan en una zona de gestión sumergida que amparan acuerdos con una trama de empresas regionales.

Los ayuntamientos pequeños constituyen las diputaciones provinciales. Estas son las instituciones que simultanean sus cuantiosos recursos con la opacidad más intensa que se pueda imaginar. Sus miembros son elegidos por los partidos según cuotas municipales, y su presidente resulta de la designación partidaria. El presidente de la Diputación adquiere un poder inmenso, minimizando los controles por medio de su anonimato. La red municipal que lo sostiene se referencia en intercambios económicos, de los que resulta un sistema sórdido de lealtades y rivalidades. La democracia restringida censitaria de los tercios revive en ellos, y genera una dinámica en la que parece imposible ejercer la oposición. Las diputaciones son las sedes de los valores materiales y de lo que se denomina como “la gestión”. Esta se sintetiza en el papel de invertir en los municipios. La democracia se eclipsa y cada cual es un sujeto de interés limitado que tiene que intercambiar con el poderoso y sombrío presidente.

Las diputaciones terminan por configurar el modo de hacer política en este sistema político, en el que los parlamentos nacionales y regionales quedan cercados por esta enorme red de insularidades. Así, estas promueven a un arquetipo de gestor provincial liberado de pronunciamientos políticos y de compromisos explícitos con valores postmateriales. Los personajes que habitan estos mundos son tipos duros y su modo de hacer remite a las transacciones de los antiguos labriegos. Ellos deben vérselas con los propietarios del suelo. Asimismo, estos terminan por configurar las bases de los partidos. Seré cauto para no exponer ahora mis sensaciones cuando he acudido a un mitin de un líder nacional que ha concitado la presencia del archipiélago municipal y los generales diputados provinciales y sus asesores.

Durante muchos años, como profesor de sociología en la Universidad de Granada, he sido testigo del ascenso de algunos estudiantes progresistas que eran contratados por la Diputación, conformando una extraña aristocracia, en tanto que lo hacían como asesores y sus emolumentos eran bastante superiores a los ingresos de los profesores. Su modo de estar en las aulas remitía a una casta especial, en tanto que se suponía que ellos ya habían resuelto su vida, a diferencia de sus socorridos compañeros. He tenido conversaciones sublimes con algunos de ellos, que han llegado muy lejos en la política. Recuerdo a uno que me decía “Lo importante en política es saber estar en el sitio preciso y en el momento preciso”. Esta sentencia define el imaginario del rudo mundo de las diputaciones provinciales.

La diputación aporta al conjunto de la política un espíritu chato, rancio, parco, que se inspira en un pragmatismo del tipo que inspiraba a los antiguos vendedores domiciliarios. El beneficio mutuo, aunque se exprese en minúsculas, es el motor de esta acción institucional que enlaza el pasado y el presente en España. Así, este ha terminado por ser reflotado a la superficie de las instituciones. La política se ha reconfigurado como un sumatorio de intereses fragmentados. El interés general se ha ido desdibujando. La frase estrella de los llamados debates entre políticos vacía la ciudadanía, apelando a “los ciudadanos quieren que hablemos de sus cosas concretas”. Todo lo que queda fuera de esta chusca definición es excluido de los discursos públicos. Todo se reconfigura según los puestos de trabajo que genera o el gasto realizado por los usuarios. Sobre este vaciado se asienta el ascenso de la derecha dura y del repertorio de los microfascismos del presente.

Junto al continente municipal y de las diputaciones, que define lo chico en la política, la izquierda se asienta sobre un nutrido archipiélago de fundaciones, observatorios, empresas públicas y otras organizaciones destinadas a representar a lo grande inmaterial. Estos funcionan conformando verdaderos clanes profesionales y culturales, que cumplimentan la tarea de producir la música a los discursos. Es inevitable el distanciamiento entre ambas configuraciones. Los portadores de lo grande se separan de la lógica del intercambio material de la animada vida política en torno a lo chico. Estos se reencuentran cuando cualquier actividad produce una inversión material cuantiosa, que termina convirtiéndose en la base de la nueva ideología que preside los sistemas del presente: el dataísmo.

Las universidades y los medios de comunicación representan otros espacios sobre los que se han asentado los contingentes de la izquierda en este largo ciclo de gobierno autonómico. La universidad funciona con las mismas pautas que las diputaciones, mediante una oscura democracia censitaria que impulsa la redistribución de los recursos y la materialización de la política chica. Contemplarla dinámica de un claustro es sorprendente, en tanto que su modelo remite a una feria de ganado en la que las operaciones de compra y venta tienen lugar de modo fragmentario. La escisión entre lo grande inmaterial (los discursos) y lo chico (los intereses) también marca el modelo institucional. El rector representa, al igual que en la diputación, un padrino que arbitra la coexistencia de los intereses de tan desabridos comerciantes.

De este modo, la izquierda deviene en un conjunto de castas instaladas en los territorios de las instituciones municipales/provinciales y la red institucional de las organizaciones que acompaña a los servicios públicos. Además, falta la alusión a los sindicatos. Estos se han convertido, desde hace muchos años, en una verdadera burbuja ajena a las empresas, configurándose como una burocracia vacía cuya existencia es institucional. Este conjunto de clanes se encuentra desarraigado de los territorios sociales del trabajo incrementalmente desregulado, así como de los mundos sociales de los sectores expulsados del mercado de trabajo regularizado. El enorme vacío político y cultural de estos contingentes de trabajadores desregulados o extrabajadores, propicia la aparición de la extrema derecha o de liderazgos populistas vinculados a esta.

El problema principal de la izquierda menguante radica en su propia reclusión y autodomesticación, que le conduce a producir unos discursos “en grande”, que resultan extraños en los medios sociales desregulados. En particular, me impresiona mucho el tono delirante de algunos discursos feministas emitidos desde instituciones estatales, que se contraponen con las duras condiciones de vida de cuantiosos contingentes de mujeres. De ese modo se intensifica un extrañamiento colosal entre la comunicación hiperoptimista de la izquierda y los atribulados receptores de la misma. Así, los silencios elocuentes de la nueva derecha andaluza resultan rentables para tan descreídos destinatarios, que sí recogen las señales “materiales” emitidas desde las instancias del archipiélago municipal-provincial.

Sobre esta escisión entre el discurso y la política “diputacional”, se abre el camino para la presencia de las derechas. Estas han laborado en silencio desde el comienzo del ciclo del 78 para recuperar microespacios sobre los que asentarse. Las últimas elecciones autonómicas testificaron su éxito y las convirtieron en colonos de las tierras fértiles que fueron cedidas por la izquierda. Ahora, la oportunidad para la derecha es monumental, en tanto que el retroceso electoral minimiza las posiciones de los contingentes de la izquierda en la trama institucional que alimenta los discursos en grande.

Lo peor radica en la acreditada incapacidad de comprender un fenómeno complejo desde los paradigmas de la politología empírica, asumidos por la izquierda como techo de sus reflexiones. Así se va tejiendo el batacazo del 19. Pero, precisamente el espíritu de la diputación, amortiguará el golpe, de modo que impedirá la autocrítica y la renovación. Tras ese desastre, se impondrá la lógica de los supervivientes en el parlamento regional. Y en las diputaciones se minimizará el terremoto electoral. Mi aportación al debate son las agudas y pertinentes frases de Ingenieros que abren este texto.