Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

martes, 16 de agosto de 2022

EL NUEVO AUTORITARISMO POSPANDÉMICO Y LAS FANTASÍAS PUNITIVAS

 

En las elecciones el pueblo tiene la ilusión de ejercer el poder, pero no es así, claro, no hay voluntad general, esa es una idea metafísica

Gustavo Bueno

Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado

Voltaire

 

La pandemia de la Covid ha significado una importante mutación en las formas de gobierno, dando lugar a una nueva gubernamentalidad inédita. Esta puede definirse como la ampliación inusitada de la intervención gubernamental en todos los espacios sociales y de la vida, mediante una hiperreglamentación de las actividades y un sistema de vigilancia magnificado que otorgaba a la policía funciones y prerrogativas extraordinarias. Asimismo, se estableció un sistema de sanciones a los renuentes, que sufren una persecución insólita mediante las denuncias de los medios de  comunicación. En este proceso, el gobierno acrecienta su papel en detrimento de otras instancias institucionales, al tiempo que se minimizan las relaciones con instituciones y organizaciones de la sociedad civil. Todas las comunicaciones son marcadamente unidireccionales y verticales y desaparece de facto la consulta.

El resultado de este modo de gobierno es la conformación de un nuevo autoritarismo ejercido en nombre de la ciencia y la salud total. Sin embargo, la nueva gubernamentalidad de la salud imperativa presenta algunos aspectos que remiten a viejos regímenes teocráticos. Una relectura del libro de Thomas Szasz “La teología de la medicina”, es más que ilustrativo para reconocer los orígenes del imaginario gubernamental ataviado con algunos preceptos epidemiológicos. El aspecto principal que lo ratifica es el de la naturaleza de la etiqueta “negacionista”, que condensa todos los atributos de los viejos herejes, renegados, y otras figuras malditas resultantes de las persecuciones religiosas. El término negacionista implica una condena moral en el máximo grado. Los platós de las televisiones se pueblan de propagandistas dotados de cuerpos posmodernos y oratorias comerciales, que condenan a los supuestos negacionistas en términos equivalentes a las vetustas autoridades religiosas.

La pandemia es un acontecimiento que no ha concluido definitivamente, en el sentido de que sigue ejerciendo como amenaza imaginaria para un futuro inmediato. Pero, es que, además, se configura como modelo de gubernamentalidad para las siguientes situaciones excepcionales. Así, el recién promulgado decreto de ahorro energético representa la continuidad del modelo pandémico, que puede ser calificado como “gobierno basado en la amenaza”. Se promulga una reglamentación con la finalidad de ahorrar energía, y, en vez de intensificar las relaciones y las consultas con la finalidad de convencer, se profieren amenazas de multas y se presenta el argumento supremo de la vigilancia. De nuevo la policía adquiere una dimensión cosmológica, dotada de las capacidades de supervisar todos los días los escaparates y los comercios de todo el territorio, para detectar y sancionar a los malvados negacionistas. La amenaza abierta se configura como el vector principal de la acción de gobierno.

La nueva gubernamentalidad pandémica prospera en entornos muy diferenciados, y con cierta independencia de las adscripciones ideológicas de los gobiernos. Así se ratifica lo que en este blog se denomina como “partido transversal”. Este se sustenta en un conjunto de tecnocracias, profesiones económicas de élite y líderes mediáticos que amparan un programa político referenciado en el conjunto de organizaciones globales que conforman un verdadero gobierno mundial en la sombra. Cualquier gobierno constituido recibe presiones para respaldar el programa común elaborado desde las corporaciones trasnacionales y sus entramados organizativos. Ese programa hoy contiene algunos elementos progresistas, feministas, ecologistas y de derechos humanos, formulados tibiamente y compatibles con otros elementos determinantes de lógicas sociales dualizadoras, tales como la precarización, la individuación radical y la mercantilización completa.

El problema principal derivado de la nueva gubernamentalidad radica en que su modelo referencial es el confinamiento, situación excepcional que genera una economía para las policías que hace posible la vigilancia y control del espacio público. Pero, una vez concluido este, la policía es debordada por la enorme variedad de movimientos y actividades de las personas. Recuerdo que lo más patético de ese tiempo fueron las promulgaciones de confinamientos parciales en las zonas básicas de salud. Al ser artificiales, creadas en un laboratorio epidemiológico, sus fronteras registraban una cantidad inusitada y variada de movimientos que la policía tenía que supervisar. Esta fue desbordada manifiestamente, al igual que en la vigilancia y control de la noche o las playas y espacios públicos. También en el proceloso mundo de la vigilancia, el prodigioso avance de la ciberseguridad genera la ilusión de que es factible el control total de poblaciones en su medio físico.

Así cristalizan las ideologías de la seguridad, elemento central de la nueva gubernamentalidad. Estas devienen en fantasías punitivas. El caso de los pinchazos para la sumisión química ha suscitado discursos securitarios alucinatorios. Así, algunos portavoces policiales afirman que tienen bajo su control el espacio festivo nocturno, mediante efectivos que actúan de paisano. Recuerdo que, hace ya muchos años, murió por sobredosis un joven en una discoteca de Málaga. El furor mediático determinó que la policía registrase a los asistentes a fiestas en discotecas. Recuerdo que en la Industrial Copera de Granada se formaron grandes colas para el acceso. El tiempo mostró que el espacio festivo es múltiple y que su control exigiría unos efectivos policiales imposibles: La eficacia de estas vigilancias es mínima. Es sabido que en las prisiones llegan toda clase drogas y ha sido imposible resolver esta cuestión.

Entonces, el confinamiento, junto con la factibilidad de la vigilancia total en el ciberespacio, han generado unas ensoñaciones punitivas en las autoridades, los medios y las policías. La nueva gubernamentalidad autoritaria y sus estrictas reglamentaciones, generan una demanda policial imposible de satisfacer. La eficacia policial es factible cuando, como en los antiguos países del llamado socialismo real –que por cierto, no tenía nada que ver con la idea del socialismo- es acompañada de un aparato judicial y penitenciario sin fisuras y colosal. El éxito de la Stasi o la Securitate rumana radicó en que en aquellas condiciones era posible la colaboración de millones de delatores. Por esta razón fue inquietante la emergencia de los llamados policías de balcón en el confinamiento.

A pesar de su mermada eficacia represiva, la nueva gubernamentalidad autoritaria, se funda sobre un concepto esencial: se entiende a la población como un constructo estadístico carente de cualquier autonomía. Esta es una masa de gentes que propicia el escondite de los malos, negacionistas de distintas clases. De ahí el furor policial. Es menester encontrarlos y castigarlos. Así se genera una rica y variada taxonomía de gentes que se encuentran ahí, entre la gente, y que es menester identificar, separar y sancionar. Entre el pueblo se encuentran los desobedientes, los insubordinados, los infames, los pérfidos, los indeseables que deben ser aislados de manera efectiva. De ahí la apoteosis policial.

Siento tener que decir esto claramente, pero es preocupante la deriva del feminismo hacia el punitivismo, así como la reciente ley de animales en la que el espíritu de las multas y sanciones comparece como elemento central. Tras ello se esconde la idea de que el problema es castigar a los malos, pasando a un segundo plano, en trance de disipación la aspiración a influir. El viejo y lúcido concepto de hegemonía se desvanece en esta izquierda punitiva. Así comparece la sombra de las viejas “democracias populares”, monolíticas en sus ideas y alumbradas por la idea de que el pueblo es el refugio de los enemigos. Para una persona de mi trayectoria esto representa una conmoción terrible.

El problema del nuevo autoritarismo de la apoteosis policial estriba en que ha seguido la pauta del Plan Nacional de Drogas. Este es un dispositivo que ha creado un imaginario sobre sí mismo y su función que lo aísla radicalmente de la realidad. Se puede constatar una escalada de furor diagnóstico que amplía sin cesar las poblaciones estigmatizadas, al tiempo que en su entorno proliferan los usos de distintas drogas, acompañadas de un conjunto prodigioso de discursos y prácticas que sustentan una idea de la buena vida contraria a la abstinencia total de los fundamentalistas. El PN Drogas constituye el cierre completo a la sociedad, la clausura de todos los canales y todas las comunicaciones. Así termina siendo una venerable secta, alimentada por recursos gubernamentales y respaldada por ideologías salubristas y médicas.

El misterioso mundo de los gobiernos de la postpandemia reproduce algunos elementos de los apuntados por el PN Drogas. Así se explican sus desvaríos inconmensurables y sus hermetismos de democracia popular reciclada. Así labora por poner a la derecha en la Moncloa. Lo que algunos nos preguntamos es hasta dónde llegará esta con un terreno tan pacientemente abonado para el autoritarismo policial. Porque sí se puede afirmar que entre las derechas y las policías existe una sinergia fértil.

 

 

 

 

 

domingo, 7 de agosto de 2022

EL SIAP DE LISBOA Y LA IMAGINACIÓN MÉDICA

 

El verdadero signo de inteligencia no es el conocimiento sino la imaginación

Albert Einstein

 

Hace unos días ha concluido el SIAP celebrado en Lisboa que ha versado sobre la salud mental. Estos seminarios siempre abordan distintas cuestiones referidas a la atención médica desde perspectivas originales y alejadas de la doxa médica imperante. Pero el de Lisboa ha sido particularmente fecundo, en tanto que las distintas aportaciones convergen en un campo definido por su radical opacidad: lo que se entiende hoy como “salud mental”. El documento de síntesis final, suscita una verdadera mutación conceptual con respecto a los supuestos dominantes en las prácticas médicas en este campo asistencial, abriendo posibles caminos a la renovación de la intervención profesional. Por esta razón he decidido publicarlo aquí, después de mi comentario personal. Este es el link al mirador de Juan Gérvas que presenta el texto de la síntesis del seminario.

https://www.actasanitaria.com/opinion/el-mirador/arte-ciencia-compasion-compromiso-filosofia-practica-clinica-solidaridad-en-salud-mental_2003342_102.html

Los SiAP son foros profesionales extremadamente productivos, en tanto que producen enunciaciones acerca de la intervención médica que se contraponen con las ideas dominantes en la profesión. En el tiempo presente, la fusión entre distintas élites médicas, ubicadas en distintas especialidades, con la formidable industria biomédica, tiene como consecuencia la creación de un conocimiento médico que se extiende por el conjunto de la profesión, al tiempo que se renueva. Esta comunión entre las élites médicas y la industria, representa la absorción de la profesión médica por parte del imponente y colosal mercado imperante. La consecuencia de esa hibridación es que el nuevo conocimiento médico se impregna de los supuestos que rigen en el mercado total, manteniendo las marcas derivadas del mismo. La institución central gestión tiene la función de acomodar el nuevo conocimiento en las organizaciones asistenciales.

El valor de los SIAP radica, precisamente, en que el conocimiento producido por estos se proyecta a la modificación, tanto de las prácticas asistenciales, como a las mismas organizaciones. De ahí que adquiera el rango de imaginación médica, más allá de su misma finalidad inmediata. Así, las imaginaciones médicas diferentes a las oficiales investidas por el mercado, fertilizan la profesión y el campo asistencial, produciendo sentidos nuevos diferenciados de las versiones comerciales. Esta es la razón por la que califico el disentimiento prolongado de Gérvas como una fertilización que abre caminos y reformula el campo de lo que es posible, invitando a repensar el mismo oficio de médico. 

Los SIAP significan, pues, una disputa de sentido en el interior de la profesión, en la que, frente a la omnímoda producción de novedades del binomio industria/élites profesionales, proponen conceptos y prácticas fundados en un imaginario profesional inverso. Aún a pesar de que la relación entre los conocimientos producidos por los sucesivos SIAP y los derivados del sistema médico-industrial se pueden representar , a día de hoy, en la proporción David-Goliath, las innovaciones procedentes de los mismos abren pequeñas vías en el conjunto del campo profesional.

El caso del seminario de Lisboa es especial, en tanto que trata de la nebulosa salud mental, que más allá de su significación como campo de asistencia sanitaria, representa uno de los problemas centrales de este tiempo. El documento final, que presenta el inventario de conceptos que subvierte la atención vigente, representa una innovación muy importante, sin embargo, se echa de menos una mirada a este campo desde la globalidad, en tanto que el conjunto de los problemas identificados y tratados provienen de los modelos sociales imperantes, y estos son tratados por los dispositivos de intervención que protagonizan las distintas psicologías presentes.

La novísima sociedad neoliberal avanzada representa una significativa ruptura con las ya viejas sociedades industriales keynesianas. La transformación más importante radica precisamente en la convergencia de dos factores esenciales: la nueva individuación, por la que cada sujeto debilita sus vínculos con las instancias sociales convencionales para reconfigurarse como un solitario hacedor de méritos para ser clasificado en la escala de sujetos aptos para el mercado, y, la creación de espacios sociales en donde ubicar a los perdedores de las distintas trepas que tienen lugar en los procesos sociales. Así, las psicologías dominantes (en plural) desempeñan una función esencial para el conjunto del sistema y sus reglas de competencia de todos contra todos.

La racionalidad del gobierno en tan avanzadas sociedades, se especifica en la medición centesimal de las diferencias entre las personas, que son obligadas a cumplir con el requisito de que el éxito es imponderable en la trepa laboral, en la educación, en el amor, en el consumo y en la totalidad de la vida privada. Este precepto omnímodo y arraigado genera enormes presiones a las personas, que terminan por generar tensiones inmanejables que producen distintos malestares generalizados, sobre todo en los menos aptos para cumplir con el imperativo de ganar sobre los demás, que es preciso renovar en la siguiente prueba.

Un filósofo alemán cuyo nombre no recuerdo ahora, afirmaba que los viejos países del socialismo real no registraron grandes tensiones, a pesar de los límites tan estrictos que ponían al desarrollo de la vida misma. Además de los mecanismos estatales coercitivos, destacaba un factor fundamental, este es que no ejercía ninguna presión específica sobre las personas, no se les pedía nada extraordinario, sólo la obediencia pasiva y el silencio. Por el contrario, en el orden social del neoliberalismo avanzado, cada cual tiene que asumir la gestión de sí mismo como emprendedor con éxito en el conjunto de la vida. Cada cual debe acumular sus méritos y exhibirlos en su historia escolar, laboral o de vida en Instagram.

De este proceso central surge el sujeto frágil, que necesita de una conducción profesional para aceptar su lugar en la escala de los aptos para competir y ganar. Las psicologías se ocupan de asistir a los más débiles. Guillermo Rendueles afirma atinadamente que la psicología es análoga al coche-escoba de las carreras ciclistas, que recoge a aquellos que abandonan la competición. Así se conforma un gigantesco taller de personas que son reparadas para ser reintegradas en el mundo de la competencia. Las personas calificadas en esta inspección general como no aptas para la competición son ubicadas en pseudomundos institucionales destinados a albergar a los descartados. Los servicios sociales constituyen las instituciones para los descartados. Las residencias de ancianos son una de las más importantes.

En este contexto, los servicios sanitarios tratan problemas considerados como patológicos. De ahí la importancia de la reflexión colectiva realizada en el seminario. Se trata de modificar el taller de tratamiento en la fábrica de sujetos deteriorados. Así, desde el más que significativo título “ Arte, Ciencia, Compasión, Compromiso, Filosofía, Práctica clínica y Solidaridad en salud mental”, como en todas las cuestiones tratadas, la innovación radical se hace presente. Las iatrogenias derivadas de los dispositivos asistenciales; la intervención médica compulsiva; la evasión de facto de los entornos de los pacientes; el desprecio de los saberes y capacidades de los familiares; el imperativo de no transformar al paciente en su enfermedad mediante la tiranía del diagnóstico y otras.

Pero la cuestión fundamental resulta de la limitación de la intervención médica. La formulación de “acompañar y esperar” se contrapone con el más importante componente de las culturas profesionales médicas, que privilegian sobre toso la intervención. En el documento final se exponen algunas cuestiones que remiten a una frontera de una asistencia diferente, que revise radicalmente los supuestos y sentidos de la acción profesional. En este aspecto la innovación colisiona con un estado institucional que magnifica la resistencia al cambio. De ahí la fecundidad de las conclusiones en las tierras áridas de los dispositivos de la salud mental profesional, que solo son un rincón espacioso en la totalidad de la gran fábrica de reparación de sujetos y separación de los descartados que conforma la  factoría de lo que se denomina salud mental. Este texto evidencia la imaginación médica imprescindible en la perspectiva de transformar las instituciones vigentes. En esta ocasión, David ha mostrado profusamente su creatividad frente a la inmovilidad de Goliath. 

Este es el documento final:

 

ARTE, CIENCIA, COMPASIÓN, COMPROMISO, FILOSOFÍA, PRÁCTICA CLÍNICA Y SOLIDARIDAD EN SALUD MENTAL

Presentación

Este es el resumen del Seminario de Innovación en Atención Primaria (SIAP) celebrado en Lisboa (Portugal), en su fase presencial los días 15 y 16 de julio de 2022 (viernes y sábado) y en su fase virtual por correo electrónico desde el 12 de junio de 2022 (1). Este resumen es trabajo colaborativo de los participantes en el SIAP y ha sido aprobado por los mismos.

En el desarrollo del SIAP, se tuvo en cuenta que: “La salud mental es un campo asistencial particularmente diverso, mal delimitado, complejo en su conceptualización, heterogéneo en sus prácticas y con efectos difícilmente medibles. 

La subjetividad impregna, enriqueciendo y complicando, esta disciplina y también contribuye a esconder los perjuicios que puede producir. 

Todo ello pone de manifiesto la necesidad de esclarecer y dar cuenta de la iatrogenia y sus condicionantes en la práctica de la salud mental, punto de partida para poder desarrollar una clínica basada en el arte de hacer el mínimo daño” (2).

Contenido

¿Cómo aunar arte, ciencia, compasión, compromiso, filosofía, práctica clínica y solidaridad para lograr el máximo beneficio con el mínimo daño en salud mental? 

Estos son algunos de los puntos clave:

1.     Ante el sufrimiento, ser conscientes de que decidir esperar y ver (el “no hacer nada” que se abrevia incorrectamente pues es imposible no comunicar cuando dos personas se encuentran), es una decisión clínica y terapéutica de acompañamiento y diálogo tan importante como decidir hacer algo en concreto. También es decisión activa científica el ofrecer alternativas ajenas al mundo sanitario (conviene que el “no hacer” sea un punto de partida, no final). En muchos casos, la respuesta psico-social y socio-sanitaria es mucho más eficaz que la farmacológica, pero ésta suele estar promocionada y la primera complicada (lo que refleja una ideología y un mercado).

2.     Considerar que lo que sea normal en salud mental depende de la perspectiva e incluye aspectos “interiores” (sentirse normal) y “exteriores” (ser aceptado socialmente como normal) que se aúnan para lograr el vivir con bienestar. Conviene evitar siempre la biometría de protocolos sin ciencia ni ética que definen la normalidad con estrechos límites y cercenan la variabilidad humana y su disfrute.

3.     Aceptar la sabiduría y cosmovisión de pacientes y familiares, verdaderos expertos en su vivir, y tratar de entender sus mundos mentales y sociales. Como profesionales, ser testigos solidarios de su sufrimiento y ofrecer alternativas acordes a sus expectativas. En todo caso, mantener vivo a diario el “primum non nocere” evitando el culpabilizar y el asignar responsabilidades individuales a problemas sociales. La familia es clave en el devenir del paciente y conviene apoyarla en su adaptación al sufrimiento mental.

4.     Evitar transformar al enfermo en su enfermedad y aceptar su posición al respecto, sin culparlo ni llevarlo a equiparar conciencia de enfermedad con conciencia de realidad, ni “adoctrinarlo” para que sea paciente sumiso. Tener en cuenta el “Hermano, yo estoy loco, pero no soy tonto”. Incluso los pacientes graves que tienen un yo psicótico siempre conservan un yo no psicótico que puede ser muy agudo, capaz, por ejemplo, de “escuchar voces” y habitar en un territorio de circunstancias difíciles. En este sentido es central la labor profesional para la aceptación social de la variabilidad mental pues lo que no se hace visible no importa ( y "no existe"), y el hacer visible algo implica que importa (y que "exista"). 

5.     Aprender de la historia y de los abusos psiquiátricos; por ejemplo, del control mediante el internamiento en manicomios de los disidentes políticos en la antigua URRSS para no transformar la sociedad capitalista en un inmenso manicomio sin paredes en que se controle a la población mediante las terapias psi (farmacológicas y no farmacológicas).  

6.     Promover la solidaridad en todos los ámbitos, también docentes, laborales y sexuales, de forma que, por ejemplo, los niños tranquilos no sean diagnosticados de depresión, ni los niños intranquilos diagnosticados de trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), ni los trabajadores precarios agobiados de “ansiosos”, ni las personas tímidas de fobia social, ni quienes declaran identidad sexual diversa de “problemáticos”. Los mundos escolares, laborales y sexuales sanos ayudan al bienestar personal y social por su tolerancia a la variabilidad y por la promoción de lo mejor de cada persona. También contribuye a la salud mental el florecimiento de la sexualidad en todas sus variantes. 

7.     Conviene saber hacer (y hacernos) preguntas profundas, que vayan a la raíz de los problemas, lejos de la “respuesta rápida” que medicaliza la solución. Del estilo de: “este insomnio por las preocupaciones del trabajo ¿merece tratamiento médico, o como mejor alternativa la afiliación a un sindicato?” O “esta insatisfacción personal y desasosiego vital con ansiedad ¿precisa tratamiento con psicofármacos o un planteamiento global de la vida? O “¿es sano estar bien adaptado a una sociedad enferma?” O ¿por qué se suele rechazar la atención a domicilio, y más si implica la cooperación de varios sectores, como atención primaria, psiquiatría/salud mental y servicios sociales? O, último ejemplo, este sufrimiento ¿es la sana reacción a las adversidades de la vida o más bien la insana y creciente intolerancia a la frustración?

8.     En el trabajo, también de profesionales de la sanidad, conviene fomentar “el oficio”, la identidad profesional que facilita el hacer las cosas bien por el placer de hacerlas bien, fuente de satisfacción personal y laboral. Se pone a prueba en las “consultas sagradas”, esas más sagradas de lo habitual, cargadas de emociones (como cuando el paciente llora). Se trata de luchar y promover política y sindicalmente las mejoras laborales precisas sin perder de vista los privilegios de cada situación, en el caso sanitario la confianza de pacientes y familiares que exponen su dudas, preocupaciones, problemas y sufrimiento con la esperanza de un acompañamiento respetuoso. “Cuidarse” es tener un trabajo satisfactorio al desarrollar un oficio digno e investigar a partir de una práctica clínica reflexiva y de preguntas (una investigación donde la mirada cuantitativa se complemente con la cualitativa).

9.     Evitar la tiranía del diagnóstico pues en general es mejor emplear sencillamente la narrativa según el propio paciente, y no etiquetar, por más que a veces las etiquetas sean la “contraseña” para acceder a servicios del estado de bienestar. Las palabras están cargadas de significados como al asignar “locura” a conductas que son sencillamente malvadas y por ello las etiquetas suelen conllevar estigma y discriminación; por ejemplo, en el campo sanitario se llega a mayor mortalidad en pacientes etiquetados de enfermedad mental grave por apendicitis y por cáncer de mama. En el campo social, las etiquetas pueden llevar a pérdida de derechos humanos, por ejemplo de la patria potestad, pues en cierta forma el sector socio-sanitario es parte del conjunto de las “fuerzas de orden público” que aseguran la adaptación individual y poblacional a la estructura social.

10.                       Los pacientes conservan en todo momento su autonomía, con las raras excepciones excepcionales de rigor. Lamentablemente, en la práctica se niega casi de rutina la autonomía de quien sufre enfermedad mental, por ejemplo respecto a llevar una vida sexual acorde con sus expectativas, ser advertido de los efectos adversos de los medicamentos o rechazar tratamientos varios.

11.                       Hay situaciones que ponen a prueba la salud mental como la incorporación en una nueva comunidad, y más si se produce como inmigrante “sin papeles” o ante burocracias que dificultan tal integración, o el acceso a ayudas públicas en situaciones de pobreza y marginación, por ejemplo. También el duelo por la pérdida de un ser querido en que se borran los límites de la normalidad ante clasificaciones medicalizadoras, como el DSM, que emplea biometría para definir como depresión el duelo que dure más de dos semanas. Por cierto, clasificaciones cargadas de ideología y colonianismo occidentales.

Síntesis

Es posible una atención científica, ética y humana, incluso la ternura, en respuesta al sufrimiento mental. Para ello precisamos revalorizar el arte y la ciencia de “no hacer nada” en el sentido de decisión de acompañamiento y diálogo que intente hacer el mínimo daño con nuestras intervenciones de profesionales sanitarios (3).

Notas

1.- “Salud mental: malestar y sufrimiento emocional, psicológico y social” “Saúde mental: mal-estar e sofrimento emocional, psicológico e social”. Seminario de Innovación en Atención Primaria. SIAP nº 45 (con su sesión Satélite, nº 16). http://equipocesca.org/?s=Lisboa&submit

2.- Ortiz A. El arte de hacer el mínimo daño en salud mental. https://amsm.es/2016/09/30/el-arte-de-hacer-el-minimo-dano-en-salud-mental/ 

3.- El grupo contó con 209 personas, siendo 146 las inscripciones (el resto, ponentes, tutores virtuales y organizadores). 116 inscripciones fueron de mujeres (el 79%). El debate virtual comenzó el 12 de junio de 2022, y hubo 23 ponencias que dieron origen a 204 intervenciones por correo-e siendo 127 de mujeres (el 62%). En las sesiones presenciales en Lisboa, los días 16 y 16 de julio se emplearon 12 horas, 1 para cafés; de los 660 minutos útiles se dedicaron 345 a debate y participación de la audiencia. La audiencia varió entre un máximo de 71 presentes y un mínimo de 56; de media, 62 presentes siendo 47 mujeres (76%). Hubo 110 intervenciones de la audiencia, 79 de mujeres (72%). Hubo 23 ponencias con 29 ponentes siendo 23 mujeres (79%).

 

sábado, 30 de julio de 2022

YOLANDA DÍAZ Y EL MISTERIO DE SUMAR. MÁS ALLÁ DE LA ACTUALIDAD Y LA HEMEROTECA (2)

 

La historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa

Karl Marx

Muchísimo es mi número favorito

Woody Allen

Lo más importante de la comunicación es escuchar lo que no se dice

Peter Drucker

 

La crisis global de 2008 termina con el gobierno de Zapatero y abre una nueva época. El PSOE se derrumba estrepitosamente mediante su distanciamiento con su propia base social. En IU se recombinan los efectos perniciosos acumulados en tantos años de régimen: la impotencia política crónica, el fracaso del Valderismo, la desaparición de la vieja clase obrera y el asentamiento de las instituciones de la mutación neoliberal, ya maduras en la sociedad española. El hundimiento de la izquierda propicia un gobierno del PP con mayoría absoluta. Las duras medidas del nuevo gobierno, que refuerzan a aquellas tomadas por el gobierno Zapatero, determinan un proceso de movilizaciones amplias que catalizan los efectos del 15 M. Se puede afirmar que toda la izquierda ha labrado pacientemente su desafección.

Este estado de expectativas crecientes junto al distanciamiento de la izquierda institucional genera una situación óptima para el nacimiento de una nueva izquierda. Varios pequeños grupos escindidos de los partidos tradicionales van a converger en el nacimiento de Podemos. El vaciamiento institucional se compensa con una nueva e intensa mediatización del acontecer político. Las televisiones privilegian la política mediante la expansión de programas informativos, especializados y de conversaciones en forma de tertulia. En este vacío institucional comparecen los fundadores de Podemos, incorporados como tertulianos por las grandes cadenas.

En esta situación de acumulación de energía política por parte de sectores sociales subrepresentados en las instituciones políticas, tiene lugar el milagro del prodigioso ascenso de Podemos. Su presencia ubicua en las televisiones les permite conectar con el estado de efervescencia crítica. De ahí resultan sus magníficos resultados electorales en 2014 y 2015, los años felices de la apoteosis simbólica del cambio.  El éxito de las candidaturas de convergencia, contrasta con la crisis profunda de la izquierda convencional, PSOE e IU, erosionados por el agotamiento institucional. La nueva izquierda absorbía la energía social y comparecía llena de iniciativa, en tanto que los parlamentarios de la izquierda convencional se encontraban contagiados por el estado de decrepitud del Congreso y los parlamentos autonómicos.

Pero el éxito de los años felices del cambio se disipa rápidamente, principalmente porque se sustenta en un estado colectivo derivado de la comunicación de masas. Las televisiones absorben los discursos y los acontecimientos políticos mediante la creación de una burbuja mediática condensada en el nuevo género audiovisual de la política entendida como las historias producidas por las rivalidades en el proceso de constitución del gobierno. Así, los partidarios del cambio quedan convertidos en una masa electrónica, que me gusta denominar irónicamente como “el ala izquierda de la audiencia”.  La proliferación de comparecencias de los líderes de la nueva izquierda contrasta con la atomización extraordinaria imperante en las realidades locales y sectoriales. Así, cuando las televisiones racionan las intervenciones de los alegres agentes del cambio, su base mediática tiende a reducirse estrictamente.

La segunda causa de la recesión de la nueva izquierda radica en la dificultad de la organización del conglomerado de apoyos. La dinámica política de la democracia, y de la izquierda en particular, carente de un proyecto de futuro, genera un movimiento fatal: la fragmentación y sectorialización drástica de sus apoyos. De ahí resulta una izquierda educativa escindida de facto del conjunto; de una izquierda sanitaria independiente; de una izquierda feminista y así en todos los sectores. Del mismo modo ocurre en los espacios locales. En cada municipio se puede identificar un conjunto de apoyos a la gestión municipal. La base social y política de la izquierda conforma un mosaico, de modo que su integración parece imposible.

La desintegración de la izquierda se hace patente, concentrando su actividad en un conjunto de reservas aisladas unas de otras. De este modo pierde estrepitosamente todas y cada una de las batallas derivadas de la gran reestructuración neoliberal. He vivido este proceso, tanto en la universidad como en los servicios sanitarios, en los que las maquinarias de la reconversión apenas encuentran oposición. El aspecto más pernicioso resulta de, que al carecer de una perspectiva de conjunto y de un programa político general que genere sinergias, cada fragmento sectorial de la izquierda genera su propio programa, determinado por las ideologías sectoriales que habitan en las organizaciones globales. Así las mareas monocolor, las participaciones rigurosamente sectorializadas –salud, educación, juventud, municipal…- , que se inscriben en la espiral de derrotas frente a las maquinarias neoliberales que impulsan las reformas, que precisamente se encuentran concentradas en la destrucción del viejo tejido social y los sistemas de vínculos.

En un conglomerado así, se desata la lucha fraticida en el grupo original de Podemos. El precepto de la vetusta III Internacional acerca de que el enemigo se encuentra en el interior –el octavo pasajero-, se articula con las personalidades posmodernas narcisistas y explosivas de la generación de la nueva izquierda, que se aniquila a sí misma en todos y cada uno de los espacios sobre los que se ha asentado. Algún día será investigada esta cuestión, pero he podido visualizar algunas historias escalofriantes de canibalismo tribal. La izquierda se devora a sí misma sin miramientos. Por poner algún ejemplo, los secretarios de organización sucesivos, Pascual, Echenique o Rodríguez, han actuado en autonomías y provincias como ángeles exterminadores de una eficacia extraordinaria. Conozco casos de grupos locales animosos en ciudades importantes a los que se les negaba el acceso al censo de militantes. El alma del centralismo democrático y de la infalibilidad y santidad del secretario general de la vieja izquierda han revivido en los años siguientes a los afortunados 2015.

La recesión política, iniciada en los ciclos electorales siguientes, en los que la disminución de los apoyos es espectacular, reaviva la vieja idea anguitiana de la posesión del BOE como piedra filosofal para congregar a sus bases. En los discursos de la nueva izquierda se mantiene la idea de “mayoría social”, que es apelada como último sentido de la acción política. Este concepto deviene en un mito político en tanto que no se manifiesta en las realidades. Un factor esencial de la recesión fue la unión con IU, dando lugar a Unidas Podemos, que desde su constitución en el “Pacto del botellín” entre Iglesias y Garzón no deja de desangrarse. Paradójicamente, esta unión entre vieja y nueva izquierda ha supuesto todo lo contrario a sumar.

Pero en las elecciones de 2019, cuyos resultados reducen sus apoyos a 35 escuálidos escaños, UP entra en el gobierno en la creencia de que así recuperará la estima de una buena parte de la mitológica mayoría social. En los años siguientes, los efectivos del partido sobrevivientes a las confrontaciones internas se acomodan en el gobierno y las instituciones, ausentándose de los suelos en los que habita la mayoría social. En este tiempo, la política misma ha sido escindida de la realidad y reconfigurada como género mediático que se dirime en los platós. Ahora, más que nunca, la política habita en las entidades nebulosas de la opinión pública, de sus sondeos, sus ítems, sus categorizaciones y sus unidades de conversación mediática. El exilio de la tierra se ha consumado para arraigarse en las nuevas tierras de las cámaras y los platós, donde siempre es de día y no hace frío ni calor.

La nueva izquierda queda fragmentada en varios grupos ubicados en distintas instituciones políticas, careciendo de vínculos materiales con la mayoría social. Se ha completado su reconversión en la etérea ala izquierda de la audiencia. La salida de Iglesias y las sucesivas derrotas en elecciones autonómicas muestra el panorama desolador. Pero, en tanto que esta se encuentra disgregada, gozando de los privilegios del gobierno en un contexto de política mediatizada, huérfanos del hiperliderazgo personalista de Iglesias,  los sobrevivientes ilustres de IU, la izquierda dura del régimen, conforman un grupo que adquiere la forma de una singular nomenklatura. Es decir, que frente a la deriva fatal de sus organizaciones instaladas en lo que puede ser definido como “reservas”, mantienen vínculos fuertes derivados de su posición institucional. Este elemento es común a todas las nomenklaturas producidas por la disipación de los grandes partidos comunistas.

Este factor es la clave de Somos. Este es un proyecto a la baja ingeniado por esta singular nomenklatura, que, en el vacío producido por el derrumbe de Podemos, presenta un proyecto reciclado del original 2014, por eso recurro en la entrada a la célebre frase de Marx sobre la repetición de la historia. Y ahora como farsa en tanto que Podemos sintetizó la gran energía política presente en el entorno, que contrasta con la energía cero del presente, en el que la realidad se agota en los platós de la tv. . Se trata de producir una almadraba de votantes que se acumulen para conseguir un número de escaños suficientes para entrar en el nuevo gobierno de Sánchez. El no reconocimiento del nuevo contexto, radicalmente diferenciado del 2014, lleva a la repetición ridícula de los proyectos, pero esto es todo lo que puede ingeniar un grupo de tipo nomenklatura.

Lo que fueron prácticas políticas plenas de espontaneidad y vitalidad, tanto en el 15 M como en 2014, son convertidas en rituales vaciados, propios de una simulación mediática que produce una emoción falsificada. La presentación de Sumar fue una parodia de los actos de los años felices. Las gentes congregadas bajo el sol de justicia en una tarde de julio  por los organizadores; el paseíllo visual-comercial de las protagonistas; la caricatura terrible de la escucha en un acto en el que se han suspendido a los teloneros para reforzar el espectáculo más hiperpersonalista imaginable. El proyecto promete emociones fuertes en los próximos meses, cuando reaccionen los distintos candidatos a ocupar sillones institucionales o asesorías generosas. Desde luego, los actores protagonistas de Sumar, como el caso mismo de Yolanda, son expertos en acumular derrotas electorales sangrantes, como es el caso de Galicia.

Pero lo que realmente administra Yolanda es su gestión como ministra del trabajo. La Reforma Laboral sería su capital político que ahora trata de rentabilizar. Parece claro que los resultados son más que modestos, con respecto a los objetivos iniciales, pero la magia es un componente esencial de la videopolítica, en la que ella misma es una destacada maestra. Decía alguien tan autorizado como Otto Von Bismarck, que “Con las leyes pasa como con las salchichas, es mejor no ver cómo se hacen”. El problema radica en la durabilidad de ese precario equilibrio que es vendido como magia.

Pero el hada Yolanda sugiere que la precariedad puede ser reducida y controlada con independencia del devenir del mismo sistema. Esto es un disparate mayúsculo y lo inverso a lo que es el pragmatismo. Pero este es el inconveniente de carecer de programa. Se termina implorando a la mayoría social desde los platós una prórroga en el gobierno que proporcione la factibilidad de repartir premios chicos en espera de otra prórroga. Esta es la visión del futuro, tan acorde con la construcción mediática actualidad. Así, nadie se pregunta por las razones del giro a la derecha de los votantes en Madrid, Murcia, Castilla León o Andalucía, una vez que han sido hechos fijos por la virtuosa reforma laboral o el incremento del salario mínimo. Las nomenklaturas son grupos de sobrevivientes en altas posiciones superdotados en hacer movimientos arriesgados en contextos turbulentos. Pero carecen de visión de futuro.

Termino aludiendo a una cuestión espinosa. La izquierda, desde su origen, siempre ha estado vinculada al término “emancipación”. Esta, como es sabido, no puede proceder de una instancia externa, tal y como es proverbial en las viejas iglesias. La emancipación resulta de la interacción en contextos específicos. Sin embargo, en este caso, el relato presenta a una heroína que nos va a liberar de las opresiones desde el cielo mediático. Así, tanto el discurso como su presentación mediática basada en los modelos publicitarios duros, son lo inverso y asimétrico con la modernidad y la emancipación.

Recuerdo la última campaña de las elecciones andaluzas en las que Teresa Rodríguez comparecía en las pantallas frente a la lavadora. Esto me inspira un sentimiento de vergüenza colosal. Precisamente, estos disparates proceden de su emancipación del mundo cotidiano de sus posibles electores. Por eso incluyo la advertencia de Drucker en la cabeza de este texto, especialmente en este contexto dominado por la televisión, que es el medio que más desprecia al público convertido en aplaudidor. Pero el problema de fondo radica en que esta izquierda es, desde hace muchísimos años, más peronista que marxista.