Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

jueves, 11 de enero de 2024

GÜNTER ANDERS Y LA CIBERINTIFADA SOBRE EL GENOCIDIO DE GAZA

 

 

Mi contribución a la ciberintifada de protesta por el genocidio de Gaza  es un texto de Günter Anders escrito en 1956 y que explica, tantos años después, las razones de la gran indiferencia y la conformidad con la manipulación colosal llevada a cabo por los poderes  en tan progresada sociedad mediática de estos días. Siento no poder decir eso de "les presentamos unas imágenes espectaculares".

Este es:

 

Para asfixiar por adelantado cada rebelión,

no hay que ser violento.

Los métodos de Hitler se superan.

Solo tienes que crear un acondicionamiento colectivo tan poderoso

Que la idea misma de rebelión ni siquiera vendrá

más a la mente de los hombres.

Lo ideal sería eso de formatear a los individuos desde el nacimiento

limitando sus Habilidades biológicas innatas.

En segundo lugar, se seguiría el acondicionamiento reduciendo drásticamente la educación, para devolverla a una forma de inserción profesional.

 

Un individuo ignorante Solo tiene un horizonte

de pensamiento limitado y más limitado su pensamiento a preocupaciones mediocres, menos se puede revolver.

 

Hay que asegurarse

Que el acceso al conocimiento se vuelva siempre

más difícil y elitista.

La brecha entre el pueblo

y la ciencia,

que la información dirigida al público en general sea anestesiada de cualquier contenido subversivo.

 

 

Sin filosofía.

 

También en este caso hay que usar la persuasión y no la violencia directa:

Se extenderán masivamente, a través de la televisión, diversiones que siempre adulan la emoción o el instintivo.

 

Enfrentaremos a los espíritus con lo inútil y juguetón.

Está bueno,

en charlas y música incesante, impedir que el espíritu piense.

Pondremos la sexualidad en primer lugar de los intereses humanos.

Como tranquilizante social, no hay nada mejor.

En general se asegurará de prohibir la seriedad de la existencia, de ridiculizar todo esto que tiene un alto valor, mantener una constante apología de la ligereza;

 

para que la euforia de la publicidad te conviertes en el estándar de la felicidad humana.

Y el modelo de libertad.

El acondicionamiento producirá así por sí mismo esta integración, que el único miedo, que deberá mantenerse, será la de ser excluido del sistema

Y por lo tanto, no poder más acceder a las condiciones necesarias para la felicidad.

El hombre masivo, así producido, debe ser tratado como lo que es:

un ternero, y debe ser monitoreado como debe ser un rebaño.

 

Todo lo que permite

De dormir su lucidez

Es un bien social, lo que pondría en peligro su despertar debe ser ridiculizado, asfixiado,

 

Cada doctrina que ponen en discusión el sistema primero debe ser designada como

subversiva y terrorista aquellos que la apoyen deben ser tratados como tales. ′′ no te preocupes ′

 

                                        Günther Anders,

                          ′′ El hombre es anticuado», 1956

 

miércoles, 20 de diciembre de 2023

LA PANDEMIA Y LOS SECRETOS DE LA UNIVERSIDAD

 

El diario El País publicó el pasado 14 de diciembre un sugerente reportaje, de ElisaSilió, que titulaba así” Muchos universitarios no han vuelto a las aulas tras la pandemia y baja su rendimiento: Hay alumnos encapsulados”. El mérito de este texto periodístico radica en que reflota una realidad que se esconde tras los escombros derivados de la brutal suspensión de las relaciones sociales durante varios meses, que incluyeron varias semanas de encierro domiciliario de la población. Ese temerario experimento de control social, operado por la comunión necesaria de las élites médico-epidemiológicas con las que conforman las tecnoestructuras de los estados y los mercados, destapa gradualmente sus letales efectos sobre las poblaciones.

Elisa Silió muestra la nueva situación, en la que se confirma la incapacidad de la institución universidad de realizar un trabajo no presencial on line. Una vez superado el estado de excepción epidemiológico se procede al retorno a las aulas.  En esta situación se confirman las fugas de grandes contingentes de estudiantes de las aulas, lo que tiene como consecuencia el incremento del absentismo y empeoramiento de los resultados en términos del índice de aprobados. Se evidencia un nivel notable de desafección, al tiempo que comparece esplendorosamente el recién llegado a todas las esferas sociales, los problemas psicológicos crecientes que afectan a los habitantes de las aulas. Concluye aludiendo al añejo problema estructural de las clases magistrales, amenazadas ahora por la digitalización de los apuntes y los Power Point, que refuerzan el distanciamiento de los estudiantes respecto a las actividades presenciales. El Drive de Google desempeña el papel de enterrador de una forma de docencia tan desgastada.

Mi interpretación de este artículo remite a que el acontecimiento-pandemia ha reflotado y reformulado el viejo problema del declive de la docencia universitaria, específicamente agudizada en las humanidades y ciencias sociales. La reforma de Bolonia, significó la abolición de las clases magistrales, sustituidas por metodologías docentes activas, imposibles de utilizar con grupos tan numerosos y docentes tan menguados en la competencia de dirigir grupos. El resultado es el de un estrepitoso naufragio de la docencia, que sobrevive agazapada bajo la apariencia de las nuevas actividades en el aula. Emparejada con el examen como forma suprema de evaluación, resiste la adversidad derivada de las nuevas condiciones, ocultándose bajo distintas situaciones que son denominadas pomposamente con la palabra “prácticas”. El nuevo modelo de docencia se resiente de esta disfunción, y el nuevo orden imperante en las aulas se ve afectado por la expansión de simulaciones docentes. Este factor, lo he analizado en varias entradas del blog, en particular en “De la clase magistral a la fábrica de la charla”.

La perpetuación de la docencia magistral encubierta y la futilidad de las nuevas actividades en el aula, generan un estado de vaciamiento de los sentidos, que es experimentado por los estudiantes como una inundación de actividades triviales y rutinarias que se acumulan en distintas asignaturas y que no les aportan nada sólido. Un estudiante de la era Bolonia es un maestro en el arte de lidiar a los profesores minimizando sus contribuciones. Pero esta sobrecarga de actividades superfluas termina generando un estado de anomia vivido interactivamente por los habitantes de las aulas, que terminan configurando una situación de hastío sordo, que se manifiesta en la rutinización de las actividades. El hastío universitario es extraordinariamente rico en sus manifestaciones, dominando la vida institucional.

La reforma de Bolonia y su modelo docente, devenido en una simulación perpetua, pone de manifiesto el desencuentro entre las subjetividades docentes y las subjetividades mediáticas imperantes en la época. Este desencuentro abismal se expresa en la forma que adquiere la progresiva digitalización de las actividades, así como en la tormentosa coexistencia entre los libros y lo audiovisual. Los libros son descompuestos en trozos que conforman una forma de lectura y escritura muy desconsiderada para los autores. Un estudiante es alimentado con fragmentos de texto, que se van acumulando hasta formatear el hastío, al que he aludido anteriormente. Por el contrario, las actividades audiovisuales, los videos y fragmentos de programas de televisión, adquieren una preponderancia incuestionable frente a las astillas procedentes del desguace colectivo de los libros de los grandes autores.

En este sentido, la pandemia fue un acto fundante que cataliza el derrumbe del frágil orden académico derivado de la reforma Bolonia, instaurando un sistema mecanizado carente de sentido, que fragua una situación de hastío compartido. Todos los participantes en ese nuevo orden comparten el secreto de su sinsentido y erigen barreras frente a las miradas exteriores. La docencia se ritualiza al estilo de los cultos religiosos. Recuerdo las críticas de algunos estudiantes punzantes que asociaban las clases magistrales de entonces a la venerable práctica de oficiarlas misas, que siempre se repetían invariablemente año tras año.

La lógica de un estudiante comprador de créditos se encuentra determinada por la inmortal pauta del coste-beneficio. Una vez que descubre el juego de las actividades vacías de contenido, se orienta a cumplir ritualmente las normas para obtener buenos resultados en términos de calificaciones. Pero cuatro años inmerso en ese juego son muchos. El riesgo de la fuga se hace patente. La verdad es que ha pasado de ser un receptor pasivo de discursos académicos y carne de examen, a ser un sujeto obligado a hacer trabajillos sin valor alguno, cuya verdadera función es la de control. Esta es la razón por la que los exámenes, no sólo no desaparecen, sino que continúan gozando de tan buena salud.

De este modo, la universidad deviene en una instancia en la que habitan secretos compartidos por sus participantes. Es menester mantener su imagen frente al exterior. Este es el cemento que cimenta el orden académico. En un medio en el que se hace presente el hastío, la descomposición institucional parece inevitable. De ahí la perplejidad de los tecnócratas ocupados en medir periódicamente las capacidades de los estudiantes y sus conocimientos, que entran en un estado de alerta. Lo peor estriba en que estudiar una carrera contribuye menos a desarrollarse como profesional o, incluso, como ciudadano. En estos días escucho la polémica en torno al currículum de Ayuso. El problema de fondo es que las titulaciones han perdido tanto valor, que cualquiera puede llegar a practicar el arte de ser impostor.

 

 

 

martes, 12 de diciembre de 2023

PRESENTIFICACIÓN, RELIGIÓN CELULAR Y CAPITALISMO CONECTIVO UNA ENTREVISTA A AGUSTÍN J. VALLE

 

La invasión de la mediosfera de todos los espacios sociales mediante la multiplicación de las pantallas y la conversión de facto del smartphone en una deidad colosal, no ha generado en España un debate vinculado a los contextos sociales. Por el contrario, y al estilo taylorista tan arraigado en las ciencias sociales, se problematiza en contextos específicos. Así, ahora se discute si el móvil debe ser prohibido o limitado en las aulas.

Por esta razón me he decidido a subir aquí este texto, una entrevista de Fernando D´Addario a Agustín J. Valle, un historiador argentino que fue colaborador de Ignacio Lewkowicz, un autor argentino que influyó en mi trayectoria, ayudándome a comprender lo que significa el nuevo orden social derivado de la emergencia del mercado, que, en sus propias palabras, destituye los órdenes sociales preexistentes y sus instituciones, entre ellas el estado.

En esta entrevista, al contrario que los autores españoles que se ocupan del nuevo imperio de las pantallas, Valle establece vínculos con los contextos sociales, configurando una mirada global que articula las relaciones entre el nuevo capitalismo conectivo, el declive de la presencialidad y la expansión infinita de la mediosfera.  No pocos científicos sociales y periodistas dotados de voz y presencia en el sistema mediático, funcionan como altavoces comerciales de las siempre (pen)últimas versiones de las máquinas de la comunicación virtual. En este sentido, el enfoque de Valle es esclarecedor. Esta entrevista fue publicada en la revista argentina Página 12 hoy mismo, siendo realizada por el periodista Fernando D´Addario. Se puede encontrar en https://www.pagina12.com.ar/autores/833-fernando-d-addario

 

 

El ensayista publicó el libro "Jamás tan cerca"

Agustín J. Valle: "Los dispositivos de poder siempre ofrecen libertad"

El autor indaga en el tipo de humanidad que se constituye con las pantallas. A través de la "mediósfera", señala Valle, "el capitalismo conectivo tiende a la privatización de la experiencia vital".

 

Por Fernando D´Addario

 

Entre la amplia gama de inquietudes que abonan la obra ensayística de Agustín J. Valle, la que inspiró su último libro, Jamás tan cerca. La humanidad que armamos con las pantallas, (editado recientemente por el sello Paidós) es una suerte de perplejidad frente a la realidad contemporánea. A diferencia de sus anteriores trabajos (publicó, entre otros, Cachorro. Breve tratado de filosofía paterna, A quién le importa. Biografía política de Patricio Rey Nueva autoayuda, por un sueño latinoamericano) por primera vez aquí se puso a indagar en un tema que no lo interpela desde el afecto sino desde la perturbación: la "mediósfera", neologismo que define un estado de las cosas en el que él mismo se reconoce inmerso.  

Valle, profesor en la Diplomatura en Gestión Educativa y coordinador del seminario Subjetividades mediáticas y educación en Flacso, reflexiona en este libro sobre la compulsión conectiva y el encandilamiento que producen las pantallas. Lo hace con rigor teórico pero despojado de solemnidad intelectual, utilizando ejemplos de la vida cotidiana y un lenguaje que combina conceptos académicos y expresiones coloquiales. Atraviesa las más diversas postales de la "Actualidad", desde la obsesión por las notificaciones en las redes hasta la disponibilidad permanente, pero sin "estar", pasando por las apps de citas, el VAR, las selfies y las fake news. Un abanico inquietante que debería empujarnos, según la mirada del autor, a buscar hipótesis liberadoras. Valle alude, en ese sentido, a la necesidad de "presentificación". La entrevista misma con PáginaI12 da cuenta de cierta instancia paradojal. El ensayista responde una serie de preguntas vía mail y unos días más tarde se produce el encuentro cara a cara en el bar Roma del barrio de Abasto, entre cafés y medialunas, para completar y -si se quiere- "re-humanizar" el reportaje. 

--En tu libro planteás el concepto de "mediosfera". ¿Las pantallas son hoy nuestro medioambiente?

--Supongamos que alguien vacaciona en la playa. Si se la pasa mirando el rectangulito luminoso del celular igual que en la ciudad, ¿cuánto cambió de ambiente, en términos de experiencia, de patrón perceptivo? Los medios comunicacionales dejaron de funcionar tanto como canales entre puntos sociales, entre espacios que existían y sobre la base de existir se comunicaban; al conformarse el continuo incesante de la mediósfera, que lo atraviesa todo, los medios de comunicación, en sentido amplio, pasaron a constituir la clave de nuestro ambiente existencial. Por eso somos animalitos con formas y modos propios de vivir en el ambiente conectivo. No solo las cervicales, los pulgares y los ojos secuestrados en la pantalla. También nuestra frecuencia nerviosa, nuestro modo práctico de vivir el tiempo, el espacio, los vínculos, etcétera. Una forma humana propia de los doble sapiens que viven en el ambiente apantallado.

--Esa mediósfera establece un tipo de temporalidad que se refiere al "ahora" pero no merece ser llamada "presente". ¿Cuál sería la diferencia entre estas dimensiones?
--Creo que la Actualidad nos disloca del presente. Antes había que sacrificarse por un Mañana; hace ya un par de generaciones que la sociedad no produce imaginarios de futuro, salvo los catastróficos, futuros más a evitar que a alcanzar, y, en cambio, hay que sacrificar el presente para no quedar demasiado afuera de la Actualidad. Siempre hay algo que nos estamos perdiendo; siempre algo más importante, más pleno, más verdadero, más bello e importante que nosotros acá; es preciso actualizarnos. Y algún “acá”, algún “esto” valioso, pareciera que tiene la deuda de probar su existencia en la representación virtual: ¿estamos viviendo la cosa, o su representación? A la Actualidad hay que “seguirla”; es un imperativo, no te quedes atrás. Es un dispositivo temporal de dominación política. Articula con el mandato de productivismo, rendimiento y vuelco entero de la vida al trabajo. Disponibilidad permanente porque todo pasa ya. Pero también articula con la ideología de la naturalización del capitalismo: la única verdad es la Actualidad. Pero ahí la “actualidad” es lo que ya está en acto. La desigualdad, el privilegio, la concentración de la riqueza y el poder, etc. Están en acto. Pero las potencias, las fuerzas que pueden cosas, también existen, aunque no estén todas en acto.

El presente empieza donde estamos nosotros, seres con potencia de transformación, de intervención, de movimiento, de creación. La existencia de la potencia perfora el encierro del realismo capitalista. Etimológicamente, “presente” es lo que está ante alguien. Si hay alguien, lo dado no está ya cerrado. La Actualidad, paradójicamente, nos saca de donde estamos, y, entonces, nuestra sensibilidad presente se degrada, y toleramos cosas que no toleraríamos.

 

La religión celular

--¿Cómo caracterizarías esto que llamás "religión celular"?

--¿No somos devotos de la nube luminosa, incorpórea, omnisciente, que muestra imágenes de existencias plenas, tersas, sin dolor, “salvadas”? El capitalismo conectivo, como profundo desarrollo de la ideología liberal (“cada cual tiene su vida y persigue su interés”), tiende a la privatización de la experiencia vital. Como dice Sherry Turkle, pasamos de la comunicación a la conectividad y de ahí al aislamiento… Pero un encapsulamiento (aun transitando la ciudad, auriculares de bloqueo, pantallita en el bondi...) hiperconectado. Las pantallitas nos religan. Nos aferramos del celu como a un rosario, como para chequear y recordarnos que sí, acá está, acá estamos, sí, somos, en tanto tenemos conexión con el más allá… Un más allá con ventanita en nuestro bolsillo. Pienso que la alienación que muestran las pantallas es heredera de una larga tradición de gobierno de lo vivo por parte de instancias abstractas.

-La comunicación personal, "real" con les otros es menos "bloqueable" que la relación virtual. ¿Eso no la hace también más difícil? A veces es más fácil mandar un audio que llamar por teléfono o tener un encuentro cara a cara en un café. También para el receptor es más sencillo acelerar el audio y pensar cuando quiere responder.

--Totalmente, ¡mucho más difícil! Sobre todo, en lo inmediato. Y la instantaneidad, como patrón temporal maquinizado por la mediósfera, se convierte en un criterio de valor. Creo que se vio por ejemplo en la rapidez con que millones de personas aceptamos de buen grado el confinamiento del ASPO: cansados de la ciudad, del roce, de los otros… Esto quienes tenemos el privilegio de que quedarnos en casa sea algo confortable, ¿no? Ahora bien, la “facilidad” de lo instantáneo como criterio tiene costos altísimos, y pareciera que vamos perdiendo capacidades de conjunción vincular (acá cito a Bifo Berardi), de concebir que ese bípedo que anda por ahí es un semejante y no un ser cancelable porque cierto estereotipo me lo codifica con un título de odio. Nada más mediatizante que la inmediatez. Una sociabilidad que exige y espera en las relaciones la funcionalidad límpida de los dispositivos y aplicaciones es un caldo de violencia en estado de constantes estallidos descentralizados.

--¿Hay hoy una "pandemia de ansiedad"?
--La ansiedad y la depresión aumentaron en el primer año de pandemia, según la OMS, 25% a nivel mundial: una barbaridad. Pienso que, en varios aspectos, en la pandemia se acentuaron elementos de la normalidad precedente, como este. Los dispositivos conectivos -ventanitas de la nube superior- nos ofrecen cosas todo el tiempo, todo el tiempo puede estar pasando algo, entrando una nueva notificación, respuesta, novedad, “me gusta”, gente que miró tu Historia en instagram, lo que sea. Siempre otra cosa otra cosa otra cosa. Pero si todo el tiempo nos ofrece, en realidad nos demanda; demanda nuestra atención, y la gestión de la actualización. La ansiedad prolonga psíquicamente esta dinámica diseñada por los dispositivos. Otro rasgo que atenta contra el ejercicio de nuestras potencias presentes. Quedamos quemados y expectantes de que algo advenga ya, ya, ya. Esto bloquea los posibles que brotan de nuestra presencia. La salud mental, la salud del ánimo, chorrea por todos lados.

-En esta era plagada de "hiperconectados y distraídos", también se verifica, sostenés, una situación ambigua: por un lado, se nos saca de nuestro presente "real"; por el otro, esa misma red conectiva alienante facilita otros encuentros "reales", trafica afectos verdaderos, etc. En el libro lo describís con una frase inquietante: "no podemos estar ni realmente juntos ni realmente solos".
--Tal cual. El estado de disponibilidad permanente, el continuo conectivo, etc, produce una “soledad atestada”. Los dispositivos atentan contra la soledad como momento de vacío en el cual nos encontramos con cosas que tenemos, pero no nos son tan obvias, así como contra el encuentro “suficiente”, que produce una intensidad sentida donde lo mediato resulta muteado. ¿Nos encontramos a estar cada cual relojeando la pantallita? Por Dios...

Mediados o mediatizados

--Citás al ensayisa francés Paul Virilio, que escribió en El arte del motor: "Estar mediatizado es estar privado de derechos inmediatos". Vos distinguís entre mediación y mediatización.

Nuestros derechos como cosas que podemos, son nuestras potencias. Si quedan “delegadas” en el dispositivo, se nos privan. El aparato, ¿es un recurso del cuerpo, de lo vivo, o lo vivo queda pegado, adherido al aparato como tantos animales a las luces? Es el primer artefacto, la pantalla -desde la tele-, que ilumina, pero no para hacer visible otra cosa, sino para apegar los ojos a sus rayos. Cuando sirven para enlazarnos, para alimentar procesos con centro en la presencia, allí digo que los dispositivos median; la mediatización nos separa y nos conecta, pero en tanto que separados, como decía Debord.

--Señalás que "La subjetividad mediática no tolera el aburrimiento": en la compulsión conectiva, la notificación y la actualización en las redes provocan la secreción de dopamina necesaria para seguir…

--Sí, ahí también tomo el trabajo de la socióloga de la educación Marcela Martínez, que señala que en la sociedad disciplinaria los pibes se aburrían, pero era un problema de ellos, no resultaba en una crisis del dispositivo escolar, mientras que hoy los pibes se aburren y se ausentan -de cuerpo presente, entrenados, como estamos todes, en estar sin estar, en tener en la cabeza un repertorio de ventanas que van pasando...-. La Actualidad no descansa y manda no descansar. No toleramos un momento de silencio, de “nada”; cualquier intersticio entre cosas, se llena con la conectividad. Se ve en la gente manejando autos, por ejemplo, cosa tremenda. Sujetos entretenidos, sujetados constantemente a los dispositivos que organizan la reproducción de las relaciones sociales.

--¿Aquello que nos libera también nos sujeta? Nuestro vínculo con los teléfonos celulares es un ejemplo paradigmático.

--Puede ser, porque los aparatos están sujetos a lógicas sociales. ¿No eran las grandes máquinas y sus fábricas, también, las que sujetaban al proletariado y podían a su vez organizar su emancipación del capital? Ahora bien, los dispositivos de poder siempre ofrecen libertad, ¿no? Andá donde quieras, desplázate, sé móvil, organizá tus tiempos, etc; estás conectado, disponible, incluso quizá alienado a la red de Actualidad que hace que vivamos la vida y las cosas como medio-para otra cosa, algo ausente, abstracto. Quizá por eso cariño y odio, tecnofilia y tecnofobia.

--¿Hay salvación dentro de la nube algorítmica? ¿De qué manera se puede restituirle al presente su "potestad existencial soberana"?

--Hay movimientos de "presentificación", que es la restitución al presente de su centralidad existencial. Estos movimientos son de lo más diversos y variados, tanto en planos individuales, de dos, grupales, institucionales, urbanos, masivos. Cada vez que logramos prácticas, movimientos, que nos hacen sentir que el centro de la vida está acá, donde estamos -es decir, que le devuelven el sentido al presente-. Se mutea lo mediato. Se intensifica el presente -y por lo tanto cambia el horizonte de lo posible-. Muchos movimientos presentificantes usaron y usan las pantallas y la mediósfera como recurso. Sublevaciones en diversos países, incluso la sublevación feminista aquí, son ejemplo. Pero también recuerdo una hermosa rateada masiva que organizaron los pibes de secundario mendocinos hace unos años: gestada por internet, no para quedarse cada cual en su casa sino afirmándose como sujeto colectivo y armando encuentros de fiesta y juego en las plazas. Instaurar intensidades deseables, en vez de estar sujetos a perseguirlas o consumirlas.

--¿Se puede "habitar el dispositivo" sin creerle tanto?
--Creo que sí, no es “pura”, la nube, y el dispositivo puede usarse en movimientos de “contrasentido”, disidentes respecto de la inercia que trae prefigurada. Y pueden circular allí fuerzas que tengan efectos subjetivos disidentes. Los casos que comenté recién son ejemplo. Como decía Deleuze hablando de pintura, o de la obra de Spinoza, cuando el ambiente de época es religioso, hay que poder percibir los flujos de ateísmo que corren allí mismo, incluso enmascarados con los ropajes de la religión.

-El capitalismo conectivo obliga a adaptarse a escenarios variables. Impone la necesidad de improvisar todo el tiempo. Pero se trata de una improvisación "adaptativa". ¿Es posible convertirla en una "improvisación creativa"?

--Esa adaptación forzada, como parte del clima, del ambiente, es parte del dispositivo de Actualidad: actualizate, adáptate. Lo que rige es la volatilidad necesaria para que el capital financiero persiga las ocasiones de su ganancia máxima. El negocio más obsceno resulta el ordenador central de la economía. Y la economía es un ordenador político, en el sentido de que organiza modos de vida, relaciones de mando, distribución desigual de derechos de hecho… Ahora bien, esta dinámica paradójicamente convive con una tendencia a la programática: porque hay que improvisar, pero con un orden de valores dado, que hay que seguir, que es previo a la experiencia, no valores fundados por la experiencia. La improvisación deviene creadora, me parece, cuando no se limita a cambiar de estrategias para perseguir el mismo mando de la razón del capital (y las imágenes de la vida también como capital). Cuando en un proceso encontramos, gestamos, valores, deseos, y en función de eso remodulamos nuestras apuestas. Partiendo de que no sabemos exactamente qué es lo que querremos en el porvenir, ni podemos saberlo, salvo vía apego a órdenes de valores dominantes en la época, que cuando más o menos podés mostrar que los conseguiste, se dice que “llegaste”.

 

Dinámica financiera y subjetividad mediática

Valle establece una analogía entre la dinámica financiera y la subjetividad mediática: "circulación sin restricciones, el hecho de autovalorizarse, buscando encuentros límpidos como conexiones que rindan la mayor ganancia posible; una bolsa donde ponemos imágenes de nosotros y después vemos cuánto se infla su valor… En el desdoble subjetivo de la socialidad digital y el mercado laboral, uno puede ser su propio capataz, su propio manager, y, también, el propio broker de su yo. El capital financiero, el modo financiero del valor, es una matriz que se extiende también dando forma a la subjetividad. Algo se ve por ejemplo en cómo deriva la liberalización sexo afectiva: yo decido ir donde quiero, acumular contactos sin fijarme en ningún sitio, calculando rédito, ¿no es el capital financiero hablando? Y hay más. La mediósfera es una versión actual de la dominación de lo abstracto sobre lo terrenal, corpóreo y vivo, como el Espíritu, como el Capital. Existe algo más valioso que lo presente; algo siempre ausente, que o no está ahora o no está acá, pero con espectros y sicarios sí presentes. El capital financiero también se presenta como una razón superior cuyos sacerdotes (CEOs y mandatarios económicos por ejemplo) nos hablan de lo que 'el mundo' o 'el mercado' quieren; como si hubiera una instancia superior, separada, que sabe más sobre la vida que la propia vida, y por tanto exige gobernarla. El Pro encarnó esta racionalidad de modo muy explícito: pantallitas, triangulito de Play y trato sacro al capital concentrado. Aunque no le es exclusiva".