Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

lunes, 6 de febrero de 2023

EL REVIVAL DE "LA NÓMINA DE MI PADRE"

 Han transcurrido diecisiete años desde que, en 2006, Forges escribiese en “El País” un texto con el título de “La nómina de mi padre”, que sintetiza certeramente la evolución del sistema económico desde los pasados años sesenta. En el mismo se contrasta la situación de las generaciones instaladas en el mercado laboral desde antes de los felices ochenta, y aquellas que llegaron al mismo con posterioridad. Este texto es extremadamente lúcido, en tanto que visibiliza la evolución del sistema, que se puede sintetizar en la fórmula de crecimiento económico con penalización severa a los contingentes de nuevo ingreso en tan misteriosa institución.

Por su interés, lo reproduzco en su integridad

 

LA NÓMINA DE MI PADRE

 

La nómina de mi padre en diciembre de 1979 era de 38.000 pesetas. Él trabajaba como peón en una obra. En ese mismo momento le ofrecieron comprar una casa. Le pedían un total de 500.000 pesetas por ella.
Decidió no arriesgar y continuar viviendo en régimen de alquiler, en unas condiciones muy buenas. Se trataba de una casa modesta pero muy bien ubicada, en pleno centro de un pueblo cercano a Barcelona. A los pocos meses mi padre y mi madre compraron un terreno en otro pueblo de la misma provincia y en menos de cinco años de esfuerzo ya habían levantado y pagado una vivienda de 120 m2.

Han pasado 27 años. En 2006 y en el mismo pueblo donde viven, un piso modesto de 75 m2 a las afueras no se encuentra por menos de 35 millones de pesetas, y estoy siendo muy generoso.

En el año 1979 el coste de un piso era del orden de 14 mensualidades De un peón de obra 38.000 pts/mes x 14 meses = 532.000 Pts.

El sueldo en 2006 de un universitario recién titulado en ingeniería informática sin experiencia profesional no llega a las 200.000 pesetas mensuales.

En el año 2006 una vivienda modesta cuesta 175 mensualidades (14 anualidades!!!) de un ingeniero informático. 200.000 pts/mes x 175 meses = 35.000.000 pts

Las jóvenes de hoy necesitaríamos cobrar 2,5 millones de pesetas mensuales para estar en igualdad de condiciones con nuestros padres que compraron una vivienda a principios de los años 80.
2.500.000 pts/mes x 14 meses = 35 Mill. de Pts.

Los pisos en el año 2006 deberían costar 2,8 millones de pesetas para que los jóvenes de hoy estemos en igualdad de condiciones con nuestros padres en 1979 200.000 pts/mes x 14 meses = 2.800.000 pts

No encuentro adjetivo alguno en el año 2006 para calificar lo que mi padre consideró arriesgado en 1979.

Está claro que los pisos no van a pasar a costar de la noche a la mañana 30 veces menos, de 35 a 3 millones.

También está claro que no voy a cobrar 2,5 millones de pesetas mensuales, por muy buen trabajo que encuentre y por muchos estudios que tenga.

Lo primero que se le ocurre a uno es seguir viviendo en casa de sus
padres y ahorrar el 100% del sueldo durante los próximos 14 años, para el año 2020 (yo rondaré ya los 40 años de edad) tendré el dinero suficiente para comprar una vivienda al coste del año 2006 pero, por supuesto, no al coste del año 2020. Evidentemente esta ocurrencia la desecha uno antes de hacer cualquier cálculo.

Aunque un joven bienintencionado consiga ahorrar 2, 4 o 6 millones con mucho esfuerzo en pocos años, a día de hoy nunca podrán evitar lo siguiente:

1) Pedir un préstamo al banco a 40 o 50 años (si consigues ahorrar 2, 4 o 6 millones puedes reducir el período a 35 - 45 años, pero 5 años no supone prácticamente nada cuando estamos hablando de medio siglo de pago). Te darás cuenta de que no vives en una democracia sino en una dictadura. El dictador no se llama Francisco Franco o Fidel Castro sino La Caixa, BSCH, Banco de Sabadell o, en general, "la banca". Ni siquiera tendrás la libertad de decir lo que piensas a, por ejemplo, tu jefe, no vaya a ser que cierre el grifo y no puedas pagar al dictador.

2) La otra solución es pagar un alquiler de por vida. En este caso el dictador se llamará Juan García, José Pérez o Pablo el arrendador. La situación no es distinta a 1).

Después de esta reflexión ten la delicadeza de no decir a un joven que su problema es que no ahorra, eso fue válido para ti en 1979, incluso era válido para algunos jóvenes en 1999, pero no en 2006, en 2006 sólo consigues cargar con más impotencia, si cabe, al muchacho.

El esfuerzo de nuestros padres, sin duda alguna admirable, no era estéril podían obtener una vivienda de propiedad en un período de 5 años). El mismo esfuerzo realizado por nosotros, los hijos, sólo llega para quizá reducir en 5 años una hipoteca de medio siglo.

La vivienda nunca fue un objeto para enriquecerse, sino para vivir. Es de lo poco material que sí necesitamos. La ley del libre mercado puede establecer el precio de los televisores de plasma al precio que quiera... yo no los compraré... pero nunca tuvimos que permitir que esa misma ley fijara el precio de la vivienda, porque todos necesitamos vivir en una y no todos podemos pagarla. Los jóvenes, incluso aquellos que tenemos estudios superiores, no podemos competir".


Forges, EL PAÍS, 2/5/2006

 

La lectura de este artículo desde las coordenadas de hoy, supone una verdadera experiencia, en tanto que hace factible comprender la falsedad de las representaciones imperantes en el sistema económico/político/mediático acerca de la realidad. La situación para los más jóvenes puede sintetizarse en la fórmula de intenso consumo en el nuevo mundo low cost del consumo -creado precisamente para ellos- y denegación fáctica de la vivienda. El contraste entre generaciones se hace patente. Yo mismo vivo en un edificio lleno de inquilinos jóvenes que viven en el modelo de alquiler compartido, que simultanean con un consumo inmaterial desbocado en las redes y las múltiples formas de streaming. Cada cual confinado en su habitación y entretenido compulsivamente por los espectáculos que muestran los medios y las industrias del imaginario. Cada cual recluido en un medio físico achicado, pero que dispone de más de una pantalla individual, en la que se forja como disciplinado espectador.

Esta gran mutación de la época, cuya realidad permanece rigurosamente oculta tras una maraña de cifras, simulaciones y discursos expertos, fue el factor que desencadenó aquello que fue designado como “El 15 M”, que remitió a un conjunto de protestas, prácticas políticas colectivas, climas ciudadanos y actividades comunicativas que convergieron en un proceso que se puede designar como una reprobación al sistema político imperante. Este cristalizó en 2014 con el desembarco de nuevos partidos en el raído sistema político nacido en la transición política. La gran reprobación fue reabsorbida por las instituciones y los medios, siendo neutralizada integralmente.

Hoy sólo queda algún simulacro político protagonizado por los recién llegados a las instituciones y televisiones, que impulsan medidas simbólicas que no afectan al núcleo de la perfeccionada sociedad del mercado total, en la que el suelo tiene un estatuto de divinidad. La gran reprobación ha desaparecido, sólo quedan de ella algunos ecos engañosos. Algunos de los nuevos nobles del Estado del Suelo promueven medidas microscópicas en relación con las realidades del cambio operado, y las venden bajo el prospecto comercial de “mejorar la vida de la gente”. Pero la gente menuda se encuentra sometida a la verdad de ser inquilinos de por vida, o a vivir bajo la coacción permanente de la hipoteca. También a ser recluidos durante un tiempo excesivo a la condición de aprendices, becarios y otras fórmulas de espera para aterrizar en tan misterioso mercado de trabajo. Así se regenera el sistema político como una maquinaria capaz de producir ensoñaciones. El nuevo capitalismo es un dispositivo de seducción que responde a la regla del encantamiento, en el que la nueva izquierda desempeña un papel de reservorio de esperanzas.

Este caso ilustra una gran regresión que contrasta con las expectativas incubadas en el comienzo del postfranquismo. La cuestión principal radica en que los proyectos políticos de la misma izquierda se dirigen a apuntalar el Estado del Mercado Total y del Suelo-Divinidad inaccesible. La definición de “la buena vida”, que enunciaron los zapatistas al principio de los años noventa, y que no se encontraba determinada por el consumismo individualista posesivo ni otras variables económicas, sino, por el contrario, por variables relacionales, inmateriales, institucionales y comunitarias, se ha disipado completamente en los discursos de la izquierda del presente.

Quizás sea Jean Baudrillard quien mejor sintetice el presente de la congelación de la gran reprobación, desvelando el devenir fatal del sistema político productor de una mascarada:

Su quintaesencia ha sido, más allá de lo económico y de lo político, la forma en que ha dominado una simulación que afecta a los valores de todas las culturas y que se encuentran en la base de la hegemonía actual. Porque esta última ya no se asienta en las exportación de las técnicas, los valores y las ideologías, sino en la extrapolación universal de una parodia de esos valores […..]Lo que no se suele apreciar es que esa hegemonía -ese dominio de un orden mundial cuyos modelos, no sólo técnicos y militares, sino también culturales e ideológicos, parecen irresistibles-lleva aparejada una reversión a través de la cual ese poder se ve lentamente minado, devorado, canibalizado por aquellos mismos que canibaliza”.

Imagino un futuro en el que los inestables laborales y poseedores de nóminas chicas, concentrados en soluciones habitacionales que se materializan en un pequeño cuarto en régimen compartido, sean instruidos por una legión de psicólogos y otros expertos para que adquieran las competencias y comportamientos requeridos en la convivencia residencial. Al menos, con estas generaciones, será más fácil desplazarlos a las residencias cuando lleguen a la  condición de ancianos. Conformarán la primera promoción de caníbales canibalizados de la historia.

martes, 31 de enero de 2023

DAVID SOUTO Y LA JAULA FASCISTA

 

He leído con mucho interés el artículo de David Souto en Vox Populi “La jaula fascista y la fobia de las izquierdas hacia la plebe”. En marzo de 2022, publiqué en este blog un artículo de este autor, publicado en Diario 16 “La deserción es nuestra única salida”. En esta ocasión he tenido la misma sensación ante este texto, que remite a un encuentro con un autor que aporta un esquema referencial singular, que se ubica en el exterior del océano de artículos de la prensa digital, que se fundamentan en un petrificado sistema de significación, del que se deriva una monotonía insufrible, así como una desorientación colosal, en tanto que los lectores se encuentran desbordados por distintos acontecimientos que no caben en tan menguados esquemas. Los artículos de Souto representan el equivalente a una conmoción para algunos lectores entre los que me incluyo.

Detesto la uniformidad de los analistas del presente. En tanto que se producen múltiples cambios sustantivos, estos apenas son percibidos en sus verdaderas dimensiones. Los antiguos intelectuales, así como otras gentes que conformaban la intelligentsia, aportaban sus visiones globales, que, además, eran inevitablemente plurales. Uno de los cambios esenciales que ha tenido lugar es, precisamente, la reconversión de la intelligentsia. Ahora se encuentra formada por periodistas estrictamente encuadrados en bloques políticos; expertos en algún campo específico que aportan su saber a los gobiernos u otras instancias investidas de poder; y lo que denomino como traductores, que son los tertulianos encargados de producir una conversación pública estrictamente subordinada a las necesidades de los distintos poderes. Junto a estos, algunas gentes de la cultura se prodigan en el respaldo a las verdades oficiales aprovechando su visibilidad.

Tras esta mutación ha desaparecido la independencia de los viejos intelectuales, que aportaban visiones globales dotadas de espesor argumental. También de algunos periodistas independientes, así como algunos universitarios cuya obra trascendía las fronteras disciplinares establecidas Las nuevas figuras de la información y el conocimiento se encuentran insertados en dispositivos de poder, que les demandan soluciones según sus necesidades inmediatas. Los gabinetes de prensa de los gobiernos, de los partidos, los operadores de los medios, todos ellos conforman un dispositivo informativo agobiante. El conocimiento que exhiben sobre las realidades, se encuentra rígidamente determinado por sus todopoderosos clientes. El resultado es la configuración de una gran burbuja que cocina una suerte de papilla informativa uniforme, que disuelve las especificidades y las autorías. La hegemonía audiovisual sanciona a periodistas que adquieren gran popularidad aún a pesar de su pensamiento cero. En un medio así, cada cual desempeña rigurosamente el papel asignado por el dispositivo global.

En particular, los expertos convocados por los poderes comparecen desde la universidad o medios profesionales especializados. La universidad del presente actúa como un disolvente de discursos generales, y en favor de la parcelación y especialización del conocimiento. Esta es la clave para comprender esta institución como una verdadera fábrica de expertos útiles a los poderes como mercenarios utilizados puntualmente según las necesidades de sus patrones-clientes. No puedo olvidar las intervenciones de los expertos en la pandemia de la Covid, en las que fundamentaban decisiones imposibles de asumir fuera de las coordenadas de los riesgos apocalípticos que enunciaban estos portavoces especializados.

Así, columnistas, tertulianos, presentadores, expertos de guardia y otras categorías, constituyen la conversación pública que ampara el ejercicio del gobierno, presentando dialógicamente la trama narrativa de la actualidad cocinada. Estos se atienen con una disciplina encomiable a los guiones prestablecidos, que se fundan en un marco de referencia único. Este determina la interpretación de los eventos que constituyen la actualidad. En otras palabras, el complejo de la conversación pública aplica un conjunto de categorías predefinidas que les permiten descifrar la información. De este modo se comparten las significaciones que cristalizan en un conocimiento común. Pero el conocimiento no es solo la cristalización de un fenómeno pasivo de recepción y registro de las realidades, sino que remite a un conjunto previo de selecciones, comparaciones, valoraciones y categorizaciones de las que resultan modelos de interpretación.

La comunidad de la conversación pública subordinada a los poderes construye así un modelo de conocimiento cerrado, que determina su homogeneidad absoluta. De este modo instituye un sistema de recortes de las realidades, que en los últimos tiempos se muestra como inquietante. Este sistema cerrado de conocimiento ha terminado, inexorablemente, por constituir un nuevo autoritarismo que condena a cualesquiera que se ubique en su exterior, tanto a la reprobación pública, como, crecientemente, al castigo. La pandemia fue un acontecimiento elocuente que mostraba nítidamente los rasgos autocráticos del nuevo poder, inseparable de su complejo de creación de conocimiento y de la imposición de este por medio de la conversación pública dirigida y enclaustrada.

Los públicos receptores de los discursos subyacentes en la conversación pública y publicada, se encuentran encerrados en un sistema de significación que impide comprender múltiples acontecimientos y entierra múltiples realidades. Por ilustrarlo con un ejemplo de la actualidad, el caso de Sumar de Yolanda Díaz es paradigmático. Se presenta como un proyecto de conversación y formato de movimiento ciudadano, cuando su naturaleza es justamente la contraria. En realidad, se trata de un verdadero golpe de una persona relevante de una coalición entre dos partidos, que decide encabezar una nueva propuesta que incluye la destitución de sus compañeros de escaños, así como de las direcciones de ambos, que guardan un sepulcral silencio. Sus apoyos proceden del poderoso presidente y su complejo mediático que emula sus actividades y multiplica sus comparecencias. Pero, ¿quién ha decidido dar el salto de Sumar? En sus apariciones multiplicadas por los altavoces mediáticos oficiales habla en nombre de Sumar, pero esta propuesta carece de cualquier dirección. Entonces, Sumar es un proyecto hiperpersonalista fundado en una conspiración contra los desgastados dirigentes de Podemos, pero en la conversación pública dirigida comparece como una alternativa democrática. Así se consuma una trasmutación de la realidad que se hace factible por la percepción determinada por la comunicación política condimentada en el ecosistema de la comunicación política, en el que los analistas independientes se han disipado.

Estas consideraciones facilitan la comprensión de los textos que publica Souto. Estos se ubican completamente al margen de la burbuja del conocimiento patrocinado. El choque entre su sistema de significación y valoración con el imperante es patente. Desde esta perspectiva es menester leerlo. Su marco de referencia es tan diferente que lo convierte en un extraño para los lectores encuadrados en la homogeneidad de la conversación pública. Se trata de un independiente. Recuerdo las viejas categorizaciones de Roszac en los años sesenta, en las que distinguía entre los integrados y los independientes. Couso es un independiente que piensa ajeno a los marcos de referencia del poder establecido. En un medio cerrado, como es el del mundo comunicacional de los poderes imperantes, la colisión es insoslayable.

Desde esta perspectiva se pueden pensar las afirmaciones de Souto, que interpreta la emergencia de una nueva extrema derecha arraigada en algunos espacios sociales. Esta emersión se simultanea con la transformación de la izquierda, que comparece sustentada en una gran mutación ideológica, que la transforma en una parte de un dispositivo de poder que restringe severamente las libertades y diseña sus intervenciones promoviendo un punitivismo desbocado. El castigo se sitúa en el corazón de todas las propuestas y se sobreentiende que los problemas colectivos tienen soluciones que privilegian el proverbial vigilar y castigar. La deriva del feminismo oficial comparece con formas inquietantes que remiten al incremento de la intervención del derecho penal y sus catálogos de penas crecientes.

El análisis de Souto resalta la convergencia y el conflicto entre dos formas de fascismo, o de dos autoritarismos: el convencional de lo que se entiende como extrema derecha y aquél en el que se inscribe la izquierda del presente, que define así “las estructuras de gobernanza mundial han ido construyendo para el tránsito de una sociedad neoliberal con apariencia democrática a una impulsar sociedad tecnocrática abiertamente autoritaria”. En estas coordenadas cabe comprender lo que denomina como “la jaula fascista”. Esta se encuentra determinada por la puja entre ambas tendencias, de modo que cualquier proyecto se encuentra atrapado por ese conflicto fatal.

De este modo, la perspectiva de Souto hace inteligibles las perplejidades que algunas personas experimentamos en la pandemia y ahora en la alegre guerra como provincia confín de la OTAN. Se dibuja un nuevo autoritarismo, cuyo fundamento es “apostar por la creación de un hombre nuevo que rompa por completo con el pasado y obedezca a los anhelos de una tecnocracia global posthumana que, no solo anula toda división de poderes, sino que nos lleva, en nuestro contexto de capitalismo verde y digitalización forzada, a una sociedad estamental”. La clave del análisis de Souto resalta que este giro termina por confrontar a la nueva izquierda con sus tradicionales bases sociales. La dinámica política en Europa ratifica esta afirmación.

El cambio entonces, por encima de factores coyunturales, remite nada menos que al mismo genoma de la izquierda “ Nos encontramos ante una mutación en toda regla en el genoma de la izquierda, que ha pasado de desconfiar de la naturaleza del poder a sospechar de la naturaleza humana y a considerar que es el poder (principalmente el poder económico de las grandes estructuras de gobernanza mundial) el que tiene que corregir a todos y cada uno de los ciudadanos (sobre todo si son de clase baja, pues serán machistas, homófobos, enemigos del planeta) y disciplinarlos hasta hacer coincidir sus comportamientos con los inalcanzables (e inhumanos, en tanto que asociales) ideales promovidos por la política identitaria y por la ideología posthumana.

El enfoque de Souto permite comprender algunos acontecimientos que nutren la opacidad del presente y las perplejidades de muchos analistas referenciados en paradigmas obsoletos. En mi caso particular, me ha producido un terremoto y me ha estimulado a reorganizar mis esquemas. Por eso mi agradecimiento al autor y la recomendación viva a los lectores para que lean su texto. Mi experiencia de la lectura me ha liberado provisionalmente del mundo cerrado de la opacidad, reiteración, monotonía y oscuridad de los operadores de la comunicación política.

 

 

 Pido disculpas a los lectores por el lapsus de haber reemplazado el apellido del autor Souto, por Couso en la versión publicada el 31 de enero. Mi inconsciente quedó marcado por el asesinato de Couso en el hotel Palestina de Bagdag. Ya está corregida.

 

jueves, 26 de enero de 2023

SZTULWARK: LA APOLITIZADA POLITIZACIÓN

 

Desde hace varias semanas sigo como lector fascinado los textos que publica Diego Sztulwark en la revista digital argentina El Lobo Suelto. Desde las coordenadas  imperantes en España, la política parece haberse emancipado definitivamente de la inteligencia. Los fragmentos audiovisuales que conforman esta representación, terminan por afectar a los residuos de la antigua prensa escrita, ahora revivida en los digitales, generando una verdadera orgía de banalidad, en la que la galaxia audiovisual impone sus códigos. La prensa digital y sus columnistas actúan como tertulianos televisivos, de modo que los textos escritos terminan subordinándose a los guiones audiovisuales.

En este desierto, los textos de Sztulwark resultan esclarecedores, aunque su atenta lectura desvele la ausencia de reflexión y discusión en el páramo de la política nacional. Un reciente video de Mónica García, en el que reivindica su convergencia con el Foro de Davos, al que califica como progresista, ha resultado demoledor para mi persona. Me pregunto acerca de la reflexión colectiva que ampara estos giros y posicionamientos. Efectivamente, en el presente no existen partidos políticos, entendidos como un núcleo estable de gentes que piensan y contrastan en reuniones reposadas basadas en textos escritos. Todo eso ha sido reemplazado por el equipo de marketing que rodea a un líder candidato. Este tiene que lidiar todos los días y a todas las horas con las cámaras que solicitan para sus públicos los zascas imprescindibles para alimentarlos.

En ese ambiente, un candidato sólo maneja una especie de menú del día,  que se denomina argumentario, condimentado por los brujos de esa configuración formada por los equipos de imagen de los partidos y los operadores televisivos. El resultado es un desastre para la inteligencia. Así, la decisión de enviar tanques a Ucrania, es tomada desde la subordinación cuasireligiosa a la OTAN, que conforman un pequeño grupo de militares y geoestrategas situados por encima de los estados. Una decisión de ese rango no es cotejada por las instituciones, siendo impuesta a la opinión pública como única opción posible. Contemplare el grado de suprema aceptación de la misma de tan controvertible decisión, me empieza a generar un temor incontrolable. En ese ambiente puede prosperar cualquier cosa y las decisiones remiten a la ligereza descartando el espesor que tiene que fundamentarlas.

Esta es la razón por la que he subido aquí este texto de Sztulwark publicado hace un par de días. Su densidad conceptual es encomiable y resulta asombrosa la similitud entre Argentina y España. La política convertida en videopolítica, unifica todos los escenarios de una forma sorprendente. La pandemia fue elocuente en este sentido, mostrando una suerte de novísimo trust de gobiernos fusionado a un extraño holding experto. En particular, el concepto de “apolitizada politización”, me parece tan sólido y brillante para describir la politización operada en España tras la crisis de 2014, tras la que las televisiones se tragaron el incipiente movimiento de disconformidad, siendo recluido en las pantallas y evacuado de las realidades sociales que se instalan sobre los espacios. También el concepto de “cretinismo”, cuya multiplicidad de versiones prolifera en las galaxias audiovisuales de la videopolítica española.

En la versión original lo podéis leer aquí https://lobosuelto.com/recuerdos-del-presente-diego-sztulwark/

 

Recuerdos del presente // Diego Sztulwark

Publicada en 24 de enero de 2023

Cuando se llega a una situación de apolitizada politización, que es la nuestra, y la ciudad se desvanece como espacio vivo de fuerzas y conflictos en favor una teología de lo virtual -en la que vida se vive a través de imágenes ya programadas-, prolifera por doquier el cretinismo -término de curiosa historia, que parece provenir de cierta tendencia al aislamiento detectada el antiguos pueblos cristianos de montaña-, y la articulación sistemática de los diversos cretinismos. Lo cretino no es exactamente lo falto de astucia o de cálculo, ni de bondad y transparencia, sino el confinamiento de la vivacidad espiritual a un ámbito institucional específico. Lenin, por ejemplo, denunciaba a la fracción adversaria de la socialdemocracia rusa de “cretinismo parlamentario” (la reducción de la comprensión del juego político al parlamento). Hoy en día, sin embargo, aunque abunde (basta con mirar un portal de noticias para advertir cómo todo se ha vuelto cretinismo: empresarial, mediático, judicial), ya no es la marca característica de nuestra actualidad. La expresión “apolítica politización” -presente en Kafka-, define con mayor justeza un tipo de funcionamiento social-comunicacional que difunde una relación acrítica con lo político. Más que falsa pasión, la pasión política se torna ella misma incapaz de revisar su disociación fundamental entre creencia y consecuencia. Lo vemos, incluso, en las prácticas de denuncia de las fake news y del lawfare -términos que, ya de por sí, exhiben una especie de “cretinismo lingüístico”- al que se ha reducido lo progresista. La crispación hiperpolítica, que promete cada día un vértigo mayor, se da en simultáneo con un retiro abrumador de lo político mismo. Un aburrimiento mayor, un apagamiento enigmático, un repliegue permanente en lugar lejano y oscuro. Y no sabemos bien si esa ausencia de lo político se debe simplemente a que hemos olvidado cómo convocarlo o si en cambio asistimos a una suerte de largo eclipse cuya lógica se nos escapa. En todo caso, en la nostalgia de lo político -más que en la pasión con que se lo declama y se lo practica- habría claves para un diagnóstico del presente. Pero el trabajo con la nostalgia no es fácil. En contacto con ella, se transforma con facilidad en un afecto personal, perdiendo agudeza clínica. Se convierte en penosa despedida de la vida. Lo difícil seria lograr una nostalgia del propio presente, más poética que personal, capaz de sostener aquello que se vive como perdido menos como un recuerdo preciso de un tiempo ido y más como un desplazamiento y un contraste en búsqueda de una perspectiva nueva. Hacer jugar como termino actual aquello que sólo sabe aparecer como perteneciendo a un pasado pedido, reconocer la actualidad de lo eclipsado como instancia crítica del presente.