Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. También es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.

lunes, 23 de mayo de 2022

JUAN CARLOS I Y LA TORRENTIZACIÓN DEL RÉGIMEN

 





La visita del rey emérito Juan Carlos ha tenido como principal efecto la restauración de una forma de comunicación instaurada en el régimen del 78, que consiste en presentar al monarca desde una perspectiva liberada de la carga institucional del cargo que desempeña, para constituir un personaje manifiestamente humano, consumando así una despolitización sofisticada en alto grado. Se trata de un cachondo, o un campechano, que construye una relación con los reporteros basada en las bromas y las risas. Así desactiva su función política, instituyendo una monumental área oculta de sus actuaciones. Esta despolitización del Rey adquiere su sentido pleno por su vínculo con el pasado, en tanto que cumple rigurosamente  con la recomendación de Franco de “no meterse en política”.

El Régimen del 78 amparó este tipo de despolitización. Ha habido distintas ricas  experiencias, pero fue Jesús Gil quien perfeccionó este método, instaurando unas relaciones con los reporteros y periodistas basadas en la evasión de su función como alcalde para centrarse en el polisémico personaje. El experimento Gil y su éxito, remite a la existencia de una subsociedad, entendida como una comunidad comunicativa, que  conecta con las actuaciones del personaje. Los densos mundos del fútbol o de los avatares del corazón, constituyen ese ecosistema en el que habitan estos personajes y sus mentores. La sociedad “política” centrada en las instituciones no ha dejado de decrecer, viéndose afectada por estos poderosos subsistemas comunicativo-sociales, que en modo alguno son inocentes políticamente. Así, en los últimos años los géneros informativos de la política, incorporan formatos procedentes del deporte, del corazón o de los sucesos.

Nadie como Santiago Segura ha sido capaz de captar y recrear estos personajes y los mundos en los que habitan. El éxito contundente de la saga Torrente se basa en unas audiencias macroscópicas que avalan esta prodigiosa conexión con una subsociedad sumergida e ignorada por la sociedad política oficial. Me gusta hablar de torrentización de la sociedad española, e interpreto la emergencia de una derecha radical encuadrada en el pasado, y no me refiero solo a Vox, como resultado de la expansión de esta sociedad. Esta se corresponde con un gran espacio social que acoge actividades económicas informalizadas y de baja productividad,  que concitan la presencia de numerosos contingentes de autónomos y extrabajadores regulados. El caso de los transportistas o de muchos de los encuadrados en actividades turísticas es elocuente.

Así se consuma una escisión entre esta subsociedad, y la sociedad oficial formada por los contingentes encuadrados en la galaxia estado, -profesores, sanitarios, funcionarios…- que es distinta a la de las empresas de alta productividad y las profesiones liberales. La primera, la torrentizada, es la que sustenta la ascensión de la derecha y la crisis de la política mediante la comparecencia de la crispación y la memenización digital. En este cuadro, Juan Carlos ha reinado constituyéndose como el paradigma de la máscara despojada de la función institucional. Los medios, con sus grandes audiencias enclavadas en el deporte, el tiempo, el corazón o los sucesos, han sido el cómplice y el inductor de la popularidad del desinstitucionalizado Juan Carlos.

Este es el suelo sobre el que crece la influencia de la derecha populista, que en el presente alcanza cotas electorales inimaginables hace años. Se trata de la convergencia de segmentos económicos y culturales originados en el desarrollo aventurero del capitalismo español en las décadas de los años sesenta y setenta, con importantes sectores provenientes de las desindustrializaciones de los ochenta, noventa y posteriores. Todos se han amalgamado en un fondo que ha terminado por sustentar una emergencia política inquietante, que genera posicionamientos determinados por lógicas extrañas, en las que muchos de los desposeídos por el capitalismo postfordista terminan por apoyar los populismos de derechas, uno de los cuales es Vox, pero no el único.

Un factor primordial de esta transformación remite al ascenso incompleto de lo que se denomina como valores postmateriales. La prodigiosa década de los sesenta impulsó un cuadro de valores inmateriales que configuraron la vida en las sociedades industrializadas. Los grandes movimientos sociales del feminismo, ecologismo, pacifismo, derechos civiles, identidades personales e integración en la sociedad tienen este código común. Pero su aceptación generalizada es incompleta, en tanto que no son asumidos por capas sociales que constituyen, en todas partes, una contramodernidad. La desindustrialización de los ochenta y la reindustrialización que sigue el canon neoliberal ha generado cuantiosos sectores sociales adscritos a un cuadro de valores y culturas pre-postmateriales. El conflicto de los camioneros y otros son altamente elocuentes.

Estos sectores sociales son quienes conforman la torrentización, que confronta abiertamente con los valores oficiales, que son una versión de los postmateriales. Los ascensos impetuosos de Bolsonaro, Trump y otros líderes populistas, denotan nítidamente esta contracción. Así, Juan Carlos es, como Torrente, un héroe de esta generación de valores “pre-postmateriales”, de modo que sus comunicaciones se sitúan al margen de las reglas imperantes. En estos días hemos vuelto a este espectáculo, en el que la clack rechaza cualquier contenido crítico-racional y apuesta por una ruidosa adhesión correspondida por Juan Carlos actuando como exige ese guión. Así queda homologado a un grupo de personajes de estos densos mundos como Belén Esteban, la Pantoja, Messi, Gasol y otros muchos que son eximidos de cualquier racionalización.

El resultado es que aquellos que construyen sus juicios mediante racionalizaciones alcanzan un estado de perplejidad irreversible. Los públicos futboleros o del corazón funcionan mediante identificaciones a personajes constituidos como muñecos de guiñol, que se legitiman siendo fieles a su personaje. Este es el caso de Juan Carlos. Este toma de los discursos futboleros la significativa frase de “españoles de bien”. Estos son los numerosos públicos que aceptan integralmente la despolitización y desracionalización, defendiendo emocionalmente a la Pantoja o a Juan Carlos hasta sus últimas consecuencias. Así, aquellos que cuestionan los contratos de los futbolistas o los negocios de las estrellas mediáticas son brutalmente apartados y denigrados.

Paradójicamente, el mecanismo esencial que perpetúa esta escisión social radica en que los racional-institucionales, no reconocen e ignoran los sólidos suelos en los que se concentran las poblaciones de los valores pre-postmateriales. Así, sus categorías no los incluyen, haciéndolos ilegibles e irreconocibles. Cuando estos comparecen, se genera algo semejante a un pánico moral acrecentado, que genera sentimientos de impotencia, indefensión y perplejidad. El anuncio de las encuestas de la expectativa de voto de Vox en Andalucía en un veinte por ciento creciente, parece no tener explicación sin remitirse al fascismo entendido como una realidad espectral, similar a un tornado. Parece inevitable el desmoronamiento de tan racionales analistas.

Mientras tanto, esta sociedad secreta y sin portavoces oficiales se reproduce amplificando su radio de acción. Estos públicos pre-postmateriales viven en una interminable frontera con las instituciones. En esta empiezan a registrarse, desde hace años, incidentes éntre los operadores institucionales y los contingentes alejados de los valores postmatriales. Las violencias escolares, las agresiones a los sanitarios y otras situaciones críticas expresan la escisión social no comprendida. Asimismo, crecen los espacios físicos en los que las reglas oficiales se encuentran en retirada. Ayer fui sorprendido en Madrid, en la explanada de Felipe II adjunta al Corte Inglés, por una cola de cientos de chicas jóvenes que aguardaban pacientemente para sacarse una fotografía en un marketing organizado por una casa discográfica. Las densas pasiones de las adolescentes se manifestaban en variados detalles. La verdad es que me sentí marginado en esta situación, y pensé que voy necesitando algo así como un guía que me informa acerca de los mundos sumergidos a mi mirada.

Juan Carlos sigue en estos días, la cadena inacabable de Gil, Ruiz Mateos y tantos otros ultrafamosos liberados del penoso deber de la deliberación pública de sus actuaciones, entretanto que son objeto de las miradas múltiples de los espectadores a la función no política que tienen asignada. Cosas de las sociedades postmediáticas.

lunes, 16 de mayo de 2022

CESAR CARBALLO EN EL BAZAR MÉDICO

 

La institución medicina solo se puede comprender en su integralidad desde el contexto histórico en el que se inscribe. En los últimos treinta años se han producido un conjunto de transformaciones que han cristalizado en lo que Franco Berardi Bifo denomina como semiocapitalismo. Este se caracteriza porque su motor económico fundamental radica en las emociones y los signos. La semiosfera es un espacio trascendente que se encuentra sobrecargado por flujos de comunicaciones procedentes de la fusión de la televisión y las redes digitales. Las personas se encuentran sumidas en la semiosfera, comunicadas por varias pantallas interconectadas y gobernadas por una potentísima máquina algorítmica.

Estos cambios reestructuran radicalmente la institución medicina. Esta ha vivido relativamente ajena a su entorno, gestionando una alta demanda social que no necesitaba de estimulación comunicativa. En este tiempo, la comunicación con los pacientes tenía lugar mediante la evocación de la “educación sanitaria”, que implica una transmisión de información técnico-profesional sobre las enfermedades, administrada a los pacientes de forma vertical y unidireccional. En este contexto de relativo sosiego comparece el torrente de novedades diagnósticas y terapéuticas salidos del nuevo sistema tecnológico. Este proceso estimula un nuevo sistema de comunicación de novedades con formatos propios de la época. Pero se puede afirmar que la profesión médica sigue siendo parca en la comunicación, en el sentido de que las novedades diagnóstico-terapéuticas van más deprisa que los dispositivos comunicativos, homologados  por la medicina comercial.

 

 

 

 

En los últimos años se consolida una gran transformación en la producción de productos y servicios. Esta se referencia en una fusión entre la producción y la comunicación, de modo que, lo que verdaderamente produce el sistema, son “conceptos de producto”, que se renuevan aceleradamente. El resultado de esta mutación es el desarrollo de una infosfera  que deviene en una semiosfera impetuosa que se posiciona en el centro de las sociedades. La televisión fusionada con la digitalización, que impulsa las redes sociales reconfigura todos los campos. La institución-medicina es anexionada a esta intensa y aceleradísima semiosfera, de modo que los productos de la asistencia son tratados por los dispositivos comunicativos con el propósito de maximizar sus mercados. La vieja educación sanitaria deviene en seducción comercial imprescindible en la gran captura de posibles pacientes necesaria para afianzar las innovaciones de los productos.

Pero ha sido la pandemia de la Covid la que ha proporcionado la gran oportunidad a los dispositivos sanitarios a tomar posiciones en la semiosfera con sus discursos y productos, configurando así el gran bazar médico que se instala en los programas de gran audiencia. Así han aparecido un grupo de médicos presentados como expertos, que han renovado los viejos sermones que apelan a la obediencia a la autoridad y a la responsabilidad individual. En este grupo han predominado los epidemiólogos y salubristas, administradores perfectos de los miedos generados por la pandemia, y aún más por las alarmas inducidas por la información apocalíptica que sustenta la forma de gobierno vigente fundada en el estado de excepción. Las televisiones han operado mediante la cooptación de distintos especialistas, siguiendo su modelo proverbial de la institución bazar.

Las urgencias han registrado primordialmente esta conmoción. Así que su cuota en el bazar era imprescindible. De ahí la aparición de Cesar Carballo. Este representa la voz de los sitiados por la avalancha de infectados: las urgencias. Carballo ha entendido desde el principio la situación que le proporcionaba su gran oportunidad. Y también cual era la función desempeñada por la charla tertuliana experta. Así, ha gestionado la información diferenciándose de las posiciones rigoristas de los salubristas, cuyos códigos son las poblaciones. Él detentaba el privilegio de tratar a los cuerpos individualizados infectados, que se recombinan con otras patologías e historias personales, de modo que así ha sido fácil construir un perfil atractivo en la charla, diferente al de virólogos o epidemiólogos habitantes de laboratorios y lejanos a las consultas cara a cara.

Carballo ha utilizado sus comparecencias para hacer su agosto profesional, promocionando su especialidad – urgenciólogo-  que paradójicamente sustenta su demanda en la inoperancia del sistema en su conjunto. También ha aprendido a combinar sus presencias televisivas con las actividades en las redes sociales. Su perfil de twitter es un monumento semiológico que denota la subordinación de la medicina a la prodigiosa máquina iconográfica televisiva. Se presenta así: Urgenciólogo y comunicador sanitario. Canal Youtube propio y  Colaborador de Sexta Noche, Horizonte, Cuarto Milenio, "La consulta del Dr. Carballo" en MARCA. De este modo se posiciona en la semiosfera de modo aventajado con respecto a sus colegas de los laboratorios.

Su éxito mediático incuestionable lo sitúa en el núcleo de un sistema de comunicaciones extraordinariamente vivo. Así, Carballo se ha diferenciado de sus colegas y comunica en twitter los últimos conceptos de producto asistenciales que tienen la potencialidad de abrir nuevos mercados. Estos siguen la sagrada tradición de utilizar el sistema público para generar una demanda, que desborda inexorablemente esta para ser exportada al sistema privado.  En un tuit antológico el 13 de mayo dice “¿Saben que hay una técnica llamada trasplante de haces que se utiliza de tratamiento en algunas patologías? ¿Saben que si se trasplantan heces de una persona delgada se adelgaza? ¿Y que se está investigando este tratamiento en el autismo? Para saber mas..”.

El papel requerido por los arraigados en la semiosfera radica en abrir mercados generando necesidades. Carballo explora esas posibilidades con reumatólogos, urólogos, dermatólogos y otras categorías del gran bazar médico de este tiempo.  Su sentido último se asienta en la demanda infinita estimulada por el gran espectáculo comercial. Su papel de difusor de novedades para nichos de mercado nuevos constituye las bases de su posición de hacedor de proyectos protagonizados por distintas especialidades médicas. Sus informaciones son las señales que atraen a los visitantes del bazar buscadores de soluciones a sus necesidades percibidas.

De este modo, Carballo contribuye de un modo extraordinario a la segmentación de los mercados sanitarios, constituyendo nuevos segmentos de pacientes que contribuyan a la gran expansión de la asistencia. Ciertamente, su papel en la renovación del espectáculo de la medicina es meritorio. Pero, el mercado médico en crecimiento desbocado, centrado en la captura de nuevos segmentos de pacientes deslumbrados por la grandiosidad de las representaciones, coexiste con la permanencia e incremento de muchas enfermedades y dolencias fatales que conforman una población total definida por la mediocridad de su estado de salud en contraste con la excelencia de algunas soluciones terapéuticas vendidas como milagrosas.

Así, las actuaciones solemnes de Carballo ante las cámaras representan la puesta en escena de un problema mayor: el descentramiento creciente de la institución-medicina, que prioriza algunos de sus productos estrella en detrimento de los grandes problemas de salud que afectan a grandes poblaciones. Carballo es la representación de un sistema de pesos y medidas perverso, que entiende los problemas derivados de las enfermedades como independientes entre sí y como parte de un gran bazar asistencial, en el que cada cual puede comprar su solución. Lo del trasplante de heces como solución para la obesidad no tiene desperdicio como disparate mayúsculo, que confirma la idea de una tómbola médica que promociona sus productos de temporada.

Las actuaciones de Carballo no pueden ser inscritas en el molde de la educación sanitaria, que, como toda educación no puede soslayar el crecimiento del destinatario. Poe el contrario, se trata de captura del paciente desorientado, de seducción, en definitiva, de construir un vínculo perverso de dependencia que dificulte su autonomía. En las sociedades del presente se pueden identificar muchas variantes del mismo. Se trata de vender una solución definitiva a un problema, en la que el paciente no tiene que hacer otra cosa que comprarla. En el flujo comunicativo de la semiosfera del semiocapitalismo, proliferan los vendedores de soluciones presentadas con la magia del espectáculo. Cualquier persona ubicada en una consulta frecuentada en un centro de salud, tiene la posibilidad de constatar la gran variedad de problemas existentes, así como el espesor personal de los mismos, lo cual contrasta con el optimismo de la comunicación comercial instituida por el dispositivo central de la televisión.

Pero el verdadero problema radica en que, desde la perspectiva de las urgencias, el paciente desaparece sin dejar rastro. Eso facilita las especulaciones y los sueños tecnocráticos. Por eso prefiero a los médicos que tratan con los presentes continuos  y en el cuerpo a cuerpo cotidiano, en tanto que pueden evidenciar y vivir la densidad pétrea de los problemas de salud.

 

miércoles, 11 de mayo de 2022

LA EQUOLIZACIÓN DE LA IZQUIERDA

 


La candidatura de la izquierda de más allá del pesoe a las próximas elecciones andaluzas se ha estrenado mediante una chapuza gigantesca que denota la fragilidad de su proyecto y el estado confusional de sus direcciones y organizaciones, que se constituyen en una elocuente aplicación de la teoría de las catástrofes enunciada por René Thom. El régimen del 78 reafirmó a las dos grandes formaciones de la izquierda, pesoe e izquierda unida, que se mantuvieron relativamente estables hasta la crisis de 2008. En el curso de  esta, la izquierda se partió en mil pedazos que recompuso Podemos en 2014. En los años siguientes regresó la apoteosis de lo centrífugo, lo que ha generado la descomposición de las grandes formaciones en pequeños grupos que comparecen en las vísperas de las elecciones reclamando simultáneamente la unidad y la maximización de su cuota. Las luchas internas de exterminio resultan de este proceso, de la existencia de distintos clanes que compiten por cuotas institucionales generando conflictos que expresan inequívocamente un inmenso vacío de proyecto.

Una de las formaciones presentes en estas alianzas, que paradójica y cómicamente se autodenominan como “convergencias” es Equo. Este es un colectivo que se funda en la idea-fuerte del ecologismo, pero su programa no es suficientemente específico y desarrollado. El valor con el que ha comparecido en las distintas confluencias, resulta de un exiguo 1% de voto asegurado, que, debido a los condicionantes del sistema D´Hondt, inclinan a las formaciones grandes a incluirlos en las candidaturas unitarias para no dispersar el exiguo voto. Así se configuran unas relaciones “unitarias” que desde siempre han resultado fatales para las coaliciones.

Izquierda Unida fue el proyecto matriz de convergencia. En sus orígenes históricos, agrupó al partido comunista junto a la menguada Izquierda Socialista de Pablo Castellano y otros minúsculos partidos y colectivos. Esta experiencia resultó rotundamente fracasada. El PC orilló a los pequeños y los deglutió sin miramientos, como manda la sagrada tradición histórica. Con posterioridad, otros pequeños grupos se instalaron en este espacio y fueron absorbidos por la fuerza centrípeta del viejo PC. Uno de ellos es precisamente, Equo. Este tuvo que vivir la dura experiencia de habitar en el confín institucional de IU, en el que la relegación alcanza su plenitud.

En 2014, la reunión de varias tendencias animadas por la crisis del régimen y la emergencia de un nuevo anticapitalismo, cristaliza en Podemos. Tras el fulgor inicial y los éxitos electorales hasta el 16, el desembarco en las instituciones deterioradas conduce al derrumbe, que tiene lugar mediante una generalizada lucha interna de todos contra todos. La candidatura municipal presidida por Carmena sigue el mismo camino letal tras ganar las elecciones. La transfiguración de los líderes, que devienen en dirigismos personalistas esculpidos en hierro que terminan por romper las convergencias en mil pedazos, imponiendo en las candidaturas la ley del más fuerte. Los menores de todas las clases son brutalmente avasallados y ninguneados al modo tradicional imperante en los viejos partidos de la III Internacional. Los errejonistas y anticapitalistas son arrojados al congelado exterior.

En este perverso proceso, Equo resulta ganador, en tanto que las feroces luchas internas son mucho más suaves que en la vieja IU, donde el ninguneo de los pequeños termina en una suerte de congelación política. Al tiempo, en los pedazos menores resultantes de la descomposición, tienen lugar procesos semejantes de liderazgos unívocos y homogeneización estricta. Así se reconfigura la izquierda como un conjunto de clanes familiares y locales presididos por directivos dotados de visibilidad mediática. La cuota mediática de los cabezas de lista de los clanes es determinante en el momento de la berrea electoral. Los feroces competidores de Podemos están menos dotados que los apparatchiks de IU, dotados de unas competencias puestas a prueba en mil guerras internas. La supervivencia en estas, dota a sus titulares de unas cualidades encomiables en el arte de la eliminación de los rivales.

El devenir de Equo la ha configurado como un pequeño partido, cuyo programa es un cajón de sastre listo para ser reinsertado en cualquier programa. Así, primero aliados de los pablistas, después de los errejonistas, y también de cualquier proyecto. De este modo instauran un modelo de coalición de fuerzas enclenques, cuyos programas son tan generales que son aptos en cualquier contexto. La carrera exitosa de Equo en distintas coaliciones ha determinado la aparición de varios clones menores, que se hacen factibles en un contexto presidido por la ausencia de un proyecto político sólido. Parece inevitable que, en esas condiciones, las coaliciones se desintegren como ha ocurrido en Andalucía en las últimas legislaturas, así como la reactivación de luchas internas por los cargos y recursos disponibles, siempre escasos frente a la abundancia de pretendientes.

El problema de la izquierda radica en su incapacidad de rehacer un proyecto político a la altura de la complejidad y las exigencias del capitalismo contemporáneo. Fracasado rotundamente el experimento de las revoluciones del siglo XX, que convergen inevitablemente en el glacial “socialismo real”, así como la desaparición de los grandes partidos comunistas de los años setenta, la izquierda postcomunista se ha convertido en un extraño injerto presente en el sistema político español. Podemos significó, en sus orígenes, la posibilidad de cristalizar un gran proyecto de una nueva izquierda, pero su estrepitoso derrumbe muestra la debilidad radical de sus capacidades de interpretar la situación histórica y de proponer transformaciones.

Desde esta perspectiva se puede hacer inteligible lo que ocurre en Andalucía, así como se puede pronosticar lo que va a suceder. El proyecto de la izquierda fragmentada se encuentra estructurado en torno a un conjunto de tópicos, estereotipos, ideas generales y buenos propósitos. Pero los análisis del presente son extraordinariamente deficitarios y centrados en lo que se entiende como política, que es confinada en el interior de unas instituciones autorreferenciales y conectadas con el exterior mediante un sistema mediático que impone sus narrativas radicalmente especializadas en un saber, la politología, que es laminado y separado del conjunto social. Así, los politólogos y los operadores mediáticos construyen un sistema de supuestos y sentidos que elude el avance y la instalación sobre los suelos sociales de las instituciones que ejecutan las grandes reformas neoliberales. En este magma politológico se difuminan los procesos esenciales y adquieren un protagonismo desmedido cuestiones institucionales de rango menor.

La inexistencia de un proyecto sólido y a la altura del presente favorece la trivialización política y su conversión en videopolítica, que confiere una entidad macroscópica a rivalidades personales y otros factores semejantes, en detrimento de los procesos esenciales. Los sesgos y cegueras de las gentes de izquierdas que viven en ese falso palacio de cristal, adquieren una magnitud extraordinaria. La inteligencia colectiva de esa izquierda es extremadamente menguada y desfigurada, prestando atención sólo a las cuestiones del día que afectan a su sobrevivencia. En ese extraño medio parece imposible un proceso de reflexión general. Sus atribulados componentes viven como testigos de una secuencia de cambios que ante sus desviadas miradas aparecen como inverosímiles. Así, la prodigiosa comparecencia en el próximo mes de las dos vírgenes icónicas sevillanas, La Esperanza y La Macarena, desborda su capacidad de comprender, reduciendo así la eficacia de sus comunicaciones y acciones. Desnortados y perplejos, es lógico que se refugien en el espacio interior y la convergencia devenga en canibalismo brutal.

El modelo de Equo es transferido al conjunto de organizaciones de la izquierda: tras su programa generalista se encuentra su incapacidad de enfrentarse a la inmovilidad o el retroceso durante tantos años. Los casos patéticos de Inés Sabanés o Juancho López de Uralde ilustran el bloqueo radical del proyecto y los configuran como verdaderas ruinas. El espíritu de Equo es el de la aceptación del estancamiento de su proyecto con el paso del tiempo, lo que no impide que litiguen ardorosamente en los procesos de configuración de las listas, así como su inevitable desintegración posterior. Ambos comparecen como náufragos ilustres en los procesos de ruptura de las coaliciones débiles.

Sin un proyecto viable que los avale, que siempre garantiza la cristalización de un gran partido, el porvenir de estas coaliciones entre colectivos jibarizados está escrito. Se encuentran abocados a una lucha cruel por las migajas institucionales. El problema de fondo radica en que los partidos-matriz de la izquierda se sustentan en códigos genéticos de sociedades muy anteriores y diferenciadas de las del presente. Son sobrevivientes de una era histórica caducada. Un impulso nuevo solo puede provenir de un acontecimiento exterior que catalice las energías. Cuando en las elecciones de 1977, siendo yo mismo un activo cuadro del PCE, los publicistas nos dijeron que era preciso sustituir el color rojo tradicional de las banderas, por uno en un tono menor, imaginé que esta cuestión tenía una significación mayor de lo que parecía. Efectivamente, lo que proponían era un funeral honorable del pasado para vivir el nuevo presente.

Con el paso de los años han terminado inmiscuidos en divorcios tumultuosos y generalizados. Por lo menos, son portadores de una demanda de un nuevo mercado en torno a las figuras de los mediadores familiares. En su caso, los mediadores de las coaliciones.