jueves, 30 de marzo de 2023

EL CRIMEN ANTROPOFÁGICO DE PODEMOS

 

Los nueve años de vida de Podemos se encuentran asociados a varios vértigos, todos ellos vinculados a la aceleración. Nacidos en 2014, su ascendencia fue prodigiosa, consiguiendo su implantación estelar en el ecosistema comunicativo y las instituciones políticas. En 2016 consiguieron 71 diputados y una centralidad mediática incuestionable. En los años siguientes se inicia un declive acumulativo tan súbito como el que caracterizó a su emergencia. En el tiempo de la ascensión tuvo lugar un aluvión imponente de incorporaciones procedentes de distintos contingentes descabalgados de la izquierda oficial, así como de nuevas generaciones de militantes. Pero Podemos como organización no fue capaz de reintegrarlos en una organización con pilares locales. Así, su fulgor mediático-político no se contrapone a su ausencia de raíces.

En estas condiciones han tenido lugar luchas intestinas, purgas, depuraciones y expulsiones. En una organización en la que su cúpula detenta una visibilidad total, pero que carece de bases efectivas, su debilidad propicia que sea devorada por depredadores mayores arraigados en su propio campo político. Así, su socio de gobierno ha podido aislar a los dirigentes más radicales, así como constituir una alternativa manejable que representa Sumar. Este es un espacio de convergencia de los expulsados, agraviados y humillados en estos años. La amenaza del final se hace factible por su propia vulnerabilidad, así como por la convergencia entre un colosal fuego amigo -Más Madrid, Sumar, IU y otros agraviados que emigran hacia lo que se supone como las fértiles tierras otorgadas a Yolanda Díaz-, y un imponente fuego enemigo ejecutado por las derechas que han puesto en escena una caza de brujas aplicada a Pablo Iglesias que remite a una inquietante distopía.

El óbito de Podemos remite a una historia interminable de acciones que se resuelven en un ámbito oculto. Porque, si Unidas Podemos es una coalición de varios socios que se definen como partidos políticos, y esto implica que tienen sus órganos de dirección, congresos y órganos intermedios, estos han sido sustituidos integralmente por los dirigentes en el gobierno. ¿A quién rinde cuentas Yolanda Díaz o el ínclito y astuto Garzón? En ese ambiente de desaparición partidaria comparece la propuesta de Sumar. Cabe preguntarse si esta es una propuesta de la dirección de IU u otros partidos integrantes en Unidas Podemos.

No, esta es una decisión personal, integralmente personal, de Yolanda Díaz. Esta concita un apoyo monumental de las televisiones y del PSOE. El presidente Sánchez llega a afirmar en los medios que es necesaria una coalición entre su partido y “el espacio de Yolanda Díaz”. Este fue el momento inicial de un crimen político perfecto en un medio anestesiado, en el que nadie se preguntó acerca de los posicionamientos de, al menos, las direcciones de los partidos coaligados. El segundo acto de este homicidio político tiene lugar cuando en su primera presentación en público, Yolanda prohíbe la presencia de los líderes de Podemos en el acto, alegando que no es una coalición de partidos.

Entonces, ¿quién decide las listas de Sumar? Los medios que apoyan este crimen perfecto, cuando se refieren a decisiones de Díaz, les otorgan la condición de “Sumar”. Este proyecto, que carece de dirección y que no sale de congreso alguno, solo tiene una estructura identificable. Esta es “el equipo” de Yolanda. En los largos años del postfranquismo, jamás habíamos contemplado un proyecto tan personalista y oculto. Sumar adopta una forma de marketing político desbocado, en el que se divulgan las imágenes de su lideresa con el Papa, Lula y otros próceres. Esta reparte sonrisas, caricias y mimos por doquier, tanto a los socios poderosos que patrocinan su proyecto, como a aquellos que pueden ser asociados de rango menor.

La irrupción de Sumar significa la activación de un complejo sistema de relaciones interpersonales en los espacios de la izquierda, cuyas transacciones ocultas se asemejan a las de las mafias o los cárteles. Aquellos cooptados por la lideresa son señalados en público al estilo de la vetusta kremlinología. Se trata, sin duda, de una regresión democrática, que ya inició Carmena en el Ayuntamiento de Madrid. Cada persona o grupo participante es negado en su esencia para ser transformado en una insignificante porción de ese agregado que es denominado como “la ciudadanía”, y que tiene una existencia estadística, y no política.

El tercer acto del magnicidio de Podemos tiene lugar mediante su expulsión drástica de las candidaturas “unitarias” en las que son minoría. En Granada y Málaga, tanto los concejales de Podemos como los independientes de la constelación de izquierdas que emergió en el 2014, han sido expulsados a las tinieblas exteriores. Así se consuma la operación que comenzó en las últimas elecciones andaluzas, en las que los apparátchik de IU castigaron a los incautos miembros de Podemos con su relegación en las listas “comunes”. De esta forma se merman sus exiguas posibilidades.

Frente a esta ofensiva política del complejo mediático del PSOE y sus cocineros, que consideran que Sumar es un proyecto licuado que representa “su costilla”, en tanto que es la única posibilidad de continuar en el gobierno, y, además, es la forma de aprovechar la oportunidad de eliminar a Pablo Iglesias y su famélico grupo de fieles, Podemos muestra una indefensión inquietante, en tanto que carece de apoyos para contrarrestar el denso flujo del aluvión de buscadores de asientos, cuya única posibilidad es la de coger un sitio privilegiado en el magma de Sumar. El conflicto entre ambas facciones se desarrolla según los códigos de la kremlinología renovada, que consiste en evitar las confrontaciones abiertas, pero emitiendo señales de diferencia dirigidas a sus parroquianos, y que son interpretadas por los periodistas, afines en su casi totalidad al consorcio del PSOE y su nueva costilla.

Este drama político remite a la integración completa de Podemos en un régimen político menguante y bloqueado, que se ausenta de los suelos sociales y se aleja de cualquier campo político efectivo. Este produce una realidad espectral que remite a las programaciones televisivas y a las mediciones de los climas que estas implementan mediante los brujos de las encuestas. En este orden fantasmático, todos flotan en espera de no ser afectados por los sucesivos vaivenes. Podemos se arraigó en esta burbuja representando “el ala izquierda de la opinión pública”. Así se ha desempeñado en un medio caracterizado por el dominio de la ficción. Ahora, cuando baja la marea y sus propios socios los pretenden desalojar, descubren sus debilidades. Su único activo es el control de una lista de inscritos propensos a participar en cualquier votación. Pero carecen de militancia, de apoyos sólidos.

Este hecho estimula la saña de sus presuntos homicidas, que tienen perfectamente fabricada una alternativa más adecuada, y también ficcional, pero mucho más fácil de controlar y manipular. Así se teje un crimen antropofágico perfecto. Están siendo eliminados por sus próximos inmediatos. Solo pueden recurrir a movilizar apoyos entre las legiones de beneficiarios de su ascenso, instalados en los fértiles territorios estatales. Pero el arte de la traición se fundamenta en el instinto de supervivencia de los contingentes de agraciados por el ascenso de Podemos.

Este mismo domingo, muchos comparecerán apostando por un futuro confortable, bajo el manto del nuevo espacio de Yolanda Díaz. Así, los dirigentes de Podemos experimentarán su infinitud y tendrán que optar por una muerte indolora bajo la forma de aceptar su relegación en las listas, o confiar en que una derrota del ticket Sánchez/Díaz les brinda la oportunidad de establecerse en una oposición dura a la derecha radicalizada. Esta es la forma de sobrevivencia más factible. En cualquier caso, tendrán que sufrir la acumulación de revanchas de las múltiples gentes que han desechado en sus años de esplendor.

Sobre esta tragedia flota el espectro de la proverbial novela de Vázquez Montalbán “Asesinato en el Comité Central”, que se constituye en una premonición de tan intrincado presente, pero con la ausencia del factor gastronómico tan bien tratado por este insigne autor. Los actores del presente son más bien caníbales que sofisticados adictos a la alta gastronomía. Porque Yolanda Díaz no es la primera carne “común” que degusta en su intrincada trayectoria político-antropofágica. En la Galicia de su origen, muchos han sido devorados ferozmente por sus congéneres.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario