viernes, 5 de febrero de 2021

EL SILENCIO Y SIGILO SACRAMENTAL DE LA UNIVERSIDAD

 

El año transcurrido de pandemia ha tenido como consecuencia la explosión de la incertidumbre. Los dispositivos expertos sanitarios y los medios de comunicación han multiplicado exponencialmente las comunicaciones ante las audiencias inquietas y atemorizadas. En esa espiral de la comunicación, llama la atención poderosamente la ausencia de la Universidad, así como la de la Iglesia. En ambos casos, el silencio absoluto es la pauta seguida. Una conmoción de esta dimensión no afecta a estos espacios sociales, que muestran sin complejos su introversión radical. La ausencia de la universidad en las deliberaciones mediáticas y sociales, es un signo de su posicionamiento inequívoco con respecto a los avatares de lo que se considera como un planeta exterior. Así se muestra abiertamente uno de sus rasgos identitarios como organización social, que es el distanciamiento de la realidad, arte en que se asemeja a las antiguas comunidades religiosas de clausura.

La universidad se ha ausentado del menguado espacio deliberativo resultante de la gestión de la pandemia. El canónico concepto de transferencia de conocimiento, no incluye posicionamientos respecto a los dilemas que presenta su desarrollo. Los académicos que comparecen en las televisiones y asesoran a los gobiernos, están inscritos en el área de conocimiento de la Medicina Preventiva, que se sitúa como territorio autónomo subsidiario de las grandes áreas de conocimiento asociadas a la medicina. Pero las demás áreas de conocimiento, incluidas las ciencias humanas, sociales, del comportamiento, de las artes y de la filosofía, respetan escrupulosamente las fronteras disciplinares establecidas. El resultado es la cristalización de una visión parcial y mutilada, que se deriva de la lógica operativa de esta institución-monasterio.

Pero la no comparecencia en el espacio público de la Academia no quiere decir que esta sea completamente ajena a las nuevas realidades. Por el contrario, la pandemia va a nutrir a las disciplinas de un valioso material con el que se elaborarán miles de productos –tesis, tesinas, TFG, TFM, proyectos de investigación-, eso sí, cada uno encuadrado en el interior de las fronteras disciplinares, es decir, sometido a la estructuración imperativa del “marco teórico” de cada una de ellas. Esta fragmentación disciplinar extrema tiene como consecuencia la ausencia de interacción entre disciplinas, así como la configuración de un diálogo, no tanto con las realidades y problemáticas, sino con los sucesivos autores disciplinarios cuyas obra ha sido reconocida y consensuada por las élites de cada área de conocimiento.

Así tiene lugar una distorsión considerable en la producción de conocimiento. Dicho en otras palabras, la universidad tiene la capacidad de invertir las realidades, tratándolas desde la perspectiva disciplinar. En mis largos años de profesor de sociología fui testigo de esta perversión. Los novicios eran impelidos a hacer sociología de un fenómeno social, cuestión que significaba insertarlo en el marco teórico disciplinar, hecho que favorecía el distanciamiento progresivo del problema en cuestión, que era un pretexto para reavivar las interpretaciones de los distintos autores reconocidos. De este método resulta un déficit supremo de responsabilidad del conocimiento obtenido con respecto a la realidad investigada.

Así se reconstituye día a día la célebre torre de marfil. Un hecho social puede ser trillado en miles y miles de trabajos, los cuales terminan por no aportar a su definición y a las condiciones para su posible solución. La realidad es el combustible de esta extraña fábrica de méritos, en la que cada uno tiene que hacer incesantemente, producir trabajos que se insertan en la cadena de las evaluaciones, en cuya cima se encuentran las agencias de la (sagrada) evaluación. Muchos estudiantes me comentaron que se decidieron por hacer los estudios de sociología en tanto que tenían inquietudes, pero que fueron disipándose en esta singular fábrica de méritos. Los sentidos últimos habían sido modificados por la burocracia universitaria, un monstruo de muchas cabezas (agencias). Cada cual trabajaba para ser acreditado por las mismas.

Ciertamente, algunos profesores utilizan sus conocimientos para publicar libros sobre distintos temas vivos, alimentando así un mercado editorial cuyos compradores no son cautivos. Pero la mayor parte de los libros publicados van dirigidos, bien a avalar méritos para las agencias, bien para nutrir a la disciplina interna, en su trance para alimentar sus títulos propios, o para públicos cautivos de estudiantes, que tienen que adquirir la competencia de acreditar que los han leído. Este funcionamiento remite a dos desastres recombinados: uno es el cataclismo moral, resultante del distanciamiento y la ausencia de compromiso externo; el otro es la hecatombe intelectual. Cada uno tiene que asumir qué es lo que le pide la institución y trabajar constreñido por esa perspectiva. Recuerdo a cientos de estudiantes que me preguntaban acerca de lo que me gustaba. En no pocas ocasiones, mis respuestas fueron más allá de lo áspero.

Este proceso de fraccionamiento disciplinar se recombina fatalmente con la reforma neoliberal de la universidad. Esta se funda en el modelo del capitalismo gerencial, uno de cuyos imperativos es la productividad, que en la Academia significa una apoteosis del hacer. Cada uno debe producir méritos para ser presentados anualmente a las autoridades auditoras, las cuales deben dictar un veredicto. Cualquier proyecto que desborde ese horizonte temporal tiene que ser sacrificado. Las agencias establecen las temporalidades estrictamente, de modo que la carrera profesional se intensifica para presentarse cada año ante el dios de la evaluación. La competencia de decidir acerca de lo que cada cual hace para ser presentado en el altar inspector, deviene en esencial.

Este modo de operar imprime un sello al trabajo universitario. Cuando comparece un acontecimiento como la pandemia, todos deben responder en el plazo temporal establecido. La multiplicación de los oportunistas y el desplazamiento de los dotados de espesor, parece inevitable. Este argumento remite a un efecto perverso monumental: no es que los universitarios ignoren la pandemia, sino que esta ha sido tratada inmediatamente para elaborar productos académicos y de investigación ante la autoridad auditora. Esta actividad intensa es definida en estos términos: no se trata de contribuir a la definición del problema y a sus eventuales soluciones, sino a ser transformada en combustible para la evaluación.

Si a este factor le sumamos el patriotismo disciplinar derivado de la lógica de la Academia, esta va a manufacturar productos académicos totalmente autónomos entre sí, resultantes de la incomunicación interdisciplinar. Este es el mundo en el que se hace verosímil el caso Cifuentes, que, a mi entender, constituye un ejemplo contundente de la degradación moral e intelectual. La CRUE y las instancias dirigentes gobiernan la institución como si de un monasterio se tratase, en el que reina la opacidad, el secreto y la oscuridad. Este funcionamiento se extiende a todos los espacios de la organización, contribuyendo a reforzar la frontera inexpugnable existente con el exterior. Este es un sigilo conventual.

Mientras tanto, paradójicamente, la institución se plantea un avance en su digitalización. En tanto que no aporta nada al exterior, sumido en una situación crítica, refuerza su orientación a sí misma y su interior, mediante los ensayos de los exámenes virtuales. Por encima de criterios técnicos, esta se supone que contribuye a la transparencia. Pero esta extravagante digitalización se hace compatible con el conjunto de secretos que constituyen la organización, en los que las decisiones de los distintos tribunales de evaluación remiten a una versión renovada de algunas prácticas imperantes en la edad media. Por eso he comenzado este texto haciendo un vínculo entre universidad e iglesia. El secreto del bajo rendimiento académico cohesiona a los universitarios frente a un exterior inquietante.

He visto gobernar departamentos y centros con métodos de propietarios agrícolas. He conocido a múltiples víctimas descartadas contundentemente por considerar que eran demasiado inteligentes o demasiado independientes. En muchos departamentos reina un modo de gobierno de señores de la tierra. Un área de conocimiento es equivalente a una granja. No es de extrañar el silencio de la universidad en vísperas de la deglución interna de la pandemia.

El efecto más pernicioso de esta introversión y apoteosis del secreto radica en la terrible imagen que dan los especialistas salidos de esta fábrica de expertos. La unanimidad atribuida a la ciencia, la ausencia de opciones, el monolitismo técnico, la subordinación obediente al mercado y al poder político, así como el orgulloso patriotismo experto. Esta es la razón por la que hago públicas mis dudas, objeciones y críticas a las legiones de virólogos, epidemiólogos y otras especies salubristas, que actúan con una coherencia encomiable con la lógica imperante en la oscura fábrica de expertos, con el monasterio de la ciencia.

 

 

 

 

 

 

 

3 comentarios:

  1. Querido Juan.

    Estoy siguiendo los análisis, comentarios, reflexiones, etc. que realizas en tu blog con muchísimo interés. Creo que la atención que le estás prestando a la pandemia es algo que colectivamente hay que agradecerte enormemente.

    Respecto de lo que planteas en esta última aportación dedicada a la universidad, estoy de acuerdo en lo fundamental. No obstante, creo que tu visión no deja demasiados resquicios esperanzadores. Y no me parece que de cuenta de iniciativas que no encajan en esa visión tan asfixiante que presentas de la universidad.

    Es verdad que la corriente principal de lo que sucede en la universidad responde, en gran medida, a la visión que explicitas, pero sería deseable visibilizar iniciativas que tratan de romper esas dinámicas a las que te refieres en tu comentario.

    Me sabe mal, tener que decirlo yo, pero como sabes en el espacio que coordino “Miradas al mundo”
    http://ipaz.ugr.es/seminarios-miradas-al-mundo/

    de las diez últimas sesiones, siete han estado dedicadas a intentar analizar la pandemia desde diferentes puntos de vista. Son las siguientes
    Curso 2019-2020
    Sesión 93: Ecología y salud: Lecciones de una pandemia y prevención de las próximas. 8 mayo 2020.
    Sesión 94: Conocimiento experto y política ante la pandemia del Covid-19. 25 mayo 2020
    Sesión 95: “La pandemia del Covid-19 y sus consecuencias sobre diversos grupos vulnerables en Granada. Necesidades y algunas respuestas” 1 de junio de 2020.
    Sesión 96: “Ante la pandemia del Covid-19: Redes de cuidados y de solidaridad vecinal en Granada”. 8 junio 2020.
    Sesión 97: “La pandemia del Covid-19 y la Educación no universitaria: Consecuencias y algunas propuestas”. 15 junio 2020.

    Curso 2020-2021

    Sesión 100: Mesa redonda: “Segunda Oleada Covid-19: Reflexiones desde el Sistema Público de Salud”. 26 noviembre 2020.
    Sesión 101: «¿Qué podemos aprender de la Covid-19? Una mirada filosófica sobre la pandemia». 20 enero 2021.

    En el canal de You Tube “Miradas al mundo-IPAZ-UGR” están publicadas las grabaciones correspondientes a las cuatro últimas sesiones del curso pasado, todas ellas pertenecientes al ciclo “La pandemia del Covid-19: Causas, consecuencias y respuestas”. Está publicada también la dedicada a las reflexiones desde el Sistema Público de Salud, ya del curso actual y se publicará pronto la dedicada a una mirada filosófica sobre la pandemia

    https://www.youtube.com/channel/UC9PEMS16yyQwfA8dggqYxNg

    Como sabes me hubiera gustado que hubieras participado en este espacio, pero hasta ahora no ha sido posible, por las condiciones en que ha de tener lugar, “online”.

    Es verdad que este espacio es un espacio muy modesto y no representativo de los procesos y tendencias que tienen lugar en la universidad, pero tampoco es el único, ni mucho menos.

    En la propia Universidad de Granada han tenido lugar también otros eventos que han dedicado atención a analizar la pandemia desde diferentes puntos de vista. Y, afortunadamente, en otras universidades también.

    No en la medida en que hubiera sido deseable, pero creo que debemos intentar visibilizar también aquellas iniciativas que intentan generar otras dinámicas diferentes a las que señalas acertadamente en tu comentario como mayoritarias en el seno de la universidad.

    Un abrazo.
    Jesús Sánchez

    Coordinador de “Miradas al mundo”.
    Instituto de la Paz y los Conflictos.
    Universidad de Granada.

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  2. Querido Jesús

    Miradas al mundo es una iniciativa valiosa, pero no se debe perder de vista en relación a la totalidad de la Universidad. Tener en cuenta las escalas es fundamental en los juicios valorativos. La función que desempeña este foro es la de congregar a un público interesado en las realidades del presente. Este es escaso en relación a la totalidad de la institución, que vive concentrada en resolver sus créditos respectivos.
    Precisamente en esto radica el valor de Miradas, en tanto que persiste en un ambiente estructuralmente adverso. Lo mismo puede decirse de otras experiencias similares. Son lugares de reflexión, y esta es inequívocamente una actividad de resistencia en la universidad del presente. La esperanza de estos proyectos de resistencia es que abren la posibilidad de que mañana puedan convertirse en focos que irradien, en el supuesto de que se modifique la situación institucional debido a algún acontecimiento exterior.
    Mientras tanto, estas iniciativas representan un segmento minoritario, en tanto que los departamentos y los centros organizan cursos dotados de créditos en los que es menester establecer un control de asistencia. He participado en no pocos de estos. Es una realidad muy dura contemplar a los obligados a escribir unas líneas al final para evitar su fuga.
    En mis últimos años pensé organizar en mi facultad un programa de actividades denominado "Cero Créditos".
    Un fuerte abrazo

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  3. Muchas gracias, Juan, por tus cariñosas y generosas palabras sobre “Miradas al mundo”.

    Como decía en el anterior mensaje, estoy de acuerdo básicamente en el diagnóstico que haces de la situación bastante preocupante de la universidad desde el punto de vista emancipatorio, pero creo que es importante también intentar visibilizar los espacios que intentan contribuir a que haya una dinámica diferente…

    Muchas gracias por la valiosa labor que realizas a través de este blog.

    Otro abrazo.

    Jesús Sánchez

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