martes, 14 de noviembre de 2023

LA CONVULSIÓN DE LOS ENJAMBRES POLÍTICOS

Libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír.

George Orwell.

En estos convulsos días se manifiestan distintas erupciones políticas resultantes del equilibrado resultado de las elecciones del 23 de julio, que estimularon la imaginación de los contendientes políticos respecto a sus posibilidades de formar gobierno. El pacto que ampara la investidura de Pedro Sánchez termina con las simetrías políticas características del régimen del 78, amparado en la alternancia de los grandes bloques de la derecha y la izquierda. Se prodigan las movilizaciones de masas al tiempo que se simplifican los imaginarios políticos estimulados por la contienda. Salen a flote, para la gloria de las cámaras, las pasiones ideológicas ocultas en el subsuelo y encarnadas en arquetipos personales que trascienden las caricaturas, y que conforman los deshechos de los bloques contendientes. El populismo adquiere todo su esplendor.

La agudización de las tensiones en el campo político tiene lugar en un sistema que se encuentra en un estado de regresión. En los últimos treinta años, aumenta el poder de los partidos políticos, al tiempo que estos relevan a sus viejas élites mediante el reemplazo por generaciones esculpidas en el interior de los mismos. El efecto de este proceso de relevo es catastrófico. La nueva clase política es el resultado de una autopoesis radical que la aísla de su entorno, y, en vez de absorber energías de este, transfiere sus supuestos y cogniciones a este mediante el potente aparato de comunicación audiovisual, en el que los gabinetes de comunicación de los partidos colonizan a los corresponsales y reporteros de las televisiones. Estos, a su vez terminan por conformar los contenidos de los medios por simbiosis con los habitantes de los platós, presentadores de programas, tertulianos, expertos de guardia y auxiliares que prestan sus cuerpos para consagrar los contenidos sintetizados en las grandes pantallas multimedia para la gloria del power point.

De este proceso resulta lo que se puede definir como “papilla mediática”, que es la síntesis realizada por la comunión de las especies que conforman el sistema político de las nuevas democracias resultantes de la maduración de la videopolítica. Esta papilla tautológica y empobrecida, no necesita de aportaciones externas, sino, por el contrario, requiere adhesiones de todos los actores, con la obligación imperativa de mantenerse estrictamente en el interior de las interpretaciones emanadas por las cúpulas partidarias y sus gabinetes de comunicación.

La “papilla mediática” tiene como efecto la generación de un estado de confusión mayúsculo, que estimula la uniformidad de bloque y el imperativo de obediencia debida a la autoridad política y mediática del pétreo bloque de pertenencia. Así, todos son movilizados para reforzar la unanimidad en torno a unas interpretaciones tan austeras, abreviadas y simplificadas, que, inevitablemente, promueven las emociones colectivas. El confusionismo siempre termina adquiriendo la forma de gresca. Se puede pronosticar que la vida política en los próximos meses adquirirá la forma de distintos episodios de alborotos.

En este estado de caos de las cogniciones y activación de las emociones, los dos conglomerados que se disputan el gobierno, sustentados en varias docenas de miles de candidatos a ocupar las posiciones de los gobiernos y las organizaciones públicas, enmascaran sus finalidades y recurren a relatos que falsean radicalmente las realidades. De este modo, el objeto semántico que ha desencadenado la confrontación y sus erupciones, la amnistía, no tiene una significación en sí misma, sino que resulta la única forma de alcanzar un acuerdo que propicie un gobierno que se denomina a sí mismo como progresista. Así se hace inteligible que la unanimidad suscitada en los directivos del PSOE antes del 23 de julio en su negación, haya mutado en la dirección contraria.

Este enmascaramiento determina la activación de emociones negativas en amplios segmentos del electorado que trascienden a la derecha político-sociológica. Al tiempo, genera una situación de polarización extrema, que tiene como consecuencia el refuerzo de la unanimidad de bloque. Cada cual, debe expresarse reafirmando la posición de su bloque de pertenencia. De lo contrario, puede ser literalmente linchado por los suyos exaltados por la contienda y férreamente identificados con los argumentarios de los partidos. El espectro de la traición se cierne sobre cualquiera que se atreva a expresar su propio criterio. Se trata de alinearse nítidamente con el ardiente posicionamiento de las cúpulas.

Recuerdo nostálgicamente los años de la transición política, en los que la multiplicidad y variedad de voces fue denominada como “la sopa de letras”. Cada tema suscitaba un aluvión de interpretaciones, matizaciones y observaciones que se retroalimentaban mutuamente. Los distintos periódicos y revistas diseminaban múltiples cogniciones sobre los acontecimientos. La “sopa de letras”, que era en realidad la multiplicación de los actores, fue sustituida por la homogeneidad de las nuevas cúpulas partidarias, que reestructuraron el sistema mediático reduciendo drásticamente los actores y las voces. Todo culminó con la llegada de las televisiones y su selección de expertos de guardia que muestran su dependencia de los programadores.

Esta situación concluye mediante la activación de un populismo frenético. Una autora tan relevante como Eva Illouz, afirma en su último libro publicado en castellano, “La vida emocional del populismo”, en Katz, que “Si queremos entender por qué algunos marcos pueden llegar a distorsionar nuestra percepción del mundo social, por qué somos incapaces de nombrar correctamente un malestar real, debemos llevar el pensamiento de Adorno a nuevos terrenos y captar con más firmeza que él el entrelazamiento del pensamiento social con las emociones. Solo las emociones tienen el poder multiforme de negar la evidencia empírica, dar forma a la motivación, desbordar el propio interés y responder a situaciones sociales concretas”.

Efectivamente, en las narrativas guerreras de los estados mayores de los gabinetes de comunicación, lo empírico es severamente relegado, para satisfacer las emociones primarias de las masas de espectadores movilizados por los estados mediáticos de expectación generados y patrocinados por los mismos. La confusión es un prerrequisito imprescindible para un estado de movilización general sustentado en el raquitismo de las cogniciones. Así los dos grandes enjambres políticos adquieren un vigor inusitado por activación emocional de sus múltiples participantes concentrados y contiguos, alimentados por el flujo mediático.

En estas condiciones, deseo un buen espectáculo de investidura, y que continúe la exhibición en las televisiones de los materiales humanos que sustentan los museos de los viejos inconscientes políticos de la primera parte del agitado siglo XX. Mientras tanto, seguiremos visionando el homicidio concertado de lo empírico y la feria de las virtuosas exposiciones de los escasos actores que hablan para la gloria de todos nosotros. ¿Quién dijo democracia?

 

 

 

 

 

 


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