viernes, 16 de julio de 2021

UN DESTELLO DESDE EL FONDO OSCURO. SOBRE EL LIBRO “COVID-19. LA RESPUESTA AUTORITARIA Y LA ESTRATEGIA DEL MIEDO”

 



A veces se necesita tocar el fondo de la miseria para poder entender la verdad, igual que hay que lanzarse hasta el fondo del pozo para llegar a ver las estrellas

Václav Havel

La pandemia de la Covid-19 es un acontecimiento total cuyas dimensiones no pueden reducirse a la salud. Por el contrario, se trata de un gran evento que tiene un impacto descomunal sobre todas las estructuras sociales, así como sobre las instituciones políticas y el sistema social. En palabras del lúcido filósofo Yuk Hui “El coronavirus ahora hace implosionar esa metáfora: lo biológico y lo político se vuelven uno. Los esfuerzos para contener al virus no incluyen desinfectantes y medicina, sino también movilizaciones militares, cuarentenas en países enteros, cierres de fronteras, suspensión de vuelos internacionales y paralización del transporte por tierra […] Es también  un evento que parece devolvernos a un discurso sobre el estado-nación y a una geopolítica definida por naciones”.

Sin embargo, tanto el relato como la gestión de la pandemia son presentados en términos exclusivos de un problema de salud pública. Así los expertos epidemiológicos y salubristas comparecen en todas las pantallas del sistema mediático como avalistas de las decisiones de los poderes gubernamentales. Este enfoque excluye a las formas de gobierno, a sus métodos y racionalidades, que son desplazados a un limbo que las libera de deliberación alguna. Desde esta miopía inducida, que oculta cuidadosamente lo político, se constituye una ortodoxia que, sobre el miedo producido mediáticamente, constituye un sentido común parco, sobrio y gris, que se articula en el poliédrico lema de “salvar vidas”. Cualquiera que piense esta cuestión en otros términos, es cercado y condenado por la férrea conciencia colectiva instituida por la pandemia y su tratamiento.

Así se constituye el monolitismo y la unanimidad fundamentados en la razón experta. En este contexto es menester comprender el valor de este libro. En el mismo se trata la pandemia como un hecho total, más allá de sus dimensiones estrictamente sanitarias. Su mismo título no deja lugar a dudas. Con independencia de la voluntad de los autores, este es inevitablemente entendido como un desafío por parte del conglomerado epidemiológico y salubrista, que reclama el monopolio de la interpretación de la pandemia. Al mismo tiempo, desde las instituciones rectoras, los gobiernos y los medios, es percibido como un texto que les disputa el sentido, en tanto que integra lo estrictamente sanitario con lo político y sistémico, que permanece oculto en los discursos oficiales y sus escribas.

El ambiente resultante del devenir pandémico puede definirse como la congelación del orden político preexistente. El miedo y las actuaciones autoritarias de los gobiernos y sus complejos expertos generan un clima de masificación del acatamiento, que se fundamenta en la sumisión a los expertos y la generación de un sentido común de sobrevivencia. Cualquier cuestionamiento produce un rechazo referenciado en una suerte de efecto de halo que condena a quien lo formula a una cuarentena social perpetua. Quien no acepte íntegramente las medidas propuestas, enunciadas en una comunicación   que se asemeja a los partes de guerra, es aislado por las gentes regidas por una especie de pauta que se puede denominar como “mal menor”. Para quienes se distancian o discrepan, su campo social queda drásticamente reducido por la disipación de los interlocutores. Loayssa lo narra con precisión en el prólogo refiriéndose a sus propios colegas profesionales. Esta cuarentena funciona según el modelo de la proverbial ley del silencio.

De este modo, el libro y sus autores son inexorablemente constituidos como disidentes. El concepto de disidente se encuentra en un estatuto nebuloso. Pero es preciso constatar que una disidencia es una propiedad del sistema político, más que quienes la protagonizan. Es este quien mediante su pétrea lógica centrifuga, avalada por una gran potencia monolítica, desplaza a cualquier sujeto portador de un discurso diferente hacia la periferia. Los primeros disidentes en el Gulaj soviético no discutían al sistema en su integridad. Fue este quien les otorgó ese rango. La disidencia es un método perfecto de silenciamiento de las voces alternativas. Pronostico que los autores van a experimentar en los próximos meses el milagro exuberante de la invisibilidad. Este es el método investido con la excelencia que predomina en las distintas versiones del Gulaj capitalista contemporáneo.

En la red de sociedades científicas, profesionales, asociaciones especializadas sanitarias, publicaciones científicas y otras formas de agrupación, el libro alcanza la condición de apoteosis del mutismo. Pero no se puede obviar el hecho de que este hace una interpretación omnímoda de un fenómeno total, que es mutilado por los expertos al reducirlo a las dimensiones sanitaristas. En su conjunto, el texto enfrenta el tiempo histórico de la Covid en casi todos sus aspectos. Tras la gran omisión de la que seguramente va a ser objeto, se constituye como símbolo fértil de crítica a los poderes establecidos, que en este tiempo son manifiestamente oscuros. Dada mi edad no puedo dejar de evocar la emoción que me producían los libros prohibidos en el franquismo. Aunque a algunos les puede parecer extraño, recuerdo nítidamente mi bautizo, cuando en mi facultad me prestaron a escondidas un libro prohibido y forrado en papel de periódico, precisamente de Albert Camus, “El hombre rebelde”.

Esta es la razón por la que he recurrido a las lúcidas palabras de Havel. En un orden de sentido rigurosamente cerrado, como el que caracteriza al expertismo salubrista, es inevitable perderse en el laberinto de sus múltiples tautologías, lugares comunes, tópicos científicos, gritos de rigor y cacofonías. Efectivamente, el libro representa una luz desde el fondo del pozo, que permite abordar los problemas pandémicos desde una perspectiva integral. En los órdenes cerrados de los paradigmas blindados, las luces siempre llegan inexorablemente desde afuera. Solo desde el exterior a ese castillo profesional es posible ver las estrellas. Así, el discurso crítico de los autores se suma a las escasas voces críticas que alertan sobre la conducción fatal de la pandemia, entre las que se encuentran los premonitorios textos escritos por ellos mismos en distintos medios. La retirada de un texto de presentación en El Salto, en el momento de la salida del libro, es premonitoria de la condición del monolitismo imperante.

El libro no es un sumatorio de capítulos autónomos escritos por distintos autores, sino un texto integrado, que tiene un hilo conductor que se referencia en una trama argumental unitaria. No obstante, se pueden identificar algunas redundancias entre algunos capítulos y, en mi opinión, algunos conforman un excedente con respecto al núcleo del análisis de la pandemia. No obstante, el punto fuerte del texto radica en su transdisciplinariedad, entendida como una convergencia de autores procedentes de distintas disciplinas que elaboran un producto que trasciende a cada una, de modo que en su integridad no es reversible a ninguna de ellas.

El punto fuerte de este texto radica en su origen. Un acontecimiento congrega a varias personas ubicadas en distintas esferas que convergen para definirlo. Este compromiso con la cuestión investigada no es frecuente en el modo de producción de conocimiento vigente, en el que impera lo disciplinar. Así, cualquier problema es reconstituido desde los esquemas dominantes de la disciplina. En este caso, se evidencia que los autores nunca se desvían de su finalidad, permaneciendo la pandemia y sus respuestas en el centro de sus análisis. Pero no es un libro que dialoga con los paradigmas preexistentes en la salud pública, sino precisamente con las distintas realidades que constituyen la Covid y sus respuestas.

La hipótesis central de que la pandemia, considerada como un evento de salud,  no justifica la magnitud de las medidas tomadas por las autoridades, así como la calificación de estas como autoritarias, es muy arriesgada, en tanto que desafía el imaginario colectivo instituido precisamente por las medidas de choque.  Se pueden discutir algunas de las cuestiones presentadas en distintas partes del texto. Desde mi perspectiva, la más relevante es la definición minimizada del autoritarismo, en tanto que lo mediático se disuelve en la totalidad del análisis. Pero el modo de operar del poder de los nuevos estados reconstituidos con sus escoltas expertas, es precisamente, privilegiar lo mediático. Las máquinas de ver y de comunicar bombardean sin pausa a la población encerrada y privada de sus relaciones. La apoteosis de las televisiones es el factor diferencial con respecto a las pandemias anteriores. La facturación del miedo se realiza desde este formidable dispositivo mediático que formatea una conciencia colectiva que funciona al modo de una anestesia.

Todas las cuestiones de la pandemia se encuentras atravesadas por lo mediático. La misma cuestión experta, que está bien analizada en el texto, no se puede comprender sin remitirse a los científicos-brujos que operan en las fábricas de los temores colectivos, las televisiones, en las que no actúan en representación de las sociedades científicas, sino que son seleccionados por los operadores mediáticos, que favorecen la promoción de estos como expertos providenciales. De esta operación resulta la acumulación de capital mediático de algunos expertos ubicados en los atriles televisivos, pero discutidos en la comunidad científica.

El autoritarismo que preside las actuaciones de los gobiernos se fundamenta en las propuestas de los epidemiólogos, que remiten a pandemias pasadas que se han producido en otros entornos sociohistóricos. Rescatar en el siglo XXI métodos medievales produce un shock cultural considerable. Las explosiones festivas de este verano se derivan precisamente del mismo. Pero lo más relevante esta pandemia radica en que importa de la salud pública una gubernamentalidad poco compatible con la gubernamentalidad neoliberal en curso. Los salubristas encierran o inmovilizan a los pretendidos empresarios de sí mismos. El arquetipo humano definido por su capacidad de cálculo e iniciativa es severamente constreñido y convertido en ejecutor de las estrictas normas del gobierno, en un revival paradójico de la vieja razón de estado. Este choque de gubernamentalidades produce resultados en términos de malestares difusos que van a producir distintos acontecimientos críticos. La desorganización política y cultural alcanza niveles insólitos.

Una de las objeciones más importantes radica a la cuestión de la izquierda. La idea de los autores es cándida, ingenua y casi piadosa. De esta benevolencia resulta una perplejidad que dificulta la comprensión de sus actuaciones. La transición política y el régimen del 78 representan el drama de la desincronización de tiempos históricos. El programa de la izquierda en sus distintas versiones es conseguir los estándares imperantes en el capitalismo fordista-keynesiano. Pero, en tanto que este es el objetivo, este sistema ya se está desintegrando, siendo gradualmente reemplazado por el nuevo capitalismo postfordista, global, neoliberal y postmediático. Así, las sucesivas conquistas de los primeros tiempos de la flamante democracia son inmediatamente vaciadas por el inexorable avance a la nueva sociedad neoliberal avanzada. El eterno retorno al tiempo de “los treinta gloriosos” del capitalismo keynesiano es una ficción imposible.

La izquierda queda descolocada y siempre rezagada con respecto a los acontecimientos. Este es el fundamento de su implosión, en tanto que carece de programa real para enfrentar las nuevas realidades. Su programa verdadero es la restauración del estado de bienestar keynesiano, cuestión imposible en las nuevas condiciones históricas. El resultado es un agotamiento y desfallecimiento superlativo. Desde estas coordenadas se pueden hacer inteligibles sus actuaciones, antes de la pandemia, durante y después. La nueva ley de Seguridad Nacional constituye una amenaza mayúscula en el futuro. Pero cuando se carece de un programa verosímil y las representaciones son ajenas a las realidades, la crisis permanente es inevitable.

El libro es un experimento formidable, en tanto que elabora una interpretación alternativa que reta al relato monolítico experto, que ignora todo lo no estrictamente sanitario. La trama de la argumentación es muy estimulante para cualquier inteligencia, que en este tiempo no puede ser otra cosa que crítica. Esto lo hace imprescindible, sobre todo para gentes que se ubican profesionalmente en los mundos sanitarios. Su lectura no puede dejar indiferente a nadie e incita a la actividad gratificante de pensar.

Un fuerte abrazo para Paz, José Ramón y Ariel, que han creado este inteligente texto tan necesario desde la adversidad.

 

 

 

 

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