domingo, 7 de diciembre de 2014

VIOLENCIA, HUMILLACIÓN Y CINTAS DE VIDEO

Recurro a la metáfora cinematográfica para evocar la magnífica película de Soderbergh “Sexo, mentiras y cintas de vídeo”. En el video que presento, un matrimonio acomodado mejicano interroga a su empleada doméstica por llevarse un chile a su casa, grabándolo en un video que sube a Facebook. Este ha desencadenado numerosas críticas en las redes sociales. Me parece un acontecimiento que revela un componente del nuevo poder. La forma de ejercerlo es convencional y remite a la continuidad, pero, hacer pública esta secuencia, implica una fusión explosiva entre el abuso de poder, ensañándose con la víctima, y la culminación de su humillación al exponerla públicamente.

No creo que podamos considerar este episodio como un hecho aislado. Muchas de las violencias de este tiempo son registradas en imágenes por los mismos agresores, siendo expuestas en los espacios públicos de las redes sociales. En este caso, se trata de lo que en este blog he denominado un “cara a cara”. Es un encuentro entre personas que ocupan posiciones tan asimétricas que la empleada carece de opción alguna. En estas condiciones el ensañamiento con la víctima es inevitable por parte de los empleadores, en tanto que esta se encuentra indefensa.

Se trata de un evento que se encuentra regido por la asimetría, la desproporción y el goce en la superioridad. El motivo, llevarse un chile a casa, es nimio en relación al castigo desmesurado. La conversación sin desperdicio. Son tres minutos tan intensos como inquietantes. No existe un resquicio que propicie una salida a la víctima. Esta es acorralada  y su rendición no es suficiente para aliviar su situación.  Se evidencia una apoteosis de la superioridad. Es un episodio que se ubica en un territorio más allá de los conflictos. El objetivo es destruir la integridad de la víctima y gozar con su castigo. Es la celebración de una victoria total, absoluta y sin contrapartida alguna.

Este episodio es un indicador inequívoco de la perversidad, que se hace presente en los territorios privados donde se producen relaciones tan desiguales. Me parece que es una advertencia de las consecuencias de la desregulación laboral. En una situación similar se van a encontrar muchos de los que aspiren a trabajar en el presente, después de las sucesivas reformas laborales que extingan los derechos laborales conquistados en el capitalismo fordista. Todos somos gradualmente reconvertidos al estatuto de las empleadas domésticas. La esperanza consiste en encontrar un empleador bondadoso. Lo que está aconteciendo es muy peligroso.

No he podido evitar acordarme de algunas historias que me cuentan distintos exalumnos, que se encuentran atrapados en empresas, organizaciones y relaciones perversas. Un arquitecto experimentado y valioso que empieza a trabajar en una empresa consolidada y pregunta lo que va a cobrar, siendo reprendido severamente…




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