martes, 31 de marzo de 2020

SOCIOLOGÍA CRÍTICA DEL CONFINAMIENTO: LA GESTIÓN DE LAS MANOS




El próximo grado de acercamiento es asir. Los dedos de la mano forman una concavidad en la que se intentan apresar parte del ser tocado. Lo hacen sin preocupación por la estructura, la articulación orgánica de la presa […] Entre los hombres, la mano que ya no suelta se convierte en el símbolo propiamente dicho del poder. <<Lo puso en sus manos>> <<Estaba en su mano>> <<Está en mano de Dios>>. Expresiones similares son frecuentes y familiares en todas las lenguas.
Elías Canetti. Masa y poder

El estado de alerta constituye una de las estrategias posibles para frenar la expansión del coronavirus y minimizar sus efectos letales. Se puede discutir su pertinencia en relación con otras estrategias. No entro directamente en esta cuestión. Pero el confinamiento general derivado de la alerta es un fenómeno que tiene otras dimensiones, ubicadas más allá de las sanitarias. Una población confinada, que restringe sus relaciones interpersonales y genera barreras físicas entre las personas, se debilita fatalmente ante los poderes instituidos. La metáfora del desierto parece inevitable. He vuelto al clásico de Canetti, Masa y poder, para definir esta situación como la privación de las manos, que tiene unas connotaciones políticas inequívocas. Encerrados y con las manos vacías y mutiladas. Esta es la imagen de lo social que expresa lo sustantivo de la situación vigente.

Quizás por esta razón el poder cultiva la imagen de las manos batidas desde los balcones a las ocho de la tarde. Esta es una ocupación de tan ilustres miembros de los cuerpos enclaustrados, que resulta congruente con la realidad de que estamos en sus manos. Las nuestras deben ser lavadas continuamente con un rigor y un método adecuado, que es narrado por los animadores mediáticos convertidos en una extraña versión de coach sanitarios. El contraste entre las manos plenas de los dirigentes políticos y las manos hueras de los encerrados se hace patente. Una población privada de sus densidades táctiles es presa fácil de cualquier proyecto de domesticación. La proscripción de los abrazos tiene unas consecuencias políticas de gran envergadura.

Las manos son un poderoso símbolo individual y social. Todas las organizaciones, disciplinarias y postdisciplinarias, regulan sus posiciones y las dotan de normativas. Mi confesor, cuando era todavía un niño, siempre preguntaba por ellas, anticipándose a la pandemia actual. Los maestros, los brujos de las entrevistas de empresa, las ceremonias en las organizaciones y mil eventos más, también las normatizan, promulgando  reglas respecto a las mismas, a las distancias intercorporales y el tacto. Ahora devienen en el pasaporte de exención de la condición de infectado. Su protección activa implica no conectarlas con el rostro. Es menester disciplinarse en su limitación estricta.

El confinamiento confiere al poder político unas atribuciones extraordinarias, que ningún tiempo atrás ha disfrutado. Se aísla mutuamente a las personas, se vacía el espacio público y se impone la reclusión doméstica. Así se privilegia la comunicación virtual y la congregación en torno a la institución central de la televisión, que ahora deviene en obligatoria de facto. El resultado es un nuevo orden del decir. Los gobernantes adquieren una preponderancia inusitada, en tanto que la masa confinada es debilitada y convertida en receptores disponibles para ser seducidos y conducidos mediante la gestión de las emociones instrumentada por las escenificaciones televisivas.

En coherencia con esta situación, los discursos de guerras, batallas, héroes y sacrificios, se imponen contundentemente. El estado imaginario de guerra confiere unas atribuciones extraordinarias a quienes retienen las capacidades de sus manos, convertidos ahora en generales que nos ponen firmes. Estar en posición de firme, como es bien sabido, implica tener las manos rígidamente alineadas e inmovilizadas. Somos convertidos en moléculas que conforman la retaguardia de un ejército virtuoso que actúa en nuestro nombre. Los que no preserven sus manos liberadas de virus son inscritos en el gradiente mórbido de sintomáticos/ingresados/ubicados en UVI/fallecidos.

El confinamiento es algo más que una estrategia para la gestión de la pandemia, es un laboratorio político de un mundo nuevo. Significa la invención de una novedosa forma de dominación fundada en el miedo al apocalipsis viral. Este es un gran proyecto educativo, experimental y pedagógico de gran alcance. Sus primeros resultados se manifiestan en la movilización de los balcones, que en su mayor parte implica la vigilancia a los incumplidores. Un escrito colgado en un portal de Oviedo, sintetizaba admirablemente el nuevo espíritu de la masa deprivada de sus manos. Señalaba a los vecinos que salían varias veces con sus perros y no comparecían en los balcones a practicar con sus manos. Animaba a denunciarlos ante la institución que ocupa en régimen de monopolio el espacio público: la policía.

El confinamiento es una forma de transformar a la población, que tiene sus antecedentes en distintos episodios históricos. Principalmente, se puede reconocer en la concentración obligatoria de poblaciones rurales en las guerras de descolonización del siglo XX. Entonces se inventaron las aldeas estratégicas, las New Villages. La primera se ubicó en 1948 en Malasia, para combatir con eficacia a los insurgentes del Ejército de Liberación de las Razas Malayas. Estas aldeas estaban perimetradas y vigiladas severamente. El objetivo era sanear a las poblaciones frente a los resistentes. La concentración, la inmovilidad, los controles de las fuerzas de seguridad, los toques de queda nocturnos…Después se aplicaron en Indochina, Argelia y en todos los países con movimientos de descolonización.

El confinamiento es, inequívocamente, una técnica de control, cuya eficacia descansa en la ruptura del estatuto que conforma la vida cotidiana de las personas. Su éxito radica en que el sujeto confinado obtenga la aprobación de los demás. La coacción social es un elemento sustantivo de esta estrategia. Se supone que los aglomerados en sus domicilios reprenderán a los incumplidores y se coaligarán con las autoridades. En este sentido es una operación dotada de un gran poder de subjetivación. Este es el primer gran encierro de una población en una sociedad postmediática, en la que los hogares están dotados de varios dispositivos de recepción y emisión.

En un estado de shock por alteración de la vida cotidiana y suspensión de las relaciones sociales cara a cara, la población confinada es objeto de una intensificación mediática sin precedentes. El gobierno  y los poderes que lo escoltan, devienen en un emisor formidable, dotado de un poder pastoral inédito. Emite las 24 horas sus mensajes y crea un estado de exceso de información, que invade a los receptores inmovilizados. Las personas quedan confinadas en lo que Byung-Chul Han denomina, certeramente,  como “enjambre digital”. Así se conforma un monopolio comunicativo que inmoviliza a los aislados espectadores, que ocupan sus manos en los mandos de los dispositivos de comunicación-recepción.

El confinamiento supone un aplastamiento de las personas que tiene efectos psicológicos incuestionables. Los temores asociados a las situaciones insólitas asociadas a la pandemia y sus respuestas, tienen como consecuencia la conformación de un sujeto desamparado, que busca su seguridad mediante la identificación. El resultado es una regresión e infantilización de grandes sectores de la población atemorizada, que es bombardeada por informaciones constantes de los traficantes de dígitos. Parece inevitable la fusión mística entre las virtudes de la fe y la esperanza, en que científicos providenciales saquen una vacuna que tenga propiedades mágicas.

En las siguientes entradas desarrollaré un arsenal de argumentos críticos con el confinamiento desde el punto de vista político, social y cultural. Pero ahora quiero interrogarme acerca de que este hecho no haya generado voces críticas ni resistencias, salvo muy contadas excepciones. Este es un acontecimiento histórico y global sin precedentes, y cuyas consecuencias son muy relevantes, en tanto que altera integralmente el campo político. Mi respuesta es, en síntesis, que esta situación tan novedosa no es percibida desde los paradigmas vigentes, que determinan un modo de pensar lo político y lo social que excluye una situación de esta envergadura.

Así se confirma, de nuevo, que grandes acontecimientos que transforman el mundo han sido reconocidos y conceptualizados tardíamente. Las representaciones sociales van con un ciclo histórico de retaso. Así ocurrió con los grandes eventos perversos del siglo XX. El mundo, en el estadio hiperdigitalizado, es muy opaco y oscuro. Esto explica que los operadores políticos puedan imponer su concepción del mundo sobre los acontecimientos emergentes. Este es de un tamaño colosal. No, confinar una población temporalmente modifica radicalmente las condiciones políticas, las instituciones y los modos de gobierno.

De ahí que las ciencias sociales, y, entre ellas, las sociologías, tengan la obligación de arrojar luz sobre las tinieblas que el exceso de información del sistema postmediático genera. En los próximos días volveré con estas cuestiones. Mi posición se inserta en “la contra” de los discursos oficiales, como siempre estuvo la sociología hasta que fue institucionalizada y deglutida por los poderes. Hoy, de nuevo, una sociología crítica es imprescindible. En mi caso, pretendo desatarme las manos y  conectarlas con la cabeza.




3 comentarios:

  1. Magnífica entrada, esperamos con mucho interés las próximas entregas de esta serie. Es imprescindible pensar lo que está pasando, lo que incluye la ausencia casi completa, que señalas, de voces críticas y de resistencias y la terrorífica unanimidad, de naturaleza claramente fascista, de los balcones. Muchas gracias, Juan.

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  2. Es interesante no logró coincidir en este momento, desde mis conocimientos de psicología social y de sociologíay por supuesto ni ideología Me parece que merece un análisis mayor este confinamiento en la Argentina
    Perdón si estoy opinando donde no corresponde Me encantaría seguir leyendo gracias saludos cordiales Cristina

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  3. Gracias Cristina. La epidemia y sus efectos afectan al sistema-mundo en su conjunto. Ciertamente hay especificidades en cada estado pero este es un fenómeno global. Que entres aquí y opines es un gran honor para mí, pues desde siempre he aprendido mucho de muchos maestros argentinos. La más influyente en mí ha sido la antropóloga Rosana Guber, pero también otros autores. Asimismo, he tenido el privilegio de tener varios alumnos argentinos extremadamente dotados de inteligencias fantásticas. Algunos son inolvidables para mí y su recuerdo no se borra con el paso de los años. En las próximas entradas iré introduciendo elementos de análisis de este acontecimiento, pero en entradas anteriores también lo he caracterizado, desde "el coronavirus: Panóptico epidemiológico, somatocracia mediatizada y pesadilla del paciente cero.También en todas las siguientes.
    Saludos cordiales

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