sábado, 13 de mayo de 2017

SUSANA DÍAZ: LA PACHECA





El modo de gobierno ejercido por Susana Díaz presenta analogías muy notorias con el de Pedro Pacheco, carismático alcalde de Jerez desde 1979 a 2003. Los sucesivos gobiernos autonómicos andaluces desde 1982 combinan elementos de gobierno populista con otros propios de un gobierno tecnocrático. El ascenso de Susana Díaz a la presidencia representa un giro hacia un gobierno en el que el populismo y el personalismo adquieren una preponderancia incuestionable. El viraje impulsado por la presidenta recupera muchos de los elementos antológicos del modelo de Pedro Pacheco. Por eso me gusta referirme  -en mi intimidad, por supuesto-  a la presidenta como “la pacheca”, y sus intervenciones públicas me evocan el tiempo de gloria del gobierno local ejercido en Jerez por tan ínclito alcalde, suscitando sonrisas y risas, que en ocasiones, se acompañan de un nivel de la perplejidad muy intenso.

Pacheco comienza su mandato en un contexto de concentración de altas energías al cambio, que propician el gran salto andaluz, que tiene lugar entre el 77 y el 82, mediante el que se obtiene una autonomía plena. El Partido Andalucista desempeña un papel muy relevante en este tiempo fundante, consiguiendo un gobierno municipal sólido fundado en su carisma personal. El vacío que dejan las viejas estructuras y autoridades centralistas y caciquiles es rellenado por su emergencia como un alcalde dotado de la capacidad de establecer una conexión fuerte con la mayoría de la población que sustenta sus sucesivas mayorías absolutas, ofertando un proyecto de futuro atractivo para sus contingentes electorales, seducidos por las promesas de modernidad y prosperidad.

Así se constituye como un alcalde imperecedero, que desafía la alternancia y minimiza a la oposición. El modelo de permanencia sin fin como regidor se asienta sobre la construcción de un feudo.  Su personalidad carismática es presentada con profusión en los medios locales y regionales, prodigándose en múltiples intervenciones directas, más allá de los espacios institucionales. Así conquista “la calle” como territorio en el que se hace hipervisible mediante la relación abierta con múltiples gentes. Se trata de una persona superdotada para esta función. En cualquier lugar es capaz de representar el vínculo  institucional mediante el desparpajo, el gracejo y el ingenio, que preside su contacto con los afines que lo aclaman en sus tránsitos callejeros.

Una vez constituido este espacio político informal, subordina a este las prácticas institucionales. Los plenos, las comisiones, las deliberaciones y los dictámenes técnicos, quedan relegados a su figura, que se legitima en “la calle”, en los múltiples encuentros personales en los que muestra su potencialidad para gestionarlos emocionalmente. La gente se acerca le elogia, le besa, le aplaude, le reprocha, le riñe o le regala los oídos. En los baños de calle, como es natural, no se aproxima a él ninguna de las personas críticas, en tanto que este no es el canal adecuado para expresar críticas. Así “la calle” es un territorio construido para revalidar y reproducir su carisma personal. En los encuentros callejeros fugaces, muestra su capacidad para comunicar su proyecto imaginario, formado por grandes obras –el circuito de Jerez es su obra emblemática- que testifican el advenimiento de la modernidad bajo su conducción.

El segundo elemento del modelo de gobierno populista de Pacheco es la construcción de un entorno fiel y agradecido. Se trata de aprovechar todas las ocasiones para contratar a personas de su partido o su entorno personal. Así se genera una red de dependencias y de vínculos que se referencian como “el patrón”. Su versión de gobierno clientelar le asegura una posición confortable, en tanto que la visibilidad de sus logros oculta sus dilemas o problemas. La densidad y diversidad de vínculos de dependencia es tan potente que la oposición es expulsada de facto al exterior de ambos anillos, que conforman el pueblo construido por el modelo clientelar cerrado y perfecto imperante en Jerez en este tiempo.

Sobre la constitución de este pueblo agraciado y agradecido, se funda este gobierno en el que cualquier oposición es reducida inevitablemente a la miniaturización. Pero un tercer elemento representa un factor esencial de esta forma de gobierno. Se trata de las relaciones con los poderosos políticos, económicos o sociales. Los intercambios con los grupos de interés fuertes, así como con las corporaciones,  se efectúan mediante una lógica regida por la generosidad en la reciprocidad. Desde el comienzo mismo queda meridianamente claro su comportamiento magnánimo hacia los grandes poderes. Los propietarios del suelo y las grandes empresas inversoras,  son recompensadas con esplendidez, sin excesivas contrapartidas en los intercambios.  El circuito se denomina significativamente el de Opel-Jerez. Pero la habilidad del alcalde para la gestión simbólica es máxima. Aprovecha cualquier conflicto con algún poderoso para escenificar un incidente que suscite la adhesión del pueblo construido que habita en la calle. El caso de su confrontación con los Osborne es paradigmático. Así ratifica una identidad de izquierda ficcional, que encubre su prodigalidad con los fuertes. 

En estas condiciones, la vida institucional es relegada y la oposición reconvertida como un mecanismo de obstrucción a la acción del alcalde providencial. También los técnicos y funcionarios son ubicados en un espacio profesional que se encuentra blindado a la reflexión, los dilemas, las alternativas y las opciones. Se trata de prestar cobertura técnica a las decisiones de la autoridad validada previamente en “la calle”, los medios, el espacio denso del “bosque clientelar” y los pactos discretos con los poderes presentes. Cualquier propuesta que no concuerde con las líneas emanadas de tan consistente autoridad es ubicada en el campo de lo negativo, y quienes la formulen son percibidos como un tapón que tiene la pretensión de paralizar la marcha del proyecto triunfante, emanado de la autoridad benefactora. De ahí la dureza con que se prodiga con sus opositores, así como la minimización de la administración local.

En un modelo de gobierno así, la función de elaborar un proyecto, que siempre requiere de deliberación y contraste entre las distintas aportaciones,  queda manifiestamente relegada. Esta es la razón principal por la que, una vez instituido el gobierno personalista y populista, los miembros más relevantes del equipo fundacional, son sustituidos gradualmente por personas afines al alcalde, caracterizados por su incondicionalidad y obediencia. En este gobierno de reflexividad menguada no hay equipos ni números dos. El líder acapara toda la atención y monopoliza las decisiones y las actuaciones. Así se construye el estatuto de imprescindible.

Esta forma de gobierno se descompone rápidamente cuando entra en declive. Su aparente esplendor se disipa velozmente generando ruinas humanas e institucionales. Así terminó Pacheco. Cuando es desplazado del gobierno pierde los tres pilares que lo han sustentado. Carece de la capacidad de intercambiar con sus clientes políticos, de modo que su posición se debilita radicalmente. Ahora se encuentra en prisión, condenado por contratar ilegalmente a los suyos. En el ayuntamiento  no ha quedado nada de su legado. Solo permanece en la memoria de algunos incondicionales. Ahora “las pagas”, los empleos y las obras los adjudican sus antaño rivales de su oposición. Así se conforma el drama del declive.

El gobierno de Susana Díaz se sustenta sobre un modelo similar. Heredera de los gobiernos de Chaves y Griñán, en un contexto de vacío por dispersión y fuga de una parte importante de las élites partidarias regionales, requeridas por los juzgados en varios casos judiciales de gran envergadura, tiene que responder a los temores de los distintos contingentes de clientes políticos, que en Andalucía detentan una dimensión muy importante. Los espacios de las instituciones regionales, las diputaciones, los municipios, las empresas públicas y los sistemas de servicios públicos, albergan a una población dependiente numerosa y diversa, que se acumula desde 1982. Junto a ellos, los promotores de múltiples empresas de ocasión a la sombra de las decisiones estatales controladas por el partido que son beneficiarios del tráfico de activos económicos derivado de las decisiones de la administración. 

El liderazgo de Susana se sustenta en el alivio de la incertidumbre de esta población de tamaño considerable, ahora temerosa de un relevo político que ponga en peligro sus intereses. Así asume el reemplazo con una energía incuestionable y elabora un discurso que hace énfasis en su naturaleza ganadora. En la contienda política lo importante es ganar. Esta es la única forma de garantizar los intereses de los contingentes partidarios asentados sobre los territorios institucionales. Sobre el vacío generado por el desplome de la élite partidaria se constituye como una lideresa fuerte que hace explícita su voluntad de salvarlos mediante la única forma posible: la victoria electoral.

En esta situación de peligro partidario, en la que el agotamiento por ausencia de proyecto y corrupción se suma a la emergencia de nuevos actores políticos, reconstituye un liderazgo fuertemente personalista, asentado en un modelo que reproduce el del alcalde de Jerez. Así se prodiga en “la calle”, faceta en la que acredita una competencia sólida. Su gestión tiene lugar primordialmente en el ejercicio del liderazgo en los encuentros programados con sus fieles; en los intercambios con los clientes múltiples, y en su generosidad con los poderosos. Al igual que en el caso de Pacheco, la administración queda reducida a un apéndice del gobierno  y la oposición a un dispositivo de obstrucción. Estos son los perdedores, que en estas coordenadas significan la encarnación del mal absoluto.

Así, su hiperliderazgo alcanza cotas insólitas. En las últimas elecciones regionales los símbolos partidarios fueron sustituidos por los personales de la lideresa. El eslógan era “vota a Susana”. Pero el soporte que sustenta su proyecto personal es muy frágil, en tanto que la victoria es imprescindible para mantener al pueblo construido que la sostiene. Así se explica el clima convulso que se manifiesta en la organización y sus entornos. La euforia se entremezcla con el miedo, la crispación y las múltiples emociones negativas. En este contexto, la división es percibida como un acto de traición, que es valorada desde el fatalismo derivado de la obligación de ganar.

Desde esta perspectiva se hace inteligible el tono de los discursos de la Pacheca. Sus retóricas se acercan más a las de los profetas que a las de los líderes políticos contemporáneos. Porque esta no se dirige tanto a la población general y los actores económicos y políticos, como a su sólido dispositivo clientelar, ahora atenazado por el temor. Se trata de transmitir la certeza de la victoria, que solo puede adoptar la forma del cien por cien del gobierno. Por debajo de este porcentaje se encuentra el abismo de los perdedores. De este modo sus exhortaciones a la segura victoria  devienen en un viejo género que ella reedita: el sermón. Las prédicas conjuran los fantasmas del fracaso a los atribulados receptores. Así se aleja radicalmente de los tonos de los discursos y las formas comunicativas de las élites de la edad de oro. Felipe González se dirigía inequívocamente a  un público general mediante la exposición de un proyecto de gobierno. 

Pero el elemento más característico de este gobierno populista y personalista es la comparecencia de su equipo, que representa un retroceso monumental con respecto a los equipos de la era González, en los que se conjugaban distintos dirigentes dotados de una categoría profesional incuestionable. En los equipos de Susana Díaz aparecen un conjunto de personajes verdaderamente antológicos que constituyen un frikismo político inigualable. Se trata de la generación de fontaneros procedentes de las juventudes que han madurado en las salas de las sedes partidarias bajo la sombra de las instituciones. Algunos alcanzan el estatuto de lo inverosímil en cuanto a su mediocridad y autorreferencialidad. Mario Jiménez, Miguel Heredia o Micaela Navarro han producido eventos que han animado al género mediático de la comedia parlamentaria. Pero el caso de Verónica Pérez se ubica en el más allá. Hace unos días declaraba que “Susana tiene una capacidad detrabajo sobrehumana”. Puede estar tranquila la lideresa con este entorno de guardianes de sus esencias.

El caso de Pacheco es ilustrativo. Cuando pretendió traspasar el umbral de Jerez y creó el PSA su fracaso fue completo. No podía ser de otra forma, en tanto que no tenía nada para intercambiar. Cuando perdió su mayoría todo se derrumbó. La posibilidad de una analogía con Susana es inquietante. Su salto a Madrid carece del soporte clientelar que sustenta su gobierno andaluz. El argumento del partido ganador cien por cien es imposible en el contexto actual. Por eso sus prédicas se asientan sobre un desierto de la inteligencia que pone de manifiesto la ausencia dramática de un proyecto político sustentado en el futuro, así como su inocultable aldeanismo y localismo. Su equipo denota dramáticamente su sus carencias. En estas condiciones su viaje al cielo, al igual que el de Pacheco, es una aventura con un final inevitable en forma de perdedor. En el caso de la Pacheca, sus intercambios con los poderosos suscitan apoyos explícitos de estos en espera de un partido más sensato y dócil a su preeminencia. Así construye sus amistades peligrosas. Por el contrario, se hace patente la ausencia de apoyos en el mundo de la inteligencia. Los elogios de Eduardo Inda y otros similares son paradigmáticos y portadores de malos augurios.









5 comentarios:

  1. Fuera de Andalucía se la tiene a la faraona un cariño similar al que se profesaba a Espe fuera de los madriles, se puede decir que solo son profetas en su tierra, en contra del refrán que dice "que nadie es profeta en su tierra", pero al parecer a medio o largo plazo también el que inventó el refrán se va a salir con la suya, para bien de sus tierras y de las que no lo son.

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  2. Gracias Futbolín
    Lo que menos necesitamos en esta tierra son profetas. Es un espectáculo contemplarla en el parlamento escenificando su desprecio infinito a la oposición, que ella entiende como perdedores ¡vaya versión de la democracia¡

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  3. Enhorabuena, por este magnífico retrato de la Pacheca. Esperemos que el discurso de Pedro Sanchez se abra camino

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  4. Su es cacique en su tierra, votos capturados cortijos cerrados, en España extensiones
    ¿Y qué me dices de Pérez Tapias? El hombre es inteligente, pero como digo habitualmente sirve para lavar la cara o incluso ser el último reducto de otros socialismo republicano, federalista, laicista, como un Borrell a la Andaluza y con menos seny, saludos de Fran

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  5. Gracias fran y Luis. Comparto tu opinión sobre Pérez Tapias. Me parece pertinente preguntarle la frase estereotipada de "qué hace un chico como tú en un sitio como este". Si Susana no gana la guerra va a ser muy cruenta.
    Saludos

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