Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

ENRIQUE CURIEL EN LA MEMORIA


La biografía de Enrique Curiel se asienta sobre las encrucijadas  de los  caminos de la vieja izquierda en el final del siglo XX. En sus comienzos compatibilizó una extraña militancia en el PSP de Tierno Galván con su presencia en el movimiento estudiantil madrileño, donde ejerció un liderazgo muy relevante. La dinámica del movimiento le condujo al PCE, en donde recorrió un largo camino, terminando como vicesecretario general del partido. En 1988, desplazado y bloqueado en el partido, abandona la organización. En 1990 ingresa en el PSOE. Tras largos años de militancia, en los que fue senador,  termina apartándose y retornando a la docencia. Antes de su muerte prematura pidió que su féretro fuese cubierto con la bandera comunista, tal y como ocurrió.

Su trayectoria ilustra el tormentoso devenir de la izquierda nacida de la era de las revoluciones obreras, que sobrevive hasta el presente mediante su metamorfosis permanente, con el fin de adaptarse a unas sociedades radicalmente diferentes a las industriales que generaron las utopías fundacionales.  Pero Enrique Curiel fue una persona muy importante en el movimiento estudiantil antifranquista, así como en la oposición democrática. Una persona tan valiosa, comprometida y relevante como él es denegada de facto por los partidos en los que desempeñó responsabilidades tan importantes. Así es expulsado de la memoria colectiva. Estos partidos, convertidos en maquinarias para la obtención y la conservación de cuotas de poder en las instituciones de representación, se encuentran dominados por aparatos cuya ley de hierro es el castigo eterno a quienes han disentido. La memoria de una persona consiste en la consideración de su final crítico y conflictivo, que anula todo su proceso anterior, que es borrado y falseado. En el caso de Enrique convergen los silenciamientos por parte de ambos partidos, adquiriendo así el estatuto de desterrado a una tierra de nadie donde impera el olvido y la falsificación.

Enrique Curiel ingresó en el PCE en el final del año 1969, más bien en el comienzo de 1970. Lo hizo en la recién fundada célula de Políticas de la Universidad Complutense. El cursaba entonces el último curso de la carrera. Desde años antes desempeñaba un papel fundamental en el vigoroso movimiento de estudiantes. Su pertenencia al PSP de Tierno Galván le otorgaba unas relaciones privilegiadas con distintos miembros de la oposición. Al ingresar en el PC en Políticas fui su primer responsable político. Por eso escribo este texto con la intención de rehabilitar la memoria de una persona que tanto aportó como él. En los años de oposición antifranquista contrasta su inteligencia, voluntad y generosidad en la oposición con la de sus verdugos partidarios, muchos de los cuales en esos años no se encontraban comprometidos en la política.

La ascensión de Curiel en el partido fue meteórica. En muy poco tiempo trascendió su militancia universitaria para incorporarse de facto al núcleo operativo de dirección. Su notable capacidad de análisis político, sus relaciones privilegiadas y sus cualidades de negociador lo hicieron un colaborador de la dirección en el tiempo de la Junta Democrática. Su inserción en la dirección después de 1977 favoreció su papel de interlocutor entre las distintas tendencias existentes en el partido, que aunque no estaban formalmente reconocidas actuaban abiertamente mediante la relectura de la línea oficial, cuyas ambigüedades facilitaban distintas interpretaciones.

La salida y dispersión de los renovadores en 1981 facilitó su ascenso en la jerarquía. Pero este era ficticio, en tanto que su base de apoyo se había diluido. En el partido permanecían los sectores más dogmáticos. Esta es una pauta que se reproduce incesantemente hasta hoy. Cualquier proyecto de renovación carece de cualquier posibilidad de concitar apoyos vivos, además de movilizar las resistencias de la reserva simbólica partidaria, contraria a cualquier cambio. Además, los renovadores detentaban los vínculos con la sociedad, de modo que en ausencia de los mismos la organización se cerraba sobre sí misma. El PC deviene en una reserva espiritual, en un parque temático de la memoria de la revolución rusa y de las aportaciones realizadas a la república y la oposición al franquismo.

En estas condiciones cabe entender la cuestión del eurocomunismo. Esta no es una teorización sistemática acerca de la evolución del viejo comunismo que ampare un proyecto político viable, sino un argumento de ocasión para proteger al partido de los efectos negativos del socialismo real. Carrillo imprimía un sesgo tacticista a todas sus creaciones. Enrique, al igual que muchos de los renovadores, creyeron en la posibilidad de abrir un camino al futuro mediante el eurocomunismo, entendiéndolo como una referencia dotada de capacidad para generar un movimiento político.

Pero la cuestión más espinosa radica en lo que se puede denominar como especificidad española. Se trata de que el PC detentó el protagonismo incuestionable de la oposición a la dictadura franquista, así como la memoria de la república. Sus cuotas de sacrificio y heroísmo fueron muy importantes. Este hecho se interfiere con la crisis radical del movimiento comunista, que adquiere proporciones explosivas desde los años cincuenta. La confusión generada  por la convergencia de ambos factores crea un estado en el que es imposible cualquier crítica, en tanto que suscita las emociones colectivas. Muchos de los militantes no eran verdaderamente comunistas, más bien demócratas radicales. Así, cualquier discusión es interferida por las emociones que acompañan a los relatos heroicos. En este territorio los dogmas conforman un espacio protegido a la deliberación. En este contexto, el eurocomunismo fue una coartada psicológica para presentarse en el exterior diferenciándose de los regímenes del Este.

La derrota estrepitosa del 82 produce una crisis de grandes proporciones. La dirección se fragmenta, las fugas proliferan en todas las direcciones, los lazos con la sociedad se debilitan. El mismo Carrillo termina por abandonar. En este cuadro de colapso adquiere una importancia fundamental la preponderancia del PSOE que moviliza un arma de destrucción masiva: la cooptación. Muchos cuadros locales son absorbidos por el partido triunfante. Pero lo peor es que en el sindicato comisiones obreras, principal reserva del partido, comienzan los movimientos hacia posiciones pragmáticas adecuadas a la realidad de hegemonía absoluta socialista en el campo político.

Este es el escenario en el que Curiel, así como Sartorius y otros dirigentes pretenden recuperar el espíritu del eurocomunismo. En una organización compuesta por las reservas ideológicas y los sectores que en niveles locales han alcanzado cuotas de poder, esto es imposible. El fantasma del enemigo interno se hace manifiesto. Los eurocomunistas son percibidos como caballo de Troya. En estas condiciones es imposible iniciar un proceso de reflexión que se abra al entorno y pueda producir un conocimiento abierto. Las representaciones de la tradición histórica sepultan cualquier pretensión de cambio.

Inmediatamente después al cataclismo del 82, el PSOE comienza a definir su línea homologable a la penúltima socialdemocracia europea. El giro atlantista integrándose en la OTAN produce una confrontación política que moviliza muchas energías en la sociedad. En este conflicto el protagonismo de Enrique Curiel en la campaña del NO fue relevante. Su liderazgo social y mediático fue patente. Una noche otoñal me lo encontré cuando paseaba por los Jardines de Piquío, en Santander, disfrutando del Cantábrico. Él iba a un acto escoltado por varios activistas. Nos saludamos afectuosamente. Con esa cualidad gallega que tan bien practicaba me reprochó mi distanciamiento y recordamos  los tiempos de la facultad. Fue la última vez que nos vimos en persona.

En el contexto de colapso general fue nombrado vicesecretario general del PCE. Este fue su final, cercado por los sectores identitarios replegados al interior de su mundo. Imagino sus desventuras en estos años en los que la impotencia política presidía todas sus actuaciones internas. En 1988 abandona el partido, ingresando en el PSOE en el año 1990. De este modo se convierte en el símbolo de la cooptación, y también de la traición. Es reconstituido como el traidor por excelencia por parte de los comunistas, que elaboran una leyenda negra acerca de él.

Su historia en el PSOE es similar a la de Pilar Bravo y otros exdirigentes comunistas. Se les asigna un estatuto de vencidos, siendo tratados como a los inmigrantes o extranjeros: pueden estar presentes pero están marginados del proceso de decisiones, tienen la obligación de emitir señales de conformidad y aceptar barreras  de acceso a cúpula. Así, fue senador por su provincia, Pontevedra, pero fue marginado del proceso del partido, en tanto que no renunció a hacer política, como otros cuadros procedentes del PC que mostraron su conformismo con los cargos de segundo orden que les asignaron.

Enrique mostró su incapacidad para leer el nuevo escenario de emergencia del capitalismo global, que determinaba la reestructuración de todos los campos sociales, incluyendo a la socialdemocracia. No, el partido en el que ingresó no era un partido socialdemócrata convencional de la dorada época de los treinta gloriosos. Se trataba de un partido subordinado a los intereses emergentes, dotado de un modo autoritario de ejercer el poder. Hacer política en este entramado era imposible. Así fue desplazado al Senado y a Pontevedra, un territorio donde habita el partido socialista gallego, una versión especial del partido estatal, en la que se encuentran incorporados elementos singulares de la tierra.

Es un poco duro lo que voy a decir ahora pero debo hacerlo. Un partido así, terminó asignando a Enrique el papel de aplaudidor.  Cuando Zapatero intervenía en el senado, él estaba visible detrás, acompañando con sus gestos el discurso del líder. Dado su porte físico, hasta para eso estaba bien dotado. Algunas veces frente al televisor lo vi junto con Carmen y nos afectaba mucho. Nos preguntábamos qué pensaría del mismo Zapatero y de Pepe Blanco, el cacique gallego del partido. Unas personas manifiestamente más pequeñas que Enrique en términos de inteligencia, preparación y experiencia. Siento mucho ilustrar su papel de aplaudidor con esta fotografía.




Después tuvimos noticias de su retorno a la Complutense y su enfermedad. No puedo dejar de recordarlo con su vitalidad en las movilizaciones, su presencia en las reuniones, en las que siempre se esperaba su intervención inteligente. También el respeto que suscitaba por parte de todos. Enrique fue un activista tan inolvidable y una persona tan capacitada para la política… Por eso me parece tan injusta la etiqueta de traidor que le acompaña en su biografía vaciada de los méritos por los aparatos de los partidos de la izquierda postfranquista. Su caso ilustra la oscuridad de la época de la nueva democracia, así como su génesis. Tiempos oscuros que propician la ingeniería biográfica y la manipulación.

Enrique, un fuerte y sentido abrazo en espera de que la investigación historiográfica restituya tu biografía. He querido testimoniar tu gran aportación. Muchas  gracias.


sábado, 26 de septiembre de 2015

LOS LADOS OSCUROS DE LA EMPLEABILIDAD

La empleabilidad es el elemento más importante de la época presente. Todas las personas tienen que asumir sus imperativos y desarrollar sus artes en venderse a sí mismos en una serie de situaciones en las que se encuentran en una relación de inferioridad. En mi opinión, este es el aspecto más inquietante de las sociedades actuales. Voy a escribir una entrada en la que se presentan las realidades aceptadas por el sentido común de la época, pero que ocultan las servidumbres mayúsculas necesarias para desarrollar la carrera profesional. Pero hoy presento varios videos cortos que visibilizan la naturaleza semiesclava del trabajo y de las servidumbres imprescindibles para conseguirlo y conservarlo. Una de las cuestiones más relevantes es la comparación entre el pasado y el presente. Así, la pregunta más pertinente radica en determinar si se ha experimentado un progreso, o, por el contrario se asiste a un retroceso inquietante. También, me pregunto si es posible una democracia compatible con la condición de sujeto de servilismo acreditado.

El primer video es de una película fundamental que recomiendo a algunos alumnos. Es Surcos, de Nieves Conde, estrenada en 1951, en la que se narran las vicisitudes de una familia de campesinos emigrada a Madrid. Se trata de un verdadero retrato sociológico de la época. El video presenta la cola para inscribirse en la oficina de empleo de la época. El guión es sencillo: Una cola, un funcionario y una declaración de sus habilidades laborales. El ritual de descalificación de sus destrezas agrícolas, colocándolos en la situación de aprendices es patente.



El segundo video presenta otra oficina de colocación casi setenta años después, en la que los candidatos concentrados devienen del diluvio de la desindustrialización y la aparición de lo que se denomina como "la sociedad de la información y el conocimiento". Sus testimonios no tienen desperdicio pero el vínculo con el pasado es su asunción de inferioridad. La novedad radica en que sus competencias se han incrementado y se almacenan en un documento que se llama currículum, que entregan esperanzadamente para someterse al escrutinio de los empleadores.



La emergencia de la producción inmaterial determina que el campo de las competencias rebasen el umbral de las habilidades para extenderse al conjunto de la persona. La comunicación no verbal alcanza todo su esplendor. La sonrisa, la mirada, la postura o la expresión facial constituyen el éxtasis de la psicologización. Ha sido inevitable acordarme del último Pablo Iglesias y de sus compañeros, que asumen la recomendación de que sonrían.


Pero aún a pesar de la seducción de los brujos de la psicologización, la cuestión fundamental radica en el manejo de la inferioridad ante un superior. El siguiente video es inquietante por sus vínculos con la sagrada institución de la confesión. Se trata de confesar tus debilidades, que son equivalentes a tus pecados, presentados ahora ante el nuevo confesor-experto en recursos humanos, que no siempre te absuelve de las mismas y practica la penitencia de la expulsión.


Termino con un video que sintetiza el problema de fondo de la época. Paradójicamente en la biblia de Mateo se encuentra formulada con precisión esta cuestión    "Entonces el rey dijo a los sirvientes: ``Atadle las manos y los pies, y echadlo a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes...Porque muchos son llamados, pero pocos son escogidos" 
En tan sofisticada sociedad se producen acontecimientos que carecen de inteligibilidad y ponen de manifiesto el poder oscuro de una nueva casta de directores de recursos humanos. Este video es un sencillo monumento a ese terrible efecto perverso que se llama "sobrecualificación". De nuevo ¿Esto es el progreso?


Se agradecen comentarios e incluso testimonios.

domingo, 20 de septiembre de 2015

LOS SENTIDOS DE LAS VACUNACIONES

En estos días tiene lugar la 30 edición de los Seminarios de Innovación en Atención Primaria. Esta edición versa sobre “Vacunas. Beneficios y daños. Ciencia, clínica y sociedad”. No participo en esta edición pero imagino el intenso flujo de mensajes y textos de apoyo  que sustenta intercambios y discusiones entre los participantes, que van desplazando el centro de interés, acumulando deliberaciones y cuestiones. En las ocasiones que he participado me he sentido desbordado por la circulación de comunicaciones. Estoy inscrito en el siguiente “Pacientes que lloran y otras consultas sagradas” y ya llegan a mi correo casos de máximo interés que suscitan reflexiones, dudas y preguntas, que anuncian la intensificación del mes anterior a la sesión presencial final.

Sin ánimo de entrar en el tema, en el que supongo que las distintas perspectivas epidemiológicas y clínicas generarán consensos, diferencias, límites y periferias, me parece importante subrayar que las vacunaciones masivas de esta época no pueden entenderse sólo desde la perspectiva de su impacto en la salud. La intervención de los poderes económicos, políticos y mediáticos conforman un campo multidimensional en el que coexisten distintos sentidos. Las vacunas son un producto producido industrialmente, y, como tal, se encuentra sometido a los imperativos de la productividad y consumatividad. Pero más allá, desde una perspectiva sociológica, las vacunaciones masivas constituyen un campo de experimentación de la nueva sociedad de control.

La gran mayoría de paradigmas de las ciencias sociales  entienden las sociedades desde la producción, el consumo y las instituciones, clasificándolas según los parámetros que definen a estas dimensiones. Pero en los últimos tiempos aparecen acontecimientos críticos que son imposibles de encuadrar en estos criterios. Me refiero a los inducidos por la explosión de los media en versión de la imagen, así como de nuevas instituciones cuyas lógicas de gobierno pueden ser consideradas como herederas de la ilustración y la modernidad. Las asociadas a la gestión, a la conducción del yo  y a las versiones más agresivas del marketing y la publicidad. La respuesta a esta incongruencia es la emergencia de distintas interpretaciones unificadas por la etiqueta de sociedades de control. Todas ellas se encuentran unificadas por sus énfasis en las formas de gobierno y las distorsiones en los procesos de formación de la voluntad política fundadas en las capacidades intelectivas de las personas.

Las vacunaciones constituyen un emblema de los lados oscuros del progreso científico-técnico. En tanto que los laboratorios las producen industrialmente y desarrollan sus estrategias de marketing múltiple sobre los profesionales, las autoridades y las poblaciones, intervienen en el campo político para garantizar las decisiones favorables a sus intereses. De este modo se produce una escalada de vacunaciones respaldadas por las sinergias entre los productores, las instancias de decisión del nuevo estado emprendedor, en su nueva versión terapéutica que hubiera inquietado a Thomas Szasz.

Pero el aspecto más novedoso, que constituye el reverso de la expansión terapéutica radica en la quiebra del consenso científico. En el interior de la comunidad científica y la profesión médica comparecen voces que cuestionan los beneficios de distintos procesos de vacunación, identificando paradojas, sesgos y riesgos. De este modo se genera una controversia que es encerrada en espacios especializados, de modo que no se encuentra presente en los medios masivos así como en las deliberaciones de gobierno. Las voces críticas son ocultadas y silenciadas. No son prohibidas pero nadie discute con ellas.

Así,  el disenso acerca de las vacunas no llega a la opinión pública, en tanto que los sectores críticos no tienen acceso a los grandes medios de comunicación. El acceso limitado de las voces disidentes genera una zona de oscuridad, en tanto que no se visibilizan sus posiciones. De este modo, la población es inducida a vacunarse mediante la activación de los miedos, mediante un dictamen experto que excluye a una parte de las interpretaciones. No parece que esta situación encaje con los cánones de una sociedad fundada en la razón y la ciencia. Por el contrario remite a las peores situaciones anteriores a la ilustración, aunque la manipulación se funde ahora con las magias mediatizadas.

El resultado es la conformación de un sujeto manipulado, que carece de acceso a la discusión científica y ciudadana, que tiene lugar en espacios profesionales selectivos. Los poderes industriales y políticos estimulan a la opinión pública mediante la activación de los miedos, la imposición de un sentido común sórdido que no se basa en la información, la manipulación convertida en un arte y la descalificación de los críticos mediante su silenciamiento en el sistema mediático. La apelación a las capacidades intelectivas de las personas es sustituida por la constitución del sujeto vacunado, entendida como un ente que delega sus decisiones en los expertos oficiales.

El resultado de estos procesos es la imposición de la dimensión económica de los productos-vacuna sobre su dimensión de salud. Así el mercado alcanza todo su esplendor, confirmando su función central de expandir las necesidades, estimular la demanda, seducir a los consumidores mediante sus imaginerías visuales y colonizar las cogniciones. Las estructuras sectoriales, antaño dotadas de cierta autonomía, como la profesión médica, son reestructuradas sobre la subordinación a los imperativos del mercado, que se sobreentiende como una forma de progreso inmodificable.

Dice Iván Illich que las profesiones tienen la función de determinar las necesidades. Ahora, en los tiempos de la producción inmaterial, se refuerza el valor de este precepto. Pero, lo paradójico se hace presente mediante la ocultación mediática del disenso científico. De este modo se hace patente la afirmación de Illich de que ignorar las propias necesidades es un acto antisocial, así como que un buen ciudadano es aquél que se asigna las necesidades determinadas por los expertos con convicción. El dispositivo del estado emprendedor, la profesión médica y los medios de comunicación construyen al sujeto vacunado, obediente a sus prescripciones y con una convicción que facilita su movilización frente a los disidentes convertidos en antisociales en determinadas situaciones. Nunca olvidaré las imágenes de personas con máscaras en el tiempo de la penúltima alarma por la gripe.

El tiempo presente se caracteriza por la conminación a las personas para que sean sujetos activos y comprometidos en la modelación de su vida. Pero las decisiones de estos se enmarcan en un escenario constituido por las nuevas instituciones, en el que el margen de desviación tolerado es mínimo. Así, la apariencia de libertad encubre una coerción permanente, en tanto que los disidentes son vigilados y acosados, no sólo por los dispositivos de gobierno, sino también por sus propios semejantes, constituidos en agentes del consenso obligatorio determinado por las prescripciones de los expertos. La vida es desmenuzada en múltiples esferas en dependencia de la autoridad experta y las personas clasificadas por su nivel de adhesión y cumplimiento a los dictámenes expertos.

Entonces, tras el problema de las vacunaciones masivas se encuentran varios sentidos contrapuestos: el profesional basado en la dimensión salud; el económico derivado del complejo productivo; el político, congruente con la ideología del crecimiento, y, por último, el de la constitución de un nuevo sujeto conductor de su propia vida, que se desarrolla en los laberintos construidos por la nueva sociedad de control, que apela al crecimiento personal sin fin. Así las vacunaciones constituyen episodios que visibilizan la nueva vigilancia múltiple, que trasciende los cánones de las sociedades disciplinarias convencionales del pasado.

El campo veterinario ilustra esta situación. El mercado profesional de los animales domésticos se constituye como un campo de experimentación para innovaciones que después son incorporadas al campo médico. La consulta es una instancia apostólica en la que se informa y dialoga con los propietarios de los animales para ilustrarles sobre las novedades, que incluyen nuevas definiciones de los problemas de salud, siempre determinadas por las innovaciones terapéuticas, las renovadas carteras de servicios y las normas acerca del estilo de vida del animal.

Pues bien, en el campo veterinario la coalición entre el estado emprendedor y los profesionales es extremadamente sólida. No se prestan servicios a los animales que no estén vacunados. La cartilla de cada animal es su historia de vacunaciones. Las obligatorias incluyen la de la rabia, sobre la que puede cuestionarse el riesgo real. Pero las normas son ejecutadas en contra de la voluntad de los propietarios. En este sentido es un indicador del futuro del campo médico.

La escalada permanente de la asistencia veterinaria se produce a saltos inquietantes. La novedad este año es que la vacunación se acompaña de una placa que tiene que ser colocada en el collar del animal, para visibilizar su vacunación. También se ha cruzado la frontera de la leishmaniasis, sobre la que existen dudas en la eficacia de la vacuna. Pero cuando indico en la consulta que sólo quiero la vacuna obligatoria y les digo que rechazo una carga química tan importante para mi perra,  siento el mismo rechazo que cuando voy a una consulta médica y el profesional manifiesta sorpresa porque no tomo medicamentos para el colesterol, la tensión, la próstata u otros males ubicados en mi grupo de edad y de diagnóstico.

Pero lo peor es que cuando paseo por lugares en los que se encuentran perros, sus dueños me llaman la atención y me preguntan si mi perra está vacunada, porque me niego a ponerle ninguna chapa en su collar. Entonces compruebo el arraigo del nuevo panóptico democratizado en el que los vigilados devienen en vigilantes. Parece inevitable un futuro en el que los no vacunados de la gripe u otros peligros inducidos industrialmente seamos señalados. Me pregunto dónde ubicarán la señal que nos visibilice como desobedientes. Suelo advertir a los convictos cumplidores acerca de mi activa ciudadanía, que consiste en inyectarme insulina todos los días y consumir tiras reactivas. Así me conformo como un centro de gasto y contribuyo al crecimiento económico.



domingo, 13 de septiembre de 2015

EL ENIGMA DE LA SOLIDARIDAD

En estos días comparecen en las pantallas las penalidades del terrible viaje de los refugiados sirios. Las cámaras y las redes focalizan su mirada en este acontecimiento, suscitando un clima de solidaridad que se hace patente. Las opiniones públicas se manifiestan mediante una secuencia de acciones e imágenes de reconocimiento y apoyo a los penúltimos contingentes de desplazados por la guerra o la miseria. Las estructuras mediáticas se llenan de energía que respalda a los nuevos parias, en tanto que cancelan la realidad de los contingentes de víctimas que les han precedido. Las cámaras se encienden sobre esta marcha, derogando  la atención y el recuerdo de las anteriores, que son congeladas y ubicadas en el almacén global de la solidaridad. Desde el mismo, pueden ser retomadas para ser presentadas y suscitar otro ciclo de energía efímera. El caso de los africanos y de Gaza es emblemático. Considero esta situación, como mínimo extraña. Así se constituye el enigma de la solidaridad.

Jean Duvignaud, uno de los sociólogos más fecundos, plantea el problema de la solidaridad en su libro La solidarité: liens du sang et liens de la raison  (Fayard, 1986). En él proporciona las claves para comprender la deriva paradójica de las sociedades industriales. El argumento que propone se funda en la decadencia de las estructuras convivenciales colectivas, de las que resulta una atomización de las personas. En estas condiciones de licuación de las mismas, se produce un impulso colectivo hacia las grandes causas sociales que rememora y reaviva provisionalmente los vínculos debilitados y manifiesta el deseo de estar juntos, compensatorio de los rigores de la individualización.

En los últimos años convergen varios procesos de los que resulta una nueva sociedad postmediática, en la que las múltiples estructuras de la comunicación interactúan mutuamente y se sobreponen a todas las estructuras e instituciones sociales. Estas se reconfiguran por el impacto de la actividad del conglomerado de medios y redes sociales. La solidaridad se adapta inevitablemente a esta situación. De esta resulta la emergencia de lo viral, de modo que un acontecimiento presentado en imágenes suscita un aluvión de apoyos, para desaparecer de este espacio comunicativo tan intenso y renovado, siendo relevado por uno nuevo en un proceso acelerado basado en la novedad, el impacto de las imágenes y la producción de emociones colectivas.

El enigma de la solidaridad radica precisamente en la configuración de una sociedad en la que los individuos conforman nuevas relaciones con los grupos y las instituciones. La movilidad de estos debilita cualquier estructura u organización. Pero, además, las instituciones centrales asociadas a los poderes son portadoras de un proyecto focalizado en la consecución de una persona dotada de una nueva socialidad, en la que los vínculos con otras personas son manifiestamente más débiles y efímeros. La ingeniería institucional fabrica el sujeto autosuficiente y en movimiento perpetuo, en donde su vida es un viaje continuo por lo social, en donde se renueva su lugar y sus relaciones.

En una sociedad así las viejas solidaridades de clase se disipan radicalmente. Lo social se reconfigura y lo mediático deviene en la estructura esencial. El resultado es la cristalización de una situación extraña en la que las víctimas de los procesos de reclasamiento derivados de la gran reestructuración productiva no suscitan ninguna solidaridad añadida a las reservas existentes. Los despedidos, los desempleados, los desplazados laborales, los precarizados severos, los expulsados del mercado laboral, los endeudados e hipotecados, los titulares de desventajas múltiples que los hacen tan vulnerables, los enfermos, los afectados por violencias múltiples, los candidatos a la penalización, los inmigrantes sin suerte, los desheredados de afectos, así como otros, suscitan el grado cero de solidaridad. Peor aún, producen miedo y una gama compleja de sentimientos negativos. El contraste entre la ausencia de solidaridad a los próximos y los estados de euforia provisional y mutante hacia los que ocupan el escaparate mediático es patente. Así la solidaridad adquiere una naturaleza enigmática.

La paradoja más importante que resulta de esta situación es que el mundo se vuelve más opaco e ininteligible. Porque la tragedia que es presentada en imágenes fragmentadas es la consecuencia de un proceso global que queda ocultado, siendo trivializado al ser despojado de su contexto histórico. Por el contrario,la diáspora de los sirios, iraquíes, afganos y otros es el resultado, bien de decisiones catastróficas por parte de los poderes globales, o bien el efecto de la guerra global permanente, que es un imperativo derivado de un sistema-mundo como el que nace en el principio de los años noventa.

Así, solidaridad administrada en ciclos de efervescencia a los que sucede el silencio mediático,  y la desinteligencia y desinformación invariable se abrazan para producir y mantener la tragedia permanente, que se reparte entre los múltiples candidatos, las poblaciones en riesgo de ser afectadas por la guerra global permanente. Porque ¿qué esperanzas fundadas podemos tener en que la situación va a mejorar en un futuro próximo? ¿quiénes serán los siguientes? ¿cuándo volverán los anteriores acumulados en el almacén global de la invisibilidad a la actualidad generadora de sentimientos solidarios? La única certeza es que los desplazamientos y los éxodos de las poblaciones comienzan con los bombardeos. Estos constituyen la señal del futuro.

Como la solidaridad efímera, que en las sociedades postmediáticas sube y baja como las mareas, manifiestándose en términos de la secuencia producción de imágenes-impacto visual-movilización de las emociones-intensificación mediática-disipación por reemplazo del siguiente evento, las situaciones que las suscitan tienden a ser trivializadas e integradas en el relato de la inevitabilidad de la guerra global permanente. Así, lo racional se disuelve en una explosión emocional. En un clima así es imposible introducir cualquier elemento reflexivo. La verdad es que no me atrevo a decir lo que pienso para no ser condenado por el clima de la pleamar solidaria. Pero la cuestión esencial radica en que los aviones han destruido varios estados, desestabilizando la zona y dejando en una situación imposible a muchas poblaciones. En este sentido interrogarse acerca de la posibilidad de reconstruir los estados pulverizados es pertinente. Si no es así, el inevitable pronóstico es el de intensificación y multiplicación de los contingentes humanos que traten de alcanzar Europa.

No, el acontecimiento de la diáspora siria, irakí y afgana es la expresión inequívoca de algo peor que una desgracia transitoria. Evidencia que el sistema-mundo actual es inviable y que el proyecto hegemónico que lo sustenta es perverso. Si esta afirmación fuera cierta estaríamos sólo ante los primeros signos de descomposición. Por esta razón, hacer apologías de las olas solidarias sin entender que en estas el problema es presentado arrancado de sus propias raíces y con formato televisivo, constituye un seguro de un futuro inestable y regresivo. No, lo decisivo es incrementar la inteligencia colectiva para neutralizar la preponderancia de los guerreros, que en este tiempo de extraño progreso pueblan el aire con sus máquinas destructivas.

El enigma de la solidaridad radica en que es un estado colectivo de éxtasis en la sensibilidad y en la comunicación. Este estado colectivo termina disipándose en espera del siguiente signo que genere uno nuevo. Mientras tanto, los sectores sociales mejor dotados se amurallan frente a los próximos desafortunados, situando la seguridad en el número uno de las agendas públicas. En una situación así el clima se puede revertir. De ahí el sentido oculto de las palabras pronunciadas por algunas autoridades acerca de la posibilidad de que en el flujo de refugiados se encuentren yihadistas. Una sociedad global que agota su inteligencia en la defensa de sus posiciones es muy peligrosa. Recuerdo las risas y rituales celebrativos de Aznar con respecto a la invasión de Irak. En todos los casos desmiente la ilusión de las tecnocracias que aspiran a las soluciones. Por el contrario son una endiablada maquinaria de crear problemas insolubles y expansivos. Este acontecimiento es efecto directo de esas decisiones fatales.

La extraña y enigmática solidaridad que adquiere la naturaleza de una epidemia que nace, se expande y concluye se encuentra asociada a las sociedades de opinión pública. Por eso concluyo con una frase de Jean Baudrillard escrita en 1976 y publicada en castellano en 1978, en un ensayo “A la sombra de las mayorías silenciosas”. Este texto me ha estimulado a pensar durante los últimos treinta años. Dice “Todo el montón confuso de lo social gira en torno a ese referente esponjoso, a esa realidad opaca y translúcida a la vez, a esa nada: las masas. Esa bola de cristal de las estadísticas, está atravesada por corrientes y flujos, a imagen de la materia y de los elementos naturales…..Aunque puedan estar magnetizadas y lo social pueda envolverlas como una electricidad estática, la mayor parte de las veces hacen tierra o masa precisamente, o sea que absorben toda la electricidad de lo social y lo político y la neutralizan sin retorno…..Todo las atraviesa, todo las imanta, pero todo se difunde en ellas sin dejar rastro…..Son la inercia, el poder de la inercia, el poder de lo neutro”.

Cuando el éxodo sirio sea desplazado de las imágenes de la actualidad y se disuelvan las emociones colectivas, en espera del siguiente episodio, me acordaré de los concentrados en el viejo y masivo almacén de la solidaridad. De los próximos múltiples; de los africanos, estigmatizados ahora bajo la etiqueta de inmigrantes económicos; de los participantes del ejército de reserva laboral del mercado mundo que pasan por aquí, y también de los próximos candidatos a diásporas porque la máquina de guerra se desplaza hacia Asia Central. Entonces reclamaré más inteligencia colectiva que trascienda a la de los mercaderes globales que gobiernan el mundo, y también volveré a pronunciar el viejo lema del “No a la guerra”, que ahora adquiere una forma de guerra global permanente.


domingo, 6 de septiembre de 2015

LA EXCLUSIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE PILAR BRAVO



Pilar Bravo fue una dirigente comunista en los años sesenta y setenta en la universidad de Madrid. Desempeñó un papel fundamental en la organización del partido en la universidad así como en el movimiento estudiantil. Su brillante trayectoria política, que la llevó a ser la única mujer joven de la cúpula de la organización en el tiempo de la transición,  concluyó con su expulsión del comité central en 1981, como efecto de las luchas internas anteriores al cataclismo partidario de 1982. Terminó ingresando en el PSOE en 1986, donde ejerció distintas responsabilidades secundarias en el estado. Murió prematuramente  en 1993 con sólo cincuenta años.

Su biografía ilustra el triple drama que acumula la desaparición de su pasado. Primero el común a muchos de los activistas del PCE tras su salida del partido, cuyas aportaciones son borradas; después el de las mujeres con responsabilidades antes de la aparición del movimiento feminista autónomo; por último, el de los desplazados desde la izquierda al PSOE después del 82, que les asigna un papel subordinado que disuelve su primera biografía. Estos tres factores se combinan ocultando y difuminando su biografía y sus aportaciones, excluyéndola de la memoria y ubicándola en un territorio opaco, en el que es denegada y convertida en un espectro. Es el proceso de conversión en nadie de esta destacada opositora al franquismo.

Pilar fue la persona que reorganizó el partido en la universidad de Madrid desde mediados de los años sesenta. En esta época, el movimiento estudiantil renacía mostrando una potencialidad inusitada. Pero el escenario de estos años mostraba abiertamente el impacto de la crisis del movimiento comunista. El inmovilismo de la URSS y sus socios se acompañaba del devenir fatal de la revolución china, que consolidaba una escisión en el campo de lo que se denominó como “socialismo real”. Al tiempo, la descolonización y su secuencia de regímenes políticos progresistas se complementaban con la nueva revolución cubana que despertaba muchas esperanzas, dando lugar a una situación abierta y un futuro incierto.

La combinación de estos factores generaba una intensa ideologización en las gentes politizadas de la universidad de la época. De un lado, la preponderancia del FLP, que tenía una gran influencia al interpretar los cambios de este tiempo desde unas posiciones independientes, sin la intermediación de aparatos políticos. De otro, las escisiones derivadas de la revolución china, que activa varias opciones políticas. El PCE se encontraba relativamente inmóvil en este cambiante campo. Pilar Bravo fue la persona que activó la organización rehuyendo la confrontación ideológica con los otros grupos y priorizando su papel de intervención en el movimiento estudiantil. Su éxito fue incuestionable. Tanto por su papel en el movimiento estudiantil como por el desarrollo de las organizaciones universitarias, así como su papel de nutrir de cuadros al partido en otros ámbitos.

El movimiento estudiantil madrileño, después de 1969, registró la influencia del PCE en detrimento del FLP y las opciones sectarias de los m-l seguidores de la revolución china. El resultado fue un movimiento vigoroso, muy creativo en sus repertorios de acción, que consigue salir del gueto universitario y dinamizar el campo de oposición democrática. Este original movimiento sociopolítico articula las movilizaciones universitarias con la administración de su impacto en el campo político. Toda una generación aprende a hacer política en este tiempo. La influencia de Pilar en todos estos procesos es indiscutible.

La conocí en 1968 aunque tenía referencias acerca de ella desde un año antes. Ingresé en el partido en 1969, en la célula de Económicas. Pero la    creación de la facultad de Ciencias Políticas como entidad separada de Económicas, determinó que me hiciera cargo en septiembre del 69 de la nueva célula, que llegó a ser la mayor del partido. Entonces fui incorporado al Comité Universitario. Este fue el lugar en el que concurrí con ella. Durante dos años colaboramos intensamente.

Su carisma era muy relevante, así como la concurrencia  manifiesta de varias  inteligencias de gran nivel de muchos de sus miembros, que han desarrollado con posterioridad trayectorias de éxito en muchas actividades públicas. Pero el punto fuerte de este comité, determinado por su influencia, era la metodología. Se compatibilizaba un sistema de contactos rápidos y reuniones monográficas breves para resolver cuestiones urgentes. Pero los domingos nos veíamos a primera hora de la mañana para  una reunión posada de planificación que decidía acerca del plan de acción y facilitaba la cohesión del grupo.

Estas reuniones comenzaban con información sobre la situación política y sobre el movimiento obrero y otros movimientos sociales. La información era sintética y muy elaborada, dando lugar a intercambios de opiniones y discusiones. Después se informaba de la situación en las facultades y se discutían las líneas de acción. Al final se trataban las cuestiones de organización. La vida de este comité era muy intensa priorizando las cuestiones políticas generales, así como la orientación estratégica y táctica del movimiento estudiantil. Su papel era determinante en las conclusiones y la intermediación entre distintas opiniones. En otras organizaciones del partido lo político se encontraba subordinado a las cuestiones de organización, imprimiendo un funcionamiento rutinario y cerrado.

Su carisma era asombroso. Todo el mundo le reconocía su liderazgo incuestionable. Recuerdo una de sus detenciones en este tiempo. Creo recordar que fue Billy el Niño quien la sacó un día frio de invierno a un balcón desprovista de ropa de abrigo. Los comentarios acerca de su persona eran mitológicos. Era una fumadora empedernida. En esos tiempos todos fumábamos muchísimo. Las largas reuniones eran tóxicas. Las casas de los anfitriones, que en general eran profesionales militantes del partido, terminaban en estado de tinieblas. Todos nos preguntábamos por su vida personal, que era inaccesible para todos nosotros. Este misterio despertaba muchos comentarios.

Su inteligencia, su capacidad para la dirección de grupos y sus habilidades se contraponían con un punto débil: carecía de una formación teórica rigurosa. Así, la intensificación de la vida partidaria en la clandestinidad le impedía leer y reflexionar con una distancia. De este modo terminó en un estado de dependencia de las definiciones del partido, que eran las de Carrillo. Estas se imponían sin deliberación, gestionando las resistencias mediante una variante de terapia. En ese medio no era posible desarrollar un pensamiento. Así, los sucesivos virajes impulsados por Carrillo eran asumidos sin discusión. Esta vida tan menguada afectó a su visión, que era muy seguidista de la sostenida por el secretario general. Alguna vez le planteé dudas y siempre reaccionó de forma emocional y cerrada. Fueron tiempos en los que había que creer. Eso es nefasto para el desarrollo de la inteligencia.

Su éxito en la universidad determinó su preponderancia en Madrid y su ascenso meteórico en el partido. Fue incorporada al comité ejecutivo muy rápidamente. En esos años Carrillo había rectificado la línea convencional, asumiendo algunas de las posiciones expuestas por Claudín y Semprún. Consciente del impacto de los cambios en el viejo aparato siguió la línea que hoy se designa como “partido a partido”. Así, administró la información y las propuestas de modo opaco en un proceso fraccionado de cambios. De este modo minimizaba la resistencia de los viejos cuadros y los procedentes de los movimientos sociales. En este proceso administró la información privilegiando a gentes como Pilar y otros incautos que terminaron creyendo que el eurocomunismo, las fuerzas de la cultura y otros señuelos del discurso eran realidades que existían más allá de la táctica.

Este es el origen de la disidencia de Pilar. Con su bagaje teórico tan pobre, defendió posiciones en el partido en la creencia de que representaban el futuro, así como las del secretario general. Su posición terminó siendo degradada organizativamente, con la complicidad del propio líder. Así se puede afirmar que es una víctima de Santiago Carrillo y de su propia inconsistencia. No supo metabolizar la presencia del viejo aparato que aterrizó en el interior generando un shock considerable entre los cuadros procedentes de los movimientos sociales.

Su historia concluyó con su expulsión del comité central y su abandono del partido. El estatuto de las personas que lo abandonan es el de expulsados del paraíso. Esta operación simbólica implica ser desposeídos de su pasado. Pasan a detentar la condición de desaparecidos. Sus huellas son borradas de la memoria, sus imágenes son arrancadas y su recuerdo subordinado al último acto de insubordinación, sobre el que se reconstituye su pasado. Tras la salida es un espectro extraño investido por el error, en tanto que su biografía se reconstituye sobre el eje del mal. Este es uno de los legados del estalinismo. Todas las personas que disienten y proceden de un medio social intermedio son estigmatizadas mediante el argumento del origen perverso.

Pero el segundo acto del drama de Pilar estriba en su condición de mujer. Su ciclo militante antecede a la irrupción  del movimiento feminista en España como movimiento social autónomo. En el partido se problematiza la cuestión de la mujer y aparecen los primeros núcleos organizativos en 1975. Ella entonces ya era una dirigente consolidada en la cúpula. La única no histórica, creo recordar. Todavía en este tiempo se alude a las heroicas compañeras de los militantes y se hace inventario de sus proezas de resistencia. El nuevo movimiento feminista discurre por otro carril. Por esto apenas tiene vínculos con ese movimiento que se desarrolla en los años posteriores. Es una precursora sometida a un proceso de extrañamiento en el que no es reconocida.

Recuerdo la primera generación de mujeres de oposición en esos años. Además de Pilar, Cristina Almeida, Manuela Carmena y otras. Todas ellas han sido expulsadas de la memoria del partido por su abandono. En los años sesenta y setenta simultanear la condición de mujer y desempañar un papel relevante era una heroicidad. Sin ánimo de hacer sangre recuerdo comentarios de cuadros  del partido acerca del compañero de Pilar entonces. Era considerado un “trepa” y le atribuían a ella su promoción. Le llamaban “Antón” suscitando muchos comentarios jocosos. Antón era el compañero de Dolores Uríbarri en los años de la guerra civil y primeros de exilio, y, por lo visto, esta exigía su traslado para acompañarla en sus desplazamientos.  Era el precio inevitable de la condición de mujer y dirigente en los tiempos anteriores al feminismo.

Mi memoria evoca con mucha emoción que, cuando decidí abandonar el partido por primera vez, aunque tenía otras responsabilidades en otras áreas, la llamé para decírselo. Nos vimos en una cafetería de la entonces calle de General Mola, ahora Príncipe de Vergara tras el blanqueo del postfranquismo. Era un sitio que tenía una sala en un sótano y nos habíamos visto varias veces allí. Le conté mi decisión y tuvimos una conversación tensa. Ella me apreciaba mucho, aunque menos que yo a ella. Al final, cuando salimos a la calle, no pudo contener su emoción y estaba en el umbral del  sollozo. En aquellos tiempos las emociones se ocultaban drásticamente. Esta fue una excepción que no olvido. El movimiento feminista posterior recuperó el papel de las emociones. No volví a verla nunca más.

Con un bagaje teórico e historiográfico tan menguado, en una situación tan opaca, Pilar tomó una decisión fatal: ingresar en el PSOE de los años ochenta, en el que el proyecto real también se encontraba oculto, como en el caso del eurocomunismo, y también se administraba partido a partido en una serie de decisiones puntuales. El PSOE la recibió como a todos los refugiados de la izquierda, acomodándolos en responsabilidades estatales de segundo orden y en el margen de las decisiones políticas monopolizadas por el clan de la tortilla y los escasos incorporados procedentes de la derecha sociológica. No sé qué pensaría en esos años. Escuché algún comentario acerca de su vida amorosa que fue bien.

Pero el PSOE también practica el diseño biográfico de los recién llegados. De este modo, Pilar fue expropiada de su propia trayectoria, desapareciendo su larga etapa antifranquista y comunista. El resultado es su inscripción en un limbo extraño que vacía su vida. Apenas existen fotografías suyas en la red. Su identidad ha sido alterada y des-sustanciada. Carece de pasado. Se trata de alguien que apareció en el PSOE allí por los años 90, porque antes de Felipe González la historia ha sido alterada y no constan los recuerdos.

Cada vez que veo una película de Sissy Spacek la recuerdo por su parecido, así como por el aire misterioso de las dos. No puedo evitar imaginarla como Carrie devastando los partidos que tan mal la han tratado o tan tierna y animosa como en Missing, de Costa Gavras. Al fin y al cabo terminó así. En este post pretendo contribuir a rehabilitar su figura y testificar que existió. También enviarle un beso muy fuerte.