Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

martes, 31 de marzo de 2015

UN AFRICANO ENTRAÑABLE



Sucedió hace ya cinco años en Granada. Me encontraba comprando en una tienda, en las inmediaciones de Puerta Real, mientras Carmen esperaba en el exterior con las perras Un muchacho africano muy joven,  alto, fuerte  y musculado, con un cuerpo de los que la NBA ha insertado en nuestra iconosfera cotidiana, venía corriendo desde la Plaza perseguido por policías municipales, en uno de los incidentes propios de la batalla del top manta de aquellos años. Iba corriendo y mirando hacia atrás, para mantener la distancia con sus perseguidores. Entonces sucedió lo peor, no pudo ver a Carmen y la arrolló tirándola al suelo en un choque muy violento. El golpe fue muy fuerte, quedando noqueada y sangrando por la nariz. En ese momento salía de la tienda y le recriminé su comportamiento con energía.

Entonces, el africano se detuvo y ayudó a levantar a Carmen. En un tono muy educado le preguntó por su estado y le pidió disculpas. Algunas personas presentes le insultaron pero él no se movía del lado de Carmen y reiteraba sus disculpas, preguntando qué podía hacer. A unos cien metros aparecieron dos policías municipales. Carmen se apercibió de la situación  y le dijo enérgicamente que se fuese, que se encontraba bien. Le tuvimos que insistir varias veces. Él, a pesar de sus dudas,  salió corriendo, desapareciendo por el entramado de callejuelas.

Su comportamiento fue maravilloso. Aceptaba haber causado un daño y se quedaba allí en espera de su veredicto, asumiendo el riesgo de ser capturado, o insultado por las gentes que activan su disposición xenófoba en estas situaciones que requieren un culpable. Mostró una educación exquisita, con un acentuado sentido de la convivencia en la calle. Supo estar en su sitio en una situación límite, en la que antepuso a su propia seguridad la reparación del daño involuntario que había causado.

Nos alivió su huida final y que no fuese capturado. He visto en varias ocasiones en las calles de Granada episodios violentos de detención de inmigrantes. Todavía, cuando estoy esperando en la estación la salida del autobús de Madrid, me altera contemplar a la policía nacional pedir la documentación a los africanos. Me parece un hecho cargado de una violencia terrible. Se trata de una discriminación que no es compatible con los derechos ni con la democracia. Es imposible vivir una sociedad escindida en dos condiciones antagónicas. La regresión social del presente contribuye a poner de manifiesto la conversión de los inmigrantes en chivos expiatorios para muchos de los perjudicados por la crisis-reestructuración, que proyectan en ellos sus sentimientos negativos y las regresiones de las menguadas inteligencias colectivas.

En varias ocasiones rememoramos este acontecimiento. Nos preguntábamos por el destino de este muchacho tan solidario y dotado de buenos sentimientos. No podíamos evitar la comparación con los papás y mamás de clase media que vienen a buscar a sus hijos a los colegios del paseo de los Basilios, donde los contemplábamos en los paseos con nuestras perras. Escenifican todos los días una guerra sin cuartel entre sus yoes, que anteponen sus intereses a los demás exhibiendo su desprecio absoluto por la cooperación. Para ellos no existe lo común, lo compartido por todos y el espacio colectivo.  Son desconsiderados, aparcan sus coches sobre las aceras y son insensibles a los problemas de los otros. Cuando alguien se encuentra con alguna desventaja, es arrollado por estos hijos de la abundancia cuya individuación alcanza el éxtasis.

Ejercer la educación por parte de estos ególatras nos parecía una tarea imposible. Así los comportamientos de sus cachorros, que aprenden a discernir en el ejemplo de sus padres lo que es mío, sólo mío y nada más que mío, frente a los demás, que son entendidos como obstáculos a mis deseos e intereses. El espacio público se entiende como su extensión y su preponderancia sin límites,  y aquellos que lo ocupan  simultáneamente son avasallados,  ignorados y relegados a su expansión.

El top manta ha disminuido en Granada. El centro ha visto disminuir la presencia de los vendedores de objetos múltiples, copias de las marcas de éxito simbólico en la sociedad de consumo de masas. La represión, junto a la regulación del uso especializado del suelo en la ciudad hipermercantilizada, ha generado guettos comerciales, donde son ubicados algunos de los vendedores reconvertidos en una nueva versión de artesanos. Así, la calle es neutra, vaciada de sentidos, lugar de paso hacia las funciones especializadas.

En las navidades y otras ocasiones, recorro pausadamente estos guettos sin perder la esperanza de encontrar a la persona que arrolló a Carmen en su huida. Pero pienso que ya se encontrará muy lejos de aquí. Por eso miro las fotografías de los periódicos, que todos los años registran la recogida de la aceituna, en la que miles de africanos se hacinan en espera de ser contratados. La xenofobia imperante, que se maquilla tras distintas máscaras, se expresa en su máximo grado en la negativa de abrir los polideportivos que se han construido en todos los pueblos en los años de bonanza económica. Muchos inmigrantes tienen que dormir al raso las noches de invierno de la severa Andalucía interior. Quizás por ahí se encuentre esta persona, aliviada por compartir con los suyos la secuencia de tragedias, que en esas noches el frío es el factor predominante.

Así rememoro el encuentro con este africano entrañable.

sábado, 28 de marzo de 2015

MITOLOGÍAS FERROVIARIAS GRANADINAS: DEL TDR AL AVE




El concepto de élites extractivas formulado por Acemoglu y Robinson, que  definen como colectivos que, desde las posiciones que detentan en el estado, capturan rentas mediante sus decisiones, que se ubican más allá del interés general. En Granada se hace manifiesta la pertinencia de este concepto. En tanto que la administración, las organizaciones de la educación, la sanidad, los servicios sociales y otras del sector público, así como de las empresas, permanecen en un estado de invariable bloqueo crónico, con alguna excepción, las instituciones representativas de todos los niveles, se focalizan en la construcción de infraestructuras, entre las que destaca el ferrocarril, insertado en el imaginario político como mitología sucesiva. Así, la historia de Granada es un tiempo de tránsito entre trenes, que comienzan en los TDR y terminan con ñas mitologías del AVE.

Cuando llegué a esta ciudad en 1988, las extensiones de las élites extractivas, los medios de comunicación locales, desarrollaban una campaña celebrativa en torno a la inauguración de un nuevo tren, el TDR, al que se atribuían propiedades portentosas. Tal ferrocarril iba a determinar que el viaje entre Sevilla y Granada iba a reducir el tiempo del trayecto. Así, aparecían reportajes en los que se presentaban las características técnicas prodigiosas de tal vehículo. Los discursos explotaban en imaginaciones en el camino hacia el éxtasis. El tren representaba la articulación territorial en Andalucía, mediante un eje transversal en la región. Los empresarios,  los altos funcionarios y los emprendedores múltiples harían factible acudir a Sevilla a resolver cuestiones urgentes, de modo que podrían regresar el mismo día. Las estaciones serían testigos mudos de la convergencia diaria de tan productivos sectores. El progreso se encontraba en el horizonte inmediato.

Los dirigentes locales se presentaban en sus extensiones mediáticas comunicando la gran noticia. Recuerdo, en particular, a un profesor de Geografía apenas consumado como tal, que ha devenido en un nómada institucional, desempeñando cargos en todos los niveles hasta hoy mismo. El antaño profesor, compensaba su frustración por la privación de la actividad docente mediante la exhibición de mapas, gráficos y documentos que respaldaban su discurso, que entendía la situación como un salto histórico hacia la prosperidad sin fin. Un periodista local de la época, Antonio Cambril, denominó como “moratanglés”, a las jergas lingüísticas  creadas por las élites extractivas locales, representadas en uno de los alcaldes de la época, Moratalla, que capturaba palabras técnicas de los profesionales, insertándolas en su discurso. El resultado era moderadamente patético. El intercambiador de pasajeros devenía en el centro de un discurso cuyas estructuras tenían como referencia al inefable Cantinflas.

Pero resulta que veintisiete años después, el viaje ferroviario entre Granada y Sevilla, sigue consumiendo casi tres horas y media. Viajar desde Granada a Cádiz o Huelva, es una verdadera aventura, pues los transbordos lo hacen interminable. Entonces, la eficacia es cero. Sí, cero, pues estoy hablando de un intervalo de casi treinta años, y de un resultado de disminución cero. Se puede decir con rigor que la aventura ferroviaria del TDR ha concluido en un resultado fatal.

Pero, el misterio del ferrocarril en Andalucía radica en que tan prodigiosas élites, después de producir un conjunto de imágenes, discursos, signos, ensoñaciones y celebraciones acerca de alguna de las infraestructuras, ferroviarias u otras, cambian de objetivo, abandonándolas para producir una nueva ensoñación imaginaria que polarice la atención de los aturdidos receptores de tales flujos de comunicación. Sí, sin terminar la obra se salta a otra. Así, en Granada, en tanto que persiste la miseria de las comunicaciones transversales, ya se encuentra en escenificación una nueva mitología ferroviaria. Ahora se trata del AVE, del que como es sabido, somos la referencia, junto al poder de nuestros equipos de fútbol.

Sobre el mismo se presentan los nuevos gráficos, fotos, vídeos, composiciones visuales, documentos presupuestarios y demás iconografía. Los partidos discuten acaloradamente acerca de sus resultados, en tanto que las obras se prolongan en varias legislaturas. Las necias discusiones y las argumentaciones de vendedores domésticos de hace cincuenta años alcanzan su apoteosis en los periódicos, las radios y las televisiones. El verdadero motivo de litigio radica en que lo más importante es el protagonismo en la inauguración, porque no siempre quien comienza la obra o la impulsa, la concluye.  La irritación producida porque el adversario sea quien monopolice las imágenes de la inauguración alcanza cotas inimaginables.

Pero el argumento sostenido hasta aquí es inquietante. Las obras no concluyen y son reemplazadas en el sistema de propaganda- comunicación. El caso del atormentado viaje ferroviario entre Sevilla y Granada se hace patente. Pero lo peor estriba en que esas obras conforman un imaginario descentrado que relega el estado de las organizaciones y las empresas. Este se encuentra reemplazado por la magia de las comunicaciones ferroviarias y de otras infraestructuras que lo ocultan. De este modo se produce una imagen invertida de la realidad, que no representa las proporciones entre sus partes. La actividad política deviene en una forma de magia.

Así, el desempleo crónico es situado en los márgenes del imaginario colectivo, sepultado por las mitologías ferroviarias. Menos mal que tanto el gobierno regional, así como las organizaciones patronales y sindicales, se ocupan intensamente de la formación de los desempleados, cuyos fondos deben llegar en algún tren procedente de algún lejano lugar de Europa. Las alegorías ferroviarias resplandecen en la Andalucía contemporánea, representando la sobrevivencia del salto simbólico de la expo del 92. Es el eco ferroviario de aquél acontecimiento.

En la ciudad que habito se suceden huracanes de comunicación y polémicas en torno a la estación del Ave,  también acerca de si será un verdadero Ave completo o a los distintos itinerarios que seguirá. En tanto pasan los años la otra gran cuestión es el Metro. Lo último que he escuchado es acerca de la convergencia de las estaciones de ambos. Es una nueva versión del intercambiador moratanglés. Pero ya han aparecido las primeras voces que reclaman conexiones ferroviarias con Jaén o el puerto de Motril. Los próximos años prometen una excitante actividad imaginaria-ferroviaria.

En tanto que persisten los tiempos interminables en las comunicaciones ferroviarias transversales, así como en otros acontecimientos públicos, los sueños se renuevan y se recomponen. En este campo es la multiplicación quien lo preside. Como no quiero parecer negativo, termino con una propuesta a las élites regionales y locales: Es la posibilidad de construir un tren que atraviese el estrecho y comunique Europa y África. Pienso en los gráficos, las imágenes, las composiciones visuales que puede producir. Eso sería ya una ensoñación continental. Agotaría la comunicación sublime en un tiempo muy dilatado.

Por cierto, veintisiete años después de mi llegada, la estación está igual que entonces, como el tiempo del viaje a Sevilla.

domingo, 22 de marzo de 2015

UN VOTO, UN BESO Y UNA RECOMENDACIÓN

Acabo de votar. No lo hacía desde hace muchos años. Me invade un sentimiento de alivio, en tanto que me encuentro bien por haberlo hecho. Los cálculos de utilidades que han respaldado mi voto no radican en ese imperativo propio de este tiempo neoliberal, que es ganar. No, tengo claro que no me adhiero a una mayoría triunfante que acceda al gobierno para intercambiar favores con aquellos que le han apoyado, tal y como siempre ha ocurrido, tanto en Andalucía como en España. Por el contrario, el sentido de mi voto es el apoyo explícito a un proyecto emergente que ha fracturado el obsoleto sistema político nacido de la transición en un tiempo record.

Por eso en mi memoria late una emoción extraña, como si estuviera viviendo algo naciente, de modo que rompe la fatal secuencia de votaciones de las que he sido testigo en los últimos casi cuarenta años. No puedo evitar establecer una analogía entre estas elecciones y las de junio de 1977. Pero no puedo olvidar que en mi biografía personal hay una constante: siempre que he votado he fracasado. Los destinatarios de mi voto lo han utilizado como fuerza inerte para mejorar sus posiciones de poder. Así he contribuido a la consolidación de una clase dirigente que ha ido recuperando, uno a uno, los atributos de la del franquismo. En particular, el autoritarismo, la insolvencia en sus actuaciones y la ausencia de cualquier inteligencia pública.

 Los últimos días de campaña son ilustrativos. La señora Susana, que prescinde de su propio partido, vacía su discurso; recurre a la magia de los tonos emocionales intensos; convoca a los años venideros como los mejores sin fundarlo en ningún argumento, y, recupera un andalucismo de cartón piedra, donde los atemorizados fieles que la aclaman devienen en la última versión del tópico “mi arma”. No hay propuesta programática alguna, así como la asunción de un diagnóstico en el que desaparecen los problemas crónicos de Andalucía, que en los últimos años devienen en una versión trasatlántica del diagnóstico de Galeano de “las venas abiertas de Andalucía”. El espectáculo sórdido de los besos, los afectos, las imágenes, la infantilización del argumento de la salvadora frente a un malvado externo, Rajoy, que amenaza nuestro bienestar. La campaña confirma que el psoe ha renunciado definitivamente a un electorado que haga de su voto un acto de deliberación interna.

El partido popular no oculta su propuesta electoral, que en síntesis es seguir con la línea que ha conducido al desastre. Se presenta presumiendo de su capacidad de emprender obras múltiples que maquillen las cifras globales. También como partido congruente con el desastre social derivado del naufragio económico asociado a tan fatal modelo. No tiene dudas sobre la dureza de las medidas con los vulnerabilizados. La criminalización de la protesta es su divisa para garantizar el nuevo orden social. Así, los perjudicados por la crisis-reestructuración son denegados en su condición específica, al ser reconvertidos en series de dígitos que ocultan su situación. El síntoma de la decadencia es su propio candidato en Andalucía, una persona sin energía ni fuelle, un señorito, cuyo principal activo es ser heredero, que imita en sus expresiones verbales al cacique político que lo ha situado ahí, como muñeco de guiñol, Javier Arenas.

El caso de izquierda unida compite en patetismo con los anteriores. Un partido acomodado a las instituciones, explícitamente distanciado de las movilizaciones derivadas de la reestructuración, que agota su capacidad de oposición en la producción de eslóganes e imágenes parcos, que no pueden ocultar su distanciamiento de la realidad. En este sentido se trata de un aparato gestor de cargos públicos, que no vive las realidades de sus supuestas bases sociales. Así, su objetivo único es acceder al gobierno. Su papel en este ha sido significativo. Su gestión neoliberal del turismo y de las infraestructuras, sus gestos demagógicos que manipulan la situación de los deshauciados, sus silencios respecto a los recortes de la educación y la sanidad, muy intensos al sur de Despeñaperros. También sus elocuentes ausencias discursivas con los precarizados, los desempleados, los despedidos, los múltiples que trabajan en negro y los que han tenido que marcharse. Todos ellos ausentes en sus valoraciones optimistas de la acción de gobierno cuyo producto son leyes abstractas.

Así, lo que se denomina como izquierda, el complejo formado por el psoe, iu, así como los sindicatos, han generado una definición optimista de la situación en Andalucía, que puede ser sintetizada como “un gobierno progresista del sur”. En esta se pueden identificar los factores que la avalan. Principalmente la red de gobiernos autonómicos y municipales, con sus correspondientes organismos y empresas públicas, así como instituciones financieras, que conforman un entramado organizativo en el que viven y transitan lo que en este blog he denominado como “los señores-compañeros”. En los entresijos y pasarelas entre estas organizaciones habitan tan optimistas y emprendedoras personas.

En contraposición a este optimismo en la definición de la situación de Andalucía, lo mínimo que se puede afirmar es que los últimos treinta años manifiestan la minimización inquietante de los proyectos empresariales; la ineficacia acumulativa de las empresas públicas; los déficits amplificados de la administración pública, así como el declive de la educación, la sanidad y los servicios sociales. El sector público es convertido en un entramado de anclaje de compañeros. De ahí resulta el desempleo sostenido, la emigración de talento, la neutralización de las iniciativas, el desplazamiento de los mejores en todos los ámbitos, el aumento de la vulnerabilidad de grandes áreas territoriales y sectores sociales, el “telón de acero” de acceso al trabajo para los jóvenes, y el incremento de la exclusión social. No hay muchas razones para la satisfacción de Díaz y Valderas, de Rafael Rodríguez y de Luciano Alonso.

En una situación como la que he definido en Andalucía, que se puede caracterizar como bloqueada, lo importante no es tanto proponer un programa de medidas convencional, sino generar un acto de ruptura que haga posible desbloquear la situación y abrir una vía a otro futuro. Esto es lo que representa Podemos. Decir que otro futuro es posible; que sí se puede; que lo principal es recuperar las instituciones secuestradas por los poderes económicos, la clase dirigente beneficiaria de la parálisis, incluidos los señores-compañeros; que todos los intereses tienen que estar representados; que la potencialidad de esta sociedad es su gente, su energía y su inteligencia y a ella se convoca.

No puedo dejar de comentar la violencia mediática que se abate sobre esta morfogénesis política y sus agentes. Desde su aparición y su consolidación, se ha producido un terrible espectáculo de atribuciones, acusaciones, mentiras, interrogatorios, insultos, descalificaciones y expulsiones simbólicas de la comunidad política. Así se pone de manifiesto la naturaleza de la situación de decadencia del régimen. En particular, los periodistas “progresistas” de las televisiones, que han puesto en escena un estilo diferencial con Podemos que alcanza grados verdaderamente insólitos. El espectáculo de periodistas que reivindican su independencia en este caso, que contrasta con la moderación de las críticas con el imponente complejo de la corrupción. Porque ¿ha sido interrogado públicamente Manuel Chaves, Javier Arenas, Blesa, Pepe Blanco, Camps u otros? El caso de profesionales como Fernando Garea o Ana Terradillos ilustra las dependencias respecto a las empresas y el desempeño altamente selectivo de la profesión.

Cargado con mis dudas y preguntas, con las reservas determinadas por algunas valoraciones críticas, inquieto por las experiencias pasadas tan negativas, he votado esta mañana en coherencia con mi visión. También con cierta esperanza de vivir una situación en la que el ejercicio del poder sea diferente, porque estoy dolorosamente harto del modo miserable de gobierno del psoe eterno. Comparto el núcleo del diagnóstico de Podemos. En los dos actos que he asistido, he recordado a tantos estudiantes inteligentes que han pasado por mi clase y han sido deglutidos por la maquinaria de la precariedad, el subempleo o el exilio. Hoy, frente a la urna los he reivindicado y he deseado suerte para todos, incluido yo mismo. Inevitablemente he extrañado a Carmen, que hubiera votado aún   con más esperanza y energía que yo mismo.

Como no olvido quién ha sido quién en los últimos años, así como quién ha promovido este cambio, manifiesto mi agradecimiento. Por eso,  un beso a Teresa Rodríguez y sus compañeros y compañeras. También me permito haceros una recomendación muy importante: El valor de vuestra acción tiene dimensiones que sobrepasan el recuento de votos de esta noche. Porque hay cosas que no se constriñen a las medidas, se encuentran más allá, como vuestra iniciativa que sí que ha podido. Es de tal dimensión, que el sistema ha tenido que improvisar un fantasma que os acompañe para obstaculizar vuestra visibilidad. Le llaman Ciudadanos. Un éxito.


lunes, 16 de marzo de 2015

DERIVAS DIABÉTICAS: DIAS DE GRIPE

Llevo una semana asolado por una impertinente gripe, que castiga mi cuerpo sin piedad alguna. Se ha manifestado en el peor de los momentos posibles, pues me encuentro en una situación de sobrecarga de clases y otras obligaciones. El año pasado se hizo presente levemente, molestándome durante tres o cuatro días. Pero esta semana ha invadido mi persona de forma absoluta. Voy a contar mi vivencia de estos días sufridos de andanzas y desventuras. Mi cuerpo y mi mente todavía se encuentran interferidos por los efectos sucesivos de las medicaciones y las actividades de respuesta a la impetuosa e invasiva gripe.

Como es sabido por las personas que siguen el blog, soy un enfermo diabético. La combinación entre la gripe y la diabetes me selecciona en la amenazadora  etiqueta de población de riesgo. He sufrido ya en alguna ocasión la desestabilización de la glucosa derivada de la fiebre. Pero mi persona reúne varias características que se difuminan en las historias y bases de datos clínicos al uso. Además de diabético dependiente de la insulina, así como de mi edad de sesenta y seis años, soy sobreocupado profesionalmente, y,  además,  ahora vivo sólo. La vivencia de la gripe que voy a narrar es inédita para mí, en tanto que, cuando Carmen se encontraba a mi lado, todo era diferente. Ahora me encuentro con los recursos restringidos, al simultanear la condición de enfermo y acompañante. La ausencia de una cuidadora no profesional cotidiana, crea un vacío insustituible, así como una nostalgia intensa.

Dice la socióloga María Ángeles Durán que una gripe conlleva un número de horas variable, pero considerable, de trabajo de cuidado no profesional. Aquí se encuentra la clave de todo el proceso. Cuando los síntomas comparecen, el tiempo acrecienta su importancia. El primer movimiento es neutralizarlos mediante la medicación, de modo que se puedan preservar las actividades de la vida profesional. Así, cuando la tos persistente, un leve dolor en la garganta y un malestar en la cabeza que te dificulta las actividades, haciéndote sentir espeso, se instalan durante un tiempo, lo primero es responder mediante el Eferalgan. También esperar a la noche para ingerir un Frenadol. Aquí el cálculo es más arriesgado, puesto que sus efectos sobre mi cuerpo son demoledores. Si tengo clase a las nueve de la mañana, no puedo hacerlo pues me genera un estado de dispersión inasumible. La administración de los fármacos está regida por la prioridad de las actividades, sólo realizables en un estado personal aceptable.

La primera noche es un tiempo de cálculo de posibilidades. Se incrementa la autoobservación, se recuerdan las anteriores experiencias y se espera el mejor  desenlace posible, que es que los síntomas se debiliten. Pero los cálculos no remiten sólo al control de la situación, sino a preservar un estado en el que sea factible desempeñar de modo óptimo las actividades profesionales. En mi caso, tanto las clases como las tareas en las que tengo que valorar textos o escribirlos, es fundamental realizarlo en un estado que lo permita. De esta finalidad resulta mi estrategia triple: medicarme para minimizar la gripe, estimularme para la realización del trabajo y recombinarlo con el control de la glucosa, que se desboca en estados de inestabilidad.

El día siguiente abre un tiempo incierto, en el que se va a decantar la dirección del proceso de la enfermedad. Si ocurre, como ha ocurrido en estos días, que se abre un proceso de agravamiento de los síntomas, que mi cuerpo registra mediante desplazamientos del centro de gravedad del catarro desde la garganta a los bronquios, la intensificación de las secreciones de mi nariz, la persistencia amplificada de un estado de bloqueo en mi cabeza y la temible aparición de una sensación de frío que, al avanzar el día se transforma en escalofríos. La proliferación de sensaciones extrañas y contradictorias es inevitable. Cuando aparece la ausencia de apetito y la pérdida del gusto, se consolida la certeza de que el virus ha ganado posiciones y se queda varios días. En estos las diferentes partes de mi aparato respiratorio van a emitir una gama diversificada de sonidos.

Entonces aparecen dos dilemas: Uno es acudir al médico, el otro es pedir una baja laboral. Pero, en una situación de emergencia, aunque todavía bajo control, ambas cuestiones  implican entrar en un estado de dependencia que restringe mi capacidad de respuesta. Tanto el médico como la gestión de la baja son ladrones voraces  de tiempo, tan valioso para mí en una situación adversa. He tenido varias experiencias con Carmen y otras personas de solicitar asistencia domiciliaria. En estas siempre se ha manifestado el carácter compensatorio de esta prestación. El médico o la enfermera pueden retrasarse varias horas y tenerte inmovilizado en la casa en estado de espera. Pero lo peor es que en una situación tan variable los profesionales no son accesibles. Para consultar cualquier cosa nueva  es preciso solicitar una nueva consulta o visita. Esta es la verdadera diferencia entre un profesional y un burócrata.

Un factor fundamental radica en que no me he vacunado. Con mi edad, enfermedad y profesión, eso supone una transgresión considerable para tan protocolizados profesionales. Pero la diferencia esencial radica en que mis definiciones y cálculos, que estoy contando, se fundan en una valoración y priorización de las actividades de mi vida, que pienso que puedo preservar. Esto es incomunicable a un médico cuya referencia se agota en el tratamiento de la enfermedad. Así, su estrategia es inevitablemente  inmovilizarme. En tanto pueda responder físicamente y la deriva del proceso no se agrave,  no dudo en preservar mi autonomía.

Por eso me apresuro para aprovisionarme de comidas adecuadas a mi situación. Así acumulo pescado blanco, queso blanco, jamón york, pechugas de pollo, bolsas de espinacas, caldos bajos en grasas y manzanas Golden, que son las únicas frutas que puedo comer con el gusto alterado. Así puedo afrontar mi estado de excepción patológico preservando mi poder de decisión y en espera de que mi cuerpo se recupere de modo natural.

Los días siguientes son complicados en tanto que cumplo con las actividades profesionales mediante la recombinación de fármacos,  que cobran su precio en la fatiga corporal,  y también psicológicamente en el estado de alarma por la factibilidad de la fiebre que me pueda desestabilizar. Tengo que transitar por las farmacias, en las que me recomiendan jarabes, como el Mucosan, que ayudan a limpiar mis castigados bronquios. También pasar por pequeñas situaciones de humillación, en las que un empleado me trata como si fuera tonto,  al explicarme lo que me gusta llamar como prólogo del tratamiento sin fin. El viernes pasado no pude concluir una de las clases por mi estado mental espeso, derivado de la medicación y el fin de semana lo he pasado entre sudores, toses y escalofríos.

Pero lo peor en una situación en la que intervienen tantos factores es la desestabilización de la glucosa. Sólo he tenido fiebre leve un día. Para prevenir una hiperglucemia aumenté mis dosis de insulina, pero como he reducido considerablemente mi dieta habitual, debido a la alteración del gusto, he tenido dos hipoglucemias sucesivas, de las que me he recuperado muy bien. Me siento muy satisfecho de aprender de mis experiencias y de descifrar las señales que me envía mi cuerpo.

Ahora me encuentro mejor. He dejado los frenadoles y eferalganes pero ayer tuve que tomar dos ibuprofenos porque tenía una contractura leve en el cuello derivado de las posturas de tantas horas de somnolencia este fin de semana. El signo del proceso es de clara recuperación y me reincorporo gradualmente a mi vida bajo control. Espero resolver satisfactoriamente mi situación, aunque con el cuerpo que tengo, tengo dudas de que esta tarde pueda dar la clase. Mañana espero encontrarme en el camino de la normalidad, quedando atrás las distintas sensaciones, dolores, toses, fatigas y hasta temores. Si alguna vez las cosas van mal tendré que llevar mi cuerpo a las urgencias.

domingo, 8 de marzo de 2015

LA EMERGENCIA DE WALDO (Y DE GONZO)



El año pasado comenté la serie británica de televisión Black Mirror. Me fascina el talento con que se narran las historias y la visión crítica respecto al mundo resultante de las nuevas tecnologías. En el mundo en que muevo de las ciencias sociales, así como en el periodismo, apenas existen reflexiones acerca de los efectos de las mismas. La posición dominante es acrítica y celebrativa, de modo que en no pocas ocasiones, los discursos alcanzan  casi el estatuto de delegados de las empresas productoras. Lo nuevo es considerado como positivo sin contrapartida alguna. Así se configura un espacio que se encuentra liberado de la reflexión y la deliberación.

Ahora que empiezan las sucesivas campañas electorales se presenta la sombra de uno de los capítulos de esta serie: El momento Waldo. En el mismo, el director Charlie Brooker, muestra las conexiones entre el mundo de la política con las televisiones y las redes sociales. Estos mundos aparecen como entornos vivos de varios personajes individuales, de modo que se hace inteligible el conjunto en movimiento. Así, muestra una visión extraordinariamente densa de la política, de sus públicos, de sus terminales mediáticas y de sus protagonistas.

Waldo es un muñeco creado en un programa satírico de televisión, que termina por crear un guion que conecta con el público, compareciendo en la campaña electoral y el ámbito político. El muñeco deviene en un espectro que desplaza a los de los actores. No puedo evitar establecer una analogía con “el intermedio”. En los días pasados, uno de los talentosos periodistas del programa, Gonzo,  fue a Córdoba acompañado por un actor que simulaba ser el candidato del pepé en estas elecciones Juanma Moreno. El resultado fue insólito porque el actor representaba el discurso político mejor que el mismo candidato. El vaciamiento del mismo y su repetición ritual, estaban mejor representados en sus tonos e ironías que en el del verdadero. Fue fantástico.

Pero el punto fuerte de Black Mirror son las personas que intervienen. Como vivo en el mundo inmediatamente anterior, la serie me proporciona la posibilidad de comprender las nuevas vidas y sus actores. En este capítulo, me ha impresionado el ocupante de Waldo y la candidata, en tanto que se corresponden con algunos de los jóvenes que me rodean, pero que son habitantes del mundo siguiente, que yo sólo puedo entender con mucho esfuerzo, pero no vivir. Inevitablemente he pensado en la precariedad.

Después de ver de nuevo el capítulo, he entendido muchas más cosas y me ha divertido establecer nuevas analogías. Ahora comprendo algunas cuestiones que me eran difíciles de comprender en los espectros de las encuestas. Mi propuesta es que la versión actual de Waldo es Ciudadanos. Me esfuerzo por buscar a sus candidatos y establecer vínculos con los personajes de la peli. Había escrito algunas cosas al respecto, pero prefiero dejarlo abierto por si alguien quiere comentar y compartir las suyas. Recomiendo vivamente ver el video. Es muy sugerente y adecuado al tiempo electoral inmediato.







jueves, 5 de marzo de 2015

LA BATALLA DE LOS CULOS

La convocatoria de las elecciones municipales, en las que el desgaste del pp y el psoe ha generado un espacio electoral vacío y disponible, ha devenido en un espectáculo insólito, en el que contrasta la ausencia de proyectos e ideas, frente a la prodigiosa multiplicación de iniciativas, movimientos, plataformas y otras formas de acceder a los ayuntamientos, por parte de distintos aspirantes. Estos proceden principalmente de los excedentes militantes que los aparatos de la izquierda política y sindical han desplazado al exterior en los años de bonanza económica y progresiva decrepitud política. Así, los excedentes de las sucesivas limpiezas acaecidas en el tiempo del postfranquismo, se acumulan en los espacios locales.  Ahora comparecen en el nivel local acudiendo a la llamada de las sillas vacantes en las corporaciones municipales.

Denomino como batalla de los culos a este acontecimiento, puesto que contrasta la clamorosa ausencia de proyectos e ideas, con la multiplicación de actividades e iniciativas para constituirse en una lista cuyos cabezas terminarán asentando sus traseros en las deterioradas instituciones locales. La excepción de Guayem en Barcelona, que se puede definir como un acontecimiento singular, en el que concurren activistas de movimientos sociales vivos con independientes, elaborando un proyecto que es algo más que una coalición electoral. La gran mayoría de los proyectos que inspira, se fundan en la ingeniería de la confección de las listas, que se acomplementa con una miseria de ideas pavorosa, que acompaña a los desplazados por los aparatos de la izquierda en los años felices del bienestar. La subordinación de las cabezas a los culos constituye el núcleo central de este episodio.

Lo peor de estas experiencias radica en que su propuesta principal es la realización de elecciones primarias como método consensuado para confeccionar las listas. En un medio caracterizado por la indigencia de pensamiento, que alcanza en la España postfranquista su máximo nivel, las primarias devienen en una proliferación de intrigas y conflictos entre clanes, estimulados por colocar sus traseros en las generosas instituciones locales. El resultado es que tras la celebración de las primarias, los ganadores son cuestionados y acosados sin piedad alguna.  Si fuera menester asignar un premio, no me cabe duda de que Tania Sánchez triunfaría en esta contienda. En unos meses ha protagonizado una verdadera carrera fantástica por varios mundos, para terminar en una situación cuya única alternativa es ser de nuevo candidata a otras primarias. Me temo que en su interior tendrá la duda creciente de si es mejor ganar o perder.

Los largos años transcurridos entre las primeras elecciones municipales del postfranquismo, entre 1979 y el presente, han deteriorado intensamente a los ayuntamientos como institución. Los sucesivos gobiernos municipales, con algunas excepciones, han construido una red de dependencias entre los decisores y gestores de los presupuestos y los distintos intereses y grupos locales. Así se han ido acumulando agraviados y desplazados al exterior de las decisiones. El fin de la burbuja inmobiliaria ha magnificado el deterioro de los servicios municipales, de modo que se incrementa el volumen de sectores sociales no representados. Esta convergencia de las distintas clases de denegados ha creado un vacío inmenso. Una de las señales de este vacío es el declive de los partidos convencionales y la aparición de expectativas para nuevos partidos.

La detección de este nuevo espacio moviliza a los múltiples aspirantes a desempeñar esta representación. La constitución de nuevas propuestas, plataformas, convergencias y disensiones se hace patente. Pero la gran actividad en la búsqueda de las plazas libres en las corporaciones, no se acompaña de una efervescencia de las valoraciones, las reflexiones   y  las propuestas.  El contenido de los discursos de los buscadores de posaderas es gris, de baja intensidad, aludiendo a la inmensa corrupción asociada al estado de obras, que han protagonizado los partidos con mayorías municipales, así como a la ausencia absoluta de mecanismos de participación. Estas verdades del barquero son expuestas en tonos grises oscuros, de forma que se asemejan a las plegarias de las oraciones que se rezan colectivamente en tonos monocordes.

Absorbidos por la batalla de los culos, los aspirantes a asentar sus posaderas no hacen oposición alguna, que es la única forma de convocar a los sectores sociales perjudicados por la gestión municipal asociada al estado de obras. No aparece ningún proyecto vivo que pueda generar atracción, sino un conjunto de estereotipos que se recomponen en lo que en ese mundo cerrado y autorreferencial, imperante en los ámbitos donde tiene lugar la batalla de los culos, se denomina como programa. Ahora no se trata de hacer un programa convencional, sino de la recuperación de la institución. Eso sólo puede comenzar con la conquista de un espacio público desde el que se convoque a llenar el vacío y regenerar la institución. La única alternativa es una morfogénesis, que supone una irrupción en un espacio público. Así ha sucedido en el caso de Podemos en el nivel estatal. No podía ser de otra manera.

Sin embargo, los aspirantes a las plazas de concejales disponibles se congregan en asambleas cerradas de casi imposible acceso. Eso no es un espacio público. Conozco en Granada algunos jóvenes participantes en el 15 M que se han sentido decepcionados al hacerse presentes en esas asambleas blindadas, en las que distintos clanes hacen cálculos acerca de las sillas disponibles y consumen su energía en las estrategias de confrontación interna para conseguirlas. El proyecto o las ideas se encuentran en estado de hibernación, manifestándose en tópicos, frases hechas, estereotipos y otros gritos de rigor vaciados de significado.

Así, cuando los buscadores de sillones convocan a su exterior, lo hacen en unos códigos que hacen imposible constituirse en una alternativa que pueda crecer. Hace unas semanas me pidieron una firma para mediar en un conflicto interno de una plataforma local, con el objetivo de que hubiera una sola lista. Contesté diciendo que no soy un cuerpo inerte, movilizable sin condiciones por efecto de una ideología. Sólo puedo responder a un proyecto vivo que irrumpa y convoque para recuperar la institución. Pero estas plataformas no convocan para enfrentar a ese vacío institucional, sino para conseguir una mayor representación en la institución tal y como es y está ahora. De este modo se configuran barreras de acceso infranqueables para aquellos que no hayan estado presentes en los mundos de los contendientes.

Lo más patético de estas plataformas cerradas y autorreferenciales, es que congregan a miembros de los aparatos políticos y sindicales y a algunas de sus víctimas. Las rencillas subyacentes alcanzan inevitablemente su máximo esplendor. Esta noche he soñado que, en las enésimas primarias en Madrid, Tania y Gordo terminaban configurando una pareja de hecho…..para renovar Madrid. Creo que estamos asistiendo a un verdadero desastre democrático, homologable a otros acaecidos después del franquismo.

Mientras tanto, asentados sobre el espectro de las encuestas, los temerosos partidos convencionales resisten mediante la cooptación de intelectuales de guardia. La comparecencia del exministro filósofo citando a Kant en un acto partidario, genera la esperanza en las atemorizadas bases, al tiempo que el temor de algunos de los sobrevivientes de la modernidad. Lo mismo García Montero, que se configura como un salvador bíblico del inminente naufragio. El milagro sólo puede venir de los medios. En consecuencia, es preciso improvisar iconos que contrarresten al de Pablo Iglesias. En ausencia de proyecto, ambos intelectuales aportan su propio espectro mediático.

Espero que los partidos convencionales sean agradecidos con estas plataformas, pues van a permitirles resistir la situación, neutralizar el cambio y reafirmar que cualquier alternativa es inviable. Eso sí, van a cambiar las proporciones de pompis en los ayuntamientos. Pero la comparecencia de nalgas nuevas no va a afectar a las lógicas e inteligencias de los desgastados consistorios, ni de los sectores sociales no representados por tan deterioradas  instituciones.