Presentación

PRESENTACIÓN

Tránsitos Intrusos se propone compartir una mirada que tiene la pretensión de traspasar las barreras que las instituciones, las organizaciones, los poderes y las personas constituyen para conservar su estatuto de invisibilidad, así como los sistemas conceptuales convencionales que dificultan la comprensión de la diversidad, l a complejidad y las transformaciones propias de las sociedades actuales.
En un tiempo en el que predomina la desestructuración, en el que coexisten distintos mundos sociales nacientes y declinantes, así como varios procesos de estructuración de distinto signo, este blog se entiende como un ámbito de reflexión sobre las sociedades del presente y su intersección con mi propia vida personal.
Los tránsitos entre las distintas realidades tienen la pretensión de constituir miradas intrusas que permitan el acceso a las dimensiones ocultas e invisibilizadas, para ser expuestas en el nuevo espacio desterritorializado que representa internet, definido como el sexto continente superpuesto a los convencionales.

Foto Juan irigoyen

Juan Irigoyen es hijo de Pedro y María Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante político en los años de la transición, sociólogo profesional en los años ochenta y profesor de Sociología en la Universidad de Granada desde 1990.

domingo, 24 de febrero de 2013

LA GUERRA DE LA LIMPIEZA

MIRADAS INCISIVAS

Uno de los acontecimientos que mejor ilustra el tránsito a la sociedad neoliberal avanzada, es la guerra de la limpieza. Esta es el resultado de la reconversión de las empresas municipales de limpieza. Los conflictos que suscita son muy opacos, en tanto que expresan algunos de los elementos de esta transición muda, en tanto que el discurso con el que se presenta oculta sus objetivos verdaderos. Se trata de un ejemplo de regresión social, tan característico del tiempo presente.

En los años transcurridos desde la transición concurren dos milagros económicos que generan sinergias prodigiosas entre los mismos. Se trata del milagro del incremento exponencial del precio del suelo y del advenimiento de los fondos europeos que provienen de los cielos de más allá de los Pirineos. Los ayuntamientos de todos los colores, se afanan en multiplicar los panes y los peces, ahora entendidos como infraestructuras. En este nuevo contexto, los novísimos ricos expanden intensamente las empresas y los servicios municipales. En esta situación, crecen en progresión geométrica las austeras, hasta entonces, empresas municipales de limpieza.

En esta devenida situación de la explosión del cemento y los edificios múltiples, se produce el crecimiento de las plantillas y los salarios de dichas empresas. Este es un fenómeno que presenta una marcada desincronización con la reconversión industrial postfordista de la industria, impulsada desde la primera generación de gestores, conservadores y progresistas, que perciben su misión de racionalización y bienestar generalizado, en términos de epopeya modernizadora. Los políticos, devenidos en gestores, imaginan el advenimiento inmediato de lo que denominan la sociedad de la información, que se entiende como progreso lineal, desde el que es necesario eliminar los vestigios del pasado. Desde este imaginario se procede a asaltar las empresas fondistas sobrevivientes a la transición política.

Mientras que, como efecto del copioso maná procedente del suelo y del cielo de los misteriosos nortes, se expanden las empresas municipales de limpieza, para acompañar a las circunvalaciones, estaciones, aeropuertos y edificios, que suelen tener la denominación de palacios de, el conjunto del sector industrial intensifica su reconversión, que se desarrolla en una dirección contraria a tan portentosa modernización. Pero los modernos gestores municipales contribuyen a la configuración de grandes plantillas, con una relevante presencia de los sindicatos y de una negociación colectiva que mejora los salarios y las condiciones de trabajo, en un proceso asimétrico al experimentado por los trabajadores expulsados de las grandes industrias por las reconversiones, que se acomodan en la norma del nuevo empleo postfordista de salarios, condiciones de trabajo y procedimientos de acceso muy duros.

El final de la era de los milagros españoles, produce un contexto de amenaza explícita para los intereses de estos trabajadores municipales sobrevivientes del fordismo tardío. Las empresas de limpieza municipal han ido incorporando los últimos diez años, bajo el paraguas de la expansión, distintos elementos de la empresa postfordista, como tecnologías, máquinas, planes estratégicos, marketing, elementos simbólicos e ingenierías de negociación y gestión de recursos humanos, así como los imaginarios de la calidad y excelencia. Al amparo de esta reconversión postfordista, aterriza una nueva clase de gerentes y directivos forjados en los saberes y los métodos propios de la world business class, y portadores de las nuevas ideologías gerencialistas. Además, pagados con respecto a ese rango y a su misión providencial, que se expresa en el lema “sostenible”. Se trata de la élite predestinada que impulsa los cambios necesarios para hacer “sostenibles” estas empresas.

En los últimos años, los convenios colectivos han registrado las tensiones del crecimiento de este antagonismo en esas empresas. Pero es la crisis actual, la oportunidad para el asalto a estos bastiones fondistas tardíos. El elemento central de todas las economías postfordistas y de todos los capitalismos del siglo XXI son los salarios bajos. Esta es la gran verdad semioculta de la época. La estrategia seguida desde el comienzo de la transición política, cuyo emblema en España fue el conflicto de Sagunto a comienzos de los años ochenta, es que una vez conseguida la implantación de bajos salarios y duras condiciones de trabajo en un sector, se requiere a los demás a homologarse a los mismos esgrimiendo el principio de igualdad.

Los trabajadores de las empresas de limpieza municipal mantienen la negociación colectiva, unos salarios y unas condiciones de trabajo relativamente aceptables en términos de los requerimientos de sus puestos de trabajo, así como días libres, bajas laborales y otros elementos propios del fordismo. Son los que limpian el suelo sobre el que se ha fundado el prodigio español, los testigos nocturnos del esplendor de la sociedad de consumo a la española, mediante tan singular producción de basura. Su situación relativamente privilegiada con respecto a grandes sectores de mano de obra reconvertida o de ingreso reciente en el mercado de trabajo, es utilizado para marcarlos y conformarlos como un blanco mediático y laboral que es preciso reconvertir a los parámetros imperantes en la masa laboral postfordista, disciplinada mediante los contratos líquidos, con la consiguiente precariedad, y la evaluación permanente de sus competencias.

Los trabajadores de estas empresas municipales son sometidos a la descalificación pública, no sólo en tanto que detentan unas condiciones de trabajo más aceptables, sino por algunos rasgos inherentes a su misma función. El capitalismo postfordista utiliza un mecanismo de domesticación consistente en la definición permanente de las competencias y la inevitable evaluación que la acompaña. La multiplicación de pruebas y controles, que sirve al desarrollo de una carrera laboral definida en torno al éxito y su revalidación permanente, tiene una pretensión de subjetivación, que termina constituyendo unas subjetividades disciplinadas. Estos trabajadores municipales son difícilmente encuadrables en estos esquemas.

Pero, otro elemento subyacente en la descalificación pública de los trabajadores de la limpieza, es que su trabajo individualizado y realizado en la calle, siempre conserva un margen de invisibilidad por parte de la dirección. No son homologables a la cadena del taylorismo ni a los despiadados talleres de la economía informal postfordistas, en donde se trabaja en una sala con un ritmo intenso, normas estrictas y bajo vigilancia visual. Este factor suscita sentimientos de rechazo y revancha, siendo señalados como privilegiados en relación con numerosos contingentes de trabajadores precarizados.

La percepción de sus condiciones laborales favorables, en relación con sus competencias, se refuerza por un precepto fundamental de la narrativa neoliberal. Esta supone que cada persona alcanza una posición social según sus capacidades y esfuerzo. De este modo procede a abolir los condicionamientos sociales y condena simbólicamente a quienes no han alcanzado un nivel laboral considerable. Estos trabajadores son responsabilizados por su baja cualificación y porque sus condiciones laborales exceden a su situación. Este fantasma ideológico se encuentra latente en la mesa de negociación, en las autoridades laborales y en los flujos mediáticos que se ocupan de estos conflictos laborales.

En la ciudad que habito, los trabajadores de la empresa municipal de limpieza, en los años de la transición política y la transición postfordista y neoliberal, han sido el componente principal de las economías familiares, prósperas en relación a su pasado. Estas economías familiares mixtas, se complementan con otros ingresos procedentes de sectores de servicios o de la economía informal. En este tiempo, han comprado su vivienda o se la han construido; han transitado los fines de semana por los pasillos de los supermercados, repletos de productos asombrosos; han formado parte de la gran motorización que les ha conferido el pasaporte para presentarse en sus pueblos de origen con un estatus de honorabilidad; han descubierto las vacaciones y transitado a la playa en los calurosos meses de verano.

Al mismo tiempo, han compartido las horas de tiempo libre en las barbacoas con sus familiares y amigos, celebrando su incorporación a la sociedad de la abundancia. Han sido protagonistas y testigos de hospitalizaciones e intervenciones quirúrgicas a ellos mismos o sus mayores y se han forjado como usuarios en los centros de salud, donde se han sentido consumidores. También sus hijos han estudiado y no pocos han alimentado su sueño de que estos fueran más allá que ellos mismos, como ha sucedido con respecto a sus padres. Son personas que han experimentado estos años como un tiempo de progreso y de cierta igualación social, superando el oscuro pasado de la inmovilidad social del franquismo.

Estos trabajadores son víctimas del imaginario del progreso, tanto de la alegre transición política como de la opaca transición laboral y social. Las políticas de austeridad suponen la construcción de la amenaza latente que genera miedo. Sus economías familiares mixtas han perdido componentes de entradas, en tanto que los procedentes de la economía informal se han minimizado, y también las salidas han crecido, en tanto que algunos gastos en medicinas y otros sectores se han incrementado. Pero lo peor es el miedo al preguntarse porqué el tiempo vivido de mejora social y personal durante tantos años, que ha alimentado el optimismo en el futuro, es relevado por las amenazas del desempleo, la precariedad y los salarios bajos. Además comparece el espectro de la culpabilización emitido desde las instancias rectoras de la gran reconversión neoliberal.

La estrategia seguida en estos conflictos es la expresión de un tipo convencional de violencia simbólica muy considerable. De ahí que su producto sea la creación de miedo e inseguridad. Por eso los ingresos de los directivos exceden los cien mil euros al año. Pero este trabajo de penalizar a trabajadores y producir y gestionar el miedo, además de ejecutar un guión de conflicto cuya esencia es romper la homogeneidad derivada de los contratos fijos, mediante la introducción de varias categorías de trabajadores precarios, es considerablemente menos digno que el de los trabajadores que limpian y retiran la basura producida por los vecinos. La guerra de limpieza es la producción de una clase de basura gerencial, consistente en penalizar a los trabajadores ejecutando una regresión social, cuyo sentido es ejemplarizar a los demás. Eso sí que huele mal.

miércoles, 20 de febrero de 2013

LA CRISIS Y LA REESTRUCTURACIÓN

MIRADAS INCISIVAS

SOBRE LOS TRÁNSITOS HACIA LAS SOCIEDADES NEOLIBERALES AVANZADAS

En las actuales sociedades postmediáticas, los acontecimientos se producen vertiginosamente, desbordando cualquier esquema personal de referencia. El resultado es un estado de saturación mental, que dificulta la comprensión del devenir de los macroprocesos sociales, estructurales e históricos fundamentales. La construcción mediática de la realidad, fundada en torno a la fabricación y destrucción inmediata de la actualidad, mediante la transformación acelerada de los contenidos, desbarata cualquier estructura cognitiva individual. La consecuencia principal de esta situación es la pérdida de la perspectiva general, así como la incapacidad de establecer un vínculo entre lo vivido personalmente y lo social global. La figura del náufrago, es la más adecuada para designar la situación de la mayoría de las personas, que viven en el vértigo de la sucesión de acontecimientos, careciendo de un sistema que los estructure.

En estas condiciones de saturación, se produce una difuminación de los puntos de referencia imprescindibles para comprender el devenir de la sociedad. Sobre estas cartas de navegación caducadas se acepta que la vigente crisis económica detenta un estatuto de centralidad, subordinando a la misma todos los eventos sociales. De este enfoque, resulta un discurso que propone medidas excepcionales para superar dicha crisis. La premisa principal de este, radica en la consideración de que la salida de la crisis significa la vuelta al crecimiento de la economía y la creación de empleo. Se presupone que esto implica el regreso a la situación anterior a tal crisis. Así se oculta una cuestión fundamental, que las reformas que se ejecutan en el curso de la crisis, habían sido propuestas y ensayadas muchos años antes de la misma.

El proceso sociohistórico y estructural que se encuentra en curso, es el de la disolución lenta del las sociedades fondistas-keynesianas y la transformación de éstas en la dirección de una sociedad neoliberal avanzada. La crisis tecnológica y organizativa de los años setenta, que genera el desplome del sistema productivo industrial, se resuelve mediante la emergencia de un nuevo sistema tecnológico y organizativo que se especifica en una reindustrialización que transforma las bases materiales sobre las que se ha producido el capitalismo de rostro humano, característico del período que algunos sociólogos franceses denominan “los treinta años gloriosos”.

Esta mutación tan profunda del sistema productivo trastoca todos los equilibrios sobre los que se ha fundado el orden social fordista-keynesiano. El nuevo sistema productivo, articulado con la globalización neoliberal, constituye el núcleo desde el que se impulsa una gran reestructuración de todas las estructuras e instituciones. Así se configura la magna reestructuración neoliberal, que propugna un orden social radicalmente nuevo. En este proceso de reestructuración, la crisis económica significa una oportunidad para el proyecto neoliberal. Las reformas propugnadas y ejecutadas suponen una aceleración e intensificación de los procesos de reconfiguración de todos los órdenes institucionales, para aproximarse a la meta de una sociedad neoliberal avanzada donde impere el mercado sin contrapeso alguno.

Una sociedad neoliberal avanzada se define por la centralidad absoluta del mercado, y, por consiguiente, la restructuración del estado, que es desplazado en este orden social emergente. Por un lado transfiere funciones a las empresas e iniciativa privada, pero incluso la administración y su constelación de organizaciones públicas, son remodeladas para ser adaptadas al tipo organizativo postburocrático característico de la nueva empresa emergente.

Pero los cambios más trascendentes, por sus efectos demoledores, radican en la emergencia de las nuevas instituciones que crecen con la nueva empresa postfordista y que desempeñan el gobierno molecular de las organizaciones, moldeando severamente a los individuos. Se trata de la gestión, la evaluación, de los saberes y métodos de la gestión de los recursos humanos, el marketing y la publicidad. La desestabilización del mercado de trabajo y la desregulación de las relaciones laborales constituyen un elemento esencial que acompaña este proceso. Del mismo resulta una precarización intensiva, que transforma los equilibrios entre el capital y trabajo en las empresas y constituye las bases de la expansión de la vulnerabilidad y la fragilidad. La precarización está en su infancia. Todavía no tenemos constancia de la situación de una generación de trabajadores precarios en la última etapa de su vida laboral.

La sociedad neoliberal avanzada genera un orden político muy diferente al conocido en las sociedades fondistas-keynesianas. Las reformas modifican radicalmente los actores, el sistema de producción de bases del poder y de las relaciones. La vieja (actual) clase política, cuyo poder se funda en el peso del sector público y el sistema de partidos, que le confiere unas bases clientelares sobre las que asienta su poder efectivo, tiende a ser desplazada por los gestores privados beneficiarios de los contratos mediante los que se regulan los servicios producidos, en el proyecto neoliberal financiados, por el estado. La clase política es subordinada a los directivos empresariales, expertos en gestión, financieros y tecnócratas, reconfigurando la clase dirigente drásticamente. Algunas de las imágenes producidas en estos meses en Madrid y Valencia, ilustran la intensificación de la puerta giratoria, que significa el ascenso de las nuevas élites.

De la convergencia de todos los aspectos reseñados hasta aquí, se puede concluir que la estructura social de las sociedades en tránsito hacia el modelo neoliberal, es muy diferente a las que la ha antecedido. Las posiciones sociales, ahora inestables, las instituciones que la regulan, la naturaleza de los poderes dominantes y las racionalidades imperantes son radicalmente nuevas. La anunciada “salida de la crisis” mediante el regreso del crecimiento económico y la creación de empleo, no significa lo mismo que antes de la tal crisis. Esta oculta el movimiento del proceso histórico singular de transición hacia una sociedad neoliberal avanzada, caracterizada por una estratificación social dual estricta, constituyendo barreras infranqueables para muchos sectores sociales. Se trata de un movimiento de corrección de la relativa movilidad social del fordismo-keynesianismo.

Pero el avance de estas reformas en la dirección de la sociedad neoliberal avanzada, es facilitado por la superioridad cognitiva del neoliberalismo. Sus preceptos, cogniciones y representaciones detentan una hegemonía social incuestionable. El conjunto de partidos, organizaciones e instituciones que conforman el complejo neoliberal, actúan proactivamente a favor de un proyecto. Para su consecución movilizan lo que Bourdieu define como sus capitales, no sólo económicos, sino políticos, culturales o simbólicos. Por el contrario, las resistencias a esta reestructuración, se encuentran a la defensiva, dispersas en distintas mareas y malestares de sectores penalizados, que, no pocas veces, carecen de cauce de expresión. Las protestas generalizadas, sin el horizonte de una propuesta alternativa al neoliberalismo, capaz de producir sinergias y la convergencia de las respuestas de los afectados por la reestructuración, tienden a estancarse en un conflicto sórdido.

Parece imprescindible la necesidad de generar  un capital cognitivo y político articulado en torno a una propuesta que esté a la altura de las condiciones sociohistóricas y sus requerimientos. No se trata sólo de conservar las ventajas del capitalismo de los treinta gloriosos, sino de proponer una alternativa a la sociedad neoliberal avanzada, que se funde en nuevos sentidos alternativos. La aceptación de que la crisis constituye el centro del presente, ignorando el proceso de avance a la sociedad neoliberal avanzada, constituye un handicap político fundamental que minimiza y dispersa las resistencias.

Este es el sentido de estas miradas incisivas, que se proponen mostrar algunas realidades ocultas a las miradas “crisiscentristas”. Asimismo, expresar el compromiso con los perdedores de la reestructuración, que son los sectores resultantes de la descomposición industrial, los ex-obreros y empleados de servicios; las distintas clases de mayores frágiles; los inmigrantes que forman parte del nuevo ejército de reserva que circula por el espacio-mundo productivo; los contingentes vulnerables efecto de la gran precarización; los jóvenes congelados en espera; las mujeres atrapadas en las encrucijadas de la reestructuración; los trabajadores cognitivos regulados por la concurrencia de la evaluación y la excelencia; y otros sectores que conforman lo que un periodista madrileño denominó lúcidamente como la chusma apaleable. El peligro en la transición a la sociedad neoliberal es la producción de numerosas categorías de población no necesarias para el funcionamiento de la nueva economía postfordista.

Miradas incisivas sobre estos tránsitos para aportar una unidad cognitiva minúscula, que sume y contribuya a conformar el capital cognitivo necesario para fortalecer las resistencias generando horizontes alternativos. Es una crisis, es una estafa, pero sobre todo, es una reestructuración de todo el sistema.

martes, 12 de febrero de 2013

ENTRE LOS GRANAÍNOS Y LOS NÓMADAS

Granada es la ciudad que habito, un lugar donde impera la paradoja. Se trata de una ciudad en la que coexisten distintos tipos de nomadismos, uno de los rasgos más característicos de esta época, y los granaínos, un tipo humano que se define justamente por lo contrario que sus diferentes y eventuales visitantes. La imagen que tiene Granada es contrapuesta a lo que realmente es como ciudad vivida. La paradoja estriba en que su buena imagen, deriva de la experiencia de los que la visitan esporádicamente o estudian aquí durante un tiempo, diseminándose posteriormente por múltiples destinos.

Soy una de esas personas privilegiadas que voy a mi trabajo caminando. En un paseo de treinta y cinco minutos atravieso varias ciudades vividas completamente diferentes. Si algo define Granada es la distancia cosmológica entre las distintas especies que la pueblan. Los nativos arraigados, tan distantes con los forasteros, viven sus ciclos temporales de modo tradicional: la larga espera hasta la Semana Santa; la primavera esplendorosa, que concluye en las fiestas del Corpus; la fuga veraniega a las piscinas-barbacoas de las urbanizaciones y a las aglomeraciones de la costa; la fiesta de la Virgen de las Angustias, el último domingo de septiembre, que anuncia el invierno encerrado, donde la vida se desplaza a la sierra. La Granada tradicional alberga también varios mundos muy heterogéneos. Junto a los granaínos integrados de las clases medias, los trabajadores y empleados, existen comunidades definidas por procesos de marginación que tienen sus raíces en diferentes pasados. Distintas poblaciones en la zona norte o mayores residentes en el centro de la ciudad, severamente expulsados por la gentrificación a la granaína, que acompaña a la grandeur de los años ochenta.

Junto a los granaínos de código genético, las otras ciudades resultan de distintas diásporas y migraciones. Los residentes procedentes de otros lugares de España, atraídos por la expansión del empleo estatal desde los años setenta, que se encuentran con distintos grados de integración. Los estudiantes universitarios foráneos, ampliados en los últimos años por la explosión de los terceros ciclos y los programas de intercambios múltiples, del que el erasmus constituye el contingente principal. Todos estos nutridos grupos resultan de la contracción del mercado laboral y la larga espera para la integración en el mismo. Otros nomadismos que aportan grupos consistentes son los de los escasos inmigrantes que se arraigan, así como gentes relacionadas con actividades artesanales o artísticas informales, también los prófugos del norte industrial duro que encuentran en el clima, el ritmo pausado de la ciudad y su sistema cultural menos rígido, un lugar más confortable. Además los árabes, que conforman una sociedad silenciosa, así como los distintos inmigrantes presentes en la ciudad que nutren distintos mundos que se diferencian por su procedencia. Por último los turistas que transitan la ciudad consolidándola como destino turístico privilegiado.

Cuando salgo de mi facultad frente al monasterio de San Jerónimo, en el centro, me encuentro con la ciudad estudiantil. Numerosos estudiantes se desplazan entre los edificios del campus del Centro y el de Fuente Nueva, acudiendo a sus rutinas académicas y en espera de las noches de marcha en los que la fiesta los reconstituye como grupo social que marca sus fronteras. Los peatones universitarios que circulamos por la calle de mi facultad, somos escoltados por los automóviles procedentes de las urbanizaciones de la periferia, el área metropolitana, como es designada por las élites oficiales beneficiarias del proceso de expansión de las ciudades dormitorio desde los años ochenta, con la explosión del empleo estatal y la construcción compulsiva de viviendas, infraestructuras y edificios oficiales. Los motorizados entran por esta calle hacia el centro, desde donde se bifurcan en busca de las ciudades administrativas y comerciales.

Al llegar a la calle San Juan de Dios, aparece la primera frontera urbana severa. Allí se muestra con toda la intensidad una ciudad marginal, que representa los efectos de la desregulación posfordista así como las huidas de lo que Goodman denomina “la gran organización”. Muchos de los expulsados de actividades económicas tradicionales en crisis, junto a jóvenes desarraigados por la contracción del mercado de trabajo, e inmigrantes sin fortuna y nómadas fugados de la naciente sociedad de control europea, conforman un conglomerado marginalizado que se hace presente en las calles rehabilitadas de la ciudad renacentista. Los centros religiosos y sociales que sirven comidas gratuitas, las oenegés que sirven bocadillos episódicamente o los servicios sociales o de salud que atienden a poblaciones con carencias, atraen una población marginal considerable. Al caer la noche se incrementan las imágenes de este pueblo múltiple y segregado.

Siguiendo la calle San Jerónimo hasta la Plaza de la Universidad, aparece la ciudad de otros nómadas: los estudiantes erasmus. En sucesivas terrazas, bares, comercios no convencionales y tiendas de comida rápida abiertas a los sabores del mundo, se agrupan centenares de estudiantes erasmus que transitan y aprovechan incluso el menguado sol de invierno, en espera de las noches de los jueves, que simbolizan su experiencia anhelada del misterioso sur. Esta es la comunidad erasmus, regida por la lógica de intercambios amistosos entre sus distintos componentes de distintos orígenes nacionales, pero muy distanciada de los estudiantes locales.

La Plaza de la Trinidad es la última frontera entre la ciudad-erasmus y la calle Mesones, donde se ubica la zona comercial donde hace las compras la clase media granadina. Recuerdo cuando llegué a Granada en el año 1988 los comercios granaínos de la calle Alhóndiga y sus alrededores. Todos han sido barridos por el tsunami unificador del mercado, mediante la multiplicación de las franquicias. La calle Mesones, al igual que Reyes Católicos o Recogidas, muestra una de las contradicciones propias del presente, la centralidad de los jóvenes en el consumo, que coexiste con su desplazamiento del mercado laboral. En Puerta Real aparecen revueltas todas las ciudades. Los desembarcados de los pueblos de la provincia para hacer gestiones y compras y los turistas.

La ciudad comercial registra la presencia de los desequilibrios del sistema-mundo. La comparecencia del top manta y la intervención policial que suscita, es recurrente. Los africanos constituyen una comunidad muy relevante en Granada. Contrasta su cohesión, solidaridad, educación, y aspiración a integrarse, con las escasas posibilidades que ofrece un mercado de trabajo y unas instituciones tan raquíticas, como las granadinas. Es sorprendente la aparición del top manta en espacios y tiempos que desbordan los dispositivos de vigilancia de la policía local. Las noches de verano el top manta adquiere todo su esplendor en el centro. Una de las vivencias más duras de este trayecto es ser testigo de la persecución de los manteros, asistiendo así a un sórdido episodio poscolonial.

Cuando abandono Puerta Real hacia el puente blanco, van creciendo los contingentes de turistas. El turismo ha experimentado una metamorfosis de gran alcance. El resultado es la aparición de un tipo de desplazamiento en grupo y programado rigurosamente, con sus actividades secuenciales y rígidamente cronometradas, destinado a lugares que han sido visualizados con anterioridad al desplazamiento. Me impresiona mucho ver los grupos de turistas marcados por etiquetas y conducidos por un guía-pastor que va mostrando el camino. En este blog será uno de los temas que más reflexiones suscite. El puente blanco es el punto de anclaje donde son desembarcados los grupos, que inician su camino hacia la catedral, para cumplir la jornada programada. Todos los días los contemplo y me hacen pensar sobre el progreso.

Cuando dejo el puente blanco a mis espaldas penetro en un barrio granaíno en el que los bares, las tiendas de alimentación, ahora pertenecientes a las cadenas, así como las tiendas de todo a cien, pueblan las aceras y detentan la sociabilidad que se manifiesta en el espacio público. Pero el verdadero protagonismo en los barrios lo detentan los automóviles. El coche privado es la gran pasión de la época y Granada no es la excepción. La vida en común que queda, restando el tiempo dedicado a la tele y otras actividades mediáticas en el interior de los hogares, se produce en torno a la vigilancia de los espacios de aparcamiento, a su ocupación y a las rencillas vecinales que suscita.

Estas son las Granadas. En la vida de la ciudad, que se manifiesta de distinta forma según los segmentos horarios, las noches, los fines de semana y los veranos, predominan las distintas comunidades nómadas, permaneciendo los granaínos convencionales recluidos en sus espacios privados. Sólo en contadas ocasiones, en las fiestas del Corpus, la Semana Santa o en la Virgen de las Angustias, la Granada convencional arraigada hace acto de presencia impetuosa, mostrando sus esencias tan tradicionales, así como sus estéticas que desafían el paso del tiempo. Me fascinan las estéticas retro de las bandas de música que me hacen rememorar mi infancia. El resto del tiempo son los estudiantes, los turistas y otros visitantes los que ocupan el espacio público. Pero la auténtica Graná, se encuentra siempre latente desde sus espacios privados, desde sus casas de la periferia que denominan charlets, y sus vacaciones veraniegas donde se muestra sin pudor su verdadera naturaleza. Lo dicho, la ciudad que habito es pura paradoja.

sábado, 9 de febrero de 2013

DE LA BUROCRACIA AL (PENÚLTIMO) MANAGEMENT

Las ciencias sociales, en particular la economía, valoran a las sociedades por una serie de criterios entre los que destaca el nivel de consumo de bienes y servicios. La abundancia es el elemento clave que define el rango de una sociedad. Junto a ésta, la existencia de una democracia formal que minimice los conflictos en la redistribución. Pero esta mirada no considera el tipo de formas de dominación existentes en las sociedades que, en general, se ubican más allá de las formas políticas.

La burocracia, una formación social que es entendida en sus comienzos como un factor de racionalización, que desarrolla los estados, las organizaciones y las empresas, es también una forma de dominación que se sobrepone a las personas y las instala en un contexto que limita severamente su iniciativa. Cumplir las normas es el precepto esencial de la burocracia, que termina produciendo un sentido asfixiante y patológico. Las personas son atrapadas en una tela de araña que les impone una extraña racionalidad.

La burocracia inmoviliza a las personas en su maraña de procedimientos, impidiendo cualquier desarrollo de la inteligencia, al ser atrapada en el sistema de rutinas y procedimientos, donde todo se encuentra resuelto y determinado por reglas, rutinas y tradiciones. Las personas, sólo pueden ser piezas de esta máquina que funciona ajena a ellas mismas y a sus entornos, generando un alto grado de autorreferencialidad, de modo que concluye sirviéndose a sí misma.

Las valoraciones iniciales que ensalzan sus atributos positivos, son contrapesadas con las visiones críticas que desvelan su naturaleza coercitiva y sus efectos regresivos. La jaula de hierro de Weber o la lúcida visión de Kafka, son algunas de sus pioneras Estas visiones son formuladas a contracorriente, en coyunturas históricas en las que predominan las visiones positivas, de este modo, se adelantan al tiempo en el que la burocracia se desgasta, multiplicando a sus críticos.

La burocracia es una formación social desplazada en el presente por la emergencia de una mutación global de gran alcance, cuyo comienzo se puede ubicar en los años setenta del siglo XX. Entre el conjunto de cambios que conforman esta mutación, se encuentra el nacimiento de la tecnocracia y de un conjunto de instituciones que emergen de la reestructuración organizativa y la nueva empresa. Las más importantes son el management, el márketing y la publicidad, que se fusionan con los mass media audiovisuales configurando el centro simbólico de las sociedades nacientes.

Las instituciones de la gestión, el márketing y la publicidad son dispositivos organizativos y de saber que producen imaginario, extendiéndose más allá de las fronteras de la empresa y colonizando toda la sociedad. Se corresponden con el final de un largo proceso de utopías organizativas que aspiran a la máxima eficacia en la producción y en las organizaciones. La filosofía subyacente en los recursos humanos representa la apoteosis final de estas utopías organizativas.

Desde la aparición en los años treinta del libro La revolución de los directores, de Burnham, el Management no deja de expandirse y transformarse en renovadas versiones. Después de Peter Drucker, adquiere una naturaleza que trasciende la dirección convencional, para reinventarse como un método basado principalmente en su poder psicológico sobre las personas. Éstas son escrutadas con la intención de hacerlas totalmente transparentes, de modo que se estimule su competencia maximizando su conducción. La gestión de las competencias, la gestión del capital intelectual y otros métodos del Management, terminan en la penúltima versión que escruta el compromiso de los empleados.

Estas instituciones producen un modelo de persona asimétrico al de la burocracia. El arquetipo personal del presente es un ser activo que se integra en un orden organizativo que le exige un desempeño creciente, así como la adecuación de su interés con el de la organización. El yo-emprendedor muy diferenciado del burócrata. El núcleo de este modelo es crecer, siempre crecer. No hay otra alternativa. Así se configura una institución integrada en el orden de la gestión, desempeñando un papel esencial en éste: la evaluación permanente.

Al igual que en el caso de la burocracia, las nuevas instituciones emergentes se producen en coyunturas de expansión económica, que influyen en la formación de una imagen positiva, que invisibiliza sus aspectos negativos. Estas instituciones son entendidas como parte del proyecto económico que conduce al incremento de la productividad, de la riqueza y del hiperconsumo. Su aceptación se corresponde con estas coordenadas, desde las que no se percibe su envés negativo.

Pero estas instituciones emergentes son también inequívocamente nuevas formas dominación, que generan sufrimientos y malestares renovados, de los que el mobbing es sólo la primera señal. Al igual que los primeros críticos de la burocracia, una serie de autores y corrientes de pensamiento ponen de manifiesto, a contracorriente, los efectos negativos de las nuevas instituciones y sus códigos genéticos de dominación. Estas visiones críticas se producen en los márgenes de la academia y los media, dos instituciones concertadas con el proyecto neoliberal hegemónico y sus instituciones moleculares: la empresa y la gestión.

El sujeto del presente, resultante de esta mutación, es obligado a competir sin descanso con sus iguales, tanto en lo laboral-profesional como en el consumo y todas las áreas de la vida. Las instituciones de la evaluación permanente, las bases de datos comerciales, los guiones de emulación de los media o el neuromárketing lo construyen como una realidad transparente, necesaria para ser conducido desde el nuevo poder representado en estas instituciones, que es manifiestamente más productivo que el de la burocracia. Tanto en la carrera laboral, como en el consumo o la vida íntima, la única alternativa es ganar. Siempre ganar.

La crítica a la burocracia ha creado sus imágenes. Orson Wells, uno de mis héroes principales, en su película “El proceso”, en 1962, con guión sobre el libro de Kafka, crea unas imágenes prodigiosas. En más de una ocasión he tratado de hacer analogías con el presente con esas imágenes. Paso un vídeo de esta película, muy elocuente, en el que muestra la imposibilidad de fuga de este orden en el que ser libre es una quimera.

Tengo la esperanza de que la generación de víctimas del management construya sus propias imágenes sobre el mismo. Me permito sugerir mi propuesta de una huida inquietante por los pasillos de un centro comercial, de pasillos interminables y laberínticos, poblados por comercios múltiples. Tirando de un carrito de supermercado lleno de papeles que forman el currículum, y cruzándose con seres extraños que abarrotan las tiendas. En sus puertas se encuentran empleados sonrientes que obstaculizan la marcha ofreciendo productos en tonos amables... las luces… los sótanos... las pantallas...

miércoles, 6 de febrero de 2013

LAS ÁREAS OCULTAS Y CIEGAS Y LAS CONSULTAS DE REVISIÓN

DERIVAS DIABÉTICAS

El control de los enfermos diabéticos se lleva a cabo mediante consultas de revisión, en las que se valora el estado del paciente y su evolución. Antes de estas consultas, se hacen distintas analíticas, mediante las que el profesional interpreta la situación. En el supuesto de que aparezca algún problema, se proponen medidas terapéuticas, que en ocasiones pueden generar una conversación acerca de algún aspecto de la vida corriente del enfermo, que se sugiere modificar mediante alguna prescripción. En este encuentro predomina la visión del profesional, fundada en la interpretación de las cifras que las analíticas han mostrado.

Pero antes y después de las consultas de revisión, el paciente vive su vida cotidiana día a día. Esta se encuentra condicionada por un conjunto de prohibiciones y restricciones que minimizan las gratificaciones que hacen agradable la vida. Con respecto a estas limitaciones de por vida, un enfermo crónico desarrolla múltiples actividades mentales y también conversaciones con distintas personas, en las que valora su estado personal y piensa sobre su futuro. Estos pensamientos se hacen en relación a su vida y sus aspiraciones y gratificaciones. De este modo termina construyendo un esquema referencial sobre su enfermedad. Este esquema integra distintas fuentes, de las cuales sólo una parte es información científica. No se trata de un esquema racional equivalente a los paradigmas científicos. Mediante este esquema gestiona su vida diaria, toma decisiones, hace valoraciones y compatibiliza los sacrificios con las transgresiones.

El enfermo crónico vive la enfermedad negociando con su mal y con las cosas que tiene prohibidas. Termina realizando las que puede hacer y son gratificantes, y aquellas prohibidas que puede arriesgarse a hacer ocasionalmente. Así se desarrolla la gestión cotidiana de la enfermedad por el enfermo. Se alternan avances, retrocesos, fases, estados psicológicos personales, asunción de pérdidas y resarcimientos. Existe una estrecha relación entre su esquema referencial y sus prácticas diarias con respecto a la enfermedad. De ahí resulta un estado personal subjetivo que no es racional, aunque tenga elementos racionales. Junto a estos aparecen distintas proyecciones, racionalizaciones, comparaciones, ficciones, ensoñaciones y esperanzas.

En estas condiciones, las consultas de revisión se presentan como una relación problemática. En ellas predomina el profesional y su definición de la situación y de la enfermedad. En general, los profesionales son directivos, están muy seguros de sus juicios y sus propuestas, y entienden el comportamiento del paciente en términos de que asuma la información científica de la enfermedad. En alguna ocasión se puede hablar sobre aspectos de la vida cotidiana, pero tanto el esquema referencial del enfermo, como la gestión de su vida diaria en su integridad permanecen ocultos a los ojos del profesional y tienen escasas posibilidades de aflorar. Cuando aparece un aspecto de comportamiento se trata más en función del estilo de vida prescrito por el sistema profesional que desde las condiciones de vida y el esquema referencial del paciente.

La consulta se encuentra determinada por el desencuentro entre el paradigma biomédico y la vida. Ciertamente, existen muchos tipos de enfermos y la distancia con el profesional puede variar considerablemente según las características del enfermo, tanto sociales como individuales. Existen distintas capacidades, socialmente condicionadas, para configurar el esquema referencial de cada enfermo, organizar la información que se suministra al profesional, verbalizarla y, asimismo, comprender e integrar las prescripciones emanadas del profesional. La productividad de las consultas, así como la gestión de la vida diaria por el enfermo dependen de esas capacidades.

El profesional puede entrar en aspectos de la vida diaria, pero siempre mediante la proposición de estilos de vida abstractos, que se entienden como tipos ideales. Pero la vida del enfermo, que conforma una unidad, es invisible en una relación de consulta, debido a los sentidos profesionales que no la reconocen. La vida se encuentra inevitablemente desplazada en el paradigma profesional y en las condiciones en que se produce esa relación. Es significativo que desde la explosión de las tecnologías de la información, se inventan distintos dispositivos técnicos para informar al médico al instante, mediante el móvil, del estado de las variables clínicas del paciente, en espera de sus decisiones. La vida está fuera de las cifras que designan los umbrales de la intervención profesional.

El enfermo diabético termina construyendo y reforzando cíclicamente un escepticismo muy acentuado. Es un ser soberano y solitario. El área oculta de su vida diaria, de sus decisiones con respecto a lo prohibido, lo es no sólo para el sistema profesional, sino también para su propia red social. Se construye así una zona oculta difícilmente comunicable. He conocido casos de enfermos respiratorios graves que fumaban burlando el control familiar doméstico, tan estrecho y severo. En cualquier caso se trata de una cuestión muy compleja. Las personas no somos completamente transparentes a los demás. Mantener una parte de la persona protegida es una cuestión fundamental. En el caso de los enfermos crónicos adquiere todavía mayor importancia.

Para ilustrar la construcción de un área oculta protegida de la relación de control profesional, puede ser útil un modelo elaborado desde la psicología cognitiva aplicado a las relaciones interpersonales, la ventana de Johari. En este sistema, sólo una parte de relaciones es abierta. Junto a ella, existen factores conocidos por la persona, pero desconocidos por los demás, que conforman el área oculta. Además, el área ciega se define justamente por lo contrario. La conforman los factores conocidos por los demás y desconocidos por la persona. El conjunto del modelo permite comprender el juego de factores y la complejidad de una consulta.


La permanencia del área oculta y ciega determina su expansión con el tiempo y el creciente abismo en la comunicación. Sin reconocer los conceptos que he enunciado hasta aquí: el esquema referencial del enfermo; su gestión de la vida diaria, compuesta por sus decisiones y prácticas con respecto tanto a sus restricciones como al tratamiento, y su estado subjetivo personal, la gestión de la enfermedad por parte del sistema biomédico, resulta escasamente eficaz. Es demasiado grande el área oculta de los enfermos, así como el área ciega de los profesionales.

Por esta razón comencé mis derivas diabéticas estableciendo una analogía con la confesión. Las transgresiones de los diabéticos, inevitables en la carrera de la enfermedad, resultan incomprensibles sin un marco conceptual adecuado que tenga como referencia categorías conceptuales vinculadas a la vida diaria, entendida unitariamente. Si, por el contrario, la referencia es el conjunto de los promedios de magnitudes biológicas, minimizándose lo personal y lo social, los enfermos transgresores son equiparados a pecadores. De este modo son incomprendidos, rechazados y estigmatizados. En las próximas derivas confesaré algunos de mis pecados diabéticos.

domingo, 3 de febrero de 2013

LA TIERRA DE NADIE

En la entrada anterior ponía de manifiesto que la recombinación de distintos cambios sociales determina la prórroga del período de la vida anterior al ingreso en el mercado laboral, y que este tiempo puede llegar, en muchos casos, a los veinticinco años. El período de escolarización se descompone en varias etapas, así como el de inserción laboral. La escolarización implica, en todas sus etapas, una situación de reducción de la autonomía personal y de dependencia institucional. Se puede afirmar que se constituye una marginación social para los afectados.

El sociólogo Enrique Gil Calvo interpreta la transformación de la educación en términos cercanos a la marginación, en distintos trabajos desde principios de los años noventa. Entiende la educación como un proceso de metamorfosis sin final. Con anterioridad, la educación constituye un ciclo en el que un sujeto es sometido a toda una serie de pruebas y exigencias, y que tiene un final o desenlace, que es la obtención del título. Éste le permite iniciar una carrera ocupando una posición social estable. El aplazamiento, e incluso problematización de este final, determina la aparición de distintos acontecimientos críticos en términos de malestares o distintas formas de anomias.

Uno de los factores más importantes de una sociedad o un grupo social es su temporalidad. Ésta se encuentra determinada por los modos de contar el tiempo, que siempre son definidos con relación a acontecimientos sociales. La expansión del período anterior al trabajo, mediante el retraso del ingreso en el mercado laboral, tiene una importancia determinante en la conformación de los tiempos sociales. Se trata de un acontecimiento que modifica la temporalidad del grupo generacional, en tanto que constituye un tiempo cultural desincronizado del tiempo social dominante y también de sus propias temporalidades biológicas.

Desde los años ochenta se producen temporalidades heterogéneas en las sociedades. Un sociólogo tan sólido como Gurvitch enuncia la coexistencia de varias temporalidades en las sociedades industriales predominantes hasta los años setenta. Un tiempo lento, contenido en las comunidades tradicionales; un tiempo errático muy acelerado, determinado por la tecnología; un tiempo cíclico, de las iglesias y organizaciones; y un tiempo explosivo inducido por los movimientos revolucionarios.

Estas categorías pueden ser reformuladas hoy para ser aplicadas a las generaciones que viven simultáneamente varias temporalidades. Un tiempo retenido, lento, vaciado, de espera, predominante en los dispositivos de socialización. Un tiempo vertiginoso en el espacio constituido por la comunicación de masas y las áreas de la vida asociadas a ella. Por último, un tiempo cíclico en las múltiples agencias de inspección y evaluación sobre las generaciones víctimas de la desincronización de temporalidades. Así son moldeados y preparados para adecuarse a la precariedad, que implica también la coexistencia entre distintos tiempos y velocidades.

Cualquier contingente humano sometido a unas condiciones determinadas termina dando respuesta a las mismas, ajustándose a la situación en la que se encuentra. En una situación de larga espera para la integración, los afectados terminan generando unos sistemas de prácticas sociales congruentes con sus condiciones. Las generadas por estas cohortes desde los años ochenta, consisten en distanciarse de las instituciones y crear una tierra de nadie, un espacio y un tiempo en donde vivir la larga espera. La tierra de nadie es un mundo vivido que no tiene la pretensión de constituir una alternativa al sistema institucional. Por eso carece de un discurso articulado o una organización.

Me gusta llamarle tierra de nadie evocando la admirable película de Tanovic, que muestra de forma tan ácida, tierna y divertida las miserias de algunas instituciones fundamentales de la sociedad del crecimiento. La tierra de nadie es un territorio al que se llega mediante la fuga del mundo normativo de las instituciones. Así se produce una multiplicación de las fugas de las instituciones familiares, educativas o políticas que son desautorizadas de facto en términos de no otorgarles validez vivida. Una anécdota que ilustra esta denegación es la de un profesor universitario que en una clase pregunta quién no ha entendido su explicación. No recibe ninguna respuesta. Vuelve a preguntar en este caso, quién ha entendido, y tampoco recibe ninguna respuesta. Entonces decide abandonar el aula diciendo en voz alta “aquí no hay nadie”. Esta anécdota ilustra el distanciamiento de los estudiantes.

La tierra de nadie es la agregación de múltiples y muy diferentes configuraciones sociales, sistemas de relaciones sociales sin finalidad, sociabilidades, subjetividades, sentidos y nuevas matrices comunicacionales. De la suma de todos estos elementos resulta la tierra de nadie, externa a las instituciones desautorizadas. Se trata de un sistema difuso y que se define por su vocación de ser invisible e imperceptible, conformando múltiples contextos cotidianos exteriores a las instituciones.

La emergencia de las tierras de nadie representa un conflicto sin precedentes que excede la capacidad cognitiva del sistema, que consume todos sus recursos en las problemáticas del crecimiento de la producción y la comercialización, así como en el mantenimiento de un orden político subordinado a sus necesidades. Éste es un conflicto difuminado, que no adquiere formas políticas o sindicales. Representa una amenaza latente que emite señales intermitentemente. Es como “Alien, el octavo pasajero” de Ridley Scott. Es un espectro que puede tomar cualquier forma. Pero tanto la larga espera como la precarización constituyen las bases de un nuevo conflicto social, ahora sólo enunciado en potencia.

Las tierras de nadie son múltiples y heterogéneas, y se nutren de diferentes fugas a tiempo parcial, así como de fugas a tiempo total. Entre las primeras se encuentra la explosión del fin de semana, reconquistado por un sistema de sentidos extraño a las instituciones, así como una suspensión del tiempo institucional. La reapropiación de espacios cotidianos en las periferias de las instituciones, como los pasillos, los espacios inmediatos a los centros educativos y los dormitorios domésticos. La reconquista de los conciertos musicales u otros acontecimientos colectivos o festivos. Por último, la creación de un espacio y tiempo compartido en los mass media, internet y las redes sociales, que albergan sistemas de relaciones liberadas de las instituciones.

Las fugas a tiempo total constituyen un conjunto muy rico de automarginaciones, constitución de comunidades basadas en la cooperación, ensayos de nuevas experiencias convivenciales y sociales, nomadismos múltiples y actividades en espacios sociales constituidos según el principio de autonomía y autorganización. También es preciso reseñar los nuevos movimientos sociales modelados por discursos, subjetividades, relaciones y prácticas muy diferenciadas a los convencionales.

La tierra de nadie, poblada por distintos contingentes y flujos que se renuevan continuamente, responde a la lógica de un grupo condenado por la sociedad del bienestar y el crecimiento a esperar un futuro incierto, vaciando su tiempo presente por las instituciones, ahora principalmente de custodia. La tierra de nadie es un volcán, una rebelión muda que no adopta la forma de conflicto convencional, pero que tiene un futuro abierto. En este blog aparecerán los distintos componentes de estas tierras de nadie, sus discursos, sus imaginarios, sus elementos, las personas que las pueblan y los saberes que los inspiran. Frente a las miradas distorsionadas de las ciencias sociales y los medios de comunicación, que entienden a los pobladores de las tierras de nadie como sujetos irracionales y desviados de la norma, desde aquí los rehabilitaremos mediante la comprensión del vínculo inseparable que existe entre sus prácticas y las condiciones de su larga espera, que conforman su marginación.